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Full text of "Revista Católica"

Revista Católica. 1378 



TITLE 



3^C2.T 



05 



Regís College, Denver 
DATE DUE 



I 



Digitized by the Internet Archive 

in 2012 with funding from 

LYRASIS Members and Sloan Foundation 



http://archive.org/details/revistacatlica04igna 



< i 



^-*^^:Z^ 



.V. J-i i ,i> 9w^ 





PEEIOBICO SEBÍANAL. 



DO piiDiica 






m. 



•#^° 



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M 



5 de Enero de 1878. 



f^p ^^ } M¡;. f ^\ ^ ^. l ^JumJL^ • .laMw srrm 



Alílígaaial. — Hemos recibido la dolorosa noticia de 
la muerte de la Sra. Doña Manuela Valdés de Man- 
zanares, fallecida el dia 26 del pasado mes y año. No 
nos han llegado mas pormenores de su enfermedad y 
muerte, pero suponemos con fundamento que esta iia 
debido ser conforme á su edificante vida. Damos á 
todos los miembros de su familia los mas sentidos pé- 
sames por tan inestimable pérdida. Wio Mo P. 

Maae^j© Méjic»» — El Sr. Arzobispo nos ha hon- 
rado cou una carta fechada de Lyon 8 de Diciembre. 
Antes de llegar á Havre tuvieron una tempestad bas- 
tante fuerte, que fué causa de no poder desembarcar 
sino mas tarde de lo que se pensaba, un dia después 
de haber pasado Plymouth. El Sr. Arzobispo ha pa- 
decido en este viaje de mar, que duró once dias, mu- 
cho menos que en otras travesías. Toda la carta ma- 
nifiesta el vivo interés que su corazón pastoral tiene 
por su di(5cesis, y nos honra mas que lo que pensamos 
merecer con pedirnos noticias de nuestro peque- 
ño colegio, y con tomar interés en recibir nuestro mo- 
desto periódico. 

NOTICIAS NACIONALES. 



lislfSiSos Us3rJí>§. — Dice el Trae Citizen: "El nú- 
mero de los obreros y labradores, que han salido úl- 
timamente de Nueva York para buscar trabajo en 
otros paises, llama mycho la atención del público. 
Debe notarse que esta emigración es mas numerosa 
de lo que se pensaba. Mas hombres han salido de 
los Estados Unidos para Inglaterra é Irlanda el año 
pasado que han venido de allí á nuestro país. Los in- 
migrantes de la Gran Bretaña acá han sido 54,554, y 
los emigrantes de los Estados á las Islas británicas 
54,697. En 1873, el año del pánico, que no inñuyó 
mucho sobre la emigración, el número de los inmigran- 
tes ingleses, escoceses é irlandeses fué igual al de los 
emigrantes. En el trimestre, que acabó con el 30 de 
Junio, el número de los inmigrantes llegados á Nueva 
York fué de 25,903, lo que da una disminución de 36, 
136, si se compara cou el número de inmigrantes lle- 
gados al mismo puerto en el correspondiente trimestre 
del año antepasado." 

Lo que segan nosotros da niayor peso á estas esta- 
dísticas, es que las naciones europeas se hallan ahora 
precisamente en ua estado que debe favorecer la emi- 
gración é. América: y creemos que eu efecto esta no 
ha disminuido este año, sino aumentado. Tal vez los 
emigrantes empiezan á dirigirse á la América del 
■ Sur. *- 



¡a§.— Se lee en el Ra'.liva.j World: "Un nuestro 
amigo de Méjico nos escribe que un cierto número de 
ciudadanos de aqaeha República están muy interesa- 
dos, y esperan ver pronto eu construcción el ferrocarril 
Audin Topólo iHuuj 10 hasta el iSoiUh F(f,ci/ic á través d& 



los Estados del Norte de Méjico. Dicen que esto se- 
ria el mejor modo de acabar con los.disturbiosdel Eio 
Grande. Además de qno el comercio de los Estados 
se adelantarla, y los Mejicanos se animarían para de- 
sarrollar las grandes riquezas de su país. Según el 
proyecto del Sr. A. K. Owen este ferro-carril uniría 
Austin, la Capital de Ti-ja.s. con Topolovampo en el 
Golfo de California; la di.-;t:inciii, es de 700 millas." 

^InÍQ. — Un teiég-.'am.i de Londres al M. E. Arzo- 
bispo Purcell anuncia que Ms. George Bowler de 
Cincinnati fué recibida el 15 de este mes en la Iglesia 
Católica por Mñr. Cat)el. Ms. Jjowler es viuda del 
propietario del Ksiduchij Central Itailroad, y es pa- 
rienta cercana do Mr.. George rl. Poudleton. Siendo 
por su posición muy conocida en los círculos de la so- 
ciedad "en los Estados del Este y del Oeste, esta con- 
versión es considerada como un acontecimiento im- 
portante. Ms. Bov/lor saliendo de Inglaterra hará una 
YÍsita á Roma y al Padre Santo, y emprenderá des- 
pués un viaje á Egipto y á la Tierra Santa. 

I4.eMts3ckjo — Escriben al Boston Pilot. "Desde 
que Mñr. McCloskey es Obispo de Louisville, el Cato- 
licismo ha hecho muchos progesos en esta diócesis. 
Se ha establecido un seminario por la educación de 
los jóvenes destinados al sacerdocio, del cual sale 
cada año un cierto número do jóvenes y enérgicos mi- 
nistros. Algunos lugares, en donde hace algunos años 
el sacerdote no se veia sino muy raramente son visi- 
tados ahora regularmente; Iglesias y escuelas se le- 
vantan en su camino. Sin dada ninguna en los años 
pasados muchas personas han perdido la fé porque 
hallábanse en lugares en que no había Iglesias ni 
sacerdotes para administrar los sacramentos. La so- 
ciedad de S. Vicente de Paul está haciendo aquí mu- 
cho bien, especialmente durante el invierno. Hay en 
Louisville ocho Conferencias, cada una de las cuales 
tiene en media veinte miembros activos, número bas- 
tante reducido si se toma en consideración la pobla- 
ción de una ciudad como Louisville." 

Ma.s5Sñc;lüSiSS«.''íS5. — Nuestros cambios del Este re- 
fieren la función de la dedicación de la nueva Iglesia 
de St. Mary en Boston. Est;'. soiemae función tuvo 
lugar el 16 de este mes. Una congregación inmensa 
tomó parte á la imponente ceremonia, la que com- 
prendía la solemne bendición de la Iglesia por el Ar- 
zobispo Y/illiams, y ua sermón del P. Brady provin- 
cial de los pp. Jesuítas de Maryland. La parroquia 
compuesta casi exclusivamente de pobres obrero^ es 
una do las mas ricas de la diócesis. Fuá organizada 
en 1834, y para construir entonces la iglesia (ahora 
abandonada) se gastaron % 35,000. La nueva Iglesia 
cosía $ 225,000, de los cuales los feligreses de la par- 
roquia dieron cuestos tres últimos años $104,000. El 
edificio es uno de los mejores en el estado, cuanto á 
arquitectura y á ornamentos. Es de ladrillo con ador- 
nos de granito. Tiene dos torres do 170 pies de alio. 
El estilo de la arquitectura es romanesco. Lo largo de 



1-£B 19 mí- 35Ga7 



-2- 



la Iglesia es de 186 pies. Esta dividida en tres naves; 
y treinta arcos, quince de cada lado, mny bien estu- 
cados y soportados por pilastras del mismo estilo de 
arquitectura, sostienen la bóveda. El altar mayor es 
do mármol, y los eclesiásticos de otras partes del país 
dicen que por liermosura y adornos no tiene igual 
aquí, siendo de mucho superior al altar de la Iglesia 
de San Francisco Javier en Nueva York. Ha costa- 
do -S 13,000. Las pinturas de Lambrecht son de un 
gusto exquisito, no habiendo en ellas nada que pueda 
considerarse superficial, como ordinariamente se ve 
en muchas Iglesias. El Órgano cuesta $10,000 etc., 
etc. 

NOTICIAS EXTRANJERAS. 



AieHiinEaia. — El Tme Citizen trae el siguiente 
suelto del Manufadurcr d- Aferchant. "En las listas 
militares do Alemania se hallan inscritos los nombres 
de 1,055,000 hombres. De estos faltan 398,000 
que se sustraen al servicio militar, de los cuales 190,- 
000 quieren mas bien emigrar que vivir en los cuar- 
teles. Por estas estadísticas se echa de ver que A- 
lemania está perdiendo el vigor y la fuerza de su vida: 
pero lo que pierde Alemania, lo ganan los Estados 
Unidos. Hasta ahora lo mas de esta emigración se 
dirigía á los llanos de nuestros Estados delOestejpe- 
ro ahora parece que los Estados del Sur recibirán la 
mayor parte de estos Alemanes. Tanto mejor para 
ellos: sabido es que donde los hijos de Alemania 
so establecen, allí se levantan nuevas ciudades, y los 
Estados prospei'an." 

Los periódicos de Europa copian un üormmicado que 
ha excitado el mayor interés. La Gaceta de Francfort 
uno de los reptiles, como los llaman, es decir uno de 
los periódicos que subvencionados por el gobierno de 
Bismark, se consagran á defender su política, lo 
publicó diciendo que su origen era segurísima. To- 
dos piensan que lo escribió el mismo Bismark. Hé 
aquí este mismo Comunicado. "Se está observando 
atentamente que el Ultramontanismo (¡case el Catoli- 
cisiiioj se agita en París, en liorna y en Viena con to- 
das sus fuerzas contra Alemania. Según se pien- 
sa en Berlín, el Mariscal AIcMahou se quedará en el 
poder, lo que con el tiempo alterará considerablemen- 
te las relaciones de Francia con las otras Potencias, 
y particularmente con Alemania ó Italia. En Roma 
hay un partido bastante fuerte que quiere hacer pro- 
clamar Papa al Cardenal Ledochowski, y en Viena 
todos los síntomas son que las opiniones ultramonta- 
nas (católicas) ganan cada dia mas poder é iníluencia. 
Por estos motivos, Alemania, que en el clericalismo 
(otro sinónimo de Cafolicisuto) ve su enemigo mas en- 
carnizado, será obligada á juntarse mas estrechamen- 
te que nunca á la liu.sia, y dejarla hacer muchas cosas 
que tal vez en otras circunstancias no hubiera tole- 
ra ilo" 

Todo esto en otras palabras quiere decir que el go- 
bierno prusiano contrariamente á sus propios intere- 
ses so aliará con la liusia, porque en esta alianza es- 
pera ayuda contra los católicos, los que mira como á 
sus mortales enemigos. Infinito seria referir los co- 
mentos de la prensa sobro este Coinunirado. El mie- 
do que Bismark tiene do los católicos ¿es real, ó ficti- 
cio? No es muy difícil contestar; pues claro está que 
el poderoso Canciller finge miedo,para tenei- otro pre- 
texto de persecución. 

In^Baderra.— No hace mucho que en Newcastle 
un edificio, cpic portonocia á los Primitivos 3Iefodis(ai<, ha 
sido comprado por los Padres Üominicos, y mudado 
en una Iglesia católica, fué consagrado por el Obispo 
dellexham. Además do la Iglesia hay taínbien cu 
el mismo edificio una escuela parro(]uial. 



El Obispo católico de Birmiugham en una carta pas- 
toral recientemente dirigida á sus feligreses habla de 
una colectación anual que se hace en la Diócesis, y que 
lleva el nombre de 31issiooi Fi.ud. Esta colecctacion 
sirve para construir y socorrer Iglesias y Capillas ca- 
tólicas que so levantan en la diócesis. Dice el Prelado: 
"Hay ahora 103 Iglesias y Capillas en las cuales so 
colecta este Mission Fund. De estas, 43 no existían 
cuando empezó á colectarse en 1843. Pues bien, á lo 
menos 20 de estas han sido fabricadas por medio de 
este mismo Minsion Fund, sin contar aquí las Iglesias 
que de la misma manera han sido considerablemente 
asistidas En el último adviento la suma colecta- 
da subió á £442 1 s. 6 d. (poco mas de S 2139,) ,de les 
cuales £ 392. 1». Gd. fueron colectados en las Igle- 
sias, y £ 50 fueron dados por contribución privada. 
Tomamos ocasión de esto para decir que la cuma do 
las ofrendas de los feligreses de esta diócesis al Padre 
Santo en la ocasión de su Jubileo Episcopal subió á 
<£ 1,230 ($ 5,953,20) , la que unida con las demás con- 
tribuciones de las diócesis de Inglaterra fue ofrecida 
á Pío IX, que se mostró muy agradecido por esta 
muestra de veneración hacia á su persona, y dio su 
bendición á todos los Católicos Ingleses." 

El sobrino del ex-Premier de Inglaterra. "W. E. 
Gladstone está estudiando para el Sacerdocio en el 
Colegio escocés de Roma. Esto da una idea de la 
propagación de nuesta Santa Religión entre las clases 
nobles de Inglaterra, y del fervor que caracteriza loa 
convertidos Ingleses en general. Muchos de estos 
convertidos del Protestantismo á la Religión Cató- 
lica son ya sacerdotes, ó se preparan para ser orde- 
nados, al paso que los que se quedan en los rangos 
de los seglares están consagrando sus talentos y sus 
riquezas á la propagación de la religión, que han a- 
brazado, entre sus conciudadanos. No hace mucho, 
en un Protestante Inglés el renunciar á la herejía y 
volver á la Iglesia era considerado como señal de alu- 
cinación mental, ó una traiciou,lo que le traia las bur- 
las y la indignación de todo un pueblo. Pero las cosas 
pos han cambiado. Ahora hay pocas familias de distin- 
ción en Inglaterra en las que no se cuentan uno ó mas 
convertidos á la Iglesia Católica. Y este número do 
conversiones se aumenta tanto y tan á menudo que á 
nadie sorprende, y pocos manifiestan indignación, 
cuando se anuncia que en tal ocacion el tal Caballero 
ó la tal Señora abjuraron la herejía, fueron condicio- 
nalmente bautizados y recibidos en la Iglesia Católi- 
ca. 

En Inglaterra y en el país de Gales, los Católicos 
forman la vigésima parte de la población. 

TtiaMiesía. — La Puerta, después de los últimos 
hechos de armas, había enviado una circular á las 
Potencias europeas para implorar su mediación. En 
esta circular hace notar que se habían inaugurado se- 
riamente y fielmente las reformas que el Gobierno 
turco había prometido, cuando la Rusia le declaró la 
guerra sin razón plausible, y con esto ha impedido la 
ejecución de estos proyectos. Esto, dice la Puerta, 
es ol resultado mas cierto de la guerra; y en esto lle- 
va razón. Sigue la circular, que no habiendo razcn 
para continuar esta guerra, se solicitan las potencias 
á intervenir para poner término á los males inmensos 
que resultan de ella. 

Los últimos despachos que hemos leido nos anun- 
cian que el Gobierno inglés ha convocado la Cámara 
en sesión extraordinaria. A este propósito ol Golos 
de St. Petersburg publica un artículo, en el que de- 
clara que la Rusia no debo inquietarse de lo que la 
política inglesa intenta hacer; porque al fin y al cabo 
nada podra hacer que impida el triunfo final de las 



-3 

W ■ ' . 



armas rusas. En general los periódicos que recibi- 
mos muestran poca ó ninguna simpatía para con In- 
glaterra, CU3-0S intereses, no obstante lo que dice y a- 
firma tan perentoriamente el London Times, sufrirán 
muchísimo, ya sea en el Mediterráneo, ya en las 
Indias. 

Austria ha declarado que no intervendrá: la razón 
es sencilla; seria la sola á intervenir en favor de la 
Turquía. La Alemania quiere la paz pero á las con- 
diciones que la Rusia tendrá á bien imponer, y estas 
serán ciertamente exhorbitantes, puesto que ha de- 
clarado que la Cuestión de Oriente debe ser ahora 
definitivamente arreglada: en otras palabras que la 
Turquía como potencia europea debe cesar de existir, 
ó poco menos. Las demás potencins de Europa tie- 
nen bastante que hacer en sus propias casas para o- 
cuparsa de los negocios de la Turquía. 

_ MéJIcíí. — Nuestros lectores han sabido hace algún 
tiempo, algo del motin de los mejicanos del Condado 
de El Paso en Tejas. Pues bien, poco faltó que este 
motin fuese principio de una guerra. Hay en Tejas 
un partido que desde mucho tiempo, quiere la guerra, 
y la anexión de_ algunos Estados del Norte de Méjico. 
Las manifestaciones que se han hecho líltimamente, 
y que refieren los periódicos de los Estados son muy 
interesantes, y están lejos de hacer mucho honor á al- 
gunos de nuestros Capitalistas Amerieanos. Nos ocu- 
paremos de estas manifestaciones en nuestros núme- 
ros siguientes. Por el momento baste decir que la Cá- 
mara y el Senado so muestran contrarios á esta guer- 
ra, y esperamos que no menos contraria se mostrará 
la opinión pública en los Estados cuando, sean publi- 
cadas por doquiera las intrigas de los que la desean. 
En una carta escrita por un oficial del ejército de los 
Estados, que se halla chora en Tejas, y dirigida á un 
miembro eminente de la Legislatura de Washington 
se dice entra otras cosas: "No debe creerse que la so- 
la población mejicana sobre el Rio Grande vive en la 
anarquía. Los peores elementos de las dos naciones 
so han juntado allí, y hacen causa común." Y poco 
después "seria un error el creer que las depredacio- 
nes y correrías tienen lugar solamente en el lado ame- 
ricano de la frontera: el lado mejicano es también el 
teatro de semejantes ruindades, y seria difícil decidir 
culi délos dos tiene masque padecer." Y en seguida 
"los mejicanos que viven alo largo del Rio Grande son 
en general mucho mas honestos," industriosos y pacífi- 
cos, que los americanos que viven sobre la otra orilla." 

^/iSHéa-Ica del ^Eir.— Sacamos de uu artículo de 
IJ Unitá CVífctoíica algunos pormenores acerca del esta- 
do del catolicismo en algunas repúblicas hispano-ame- 
ricanas. Estos detalles fueron dados por Mñr. Pedro 
Ceccarelli misionero de la República Argentina en un 
discurso al Congreso Católico de Bórgamo. Este sa- 
cerdote que había acompañado á Italia al Obispo de 
Buenos Aires, antes devolver á su misión con un gru- 
po de misioneros Salesianos reclutados en Italia, a- 
sistió al Congreso susodicho, en el cual pronunció uu 
discurso que fué después impreso en forma de folleto, 
sobre los "desarrollos y progresos durante los últimos 
cinco años de las obras católicas en las Repúblicas 
Argentina y de Uruguay, y en el Brasil." 

En la República Argentina después que los franc- 
masones hicieron incendiar el Colegio de los Jesuítas 
en Buenos Aires, parece que las obras católicas han 
tomado un nuevo aliento, y mayor fuerza. El Cole- 
gio fué levantado de nuevo y puede contener ahora 
£>00 internos. Se han fundado otros periódicos, El 
Católico Argentino y La América dd Sur; se han au- 
mentado las conferencias de &. Vicente de Paul; se 
han fundado escuelas y colegios, en la Capital y en las 



Provincias, congregaciones piadosas de Hijas de Ma- 
ría, Comités para las fiestas del Papa y el dinero de 
S. Pedro; se han levantado iglesias; se ha dado ma- 
yor solidez á la Obra de las misiones entre los Indios 
de las Pampas y de la Patagonia; se han instituido 
Círculos católicos para la propagación de la instruc- 
ción religiosa, y se ha dado á los Curas-párrocos la 
presidencia de muchas Comisiones de escuelas: se han 
abierto nuevos monasterios y Conventos, establecién- 
dose allí los PP. Esculapios y los Salesianos (los que 
en 18 meses han fundado siete casas), duplicándose 
los Padres Jesuítas y multiplicándose los Padres La- 
zaristas; se han instituido asilos, orfanotrofios, semi- 
narios; se han introducido los religiosos en los hospi- 
tales, y se ha establecido la enseñanza de la Doctri- 
na Cristiana en todas las parroquias. Todo esto en 
una sola República y dentro de pocos meses. 

Ni menos consoladores son los progresos hechos en 
Uruguay y especialmente en su Cíipital, Montevideo. 
Allí se ha establecido un (Jlvl) católico con un perió- 
dico, el Mensagerc del PiteNo: se han piopagado las 
Conferencias de S. Vicente do Paul, se han levantado 
escuelas, asilos, casas de refugio, hospitales, colegios, 
en que se enseña la sana doctrina de Jesucristo á 
15 mil niños de uno y otro sexo. Allí han ido á refu- 
giarse muchos religiosos desterrados de la vieja Eu- 
ropa y especialmente de Italia, y han hallado la mas 
cordial recepción; allí los Padres Capuchinos, los Pa- 
dres Bayoneses y los Salesianos tienen casas y con- 
ventos, sin hablar de las religiosas de diferentes Con- 
gregaciones, que en aquella Repiíblica en muy breve 
tiemjDo han fundado monasterios, casas de educación, 
y noviciados. 

En fin habla el celoso Prelado del Brasil, tierra 
santificada por el Beato Ignacio de Azevedo y el ve- 
nerable Ancheta. Faltaban en el Imperio los semi- 
narios, y en estos últimos tiempos el Sr. Obispo de 
Ceará ha erigido dos, al par que el Arzobispo de Ba- 
hía y los Obispos de Rio Janeiro, de San Pablo, de 
Rio Grande del Sur, do Cuyaba, de Goyaz y de Ma- 
rauaho han fundado cada uno el suyo. Los Jesuítas, 
los Capuchinos, los Frauciscanos de la Observancia, 
los Lazaristas tienen misiones muy florecientes. Las 
Hermanas do Caridad, las Doroteas, las de San José 
han fundado en todos los puntos de aquellas vastísi- 
mas regiones academias, escuelas, hospitales y otras 
instituciones de caridad. La Jerarquía eclesiástica 
se ha aumentado también en esos países remotos, ya 
que las diócesis de Ceará, de Diamantina y de Rio 
Grande del Sur, son de creación reciente, y obras del 
inmortal Pío IX. "Señores, dijo el Prelado al con- 
cluir, la tierra de los Obispos de Para y de Olinda 
que han padecido procesos, encarcelamientos, des- 
tierros y calumnias por el nombre de Jesús, la tierra 
de los Obispos de Rio Janeiro y de Diamantina que 
han sido silbados, apedreados, 6 ignominiosamente tra 
tados de parte del populacho por el nombre de Jesús, 
ha producido flores olorosas de virtud, y hermosos 
frutos de religión, verificándose como siempre el dicho 
de Tertuliano, que la sangre de los mártires es semi- 
lla de cristianos." 

Notamos en fin que esta enumeración de los pro- 
gresos del catolicismo en aquellos países está lejos de 
ser completa, puesto que ni el excelente Prelado pudo 
decir todo en un discurso, ni puede en un articulito 
reasumirse todo un discurso. Notamos en segando 
lugar que todos estos progresos son debidos princi- 
palmente á Pió IX; lo que es evidente para cuantos 
conocen el estado en que se hallaba la Religión cató- 
lica en aquellas regiones al principio de su pontifica- 
do, y el empeño y celo con que Pió IX cuidó de c::.a 
porción de la cristiandad. 



4- 



SECCÍON IIELÍGIOSA. 



— ^"» -"^^ -fr -^ -- 



CAIiENDARíO RELIÍilOSO. 

ENERO 6"Í2. 

G. fJomiwjn La ErrcAXÍA de Nuestp.o SeSoe.— Santa Macra, Vii- 
pon y arUtiv. S. Melano, Obispo y Confesor. 

7. Lunes — S. Luciano, Prosbííero y Mártir. S. Teodoro, Monje. 

8. Mart's—S. Teófilo, Diiicono y Mártir. San Severino, Obispo. 
i). Miércoles — S. Marcelino, Olnspo. Santa Marciana, Virgen. 
10. Jueves— S. Nicanor, uno do los siete primeros Diácono.?. Snn 

Gitillermo, Arzobispo y Confesor. 
31. l'ieíVíe.s—S. Higinio, Papa y Mártir. Santa Honorata, Virgen. 
12. iS(í?)rt(Zo— Santa Taciana. San Arcadio, Mártir. 

LA EPIFA?{I.i DEL SEÑOR. 

Epifanía es pab.bra griega que significa (rparicíon ó 
manifcsiaciov, y aplícase ;í la fiesta que celebra la Igle- 
sia, clesdc muy remotos tiempos, el dia G de Enero. 
Esta fi.;5ta nos trac A la memoria tres misterios do la 
vida de nuestro divino Salvador, los cuales, según 
una tradición antiquísima, sucedieron en el mismo 
dia, aunque no en ei mismo año. El primer misterio 
es la adoración de Jesucristo por los Magos o Ecyes; 
el segundo, el bautismo del mismo por tían Juan; y 
el tercero, el primer milagro que obró en las bodas de 
Cana, convirtiendo el agua en vino. A los tres mis- 
terios conviene muy bien la palabra de Epifanía ó 
manifcfitacion. Porque cuando Jesucristo fué adora- 
do por los Keycs, fué manifestado por primera vez á 
los gentiles el Redentor del mundo; cuando fué bau- 
tizado, fué manifestada su divinidad, porque "al 
instíinte que sí.lio del agua, se le abrieron los cielos, 
y vio bajar al Espíritu do Dios en forma de una palo- 
ma, y posar sobre él : y oyóse una voz del cielo quo 
decía: Este a mi querido Hijo, en quien ienqo pvefda to- 
da mi coiiiplccncia" (Mat. o.) ; y cuando obró el primer 
milagro, fué manifestada su ornnipotoncia, y "sus dis- 
cípulos creyeron en éi" mas firmemente. Pero la fies- 
ta quo principalmente se celebra es la adoración do 
los Magos, ó Sabios; Poyes del Oriente, que al nacer 
Jesús, vieron en el cielo usa estrella nueva y de sin- 
gular resplandor; y eu tendiendo por iluminación reci- 
bida de Dios, que aquel astro les anunciaba la venida 
del Señor en el mundo, partieron luego y fueron á Jc- 
rusalen, preguntando donde estaba el nacido i-ey do 
los Judíos. Turbóse Hcirodes, que á la sazón reina- 
ba en aquella cindad; pero no dejó de convocar á los 
doctores de la ley, y aprendiendo de ellos que, sogun 
el Profeta, el Mesías liubia de nacer en Pelen de Ju- 
dá, envió allí á los Magos. Guiados estos por la es- 
trella quo habían visto en Oriente, llegaron donde es- 
taba el niño Jesús con María su madre, "y postrándo- 
se le adoraron, y abiertos sus cofres, le ofrecieron 
presentes do oro, incienso y m3'rrlia Y habiendo re- 
cibido cu sueños un aviso para quo no volviesen á 
Herodcs," que. maquinaba la destrucción de Jesús, 
"regresaron á su país por otro camino." 



REYÍSTA CONTEMPOllANEA. 

Kl Mirrnr, periódico protestante publicado en 
Maiu'lio^tor (Ñ. H.), (juiso rcciontcincrilc aiíadir 
.su cuota al tributo que están pagando á la ver- 
dad varios o'rganos (le la prensa acá túiica. ]1^- 
bl:in<lo de nuosd-a Iglesia en la Nueva ínglateV- 
ra, (Iccia el Mivror: 'Nuestra |)ro|)ia observa- 
ción nos enseña que la lierra de los I'uritanos 



va pasando á la manos de los Católicos con una 
rapidez que no nos fuera nada halagü'-nio reco- 
nocer. Pocos años ha la población extranjera 
y católica estaba principalmente limitada á las 
ciudades, y se podia andar una semana sin en- 
contrar ni un secuaz del Papa que poseyera una 
hacienda. Ahora, empero, cada uno de nosotros 
puede indicar distritos con escuelas poblados 
cisi enteramente por ellos. Agrúpanse cu el 
campo lo mismo que en las ciudades, y cuando 
compra uno y se establece en una hacienda, si- 
guen los otros, de manera que en pocos años se 
apoderan de todo el vecindario; y las antiguas 
fincas, criaderos de las ideas de la Nueva Ingla- 
terra, y cunas de sus hijos, van sustrayéndose 
del dominio de los Yanl-ees. Heñios dicho que 
este hecho no nos es nada halagüeño, porque al 
paso que el establecimiento de una ñuuilia Cató- 
lica en nuestras tierras nos acarrea ncivios y 
huesos, lo que necesitamos muy mucho, y á me- 
nudo también indusíi'ia, frugalidad y perseveran- 
cia; sin embargo es una señal casi infalible de 
que los días denlos Yankees en aquel sitio csta'a 
contados. Por alguna que otra razón los Cató- 
licos y los Protestantes de la Nueva Inglaterra 
no se avienen muy bien como vecinos. No fra- 
ternizan, y desde el principio existe entre ellos 
una líuea de separación, y al cabo uno de los 
dos recojo su tienda de campaña y se va á bus- 
c^ir vecinos mas de su genio. Según hemos vis- 
to, el que se queda es generalmente el Católico, 
y el que se marcha el Protestante. Ese antago- 
nismo natural no resulta tanto de sus creencias 
religiosas como de su índole general y de su ma- 
nera de vivir, que se diferencian vastamente.'' — 
¿Que tendra'n de particular esos Yanlcca''. Ese 
"antagonismo natural" no existe en ninguna otra 
parte de la Union, y por lo tanto nosotros lo 
creemos mas bien anti-natural. Por lo demás 
no parece que sean de culpar los Católicos. La 
antinatía debe venir del que resiste menos ala 
diferencia "de índole y modo de vivir,"' y que 
por lo común 'se marcha." 

Las Esci'KLAS Púm-iCAS de la Francia monár- 
(iuica de 1832 deberían suministrar materia de 
reílcxion y estudio á los hombres sinceramente 
deseosos de conocer el método de enseñanza mas 
idóneo para un pueblo dividido en las creencias 
reli"-iosas. En aquella énoca contcnia Francia 
unaVlí^«^'i<^'^ ^^ 35, 000,000 de Católicos y 1,- 
000,000 de Protestantes. Sin embargo, cu el 
sistema de escuelas públicas adoptt;do en aquel 
año, el 1,000,000 de Protestantes vio sus dere- 
chos sobre la educación de los hijos ser tratados 
por la ley como los derechos de los 35,000,000 
de Católicos. En ti informe oficial de 1843, se- 
gún hallamos ^en el CathnUc l^lrí/raplí (2 de Ag. 
"^77), había 5(í'.812 escuelas primarias Catolicéis, 
1080 primarias Protestantes, y 115 primarias 



l 



-5- 



Jadías, La. dirección local de. esas Escuelas es- 
taba en. las manos del Corregidor (MaireJ, del 
Presidente del Consejo, y del Cnra-párroco, si la 
-escuela era católica, del Ministro Protestante, 
si era protestante, y del Rabino, si era judaica. 
La superintendencia general estaba confiada ai 
.Corregidor de la Capital del Departamento, al 
Juez de Paz, y al Pastor de cada una délas sec- 
tas religiosas. Ese sistema, como es fácil enten- 
der, descansa sobre el principio que la edu- 
cación debe ser absolutamente religiosa; y al 
propio tiempo hace patente que no es imposible 
conciliar la enseñanza libre y religiosa con la 
pluralidad de las religiones. No se desprecie 
la Religión; no se desestime su necesidad para 
criar una generación proba, varonil, concienzuda; 
y se hallará infaliblemente la conciliación desea- 
da. . 

■ Al promulgar las leyes de enseñanza, (luízoi, 
Proteí'tante, hombre de profundo juicio y vastos 
conocimientos, historiador famosoy Estadista e- 
mi'nente, y á la sazón Prim.er Ministro del Ga- 
binete Francas, expresd sus ideas sobre dátense-' 
ñanza en los términos siguientes: "Las Escuelas 
populares de una nación deben estar imbuidas 
en el espíritu religioso de la misma nación. Aho- 
ra bien, '¿es el Cristianismo la religión del pueblo 
francés, sí'-d no? No se puede negar que lo es. 
Pregunto, pues, ¿miramos nosotros á proteger la 
religión del pueblo, 6 á' 'destruirla? Si queremos 
poncrno3 á destruirla, entonces concedo que de 
nincfuna manera debemos hacerla ensenar en las 
escuelas del pueblo. Pero si el objeto que nos 
proponemos es completamente diverso, es preci- 
so que enseñemos á nuestros hijos aquella religión 
i:i[ue ci'viMzd á nuestros padres; aquella religión 
cuyo espíritu prepare; y solo puede sostener to- 
das las grancíes instituciones de los tiempos mo- 
dernos." 

'' ¡Mejicanos! En la próxima legislatura territo- 
rial se entablará sin duda ninguna la cuestión de 
Escuelas. Los proyectos de ley de enseñanza 
derrotados ya el año pasado volverán á ser pro- 
puestos este año. Acordaos entonces de las má- 
ximas del protestante Gruizot, y no seáis menos 
sabios y cuerdos que un heterodoxo. Rechazad 
enérgicamente tod'5" sistema de escuelas que no 
sea fundamentalra&nte religioso. Tenéis en 
mano el poder, si sois legisladores; podéis ha- 
cer respetar vuestra voluntad si no lo sois; de- 
cid á los legisladores que aprobando escuelas 
que os repugnan' y detestáis, ya no podrán con- 
tar en lo futuro con vuestros votos. 



A ^ d ^fe^-A~- 



Én el entierro^de Moore y Mellon,- los dos jó- 
venes que fueron muertos en La Joya, .dijo el 
Gobernador: ''Se ha creído propio no hacer 
íiinguna ceremonia religiosa 'sobre estos tumbas. 



Nos hemos reunido, no como religionarios, sino 
simplemente como hombres á ejecutar un acto 
de piedad natural hacia los cadáveres de estos 
jo'venes asesinados." ¡Viva nuestro Gobernador, 
caramba! — Nos acordamos haber visto una vez 
una gaíita sioerta tendida en el suelo, y ásu 
lado un gatito del mismo parto que posaba con 
las patitas delanteras sobre el cuerpo de su her- 
manita, con los ojitos cerrados y bostezando. 
Ciertamente estaba allí, no como religionario sino 
simplemente como gato, para "ejecutar un acto 
de piedad natural."' — Caro Sr. Gobernador, vos 
como gobernador no estáis obligado á haber es- 
tudiado principios de ética natural; de lo con- 
trario sabríais que UI hombre es naturalmente re- 
ligioso; es decir, que debe por una ley ineludi- 
ble de su naturaleza humana, profesar y practi- 
car alguna que otra religión. El hombre es un 
ente racional y libre. Debe obrar, pues, en con- 
formidad con su razón y libremente. Ahora 
bien, Ja razón ic enseña que todo su ser humano, 
por necesidad imperiosa de la naturaleza, de- 
pende de Dios, su Criador, lo mismo que cual- 
quier otra criatura. Las demás criaturas no pue- 
den reconocer y confesar esta dependencia con 
un acto libre de su voluntad, porque son inca- 
paces de conocerla y faltas de libertad. El 
hombre, sí. El hombre puede reconocer su de- 
pendencia de Dios; puede confesarla libremente. 
Si no lo hace, obra al par de los brutos. Si lo 
hace, es religioso; siendo el primer deber de da 
Religión reconocer y confesar su propia depen- 
dencia del Ser Supremo. Despojarse, pues, de 
todo sentimiento religioso es despojarse de la 
humanidad. . . , r. 

Las Ver/as Gazdte impugna en su número, del 
29 de Dic. nuestra tesis, que la Educación es 
atribución y derecho de la Familia, y que, el 
Estado no puede desconocer ni usurparse tal, de- 
recho. La contestación no podemos darla en 
uno de estos sueltos menores que van bajo el 
título de Revista contemjwranea; mas espacio ne- 
cesitamos; y este espacio estaba ya ocupado 
cuando apareció el número referido de nuestro 
colega. A otra 'semana, pues. 



■«*SS5:* €- < '^S=»* 



"Todos los. trastornos acaecidos últimamente 
sobre el Rio Grande," dice el Weekly ^Sun de 
New York, "y las demandas de mas tropa, son 
partes de un plan proyectado hace ya mucho 
tiempo, y llevado adelante con plena delibera- 
ción por varios años, para adquirir las provin- 
cias setentrionales de Méjico y enriquecer á una 
gavilla de desalmados, que especulan en tierras 
y minas'. Este. proyecto fué vivamente activado 
debajo de Grant, y á no ser por las complica- 
ciones políticas que distrajeron la atención de 
este negocio, probablemente hubiera sicio cousn- 

.ui-d'í-'yt ; ;,í.!i!l;. 



mado en aquella ópoca á costa de una segunda 
guerra con Méjico. Entonces, lo mismo que 
ahora, los especuladores, ayudados por la Ad- 
ministración, acudieron á los medios mas ver- 
gonzosos para levantar un pleito á Méjico; dere- 
chos fingidos, depredaciones inventadas, preten- 
didas incursiones en nuestro territorio y otras 
imputaciones igualmente faltas de fundamento. 
Para examinar estas depredaciones y pretensio- 
nes se nombr(5 una Comisión parcial y esta ates- 
tigua que el ganado robado y llevado al otro 
lado del rio, en solo una pequeña porción de 
terreno, era mas que todo el ganado del Estado 
de Tejas según el último censo! Esta es una 
muestra de las "tropelías" forjadas bajo Grant, 
la que ha sido copiada fielmente por los mismos 
autores en otra forma debajo de Haycs." — El 
Sun no se contenta con afirmar lo que piensa. 
Alega documentos irrecusables, sacados de pa- 
peles que la Cámara de Representantes de 
Washington se hizo entregar, para conocer la ver- 
dad sobre los trastornos de la frontera. Estos 
documentos prueban fuera de toda duda que se 
habia formado un plan para obtener la separa- 
ción de varios Estados del Norte de la Repúbli- 
ca de Méjico, y que los Gobernadores de ellos y 
otros empleados hablan sido tentados con dinero 
de los E. U. "Toda esta maquinación," concluj'e 
el N. Y. Sun, "es poco menos que una ignomi- 
nia por li nación," 



La cuestión del Infierno sigue agitando jí los 
Congregacionalistas. Los Ministros no pueden en- 
tenderse entre sí. Doctores de campanillas, tales 
como Hopkins, Portcr, Munger, etc., están con- 
tra el infierno. Estos señores leen la Biblia, ha- 
blan de la Biblia, la imprimen y distribuyen á 
miles de copias todos los años, y todavía no sa- 
ben ver en la Biblia si hay ó no infierno. Prue- 
ba evidente de la claridad de la Biblia! 



^i»-» 



Nuestro Cuarto Auo. 



"No mudará nuestra bandera," decíamos la 
semana pasada, al despedirnos de nuestros que- 
ridos lectores j)or el año que expiraba, y al pro- 
meterles la continuación de nuestra tarea perio- 
dística por el año en que acabamos de entrar. 
Cuál sea nuestra bandera, á nadie se le oculta. 
"La Revista Católica,^' escribía el Mesilla Inde- 
pendent en su No. 4, "da tales porrazos á los 
Mormoncs, y acomete á El líempo de manera 
que bien se conoce que el que empuja la rueda 
pertenece á la Iglesia militante." Sí, señores; 
cualquier fuera el espíritu que animara á nuestro 
colega del mediodía, al proferir sus últimas pala- 
bras, ellas no nos ofendieron; ellas son nuestra 
gloria; pertenecemos ala Iglesia militante, y ufa- 



nos estamos de nuestro rango. Nuestra bandera, 
pues, es la bandera de la Iglesia militante. 

Este nombre fué dado á la "Madre de los San- 
tos," á la "Imagen de la ciudad superna," á la 
"Conservadora eterna de la Sangre Incorrupti- 
ble" (como el inspirado Manzoni apellida i la 
Iglesia), porque su condición de vida y de triun- 
fo en el orbe es el combate. Mensajera de paz 
á los decaidos descendientes de Adán, no ha 
cumplido coii su divina misión, sino á través de 
diez y nueve siglos de luchas; ni dejará de pe- 
lear, sino cuando acaben de reinar en la tierra 
el error y el vicio. Si, pues, la bandera des- 
plegada por la Revista Católica es la de la Igle- 
sia Militante, forzoso es que combatamos, y con- 
fiados en Dios combatiremos. 

No créase, empero, que nos guie en nuestra 
empresa la loca presunción de agradar á todos, 
ni que nos arrastre el ímpetu de una pasión, cie- 
ga despreciadora de nuestras propias ventajas. 
Sabedores somos que no todos nuestros amigos 
ven con placer esta índole belicosa de la Revis- 
ta, y que un espíritu mas conciliador nos gran- 
jearía mayor popularidad. Pero ya observa- 
mos en otra ocasión que poco nos lisonjea el 
blando soplo del aura popular. Nuestro blanco 
es la utilidad de la población, por cuyos verda- 
deros intereses morales y religiosos fué estable- 
cido este periddico. Ser útiles á los Neo-Meji- 
canos, no el mero agradarles, fué el móvil do 
nuestra publicación. 

Pero eso es cabalmente lo que se nos dispu- 
ta. La discusión es inútil, se nos dice. El pue- 
blo no busca en los periu'dicos sino noticias y 
hechos, sobre los cuales fundará después sus ra- 
ciocinios, y se formará su opinión. Los artícu- 
los editoriales son lo que hay de mas soso y pe- 
sado en un diario. La polémica fastidia y abur- 
re. En esos términos hablaba, mas 6 menos, po- 
cas semanas ha. La Gaceta de Las Vegas. Sin 
embargo ella misma desmiente con el hecho sus 
asertos, y desmiéntcnlos al propio tiempo cuantos 
periódicos ven la luz pública en el mundo ente- 
ro. Todos discuten, y no hay asunto de interés 
ó importancia que no sea á veces objeto de ca- 
lurosos y luengos debates. Eso tendería á pro- 
bar que no bastan las noticias y los hechos para 
que el pueblo se forme con ellos una opinión. 
Los hombres de erudición y talento se afanan al- 
guna que otra vez inútilmente para pronunciar 
un fallo acertado y seguro sobre una cuestión 
social. ¿Y las masas populares lo lograrán por 
solo instinto, por intuito inmediato de los pro- 
blemas mas intrincados? Por alto que sea el 
concepto que formemos aun del pueblo mas ilus- 
trado del universo, estaremos lejos de considerar 
á todos cual profundos pensadores; todos gran- 
des filósofos, grandes políticos, grandes econo- 
mistas, grandes teólogos, historiadores, artistas, 
literatos, de manera que sea inútil para la ma- 



-7- 



yoría oír el pro y el cuntía de una causa cual- 
quiera. No, la discusión no es inútil. 

Varios de nuestros amigos no abrigan la mas 
mínima duda acerca de la utilidad de un perió- 
dico que, tomando ú pecbo los intereses de un 
pueblo, salga intrépidamente a' su defensa. Con 
todo, debería la Revista, nos dicen, examinar su 
terreno, y medir las fuerzas de sus adversarios. 
Salir i la lucha contra personas que por su in- 
flujo^ y posición social podrían reprimir su auda- 
cia con perjuicio de la causa misma que defien- 
de, es por lo menos imprudente. Los poderosos 
imponen respeto; respéteseles, pues, siquiera 
por no destituir de su ventajoso apoyo la causa 
del bien. — Pero la Revista no se juzga culpable 
de ataques personales. Su guerra es guerra de 
ideas, en la que habrá podido tal vez hallarse 
envuelta alguna persona, cuando sin ser provo- 
cada ha querido libre y espontáneamente repre- 
sentar y concretar en sí sola y en solo su nombre 
las ideas combatidas quizás por la Revista Cató- 
lica. Hecha esta aclaración, diremos que el fa- 
vor humano pierde á nuestros ojos todo valor 
cuando el mantenerlo cuesta el sacrificio de su 
propia independencia; cuando es precio de una 
baja lisonja, de una adulación, de una mentira. 
La verdad no se dobla á la ambición, ni se pros- 
tituye al poder. Y la causa del bien uo adelan- 
ta mendigando favores, ni atemperándose á los 
varios caprichos de la muchedumbre inconstan- 
te, ni adoptando medidas que como no satisfti- 
cen á los enemigos, así no agradan á los ami- 
gos. 

Si es necesario el combate, peléese sin miedo 
y sin disfraz. Estos no son tiempos de paz. La 
Iglesia es combatida por doquiera con un odio y 
encarnizamiento que mal se encubren bajo la 
capa de la astucia mas viperina. Nuestros ene- 
migos no recelan nada; no los arredra la calum- 
nia, ni los embustes, ni los ardides; de todo 
echan mano audaz ,y animosamente para derro- 
car, si pueden, aquel poder que Dios puso sobre 
la tierra como baluarte fortísimo de los eternos 
principios de la justicia y de la verdad, la Reli- 
gión, No nos acobarden, pues, sus amagos; no 
nos engañen sus tretas. Una mirada al Vatica- 
no. Vemos allí la augusta figura del Vicario de 
Cristo. Acosado, vejado, ultrajado atrozmente, 
desposeído de todo, inerme, débil, anciano. Pió 
IX no tiembla. Pió IX no se amilana. Pío IX 
no desfallece. No le queda mas que la voz y la 
pluma, como él mismo dijo, para impugnar la 
maldad y el error; y con su voz y su pluma, cla- 
ma, increpa, amonesta, corrige, anima, condena, 
pelea las batallas del Señor, é infunde en todos 
nuevo aliento y vigor para no desmayar en la 
lucha. "Prosigue," grita á uno de los valerosos 
soldados católicos, "pro.sigue, hijo, en la batalla 
que contra la impiedad has empezado;" "Bendí- 
gaos Dios," dice á otros, "y dirija El vuestros co- 



razones é inteligencias;" "Pelead por el Señor," 
añade á unos terceres, "y El os dé gracia y 
vigor para la defensa de sus derechos y de los 
de la Iglesia." Bien puede la Revista Católica a- 
plicarse á sí misma esas voces que, salidas del 
Jefe supremo de la Iglesia Militante, retumban 
hasta en los extremos ángulos del mundo, espar- 
ciendo ánimo y vida en cuantos el celo de la casa 
de Dios ha empeñado en la guerra contra las 
huestes visibles del invisible poder del abismo. 
La causa defendida por la Revista es aquella que 
defiende Fio IX y los campeones de la verdad 
y del derecho, á quienes él dirige su alentadora 
palabra. Idénticos son los enemigos. En el 
nombre, pues, del Señor, entramos en uuestio 
cuarto año. "Dirija El nuestros corazones y 
nuestras inteligencias, é infúndanos gracia y for- 
taleza para sostener sus derechos y los de su I- 
glesia santa." 

Escuelas sin Dios. 

( Comu7iicado . ) 



Señores Editores de la Revista Católica: Esta- 
ba muy preocupado en una idea, que no debia 
ni podia desecharla por ser de mucha trascen- 
dencia, cuando llegóme el núm. 48 de la Revista 
Católica, en el que vi con grande satisfacción de 
mi alma un artículo sobre la educación, como 
proemio de otros, que le seguirían sobre la mis- 
ma materia. Pues era el caso que habiendo oído 
hablar y leido en un periódico que no faltarla 
en la nueva Legislatura quien se ocu|)ase de sa- 
car otra vez en campo las Escuelas sin Dios: no 
podia yo comprender cómo era posible que hu- 
biese aquí en este Territorio ó tanta ignorancia, 
ó tanta malicia para atreverse á presentar un 
plan de leyes tan disparatado ante una asamblea 
de respetables diputados. Y en verdad solo en 
un alma completamente depravada, ó en un en- 
tendimiento sumamente oscurecido puede cab^r 
la idea de Escuelas sin Dios; pues son tantos y 
tan grandes los males de que es origen la Edu- 
cación sin Dios: y son tantas y tamañas las con- 
tradicciones é inconsecuencias, que entraña este 
sistema de enseñanza, que un hombre honesto é 
ilustrado no podrá menos de mirarle con horror, 
como, la mayor de las monstruosidades que la 
perversidad de los hombres ha abortado. Por 
eso vemos que aun individuos de otras denomi- 
naciones comienzan á combatir un sistema tan 
absurdo. 

Preciso era pues, hablar y hablar siu treguas 
ni descanso sobre asunto tan grave, para escla- 
recer esa noche de ignorancia y malicia que rei- 
na entre nosotros. Deseaba que se levantase 
muy alto la voz de alarma para alejar el peligro, 
que á todos nos amenaza en las mas bellas }' ha- 
lagüeñas esperanzas de la sociedad, de la fami- 
lia y de la Religión. 



-8- 



Prcocupiulo con estos cuidados Cítalni cníinclo 
la Eevida Cuiólka vino ú devolver la calma á ini 
agitado espíritu. '. ' '.' 

Sí, siempre ha sido la Educación uno de los 
puntos de la mas alta importancia para la socie- 
dad: pero hoy mas (¡uc nunca lo es. Sí, en to- 
(l:is ])artes, "como en todos los tiempos, se ha 
echado de ver de cuánta gravedad era el nego- 
'xíio de la Educación, ¿l^orqué, pues, no 'acaba- 
remos nosotros de comprender (¡ne lo qne mas 
importa al verdadero progreso del Teri-ilorio es 
la esmerada y completa educación, que debe 
darse ;í su juventud? Aun sin mirar ú los des- 
tinos, que lieue el ho!nl)re para la otra vida, el 
gran secreto para hacer prosperar ¡í las socieda- 
3es en todo género de adelantos es sin duda al- 
gnmi la E<lncacion: la educación de la inteligen- 
cia con el con.ocimiento de la verdad, y la edu- 
cación del corazón con el ejercicio de la virtud. 

¡Ah, pacíücos habitantes del Nuevo Méjico, 
510 nos hagamos ilusión! Dejémonos todos de to- 
<]o espíritii de. partido y de secta, y miremos los 
nmles, (pie nos cercan, y los bienes de (p:e care- 
cemos. 

Cuando vemos que los frutos del propio tra- 
bajo no estún seguros si no es ¡í la sombra del 
,j.¡jf,. — Cuando vemos que no puede uno arrendar 
sus propiedades sin la casi seguridad de quesns 
producttxí llegarán diezmados el día de la divi- 
f^ion — Cuando vemos que el mas sagrado de lOs 
contratos, no obstante do estar sancionado con 
la scverid.ad de las leyes humanas y divinas, es 
(pud)rantado á cada paso — Cuando vemos que el 
pudor es vendido sin vergüenza, u mas bien, es 
prodigado con descaro — Cuando vemos habitar 
bajo un mismo techo el lujo y la miseria — ^^Cuan- 
do veujosqucel interés es ordinariamente la ley 
del comercio — Cuando vemos que es no pocas 
veces vendida la justicia,, ó .mejor dicho, la in- 
justicia es comprada á peso de oro— Cuando ve- 
..'mos entregada la Sociedad en manos de asesi- 
■ nos y salteadores, sin quedarle quizás. otro ro- 
en r.so que el de apelar á la justicia privada: ¡ah! 
entonces nos acordamos mas (pie nunca de aque- 
lla profunda sentencia del caudillo de los mo- 
dernos incrédulos, Sr. de Yoltaire: "Si no hu- 
biese Dios, seria menester inventailo para poder 
regir á los pueblos." .b rfji'Uíir^.^ 

¡Vengan alun-a á [¡roponernos las FscneJas sin 

]}i()s.! FlLOni-MÜ AHíTES. . 



1jí>s csoííiulnlos do LA fJOVA. 



Dos hechos escandalosos se cometieron duran- 
te el mes de Dicieml/re del próximo pasado ano 
(MI el Valle do La Joya, Condado de Ivio Arriba, 
h^l primero, conocido de todos, y de toólos igual- 
mente execradít.'fné la bárbara mattinm ib' dos 
iúvenes Americano?. »lohn Mellon v ,\\y\\\\ Moore; 



Jl 



matanza que nos recuerda' la.'í atroeida'los mür- 
mónicas de 18tJ2. Este i)rimer lie;'!¡o escanda- 
loso ha recibido ya, por boca dc'nuestro Ron. 
Gobernador, la merecida reprol>acion dol públi- 
co; ni es menesler que nos cletengítmos sea en 
describir los; horribles porme-nores (pie 'lo acom- 
pañiiron, sea en estigmatizar como iiureoeu los 
ocnlios perpetradores de aquella iiiüvmlA. • • i 

í'll segundo hecho escandalo.ífo. naeiíoS' conoci- 
do (pie el primero, 6 enteramente ignorado; es 
aípicl de que se hizo reo el mismo lien. Gober- 
nador en el acto de tributar los postreros y íú- 
nebrcíi honores á los restos de ios' ¡■nlVüces jtíve- 
nes asesinados. Desairado al parever de vor 
perpetrado en el Territorio sometido á su pater* 
na vigilancia, aquel inhumano asesinato, quiso el 
f[on. Sr. Axtell dar un desahogo cualquiera á su 
resentimiento; y, después de censurar las auto- 
ridades civiles que fueron testigos del horrendo 
delito, no halló desahogo mas proporcionado ¿ 
su pro[)io espíritu que el'-eubrir .do in4anda todo, 
el país, escena de las sangrientas muertes, todos 
lo.s habitantes,' y la misma Ueligion i>roleSxada 
por ellos. "■ ■' •■ •• = 'iri-'iM^ '";- • 

Léa.^e primero el Comunicado fdgiiiente: hare- 
mos pi! seguida las recliücae-ioncs que pidiere la 

Viricí'.' ' "' ■'"• '.■'■'''"' ^^'> ■^'"'' '" ,'■:;■"''■' ' }' ■ 

Santa Cinr/,* Tíi'o AiTTrinA (tV>. N. M. ' 
•í)iciend.)re 26 de'1877-. 
Simares Editores de \\\¡'^liev¡í>ta CatóUcrr.'^UQ 
sillo informado por personas fidedignos rfue'nues«- 
tro Plon. (lobernadcr ha calumniado yabusado 
■indignamente el clero -y religión catóüea. y des- 
j.iies nuestras autoridades locales del Rio Arri- 
ba por crímenes [tcrpetrados en nuestro Conda- 
do. '■■ ' Aunquehubiora deseado leór sii'discnrso 
j)ara poder contestarle con mas "¿cierto, yn haré 
unas rellexioncs ahora ¡:ara no dilatar tanto la 
respuesta. Dice 11^ que pori tpmií:»' dd dero ba 
hecho tantos estragos la viruela; ' ^.Cómo podrá 
})robario nuestro Mon. Gobernadm? ■I\ías bien 
podriín- probarle á éi, que Con núes tros •con sejes 
V en nmchas ocasiones con medicinas (hdas árri- 
iías hemos disminuido el número de los muertos, 
— ^Pero lo dejaremos su idea en este asilnto.4- 
¿Porqué en otro Ingar atacara nuestra religión y 
nduislros á causa de dos muertes que han sido 
•hechas en nuestro Condado? ¿Qiki lío saí)e nnes- 
tro G(d)ernador (pie cada dia e^tnn>'os gritando 
contra esos crímenes, que consideramos nosotros 
cual infamia 9'y no virtudes, como en la religión del 
-U I a h?' ¿Seremos nosotros (pie tendremos la culpa 
de ellos? Ko somos ni nosotros ni nuestras antori- 
dades locales, siendo que estas se esmeran tanto 
para poder encoTitrar uno de estos matadores, y 
entreg:;rl(!)S á las autoridades superiores. ¿Sel-á 
falta, pne?, de nne.«tí'nB autórída'deB locales del 
l?iO Arriba? No; sino dé otras antf^iidade.>í supe- 

' ' s maüi^ellorcs, 
(«i< oon ü\l 



i 



jsio Arrina. i\o; t-iiso (ju-ouíim .Mnm ni< 
r¡(4res que no(piieren caftigará los ma 
y í-p'ñ' parecen pi-í)re6c*r ííer Íícitb^tii»(" 



-^- 



que se tenga dinero para ípngar las muertes que 
se hacen. — No solamente no será culpa, ele nues- 
tras autoridades del Eií) Arriba, ni de nuestra 
religión y ministros que se esfuerzan en dar se- 
pulturas convenientes cada vez que esiAn avisados 
en tales casos, sino de nuestro mismo ílon. Go- 
bernador que ha qutriilo y quiere todavía bor- 
rar del corazón del íioinbre el temor de Dios, 
queriendo borrar el nombre de Dios en la ense- 
ñanza de nuestros jóvenes. Esta es ¡a causa se- 
cundaria de tantas muertes, después de la falta 
de las autoridades superiores, porque si hubiera 
temor de Dios, auuqrie faltasen los tribunales de 
justicia, cada uno respetarla la vida de sus seme- 
jantes, como se observaba en este Territorio an- 
tes de la entrada de los Americanos. Con sus 
principios relajados de escuelas sin Dios que han 
producido tantos chsperadoes, testigo el Cimar- 
rón hace unos G años, Inn sido causa de tantos 
crímenes. — Estando, pues, nuestro Gobernador 
en medio de un pueblo todo católico, deberia 
respetarlo, aunque tuviese principios anli-caío- 
lieos; V no atribuir todos estos crímenes á meji- 
canos, sin otro motivo que el ser Católicos, cuan- 
do no puede probarlo: y aunque fuesen mejica- 
nos los matadores, no probaria mas sino que hav 
malas ovejas en el rebaño, A las que su iglesia 
rechaza y condena. 

L. Rkmuzon 

Este Comunicado se furnia en las rchiciones o- 
rales del discurso pronunciado por el Hon. Go- 
bernador; y por lo tanto nos es imposible juzgar 
de la exactitud de los asertos atribuidos al Hon. 
caballero. Contrariamente al uso establecido, 
el JSTe.w Mexican, órafano oñcial ú oficioso del a'o- 
bieruo de Santa Fé, se abstiene de ¡.'ublicar por 
extenso aquel discurso; grave indicio de (]uc no 
t'">do podia ver impunemente la luz pública. Lo 
poco sin embargo, que nos relata, basta para po- 
ner de m.anifiesto que si Sam.uei 11. Axtell no in- 
jurió descaradamente á los Mejicanos. 3' su Reli- 
gión, dejó traslucir que tal fué sin duda ninguna 
su mal disimulado intento. "Este acto sangui- 
nario," dice el Gobernador, ''no fué hecho en un 
país salvaje ó deshabitado, sino en el medio de 
una comunidad populosa, en la vecindad de al- 
deas y cerca de Iglesias, donde se han enseñado 
dogmas religiosos durante 200 años pasados.''" 

¡Ah, señor Gobernador! si esas palabras no 
son las mas insulsas que proíiriera jamas un go- 
bernador, sabemos muy bien lo que signiíican. 
Significan que los asesino.^* de los desdichados 
Mellon y Moore fueron Mejicanos; y que la Re- 
ligión profesada por estos, y predicada en sus 
Iglesias por 200 años, es impotente para incul- 
carles el iiorror al crimen y el amor al bien. I- 
maginemos, en efecto, que los homicidas. hayan 
sido Ameiieanos, ya no vemos á qué viene, en 
el discurso axícUano, lo civilizado ó salvnie del 



país, ni mucho menos lo cercano o Ifjano de las 
"Iglesias donde se han enseñado dogmas religiosos 
durante 200 años." Tales reflexiones solo vie- 
nen Á propósito cuando se supone que los autores 
del crínien fueron Mejicanos, y que consumaron 
su atroz atentado por efecto remoto 6 pníxiino 
de su CatolicismiO. Solo en este caso entende- 
mos la razón de un reproche que equivale lí de- 
cir: "¿Cómo es posible, en babilantes de un país 
que no es salvaje, mancharse tan boibaram.ente en 
sangi'e humana? ¿Y qué raza de dogmas se han 
enseñado en esas Iglesias por 200 años?" 

Honorable señor, vano y pueril seria defender 
la moral católica contra las villanas indirectas 
de un hombre, cuya religión, y, por consigaion- 
íe, ctsya. moral, se ignora. Solo diremos, |)ue.'", 
que Y. S. no tiene hasta ahora indicio ninguno 
de que Mcüon y Moore fueron muertos por cu- 
chillo sncjicano. Luego es Y. E. injusío, cuando 
en una areiiga pública da á entender que fué 
así. Ultraja Y. E. el Territorio que debería 
gobornai'. Cuando se haya probado que losina- 
taílores fueron mejicanos, quedai'á todavía el he- 
cho indudable do que el mayor número de los 
delitos de sangre cometidos en Nuevo Méiico no 
es imputable a' los Mejicanos. Quedará siendo 
innegable que hay crímenes ahora, desconocidos 
ó rarísimos antes de la anexión; y lo atestiguan 
no solo viejos naturales del país, sino también 
antiguos emigrados americanos por poco que 
sean concienzudos y cnerdos. Nos acordauios 
que en el llianlcsgrübig-day de 18TG, nuestro ve- 
cino el Ministro Presbiteriano eclió en su templo 
un sermón en el aue tocando la necesidad do la 
enseñanza en Nuevo Méjico,, quiso probarla por 
la iu moralidad de nuestras poblaciones. Pues 
b'ien, hubo Americanos qae salieron del templo 
di/iendo: "El pobre hombre no sabe que, cou 
todo y nuestras escuelas, la inmoralidad adelan- 
ta en vez de menguar." La prueba mas brillan- 
te de que los Mejicanos no son esos forajidos j 
desalmados que Y. E., señor Gobernador, quiso 
dar á entender, es que pueda el primor oficial 
del Territorio insultar públicamente su honor y 
su Religión, y seguir viviendo en paz.. Nuestra 
voz no es oida allí donde quisiéramos; y por una 
sola razón lo seníim.os. Desearíamos llamar la 
atención de los interesados sobre la sabia elec- 
ción de los que deben representarlos en estas 
tierras: para que no nos enviaran Regidores que, 
en vez de estrechar cada día raas los la.zos que 
unen ;í los dos pueblos, parecen empeñarse en 
hacer maldecir el día en (¡ue aquellos se vieron 
unidos. 



10- 



YAllIEDADES. 



MAHOMA. 



"La Patria'' do París da al[2;iino.s [)onnciiorcs 
iuieresaiites acerca de los tesoros de IMalioiua. 
Dice que todos los peregrinos que visitan la 
Meca, depositan nna ofrenda en moneda contan- 
te en los tres sej)ulcros, para la defensa de la 
religión maliometana. Y el escritor calcula, que 
la contribución anual no baja de $3,000,0U0, 
añadiendo (pie de uno de los sepulcros que se 
abrió en 1821), se sacó una suma inmensa. Du- 
rante la guerra de la Crimea se abrió otro de 
dichos tres sepulcros, y ahora el Sheik-ul-Islam 
ha ¡do tí Meca para sacar fondos del tercero, 
que desde 1415 no se ha abierto. Tomando en 
conjunto los tres se computa que debieron con- 
tener unos $120,000,000.-7^7 Jico de ¡a Rom 
Laíina. 

I,AS MH.IIÍUKB I)K LA "dOMMUNK." 

Hasta qué punto de degradación puedo bajar 
la raujer, cuando olvida su destino en la tierra, 
nos lo indica un escritor francos en estos párra- 
fos ((uo vanios ú transcribir de El Eco de ¡u Raza 
Latina sobre las mujeres de la "Commune" de 
París: "Fueron malas y cobardes. Utilizadas 
por la policía de líigault y Ferró, fueron impla- 
cables en la persecución de los que huian la 
vergüenza de servir la ''Commune." En los {)úl- 
pitos de las Iglesias, convertidas en clubs, pro- 
n'.Hioiaron cuantos desatinos cabian en su igno- 
rancia; con su voz chillona y bronca, en medio 
do la humareda de las pipas y do los vinosos 
eruptos, |)ii]¡i'ron la igualdad (jue les negaban y 
oirás rovindicaciones indecisas ((i'.e tal vez ocul- 
taban e! siicúo secreto (¡uo sin ninguna vergüen- 
za ponían en [)r;íi'lica: la pluraliilad de hombres. 
S(» disfi-azaron de soldados, i)oniónd()so gorros 
húngaros, panialones de zuavos, chaiiuetas galo- 
neathis, bordados, sinn'or, y vestidas así de 
máscüi'as, s(! armarían combatieron y fueron im- 
|)la('abh's. So endíriagai-on con la sangi'O derra- 
mada, y la (Mubriaguoz fiiú horrible. ílacian 
juaiufostacionos, se i'cuiuan on partidas y liabla- 
l)an ^\(' ir ¡í \'ersallos '";( ( liand)ardor la parlolí(í 
oL pondré {"'oulriíjuct promior"' (;í disolver hi 
(•;íuuira y ahorcar á M. 'J'luors.) Y lo mas ctuni- 
co os (|Uo hablal)an de .luana de Aro y se (-om- 
paraliaii á olla. Noiad <nn' do las I.!!-")! hombra.s 
(pío so llevaron á \'orsailh's, la estadística, contó 
2 K) solli'i'as sometidas á la. ))olicía. SlO orde- 
nanzas do "no Juv lugar" so dieron on su i'avoi-; 
os decir (pío so llog») ;í los extremos h'mitos do 
la indulírenoia." 



i)K OMNI uií scinn.[. 

Todo lo sé: del nnmdo ](js arcanos 

ya no son para mí 
lo que llama misterios sobrehumanos 

el vulgo baladí. 
Sé (pie soy un mamífero l)inKino, 

que no es poco sabor; 
y S(j lo (|uc es el átomo, ese arcano 

del ser y del no sor. 
Sé (pie el rubor que enciende las ¡acciones 

es sangre arterial; 
(¡uc las lágrimas son las secreciones 

del jugo lacrimal. 
Que la virtud que bien al hombre inclina 

y el vicio solo son 
compuestos de fibrina y albúmina 

en justa proporción; 
Que el genio no es de Dios sagrado emblema; 

no, señores, no tal: 
el genio es un producto del sistema 

nervioso cerebral; 
Y sus creaciones de sin par belleza 

solo están en razón 
del fósforo que encieiTa su cabeza, 

no de su inspiración. 
Amor, deseo, bien indefinido, 

sentimiento, placer, 
palabrotas vacías de sentido 

y sin razón de ser. 
Gozar es tener siemf)re electrizada 

la médula espinal, 
y en sí el j)lacer es nada, ó casi nada, 

un óxido, una sal. 
¡Y aun dirán que la cienL-ia es muy prosaica? 

¿Hay nada, vivo Dios, 
bello como la fórmula algebraica 

v=P ir? (=^=) 

( Ilusiracuin Católica.) 

(*) Eístn fórmuln r.o Ice; C'c i-jual pe en-e ilos, y í\kí forma el verso. 
LO.S IM-KUTOS CHINOS. 

lié atpií una listado los puertos Chinos abier- 
tos al comercio, y de sus respetivas {¡oblaciones: 
Niucwang. con üO, 000 habitantes — Tientsin, con 
050,000— T.scifu, con ;U),000— Ilankou, con 
(lOO.OOO -Kiukiang, con 40,000— Chiukiang, con 
140,00i)— Shianghai, con 278,000— Ningpo, con 
120,000— Tuchiou. con 000,000— Tamsui con 
00,000— Takou, Taiwanfu, y Pitou, con 235,- 
000— Amoy con 8S,000 - Swaton, con 20,000— 
Cantón, con 1,500,000 - Kiungchau y Iloyhou, 

con :;o.ooo. 



11 






S, 



( (Continuación — Pág G11-612.J 

— Tú no comprendes nada, replicó Emeagarda, 
apretándose la frente con los dedos agiupados. Haz 
cuenta que mañana publicaran los periódicos el suel- 
to siguiente: "Acción nobilísima. — Un rico comercian- 
te de la capital perdió ayer la considerable suma de 
cien mil liras en billetes de Banco. Después do dos 
horas, ¡caso rarísimo! vio que se la devolvía intacta 
una joven del pueblo que la encontró. El generoso 
señor se mostró agradecido, ofreciendo de propina dos- 
cientos francos; pero la mas generosa hija del pueblo 
no se dignó siquiera mirar sir contenido, rechazándo- 
lo todo, menos el placer do su acción incomparable." 
Supon, digo, que leyeras tal suelto; ¿qué dirías? La 
primera pn labra del corazón seria: ¡qué rico comer- 
ciante tan tacaño! ¡Que sórdido! ¡Qué avariento! 
¡Qué miserable! La muchacha del pueblo se ha con- 
ducido como una señora, y el señor lo mismo que un 
piojoso Así dirías, ¿no es verdad? 

Onofre convencido pero sin ceder: — Ciertamente 
que á prever que iban á pregonar la propina por toda 
la población, hubiera pensado en mi decoro. No he 
nacido hace cuatro días. Cuando se halla uno al 
frente de una fábrica, y forma parte de un municipio 
y acaso será pronto caballero, hace las cosas muy 
hien. Realmente prometí en el cartel de aviso mil 
liras. 

— Esto te causa pena. 

— Basta, no hablemos mas. Todo ha salido á ma- 
ravilla. 

— Para la bolsa, sí; para el honor no. 

Precisamente cuando altiva, pero razonable por de- 
más, enseñaba la mujer así el catecismo á su esposo 
avaro, se presentó Riccío; Riccio, que estaba suma- 
mente lejos de creer que Adela hubiese ido allí sino 
para tratar de jabón que proponíase acaso adquirir. 

XVL 

MISERIA Y GENEROSIDAD. 

El señor Onofio, con el sombrero en la cabeza, es- 
peraba en la puerta de la calle á sus dependientes, á 
fin de asegurarse de que habían dejado á tiempo de 
dar los pasijs que les encargara. Habiéndoles visto 
volver, sabedor de lo que le convenia, no pasó raas 
allá tomando acuerdos para evitar las indagacionos 
de la policía. Riccio no so pudo contener, y pregun- 
tó alguna co^a sobre la extraña aventura. La señora 
Emeugarda voló á su encuentro. — ¿Conoco aquella 
joven que estuvo aquí esta mañana? 

— Sí: ¿por qué? 

— ¿No lo sabe aun? Nos ha traído el dinero. ¡Ella 
precisamente! 

Riccio se quedó viendo visiones. — ¿Cómo? ¿La que 
yo lo presenté? 

— Ella cabalmente. 

— Es una historia de hadas; no puedo comprender 
la menor cosa ... ¡Y no me dijo usted nada! 

— ¿Sabe cómo se llama? 

— Yo sí; la conozco perfeotamente: Adela Motino; 
tal es su nombre. Pero nunca imaginé . . . 

— ¿A qué se dedica? 

— A nada, respondió Riccio; vive en su casa, y hace 
flores; por lo demás, la mantiene su hermano. 



— ¡Ah! ¿No tiene padres? 

— Y dentro de poco no tendrá siquiera hermano, 
por haber extraído en la última quinta el número pri- 
mero. 

— ¡Pobrecita! exclamó la señora Einengarda. Qui- 
siera que la hubiese visto: ¡con qiré donaire contó lo 
sucedido! No hubo forma de conseguir que aceptara 
un sueldo de propina. Mi marido, que tiene corazón, 
intentó poner en su mano una hermosa suma; mas 
ella: — No, dijo, gracias, nada, he cumplido con mi 
deber; y no la sacamos de allí. Ni siquiera quiso dar- 
me su dirección, ni decirme su nombre. ¿Sabe usted 
donde tiene su casa? 

— Sin duda que lo sé. 

Eniengarda quiso apuntar en la cartera precisamen- 
te la dirección, no cesando de alabar á la joven, sin 
saber que alababa el amor de Riccio. Este sentía un 
gozo desmesurado, llenándose de natural orgullo. Mil 
veces le vino á la punía de la lengua: Es mi prometi- 
da; para desposarla fáltanme solo tres mil liras; pero 
mil veces retuvo la frase que ansiaba decir, parecién- 
dole que recordar el empréstito en semejantes circuns- 
tancias valia tanto como ponerse en el puesto de Ade- 
la, para obtener con desdoro lo que había ella genero- 
samente rechazado. Mientras murmuraba en su inte- 
rior algunas palabras, y la señora referia nuevamente 
cada uno de los particulares de lo sucedido, anuncia- 
ron al sub-cajero que acababa de llegar un niño con 
una esquela. — Que la lleve arriba. — respondió Emeu- 
garda, no satisfecha completamente aun de la coiiver- 
sacion. Era Ernesto, y la carta de Adela. — ¡Oh her- 
moso! ¿Qué quieres? le preguntó Riccio maravillado. 

— Mi hermana, respondió el muchacho, le manda 
esta caríita, y dice que la lea inmediatamente. 

Riccío: — ¿Me permite, señora? Y abrió el billete 
con curiosidad suma. Leyendo encendíase su sem- 
blante, brillaba por sus sentimientos honrosos al par 
que nobles, y no podía contenerse: el vivo deseo de 
mejorar los intereses de Filiberto pudo vencer su 
acostumbrada reserva, y alargó el billete á la señora, 
diciendo: — Lea: precisamente Adela Mottíno me ha 
escrito volando algunas líneas. 

— Lea usted, respondió con ansia la señora, sin que- 
rer fijar la vista en una carta de otro. 

Leyó lo siguiente: "Caro señor Riccio: Acaso sabrá 
que hallé hoy mismo una suma considerable de sus 
señores. Ha sido una casualidad. La he llevado á 
su dueño, y usted me ha visto ahí. El señor Onofre 
y su esposa me han hecho una multitud de ofertas que 
aceptar no debía, y que no he aceptado. Me ocurrió 
hablar del préstamo que usted sabe; pero me ha fal- 
tado el valor, á fin de no convertir una laudable acción 
en granjeria, y aun para no poner en un conflicto á 
sus señores, que no hubieran tenido libertad para ne- 
garse. Y después ¿cómo restituir? dice siempre Fili- 
berto. Ignoro si he obrado bien ó mal; pero estoy 
mas contenta que una reina. Temo, sin embargo, que 
si lo llegase á saber Filiberto, metería como nunca 
mucho ruido. Por esto le pongo la esquela presente. 
Hágame, por tanto, el favor de no decirle una palabra. 

Cumplido el deber por mi parte, evitemos las cha- 
charas. Seré siempre mas su obligadísima Adela." 

La señora Emengarda quiso saborear por segunda 
vez el billete delicioso, y notando que no contenia 
ningún secreto, y notando que no contenia ningún se- 
creto, hizo que se lo entregase. — Verdaderamente, di- 
jo, la muchacha tiene razones para considerarse mas 
feliz que una reina: ¡corazón tiene de reina! ¿Pero 
como le escribe tan familiarmente? ¿Está en relacio- 
nes con ella? 

— La conozco desde pequeñita: desdo cuando la lle- 
vaba su madre á la escuela. 



■ I !■ ■ I I-I...I» lllil *._ J ■ I I, . ■ 

— ¿Qué edad puedo tener ahora? 

— Diez y oclio ó dic2 y nueve años. 

— ¿La vé alguna vez? 

— Con frecuencia: la conoijco, y también á sus lier- 
mauos. 

— ¿Qué relaciones tiene con ellos? 

Riccio se sonrio. 

— ¡Ya caigo! repuso lá señora. Está visto. . .algo le 
dnclc por aquellos alrededores. ¿Qué mucbaclaa es? 
No quiero mentiras, sino la verdad sola, neta clara, 
desnuda. 

Dando Riccio salida por fin al torrente de afecto 
que llenaba su corazón, pronunció un panegírico mas 
que suficiente para demostrar que estaba de Adela en 
extremo apasionado. Como si esto no bastase, no va- 
cilíj en confesarlo categóricamente, añadiendo que 
además liabian coutraido esponsales con absoluto con- 
sentimiento do la joven y de su propia madre. Dijo 
también que la línica dificiTltad para casarse con ella 
consistía en la situación del Fiiiborto mencionado en 
la carta, y que tratábase precisamente del amigo en 
favor del que solicitaba el préstamo de las tres mil 
liras. No se necesitaba tanto para que la señora 
Emengarda se persuadiese de que debia ayudar á 
Iviccio en su propósito. Espontáneamente dijo en su 
virtud: — ¿Por qué no me ba revelado antes estos se- 
cretillos? Lo que ahora me dice, lo cambia todo. ¿Pe- 
ro ha pensado en la dote? A usted no lo vendría mal 
un poco de auxilio por este lado. 

— Lo he pensado todo. Adela la lleva consigo, pri- 
mero porque no trae pretcnsiones, aunque vino al 
mundo en mejor casa que yo; en segundo lugar, por- 
que no desdeña el trabajo propio de su arte. 

— Bien; supuesto ha discurrido lo que le conviene, 
me corresponde lo demás. Pero no tenga prisa. 
■ — Precisamente me cuesta trabajo esperar. Mi de- 
leitable sueño de oro se desvanece si no puedo con- 
cluir pronto lo da Filiberto: el Consejo de leva se ce- 
lebrará dentro de veinte dias. Por lo demás, me pa- 
rece que las condiciones que propongo son sencillas y 
aceptables. 

— Pues bien, sepa, hijo mió, que no he aguard.ulo 
hasta hoy para hablarle; mas usted comprende que 
tenemos quehacer ha^ta por encima de la cabeza. El 
domingo se casan. El lunes por la mañana, después 
do partir los esposos, arregladas nuestras cosas, po- 
dremos pensar en su asur.'. ;. — 

Al oir esto Piiccio, se traslucía en su semblante la 
resignación mas bien que la plena conformidad; en su 
virtud, continuó diciendo Emengarda: — A no ser que; 
por causa del suceso do hoy, se me presente una co- 
yuntura favorable. Aun cuando á usted le sale todo 
viento cu popa, sin excluir estos casos rarísimos, que 
no suceden dos vecs en cien años. 

— Si usted, señora, quiere, puede. 

—Será lo que dice; si puedo, quiero; mas no todo lo 
que se desea se puede conseguir siempre al instante. — 

Así terminó la conversación. A Piiccio parecíale que 
tardaba mil años á ver á su Adela, para discurrir so- 
bre el curioso incidente del dia, como también para 
llevar á la joven y á Filiberto la noticia de que podia 
creerse realizado el préstamo. No puedo lallar, deeia 
él, antes ó después de las fiestas con motivo de las 
bodas. La señora ha empeñado su palabra; que siem- 
pre se cumple sin duda. — Aun no habia puesto el pié 
on el umbral de la casa, cuando vio que Adela, como 
primer cumplimiento, puso su índice á través de los 
labios, confirmando la súplica de que no hablase de la 
cartera. 

— Déjeme hacr á mí, respondió Rii-cio. 

Contó el éxito de su.-j gestiones i)ura el robcati! de 



-^lai 



F:liberío. Adela, que por la primera vez oia la gene- 
r<sa ocurrencia de Riccio, le colmó de tantas gracias 
y elogios, que solamente p'^r ellos se hubiera creído 
con usura recompensado. Aludiendo á los apuros que 
sufrirían los tres durante algunos años á causa del 
préstamo, dijo la muchacha, interrumpiéndolo: — ¿Qné 
importa? En cuanto á mí, haría voto de ayunar á pan 
y agua todos estos años, si fuese preciso, para salvar 
á Filiberto. ¿Se burla? Se trata de la vida ó do la 
muerte. — De una conversación á otra Riccio llegó á lo 
que tanto ansiaba referir, ó sea lo del dinero encontra- 
do por Adela. No consideraba prudente celar mucho 
tiempo lo sucedido, porque los periódicos lo pregona- 
rían acaso al dia siguiente, diciendo los nombres y los 
apellidos de las personas; no se le ocultaba tampoco 
que Filiberto haría entonces un mal papel, aprendien- 
do por los diarios las coíííis de su casa. Preguntó, por 
consiguiente, Riccio á Filiberto:— ¿No has oído la no- 
vedad de hoy? 

— No: no me ocupo do nadn, y todo lo miro con in- 
diferencia. Cuando vuelvo á casa por la noche, si no 
hallase algún número de U IJniiá Cnttolica, no sabría 
siquiera si hay mundo mas allá de mi oficina. ¿Qué 
pasa de nuevo? 

— Todo Turin lo refiere; ¿vives til en la luna? So 
dice que. . .Pero á proposito; antes te quiero pregun- 
tar una cosa. Supon que hubiera ido á tu oficina es- 
ta mañana un banquero viajante, y que hubieses ha- 
llado una cartera con cien mil liras. ¿Qué habrías he- 
cho? 

— ¡Yaj-a una cuestión difícil! Hvibiera hecho lo quo 
harías tú en caso semejuntc. 

— Pues bien, añadió Riccio, es lo quo ha pasado 
cabalmente. So ha perdido una bolsa con cíen bille- 
tes de mil; la bolsa era de mí dulce principal el señor 
ünofre, y se la han devuelto. 

— ¡Que lo aprovechen mucho! 

— Lo mas admirable, lo mas extraño y lo mas pere- 
grino, es que ha dado con ella, devolviendo los bille- 
tes al señor Onofre. . . ¡adivínalo! . . . (Adela hacia con- 
torsiones é indicaba que callase). 

— ¿Quién? preguntó Filiberto con impaciencia. 

— Quien está cerca de tí; Adela Mottino. 

— Tú te burlas, replicó Filiberto. Vamos dimo 
quién. 

— Hablo formalmente, muy formalmente. Adela 
puede decir si soy ó no la boca de la verdad. 

— ¿Qué enredo es este? dijo Filiberto, interrogando 
con su mirada, unas vecc!S á Riccio, y otras á la joven. 

— No hay ningún enredo: es un hecho histórico; un 
hecho consumado. 

Añadió Adela: — Sí, es un hecho. 

— ¿Has encontrado una bolsa hoy? 

— Seguramente. 

— ¿Dónde? 

— En el Banco, al ir á cambiar el Billete de cien 
liras. 

— ¿Hablas de veras, ó lo dices por broma? 

— No es broma; una cartera con cien mil liras. 

— ¿Y sabes quién es el dueño? 

— Te lo ha dicho; el señor Onofre, su principal. 

— ¿Tienes aquí la bolsa? Y sin aguardar la contes- 
tación, añadió: — Ove, Adela; si esto es verdad, no me 
gustan, ya lo sabes, las bromas en materia de dinero. 
Sácala, y vamos íncontíuouli en busca de su dueño. 
No debe dormir en casa; no, de veras, como me llamo 
Filiberto. Si se tratase díi una bagatela, menos mal; 
pero tratándose de una suma fuerte, ¡Dios me libre! 
No debemos tener eu agonía toda una noche al se- 
ñor. 

( Se continuará J. 



REVISTA CATÓLICA 



Se publica todos los Sábados, en Las Vegas, N 



« XfX* 



Año IV. 



12 de Enero de 1878. 



Núm.2. 



NOTICIAS TERRITORIALES. 



Paraje. — Después de la misión dada en el Socor- 
ro los Padres Gasparri y D'Aponte S. J. pasaron á 
fines de Noviembre, á la Parroquia del Paraje, por 
petición del Rev. J. Pialon. Este Eevdo. Señor, que 
á instancias del limo, y Eevmo. Sr. Arzobispo aceptó 
por unos meses la administración de esta Parroquia, 
que se hallaba sin Párroco, lia querido antes de su 
salida para su proyectado viaje á Francia proporcio- 
nar el bien de una misión á aquellas gentes. Los PP. 
visitaron sucesivamente por tres semanas casi todas 
las placitas de la Parroquia, quedando en cada una 
mas ó menos dias, según que pareció necesario. En 
todas se predicó mañana y tarde, se oyeron muchas 
confesiones, se prepararon los niños para la primera 
Comunión y se quitaron algunos escándalos. Las 
poblaciones visitadas fueron el Paraje, San Marcial, 
Val verde, Milligan Ranch, San José, Cuchillo, y Pa- 
lomas. Muy pocas han sido las personas que no se 
han aproveclxado de la santa misión; de cuyos buenos 
resultados, aquellas gentes, después de Dios, deben 
quedar muy agradecidas á su Párroco el Reverendo 
Eialon. 

En las Palomas, se acabó con la función y Misa de 
S. Isidro Patrón de la Plaza, que por las terribles fie- 
bres que desolaron en estos últimos "meses aquella 
localidad, se hubo de transferir. La enfermedad ha 
disminuido, pero no ha cesado: los pocos que queda- 
ron libres no son atacados, pero los convalecientes 
vuelven á recaer. Lo que mas se teme es que á la 
vuelta de la primavera no vuelva el mal. Dios quie- 
ra aplacarse y volver á todos su cabal salud, y alejar 
de la plaza mayor desolación. 

De vuelta de la Parroquia del Paraje, se visitó la 
placita de la Polvadera, la sola que quedaba de la 
Parroquia del Socorro. Allí también se predicó por 
tres dias, y se confesó á la mayor parte de la gente. 

Socorro. — La fiesta de Noche-buena se ha cele- 
brado en esta Parroquia con mucha pompa y extraor- 
dinario concurso. Los Padres Gasparri y D'Aponte, 
que acababan de predicar las misiones en aquel conda- 
do, quisieron pasarla allí paia dar con esta fiesta un 
remate á sus predicaciones. Acudió la gente de mu- 
chas poblaciones cercanas y distantes. A hora conve- 
niente toda la Iglesia estaba iluminada dentro y fue- 
ra con un número inmenso de luces, lo que fué un es- 
pectáculo tan bello como nuevo. Celebró la Misa so- 
lemne el P. D'Aponte, y predicó el P. Gasparri. Las 
Comuniones subieron á muchos centenares. 

El dia siguiente, el Sr. Cura-Párroco D. Benito 
Bernard, que habia quedado altamente satisfecho á 
la vista de los buenos resultados, no pudo menos de 
tomar la palabra en la Misa mayor y expresar en elo- 
cuentes y sentidas palabras los sentimientos de que 
rebosaba su corazón. Dio públicas gracias á Dios, y 
á los Padres misioneros y acabó encomendando á la 



gente de conservar tan buenos frutos: lo que espera- 
mos se verifique, atendida las buenas disposiciones de 
aquella gente y el celo del Rov. Cura-párroco, á cuyo 
cuidado están confiadas. 

Fruto y recuerdo de esas misiones fué un Conven- 
to de Hermanas, que .se ha proyectado establecer en 
el Socorro, para cuya fandacioü habló el P. Gasparri 
á la gente el Domingo 23 por la íarde en la Iglesia; 
juntándose después en otro lug;ir para entenderse y 
tomar las debidas resoluciones. El Cura D. Benito, 
que desde hacia tiempo deseaba esta fundación para 
la educación de las niñas, ofreció solar y tierra para 
casa y jardín y la generosa suma de 500 pesos. A su 
ejemplo toda la gente se suscribió, contribuyendo ca- 
da cual con dinero y trabojo lo que podía, dispuestos 
á hacer otra contribuciou, si la primera no bastara. 
En esta figuran no solo Mejicanos y católicos, sino 
también extranjeros y de otras religiones. Citaremos 
entre los primeros á D. Antonio Abeita y Montoya, 
y entre los segundos al Sr. Fischer Israelita, que se 
mostraron mas que los otros generosos. En Abril 
se pondrá mano á la obra, y Dios quiera que pronto 
se lleve á cabo. Tal es el deseo de todos. 

Pueblo de S. Miguel.— ha fiesta de nuestro 
santo patrono San Antonio, que se celebró el Domin- 
go 31 de Diciembre, fué muy hermosa y grata para 
todos. El Domingo dia 30, se cantaron las vísperas, 
como de costumbre, y en seguida hubo una hermosa 
procesión. El dia siguiente se cantó la Misa con mu- 
cha solemnidad. Al fin de la Misa salió otra vez la 
procesión. El panegírico fué sobre estas palabras, 
que nos dan á conocer el fin para que fuimos criados: 
"De que sirve al hombre ganar el Universo entero, si 
llega á perder su alma." Concluyo con decir que to- 
do fué muy hermoso. Damos las gracias á nuestro 
digno Párroco, Rev. Fayet, por su celo é infatigable 
trabajo para la prosperidad de la grey, que Dios le 
ha confiado. 

NOTICIAS NACIONALES. 



Estados Unidos. — Según el Calhclic Telegraph, 
de los diez Arzobispos católicos de los Estados, cua- 
tro son irlandeses, y de la misma nación son 29 de los 
56 Obispos de esta República. Irlandeses también son 
3,000 de los 5,000 sacerdotes que viven aquí, y á la 
misma heroica raza pertenecen cuatro millones de los 
seis y medio de católicos, cuantos se calculan que hay 
en este país. 

Con sumo gusto damos aquí los siguientes porme- 
nores de los trabajos y pogresos de los PP. Redento- 
ristas en los Estados Unidos. 

Desde 1848 hasta el año 1876 lus hijos de S. Alfon- 
so de Liguori han dado en los Estados 1,243 misio- 
nes, no contando las dadas por los padres de las pro- 
vincias de St. Louis en los viltimos dos años, y las 
que dieron los Padres de la Provincia de Baltimora 



14- 



en 1876. Dosde 18-18 hasta Í8ü4. han dado 321 mi- 
BÍonay, teuioudü al mismo tiempo á su cargo 13 gran- 
des Parroquias, siu contar en sns filas maa que 00 pa- 
dres. Los primeros lledoutoriatas vinieron á los Es- 
tados en 1822, y durante los primeros ocho años, no 
tenian casas, sino pasaban su vida viajando y traba- 
jando entre los católicos alemanes. 

Mas'ySiaffííS. — Leemos en el Cathdic Mirror la re- 
seña de la ceremonia que tuvo lugar en Baltimore, en 
la Iglesia de la misión de S. Francisco Javier para 
los ncgro.s católicos. De esta sacamos el siguiente 
párrafo: "De los 150 cmiñrmados por el Sr. Arzobis- 
po, 00 eran adultos convertidos; v para juzgar de los 
progresos que los celosos sacerdotes de la misión es- 
tán haciendo, basta decir que cada año reciben en 
media 150 convertidos á la Iglesia Católica." 

3í>^vsa. — Se ha dado liltimameuto por los Padres 
Jesuítas Coughlan, Niederkorn, y Biango una misión 
precisamente en Clinton, lugar que no hace mucho 
habia manifestado sus sentimientos anticatólicos en 
una grande demostración hecha al famoso Edith O' 
Gorman. Centenares de Protestantes y cuatro ó cin- 
co de sus Ministros asistieron á las Icdures del Padre 
Coughlan. 2,450 Comuniones y siete protestantes 
convertidos fueron el furto de esta misión. 

Tomamos esta ocasión para decir que casi todas las 
semanas leemos en los periódicos católicos de los Es- 
tados noticias de semejantes misiones; y hemos nota- 
do que casi nunca faltan conversiones de algunos Pro- 
testantes. 

.%fi'3iSíi!9»aa.^., — ArkansasPost os una aldea situada 
bu donde el Eio Anapcste se junta con elMissisipi. Su 
fundación es mu}' antigua, pues remonta á doscien- 
tos años atrás, y ora do mucha importancia en los 
tiempos de las colonias españolas y francesas. Aho- 
ra no 03 mas que un villorrio de poco mas de cien al- 
mas. Últimamente esta aldea recibió la visita del 
Sr. Obispo de Little Kock acompañado por el Padre 
Lucey Párroco de esa parto del Estado. Unos pocos 
niños se hablan preparado por la primera Comunión 
y por la Confirmación. 

T<i'Jsa¡=i. — Como los lectores saben el motin del 
Condado de El Paso en Tejas principió con la cues- 
tión de si algunas salinas perteneciau al piíblico, ó á 
algunos, particulares, los cuales pretendían percibir 
un tanto por fanega de sal que de ellas se sacaba. El 
(JaÜLíJic Uiitvcrsí'. copia del Iicddiiiy Eojjlv un artículo 
muy curioso, y del cual sacamos algunos párrafos. 
El artículo refiere el testimonio de un cierto J. Loeb 
ya, jjod-tradcr en Fort Concho, tesorero del Condado 
de Tom Geeno, no lejos del lugar, que fué la escena 
del motin. "El pueble, dice Loeb, resiste á una me- 
dida que considera como tiránica y ultrajante. Por 
centenares de años los Españoles, los Mejicanos y los 
Americanos han sacado su sal de las lagunas s-aladas 
en cuestión." Esta sal según el mismo, es de una 
calidad superior, no los del país pueden traerla do 
otra parte siu verse obligados á correr 700 millas á 
travos do un desierto. "La Compañía, continua Loeb, 
Ludlov.- k Co., do Nueva York encargó á Howard 
como á su agente para percibir una tasa do 20 centa- 
vos por cada fanega de sal." No se dice con que de- 
recho esta Compañía'se apoderaba así de las lagunas, 
cierto es quo el pueblo se rehusó á pagar esta tasa; y 
de aquí so originaron loa disturbios y la muerto del 
mismo Tloward, el cual habia ya matado á Cardit, 
uno do los mas ardientes defensores do los intereses 
del público. "El pueblo de aquel país, concluyo Loeb, 
es oi)ucsto á la guerra; la que seria muy contraria á 
'sus intereses, puesto que están haciendo con Medico 
tráficos de millones de pesos. Los solos que desean 



la guerra Son algunos traficantes, contratistas y espe- 
culadores. En todos casos los disturbios por las sa- 
linas, no pueden ser de ninguna manera un pretexto 
para declarar una guerra." 

ñudimí Territoa'y. — Hablamos tiempo atrás de 
la misión católica establecida en este Territorio por 
el P. Benedictino D. Isidro Eobot. Hallamos en d 
Fiopagateur Caf holiq nc lúguuos pormenores acerca de 
dicha misión, que ciertamente interesarán á nuestros 
lectores. 

En una carta del mismo prefecto Apostólico, D. I. 
llobot, fechada 8 de Dic, Convento del Sagrado Co- 
razón, Pottowatomie Nation, se lee: "Sí por cierto, 
escribo estas líneas desde un Convento .... El es- 
tablecimiento de un Convento benedictino en estos 
desiertos habitados por salvajes, parece una quimera: 
y sin embargo es una realidad. Gracias al paternal 
estímulo dado por el soberano Pontífice, existe ahora 
en el Territorio Indio un convento benedictino, un 
noviciado benedictino levantado este año en una lla- 
nura, en un país que no tiene caminos ni medios de 
trasporte. Verdad es que el edificio no está todavía 
enteramente acabado; pero es ya habitado por ocho 
religiosos y novicios que observan la misma regla quo 
en la Abadía de La Pierre qui vire, y la observan con 
la misma puntualidad." 

Los religiosos han abierto una escuela para los In- 
dios. Por supuesto su escuela es gratuita, puesto que 
los Indios son demasiado pobres para pagar. No son 
los Indios los que mantienen los Benedictinos, sino 
estos asisten á los Indios. Pero hay mas; los rehgio- 
S03 han abierto un establecimiento agrícolo, y el mis- 
mo P. Robot añade: "Dios bendice nuestros esfuer- 
zos do modo que el año venidero podremos comer 
nuestras papas y nuestros frijule^y 

Estos religiosos viven en una soledad completa. 
No reciben el correo, sino una vez á la semana, y muj- 
á menudo una sola vez al mes, cuando los ríos á cau- 
sa de las lluvias se hallan muy crecidos; ni lo reciben 
en casa, sino que tienen que irlo á tomar á 35 millas 
lejos de su convento. Kespecto á sus provisiones, 
han de buscarlas yendo por caminos difíciles á 70 
millas de su casa, á Atoka sobre el M. K. T. liail- 



rout 



¿Cuáles son los recursos de estos santos y heroicos 
religiosos? Los Católicos confiados á los cuidados 
del Prefecto Apostólico no pasan de 4,000, y contribu- 
yen para mtintener el sacerdote con 150 pesos en to- 
do; lo que no basta para solos los viajes. Lo que re- 
ciben de Francia es insignificante; lo que reciben de 
América se reduce á las sumas que les envía el 
Frceman's Journal de Nueva York. Por lo que toca 
á la sociedad que se estableció en "Washington para 
las misiones católicas de los Estados, el P. llobot ase- 
gura que no recibió sino 75 pe?os á fuerza de súpli- 
cas. . . .Eó aquí todos los recursos de los Benedicti- 
nos del Convento del Sagrado Corazón. 

El Propagateur acaba su artículo con las siguientes 
palabras: A esta soledad inculta, y poblada f^ola- 
mente por ludios, lejoB de toda civilización y de toda 
comunicación, falta de todo recurso, estos heroicos 
misioneros la llaman su tierra de protnisioii. La ver- 
dad 03 que gozan allí de una paz profunda, esperan- 
do do la divina providencia el pan de cada dia, y a- 
bandonados en sus brazos para proporcionarse con 
que satisfacer las primeras necesidades do la vida. 
Ellos han plantado el estandarte de la cruz en la sola 
tierra de la América del Norte en donde no so habia 
levantado todavía, v haciendo mucho bien al presen- 
te en su recinto, espoi.iu poder hacer mucho m?is cu 
un porvenir no lejano. Trabajan siu descauso llenos 



-15 



de fé, y sabiendo muy bien, como lo observa el P. D. 
Isidro Robot al fin de su carta, que "no el número 
de sus años, sino el trabajo de su oficio pesará en la 
balanza del juez soberano." 

NOTICIAS EXTRAN JEHAS. 



i^ííisaa. — Uno de los mejores presentes ofrecidos 
al Padre Santo en la ocasión de su Jubileo episcopal 
es sin duda el de algunas Señoras Americanas. Estas 
constituj'éndose en comité, han llegado á comprar un 
Cuadro del famoso pintor Ercole Grandi de Ferrara. 
La pintura presentada á Pió IX es destinada para la 
Galería Vaticana; lleva la firma del Maestro, y la fecha 
de 1840. El Cuadro representa el desprendimiento 
de la Cruz. Las mas ricas Galerías do pintura de 
Europa nb tienen ninguna obra de Grandi en sus co- 
lecciones. No solo pues el Papa, sino Roma entera 
quedará muy agradecida á estas Señoras Americanas 
por la aquisicion de esta obra maestra. — -(Ave Jlía- 
ría.J 

lííília. — Como ya saben nuestros lectores, en Ita- 
lia los católicos no concurren á las votaciones para em- 
pleos políticos, como son los de Senador, Diputado, 
etc. Pero desde algún tiempo y por consejo del mis- 
mo Padre Santo, concurren á las votaciones para los 
empleos municipales, como los de alcaldes, miembros 
del municipio, etc. Ya hemos dicho que en Roma 
misma, á pesar deque allí están por decir así concen- 
tradas todas las fuerzas de los radicales, los católicos 
consiguieron en la lucha electoral una espléndida vic- 
toria. En Catania, grande ciudad de la Sicilia, no 
obstante los esfuerzos d* sus enemigos, los católicos 
han ganado enteramente las elecciones, pues se han 
elegido los quince de la lista votada por ellos como 
miembros del municipio. 

Sí§ííssáaa. — El Sr. Obispo de Oviedo ha inaugura- 
do la fundación de un monumento que recordará de 
hoy en adelante una de la mayores glorias de la his- 
toria nacional. El 4 de Nov. se puso ia primera pie- 
dra de una nueva Basílica en Covadonga, la cuna de 
la monarquía española. Será esta Iglesia digna de la 
Reina de los Cielos á quien está dedicada, como ho- 
menaje do gratitud por la protección acordada al Rey 
Pclagio, cuando saliendo de las montañas de las As- 
turias libertó la monarquía española de los terribles 
enemigos que la habían casi destruido. El cabildo del 
Santuario nacional, así que una diputación de Oviedo 
y el Gobernador de la provincia han acompañado al 
Sr. Obispo que presidia á la solemne función. Al 
cumplirse esta, la multitud ae dispersó al grito de Vi- 
va la -Religión,. Viva Pió IX. 

ASesMíJisíia. — En la historia de las persecuciones 
contra los católicos no es raro leer que los sacerdotes 
se disfrazaban de mil maneras para poder con seguri- 
dad administrar los sacramentos á sus fehgreses; pero 
nunca pensábamos que lo mismo hubiera sucedido en 
este siglo XIX, que se apellida, siglo de libertad y de 
tolerancia. Esto es sin embargó lo que pasa en Pru- 
sia. El Rev. Loga de Schwerin que fué últimamente 
aprisionado como sacerdote católico, para ocultarse 
tenia una tienda muy bien surtida, y los protestantes 
creíanlo un negociante de ganados. Bien que toda 
la población católica supiese lo] que era, sin embargo 
el secreto fué mantenido pqr espacio de mas de un 
año. Los periódicos del partido que allí se llama 
Nacional Liberal,, están llenos do rabia, porque las 
Parroquias privadas de sus pastores continúan sien- 
do administradas por sacerdotes así disfrazados. Uno 
de esos periódicos, verdaderamente reptiles, dice que 
los mas ardientes y piadosos entre los sacerdotes son 



los jóvenes recientemente ordenados fuera de Alema- 
nia. Como estos sacerdotes no han sufrido el exa- 
men que el Estado exige de cualquiera sacerdote 
católico, no pueden con arreglo á las inicuas leyes de 
Prusia ejercer los oficios eclesiásticos. Sabido es que 
46 de estos sacerdotes están continuamente viajando 
en la sola provincia do Posen; algunos están regular- 
mente administrando las Parroquias como lo hacia el 
P. Loga, al paso que otros ejercen varios oficios con- 
forme á las órdenes de sus superiores eclesiásticos. 
Todos estos sacerdotes ocultos son generosamente a- 
sistidos por rancheros católicos, que les proporcionan 
cuando es preciso, casa y un Ingar donde ocultarse. 

El Dr. Von Stablevvski hablando en la Cámara de 
los disturbios acaecidos en Rosten, dijo que en el 
Gran Ducado do Posen hay ahora solamente 10 sa- 
cerdotes del Estado (esto es¿ sacerdotes ap'jstatas) al 
paso que .800 sacerdotes siguen fieles á sii Iglesia, á 
pesar de todo lo que por esta su fidelidad tienen que 
padecer. En todos los países, que están bajo el domi- 
nio prusiano, hay 10,000 sacerdotes; de estos, 30 sola- 
mente han caído durante la persecución Bismaikiana. 
Esto según nos parece constituye el mejor elogio que 
pueda tributarse al clero católico de Alemania. 

Por lo demás, esta persecución sigue como siempre. 
En Wiesbaden 2,000 católicos están bajo proceso por 
haber organizado una procesión el dia de todos los 
Santos. 

Leemos en una correspondencia de Alemania: ' A n- 
tes de 1870 la Prusia podía estar ufana de poseer las 
mejores escuelas del mundo. Ahora, después del 
breve período de 8 años, puede gloriarse de haber 
destruido la obra do años y años de trabajo. En 
verdad que pasnia el ver cuan pronto las escuelas 
prusianas han bajado en número y en importancia; des- 
de que Bismark empezó su guerra de exterminio contra 
las comunidades religiosas y sus excelentes, escuelas. 
De las estadísticas publicadas por el Silesio.n Sclwol 
Journed veo que en un .solo distrito de Silesia hay 288 
escuelas sin ningún maestro, y 1,900 puestos ocupa- 
dos por hombres incompetentes para enseñar. Si el 
presente régimen dura diez años mas, la Prusia ten- 
drá el peor sistema do escuelas en toda Europa, 

BI«>Sj3Hílía. — Leemos en ol GarJiolic I^evieto: 'Así 
como ha sucedido en otras naciones el Gobierno ho- 
landés ha procurado también imponer al pueblo una 
educación eeglar, ó, como aquí se llama, ?;o sectaria; 
pero en ninguna parto esta pretensión fué tan mal a- 
cogida como en aquel país. Porque, á pesar de to- 
dos los esfuerzos. Católicos y Protestantes creyentes 
no quieren que se dé á sus niños una educaciou atea, 
y de ninguna manera lo permitirán. Sumas enor- 
mes se gastan anuahnento para las escaelas públicas, 
pero en vano: ellas quedan vacías, al paso que las es- 
cuelas religiosas se aumentan cada año .tanto en 
número como en importancia. No hace mucho qu.e 
se abrió en Apeldoorn una escuela secund.aria del Es- 
tado, y para ocupar sus nneve maestros no hubo mas 
que la concurrencia de doce alumnos. Hay otra es- 
cuela semejante en Ilaerenveen, en la que se gastan 
sumas fíibulosas cada año. Tiene ocho profesores, de 
los cuales tres graduados de doctor; y sus diez y nue- 
ve alumno» ^gastan casi todo su tiempo en bailes y 
otras diversiones semejantes. Los de entre nosotros 
que aman estos ejemplos los imiten," 

Asi !^.. —La Congregación do Propaganda ha en- 
viado $5,000 para -socorrode las víctimas del hambre 
en las Indias. 

Mñr. Chevalier Vic. Ap. de Mayssour en el Hindos- 
tán escribe con fecha del 1' de Nov. que, durante el • 
año pasado, él j sus misioneros han adm-inistrado el 
bautismo á 2,570 paganos adultos y á 4,562 niños, 



-le- 



SECCIÓN RELIGIOSA. 



CALENDARIO RELIGIOSO. 

EXERO 13-19. 

11. Domingo I dtspues de la Epifanía. — La Octava do la Epifanía 
dol Sofior. San Hipólito, Mártir. Sonta Verónica do Binasco. 
11. Lunes — San Hilario, Obispo, Conf. y Dr. S. Fc'lix, Pbro. y Mr. 
1.'). jl/aWcí — San Pablo, primer Ermitaño. Santa Secundina. Vg. 
Ki. Miércoles — San Marcelo, Papa y Mártir. Santa Priscila. 

17. Jneves Stm Antonio, Abad. San Sulpicio, Obispo. 

18. Viernes— ha Cátedra de Sun Pedro en Eoma. Santa Frisca, Vg. 
y Mártir. 
Sábado— San Canuto, Eey y Mártir. San Ponciano, Mártir. 

SAN HILARIO, OBISPO. 



l'J. 



Nacido en Aquitania de padres nobles, fué ilustre 
por su doctrina y elocuencia, y mas aun por sus raras 
virtudes. Croado Obispo de Poitiers, desempeñó es- 
to oficio con grandísima satisfacción de los fieles. El 
Emperador Constancio Tejaba á la sazón á los Cató- 
licos, y con el destierro, la confiscación, y todo góne- 
ro do crueldad procuraba atraerlos á la herejía de los 
Arríanos. Pero encontró en Hilario un pecho de 
bronce, un baluarte fortísimo contra sus amagos y 
tretas. Por lo que, insidiado, y calumniado fué des- 
terrado^ en la Frigia, donde resucitó á un muerto y 
escribió doce libros sobre la Trinidad, contra los Ar- 
ríanos. Cuatro años mas tarde habiéndose convoca- 
do el Concilio de Seleucia, fué obligr.do á presenciar- 
lo Hilario. Partió después para Constantinopla. Allí, 
viendo en qm; peligro se hallaba la fé, publicó tres li- 
bros, y pidió al Emperador que le dejara disputar 
paladinamente con sus adversarios. Opusiéronse Ur- 
sacio y Valente, obispos Arríanos, á quienes había 
confutado TÍctoriosamcnte Hilario en sus escritos; y 
para evitar una disputa que había de ser por ellos 
una vergonzosa derrota, persuadieron á Constancio á 
que, so pretexto de honrar á Hilario, le restituyese á 
su diócesis. San Jerónimo nos asegura que las Igle- 
sias do la Galía acogieron á Hilario como á un Gene- 
ral que vuelve del campo de batalla coronado de lau- 
reles. Administró en seguida tranquilamente la Igle- 
sia de Poitiers; purificó la Galía entera de la horren- 
da herejía arriana; escribió libros llenos déla mas alta 
erudición; y colmado de merecimientos salló de este 
mundo el año 469 do la Era cristiana. Muchos Pa- 
dres y Concilios diéronle título de Doctor de la Igle- 
sia, y como tal fué venerado en varias dióceses, hasta 
que nuestro inmortal Pontífice Pío IX hizo general en 
toda la Iglesia aquel título y honores. 



REVISTA CONTEMPORÁNEA. 

¡Nuevo descubrimiento! La miserable secta 
de los Valdenses es "la iglesia primitiva Italia- 
na." Así lo dico la doctísima Clñquirritina 
guapa, cuja ''profiüukz de imaginación" es un 
argumento ineludible. Con que,' una secta que 
nació' en el siglo XII, iiíu-ia los niíos úo 1 1 (U), y 
cuyo fundador y ca]);it;iz fué Pedro Acaldo, lio'ra- 
bre fauíítico é ignorante que ni escribir sabia, 
esta es "la Iglesia primitiva Italiana" ¡Primi- 
tiva/ ¿Y los once sigh)s y medio que se pasaron 
antes de Pedro Valdo? ¿No hubo Iglesia Cris- 
tiana en Italia antes de 1160? ¡Primitiva /(a- 



lianal Pero, señor; si en ningún punto de Italia, 
fuera de los Valles de Piamontc, formaron japjús 
secta los Valdenses, ¿qué tienen que ver con la 
Iglesia Ttalianat ¿Por ventura está la Italia con- 
finada en los Valles de Piamoute? ¡Lástima que 
no conozca un poquito mas de geografía é his- 
toria la chiquirritína guapa\ y lástima que su pe- 
tulancia no le permita callarse el pico cuando no 
sabe! Un dia que otro oiréis que el Juan Ani- 
nismo es la Iglesia primitiva de Las Vegas, 
antes bien de todo el Nuevo Méjico! 



Como el Doctor de Sanctis "por la lectura de 
la Biblia fué verdaderamente convertido al 
evangelio;" así el Dr. Miller, por la lectura de la 
Biblia, hallo 1? que "el alma no es inmortal;" 
2? que "Jesucristo, siendo hijo de Adán, fué 
manchado del pecado de Adán; heredó una na- 
turaleza corrompida; y necesitó ser redimido, y 
lo fué con su propia muerte;" 3? "que no hay cu 
Dios sino una sola persona." ¡Adiós Cristianis- 
mo! Merriam y los Congregacionaks niegan el 
Infierno; Miller niega la Trinidad de Dios y 
blasfema de la divinidad de Jesucristo! La des- 
vergüenza de este señor chocó á los mismos Pres- 
biterianos de New Jersey. El Sínodo, olvidan- 
do "el divino derecho del juicio privado," con- 
dend al Miller; pero en términos que bien se co- 
nociera lo que le repugnaba el condenarle; pues 
dijo que "acaso el Sr. Miller no entendió bien 
la importancia que tienen estas doctrinas;" y 
que, al promulgarlas, no tuvo intención de sos- 
tener opiniones "inconsistentes con los sistemas 
de verdad divina seguidos por los Calvinistas 6 
Evangélicos." Por supuesto; es como si le tira- 
ran á uno un pistoletazo en las sienes, y le di- 
jeran: Mire V., caballero, nosotros no llevamos 
la mas mínima intención de matarle. — El Sínodo 
recomendó á Miller el que "tomara tiempo para 
estudiar y reflexionar sosegadamente," y "revi- 
sar con toda solemnidad sus opiniones sobre 
estos puntos vitales de doctrina;'" 6 á lo menos 
"corroborarlos de tal manera que obligara i 
avenirse con él á los que ahora discrepan." Y 
con esto probó el Sínodo cuan profundamente 
está convencido de que las opiniones de Miller 
no pueden ser corroboradas por todos los siglos 
de los siglos. Es siempre la misma historia: los 
Ministros evangélicos no tienen fé; afirman, 
dudan, niegan, reniegan y blasfeman de cualquier 
dogma de los mas evidentemente contenidos en 
la Biblia; y con todo pretenden que no se apar- 
tan un dedo de las cosas enseñadas por ella y 
se jactan de ser sus defensores y custodios! 
O proiclnrum custodem, ut ajunt, lupum! 



Acabamos de recibir el Mensaje de nuestro 
Ilon. Sr. Gobernador al Cuerpo Legislativo de 



-17- 



Santa Fé, dfiraasiádb tarde para hacer una que 
otra reflexión sobre los asuntos que nos tocan 
mas de cerca. Si vale la pena, nos ocuparemos 
en ellos quizás la semana que viene. Por ahora 
diremos que, por cuarenta dias de sesión, solo 
con una máquina de vapor podrán hacerse todas 
las leyes propuestas por Su Excelencia. 



En una sola de las Iglesias catdlicas de Nueva 
York se calcularon en 51,000 los fieles que el 
dia de Navidad asistieron al santo sacrificio de 
la Misa; no todos al mismo tiempo, por supuesto, 
sino en 17 Misas sucesivas, celebradas desde las 
4.30 hasta las 11 a. m. La concurrencia á los 
oficios divinos fiíé proporcionalmente la misma 
en las demás Iglesias. Óigase ahora lo que un 
periódico seglar dice acerca de la escasez de 
gente en los templos protestantes, á propósito de 
una junta tenida por los ministros Protestantes 
de Cincinnati á fin de ver cómo han de atraer 
la gente á sus templos, 6 meeting-houses. 
"Parece," escribe aquel periódico, "que en las 
iglesias de esos predicadores poca gente se 
reúne; que la frecuencia disminuye de año en 
año; que es hoy dia menor de la que era veinte 
años ha, y que la perspectiva de lo futuro no es 
nada halagüeña. El lenguaje que salió de los 
labios de los predicadores de Cincinnati, los 
acentos de dolor emitidos por el Rev. Mr. Em- 
ery, y el Rev. Dr. Morey, y el Rev. Mr. Nunn, 
podrían casi producir un sentimiento de deses- 
peración en el ánimo de los que todavía están 
con ellos. Si el concurso de sus -iglesias sigue 
disminuyendo por veinte años mas en las mis- 
mas proporciones de los veinte años pasados, 
los costosos edificios deberán ser abandonados á 
los tecolotes, murciélagos y bitores, ó bien de- 
berán ser aplicados á otros usos.'' — No nos ex- 
traña: la religión de los protestantes consiste en 
leer la Biblia; y leer por leer, mas vale leer en 
casa á lado de una lumbre que os aviva y re- 
crea, que salir de noche é ir tiritando de frió 
por las calles y aburrirse luego con la plática 
del ministro. 



> « ^ » < 



No hemos acabado el elenco de los Protestan- 
tes que condenan sin disfraz ni miedo el sistema 
presente de Escuelas Publicas. El Pacific 
Churchman, órgano de los Episcopales de San 
Francisco (Cal.) decia el año pasado: "Nuestras 
escuelas públicas están faltas de toda enseñanza 
moral; solo tienden á producir ilustrados tunan- 
tes de los mas espabilados. La sola cultura in- 
telectual no dio ni dará nunca hombres honra- 
dos y temerosos de Dios." 



El diario de Nueva York The Sun saluda el 
año nuevo con un doloroso é ignominioso calen- 
dario de los años 1874, 1875, 1876, 1877, y la 
segunda mitad de 1873. Es una lista de hurtos, 
latrocinios, falsificaciones, desfalcos y otros crí- 
menes por el estilo cometidos en los E. U. du- 
rante esos cuatro años y medio. Todos esos 
ladrones son gente educada, y por punto general 
en nuestras /ree national secular schools: Cajeros 
y Presidentes de Bancos, business men, oficiales 
de confianza, empleados públicos, conserjes de 
Iglesias, Reverendos clérigos, en todo cerca de 
trescientos cincuenta nombres respetables. Mas 
de doscientos se contentaron con sumas de $5,- 
000 á $50,000; unos cuarenta de $100,000 á 
$200,000; cerca de treinta aspiraron á premios 
mas vistosos por su felonía; y unos diez ó doce 
comparecen en el catálogo como autores de 
operaciones combinadas, que se anexaron mas de 
un tercio de la suma robada. Esta asciende á 
treinta millones de pesos! Y la lista no presenta 
mas que los robos descubiertos! 



Hallamos en el Caiholic Review que en el ani- 
versario de la fiesta del Arzobispo Lynch fué 
leido el siguiente resumen de los trabajos de 
este celoso Prelado. Durante su administración 
el clero aumentó de treinta y cinco, se recibie- 
ron doscientas Hermanas, se erigieron treinta y 
seis Iglesias, estableciéronse diez y seis parro- 
quias nuevas, fundáronse catorce instituciones 
de caridad ú otras, se construyeron veinte y 
seis presbiterios, y fueron confirmadas 18,000 
personas. Su Señoría estuvo tres veces en 
Roma, asistió al Concilio Ecuménico, donde ha- 
bló por dos horas en Latin en favor del dogma 
de la Infalibilidad Pontificia, y habia sido de- 
signado juntamente con el Cardenal Manning, el 
Arzobispo de Cashcl, y otros, para responder á 
las objeciones. 



^ I ^ 



El Lie. Sr. D. Florencio Molina es el Cura- 
párroco de Magdalena (Sonora), que por un des- 
conocido, ocultado bajo el nombre de Marión, 
fué acusado en Las Dos Repúblicas de malversar 
las sumas ofrecidas por los fieles en ocasión de 
las fiestas patronales de aquella parroquia. Con 
aquella acusación iban mezclados asertos que 
zaherían directamente los dogmas cristianos. El 
Rev. Sr. Molina nos envia un comunicado en el 
que confutando difusamente las proposiciones in- 
juriosas á la fé, se disculpa á sí mismo y á su 
Superior Eclesiástico, elSr. Obispo de Culiacan, 
de la imputación que les hiciera el Marión. El 
comunicado remitido antes á Las Dos Repúbli- 
cas para recibir publicidad, encontró una sonora 
repulsa. Nosotros no tenemos las razones de 
nuestro colega para rehusarnos á dar cabida en 



-18- 



iiuestras páginas al escrito del Rev. Sr. Molina' 
pero nos lo impide su extensión. Con todo, sien- 
do el mal uso de las limosnas lo que sirvid de 
ocasión 6 pretexto á los ataques, copiaremos el 
párrafo relativo á este asunto: "Para concluir," 
escribe el párroco de Magdalena, "diré no al 
autor del remitido sino á los que depositan las 
limosnas en la urna de S. Francisco, que hace 
dos años que las expresadas limpsnas se de- 
dican por el Ilnstrísimo Sr. Obispo de la dióce- 
sis al importantísimo ramo de la educación de 
júveues que se dediquen á la carrera, eclesiástica 
en el Seminario Conciliar de Sonora, fundado en 
Culiacan á sus expensas, por el I. S. Dr. Don 
Lázaro de la Garza y Ballesteros de feliz me- 
moria. Tan pública como sensible es la necesi- 
dad de ministros de la Religión: y la obligación 
de promover que los liaj'^a, no es menos impor- 
tante á todos los fieles de una mitra que al 
obispo y los párrocos. "Rogad al señor de la 
mies, que envié operarios á su mies," dijo Jesu- 
cristo á la Iglesia que fundaba. . Y nuestros 
ruegos para cumj)lir con este precepto, deben de 
ser acompañados de los medios eficaces para 
conseguir su objeto y uno de tantos puede ser el 
de las limosnas en cuestión. Las limosnas han 
tenido siempre un objeto piadoso y su aplicación 
ha sido siempre por las leyes de la Iglesia de la 
exclusiva jurisdicción del Obispo. Y jamás pudo 
determinarse objeto mas útil, ni necesario en las 
actuales circunstancias de pobreza de nuestro 
Seminario; ni aun mas conforme con la voluntad 
de los que las rinden á S. Francisco que el de la 
educación de jdvenes para el sacerdocio en el 
único plantel de educación profesional en ambos 
Estados de Sonora y Cinaloa de que se compone 
la Mitra de Sonora; de cuyos jóvenes podemos 
esperar, 6 sacerdotes 6 abogados, ú hombres 
instruidos en cualquiera otra carrera profesional 
útil á la sociedad." 



La Eduoacioii es Atribución de la Familia. 



Como prometimos la semana pasada, contesta- 
remos en el presente artículo á una dificultad 
j)ropucsta por el Laa Ve(/as Oazetie, contra nues- 
tras teorías sobre los derechos de la Educa- 
ción. • 

La Gaceta nos atribuye el haber sostenido que 
el Estado "no tiene derecho ninguno de proveer 
á la educación de la juventud; que la instrucción 
es derecho inherente eii los padres; que ellos 
solos pueden escoger á los profesores y el modo 
de enseñar, y que en esas cosas no tiene el Es- 
tado derecho ninguno de interponerse." Eso es 
mucho mas de lo que afirmáramos. Nuestro co- 
lega anticipa con denuisía las consecuencias de 
nuestros pr¡nci[)ios, por la simple razón de que 
todavía uo lo? tenemos expuestos todo9. En el 



No. 4 1 de la Revista prometíamos el año pasado 
de tratar de la p]dueacion en sus relaciones con 
-la Familia, con la Iglesia y. con el Estado. Has- 
. ta ahora solo nos ha ocupado el primer punto. Lo 
que puede y debe el Estado por la enseñanza de 
la juventud será tema de artículos posteriores; 
bien que,, al par que sus pobres hermanos, los 
anteriores, no debiesen producir el mas mínimo 
resultado práctico. 

Nuestra tesis sobre la Familia y la Educación 
ha sido que la' Familia está sometida por ley de 
naturaleza al deber de educar á su prole. ¿Es 
cierto este deber, 6 pretenderemos que el padre 
y la'madre iiueden dejar crecer á sus hijos como 
seres-' irracionaies?' Pero si el deber exiíite, es 
imposible que no exista el (derecho de cumplir 
con tal deber; como, si existe el deber de ali- 
mentar á los hijos, es imposible que no exi&ta el 
derecho de darles de comer. A cada deber cor- 
responde siempre y absolutamente un derecho. 
Ahora bien, ninguna necesidad hay de ejercer el 
derecho de la educación personalmente. Bien 
pueden el padre y la madre ejercerlo por medio 
de otros. Pero en tal caso, no abdican su de- 
recho; no quedan exentos de- su deber; perma- 
necen ellos primariamente responsables de la 
recta educación de sus hijos, porque á ellos im- 
puso la naturaleza el deber primario de criarlos 
y educarlos. 

Ahora bien, ¿se sigue de eso que el Estado 
"no tiene derecho\?iw?f7?mo de proveer á la edu- 
cación de la juventud?" De ninguna manera. 
La consecuencia única es que el Estado no pue- 
de obstaculizar el cumplimiento de aquel deber, 
ni el ejercicio de aquel derecho. "Nadie en el 
mundo," dijimos nosotros en el artículo atacado 
por La (iraceta, "nadie en el mundo puede impe- 
dir el cumplimiento de este deber de la familia; 
nadie puede desconocer su derecho de educar á 
los hijos. El Estado mismo no lo puede, siendo 
que aquel deber y aquel derecho dimanan de la 
sola naturaleza; y la naturaleza se impone al Es- 
tado mismo." "El Pistado, antes que estorbar el 
cumplimiento de aquel deber y aquel derecho, 
debe facilitar el primero y garantizar el segun- 
do." Y concluíamos el artículo diciendo que 
siendo el deber de educar del padre de familia 
imprescriptible, y su derecho inviolable, "AV 
(/árselo, impedirle el que vigile sóbrela educación 
de sus hijos, el que la confie á esos 6 esotros e- 
ducadorcs, el que la dirija á tenor de sus pro- 
pios principios y de su conciencia, es abuso de 
poder, os delito social, es tiranía."' ¿Significan 
esas palabras que el Estado no puede hacer na- 
da por la institución de la niñez y adolescencia? 
¿que "no tiene derecho niiHjrmo de proveer á la 
educación de la juventud?"' Sí, })uede proveer; 
pero sin estorbar el derecho paterno. "La ins- 
trucción y cultura de los ciudadanos, son un gran 
bien," hemos dicho en el postrer número del año 



-19- 



pasado, "y el Gobierno ^)?/eáíe y debe promover- 
las; pero solo con los medios equitativos y jus- 
tos," sin "atropellar los derechos de las familias, 
imponiéndoles á la fuerza un método de ense- 
ñanza que ellas detestan y rechazan," 6 no per- 
mitiendo otra fuente de lo verdadero y de lo 
recto fuera dé las dependientes del poder pú- 
blico. 

Nosotros ignoramos si conviene en esos prin- 
cipios La Gaceta de Las Vegas. Los argumen- 
tos dirigidos contra nuestra tesis probarían que 
existe en el Estado una facultad de absorber el 
derecho inherente en las familias; de apropiar- 
se lo que la naturaleza concedió al padre y á la 
madre; y que estos húllanse, en consecuencia de 
la vida cívica, en la obligación rigurosa de ce- 
der sus derechos de educación al supremo poder 
que rige la sociedad. Eso es lo que parece po- 
derse desprender de los asertos siguientes: 
"Siendo universal el sufragio, universal debe ser 
también la educación, á fin de obtener buenas 
leyes é idóneos empleados públicos. . El derecho 
que tiene el Estado de proveer á la educación 
del pueblo está tan fundado como el mismo de- 
recho de gobierno. Considerando en abstracto 
el gobierno civil, puede decirse que es un mal ne- 
cesario. Cada uno de los habitantes cede una 
parte de su libertad y derechos naturales al ar- 
bitrio de. la comunidad soberana representada 
por el Estado. En las naciones Europeas, donde 
la intiiediata vecindad de paises hostiles hace ne- 
cesarios los ejércitos permanentes, el gobierno 
obliga al servicio militar, por cierto número de 
años, á casi todos los habitantes varones válidos. 
Esderechc natural del hombre disponer de su 
propia actividad; pero en tal caso el gobierno, 
para mantenerse á sí mismo, viola, la libertad 
natural." "Lo propio puede decirse de los im- 
puestos," etc. "Todos son derechos naturales 
renunciados por bien del gobierno." "Para la 
estabilidad de una monarquía Europea es de una 
importancia suprema el ejército permanente; el 
firme sosten y el influjo conservador de una re- 
pública Americana es un pueblo ilustrado." — 
De todas esas proposiciones podemos muy bien 
formular las dos siguientes: Ira: El buen go- 
bierno, las buenas leyes, los buenos empleados, 
la prosperidad y firmeza de una sociedad demo- 
crática son cosas imposibles sin la enseñanza u- 
niversal. 2da: Luego, si puede la sociedad ci- 
vil limitar la libertad de acción de los socios 
forzándolos al servicio militar, etc., para defen- 
derse }'■ mantenerse á sí misma, mucho mas po- 
drá tomar en sus manos la instrucción popular, 
Y los padres de familia deberán cederle el dere- 
cho de educar que recibieran de la naturaleza. 

Nos recordamos haber leido este mismo argu- 
mento bajo otra forma y en otras palabras, en 
un discurso pronunciado por Henry Beecher, 
hará ahora unos cinco años, Puede el Estado, 



decía el afamado orador, meter sobre un campo 
de batalla, para arrostrar la muerte, á millones 
de sus ciudadanos, ¿y no podrá meterlos en una 
escuela á fin de instruirlos en las cosas necesa- 
rias para ser útiles á la patria? 

No negaremos que este razonamiento produce 
á primera vista el efecto de un relámpago que 
deslumbra y fascina la mente. Pero es una luz 
momentánea y fugaz. Examinémoslo brevemen- 
te. Dejando á un lado el peligro extremo de 
una nación, cuando /Suprema ¡ex salus populí est; 
atengámonos al argumento bajo la forma mas 
sencilla: Un buen gobierno democrático nece- 
sita ciudadanos instruidos, como una monar- 
quía europea necesita ejércitos permanentes. 
Luego si puede aquella monarquía obligar á lle- 
var las armas á casi todos los varones válidos, á 
despecho de la individual libertad de acción, 
también podrá un estado republicano instruir y 
educar la juventud según le [larezca, á despecho 
del derecho de educar inherente en las fami- 
lias. 

Observaremos en primer lugar que el argu- 
mento prueba demasiado, y por lo tanto no prue- 
ba nada. Como el Estado necesita ciudadanos 
instruidos, así necesita, y mucho mas, (|ue ten- 
gan todos el conjunto de medios necesarios para 
la vida y que sean sanos y válidos; luego admi- 
tamos con Montesquieu (¡uc "el Estado debe á 
todos sus ciudadanos una subsistencia segura, el 
alimento, el vestido conveniente, y un género 
de vida que no sea contrarío á la salud" (Kí<prit 
des lois, L. 23. c. 20.). — El Estado necesita el 
sabio desarrollo de la agricultura, el acertado 
acrecentamiento de la riqueza pública, la justa 
economía de las profesiones liberales, el razona- 
ble aumento de la población, la recta propaga- 
ción de la verdad y de la moral; luego tome en 
sus manos la agricultura, y decrete si hemos de 
sembrar en nuestros campos maiz ó betabeles; 
póngase á dirigir la industria y el comereio, y 
ordene por ley si hemos de explotar las minas, 
ó establecer manufacturas y fábricas, traficar en 
pieles y lana, 6 en tabaco y licores; asuma la re- 
gulación de las profesiones, y legisle sobre quié- 
nes y cuántos deberán dedicarse á 'a medicina, 
y quiénes y cuántos á la jurisprudencia; tu'niciíe 
el monopolio de la prensa; y mande qué diarios 
y libros deberán publicarse, qué ideas }' princi- 
pios deberán ser desterrados; fije el máximum 
de la población, y decida hasta donde ha de ser 
libre el matrimonio y la procreación de los hijes. 
Todas esas consecuencias son absurdas. Luego 
el principio de Necesidad de Justado debe absolu- 
tamente tener ciertos límites. 

El Estado existe para garantizar los dereelios 
individuales y domésticos de los ciudadanos; 
¿cómo, pues, podrá apropiárselos, usurparlos, 
"violarlos?" El Estado no puede jamás vio/ar 
ningún derecho. Derechos hay que delante de 



20 



la Necesidad de Vastado quedan limitados, ó aun 
a veces suspensos. Son inajenables, como el 
<lercclio de propiedad, y en ciertos casos deben 
«er enajenados, suspendidos 6 limitados, como 
acontece en la satisfacción de los impuestos pú- 
blicos, sí lin de poder conseguir un bien mayor. 
]*ero el derecho enajenado 6 suspenso no es vio- 
lado. La violación supone (]ue el derecho exis- 
te y sigue obrando; y eu la enajenación el dere- 
cho no existe mas, como en la suspensión cesa 
«le obrar. Otros derechos hay que por su natu- 
raleza no son susceptibles de ser enajenados ni 
suspendidos, como el derecho de servir á Dios, 
llamado comunmente de libertad de conciencia. 
Según nosotros el derecho de la familia de edu- 
car á su prole es, en las condiciones normales, iu- 
íílienable, porcjuc repugna á todos los instintos, 
y por consiguiente ;i las intenciones manifiestas 
de la naturaleza, el que el padre y la madre no 
f^eanlos ediiradores de sus hijos, el que abando- 
nen todo cuidado de ellos, el (\ue se despojen de 
toda responsabilidad de Sn educación y crianza. 
Y si es inalienable tal derecho, no puede ser 
obstaculizado ni desconocido por el Estado. 

Lo que mas nos sorprende al ponderar este ar- 
írumento fundado en la Necesidad de Ustado es la 
contradicción incurrida, acaso sin apercibirla, 
])or sus sostenedores. Dícennos que el buen go- 
bierno, las buenas leyes, los buenos empleados 
f on cosas imposibles sin la instrucción popular, 
y que consiguientemente el Estado vese en la 
]>rccision absoluta de tomar á su cargo esa ins- 
trucción, hasta desconociendo el derecho natu- 
ral de los padres. "Los padres son indudable- 
üiente los maestros y tutores naturales de sus 
iiijos," escribe el Las Vegas Gazette. "Ellos'de- 
borian [)rovoer ;í la educación de tal manera que 
iws hijos crecieran buenos ciudadanos 3^ votantes 
<'om{)cíentes; pero no cumplen con sus deberes, 
y el listado se ve forzado á emplear instituto- 
res." Muy bien; pero ved otra aj)l¡cacion de 
<>ste mismo princi()io: El buen gobierno, las bue- 
nas Ic^'es, los buenos empleados son cosas impo- 
í^ibles sin la i)robidad, la conciencia, la Religión, 
)-A\\ duda alguna los padres son los que la natu- 
raleza destino á instilar en el corazón de los ni- 
ños la prol)idad, la conciencia, la Religión; pero 
filos no cumplen con su deber; entre nuestros 
( ¡udadaiios hay centenares de millares sin con- 
<¡encia ni religión ninguna, y en vano esperaría- 
mos de los (ales una |)role concienzuda y religio- 
sa; luego subinti'e el Estado en el lugar de esos 
.padres desnaturalizados y bárbaros; enseñe él a' 
; u juventud los deberes del hombre hacia Dios y 
il pr()j¡mo; sean las escuelas j)úblicas fundanien- 
lalmcntc religiosas. — Oh, no; eso no; de ninguna 
n)anera.- - ¿Cómo no? La consecuencia Huye del 
mismo principio (|ue admitís y defendéis á todo 
iraiuie: la Necesidad de Estado. Si la instrucción 
j>opular es i:)ara la República una jircnda segura 



de prospei-idad y firmeza, la Religión y la Mo- 
ralidad son sus bases indispensables, s( gun el len- 
guaje de Oeorge Washington. Y si, para ase- 
gurar la instrucción, puede y debe el listado en- 
ti-ar cu los derechos é incumbencias de la fami- 
lia, mucho mas podrá y deberá hacei'o á fin de 
asegurar la Religión y la Moral de los socios. 

Si no se admiten estas consecuencias es señal 
evidente que el solo principio de necesidad de es- 
tado no basta para fundar el derecho político de 
educar, ni otro cualquiera; como por ejemplo, en 
una sublevación general de Común i>las, la sola 
necesidad de conservarse á sí mismo no autoriza- 
rla nunca el Estado á repartir entre los rebeldes 
las fortunas de los privados. 

Después de cuanto acabamos de decir, poco 
interés tendrá la discusión del argumento de pa- 
ridad sacado de la necesidad de los inmensos c- 
jércitos permanentes de las monarquías euro- 
peas. Puede el Estado, discurre nuestro cole- 
ga, privar del derecho de la libertad de acción 
á casi todos sus ciudadanos válidos, ¿y no podrá 
apropiarse el derecho de las familias de educar 
á la juventud? 

Sentimos de deber contestar brevemente, pe- 
ro se nos hace 3'a forzoso. En primer lugar, 
pues, las levas forzadas solo son justas y lícitas 
cuando sean imposibles los ejércitos voluntarios. 
El estado debe emplear todos los medios para 
enganchar voluntarios antes de acudir á la fuer- 
za y privar de la libertad individual. Pues bien, 
¿es imposible la enseñanza universal, si el Es- 
tado no se apropia el derecho de educar? ¿lia 
empleado el Gobierno todos hs medios para ge- 
neralizar la instrucción, antes de acudir á esta 
usurpación del derecho de familia? 

En segundo lugar ¿qué tiene de extraño qne 
la autoritlad civil pueda privar del uso de su 
libertad á algunos de los socios, y no pueda pri- 
var del derecho de educar? El uso de su propia 
libertad puede ser renunciado por cualquiera 
voluntariamente, mota ¡^roprio. Renúncianlo to- 
dos los soldados vehtntarios; renúncianlo los 
criados; renúncianlo todos aquellos que por su 
proj)ia voluntad sirven á otros. Luego ¿por (|ué 
no podrá ser renunciado también por necesidad 
de Estado!. Pero el derecho de educar á sus 
hijos no puede ser renunciado jamás; podrá ser 
delegado á otros; renunciado, nunca. Cualquiera 
puede decir: Yo no quiero ser ni médico, ni 
abogado, ni comerciante; quiero ser soldado; 
quiero servir. Pero el padre no podrá decir 
nunca: Yo no qmero educar á mis hijos; ni cui- 
darme de (pie los eduquen otros; hagan con ellos 
lo (pie quisieren, á mí no se me da un bledo. 
Tal padre pasarla por un monstruo, 6 uu mente- 
cato. 

Y linalmentc levantando y manteniendo ejér- 
citos permanentes, el Estado sacrifica el bien de 
pocos al bien universal de todos; pues si esto no 



-21- 



rmcsvencsmoi 



realiza, es injusto y liiiuio. Pero, apropián- 
dose el derecho do educar, sacrificaría el dere- 
cho de todas las familias, es decir de toda la so- 
ciedad; y esto no puede liaccrlo el Estado, por- 
que ningún bien puede recompensar la supresión 
y pérdida de un derecho universal, que es funda- 
mento del urden y de la tranquilidad doméstica 
y de todos los vínculos y relaciones de familia. 

No queremos concluir sin felicitar de todo co- 
razón al Redactor del Las Vegas Oazeite por el 
vivo interés que toma en cuestiones que tanto 
importan á la sociedad. El Sr. Koogler es el 
solo de nuestros adversarios que, manteniendo 
un lenguaje siempre digno de un caballero, dis- 
cuta razonando; y solo sentimos que en un país 
donde tan indispensable es la instrucción popu- 
lar y tan ávidamente anhelada, no sean mas pro- 
fundos y sdlidos los altos estudios filosóficos que, 
popularizados por la prensa y la palabra libres, 
deberian ilustrar y guiar las muchedumbres. 



La Cliiquirriíiiia grofie. 



La oposición causa por punto general un cier- 
to grado de culera y despecho. Por mas que 
queráis escondéroslo á vos mismo y á los demás, 
bajo el aire de desprecio y la sonrisa forzada, y 
la mordaz ironía; sentís casi siempre que se os 
abulta algo en la garganta, se os hinchan los pul- 
mones, se os revuelve la bilis, y en un momento 
estalláis, y ¡adiós cachaza! Pero si hay ocasión 
etj que el ataque os cause un poquito de hilari- 
dad, y os obligue a reir, esto sucede cuando 
quien os acomete es un ente que no os inspira ni 
respeto, ni miedo, ni amor, ni odio, ni maravilla, ni 
compasión, ni nada, como aquel papelucho, gran 
vergüenza de su propietario, redactor, impresor, 
y suscritores, al que llamaron en su bautismo Re- 
vista JEoangélica, y Chiqíñrritina guapa cuando 
diole Confirmación su Obispo, ex-fraile francis- 
co. 

Nosotros no queremos injuriarle, pero permi- 
tiremos que él se injurie así mismo, reproducien- 
do un suelto suyo, obra maestra de sabiduría] 
adviértase que lo reimprimimos sin mudarle 
punto ni coma, para que nada se pierda de sus 
divinos destellos. Abrid, pues los ojos y leed: 

El Rev. L. de Sanctis D. D. trabajen por algu- 
nos años como devoto ministro de la Iglesia pri- 
mitiva Italiana (d sea la Iglesia Waldensiana) en 
Tarin, Sardeña. 

Entonces fué cuando le escogieron para profe- 
sor de una de las universidades de Suisa en don- 
de si nos equivocamos él está aun viviendo y 
trabajando. El es bien conocido por todos los 
Estados Unidos, y su nombre es una garantía de 
verdad por todo lo que él diga. 

Con respeto á «us calificaciones para poder 



hablar de Jesuitismo, se puede decir adcmasquo 
él es romano por nacimiento. El vivió cerca de 
veinte y dos años en uno de esos establecimien- 
tos en donde residían un cierto numero de curas 
quienes llevaban relaciones intimas con los Je- 
suítas. El mismo al principio de su carrera era 
uno de sus ,mas ardientes amigos. Por la lec- 
tura de la Biblia él fué verdaderamente conver- 
tido al evangelio. 

Y entre otras cosas he aquí lo que el Doctor 
de Sanctis dice de los Jesuítas y Jesuitismo: 
"La fundamental máxima de los Jesuítas es- 
todos los medios son buenos si por ellos se ob- 
tiene el fin propuesto. ¿Que fin se proponen los 
Jcsuilas obtener? Respuesta: La mayor gloría 
de Dios para conseguir este fin este es su argu- 
mento practico. La maj-or gloría de Dios pide 
la salvación de todo los hombres. Mas esta sal- 
vación no se puede obtener fuera de la Iglesia 
Católica; consecuentemente la mayor gloría de 
Dios consiste en obligar á todos los liombres de 
pertenecer á la Iglesia Romana. En la aplica- 
ción de este principio los medios por medio de 
los cuales el pueblo permanece 6 se hace católi- 
co, es ignorancia entre las masas. Un vero Je- 
suíta comtempla en la cuenta la ruina de la reli- 
gión. Mas la ignorancia no puede meterse a- 
bicrtamente porque el pueblo pronto lo sabría. 
Por esto es que es sostenido por medio de las a- 
paríencias de instrucción. 

He aquí la razón porque los Jesuítas buscan 
el monopolio de la educación para envolver la 
ciencia en métodos confusos }'" en marañados y 
distraer el entendimiento con cuestiones vanas 
en lugar de dar instrucción sólida. 

En otra ocacion daremos mas extracto de los 
escritos del Doctor de Sanctis. El lenguage a- 
cabado de mencionar no es el nuestro; empero 
estamos profundamente convencidos que es ver- 
dadero al pie de la letra. 

Quien es u podrá ser un testigo mas seguro, 
(|ue un hombre que por mas de veinte años es- 
tuvo tan enteramente asosiádo con ellos. 

Piemos estado profundamente interesados en 
el librito del cual hemos extractado lo que ante- 
cede. Soln sentimos que no esto impreso cu idio- 
ma español para que pudiéramos circularlo en- 
tre el pueblo de Nuevo Méjico. 

¡Que haya luz! Que podra valerlo que so 
contracto pueda ser dañado por la luz? 

Exceptuando esta última frase: ''(¿ue podra, 
valerlo qv.e se contráete jmeda ser dañado por la 
luz?''' profundo y sublime epifonema, cuya inte- 
ligencia abandonamos á los doctos íntérj)retes 
de las lenguas prehistóricas, todo lo demás no 
es tan obscuro que digamos. Significa en resu- 
midas cuentas que los Jesuítas son un hato de 
impostores infames; y que para ser Católico es 
menester ser ignorante! 



-22- 



j, 



>7osotros no silbemos lo que se necesita para 

•r ministro presbiteriano de Las Vegas; pero, 

i para ser católico es preciso ser ig-norante, vos, 

'ñor ministro, poseéis esta cualidad en grado 

(Mitinente. Leverricr, 15rov/nson, Sclopis, Secclii, 

'íanning, Ncwnian. ílipon, por no hablar mas 

;;ic de nucstroH dias, os envían de rebote el vi- 

ú^no insnlto. Y vamos adelante. 

Vnestfo de Sanctis, oriundo por línea cülatc- 
r¡íl de la crecida iamiJia de Pecmtoribns, dice 
("lue es máxima fundamental de les dcsuitas que 
':'dos los medios son huenos fo. por ellos se obtiene 
'fin pro])uedo: y vos añadís que estáis conven- 
. Mo que es así al pió déla leti-a. — Contestación: 
iiMití'". La iüfanie máxima parece ser mas bien 

■ :lO;-tl'a. 

V^uestro de Sanctis y vos con él atribuís a' los 

íesuitas la máxinia de (jüc fuera de la Ic/Iesia 

('atülica 71.0 haij sídvacion] y tal ma:\ima no es de 

'!S Jesuitas, sino de todos los Catóücos; y es la 

lie lia traidoy trae á su íg!c¿ia (antas intcligcu- 

■;'.s sublimes y conciencias honradas, Mauning, 

ijioii, Nev>'man, Brownson, etc., etc., que tcn;- 

■ iiindo por su salud eterna, reüexionan seria- 

¡ente sobre aqucdla máxima; y ¡ay de vos, y de 

liesfro devoio ministro de la ¡(ju-sia primitiva ita- 

' lira! 

Vuestro de Rancíis y vos con él imputáis á los 

dosiütas el oUiíja.r i[ todos á ser Católicos.— Con- 

'■'stacion: Los Jesuitas no obligan ni pueden o- 

iigar á nadie; y sino os obligarían á vos y á 

vuestro de Sauríis á salir del niuncio de Pecra- 

iorihiis. 

V^uestro de Sanctis y vos con él aíirniais que 
los Jcstútus trabajan [tara mantener la ignoran- 
■ia en las masas, y (jue sus Colegios, Universi- 
'!:'.dt's, Institutos, etc., sulo sirven para salvarlas 
¡laricr.cias; y tres siglo.s de historia mundial, y 
!.i, opinión |!Ública de amigos y enemigos os con- 
denan á desmentiros, si sois hombro de lionor. 
Servirán los Colegios y Escuelas de los Jesui- 

■ 's para mhar las d/xn-icj-teias, cuando en todo 

i 'm¡!0 y lugar lian salido de ellos alumnos, cuyo 
■;lo nondire será un monnuicnto empercecdcro 
•vanlado á uno ú otro ramo del sabor bu nui- 
.0. Solo wn ministro presLiterir^no de La.s Vegas 
i !(Mle presumir de iusíi-uidp ^ igiioraF los noi^i- 
•cs de tantos Pontírices ¡lustres. ,!Lrcucvales,.nui- 
i.di'adüs, litei'atos y escritores célebres,, que dc- 
:>Mi á los Jesuitas cuando menos el amor á la 
■encia, y aquella prinjeiu formación, indisi)en- 
))lo ])t\vn subir á grande altura en la S{?nda de 
íoria eítíutíliea y literaria. De un Jado ve- 
mos Moatmorenc}-, Farnese, Villars, Luxenibnr- 
r.o, Monlpcucculi, Rielielien, Spínula, BouOiers. 
Mjrstemberg, Tilly, Walstein, 1). Juan de Ans- 
ia; del oiro los Papas Gregorio XIÍÍ y Rene- 
'clo XIV, Noris, y Federico llorroinco, San 
"raneisco de Sales y Bossnet, Lignori, Fénclon, 
"kv'hif^r, de Polignae, líuH. Flcury, Quirini, 



con toda la serie de papas, cardenales 3- obispos 
que por sus virtudes 6 talcntoó han honrado á 
la Iglesia. En la magistratura cuentan los Je- 
suítas entre sus educandos á Lenioignon, prínci- 
pe de la jurisprudencia fram.-esa, Montesquieu, 
Male.shcrbes y un sinnúmero de otros; así como 
en la literatura 3' ciencias al Tasso, Galilco, 
Lipsio, Descartes, Coriieílle, (/as^ini. Moliere, 
IiS.i|)ion Maflei, Goldoní, Vico, Aliii-ri, Quadrio, 
A^oltairc, Burke, Kemble, Filicaja. Bíanchini, 
Muratori, Redi, Bullón, Canova y Lagrangc; to- 
dos hombres cuya fama j>asará gloi-io.su á los- si- 
glos venideros. 

¡Los Colegios de Jesuitas impostura, y engaño! 
cuando un li.vcoN, aquelgran (ilu'sofb, como dice 
Cretiücau-Jol}", que descubrid en las ciencias un 
mundo nuevo, reasumía así su pensamiento res- 
pecto al sistema de estudios seguido en la Com- 
pañía: "Por lo que respecta á la instrucción de 
la juventud, sería mas sencillo decir: Consultad 
los Colegios de los .íesuitas, porque es imposible 
hacer cosa mejor de !p que en ellos se practica*' 
(De dif/ftdate et augmento scientiarum, lib. VII). 
¡Los Jesuitas ocupados en propagar la ignoran- 
cí;»!, cuando Lalakde, el filósofo á quien ha he- 
cho famoso un ateismo si.-teu)átíco, {¡udo decir, 
deplorando la supresión de la compañía: "La 
especie humana ha jierdido para siemj)re ese 
conjnnto precioso y sorprendente de veinte mil 
siibditos ocupados sin descanso y sin interés en 
la instrucción, predicación, misiones, reconcilia- 
ciones, y en socorrer los moribundos; es decir, 
en las funciones mas gratas v útiles á la hnmani- 
ánd'' {/innüks Fliilosnpliiyucs, tom. I.) • ¡Los Je- 
suítas enemigos de la ín.struccion! cuando Vol- 
TAiüK no podía rcco'.-dar sino con la mas sincera 
gratitud los años (pie j)asd estudiando bajo la 
dirección de la Compañía, y dejaba escrito: 
"Durante los siete años que yo viví en la casa 
de los Jesuitas ¿qué es lo (juc vi? La vida mas 
laboriosa y la m.as frugal; todas las horas del 
(lia d.ivididas cutre los cuidados que nos prodi- 
gaban y los ejercicios de sn austera profesión. 
Vo apelo á los miles de hombres educados lo 
mismo qiie yo." 

Señor mííustro.'Bacon, Lalandey A^Jtaíre son' 
tres hombres dekinte (le los cuales vuestro de 
Sau'tís, á pesar de ser Doctor, á pesar dé ser 
conocido j>Gr todoá los E: U.; acaso tanto como 
lo sois' ró's' fíífsih'o, "á pesiar' de ser rom-ano por 
naeimionto, á pesa'f de haber estado veinte años 
asoí-.iado ('.') éon ios Jesuítas (tanto como cual- 
(juier otro fraile apóstata) y ú pesar de todos los 
pesares, no es nms (]uc nti renacuajo. Solo la 
ignorancia mas sujM'na puede excusares á vos y 
á él de ser dos solcnrnes embelecadores. 



-23- 



/ (^( n {inv.a cím\ — Póg 1 1-1 2. j 

— ¡Viva til cara! gritó Eiccio; eres el rey do los 
hombres honrados.: Mas oye lo que te digo: ya el bol- 
so está en su puesto, y mi feliz principal lo goza, 
palpa y acaricia hace cuatro horas 6 cinco. 

— ¿Y por qué no he sabido nada de este manejo? 

— Porque, contesto Adela, estabas en la oficina, y 
no quería tener agonizando, como dices, al dueño de 
los billetes. 

Convencido por estas palabras, tan oportunamente 
retorcidas en contestación á su pregunta, Filiberto 
no supo sino aprobar sin reserva. Solo que de cuan- 
do en cuando dudaba nuevamente, parecióndole lo 
sucedido demasiado semejante á un cuento de niños, 
lliecio asegiiiaba, y Adela refería oíros detalles. Al 
fin, Filiberto, desvanecida toda sospecha, quedó per- 
suadido, progaut.mdo: — ¡Au! ¿No te ofreció siqídera 
una señal do gratitud? 

-^Ha rñcil)ido la recompensa, respondió E,iecío, 
previniendo la contestación do Adela, y se tendrá 
presente. 

— ¡Cómo, 'Adela! ¿Has alargado la mano para reci- 
bir una propiua? preguntó Filiberto con desden pro- 
fundo. ■ - 

-No, no, no so trata de propina, respondió Adela; 
no té calientes la cabeza: no he alargado la mano ni 
admitido un maravedí siquiera. 

--¡Ah, bueno! Fiespiro.- Si hiibiescs traído un cén- 
timo, estaría tan avergonzado como un ladrón. ¿Por 
qué dices, liiccio, que ha logrado propina? ¿Qué mis- 
terio ocultan tus palabras? 

— Un misterio claro y trasparente como el agua. 
He tomado aliento con lo sucedido para tratar nueva- 
mente del préstamo, y he vencido la partida. Esto 
es lo que ha' inclinado la balanza. 

^¡Ah, Pticcio! exclamó entonces Filiberto; ores mi 
verdadero amigo, y no hay ninguno como tú. 

■ — No tengo' mas mérito que haber procurado por 
mis interesos. Miraba, al deeir esto, a su Adela. 

^— Sí, sí, he comprendido á cuales aludes.. Te debo 
mas que la-vida. -^ ; 

La conversación se •animó- entonces masque nunca. 
■Riccio bendecía la osurrencia- do Adela de volver in- 
inediatamentü la cartera do Onofro, y, iníts- aua su re- 
solución de no admiíiiv reeompensa.— Yo me vana- 
glorié grandemente de-su acto, afirmaba; parecíame 
que me huLifíU hecho general do armadw, y dije con 
altivez: ¡Adela -es- mi proinetida!— ^La vjóven se delei- 
taba en su corozon por los sentimientos de Hiccío y 
de Filiberto, pero sobre todo* por los del últJnío> Aña- 
dia:-^iLo he dicho- sienípro! Algunas -veces ptedo pa- 
recer duro conío el peldaño do. -.una cárcel; pero su 
corazón es de oro:-^Filíberto, al despedir á Eáocio, lo 
recomendé - • • • ~ - - 
la mañana 

quieres, hasta en nombro mió, que por el amor de 
Dios no hagan estrépito en los periódicos: no, quiero 
que ruede ni para bien ni para mal el nombre de 
Adela. 

— Nada lüas fácil; repútalo hecho. 

Con este y oíros acuerdos, mas quo nunca confir- 
mados, separáronse los amigos, con la esperanza de 
llegar ahory. á la meta de sus deseos. 



!o KÍguiente:---TGn- la bondad, mañana por 
cuando veas á tus señores, de rogarles, si 



XVII. 

EL FEfríTIN DE OTROS. 

No se supo bien por entonces si la señora Emcn- 
garda trató con su esposo de socorrer á íliccio con ei 
préstamo, ó si lo retardó para después de las bodar 
de su hija. Ijo que viese claramente fué quo ni el 
marido ui la mujer dieron ningún.?, disposición eficp.;-, 
sobre aquel asunto, ni pronunciaron una palabra, 
íliccio seguía callado, creyéndolo mas oportuno. Es 
el ínterin, en los pocos días que faltaban para la fies- 
ta, habia crecido su trabajó desmedidanjente. x\dc- 
más, no habia servicio pesado, ó completamente im- 
propio de su colocación, á que no se conformara de 
una manera bondadosa, á trueque de congraciarse con 
aquellos de los cuales aguardaba la salvación doi 
amigo y de la prometida. Por natural consecuencia 
nacía que sus señores dejasen completamente á su 
cuidado todo lo de la casa.. Onofre, grosero por na- 
turaleza, y despegado de cualquier tarea familiar, de- 
jaba enteramente á cargo de su mujer las providen- 
•cías todas del festín monstruo que habia discurrido. 
En cuanto á Eniengarda, toda inteligencia y corazón; 
necesitaba brazos laboriosos, y no sabia tampoco á 
quien dirigirse con mayor ' coníianza quo á Riccio, e] 
cual era joven, hacendoso y expeditivo. 
, El servicial sub~cajero pasaba el santo día ocupado 
en las compras que debían hacerse, en las invitacio- 
nes que debían dirigirse y en los aprestos que debiai-- 
ultimarse. Hasta se le habían recomendado las cosas 
materiales de las salas del baile y del convíce, debis3i- 
dOj oii su virtud, diseñar ios muebles y los adornos', 
disponer la, ejecución y vigilar cuanto se hiciese. Ei: 
luia palabra; todo ei tiempo que podía robar á su ofí- 
,cina, difiriendo para mas adelante los escritos m.enos 
urgentes, lo empleaba en poner completamente do 
gala el grandioso departamento de su príacipal; en- 
cargo para él sobremanera molesto, principalmente 
{)orque su espíritu, átenlo á sus propia.s ansias, no 
sufría sin algún disgusto las molestias para los pla- 
ceres ajenos. Sin embargo hacípJo de buena vol'jr.- 
tad, y sin dejar traslucir la moíior señal de tedio. 

En la tarde del domingo, la casa de Onofro pareció 
trasíormada en un palacio real. Un,3, completa ala 
del gran edificio de la jabonería brillaba extraordina- 
riamente, habiéndose dispuesto ol primer piso parí'. 
las alegrías, de ios invitados, así como las estancias 
del entresuelo, desocupadas del todo, se habían c-on- 
vertido en cocina, en despensa, en cueva y en alma- 
cén. Al tocar las ocho de la noche, el patio y las ca- 
lles contiguas comenzaron á llenarse de ricos carrua- 
j-os, llenos de magnates del comercio de Turin, sin 
contar los cjue, iban á pié, que desfilaban de continua) 
.por la puerta principal. Pomposamente brillaban por 
sus nuevos tapices y arañas las paredes de las salas 
del recibimiento: 'eu una de ollas, al efecto preparada, 
S8 .veían muy bien colocados, sobre mesas cubiertas 
con tapetes,. los regalos do boda del marido uovei y 
los dones do los parientes: cada cosa en separado 
estante, ó encima de sus propios estuches, ó sobre 
cojines elegantísimos. Todas las habitaciones pare- 
cían do día clarísimo: tanta luz derramaban las luceí; 
pendientes y los brazos de cristal fijos en ha pared, 
llenos de candelabros con bujías. Además de la lu?., 
se difundía una fragancia de llores naturales que for- 
maban una especie de primavera; en unas partes 
ramos sobre mesitas; en otras sui'gian sobro sus na- 
tivos tallos, y en otras en medio do vasos quo ador- 
naban los alféizares de las ventanas. La escalera quo 
subía á este templo del lujo estaba convertida en u-^a 



-u- 



calle de laureles, intercalados con cajones de naran- 
jos fructíferas, y de vivas plautas floridas: en medio 
había uua alfombra, llena de pótalos do rosas sueltas, 
y á lo largo de las manijas corria un orden de volas 
sol)re bellísimos candelabros de metal. En una pa- 
labra, nada habia olvidado el próvido Eiccio, á fin de 
que la casa de su principal pareciese la mansión de 
la esplendidez y el nido de las gracias. En su virtud, 
el señor Onofre, su mujer y la nueva prometida le ha- 
bían colmado de alabanzas. 

No hay que decir si en la casa risueña resonaban 
mil voces. Los concurrentes crecían por momentos; 
las inclinaciones, los melindres, las reverencias y los 
cumplimientos perseguían á la esposa y al esposo, 
cayendo de rechazo sobre los felices padres; no se in- 
terrumpían las conversaciones; se aguardaba el baile, 
y se iba visitando en el ínterin el salón de refresco, 
para confortar los estómagos que ya languidecían. 
El rumor de las pláticas de cuando en cuando era in- 
terrumpido por las fragosas sinfonías de la banda de 
la legión de los carabineros, que bajo las ventanas in- 
teriores habia puesto sus atriles, y no quería haber 
ido en vano, sí bien alguna vez el vino le impedía eje- 
cutar perí'ectamente los sostenidos y los bemoles. 

La señora Emengarda, venturosa madre y suegra 
de la pareja feliz, descubriendo la linda marcha de la 
fiesta, deleitábase por la presente prosperidad, y es- 
peraba en la futura, no sin una interior complacencia 
dulcísima que fácilmente se adivinaba, por haber or- 
denado con Riccío la ejecución de todo. Onofre, por 
el contrario, sí bien le gustaba extraordínamente hon- 
rarse y honrar á los amigos con aquella demostración 
de grandeza, habiendo dado la orden de no detenerse 
por cien ni por mil escudos, consideraba el reverso do 
la medalla, comenzando á sentir algún disgusto por el 
aflojamiento de la bolsa. Aquellas hachas, según él, 
se consumían demasiado precipitadamente, ablanda- 
das por el calor y casi movidas por el aire; veia de 
mal talante á los criados cambiarlas frecuentemente, 
sin aguardar siquiera que se hubiesen gastado mucho. 
Entreteníase taciturno donde la gente consumía las 
provisiones, observando las mesas escalonadas, pro- 
vistas de perdices, de becadas, do pichones partidos, 
de trozos do pollo, de chuletas de liebre, de ríñoncítos 
on torta, de pedazos de tornera en gelatina, de hígado 
con pan según la costumbre de Estrasburgo, y de 
otros manjares fríos; en un abrir y cerrar de ojos se 
concluían, siendo preciso que los renovaran en la co- 
cina. Grandes platos que parecían conchas: llenos de 
espuma de huevos, de ananás y de vainilla, se vacia- 
ban de modo que no bastando loa barquillos, se sus- 
tituían con loa bizcochos que se mojaban en aquellos; 
los vinos sellados so despachaban como los comunes, 
y los que sorbían los ponches mostrábanse dispuestos 
á beber todo el ron de Jamaica y todo el café d« la 
Martinica; además las cidras de varias clases so «cha- 
bun á cubos, los chocolates á ríos y las demás bebidas 
como 8Í fueran agua del pozo: los azafates de los he- 
lados, los quesos mantecados, los sorbetes de todas 
clases, daban vueltas procesíonalmente, siguiendo los 
unos á los otros, y llegando pocas veces á la mitad 
del camino: por esto en las habitaciones inferiores di- 
fícilmente bastaban tre« para disponer los refrescos, 
á pesar do que no se permitían el menor reposo. 

El prudente señor Onofre lo consideraba todo, es- 
capiíndosele algún gemido mal sofocado entro las son- 
risas y las zalemas: — ¡No parece sino que aquellos 
muchachos sacan agua del Po! — ¡Qué ansia de poner 
las cosas á la vista do unos y otros! — ¡Aquel de los 
grandes bigotes y pelo blanco no se avergüenza do 
llenar un cucurucho para sus nietecitos! ¡So acabó la 



discreción! — ¡Vaya con aquel galante muchacho que 
no sabe obsequiar á las damas, sino con meter su pa- 
tita; para él ha sido aquel ramillete de frutas confita- 
das: no piensa que las pone á precio de oro el confite- 
ro en su cuenta! — ¡Tampoco podía faltar aquel otro! 
el secretario del municipio, y peor twn se porta el ca- 
pitán déla guardia nacional; parece^que han venido á 
mi casa de intento para sacar su cuerpo de mal año: 
¿no habrán comido nunca todavía? ¡No es una me- 
rienda esto: es una francachela, una disipación, un 
saqueo! 

Y como si el mal presente, causado á la vista de 
cada uno, no bastase á destrozar el corazón del dis- 
creto Sr. Onofre, habia que añadir á la cuenta lo que 
se gastaba en las habitaciones inferiores. El empre- 
sario de aquella destrucción de todos los bienes de 
Dios, puesto en medio de la despensa, no rogado por 
nadie, hacia pasar algunas botellas al círculo de los 
músicos, y á los corros de los aurigas y estaferos; á 
fin de que no les hiciesen daño, acompañábalas con 
azafates llenos de panecillos dulces saboyanos; añadía 
hermosos platos con medios quesos divididos, mez- 
clándolos con tajadas y pedazos de pemil, así como 
con las correspondientes cestítas llenas de panecillos 
blancos. Onofre, á quien disgustaba todo aquello, 
aunque no quería parecer tacaño, seguía con largas 
miradas dolorosas aquel consumo, y exclamaba con el 
corazón oprimido: — ¡Vaya un modo de llevar cosas al 
patio! No llegan al suelo. Cien manos lo arrebatan 
todo, y cíen bocas están abiertas para engullir cuanto 
se presenta. Verdaderamente es un despilfarro, quo 
pasa de locura. 

Arrepentíase demasiado tarde de haber dirigido in- 
vitaciones á tanta gente. El buen hombre, no previen- 
do las consecuencias, habia llamado, sin contar los pa- 
rientes y amigos de la capital, á los principales de la 
provincia, por la cual gozaba el gran honor de ser 
síndico; por añadidura en los últimos días anteriores, 
no encontraba un conocido en la calle á quien no es- 
trechase la mano y dijese: El domingo nos honrará, 
¿no es cierto? 

— Sí, sí, gracias: só que hay banquete; iró á congra- 
tularme con los esposos. 

— Que no falte: de lo contrario me ofendería. 

Vista la fiera realidad, decía de vez en cuando al- 
guna cosa á su mujer, que le respondía: — No debías 
invitarles. Cuando va uno á un baile, debe bailar. 
Con cien escudos mas ó menos seremos los mismos: 
no hagas mezquindades. — Para compensar la destruc- 
ción general de los víveres y de la bolsa, estaba toda 
la noche encima del atribulado Eiccio, que hacía las 
veces de director de la fiesta, de fondista y de jefe de 
cocina, lanzándole aquí y allá para que moderas© has- 
ta cierto punto las demasías de los convidados, diese 
órdenes á los servidores por vía de reprensión, y con- 
tuviera un poco á los demás dependientes. Así salva- 
ba, creíalo á lo menos, su decoro de magnífico señor, 
y la ventaja de no dejar que todo se disípase horrible- 
mente. El pobre joven, aturdido por la ingrata obli- 
gación de poner la cara seria en servicios de otro», no 
podía descansar. 

Mientras la reunión alegre danzaba con gallardía y 
renovaba el carnaval con locura, estaba en cien par- 
tes á la vez, se hacia todo ojos y manos, refiriendo de 
cuando en cuando al señor los desórdenes mas ruino- 
sos que había impedido. Este le daba las gracias ani- 
mándole, á fin de que siguiese: — ¡Bravo, Sr. Riccio! 
Dé un vistazo también á la cocina, v no quite los oíos 
de los cocheros, á fin do que no se lleven las botellas 
sanas. Me parece ya hora de que termine todo esto: 
¡Son las dos do la noche! — 

( Se conlinvardj. 



PERÍODIÍX) SEMANAL. 

Se publica todos los Sábados, en Las Vegas, N. M. 



Año IV. 



19 de Enero de 1878. 



Núm.3. 



NOTICIAS TERRITORIALES. 






os 



gstsita Fé. — Como saben nuestros lectores la le- 
gislatura del Territorio se instaló en Santa Fé el Lu- 
nes, 7 del corriente y fueron elegidos Presidentes, del 
Senado Don Santiago Baca y de la Cámara Don J. B. 
Patrón. Los dos parece que desempeñan su oficio 
con satisfacción universal. 

El Mensaje pronunciado por el Gobernador Axtell 
para inaugurar la nueva sesión, y que nos dio materia 
para un artículo de este número, según noticias, ha 
disgastado á muchos, sino es á todos, por la manera 
con que trata á los Mejicanos. La mejor, como la 
mas digna respuesta de las dos Cámaras seria no ha- 
cer caso de él, y ocuparse de los negocios como mejor 
les parezca. 

Desde los primeros actos, el espíritu de las dos Cá- 
maras se revela en general bueno y en las mejores 
diaposiciones. Quieren hacer justicia á sí mismos y 
al Territorio, abrogajido muchas leyes odiosas, sobre 
todo las de la líltima legislatura, y adoptando otras 
buenas y útiles. Hay alguno que hace excepción, pero 
se quedará solo y sin lograr nada. 

El Yiernes dia 11, hubo por la mañana en el Sena- 
do, y por la tarde en la Cámara, dos sesiones algo 
borrascosas, á propósito de un Acto de Incorporación 
de los Jesuítas, como cuerpo de eiiscñanza. En el 
Senado introdujo y sostuvo el Acto el Hon. Dn. Die- 
go Archuleta: su opositor fué Dn. Francisco Chaves 
t(ue hizo la mas desesperada y violenta oposición. 
Pero no le valió. El Sr. Archuleta respondió con 
tanta elocuencia, energía y fuerza, que mereció repe- 
tidas veces los aplausos de las galerías y de un sin nú- 
mero de gente que asistían. En una palabra él fué el 
Héroe de la sesión, ayudado muy fuertemente por el Sr. 
Fernando Nolan. El Sr. Chaves quedó solo con otro 
en contra del Acto. El Senado se ocupó solo de 
este solo negocio desde las 10 A. M. hasta después de 
medio dia, y acabó con adoptar el Acto con el voto de 
11 (once) contra 2 (dos). El Sr. Archuleta recibió á 
su salida muchas felicitaciones, y cuantos le oyeron 
han quedado admirados áltame ate de el y de su elo- 
cuencia. Como es cosa que nos toca á nosotros, le 
damas aquí públicas y sinceras gracias. 

En la Cámara, fué presentado ai Acto y votado la 
misma tarde. Le hizo oposición. el Sr. José Baca y 
Codillo, á quien contestó no menos victoriosamente el 
Sr. Alejandro Branch. La última votación fué de 15 
contra 6. Al Sr. Branch lo mismo que á los demás 
Diputados y Senadores que apoyaron con su voto el 
Acto de nuestra Incorporación, es deber de justicia que 
expresemos siquiera nuestra mas sincera gratitud. 

Esta fué la primera ley votada en ambas Cámaras, 
y que será presentada al Sr. Gobernador. 

Las famosas leyes de Entierros, Matrimonios y Ee- 
particion han recibido ya los primeros golpes en el 
Senado y en la Cámara. Llegará el plazo para las 



otras, como de las Hermanas de Caridad, de los Co- 
misionados de Condado y semejantes. Parece que el 
Gobernador pondrá á todas su veto, para impedir su 
abrogación: para estas y otras tendrá que preparar 
muchos: trabajo inútil, pues no solo la mayoría sino 
la casi unanimidad está en contra de ellas. 

Creemos útil, alioraS quo muchos legisladores l,an 
abierto sus sesiones, en Santa Fé, dar aquí de nuevo 
los nombres de los miembros de ambas Cámaras. 

Senado. Condado de Bemnlillo. — Santiago Baca, 
Felipe García. — Condados de C(jlí'ax y Mora. Fer- 
nando Nolan. — Conda de DDriaAuH, Grant y Lincoln. 
Orouch. — Condado de Kio Arriba. Diego Archuleta — 
Condado de Santa Fé. Nicolás Fino- — Condado de 
S. Miguel. Lorenzo López, Gabrid Ribera — Condado 
de Socorro. Tomás Gonzalcs — -Condado de Taos. Juan 
G. 3Iartin, Juan A. Sánchez — Condado de Valencia. 
Gregorio N. Otero, y Francisco Chaves. 

Legislatura. Bernalillo. José Ilanuel Montoya, 
Jesús Armijo, Manuel González — -Colfax. Wilson D. 
South — Doña Ana, Grant, Lincoln. Juan B. Patrón, 
John K. Houston — Mora Rafael Romero, Alejandro 
Branch — Eio Arriba. José Merced Sánchez, Ferfecto 
Fsquivel—S&nta Fé. Juan José Padilla, Gristino Mon- 
toya, Anastasio Sandoval y Alarid — San Miguel. Ra- 
món Ijopez, Atanasio García, Benito Romero, Antonio 
J. Gallegos, Ramón Ulibarrí — Socorro. José de Jesús 
García, José Baca y Padilla — Taos. Santiago Abren, 
José de la. Luz Martínez, Matías Ortega -Valencia. J. 
P. Connelly, Miguel Sánchez y Zamora, Policarpio Gar- 
cía. 

IjOS liSimas. — No habiéüdose podido cantar la 
Misa de la Virgen durante la Novena de Noche-bue- 
na, se cantaron después á instancias sobretodo de D. 
Tranquilino Luna. El P. J. DAponte S. J. después 
de la misión del Socorro fué allá, y las principió el 
dia 27 de Diciembre. Se predicó todos los días en el 
tiempo de la Misa, á la cual asistió en gran número 
la gente de Los Lunas y de Los Lentes de Valencia 
y de otros puntos. Las Comuniones subieron á 
mas de 300. El sábado, dia 5 de Enero, se acabaron 
las Misas: pero el dia siguiente, fiesta de la Epifanía, 
hubo otra función, es decir, la primera comunión de 
los niños, de los cuales se habían preparado unos 
treinta. 

Recibimos de Les Lunas una lista de 24 nuevos 
suscritores á la Revista, además de algunos antiguos 
que continúan su suscricion. Lo debemos en modo 
especial á la actividad do Don Jesús Maria Luna, 
que tanto interés toma en favor de nuestro periódico. 
Queremos que su nombre quede aquí enregiatrado pa- 
ra perpetua memoria de nuestro agradecimiento. 

NOTICIAS NACIONALES. 



Esíados Uaiidos. — El Sr. R. B. Hayes después 
de haber ganado la presidencia de esta República con 



-26- 



los medios que todos conocen, empezó su Gobierno 
con uua política muy justa, reconociendo áNicholls y 
Hamptou como legítimos Gobernadores, y tratandxD 
en general los Estados del Sur con bastante equidad. 
Todo esto sin embargo no le ha valido ni con los De- 
mócratas, los cuales se han aprovechado de su políti- 
ca pero han seguido mirándole como á un usurpador; 
ni mucho menos con los Republicanos los cuales no 
le perdonarán nunca el haber desbaratado su partido. 
Últimamente Z. Clandlor y E. Conkling han empeza- 
do una guerra á muerte contra el pobre Hayos: es de- 
cir, han empezado á poner de manifiesto documentos 
y testimonios con los cuales se prueba que llayes ha 
comprado los votos del Sur prometiendo, si se conta- 
ban en su favor los votos do los Estados de Lousiana 
y de N. Carolina, conceder á estos aquella autonomía 
de que gozan todos los Estados de la Union y de que 
carecieron durante la administración de U. Grant. 
Hemos leido en el Siui de Nueva York dichos docu- 
mentos, y á la verdad no seria fácil negarles toda au- 
tenticidad. Por lo demás ningún empeño tenemos 
en defondor á Mr. R. B, Hayos. Solamente adverti- 
mos que su política hacia los Estados del Sur, sean 
cuales fueren los motivos de ella, nos ha parecido 
siempre justa y benéfica, no solamente para los Esta- 
dos, sino también para la entera Repúlica, la que no 
puede menos de aprovecharse de la prosperidad de 
ellos. 

El Ave Muriu hablando de las últimas ordenacio- 
nes que han tenido lugar en las diferentes diócesis de 
los Estados observa que fueron mas numerosas que 
de costumbre. Si se atiende á la época materialísti- 
ca que atravesamos, tenemos en este hecho la mejor 
prueba de la lozanía de la Iglesia católica en esta Re- 
pública. 

Tejas. — Dice el Propagateur de Nueva Orleans 
del 29 de Dic: "Las noticias del Rio Grande son mejo- 
res que las de la semana pasada. Las tropas mejicanas 
han cooperado con mucha cordialidad con las de los 
Estados Unidos para perseguir y castigar á los ladro- 
nes indios que cometían depredaciones en el Territo- 
rio de esta República. Las fuerzas federales en aquel 
país son ahora bastante considerables, y tres compa- 
ñías acaban de ser enviadas allí desde Nueva Or- 
leans." 

El pobre Howard que fué matado en el último mo- 
tín del Condado de El Paso, había sido salvado de la 
muerte al principio por el heroísmo del cura-párroco 
de S. Elceario. El S. Antonw Express hablando del 
motín dice: "No se puede encarecer demasiado loque 
han hecho en circunstancias tan críticas el Mayor 
Jones y el Padre Bourgade. Este último especial- 
mente se ha mostrado un héroe en traje de cura. Ha 
procurado cuanto estaba en sí tranquilizar á los amo- 
tinailos, y se ha mostrado el amigo verdadero de to- 
dos. Mejicanos y Americanos, así como el valiente 
campeón de la ley y del orden. Por su intervención 
tan oportuna como heroica salvó la vida de Howard, 
cuando abrazándolo y marchando con él á través de 
los amotinados les dijo que antes de tocar al infehz 
Howard tendrían que matar á él primero." Dias des- 
pués Howard fué cogido de nuevo, y afusilado: pero 
esto no menoscaba en nada el acto heroico del Rev. 
P. Bourgade, que será siempre considerado como be- 
nemérito de aquel país. 

NOTICIASgEXTRANJEKAS. 



lialÉn.— Se anuncia el descubrimiento de otra 
Porapoya en Italia, esto es, de otra ciudad sotóránoa 
cerca do Manfredonia al pié del monto Gargano. Al 



principio se descubrió un templo de Diana; luego un 
pórtico largo cosa de GO pies con columnas sin capi- 
teles; y por último una necrópoli de 15 mil metros 
cuadrados. Se han sacado un sinnúmero de inscripcio- 
nes, de las cuales se han llevado algunas al musco 
de Ñapóles. La ciudad así desenterrada es la anti- 
gua Siponto, de la que hablan Strabon, Polibio y Tito 
Livio, y que quedó sepultada debajo de tierra de re- 
sultas de un terremoto. Las casas se hallan á vein- 
te pies debajo de tierra. El Gobierno ha tomado las 
medidas necesarias para continuar las excavaciones 
en grande escala. Lo mismo que en Pompeya, cada 
día se hacen en Siponto nuevos descubrimientos: así 
p. e. últimamente se descubrió un monumento en ho- 
nor de Pompeyo después de su victoria contra los pi- 
ratas, y una gran cantidad de monedas de bronce y 
de oro. 

Francia. — Mucho tiempo ha se estableció en 
Francia lo que llaman matrimonio civil. Los liheralcs 
de aquel país (así como de otros países) llevan su in- 
tolerancia hasta el punto de no permitir á los cristia- 
nos que se casen delante de la Iglesia, si no se casan 
primero delante del Alcalde. Para protestar contra es- 
ta tiranía, una asociación de señoritas francesas de la 
Cute cVor se han comprometido espontáneamente á no 
celebrar jamás el mismo día el matrimonio civil y el 
religioso; á no vestirse de ceremonia cuando vayan al 
ayuntamiento, "y á volver á la casa^ paterna como 
quien está todavía libre;" á no llevar mas acompaña- 
miento para cumplir con esta formalidad que los tes- 
tigos exigidos por la ley, y estos separados por la ca- 
lle, de manera que no se oche de ver ni solemnidad ni 
aparato. 

No hay que decir quo la tal cruzada de las señori- 
tas de Dijon ha sacado de quicio á los periódicos im- 
píos. Ellos, que pretenden que se haya de servir á los 
hombres mas bien que á Dios, se indignan ante esta 
honesta protesta de la juventud católica contra el con- 
cubinato civil. Lo cual no impedirá que cuando uno 
de esos libre-pensadores, cansado de la vida de crá- 
pula, se decida á tomar estado, busque entre todas 
las ciudadanas mas ó menos amigas de la libertad, 
una joven recatada y piadosa: que una cosa es predi- 
car, y casarse es otra. 

Úi^paña. — ^Dice la Revista Popular de Barcelona: 
"En todas las poblaciones de la mayor parte de las 
diócesis de España se están celebrando Misiones á 
cargo de celosos sacerdotes de la Compañía de Jesús, 
del Inmaculado Corazón de María, de S. Vicente de 
Paul y otras Congregaciones. La Diócesis da Mála- 
ga es sin duda la mas favorecida, y eu que mayores 
frutos dan, á juzgar por las interesantes relaciones 
que publica el Buletiii Eclesiástico de la misma, dos ó 
tres veces por semana, no habiendo pueblo do ella^ 
por escasa quo sea su importancia, que á estas horas 
no haya recibido el beneficio de una Misión: La mies 
es abundantísima; quizás los operarios faltan, pero 
así y todo, estos se multiplican por todas partes y es 
de esperar que alcanzarán la mas cabal cosecha para 
el cielo, de tantas almas que la Revolución y la dis- 
cordia había separado do las prácticas y creencias do 
nuestra santa fé." 

"Merece consignarse aquí el hecho de que en la Mi- 
sión de Camargo, en la provincia do Santander, los 
trabajadores de las minas dedicaron por algunas no- 
ches parte de sus horas mas preciosas de descanso á 
una Misión especial que á sus instancias les dieron los 
sacerdotes Misioneros sin perdonar fatiga, teniendo 
el consuelo do ver reunidos constantomoute en torno 
suyo setecientos trabajadores, animados todos del me- 
jor deseo de aprovecharse do sus santas instruccio- 



-27 



nes, y en cuyos corazones habrá sin duda echado pro- 
fundas raices y producirá frutos la palabra divina." 

iBígSaíea'ra. — Inglaterra no menos que Turquía 
se halla ahora ón una situación crítica. El Gobierno 
inglés habia enviado al Gabinete de S. Petersburgo 
una nota concerniente á la apertura de las negocia- 
ciones de paz con la Turquía. La contestación á es- 
ta nota, según todas las conjecturas, es que Turquía 
debe entenderse directamente con el General en Jefe 
del ejército Ruso por un armisticio. Lo que es, por 
decir así, una bofetada dada al Gobierno inglés: pero 
hay mas. Se dice que el Czar pedirá como prelimi- 
nar de armisticio la cesión de todos los fuertes sobre 
el Danubio;lo que obligará á Turquía á hacer la paz á 
cualquier costo. El Pall Malí Gazette dice á este pro- 
pósito: "Por supuesto, un nuevo ari-eglo de la Cues- 
tión de Oriente entre la Rusia y la Turquía no será 
apetecido por ningún Inglés él cual conozca las condi- 
ciones sobre las que estriba nuestro Imperio: ni es de 
imaginarse que Inglaterra pueda sin decir palabra, 
permitir de parte de la Rusia la adquisición de los 
puertos del Mar Negro, y la rectificación de las fron- 
teras asiáticas." Y sin embargo el Gabinete inglés 
se verá muy probablemente obligado á ello. 

Hemos leido el siguiente suelto en varios de nues- 
tros cambios del Este. La reina Victoria, se dice, no 
hizo atención al reciente matrimonio del Duque de 
Norfolk, porque la novia era una convertida á la Re- 
ligión católica. La Reina no muestra ninguna aver- 
sión háoia los católicos que son tales de nacimiento; 
pero aborrece los convertidos. Se cuenta, pero no 
garantizamos la exactitud del cuento, que habiéndose 
el primogénito de un Par católico casado con la hija 
de un antiguo Primer Ministro de Estado, la esposa 
después de varios años de matrimonio so decidió á 
abrazar la religión de su marido. No bien lo supo la 
Reina, cuando á la primera ocasión le dijo:"Mrs — ,es- 
pero que lo que he oído no sea verdadero; espero que 
Vd, no dejará la fé de sus padres." Esto bastó para 
que aquella señora no pensase mas en convertirse; y 
así quedóse Protestante hasta el dia de hoy. Cuan- 
do algunas de sus amigas católicas le manifestaban 
su admiración por un cambio tan inesperado, contes- 
taba: "¿Cómo podia yo pensar en hacerme Católica, 
puesto que Su Majestad me dijo de no dar tal paso?" 
Y sin embargo. El que es mas que la Reina de Ingla- 
terra, ha dicho: "De qué sirve al hombre ganar todo 
el mundo, si llega á perder su alma?" 

Alesíianiía. — El pobre Bismark está furioso por 
los milagros y el concurso de Marpingen. Hace al- 
gunos meses escribía aun oficial en Tréveris: "Es ab- 
solutamente necesario quitar la máscara á los charla- 
tanes de Marpingen." Se empleó toda la poderosa 
maquinaria de la policía prusiana para este fin: pero 
¿qué? los meses se pasan, los peregrinos acuden á mi- 
llares, (el 15 th Agosto Jiesia de la Asunción de Maña 
¡Santísima habia á lo menos 40,000 peregrinos en el bos- 
que de Marpingen) las curas maravillosas continúan, 
y ningún charlatanismo se ha descubierto. A despe- 
cho do Bismark y de sus polizontes. Dios quiero o- 
brar milagros, y estos enanos de la política é incredu- 
lidad moderna no podrán atajar el brazo del Todopo- 
deroso. 

Taíí'íitíía. — Todas las noticias que leemos acerca 
de la guerra turco-rusa confirman lo que el Propaga- 
teur Catholique decia la semana pasada en pocas pa- 
labras. "Nada hay mas triste como la situación de 
los Turcos en el Asia Menor, y en la Bulgaria. Ellos 
se ven abrumados por todas partes, y batidos en to- 
dos sentidos, al paso que los Rusos hacen entrar en 
la hd otros tantos hombres cuantos han perdido en 
lo pasado." 



Por lo demás hé aquí un resumen de los iiltimos 
despachos. La ciudad de Sofia fué abandonada por 
los Turcos; los Rusos se apoderaron de la plaza sin 
encontrar resistencia; las tropas rusas están pasando 
continuamente por Gallatz, lo qug quiere decir que so 
van activando las operaciones contra el Quadriíátero 
turco. El general ruso Radetsky que habia pasado los 
Balkanes á Shipka Pass, muy probablemente no iiá 
mas allá de Kezaulik. ün despacho oficial de Cons- 
tantinopla anuncia que después de dos días de obsti- 
nado combate. Hafiz Eacliá ha ocupado de nuevo 
Kurzchumli. Las pérdidas de los Servios han sido 
considerables. Eyoub Pacha, que mandaba las guar- 
dias cívicas en Novi Bazar, ha derrotado los Servios 
persiguiéndoles hasta la frontera, quemando seis de 
sus estaciones militares y destruyendo sus atrinchera- 
mientos. En fin un despacho de Bogat anuncia que 
los rusos han ocupado Staliza y Petrictive. 

Necrología. 

Hemos recibido el siguiente Comunicado, que re- 
producimos para atestiguar nuestro afecto hacia la 
difunta y su respetable familia. 

La Señora Doña Manuela Valdés de Manzanares, 
falleció en Abiquiú, Nuevo Méjico, á las 6 de la tarde 
del dia 24 de Diciembre, de 1877, á la edad de cin- 
cuenta y un años y nueve meses, después de haber 
estado postrada por dos años en cama, y sin que la 
ciencia médica ni la mas esmerada asistencia haya 
sido suficiente á devolver la salud ala que, por la vo- 
luntad do quien todo lo dispone, debia de dejar este 
mundo, para ir á la mansión de los justos, á disfrutar 
de la dicha celestial, dejando un hijo, dos hijas y de- 
más deudos agobiados por el dolor mas profundo. 
Fué una Señora muy apreciada por sus virtudes y be- 
llos sentimientos, que le captaron el cariño de su fa- 
milia, y el aprecio de todos los que tuvieron ocasión 
de tratarla. 

Sus funerales tuvieron lugar el 26, en el Rito, en el 
cementerio privado de Don Pedro Jaramillo. A ellos 
concurrió mucha gente, que pagaban un tributo me- 
recido á la que en su tránsito sobre la tierra mereció 
el aprecio de todos. Nosotros, por nuestra parte da- : 
mos nuestro mas sentido pésame á la respetable y 
distinguida familia Manzanares por un acontecimien- 
to que ha cubierto de luto su corazón. ¡Que Dios la 
tenga en su santo Reino! 

Se verificó también por este acontecimiento una 
junta en Abiquiú presidida per Don José Bibian Mon- 
toya y Dn. José Leandro secretario; cuyo texto no pu- 
diendo reproducir por entero, pondremos el resumen 
de las resoluciones que en ella se tomaron. Fué,' 
pues, determinado ofrecer algunas obras meritorias, 
para recompensar la caridad usada por la difunta du- ' 
rante su vida; tener presente la vida ejemplar de di- 
cha señora y proponerla como modelo digno de ser' 
imitado; y dar una pública manifestación de simpatía 
y duelo á todos sus deudos. 

Murió en la plaza de los Vigiles el Sr. D. Juan José 
Vigil, esposo de la Sra. MariaDamiana Tapia. Tenia ' 
64 años de edad, y murió el 4 del presente mes, Bi. 
I. P. 

La Hermana Tais, en el mundo Isabel Martínez— do 
Arroyo Seco, parroquia de Taos — entró en el Novicia- 
do en 1865, hizo sus votos finales en 1870, y murió en 
Las Cruces el 5 de Enero 1878, de etisía, á la edad 
de 34 años. 

También se nos ha anunciado la muerte de la her- , 
mana M. Fara, en Conejos. Pero no podemos dar 
ninguna circunstancia de su vida y muerte, por no co- 
nocerlas: solo nos dicénque murió do viruelas. 



-28- 



SECCION RELIGIOSA. 



^ » ♦ « » 



CALENDARIO RELIGIOSO. 
ENERO 20-26. 

2ü. Domiwjo IJ después de la Epifanío. — Fiesta del Santísimo Nom- 
bro de .Tcsiifi. San Sebastian y San Fabián, Mártires. 

ai. Xwn«s— Santa Inés, Virgen y Mártir. San Fructnoso, Obispo 
y Mártir. 

22. J/íir(r.s- - Los Santos Vicente y Anastasio, Mártires. San Gau- 
dencio, Obispo y Confesor. 

23. Miércoles— hos Desposorios de la B. V. M. con San José. San 
Kaimnndo de Pcñafort, Confesor. Santa Emerenciano, Vir- 
gen y Mártir. 

24. ./iícirs'— San Timoteo, discípulo de S. Pablo; y San Feliciano, 
Obispos y Mártires. 

25. Vicrves—ljíi Conversión del Apóstol San Pablo. San Proyec- 
to. Obispo y Mártir. 

20. S(5?>ff(2()— San Policarpio, Obispo y Mártir, discípnlo de S. Jnan 
Ap. Santa líatilda. Reina. 

SANTA INÉS, VIRGEN Y MÁRTIR. 

Inés, doncella Romana de solos trece años, adquirió, 
por su virginidad y martirio, admiración y renombre 
á travos de todos los siglos, y en toda la redondez de 
la tierra. Bella, candorosa, noble y rica fascinaba 
los caballeros romanos, que aspiraban á la dicha de 
recibirla por esposa; pero Inés, tierna aun é inocente, 
habia escogido do antemano á otro esposo, á Jesús, 
hijo de Madre virgen, y corona y gloria do las vírge- 
nes. Procopio, hijo de Sinfronio gobernador de Ro- 
ma fué el instrunicnto del triunfo de Inés. Acnábala 
ardientemente, y valiéndose de su poder y riquezas 
puso en juego mil artes diversas para subyugar'el co- 
razón de aquella púdica niña; y ella firme en sus cas- 
tos propósitos rechazábale cual encarnizado enemigo. 
Apártate de mi, díjole un dia, etrjmjon del jjeecuh, teiita- 
dor importuno, y mivintro del padre de las tinieblas. No 
fe ca7ifies cu aspirar á la mano de una doncella que ya 
está prometida d un Esposo inmortcd, único dueño del u- 
niverso, y que solo dispensa sus mas escogidos favores á 
las vírgenes puras ¡/ casfcts. Este lenguaje no desalentó 
al joven procaz. Procopio interpuso la autoridad de 
su padre Sinfronio, quien hizo lí la niña cristiana to- 
da suerte de halagos, caiicias y promesas esplendo- 
rosas, para doblarla á los deseos de su hijo, hasta 
que, viéndola permanecer inmóvil, trocó oJ cariño en 
despecho y furor, y ¿Qué r.s, exclamó, qué es en fin, nifta 
obstinada, lo que te hace rehusar las bodas de un hijo 
mió? ¿Tu virginidad? Pues yo te mandaré llevará 
donde, mal que te pese, tu virginidad ha de quedar vio- 
lada. Entonces vendrás tú misma a implorarlo qne 
ahora irhusas. Contestóle plácidamente Inés: En- 
tonces, como ahora, esla)á comningo mi Esposo Jesús. Y 
la casta virgen fué expuesta ¡í las fieras humanas. 
Pero, cayendo muerto á sus pies Procopio que iba á 
vengarse brutalmente de la repulsa padecida, Inés fué 
(.ondenada á morir. Temblaba el verdugo cuando, 
pálido el rostro, le pasó la espada por el pecho; é 
inés nnbia al instante á los cielos con la corona de 
virgen y la palma de mártir, hacia el fin del tercer si- 
<t1o. 



IIEVISTA CONTEMPOliANEA. 

La sogiimla j);ígiiia del Neni Mexican (\q\ 12 
(le lOnero os una de las mas iiitercsaiites que 
haya jamás publicado acjncl j)eriudico. (\in(¡ono 
lui cuadro croiiobttvji'o do la ilisloria do Nuevo 
Méjico desde la muy roinota foclia ^\(' 1320, épo- 



ca de la fundación de la ciudad de Méjico, hasta 
el presente año de 1878 exclusivamente. Es 
obra del Sr. AV. G. Ritch, actual Secretario del 
Territorio. Tiene el mérito de un trabajo de 
mucho estudio y paciencia; pero se resiente algo 
del espíritu de la edad moderna, y mucho de las 
ideas del laborioso compilador. El principal lu- 
gar está dedicado á las empresas de los trafican- 
tos y especuladores, y á las fundaciones protes- 
tantes; bien que estas no hayan producido nin- 
gún resultado memorable, y aquellas muestren 
solo el lado material del progreso del Territorio. 
De los trabajos civilizadores de los antiguos mi- 
sioneros Católicos, sobre todo de los herd'cos 
hijos de S. Francisco de Así?, apenas se descu- 
bre una huella remota y vaga en estos apuntes 
cronológicos del Sr. Ritch. Quizás seria preci- 
so buscar los documentos de esta parte de nues- 
tra historia, no on los Archivos del Gobierno, 
sino en otros, si es que existen; y esperamos 
que este será el trabajo del futuro historiador 
del Nuevo Méjico. 



El Daily Neiv Mexican ha desaparecido de la 
aiena periodística. El Cimarrón Netos le cant(5 
el gorigori, y el Las Vegas Gazeiie predice que 
el futuro Daily permanente nacerá en la futura 
capital. Nosotros lloramos la muerte, temporá- 
nea 6 eterna, del único diario cotidiano del Ter- 
ritorio, por haber acaecido en un tiempo cuando 
nos hubiera interesado su vida. ¡Morir en vís- 
peras de la sesión Legislativa! Cuando en otros 
partes crecen y multiplícanse los medios de co- 
municación, ¡en el Nuevo Méjico mueren los que 
existieran! 

Quis desiderio sit modus aut pudor 
Tam cari capitis? Prucipe lúgubres 
Cantus, Melpomene, etc., etc. 



Otra palabra mas sobre aquellas escuelas don- 
de se recluta "e? grande ejercito délos haraganes 
y criminales." El que habla no será un jjapisfa, 
no será un jesuíta, sino que, siguiendo nuestra 
táctica, será un protoslante. Las confesiones 
de nuestros enemigos deberiau hacernos mas 
cantos. lié aquí, pues, lo que piensa un colabo- 
rador dol Neiü England Journal of Edncation 
sobre las presentes escuelas públicas de Massa- 
chusetls, modelo y espojo de todas las demás: 
"Yo pienso que es perfectamente posible deplo- 
rar la existencia de un sistema de escuelas que 
está falto de todo poder y fuerza de propagar la 
verdadera moralidad y virtud on medio del 
l)ueblo, por(iue está absolutamente separado de 
a(|uella úuiía fuente de moralidad y virtud, la 
Koligiou Revolada."' — La Asamblea Legislativa 
do Nuevo Méjico tiene en su poder el dar un 
noble ojemiilo á toilos los ilustrados Protestan- 



-29- 



tes que no han abdicado todavía el sentimiento 
de la divinidad del cristianismo, y piden por lo 
tanto que la juventud cristiana sea educada en 
escuelas cristianas. El ejemplo será el rechazar 
todo proyecto de ley que tienda á separar la re- 
ligión de la escuela. Sean las escuelas públicas 
del carácter de la religión de las familias. Dense 
•escuelas católicas á los Católicos, y donde haya 
un número considerable de acatólicos, dénseles 
sus escuelas si las quieren; y divídanse entre 
todos, en proporción del número de alumnos, los 
fondos de escuelas. Nadie podrá quejarse en- 
tonces sino los ateos, y de estos no puede ni 
debe hacerse' cargo el Estado, porque no es atea 
la Constitución de los Estados Unidos. 



' ¡Bomba! ¡Oráculos sibilinos de la Chiquirritína 
guapa\ ¡Oid, oid, mortales! ¡Ya el numen la in- 
vade! ¡Oh cuál anhela su fatídico pecho! ¡Cen- 
tellean los ojos! ¡se herizan los cabellos! ¡vibra 
el labio inspirado! ¡habla! "Gam. . . . GtAM. . . . 

GrAMBETTA GANA Y EL MUNDO AVANZA." 

¡¡iBuuuum!!!^Sobre todo avanza la iglesia pres- 
biteriana de Las Vegas! Desde el triunfo (?) de 
Gambetta, no cabe mas la gente en el presbiterio 
de esta plaza; y por eso se queda toda afuera! 



"'=' Escriben del Colorado Chiquito, Dic. 29, 
1877: '-En este momento estamos despachando 
al alguacil á embargar á unos Hormones á los 
que demandamos dias pasados por habernos 
quemado unos 25 toneles de zacate, que tenia- 
mos cortado. Los demandamos y fueron senten- 
ciados á pagarnos $300,00 por perjuicios. ''■ — 
Esos son lo's hombres industriosos, pacíficos, la- 
boriosos que han de trocar los áridos llanos de 
Nuevo Méjico en un Edén de deleites. Pues, no 
empiezan mal! Quemar las malezas de los cam- 
pos es una operación agrícola bastante común en 
otros países; pero ¡quemar el zacate del vecino! 



En la lista de los trescientos cincuenta y mas 
respetables ladrones de los E. U., dada por el Sun 
el dia primero del año, no encontramos, gracias 
al Señor, ni un solo eclesiástico católico. Pero, 
juntamente con los Jueces, Procuradores Gene- 
rales, Abogados de nombradía. Tesoreros de 
Estados y Condados, Corregidores (MayorsJ, 
Dirctores, de Correos, Colectores de impuestos. 
Presidentes de Bancos, etc., etc., encontramos 
á un tal Eev. Copeland, Ministro Metodista de 
Des Moines, lowa; á un tesorero (nombre supri- 
mido) de la Iglesia Episcopal Reformada de Chi- 
cago, 111.; á un Hev. Joseph D. Reebaugh, Mi- 
nistro de la Conferencia Metodista de Glasgow, 
Mo.; 3^ á un Edward A. Lambert, cx-Mayor de 
la ciudad de Brooklyn, N. Y., Tesorero del 



Presbiterio de Brooklyn, "and a leading member 
of the Lafayette Avemie Presbyterian Chircli^ 
¡Honor al mérito! 



La Cámara de Diputados del reino de Italia 
ha abolido le pena de muerte. Es esta la aspi- 
ración de todos los facinerosos, y de aquellas 
almas exaltadas que, sin ser propensas al cri- 
men, dejan guiarse por la fantasía y por una es- 
pecie de sensibilidad irracional, mas bien que 
por el juicio recto y la compasión razonable. A 
lá pena de muerte del código antiguo sucederá 
la pena de muerte del código Lynch, y será a- 
plícada mas frecuentemente y mas bárbaramen- 
te. No hay tribunal mas severo, ni verdugo mas 
inhumano que la ira popular. 



El Rey de Italia Víctor Manuel II no existe 
mas. Un violento ataque de calentura que pro- 
dujo una pleuritis en el lóbulo derecho de los 
pulmones le arrancó de este mundo en cuatro 
dias. Dicen que antes de expirar se reconcilió 
con la Iglesia retractando lo mal hecho y reci- 
biendo los santos sacramentos. En medio de 
los escándales dados al mundo católico, y á los 
hombres honrados y rectos de toda confesión re- 
ligiosa, Víctor Manuel no llegó nunca á sofocar 
en su corazón los gérmenes de aquella fé que 
heredara con la sangre y bebiera con la leche. 
Su delito fué la falta de carácter. Arrebatado 
por el' ciego torbellino de la Revolución prestó 
su nombre y su brazo á la perpetración de ra- 
piñas y sacrilegios sin ejemplo, y pasará á la 
historia como el juguete deias pasiones popula- 
res. La idea de la ocupación de Roma, crimen 
internacional el mas impudente de que sea reo 
el siglo XIX, debió horrorizar siempre al débil 
Monarca. Raras veces, y solo en los casos in- 
dispensables pliso el pié en la ciudad eterna, en 
Roma, en la mansión del Vicario de Cristo. A 
haber sabido dominar la Revolución, ó sacrifi- 
car su corona á la voz de su conciencia, no le 
hubiera rodeado una fementida aura popular, 
obra de la bajeza y de la astucia; pero hubiera 
bajado á la tumba exento de infamia. Víctor 
Manuel no existe mas; ¡háyale valido la infinita 
misericordia divina! Pió IX vive, y ve caer en 
la nada á tantos de sus enemigos; ¡afiáncenos la 
infinita justicia divina! 



-<■ < ^ » < 



El Mensaje del Gobernador. 



El dia 7 de este mes de Enero, como ya sabe- 
mos, se dio comienzo en Santa Fé á la vigésima- 
tercera Sesión parlamentar de nuestro Territo- 
rio; y Su Excelencia el Sr. Gobernador Don Sa- 
muel B. Axtell pronunció, delantede la honora- 
ble Asamblea Legislativa, la alocución de eos- 



-30- 



tumbre, 6 Mensaje, como llaman con bastante 
propiedad de lenguje político esos discursos in- 
augurales de los jetes del poder. Y siendo el 
Mensaje, según definición etimológica, un recado 
de palabra, un aviso, comunicación 6 noticia que 
una persona envía ú oíra ú otras, veamos qué 
noticias envía el Excelentísimo Sr. Gobernador 
Don Samuel B. Axtell á los ciudadanos de Nue- 
vo Méjico; pues la palabra dirigida por él á los 
Legisladores pasa, como por carambola, á todos 
los habitantes. 

Pue.", la primera noticia que nos envia el Sr. 
Gobtírnador es que "la condición general del 
Territorio es ahora en gran manera mas próspe- 
ra y mas risuciía de lo que haya sido jamás por 
lo pasado." Y esta os noticia, querido lector, 
en la- mas rigurosa acepción de la palabra. Por- 
que, noticia es el anuncio do un hecho que antes 
se ignoraba, y creemos que vos, lo propio que 
nosotros, ignoriíbais por completo que el Nuevo 
Méjico fuera ahora mas próspero que nunca. 
¿Quién sabia tal cosa? Conocíase que tiene el 
Territorio algunas mejoras, como el Telégrafo y 
el aumento de las comunicaciones de correo, pero 
que su "condición general" fuera "mas próspera 
y mas risueña que nunca." .... La miseria pú- 
blica siempre mas espantosa; el dinero siempre 
mas escaso; el comercio siempre mas lánguido; 
el ganado medio destruido por las tormentas del 
invierno anterior; los campos azotados aquí por 
el chapulín, allí por la sequía, allá por las hela- 
das; la población diezmada por una horrible epi- 
demia, cualesquiera que fueran las causas; los 
Condados del Sur infestados por gavillas de in- 
fames ladrones, son todos hechos que forman un 
Mensaje muy diferente del que nos enviara Su 
Señoría Excelentísima. 

Segunda Noticia: Se desprende del párrafo The 
Puhlic Health (pág. 3.) que La pobreza es madre 
del crimen. Eso sirve de contestación al otro 
Mensaje, bajado del cielo mismo para consuelo 
de los afligidos mortales: Bienaventurados ¡os 2^0- 
hres. Boy deberemos decir: ¡Malhadadas los 
pobres! Los antiguos paganos cantnban en sus 
idilios: 

La pobreza, o Diofaute, da á las artes 
Aliento y vida, y ella es del trabajo 
Única proceptora; 

los modernos paganos claman en vez: la pobreza 
es madre del crimen. Ya se ve; los sedientos usu- 
reros, los mañosos especuladores, los regalados 
sibaritas, los derrochadores afeminados, son to- 
dos ricos honrado? é inocentes! Los trescientos 
cincuenta respetables ladrones, que en cuatro años 
robaron en los E. U. treinta millones de pesos, 
eran todos pobres, á pesar de pertenecer á las 
clases mas opulentas de la sociedad! y los pobres 
de Nuevo Méjico son todos un hato de pillos! 

Tercera Noticia: "La fuerza desplegada por 
la viruela en medio de nosotros es no solamente 



indicio, sino prueba de la mas torpe ignorancia 
y estupidez." — Yed aquí, Neo-Mejicanos, todo 
el alivio, que procura á vuestros males vuestro 
ilustrado y sesudo Gobernador, todo el bálsamo 
que derrama sobre vuestras llagas. ¿Os vendi- 
mia la epidemia? Pues es porque sois unos igno- 
rantes y estúpidos de la mas grosera calaña (of 
the grossest kindj. — Si el descuido de muchos, no 
la "ignorancia y estupidez," ha tenido parte en 
los estragos causados per la viruela, es absurdo 
no reconocer otras causas mas poderosas aun. 
Lo encerrado y angosto de las habitaciones y la 
imposibilidad de ventilarlas y ensancharlas, la 
falta de camas y ropa, de médicos y medicinas, 
y de recursos para proveerse de las segundas y 
pedir los auxilios de los primeros, han represen- 
tado un lastimero papel en las escenas de que 
hemos sido tristes espectadores; y sobre todo ha 
influido en aumentar el número de las desdicha- 
das víctimas una causa que parece desvirtuar la 
misma vacuna, y sobre la cual pudiera el Gober- 
nador consultar á algún hábil y experto faculta- 
tivo, antes de achacarlo todo á "estupidez 6 ig- 
norancia." Dondequiera que ha3'an podido a- 
provecharsc de la vacuna, lo han hecho los Me- 
jicanos, y sabemos que en un pueblo de este 
Condado una señora se ofreció á inocular ella 
misma á cuantos niños le presentaran. Eso es 
mas que cuanto hiciera el ilustrado y sesudo Go- 
bernador. 

Cüürtüí Noticia: "Ha pasado una generación 
de hombres y otra la ha sucedido, desde que es- 
te Territorio pertenece á los Estados Unidos, y 
sin embargo confiesan todos que nos hace falta 
en el dia un buen sistema de Escuelas públi- 
cas." — ¡Gran cosa! ¿Y qué extraño es? La ma- 
ravilla seria si 720 nos hiciese falla. Los Estados 
Unidos, con raras excepciones, no tienen ellos 
mismos ningún buen sistema de escuelas comu- 
nales, ¿y habíamos de tenerlo nosotros por la 
sola razón de haber i)ertenecido treinta años á 
la Union? El New York Times, testimonio que 
no puede ser rechazado por el Gobernador, ni 
suspecto de anti-americanismo, ha dicho que "la 
gente se pregunta á sí misma si la educado- 1 laica 
posee al cabo tanta fuerza de contrarrestar el 
crimen como pretenden sus partidarios;" y que 
"hay una clase siempre mas numerosa de hom- 
bres juiciosos, los que opinan que nuestro siste- 
ma de escuelas públicas educa el entendimiento 
sin cuidarse mucho de educar el corazón;" 
y que "de esa manera miles de niños y 
niñas salen cada año de esas instituciones sin ha- 
ber recibido ninguna instrucción moral ni reli- 
giosa." El Ministro Episcopal W. H. Platt ha 
dicho que en nuestro sistema de enseña uza "he- 
mos adorado á un ídolo en vez de un dios." El 
Philadelphia Times ha dicho que "algo debe ha- 
ber muy vicioso en un sistema (de escuelas) 
donde se recluta el grande ejército de los hará- 



■'h 



-31- 



ganes y criminales." Cuando pues los Estados 
Unidos hubiesen regalado a cada uno de nues- 
tros Precintos su tan acariciado sistema de es- 
cuelas, todavía careceríamos hoy de un buen 
método de enseñanza, |)or(|ue tendríamos uno a- 
bominable y condenado ya por los hombres mas 
sensatos y cuerdos del país. 

Pero esas escuelas, donde "sereduta el grande 
ejército de los haraganes y criminales'^ son cabal- 
mente aquellas que tienen enamorado hasta la 
locura al buen Sr. Gobernador. Teme, sin em- 
bargo, no se lleve calabazas mientras cuente con 
lasóla Legislatura Territorial, porque ve que 
fácilmente habrá siempre '^n ella una mayoría de 
hombres honrados, y profundamente convenci- 
dos de que las escuelas sin religión son la rebe- 
lión de la sociedad contra Dios, son el cuchillo 
que la sociedad misma clávase en sus propias en- 
trañas. Para salir con la suya, el Sr. Goberna- 
dor, agudo como un alHlcr, acude al princii)io de 
que "siendo imperfecto nuestro sistema local de 
enseñanza, es derecho, antes bien es deber del 
Congreso Nacional el perfeccionarlo;" y por lo 
tanto aconseja S. E. á los Legisladores el que 
envien un Memorial á Washington, pidiendo al 
Congrcáo que se digne establecer él mismo un 
buen sistema de escuelas para esa criatura suya, 
que se llama Nuevo Méjico. — Esta es una afren- 
ta hecha á la Asamblea. ¡Serán una mano de 
tarambanas nuestros legisladores que no sepan 
hacer sus propia>í lc3'es! O son incapaces de le- 
gislar, ¿y porqué les ha dicho S. E. que el pue- 
blo "tiene fé ilimitada en su fidelidad y capaci- 
dad?" 6 bien son capaces, ¿3^ porqué no podrán 
perfeccionar ellos mismos lo que es imperfecto? 
¿qué necesidad tienen de acudir á Washington? 
Do Indios nos trata Don Samuel cuando quiere 
que vayamos llorando á casa nuestro papá (to our 
father's house), y le digamos que "perecemos," 
que por Dios nos dé un pedazo de pan, "ó nos 
morimos." Que elpuchlo critique y censure á ve- 
ces las le3^es, lo entendemos; pero que el Jefe 'po- 
lítico del Territorio hable ásu suprema asamblea 
legisladora como á una reunión de Indio,? es un 
agravio del que puede justamente resentirse a- 
quel honorable Cuerpo. 

Dejamos por brevedad muchas otras noticias 
de singular interés, y vamos á esa (pie será la 
úWimo,- Noticia: "La pensión de ^1,200 alano, 
que se liabia dado á las Hermanas de Caridad 
por el espacio de diez años, ha sido mu3' conve- 
nientemente suspendida. No es justo dar el di- 
nero público á individuos privados." — ¿No es 
justo? Luego, fueron injustos, fueron picaros y 
ladrones aquellos que dieron los $1,200 por el 
espacio de diez años. Luego, son injustos, picaros 
3^ ladrones aq^iellos que durante los dos últimos 
años dieron á las mismas Hermanas $346.06 
del dinero público; pues tan injusto será defrau- 
dar al público de mil pesos, como de dos centa- 



vos. Luego, es injusticia y latrocinio af)ropiar 
una parte de los fondos nacionales á una corpo- 
ración cualquiera; 3' sin embargo la Constitución 
de los Estades Unidos (Art. 1. Scct. 9.) autori- 
za las leyes de Apropiación. Luego, son desco- 
nocidos los principios de lo justo 3^ de lo recto 
por casi todos los Estados de la Union ameiica- 
na, que auxilian con el dinero público (antas 
Instituciones de ben.eticencia, parecidas en iodo 
ó idénticas á esa de las Hermanas de la Caridad 
de Santa Fé. Desconoce la justicia el Massa- 
chusetts, doscono'cela New York, Pennsylvania, 
New Jerse3'', desconócela el Maiylaud, cuya ciu- 
dad de Baltimora dos años estuvo implorando 
las Hermanas de la Caridad [)or que extendie- 
sen su amorosa solicitud sobre uno de los hospi- 
tales, obligándose la ciudad, no á pagar lo 
que nada puede pagar, la caridad de esos ánge- 
les consoladores, sino á manteneilns con dinero 
público. ¡Ah! seria preciso (pie todos esos Es- 
tados enviaran á Santa F6 á todos los nobles jó- 
venes que aspiran al gobierno de su país. Allí 
aprenderían de ese nuevo Licurgo, en cuyas ma- 
nos están nuestros destinos, que es injusticia y 
deshonradez aplicar una parte del tesoro públi- 
co al alivio de lascalam.idades públicas; es injus- 
ticia 3^ deshonradez concurrir con el dinero pú- 
blico á enjugar los raudales de llanto de cien 
huérfanas desemparadas; es injusticia 3^ deshon- 
radcz destinar unas [)Ocas centenas de la i'enta 
pública á secar 6 mermar á lo menos las fuentes 
de la vergüenza pública. 

Samuel B. Axtell habla Dor espíritu anti-caio- 
lico. Un enemigo mas fanático de nuestra fó no 
nodia hallarlo entre mil Uüses drant. 



La Familia y la Etlncaci(n5. 



Hemos visto que es deber 3^ derecho na- 
tural, propio y exclusivo de la familia la edu- 
cación de sus hijos: pero como hasta ahora he- 
mos considerado la familia en sí, sin ninguna re- 
lación á la sociedad, se nos pregunta una cues- 
tión que de una vez vamos á resolver: 3^ es si 
desde que la familia entra á hacer parte de la 
sociedad civil, queda aun con su mismo deber y 
derecho, 6 si entrando á hacer |)arte del Estado, 
la atribución de educar á los hijos se debe tras- 
ferir de la sociedad doméstica á la civil. 

Nos explicaremos mejor. Todos convenimos 
en que según la razón 3' la historia la familia ha 
debido en el origen precxistir, v en realidad ha 
preexistido al Estado: y por lo tanto el poder 
entonces de educar á los hijos corrcsi)ond¡a á la 
autoridad doméstica, 3^ nadie se lo podia desco- 
nocer 6 reclamar. Pero cuando con el aun;-?))- 
to progresivo del género humano, la familia ccscí 
de ser la única sociedad, 3" de las familias se 
principiaron á formar sucesivamente las pobla- 



-32 



ciuiies, las ciudades, h\ti provincias y las nacio- 
nes, evidentemente en hi formación de la socie- 
dad civil, muchas atribuciones d(!-la a.i4t>ridad 
doméstica ó de la familia, })asaron entonces á la 
autoridad social ó del Estado. Ahora el poder 
de educar á los hijos ¿es de las ali-ibucioncs ([ue 
fueron trasferidas al Ksíado, ú de las que nías 
bien (juedaron como cosa propia de las familias? 
Ksla es la dificultad, á la cual responderemos 
resolviendo dos cuestiones, ía una de hecho 6i 
1(1 familia fm deí^pojada de este poder en favor del 
J'jkado, y la otra do derecho si j^odia serlo. 

Por lo que toca á la primera cuestión de hecho 
es cosa históricam.ente cierta que por punto ge- 
neral jamás la autoridad paterna fué despojada 
de su atribución de la educación délos hijos, sino 
es en estos últimos tiempos. En todas las nacio- 
nes de la antigüedad, excepto unas pocas en don 
de habian prevalecido ciertas ideas socialistas, 
como Esparta, cuyas leyes parecían querer ansor- 
bei'lo todo, hasta la educación, en favor del Es- 
tado; en todas las demás, sea antes de Jesucris- 
to, sea muclio mas después de propagado el Oa- 
toiicismo, la educación fué considerada y respe- 
tada siempre como una atribución doméstica y 
cosa j)ropia de la nimilia. Así quedó siempre y 
dondefjuiera, hasta la desgraciada revolución 
francesa de 1781), la (¡ue proclamó tantos prin- 
cipios no menos nuevos (pie falsos, y pretendió 
sustraer la educación del dominio de la familia 
para sujetarla al manejo del Estado. Hasta en- 
tonces el Estado se hal)ia contentado con fomen- 
tar, favorecer y auxiliar la educación, pero sin 
atribuírsela como cosa suya i)ropia, sino deján- 
dola á (piien de derecho. Pero muy contento 
estuvo con esta nueva conquista, diremos mejor, 
con pretenderla; y así desde entonces hizo todos 
los esfuerzos para apropiársela y no soltarla des- 
pués de apropiada. 

J^ei-o pretendió aj)ropiársela y apropiada la 
tiene injustamente; y esto importa la otra cues- 
tión de derecho, en cuanto la autoridad ¡laterna 
no podia legítimamente ser despojada de esta 
alril)Ucion. (Considérese con poco lo (pie es fa- 
milia y Estado, y nos persuadiremos de la ver- 
dad de lo que decimos. 

!lé a()uí tres pruebas. 

l'iii primer lugar la familia motiva, entre los 
miembros (pie naturalmente la componen, como 
marido y mujer, padre madreé hijos, relaciones 
(le his cuales resultan deberes y derechos igual- 
mente naturales. vMiora la familia es elemento 
del Estado, y así como preexisteá su formación, 
así también sobrevive á su destrucción. La 
constitución natural, pues, de la familia es inde- 
jieudiente did Estado, y sus deberes y de- 
rechos naturales igualmente independientes y co- 
h)(;ados fuera de la esfera fwlítica de él. Ade- 
más estos deberes y derechos de la familia son 
naturales, por lo tanto anteriores á las l(\ves ci- 



viles. Las lej^es civiles así como no los crean, 
así tampoco los pueden destruir, ni reformar ó 
modiücar. En lin la sociedad civil ó el Estado 
debe reconocerlos y tutelarlos mas bien, para 
(]uc en la convivencia de muchos, reunidos en 
sociedad, se facilite á todos el cumplimiento de 
sus deberes, y á iiadie se imfüda (I ejercicio 
de ¿!us derechos. Por esto la tendencia •'de la 
política moderna de atribuirse tantas cosas en 
disfavor de las familias }' ventaja del Kstado, es 
política injusta, irracional, tirana y v.un peligro- 
sa, poríjue destruyendo la familia, abale sus pro- 
pios cimientos; y por remate de todo es tanto 
mas mentirosa cuanto mas altamente se procla- 
ma y profesa ser liberal, mientras en realidad 
(piierc subyugar todas las cosas al Estado, hasta 
la constitución natural de la familia, y sus pro- 
¡«ios deberes y derechos. 

En segundo lugar, es verdad que entrando las 
familias á hacer parte de la sociedad civil^ pier- 
den algunas de sus atribuciones, las cuales son 
trasferidas de la familia al Estado. Pero estas 
atriluiciones son solamente aquellas, cuyo ejer- 
cicio, si (iiicdara á merced de todos, sin que unos 
dependieran de Otros, seria incomj)atible con el 
estado social. Estas solas atribucMoiies y. no 
otras fueron, pues, por el bien y la paz univer- 
sal, fpic viene á ser beneticio de todos y de cada 
uno. trasferidas a una aufóridad común y social. 
Tal es, i)or ejemplo, la administración de la jus- 
ticia. Todos tendrian, derecho á ella, pero no 
pudieran todos los que viven en sociedad hacer- 
se justicia por sí mismos," "sin perturl)ar la paz 
pública y provocar nuevos desórdenes; por lo 
tanto la admiiiistracion de la justicia fué trasmi- 
tida á una autoridad común, que la haga á todos 
y al mismo tiempo evite los males que ocasiona- 
lia el uso de la justicia privada. Ahora ¿dirc- 
iiios que el dci-echo de educar á sus propios hi- 
jos es por ventura incompatible con el estado so- 
cial? ¿(^10 no p'úede una familia ejercer tal de- 
recho, sin impedir" á otras que ejerzan igualmen- 
te el suyo? No, mil veces no; y por consiguien- 
te quedará la educación siempre una atribución 
|)rivada y doméstica, que el Estado no se puede 
atiibiiir aun cuando las familias estén reunidas 
cu sociedad. 

1mi fin las atribuciones del Estado no versan 
))!opiamente sobre las relaciones interiores de la 
iamilia, sino sobre las relaciones (pie existen en- 
tre las diferentes familias. En consecuencia de 
este princijiio, el Estado tiene la misión, la au- 
toridad y hasta la obligación de gobernar los 
pueblos, inantencr el orden público, de adminis- 
trar la justicia, de cuidar de la policía, paz y 
traiKjuiüdad de la sociedad; pero no tiene de 
suyo atribución, ni po^rmiso tamj)oeo, para entrar 
en las familias y disponer por (\j. de los hijos, 
aun([uesea j^ara su educación. Son los hijos pro- 
pi('(l:id de la familia, bajo el dominio de la fami- 



-33- 



]¡a, hasta cierta edad, y d(; los cuales por tanto la 
familia sola puede disponer. Cuando los hijos 
salen del dominio de la íiunilia, y entran en el 
del Estado, entonces el E^lado podr<í ocuparse 
de ellos y en lo que les conviene, pero siempre 
entre los límites de sus atribuciones. 

De lo que hemos discurrido se saca que la fa- 
milia por mas que hnga |)arte de la sociedad, no 
pierde el poder de educar a sus hijos; y que des- 
pojarla de este, seria una abierta é intolerable 
violación de la ley natural. Cuando hablemos 
de la parte que tiene el Estado en materia de 
educación, volveremos sóbrelo mismo, y exami- 
naremos algunos pretextos que el Estado alega 
para atribuirse la educación de los niños. 



Religión y Patria. 



Recibimos del Paraje el siguiente documento 
que insertamos gustosos en nuestras columnas 
para que sirva de ejemplo y estímulo ú todos los 
Condados y Precintos del Territorio. ¡Obrar, 
Mejicanos, obrar! No sea culpa de vuestro des- 
cuido é indolencia, si la Legislatura presente no 
abroga y rescinde las leyes anti-religiosas de la 
pasada. No sea culpa de vuestro descuido é in- 
dolencia, si os impone otras mas inicuas aun y 
mas odiosas. Abolición de las lej^es de matri- 
monio- y entierro; y l<]scuelas Públicas de base 
religiosa: he aquí lo ({uc habéis de pedir termi- 
nantemente. 

Paraje, N. M., Enero 4, 1878. 
Editores de la Revista Católica: ■ 

Caballeros: inclusos hallarán los procedimien- 
tos de una Junta que tuvimos aquí el dia 2 del 
corriente, los cuales esperamos publicaran en su 
digno periódico. Sin mas quedamos deVV. con 
alto respeto sus átenlos servidores. 

josk g-allkgos, 
Adriax González. 

Junta Pública. 

Nosotros los habitantes del pueblo del Paraje, 
precinto No. 9, Condado del Socorro y Territo- 
rio de Nuevo Méjico; reunidos en una junta pú- 
blica tenida el dia 2 de Enero 1878, después de 
organizada dicha Junta, y debatidos todos los 
puntos propuestos, hemos convenido en que es- 
tando ya cerca el tiempo de la pruxima reunión 
Legislativa de este Territorio, y habiéndonos 
visto injuriados y atacados por las leyes pasa- 
das á fines de 75 y á principios de 7G; invite- 
mos á todos los ciuiJadanos honrados y respeta- 
bles, á que ])rocnren de hacer juntas, 3'a en s\!s 
Condados, ya en sus precintos, para que se en- 
tiendan y pasen resoluciones, protestando en con- 
tra de esas leyes inicuas y tiranas, y recomen- 
dando aquellas que el mismo pueblo crea justas, 
conrenieutes .y necesarias para su uso y go- 
bierno; pues él es quien tiene derecho de dictar- 



las, ni deben hacerse al antojo de unos cuantos 
aventureros que vienen aquí ú especular con nos- 
otros, llenan sus bolsillos, y después vuelven 
a 

Por lo tanto su¡)Iicamos á todos que no olvi- 
den de protestar en contra de dichas leyes por 
razón de que las que no son dictadas por espíri- 
tu de parcialidad, miran á casos particulares, y 
las que no son particulares son inútiles, y oti-as 
perjudiciales, perniciosas y dañosas; y princijíal- 
mente Ias que conciernen ú matrimonios y á en- 
tierros, siendo estas últimas la causa de que hoy 
se ven las lomas en frente de muchas plácitos 
llenas de restos mortales, por causa de las vi- 
ruelas, las tiel)rcs y los legisladores, (¡uc parece 
que de intento hicieron venir aquellas epidcuiias, 
una después de otra. 

Nosotros los habitantes del Prec. y Condado 
antedichos nos consideramos iguales en dei'c- 
chos a' todos los ciudadanos de los E. U., y pro- 
tegidos [)or la misma Constitución, por la cual 
se nos deja entera libertad de practicar nuestra 
religión según los dictados de nuesti'a concien- 
cia, y nadie puede en esto molestarnos ni impe- 
dirnos, no molestando nosotros ni impidiendo á 
nadie. Consiguientcnícrite tenemos rcFuelíoqao 
viéndonos atacados en nuestros principios reli- 
giosos por las le3'es pasadas en la última sesión 
legislativa, declaramos desde ahora y ¡¡ara siem- 
j)re (pie consideramos dichas le,yes contrarias u 
la Constitución de los í*]stados Unidos, injustas, 
inicuas y violadoras de los mas sagrados de- 
rechos de nuestra religión, y del sagrado respe- 
to que debemos á nuestros deudos, parientes y 
amigos. 

Protestando, pues, contra dichas leyes, íarn- 
l)ien invitamos á todos los ciudadanos de este 
Territorio á que hagan sus juntas, [jasen sus re- 
soluciones y reconiienden en ellas á la próxima 
venidera legislatura las leyes (pie les ¡)arezcan 
justas, propias y necesarias, para que los legis- 
ladores sepan cuál es el gusto del pueblo, que es 
quien los constituye y autoriza á hacer leyes. 

Se ha resuelto adema's que todos y cada una 
de nosotros desde ahora y en adelante nos cons- 
tituimos en un cuerp,o para defender eso eagia- 
do derecho y siempre estaremos ¡troníos pera, 
¡protestar conti'a todos a(]ne:los que (juieran ó 
intenten atacar en ¡)oco u en mucho nucsíios 
pr¡nci|)ios religiosos. 

También se ha resuelto que ¡^ara que se vea 
que estas no son simples ¡:>alabras, sino (¡ue es 
nuestra decidida i-csolucion obrar en conformidad 
con nuestras íntimas convicciones, se publique 
aquí que lodos los (¡ue han muerto en este ¡uccÍe;- 
to han sido enterrados en el Can)¡¡osanío de Cíie 
lugar; y cniiéndasc bien (¡ue el mismo [Uielilo ha 
declarado (¡ue no ¡xM'unliria que dichos cnerpcs 
fuesen tirados á los cani¡¡os desiertos siendo (¡ne 
tenian un Cementeiio sin otro íiu {\vs- para de- 
¡)Ositar allí los restos mortales de sus amatU-ií 



u- 



liarioiiles. Así es (juc el (}ue lo ha hecho es a- 
(jin'l mismo pueblo que no conoce nada ile lo (]ue 
¡uieile serle venlajoso. 

Desunes que los procedimientos fueron leídos 
tres veces y nnánimemcnte adoptados en medio 
de la ale<j;ría y satisfacción universal, todos los 
miembros de la Junta, exclamaron otras tres 
veces: ¡Viva la Constitución de los Estados Uni- 
dos! 

JosK L. Gallegos, 

Presidente. 
Adktan González, 
Secretario. 



EL AI!IU)L DE LA LLrVL\. 

lilamó la atención de los hombres de ciencia 
nn árbol raro (]ue crece en los bosques de ííIo-' 
yobamda, Perú. Llámanlo los naturales del 
país Tomai-Caspi (árbol de la lluvia); su altura 
níáxima es de (50 pies; su diámetro varía de 39 
á 40 |)idgadas. Este árbol absorbe y condensa 
la humedad de la atmo'sfera con una fuQrza ex- 
traordinaria; su tronco suda siempre y sus ra- 
mos emiten tan abundante lluvia que el terreno 
alrededor es á menudo un pantano. El agua que 
mana de él es mas copiosa cuando, durante el ve- 
rano, están secos los ríos y es muy escasa el agua 
de las fuentes. Se propone su cultivo pai'a las 
tierras áridas del Perú. 

I'AI'EIi l.NCOiMUrSTiüLE. 

Dos sabios de Salamanca han inventado una 
especie de i)apel de escribí i- (|ue i'csiste al mas 
intenso calor, lina oja suelta se |)uede carbo- 
nizar, mas no quemarse () ardei'; y si se echa en 
el fuego n\as abrasador un rollo de este papel, 
se carhonizar.í lo exterior, pero lo de dentro 
permanecerá inlacto, y lo escrito ó impreso se 
|)odrá leer perfectamente. Eos papeles ya es- 
critos ó impresos pueden recil)ir. sin (jue sufran 
alteración ninguna, la prejjaracíon (¡uímica (|ue 
los lia(;e incombustibles. ¡Aniaio, pues, todos 
los <p)c deseáis preservar de la nnuio de.^truí.'- 
tora del íu(\go los preciosos partos de vue.-^íro 
entendinúento! 

LA i;ii;i,l(flE<'A .NACIOXAL l»E l'.^üís. 

Si' desprende de recientes documentos (|ue la 
IJildiolcea nacional de l'arís contiene S('),774 
volúmenes sot)re Teología Católica; ■li,()'.)2 sol)re 
Lenguas; 281), (¡02 sobre Ley; (;8,;>88 sobre Me- 
dí. -iiia; ílLS:)!) sobre Historia de Francia; y 
ir);),(;72 yt)lúmenes de poesía. El Catálogo. de 
(jiencias naturales no está completado. Durante 
(d aúo de ISTl) la Dihlioteca recibió lo.oOO 
nuevos libros franceses, y compró 1,505 obras 
extranjeras. 



INDISCRECIONES Y DESCUIDOS EN EL COlülEO. 

I*]l Director General del correo de Londres 
acus;iba en su informe anual unas indiscreciones 
y descuidos singulares. Debajo de las bandas 
de los diarios se han enviado por el correo ci- 
garros, tabaco, cuellos de camina, llores, guan- 
tes, lafuielos, medias, medicinas, sanguijuelas, 
lagartijas, culebras. Uno de estos r([itíles esca- 
pó de una banda, y fué regalado por el Director 
al riardin zoológico de Dublin. Dos lagartos y 
una magnífica rana gigantesca fueron enviados 
de América á Liverpool en j)equeños pacjuetes, 
y llegaron á su destino en perfecto estado de 
salud.' Tal es el. capítulo de la ijuliscrecinn; el 
de los descuidos no es menos extraño. En quin- 
ce meses se recogieron en los buzones de las 
cartas de Londres 23,100 cartas í:in dirección; 
muchas do las cuales contenían sumas de dinero 
en litn-anzas ú órdenes, formando un total de 
$20,150. En los mismos buzones se reccgicron 
78,575 sellos, destacados de los sobres i or estar 
jjagados nial. Las cartas que quedaron rezaga-: 
das, á cansado direcciones erróneas, inexactas ó 
bárbaramente esciítas, formaron la enorme suma 
de $L179,564 y pico, en sellos de correo. Con- 
tando con esos descní'los, tal vez podría hacerse 
de valde el servicio postal. 

¡A Y DE LOS .)() yeros! 

Los Señores Fcil y Eremy, en una de las úl- 
tÍMias sesiones de la Academia de Ciencias de 
París, leyeron una disertación sobre la manera, 
de obtener artificialmente los rubíes y otras 
piedras preciosas. Por supuesto los joyeros se 
alarmaron. Su asociación escribió y publicó 
artículos en varios periódicos para probar que 
es íaiposíblc imitar la naturaleza en la produc- 
ción de las i)íedras preciosas. El Sr. Daubrée, 
Director de la Escuela de Minas, ha expresado 
el deseo do abrir al i)úblico una galería de mi- 
nerales artificiales en el Museo de la Escuela; 
y el Sr. Feil ya tiene expuesta en su Fundería 
de vidrios una grandísima caididad de piedras 
'preciosas obtenidas por medio del mismo proce- 
diunento con que se hacen los rubíes. Pueden 
ser puestas en parangón con las piedras n;as 
maravillosas ofrecidas por la mituralc/a, y cues- 
ta tan poco hacer algunas de ellas (juc pueden 
servir paiM las decoraciones mas oi-dinarias. 

¡CINCO (;fneraci()NEs! 

Para vez se presentan casos iguales al (|ue re- 
fiere un diario de l'arcelona. — Según dice, en la 
catedral de dicha ciudad fué bautizada una niña 
en presencia de su madre, abuela, bisabuela y 
tatai'abuela; siendo esta última la (pie la llevó i( 
la pila l)autisinal. — f'AV Joven ) 



-35- 



. ■■ , ' ftlimthmaoion — Pa^/ 23-24. y) 

Este discurso, con mnclios otros avisos de sobrie- 
dad, se pronunciaba en el rellano de la escalera de la 
bodega. 'Entonces precisamente bajaba una campesi- 
na, llamada de las tierras de la casa de Onofre, á fin 
de ajudar con sus robustos brazos á los quehaceres 
de aquel dia ó noche de prueba; llevaba en una mano 
nn porta-botellas con seis garrafas vacías, y con la 
otra una pequeña vela de sebo encendida. 

— ¿A dónde vas, Catalina? le preguntó el señor. 

—A sacar vino. 

— ¿Para quién? 

— Para los criados, que cenan ahora. 

— ¿Y no ha quedado ni una de tantas botellas? 

— ¡Oh, señor! todas se han agotado: ¡mas hubiese 
habido! 

— De SGgi.ro que habrán acabado hasta con el últi- 
mo tonel. ¡D.ist.-i; daremos gracias á Dios si mañana 
no resulta que se han bebido la casa con todos sus 
cimientos! — Así dijo Onofre, y continuó hablando con 
Kiccio, no cuidándose mas de la mujer. Poco después 
subia de nuevo la forastera con las garrafas de color 
de rubí. Al observar Onofre que no tenia la vela en la 
mano, dijo: — ¿Dónde has dejado la luz, Catalina? 

— La he dejado abajo: debo volver aun. 

— ¿Dónde la has puesto? preguntó pensativo el se- 
ñor Onofre, porque muy bien le constaba que habia 
en la bodega varios cajones de potasa. Y de pronto, 
acordándose de cinco barriles de petróleo, recibidos 
poco antes, añadió con mas temor: — ¿Pero por qué 
has subido sin ella? ¿Ha quedado á lo menos bien 
asegurada. 

^No hay temor de que se prenda, fuego, señor; la 
he colocado encima de un barril que hiay derecho. 

— ¿De cuál? 

— Del que hay detrás de la puerta. »- 

— ¡Desventurada! ¿Sin el candelero siquiera? 

— No hay peligro, replicó mas tranquilamente aun 
la muchachu: he dejado caeí tres ó cuatro gotas y la 
he plantado sobre . . . 

Onofre no vio mas luz, exclamando: — ¡Sobre el pe- 
tróleo! ¡Sobre el petróleo! — Se lanzó por la escalera 
con los cabellos erizados, y Riccio fué detrás. La ve- 
la se acababa casi de consumir, hasta el punto de no 
faltar ni medio dedo. Apagándola con un soplo, po- 
día extenderse la llama sobre la madera empapada en 
petróleo, ó h;icer caer allí un moco del pabilo; cortar- 
lo parecía imposible, porque colando el sebo habia 
hecho al pié un;<, especie de pasta; se necesitaba la ho- 
ja de un cuchillo á fin de pasarla por debajo y levan- 
tar la masa. Eiceío voló á coger un cuchillo de mesa. 
En el ínterin el señor Onofre discarrió un expediente 
más fácil. Habia una botella sobre el mismo barril, 
tapada' con un corcho: la destapa y principia á verter- 
la léntamcnl:e" para llenar dé vino la superficie del 
fondo del tonel, y aislar así ía llama de todo contac- 
to con él líquido. Llega Riccio, ve lo hecho, y lo der- 
ramado al pió de la llama.— ¡Oh Dios! gritó, quitando 
la botella dj la Ináno del señor: ¡Es petróleo! ¡Es pe- 
tróleo también esto! (Lo había sacado él mismo del 
l)á,rril para, s.ü examen.) ¡Sálvese, probaré yo! — Todo 
esto sucedí: casi á la entx-áda de la bodega, que por 
desventura correspondía pérfectáñaente á la sala del 
baile:' en aciueí instante estaba el eran esti'uendo de la 



orquesta, y por lo tanto el ruido de la danza gallarda- 
mente coméulzada de nuevo. Parecióle á Onofre ver 
saltar por los aires casn, esposos, parientes y todo: 
una nube densa oscurecióle los ojos, vaciló, y se de- 
tuvo en el umbral de la puerta. Riccio gritaba ince- 
santemente: — ¡Sálvese, sálvese! En el ínterin, circun- 
dando con sus dos palmas extendidas la vela flaman- 
te, que estaba muy cerca de lamer el petróleo, contu- 
vo la respiración á fin de que la llama no vacilase, 
tentó un poco el pió y el sebo derritido acumulado, 
advirtiendo que se separaba completamente del fon- 
do; lo levantó con lentitud, si bien sentía quemarse 
sus manos cruelmente, y fué á extinguir la luz en un 
ángulo de la bodega. Al conducirla, la llama oscilan- 
te fué fatal para él, porque tenia la parte superior de 
sus manos empapada en petróleo: una llama se las 
envolvió, causándole una herida subitánea é intolera- 
ble. Profiere un grito, acude la Catalina, y bajan los 
servidores: la bodega está completamente oscura, y 
solo se oyen los ¡ay de mí! y los ¡Dios mío! dolorosos 
de Riccio. Onofre, con su mente aun fija por comple- 
to en el petróleo, en la explosión, en la catástrofe, 
cerraba bien la puerta: agitando las manos, y dicien- 
do á gritos: — ¡Atrás! ¡Atrás todos! ¡Apagad las luces, 
ó todos estamos perdidos! Los criados no sabían sí 
avanzíir ó retirarse: fué un momento de horror indes- 
cribible. 

Por fin Riccio, viendo luz, se presentó á la entrada 
de !a bodega. Apagado habia fas manos del mejor 
modo posible, restregándolas por tierra; pidió trapos 
empapados en aceite, se hizo liar las horribles que- 
maduras, y gimiendo, indicó lo sucedido. No bic7i 
hubo calmado por el aceite el dolor desús heridas, su 
primera palabra fué: — Por caridad, no decir nada en 
el salón . . . señor Onofre, irsted calle y no se deje ver, 
si no quiere aguar toda la fiesta. . . — Después, tran- 
quilizados un poco mas los espíritus, quiso asegurar 
mejor el buen éxito de sus determinaciones. Llamad 
al momento, dijo, á la señora Emengarda. — Habiendo 
venido, le contó en dos palabras el terrible caso, re- 
comendándola que tuviese oculto á los convidados el 
riesgo que habían corrido, y cuidase de su esposo, que 
aun continuaba casi fuera de sí por el espanto. 

— Debemos llamar un cirujano, respondió Emen- 
garda, con el fin de que le haga la primera cura. 

— No piense ya en mí, replicó Riccio; montaré en 
un coche,' haciéndome curar en la primera farmacia 
que halle abierta. Mañana quedarán en su puesto to- 
das las cosas. 

— Podría también hacerse curar aquí: enviaré in- 
continenti . . . 

— No, no; no demos este pesar á los convidados . . . 
¡Considere! Un cirujano llamado aquí haría decir íd- 
mediatamente: ¿Por qué? Sí se trasluce que á punto 
hemos estado de saltar por el aire todos, el festín aca- 
bará en un mortuorio . . . Cuide al señor Onofre . . . tor- 
ne al salón como si nada hubiese sucedido; vaya, va3'a 
sin perder un minuto. 

Esto dicho, hizo acercar á la puerta un coche, se 
metió dentro, y alejóse. La señora se golpeó la fren- 
te, y dijo ¡Pobre de mí! ¡No he pensado siquiera en 
hacerle acompañar á su casa! Su marido hasta el fin 
de la fiesta quedó aturdido y atronado: parecía salido 
de un sepulcro. 

XVIII. 

CORTESÍA OBLIGADA. 

Gracias al señor Riccio, el festín nupcial de casa 
Onofre no se había turbado por la funesta desgracia 



-36- 



ue á poco más lo trasforma en una horrible trage- 
ia. Hasta tal punto se siguió su consejo, que no 
solo lo3 convidados se volvieron ignorando completa- 
mente el riesgo que halñan corrido aquella noche, si- 
no que al lunes siguiente los esposos so marcharon á 
Ñapóles, en viaje de luna de miel, no mas informados 
que los otros que acudieron á la fiesta. Mas apenas 
la señora Emeugarda hubo acompañado á su hija y á 
su yerno á la estación de la puerta Susa, tras los de- 
bidos abrazos y besos de despedida, mandó al coche- 
ro que se dirigiese á la casa de Kiccio. Llevó con ella 
también á su esposo. Decimos que Jo llevó, porque 
OnolVc creia recompensar bien al joven dejando que 
su mujer fuera á verlo en persona, y le asegurara que 
durante la enfermedad cobrarla su sueldo, corriendo 
además á su cargo todos los gastos de curación. Le 
parecía esto á Emeugarda una demostración de gra- 
titud insuficiente é indigna: porque su marido dispu- 
taba, y á todo trance queria desmontar en la puerta 
do la casa; — ¡Qut'í! le dijo terminantemente su mujer: 
has de venir también tú, ó no voy tampoco yo. 

— ¿Pero no basta uno para conversar con él? ¿Para 
saber noticias suyas? 

-Tú no tienes corazón, le respondió Emeugarda. 
¿Tía enviado á otro, por ventura, para salvarte la vi- 
da? ¿No se ha echado en persona en medio del peligro, 
qaemándose las manos? Así te ha salvado la vida, 
¿t^uc digo? Nos ha salvado á todos: á tí, á mí, á los 
es{>osos, á los parientes, á los amigos. ¿Y no juzgas 
d !l)ür decirle personalmente, "le quedó muy obliga- 
d),"' así como pronunciarle algunas palabras de gra- 
titud? 

El señor Onofre se sintió herido por esta dura pero 
merecida reflexión, y querieudo encubrir su cortedad, 
respondió: — Tú no sabes lo que te dices: en esto y en 
cosa mejor liabia pensado yo; le destino un regalo, 
del cual se acordará toda la vida. 

—-Pues bueno; ven, y díselo tú propio. Esto le ale- 
grará, dándole brio para sufrir el mal. 

OuoÍTO, como sieuqjre, se resignó á complacer á su 
esposa, y á mostrarse rcconoido en persona. Su- 
bieron ambos á la reducida estancia del sub-cajoro, 
vi'''ndcse acogidos con sencilla, pero cordialíaima cor- 
tosía, ]K)r la señora Juana, madre de Kiccio. El rico 
n(>goeiante y el síndico ilustre preguntó de seguida: 
¿Como está su hijo?— Hizo la pregunta con tan gra- 
cioso y simpático acento, quo su mujer quedó edifica- 
da, lisonjíiándose de haber, á lo menos aquella vez, 
domesticado á su esposo con la gratitud. Al como es- 
tá, respondió la vieja: liiccio luí dormido algunas 
horas (!sta mañana: durantt; la noche le fué imposible 
cerrar los ojos. 

— ¿FiStá despi(írto ahora? 

— Ciertamente. 

— ¿Qué ha dicho el cirujano . . ? Pero; en primer lu- 
gar, ¿lo ha visto? 

— Lo ha visto, visto 'y examinado todo; dice que no 
es gran cosa, y espera darle por curado en dos sema- 
nas; mas en el ínterin quiere que no deje la cama, j 
siga lo prescrito. 

— Cúrelo con diligencia, añadió entonces Onofre, 
según le habia su mujer aconsejado; con diligencia 
grande, }' sin pensar en economías. Ya se deja enten- 
der que me debe mandar la cuenta: á nosotros toca 
pagarla. 

— Pero no diga usted á su hijo la menor cosa, aña- 
dió de súbito la señora Emeugarda. 

— ¡Chnínta bondad! respondió la señora Juana, in- 
dicando con un gesto quo mostraba aceptar la indica- 
ción justa. 

Onofie: -¿h'e podría \or un instante á nuestro en- 
fermo? 



— No solo se puede, sino que le proporcionará gran 
consuelo la visita. — Al decir esto, abrió el coarto don- 
de su hijo yacia, anunciando á los señores: — Riccio, 
tus principales vienen á saber noticias tuyas. 

— ¡Oh! dijo el joven. — Y levantóse para sentarse en 
BU lecho. 

El señor Onofre hizo aquí mayores pruebas que 
nunca, con el de darse aires de caballero gentil, sen- 
sible y afectuoso. Su trato con los inferiores ora 
siempre rígido y soberbio; al dar vueltas por las ofi- 
cinas, parecía una locomotora dol ferro-carril, siem- 
pre gordo, siempre supereminente, siempre encastilla- 
do en sus derechos de amo, siempre con el recuerdo 
de la suprema magistratura que sostenía en su casa, 
y siempre ceñido con un manto de admiración pro- 
pia: era pi-eciso levantarse no bien comparecía, y des- 
cubrirse de lejos. Allí, por el contrario, se le veia, á 
tú por tu con su modesto bienhechor, ingenioso para 
demostrar á su mujer que, además de gran talento, 
estaba dotado de un hermoso corazón. Se deshacía 
en cumplimientos, en acciones do gracias, en pruebas 
de dolor y en protestas do sensibilidad, causando 
mucho placer oírle. Emeugarda no cabía en sí por el 
gozo, porque siendo una mujer excelente, se deleitaba 
observando como su marido cumplía la parte que le 
habia encomendado. Iliccio correspondía con desen- 
voltura, y mostrando sus manos con los vendajes, pre- 
tendía que no era nada el mal; y que pronto lo podría 
sufrir en pié, llevando á lo mas los brazos en un ca- 
bestrillo. 

— Cúrese pronto, replicaba el señor Onofre; porque 
con sus propias manos quiero que toque una expre- 
sión de mi gratitud. 

— ¡Qué dice! replicó Riccio: esto nunca. ¡Mi recuer- 
do mas gi'ato es el placer de haber llegado á tiempo! 

— Bueno, bueno; confio quo lu) hará ceremonias: 
le estaraos tan reconocidos, que no podemos faltar do 
ningún modo á nuestro deber. ¿Cree que pueda olvi- 
darme yo do quien me ha salvado la existencia, la 
familia, la fortuna y todo? Suria preciso que no tu- 
viese corazón; y me precio do tenerlo, por masque me 
falten los demás méritos. 

— Mucho tiene usted, sin duda, contestó Iliccio. Me 
ha hecho de padre mas que de principal: últimamen- 
te recibí otra prueba no merecida. Si hubiese tenido 
la fortuna de hacer algo en su favor, no hubiera he- 
cho al fin y al cabo sino cumplir mi obligación. 

— Aun siendo un deber, pues así lo quiere llamar, 
será siempre indudable quo usted por nosotros ha 
puesto en peligro su vida, y nosotros. . . 

— Precisamente por osto oír no puedo estas conver- 
saciones: la vida se juega por afocto y no para recibir 
recompensas. ¡Oh! por favor, que no se hable mas di'l 
asunto . . . ¿Como están los esposos? ¿Se fueron como 
se habia determinado? 

Eutró Onofre d© muy buen grado en la nueva con- 
versación iniciada, y se puso á dar con placer noticias 
de los recien casados. Habían concluido sus corte- 
sías, y le miraba sin decir la menor cosa su mujer, 
sentada en la cabecera do Riccio; pero le hacia señas 
cuando no la observaban; esforzandose por hacerle 
comprender que insistiese. Por lo cual el pobre pro- 
bó de nuevo, y dijo: — Sin embargo, no permitiré nun- 
ca. . . — Y se enredaba buscando la frase. Se puso cu 
su lugar, por consiguiente, la señora Emengarda: — 
Oiga, señor Riccio: usted ha hecho su parte, y está 
bien: deje que hagamos ahora la parte nuestra. Díga- 
me: ¿cree que su acción no no nos constituje sus deu- 
dores eternos? ¿Le parece decoroso qno solamente 
nos quede el honor do sor ingratos? 

f Se continuará.) 



EEVISTA CATÓLICA 

PERIÓDICO SEMANAL. 

Se publica todos los Sábados, en Las Vegas, N. M. 



Año IV. 



26 de Enero de 1878. 



Niiin.4. 



NOTICIAS TERRITORIALES. 



lias Vegas. — Se ha tenido una junta pública, 
bajo el Sr. Ignacio Esquivel Presidente, y Isidoro 
Trujillo Secretario, para hacer y firmar una petición 
á la Asamblea Legislativa, para abrogar algunas le- 
yes odiosas al bien del Territorio, y derechos de los 
habitantes. No damos los procedimientos y petición, 
porque sabemos que ya algunas han sido abrogada?, 
y esperamos que lo sean todas. Las leyes, cuya a- 
brogacion se pedia son las siguientes ;-Ley de Amor- 
tización — Ley de la Meraed de Las Vegas — Ley de 
Enrigistracion — Ley que da derecho al Procurador 
de arrestar por información en causas criminales — 
Ley da Usura y que nadie será obligado á pagar mas 
que doce por ciento anual de réditos — Ley que per- 
mite al Procurador de arreglar cuentas con los colec- 
tores ó Recaudadores de Rentas. — Ley de Limitación 
de ofensas criminales. — Ley de Limitación de dere- 
chos. — Ley de Repartición de propiedad Raiz. 

^aasta Fé. — La legislatura de Santa Fe sigue sus 
sesiones y trabajos. Se han restablecido las Cortes 
en el Condado de Colfax, suprimidas en la pasada se- 
sión. El Gobernador puso su veto al Acto de Incor- 
poración de los Jesuítas, y fué en persona á leerlo en 
el Senado el Viernes dia 18. La excitación que pro- 
dujo fué grande: y volvió á pasar el" Acto con mas 
prontitud sea en el Senado, sea en la Cámara con mas 
que los votos necesarios. En el Senado hablaron los 
Hons. Tomás González, cuya elocuencia y energía re- 
cibió muchos aplausos, IJiego Archuleta, y el Sr. 
Presidente Santiago Baca con igual valor y firmeza. 
Ea la Cámara hablaron los Hons. Rafael Romero, 
Alejandro Branch, José de Jesús García, y otros: y 
por sus elocuentes palabras la votación fué mas nu- 
merosa que la primera vez en favor del Acto. 

El sábado el Gobernador devolvió con su veto otros 
dos actos abrogando las leyes de Entierros y Matri- 
monios de la última legislatura. Deben haber pasa- 
do aun con mayor unanimidad que la primera vez. 

Además puso su veto á una ley de Intérpretes en 
servicio de las dos Cámara, aunque él mismo aprobó 
otra semejante hace dos años. Pero entonces las Cá- 
maras entraban en todas sus ideas;^lasde ahora no ha- 
cen caso de sus arbitrariedades. Es costumbre que á los 
miembros y oficiales de las Asambleas legislativas se 
les pague cada diez dias: los primeros diez se acaba- 
ron el Miércoles de la semana pasada, pero contra la 
expectación de todos el Secretario Ritch hizo sa- 
bej- que no les daria las órdenes, sino á los veinte 
dias. Acaso, no habiendo podido ganar las Cámaras 
por asalto, se quiere tentar de ganar á algunos, que 
puedan, hallarse en necesidad, como por sitio, obli- 
gándoles á capitular por falta de recursos. Veremos 
el resultado. Lo cierto es que hasta ahora la legisla- 
tura se ha mostrado en general así como debia, y ha- 
cia tiempo que en la Asamblea Territorial no se 
veian sugetos tan dignos y casi todos unánimes. 



En Santa Fe se halla un corresponsal de la Tribu- 
ne de Denver, que manda de allí numerosas corres- 
pondencias, pero solo inspiradas por espíritu de par- 
tido, y de fanatismo. Daremos algún ejemplo y prue- 
ba. 

NOTICIAS NACIONALES. 



Colorado.— Habíamos hablaJo de la muerte de 
la Hna. Fara en la Parroquia de Conejos; recibimos 
ahora los siguientes pormenores sobre esta pérdida tan 
dolorosa. Nos escriben de Conejos: "El dia 4 de esto 
mes á las 11 h. I de la noche falleció en el nuevo Con- 
vento del Sagrado Corazón la Hna. María Fara. Te- 
nia 22 años de edad: nació en Irlanda, y aun muy jo- 
ven vino juntamente con sus padres á esta República. 
Entró en la Congregación de las Hermanas de Lore- 
to en la Casa Madre en Kentucky en 1871; hizo sus 
primeros votos en 1873 y su profesión en 1876 en 
Denver. Fué una de las primeras Hermanas que vi- 
nieron á Conejos en Setiembre del año pasado para 
abrir esta nueva Academia. Estaba íntimamente per- 
suadida por no sé qué secreto presentimiento que ya 
no habia de salir de este lugar. Cuando por primera 
vez visitó el nuevo Camposanto de esta Parroquia, 
mirando fijamente la Cruz que está implantada en me- 
dio del cementerio, dijo y repitió que seria la primera 
entre las Hermanas que descansaría cerca de la Cniz 
Negra. El 21 de Diciembre pasado cayó enferma do 
viruela. Soportó con edificante paciencia y resigna- 
ción las molestias de la enfermedad, que no cedió á 
ningún remedio, y después de haber recibido mas do 
una vez el santo viático, plenamente conformada con 
la voluntad de Dios, antes deseando la muerte para 
unirse mas íntimamente á su Esposo celestial, murió 
en dia de Viernes como víctima del Sagrado Corazón. 
El dia 5 á las 2 p. m. el cadáver de la Hermana fué 
trasportado solemnemente al Camposanto. Los prin- 
cipales caballeros y señoras de la Parroquia aun de 
los puntos mas lejanos, asistieron en gran número á 
los funerales. En la procesión precedían las alumnas 
de la Academia, seguían en orden las Señoras, y los 
hombres. El cadáver era llevado por ocho señoritas 
vestidas de blanco con velo y coronas de rosas blan- 
cas, las que estaban desparramadas sobre el cadáver, 
y sobre el ataúd veíase otra corona de rosas blancas: 
símbolo muy propio de esa virtud por la cual la di- 
funta habia dejado el mundo y se había consagrado 
á Dios en la vida religiosa. La asistencia de tanta 
gente, la vista de aquel cadáver, de aquellas flores, la 
majestad de la función produjo en todos una viva e- 
mocion; y cuando la ceremonia fúnebre estaba para a- 
cabarse ninguno de los presentes pudo contener las lá- 
grimas. La Hermana fué enterrada en la Capilla que 
se está levantando en el recinto del Camposanto. El 
16 de este mes so celebraron en la Iglesia las honras 
por el descanso del alma de la difunta." 



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NOTICIAS EXTRANJERAS. 



I&oiliü. — Habiendo Su Santidud dado audiencia 
íí los peregrinos de Carcasona el 21 del mes de Nov., 
contestando al Mensaje leído por el Sr. Obispo de a- 
quella diócesis, que presidia la peregrinación, se sin- 
tió mas fatigado que de ordinario, y suspendió las au- 
diencias públicas, sin dejar empero de recibir los Car- 
denales y secretarios de las Congregaciones, ni de 
enterarse de los asuntos mas graves. Esto bastó pa- 
ra que por mas de un mes los diarios ¡ibeya¡c'< de todo 
color nos aturdiesen los oidos con la enfermedad y 
muerte muy cercana.. del - Papa, Entre tanto- ha 
niucito el General Lamarmoi-a (o de Enero) y el mismo 
Hoy do Italia Vícror Manuel (¡que Dios le perdone!), 
y Pío IX vive todavía. Por supuesto en una edad tan 
avanzada, cualquiera éñfériói'edád, por insignificante 
que fuese, es en .sí misma^bástante peligrosa, y esto 
explica porque el Cardenal Vicario Labia ordenado pií- 
blicas oraciones en. todas las Iglesias de Roma por la 
salud del Padre S'anto. Por lo demás las últimas no- 
ticias afirman que Su Santidad ha mejorado, y goza 
do cabal salud. Hú aquí lo que dice á este propósito 
nn corresponsal de un periódico católico de París. 
"El Padre Santo está mejorando cada día mas y pue- 
do asegurar que hoy mismo ha dejado la cama. A la 
verdad, hubiera podido levantarse antes, poro pareció 
mas prudente no exponerlo. Está recobrando fuer- 
zas muy rápidamente, y como los dolores reumáticos 
que le habían atacado, han disminuido de mucho. Su 
Santidad pudo en estos últimos días estar sentado en 
su cama. El rocobramiento de satud ha sido tan 
grande, tan rápido y tan maravilloso, que nuestro 
querido Pontifico está ahora tan bueno en salud como 
en la primavera pasada. Sus piernas solamente no 
poseen su antigua vitalidad .... La inteligencia del 
Papa (la que, sea dicho en paréntesis, nunca ha dado 
señales de debilidad) parece que se hace mas brillan- 
te y mas vigorosa; mientras que su memoria siempre 
tenaz, su buen humor y su agudeza causan gran mara- 
villa al par que alegría á todos los que se acercan á su 
augusta persona. Ahora el Papa recibe no solamen- 
te los Cardenales Y loa Secretarios de las Congrega- 
ciones, sino también á otras personas privilegiadas. 
Así p. e. últimamente ha dado audiencia alMarqués 
de Cárdenas, Embajador Español, quien le presentó 
una carta del Iley Alfonso, en la que le anuncia su ■ 
ratitrimonio con la Princesa Mercedes." Sin embar- 
co, como Pío IX es- mortal, su edad avanzada y las 
fatigas muchas, conviene que pidamos á Dios'con to- 
da' instancia que le vivijifjuc yh consrrve. ''' 

Itiiláa. — No podemos dar muchos pprmeuores a- 
cefca de la muerte del desgraciado Rey de Italia; por • 
esto nos es preciso agliai'dar que no^ vengan los pe- 
riódicos italianos. En tanto el telégrafo nos trasmite 
la proclamación del nuevo rey Humberto la que no ■ 
contíeüie nada do nuevo. El Cardenal Vicario fisign ó 
la liasílica d&)S((Ufa 31(1 yin Magyiore para los fiínera- 
les. El mismo telégrafo noa da á conocer que el Rey 
autos de luorir i)idió ))erdon al Papa á quién tanto hi- 
zo sufrir. Mñr. Marinelli, Sacristán de Sn Santidad, 
fué enviado por el mismo Padre Santo para oir su 
confesión. ' El Papa había ya dicho que viviría bas- 
tante para ver al Rey Víctor Manuel moribundo y 
arrepentido. Un Corresponsal do Roma al DaUíj 
Ncics dice, que el Padre Santo al recibirla noticia de 
la muerte del Rey dijo: "Yo la aguardaba, y le he 
perdonado. Ahora reguemos á Dios por el descanso ' 
de su alma." ■ 

En lugar do detalles acerca de la muerte de <?stc^fa- . 
moso personaje, él teh'grafo nos entretiene con lo que 



piensan los pei-iodicos de París sobre el giro que to- 
marán loa negocios políticos y religiosos ahora que el 
Rey Víctor ya no existe. ¡Válganos el Cielo! ¡de qué 
se ocupan los periódicos! como si Dios que supo bur- 
larse de Napoleón III en la cumbre de su poder, no 
pudiese defender su Iglesia contra Humberto l"-iley 
de Italia. 

FB*aiicia. — Se fundó en París la Obra de S. Pallo 
por el Canónigo Schoideret de Friburgo con el objeto 
,de "trabajar por la restauración del reino de Jesucris- 
to, convirtieudo la prensa en una institución elevada 
á la dignidad del apostolado;" proponí(''ndose, para 
conseguirlo, establecer imprentas, remitir tipos, fun- 
dar periódicos y organizar un servicio decorrcspcn- 
denciae y partes telegráficos. La Junta directiva es- 
tablecida en París se compone de. Mñr. de Segur, Bic- 
s'uhnie honorario: del Vizconde de Aboyille,_pre6i(7e«/í',- 
del Barón de Commaille, secretario : del Vizconde de 
Pouton DAmecourt, tesorero: del Sr. Chantre!, hijo 
subsecretario. Sicnda tan iitil el fin de la obra, y tan 
de fiar las personas puestas al frente de ella, no nos 
admira que muchos Cardenales, Arzobispos y Obis- 
pos la hayan elogiado. El eminentísimo Mñr. Par- 
rocchi ha escrito al fuiídador: "Quisiera ver esta obra' 
extendida per todo el mundo; quisiérala ver cultivada, 
alentada y bendecida como lo fueron las instituciones 
mas nobles y beneméritas de la Iglesia. ¿No es la 
prensa mala quien envenena á los hombres apenas 
saben leer? ¿N'o se opondrá el antídoto al veneno, el 
remedio al mal, la fuerza y la lealtad de la defensa á 
la violencia y á la perfidia del asalto?" 

Tíaríjaiía. — Los ejércitos Rusos han reportado 
otra victoria decisiva. El General Radestky ha cap-, 
turado en Shipka el ejército Turco que defendía esta 
importante posición; el ejército hecho prisionero con- 
taba 42 batallones, . 10 baterías y un regimiento de 
caballería; pero los rusos eran cinco veces mas nume- 
rosos. La Turquía imposibilitada á resistir mas, ha 
pedido un armisticio: pero todavía no sabemos cuáles 
son las condiciones impuestas por la Rusia. 

Escocia. — Dice IJUnita Cattolica: "Nos llegan 
buenas noticas acerca del restablecimiento de la Jerar- 
quía Católica en Escocia, el cual será publicado den- 
tro de pocas semanas. El Gobierno inglés ve en la 
grande obra de Pió IX una nueva garantía del orden 
social, y la reorganización moral de un país que es 
infestado por sectarios ateos. Será nombrado Arzo- 
bispo de S. Andrew Mñr. Carlos Eyre que es ahora 
Arzobispo de Anasarba, in ■partibvs. Su Señoría es 
hijo del Conde E3n"e y pariente do los Sommerj- y 
Santercroce. Había sido Camarero de honor de Su 
Santidad, canónigo de Hexam en Inglaterra; el 3 do 
Dic' 1868. fué elegido Arzobispo do Anasarba y Visi- 
tador Apostólico de Glascow en Escocia. El nuevo 
Arzobispo do S. Audre^v pertenece á una familia que 
ha dado á la Iglesia muchos sacerdote^. . Cuatro de 
sus hermanos fueron sacerdotes, y murieron en sus res- 
pectivos puestos como simples curas-párrocos: dos de 
ellos ñiorou víctjmas de caridad en la epidemia de 
1857 asistiendo á los pobres. El quinto hermano se 
casó con la Condesa de Millcfort. El porvenir do la 
; Iglesia en Escocia está lleno de esperanzas. Además 
de las numerosas conversiones de las mas nobles fami- 
' lías, la fe se conserva pura y viva en muchos distritos 
habitados por los (7fU2,s célticos. Los McDonnell, 
los MacGregor, los Camoron son católicos en gran 
parte, el clan Aser es casi enteramente católico, y su 
jefe Lord Lovat ha establecido una comunidad de 
Benedictinos, cuyo prior es D. Jerónimo Vaugham, 
Por este fin se ha comprado el antiguo Castillo de 
Ij'órd Augustus y se hacen los preparativos para le- 



-Síí 



vantar allí el seminario conciliar y el preparatorio 
para lá educación de los sacerdotes de la nueva pro- 
vincia eclesiástica. Existen todavía colegios escoce- 
ses en Eoma, Lisboa y Valladolid. Los PP. Jesuítas 
tienen casas en Glasgow y fundan misiones por todo 
,el oeste de Escocia. La sobrina de TValter Scott, 
fa,rv;,oroaa católica,, se ha casado con un hijo de Lord 
Hoving. La misa se celebró en el oratorio del Casti- 
llo de Abbotsford, en donde el autor de Wai-erley ha. 
■escrito sus novelas. El aumento de la fé en este 
país débese principalmente á la inmigración irlande- 
sa. En Glascow solamente mas de 100,000 irlande- 
..ses trabajan en los astilleros y oficinas, y se hallarían 
difícilmente en otras partes católicos mas celosos por 
su fé, por la educación cristiana de sus familias y por 
la Iglesia. De esta manera el protestantismo que ha- 
bía reducido á la miseria á. L-landa para hacerla a- 
bandonar la religión católica, ha provocado la emi- 
gración irlandesa, y convertido los pobres irlandeses 
ea otros tatitos apóstoles de la fe. Y en efecto á los 
em¡g"tados de la heroica Irlanda se debe en gran par- 
to el escablecimiento de las diócesis católicas en los 
írEstados Unidos, en el Canadá Superior, en Australia, 

■ en Escocia y en la misma Inglaterra. 

. ■Wéjic-í». -^Becibimos de Aliar en 3Iéjico, el siguienfe 
, Comunicado. El día 12 de Dic. á las 8 de la noche 
'estando los amotinados en la entrada del pueblo lle- 
gaba ua teniente- militar con 18 soldados de caballe- 
ría, y luego que llegaron, fueron hechos pfisióneros. 
. Pero al fin consiguió el teniente que los soltaran y se 
retiró. El .día Vó á las ocho do la mañana los del 
motín rompieron el faego á un misnao tienipo so- 
mbre la compañía del Estado que estaba en el Cuartel, 
y sobre el Capitán Gregorio García" que resguardaba 
la cuadra del comercio de Charley Ellis con seis hom- 

■ bres. Dicha casa fué rodeada con unos dos ó tres- 
cientos hombres de diferentes partes, y tanto fué el 
fuego que hicieron al eliclio García por el interés del 
saqueo del comercio, que para el día 14 en la noche 
ya el parque se le estaba acabando, lo que dio Ingar 
para que el Sr. García dispusiera admitirlas propues- 

'tas que los oficiales del motin les hacían para que se 
'rindiera, ofreciéndole bajo juramento llevarlo al Cuar- 
tel General do ellos, sin que fuera ultrajado por nadie 
hasta donde estaba el General en Jefe, un cierto Dn. 
Francisco Barcia, para arreglar los tratos. Pero lue- 
go que bajó el Capitán y un hijo suyo del punto que 
gaafdaban, los tomaron ixnos 80 hombres y procura- 
ron desarmarlos, como lo verificaron por la fuerza. 
Fueron después conducidos á la presencia del Sr. Ba- 
rcia, llevándolos todos los oficiales del motin por las 
calles á las 10 de la noche con la boca de los fuelles 
en las espaldas del padre y del hijo. PiensénYds. ¡có- 
mo estarían sus corazones! y mas, porque -ei Capitán 
había dejado otro de sus hijos en el mismo punto has- 
-ta que viniera, con la orden que no lo. habia de entipe- 
,gar aunque les matasen á los cuatro que allí estaban. 
El Cuartel de que he hablado tendría unos cienhombres 
'adentro; y de tantas opiniones que entre los amotina- 
dos sé emitieron, la mas general fué la de garantizar 
la tida á todos con tal que el Capitán García y sus 
compañeros les ayudaran á rendir á estos soldados 
-del Cuartel. Pero ni el Capitán ni sus hombres pu- 
dieron convenir en semejante felonía; solo convino el 
Sñ García en desocupar la cuadra, saliendo el y sus 
hombres por el rumbo que Dios les deparase. Como 
los amotinados tenían tanto interés en el saqueo, al 
fin se le concedieron y fueron dueños del comercio. 
El fuego cesó hasta el dia siguiente, cuando lo comen- 
zaron de nuevo contra el cuartel hasta que se rindie- 
ron los pobres soldados, contra los cuales los amoti- 



nados cometieron tales ultrajes que es imposible for- 
marse de ellos una idea. Soy de Uds. etc. 

ABíiérifít dfS Ssír. — Principiaremos las noticias 
religiosas de la América del Sur con referir la sigui- 
ente apreciación que La Grúa da de la situación del 
catolicismo en este continente. 

"En América, como en Europa, hay dos clases de 
países: las repúblicas que fueron Colonias españolas 
ó portuguesas, amamantadas con la leche de la pie- 
dad católica desdo los principios de su civilización, 
ahora caídas en las garras del liberalismo, y las que 
fueron colonias inglesas, formadas y pobladas por al- 
gunos católicos fugitivos de la persecución protestanr. 
te de su patria y por protestantes de todas las sectas, 
que se perseguían unas á otras fieramente. En las 
repúblicas católicas conviene distinguir entre los pue- 
blos y los gobiernos; los pueblos conservan la religión 
y las costumbres piadosas de nuestros comunes pa- 
dres, como nosotros, y acaso mejor que nosotros; los 
gobiernos son' casi siempre liberales mas ó menos ra- 
dicales como en Europa, con la única diferencia de 
que allí es cambio de gobierno lo que aquí solo suele 
ser cambio de ministerio, produciéndose en ambos 
continentes ese tira y afloja en los actos gubernativos 
que detiene muchas obras buenas cuando es modera- 
do, y destruye las obras hechas cuando es progresis- 
ta. Generalmente se nota una poderosa reacción fa- 
vorable en el pueblo de todas las colonias, que si tú-: 
vieran gobiernos católicos, pionto no conocerían que 
hubiera revolución en el mundo. En las. repúbiica^^ 
que eran protestantes al tiempo de conseguir su inde- 
pendencia, el Cí^tolicismo hace inmensos progresos, 
viéndose, por lo córaun, menos contrariado dé parte 
de los gobiernos protestantes que de ld^.qúe sé llaman 
católicos." 

CoSo5ia3>iíi.-;-El gobierno de esta república decre- 
tó el 8 de Mayo: primero, que se entenderá que aten- 
tan contra la seguridad y tranquilidad pública los mi- 
nistros de los cultos religiosos que con sermones, pas- 
torales, etc., propendan á causar la inobediencia á al- 
guna ley nacional, y los que cumplan ó hagan cumplir 
en la nación disposiciones emanadas de un poder ex - 
tranjero;3egundo,quo en lo sucesivo los ministros de los 
cultos establecidos ó que se establezcan en el territor 
rio de la república no podrán ejercer las funciones de 
su ministerio sin el permiso, ó sea el j^a.^e del gobier- 
no ó de los gobernadores, permiso que el gobierno se 
reserva poder retirar siempre que juzgue conveniente. 
Ya se comprenderá que el poder extranjero á que se 
refiere el decreto es la Santa Sede, y que los cultos re- 
ligiosos no son mas que el culto católico. 

Dos dias después fueron desterrados de la repúbli- 
ca por el término de diez años, y declarados destitui- 
dos a perpetuidad por otro decreto, los obispos de Po- 
payan. Pasto, Antioquía y Medelin, los cuales el 12 
de Junio dirigieron al presidente una vigorosa y razo- 
nadísima protesta contra dichos decretos, que termi- 
na con estas palabras:. ".Desde, ahora apelamos de 
ellos al Supremo Legislador y Juez del universo; y 
para cuando calmen las pasiones políticas que des- 
graciadamente agitana nuestro país, apelamos t.-^ni- 
bien al juicio de la historia, y, aun antes que á él, al 
de los autores mismos y ejecutores de tales actos." 
Todo el clero se ha adherido á esta protesta, con la 
sola excepción de dos sacerdotes de la diócesis ue 
Antioquía. 



-40- 



SECCION RELIGIOSA. 



CALENDARIO RELIGIOSO. 
ENERO 27 FEBRERO 2- 

27. Domingo 1 11 después <J( la Epifanía. — S. Juan Crisóstomo, Opo. 
Conf. y Doctor de la Iglesia. Santa Angela Merioi, fundadora 
de las Ursulinas. 

28. Lnncs—^. Yalorio, Obispo. La segiinda fiesta de Sta. In-Js. 

29. Martes—^. Francisco de Sales, Obispo, Conf. y Doctor. Santa 
Barbea, Mr. 

30. Miércoles ~&ia.. Martina, Virgen y Mr. S. Hipólito, Prbro y Mr. 

31. Jueves — S. Ciro, Mr. Santa Marcela, Viuda. 

1. Viernes—^. Ignacio Obpo. y Mr. Sta. Erigida, Virgen. 

2. Súbailo—'LK Purificación de la Bienaventurada Virgen Ma- 
ría. S. Cornelio, Centurión; Obpo. de Cesárea, 

LA PURIFICACIÓN DE MARÍA SMA. 

La Purificación de la B. V. María, Nuestra Señora, 
y la Presentación del Niño Jesús en el templo á los 
cuarenta días de su nacimiento están narradas en el 
II cap. del Evangelio de San Lucas. En la ley anti- 
gua mandaba el Señor que le ofreciesen el pri- 
mer hijo que naciese de los hombres, y que no 
siendo de la tribu de Leví, después de presen- 
tado en el templo y ofrecido á Dios, le rescatasen por 
cinco sidos, moneda que valia como unos veinte cen- 
tavos de plata de nuestra actual moneda. Otra ley 
mandaba que la mujer que por obra de varón pariere 
hijo, esté retirada cuarenta dias para purificarse; los 
cuales cumplidos, ofrezca un cordero de un año y un 
palomino ó una tórtola; y si no pudiese ofrecer cor- 
dero ofrezca un par de tórtolas ó un par de palomi- 
nos. Claro está que el bendito Niño Jesús y su glo- 
riosa Madre no estaban obligados á guardar estas le- 
yes, porque el Hijo era Dios y legislador y señor de 
la ley, y la Madre era Madre de Dios y reina y prin- 
cesa do todo lo criado; y demás de esto, la segunda 
ley no obligaba sino á la mujer que concebía por via 
ordinaria, y la Virgen sacratísima concibió al Verbo 
Eterno por virtud del Espíritu Santo, sin detrimento 
de su celestial pureza. Sin embargo quisieron el Se- 
ñor y su Madre cumplir con estas leyes, para que de 
tales maestros aprendiésemos nosotros á obedecer á 
Dios, y á hacer nuestras obras de manera que no so- 
lamente sean limpias en los ojos de Dios, sino tam- 
bién loables en los de los hombrea y que no nos con- 
tentásemos con el testimonio de nuestra conciencia, 
cuando damos al prójimo causa legítima de murmu- 
rar. Esta fiesta que celebra cada año la Iglesia el dia 
2 de Febrero, fué llamada por el vulgo Candelaria, 
porque en la misa del dia bendícense las candelas o 
velas para el servicio del altar y para la procesión que 
hacíase en el mismo dia. 



REVISTA CONTEMPOIUNEA. 

El Daily IHhune de Deuvcr, en su número del 
18 de Enero, da las primeras noticias de la Le- 
gislatura de Santa F6. l^-incipiando por la elec- 
ción de los Presidentes de ambas Cámaras, dice 
que en el Senado "Francisco Chaves was (he 
choiceofthe liberal eloment, but the Jcsuits, 
wilh the (lid qffour hundred doUars, carricd it by 
onc vote in favor oí" Santiago Baca.'' Es decir 
qne si fué derrotado Chaves^ v elegido Santiago 
Baca, débese a' las intrigas de esos tunantes de 



Jesuítas, y que estos, para lograr sus pérfidos 
intentos, tuvieron la audacia de sobornar el se- 
nado, comprándolo por cuatrocientos pesos. ¡Mi- 
serable senado! ¡qué barato se vendiera! La 
persona que, para denigrar á los Jesuítas, no se 
arredra delante de la impostura y de la calum- 
nia mas desaforada y vil, y escondiéndose co- 
bardemente á sí misma, la sugiere al correspon- 
sal de un periddico extranjero al Territorio, 
muchas veces, antes de hoy, debe de haber cora- 
prado conciencias ajenas, y vendido la suya pro- 
pia, por bellaca y soez que esta fuera. 



Nuestro artículo del 6 de Enero, "Los Escán- 
dalos de La Joj'a,'" ha excitado en ciertos círcu- 
los una animosidad y furor inesperado contra 
nosotro.5, indicio quizá de que se da alguna im- 
portancia á la Revista Católica allí donde antes 
se ostentara lo contrario. El New Mexican del 
19 de este mismo mes llena sus columnas de fu- 
ribundas filípicas contra nosotros y nuestra 
Compañía y Religión, achacándonos el crimen 
de provocar la plebe á la perpetración de actos 
violentos en la persona del gobernador Axtell. 
No podemos menos de enviar por ahora al co- 
lega de Santa Fé una protesta la mas enérgica 
contra semejante malévola interpretación de 
nuestras palabras. El espacio no nos permite 
al presente una aclaración mas difusa. Basto 
aquí una respuesta general. ¿Habla seriamente 
el autor del artículo, A Jesnitical Attempt etc.? 
¿Está de veras persuadido de la intención que 
nos imputa? En tal caso, seria y verdaderamente 
le contestaremos que anda equivocado. Pero si 
solo busca pretextos para su.scitar alguna llama 
de ira popular contra los Jesuítas, entonces ma- 
nifiéstase por uno de aquellos hombres á quie- 
nes su Webster atribuye, con toda verdad his- 
tórica, el odioso sentido de las palabras Jcsuit 
y Jesuitical. 



¥A mismo número del N«w Mexican se des- 
manda de una manera la mas indecorosa y ca- 
paz de hacer ruborizar á una piedra, cuando 
ataca personalmente al Jesuíta, culpable del 
enorme crimen (\.Q haber pedido y alcanzado el 
acto de incorporación de nuestra Compaiiía eu 
el Territorio. Por vida vuestra, señores del 
New Mexican, tened compasión de un pobre 
fraile que no puede bajar sobre vuestra arena, 
cuando se trata de peleas personales. Vo.sotros 
habéis suspendido la publicación de vuestro 
Daihj por falta de pecunia; suspended enhora- 
buena la del Weekly. pues evidentemente os hace 
falta ahora mas honesta materia. 



Su Excelencia el Gobernador estuvo en su 



-41 



Mensaje muy quejoso de que ni en los Tribuna- 
les del Territorio ni en el Cuerpo Legislativo se 
hable el inglés. No sabemos porqué habia de 
hablarse, puesto que no es el inglés la lengua 
del país, sino el español, y puesto que los deba- 
tes de nuestros jueces, abogados, y legisladores 
han de ser en la lengua del p^ís, á fin de que se- 
pan qué juego jugamos á todos los que desearen 
asistir, y sin necesidad de intérprete. Los Le- 
gisladores deberían adoptar la regla de los Je- 
suítas que dice: "Para mayor unión de los que 
en la Compañía viven, y mayor ayuda de aque- 
llos con quienes moran, todos aprendan la lengua 
de la región en que residen." 



Recibimos del Rev. P. A. Truchard, Cura- 
pa'rroco de Santa Fé un importante documento 
sobre los efectos y causas de la viruela en aque- 
lla parroquia, durante los pasados seis meses. 
La anticipación con que empiezan en nuestra ofi- 
cina á componer los artículos de cada número no 
nos permite publicar ahora ese comunicado; pero 
aparecerá sin falta en el número siguiente. 



¡Viva las Escuelas Públicas! — Traduzcamos 
algo del San Francisco Morning Cali: "Las esta- 
dísticas parece que militan contra la teoría de 
que la enseñanza es el antídoto del crimen. Del 
número total de los reos encarcelados, 985 sa- 
ben leer y escribir; 24 saben leer solamente; y 
309 son enteramente iliteratos. Con eso se echa- 
rá de ver que la enseñanza (education), por lo 
que toca á la criminalidad, lleva con mucho la 
delantera á la ignorancia." — Por todo comento 
diremos que el Mornrig Cali es un diario seglar, 
y de los mas autorizados de San Francisco y de 
toda las costa del Pacífico, como lo demuestra su 
número de 34,000 suscritores. . -r,,;',^" ^r, 



El adagio de ser mas el ruide que las nueces se 
verifica al pié de la letra en la iglesia metodis- 
ta. Hasta ahora nos rompían el tímpano con 
tanto chillar y trompetear á fin de persuadir al 
mundo que.^su número era poco menos que un e- 
jército formidable. Solo en los Estados Unidos 
pretendían contar 10,000,000 de miembros; divi- 
didos indudablemente en 12 c5 mas diversas frac- 
ciones, 6 formas de gobierno, como empiezan á 
llamarse ahora las sectas; pero sin embargo, 10,- 
000,000, era siempre una cifra imponente. ¿Cuál 
no debe ser, pues, la maravilla de todos al oír 
que, según sus mismas reseñas oficiales, el Melo- 
dísmo no tiene en todo el mundo sino ,4,412,602 
miembros? De estos nada menos que. 28,714 
son Ministros! Es el caso de preguntarse ¿cd- 
mo es 



•r-yióWh >.' 



Que no enflamada 
La tierra está? 



Los Estados Unidos son el baluarte del Meto- 
dismo. Teneiiips aquí 22,974 Ministros, y 3,- 
315,311 miembros legos. Es verdad> que son 
demasiados; pero, en fin y al cabo, los Católicos, 
según las cifras mas acreditadas, son cerca de 
7,000,000, y en todo el mundo ascienden á casi 
250,000,000, los que comparados con los 4,412,- 
602 Metodistas, forman ima cifra mucho mas res- 
petable, y hay para dar gloria y loor á Dios ; sobre 
todo cuando se tenga en cuenta la admirable u- 
nidad de todos esos . catdlicos, en la fé y en la 
comunión de todos entre sí y con el Sumo Pas- 
tor que los rige en nombre y lugar de la Cabeza 
Invisible de la Iglesia, Jesucristo. Esa unidad 
falta i los Metodistas. Ellos están subdivídidos 
en 13 sectas que solo tienen de común el nom- 
bre; por lo demás se diferencian como pudieran 
diferenciarse de cualquier otra secta, y forman 
en realidad trece sectas. 



Hé aquí otro argumento de la firmeza con que 
creen los Protestantes. En Brooklyn habia una 
iglesia presbiteriana llamada déla Gracia (Lcwis 
Avenue & Monroe street). Allí predicaba en 
otro tiempo un Ministro anciano muy estimado 
y bienquisto de todos; pero, siendo rico, predica- 
ba de valde. No sabemos porqué, andando ala 
greña con el buen ministro los irustees 6 curado- 
res de la iglesia, aquel se retiró, y santas pas- 
cuas. Entonces llamaron á predicar en la '\g\Q:- 
ú?k' presbiteriana á un Ministro Metodista, un tal 
Rev. James L. Hall, quien no quería doblar la 
cabeza ante su propio obispo. El Presbiterio no 
reparó en el pelillo de que el predicador perte- 
necía á otra confesión; pero sí, y muy mucho, en 
su desobediencia y terquedad, y tuvo escrúpulo 
de admitirle hasta que le levantaran la suspen- 
sión que le había puesto su- obispo. Escrúpulo 
santo y justo; predicar en una iglesia presbite- 
riana un ministro metodista es cosa que anda con 
sus píes, pero ¡un Ministro Metodista suspenso].. 
¿quién, aguantará, tal escándalo? Pues, señor, la 
iglesia no entendió este discurso; se juntó y ha- 
ciendo . una votación resolvió de separarse del 
Presbiterio y adoptar la. forma de Gobierno Con- 
gregacional. — Con que, Presbíteríauísrao, Meto- 
dismo, Congregacionalísmo .son -todo uno. Nos 
parecería muy natural oír up día que otro, el si- 
guiente diálogo: Fulano, tú ^(pécrej^s? ¿crees en 
ej infierno? ,í .-íl ?>ri^-^r V'^- -. ..^- - 

—No,. , .. . ; -, .,,..,^-7 ^,„;. ;,,. 

—¿Crees en Jesucristo? ' ^.„-:,. 

-^mppco. ,o.,.,n,doO ! :.h" ■■'-:■ 
, -r-¿Ci-ees en,.pjqa?; ..,.- rTVí-ír.'' ., 

.. ,~P^e;|,,jo síj lo.p.re<) tad^ pero no hemos de 



-42- 



T^ñiv por eso; son formas de gobierno diferen- 
tes. 



Mientras las sectas protestantes, hechas por 
sus padres de un color individual y exclusivo, 
hacen ahora alarde de poseer un corazón ancho 
cuanto cabe serlo, profesando fraternidad con 
todos (menos los jiapistas); la secta que se llamd 
Í7) dependiente, acaso porque habia de ser libre de 
todo carácter peculiar y propio, se pone enfada- 
da por esas mismas manifestaciones de herman- 
dad, y regaña á sus comadres porque violan los 
preceptos de la Biblia, jaraneando con los here- 
jes. La Biblia, dice el Rev. Washington Grlad- 
den en el Independent de Nueva York, manda á 
los Cristianos de cerrar las puertas de sus casas á 
los herej.es, y sin embargo "Nosotros ya no mal- 
decimos mas de los falsos doctores; en las juntas 
públicas, adoptamos aceroa de ellos resoluciones 
de urbanidad y hasta de cumplidos; nos asocia- 
mos con los satélites del error; danzamos en sus 
bodas y lloramos en sus funerales; ¿Cdmo se 
explicará esa contradicción entre el precepto y 
la práctica?" — ¡Oh! muy atrasado está el buen 
Sr. Washington Gladden! No sabe que en nues- 
tro siglo" de luces y filantropía ya no puede ha- 
ber herejes. Este crimen consiste en opinar di- 
versamente de los demás en materia de religión; 
y hoy dia, gracias al Protestantismo, opinar di- 
versamente de los demás es uno de nuestros de- 
rechos mas inconcusos; es la mas preciosa con- 
quista que hayamos hecho sobre el espíritu de 
tinieblas y fanatismo de la iglesia romista, la que 
queda siendo la única hereje y madre de herejíatt, 
porque desecha obstinadamente estas conquistas 
y sigue clamando: "í/ho es el Señor, una la fé, 
uno el bautismo,'^ como si estuviésemos todavía 
en tiempos de S. Pablo. 



Los Jesuítas y el Sr. Axtell. 



El acto de Incorporación de los Jesuítas, del 
cual hablamos en el número anterior, fué pre- 
sentado como de deber al Sr. Gobernador, S. 
B. Axtoll y este le puso un veto formal y deci- 
dido. Para darle mas fuerza y solemnidad, él 
mismo fué en persona á leerlo en el Senado, 
donde el acto habia sido originado: aunque á la 
verdad, con todo eso no pudo impedir que fuese 
aprobado otra vez primero en el senado, y des- 
pués en la cámara de representantes, con un 
número de votos mucho superior de las dos ter- 
ceras partes. Vamos á dar un extracto del 
dicho veto. 

Principia el Gobernador con comunicar á las 
cámaras el dictamen del Procurador del Terri- 
torio, el cual opinó en contra del acto. Dice 
que él suscribe enteramente á la opinión de ese 



señor, y después añade: 

"Además hay muchas otras razones en contra 
del acto, que yo brevemente voy á exponer. Es 
difícil decidir cual es peor; si el hombre que 
procura establecer esta sociedad, 6 la sociedad 
que él procura establecer. El hombre y la socie- 
dad son tan malos, ; que no podéis decidir cual 
es peor. Este aventurero Napolitano, Gasparri, 
enseña públicamente que sus dogmas }• operacio- 
nes son superiores á los estatutos de los Estados 
Unidos y á las leyes del Territorio. Ninguna 
doctrina ó enseñanza puede ser mas peligrosa 
que esta para el buen gobierno, especialmente 
en Nuevo Méjico, donde las masas del pueblo 
son ignorantes. El aun con sus escritos y aren- 
gas se esfuerza de excitar animosidades y á 
arrastrar el pueblo á actos de violencia, contra 
las autoridades legítimamente establecidas. El 
ha venido acá,, mientras la asamblea legislativa 
está en sesión y de la manera mas desvergon- 
zada procura hacer abrogar leyes muy necesa- 
rias y saludables, y que se adopten otras contra- 
rias a las leyes de los Estados Unidos. Dos 
años ha, él se entreraetid en la Cámara de Reprc-- 
sentantes, y quedó dentro de la barra á lado de 
la silla del Presidente hasta que hizo pasar este 
acto, pero en la [misma sesión fué rechazado por 
un honesto Consejo Legislativo. Ahora él so 
presenta otra vez y plenamente enterado de que 
pide una cosa contraria á las leyes de los Esta- 
dos Unidos, os estimula á violar vuestros jura- 
mentos en favor de su acto. 

"La sociedad que él procura establecer en 
Nuevo Méjico es cabalmente digna de tal jefe. 
Ella ha sido denunciada una y mas veces por la 
cabeza de la Iglesia Católica, y expulsada justa- 
mente délas mas ilustradas naciones de Europa. 
Pero además del caraetcrperverso de la socie- 
dad, y el peligroso carácter de su jefe, hay en 
contra del acto otras dificultades, etc., etc.," y 
luego en pocas palabras enumera algunas, y aca- 
ba negándose á ponerle su firma. Este es un 
interesante documento, del cual (pues eos atañe) 
queremos que quede memoria. Del diclámen 
del Procurador no diremos nada, siendo que no- 
sotros no pretendemos conocer las leyes civiles, 
y mucho menos dar lección á otros. Asimis- 
mo no hemos mencionado las últimas dificulta- 
des que pone el Gobernador, porque no quere- 
mos entrar en discusión sobre cosas extrañas á 
nuestra profesión. • Diremos solamente que 
nuestroacto no es mas que una copia palabra 
por palabra, de otros dos votados en la anterior 
legislatura de 1873-74. Todas las dificultades, 
que se hacen en contra del nuestro, valen en 
contra de aquellos; y sin embargo aquellos fue- 
ron votados por las Cámaras, firmados por el 
Gobernador y no fueron censurados por nadie 
ni arpií ni en Washington. No hay mas 
diferencia que aquellos eran en favor de otras 



-43- 



personas y este de los JcFuitas. Nosotros nos 
equivocamos en creernos semejantes á los de- 
más, y pretender que si él acto sea de por sí, 
sea aun por equívoco, pudo pasar para otros, pu- 
diera píisar también para nosotros. 
' Empero lo que no pod<'inos entender es ¿á qué 
propósito el Sr. Gobeniíidor se enoja tanto con- 
tra la cxDmpañía y algunos de nosotros en parti- 
cular, amontonando cosas no menos extrañas á 
"la cuestión que falsas }' calumniosas? Ya desde 
que vino al Territorio, h;ice poco mas de dos 
años, en uñ speecli pronnuciado en Sil ver City, 
en Noviembre 1875, principió á declamar con- 
tra los Jesuitas, no solo sin motivo, pero tam- 
poco sin tener de ellos la mas pequeña noticia: 
pues él mismo preguntaba poco después á un 
eminente personaje del clero católico de este 
país, si los Jesuitas eran ó no, católicos. 

A pesar de todo esto, poco importa que el Sr. 
Axtell nos sea contrario. Si nos quisiera se lo 
agradeceríamos, si nos aborrece no le haremos 
caso. Pero repetimos que no tenia nada que 
hacer el acto de incorporación y las razones que 
pudiera haber en contra cbn las injurias que allí 
nos lanza. Sin entrar en la polémica de esos 
particulares, él descarga contra nosotros toda la 
bilis acumulada contra la actual legislatura: él 
nos atribuye intrigas )^ violencias para hacer y 
deshacer leyes, y no bastándole haber injuriado 
al pueblo una y muchas veces, á las cámaras en 
privadas y públicas ocasiones, echa fuego y 
ihimas contra los Jesuitas, los que llama cóm- 
plices y directores de las cámaras; y quizás, si 
sé le pidiere, no sabria dar razón de lo que 
afirma. ¿No habrá sido forjada por su imagina- 
ción exaltada la novela de que los Jesuitas ha- 
blan derrotado la elección de Francisco Chaves 
para {)rosidontc del Senado, comprando este 
triunfo con el precio dé $400? Pues se vio tra- 
tar con él el corresponsal del 7V¿¿?mede Denver, 
en cuyo periódico apareció la noticia. No será 
necesario demostrar la falsedad de todo lo que 
nos imputa en su mensaje. Los que lo oyeron 
fueron talmente indignados, que quizás esto sir- 
vió solo para hacer pasar el acto con mas pron- 
titud y mayor número de votos. 

Como no podemos disponer ahora de m'icho 
espacio, formularemos en pocas palabras lo que 
queremos decir. Reconocemos en el Sr. Axtell 
como Gobernador del Territorio el derecho de 
poner su veto, si le pareciere, á los proyectos 
de leyes, y mucho mas el de dar sus razones' y 
motivos para ello. Esto nadie se lo contesta. 
Le dejaremos aun la libertad de decir disparates 
s-^i gusta, porque la ley civil no se lo impide y 
mucho menos nosotros. Pero pensamos que no 
tiene el derecho de injuriar á nadie, sobre todo 
con falsedades y calumnias. Si uno de nosotros 
le tratara así como él nos trata, no eos faltarla 
un pleit*", y aun el merecido castigo. Ahora lo 



hace él, y valdrá mas dejarlo, aunque no fuera 
mas que por respeto á la autoridad que ejerce. 
Con todo le encomendamos que guarde las 
leyes que proscriben la falsedad y la calumnia, 
nó diremos y^ las cristianas y evangélicos, en las 
cuales quizás él no cree, pero las civiles y de 
buena crianza, de las cuales no le faltan ojeni- 
plos en persona de los mismos que desprecia é 
insulta. 

Cualquiera que fuere la futura tíucrto de nues- 
tro acto, acabaremos con decir que quedamos 
agradecidos á los Sres. miembros de las cámaras 
que lo sostuvieron y votaron en su favor; no 
tanto para favorecer á nosotros, cnanto para 
aventajar aun por medio de nosotros el progreso 
y desarrollo de la pública instrucción. A la 
confianza que mostraron tener en nosotros pro- 
curaremos corresponder; y si á algunos no gusta 
vernos ocupados en esta larca, será un motivo 
maS para no dejarla é ir siempre adelante. 



Lsl Viíiésiiiia-tercera Lcfiislatura. 



No será exagerado el afirmar que al penetrar, 
no ha muchas semanas, en la antigua ciudad de 
Sta. Fé los Ilons. ciudadanos á quienes las urnas 
electorales del '76 confiaban la solemne misión 
de proveer con sus le^^cs al bien y salud de la 
patria, entraban con ellos en el asiento y centro 
de nuestro gobierno las ansias y los deseos de la 
parle mas culta é ¡lustrada de nuestro pueblo, y 
quizás hasta de muchos cuya condición social no 
saliera de la esfera común. 

La Legislatura anterior, por efecto de intrigas 
y tretas, cuyos autores mejor permanecieran en- 
vueltos en obscuridad perpetua, habia decreta- 
do _y sancionado leyes tan inesperadas }■ al pro- 
pio tiempo tan contrarias á los intereses mas vi- 
tales del Territorio, tan opuestas á los sentimien- 
tos profundamente arraigados en el religioso co- 
razón de la raza hispano-amei'ieana, tan subvci- 
sivas del orden social establecido por costum- 
bres y u?os seculares que {¡arcc'ó despuntar en 
el Nuevo Méjico la aurora de unos cambios los 
mas radicales y funesto uni entras domine en es- 
te país el elemento originario y natural! 

Al paso que los pocos autores y al ogados de 
aquellas leyes, á las cuales quedó impreso el le- 
nombre de leyeíi odiosas, congratulábanse de su 
triunfo en los órganos de la prensa extranjera, 
no hubo de un lado á otro del Territorio que un 
grito de exasperación y protesta, una aspiración 
vehemente y un voto unánime de deshacer chan- 
to antes y derrocar hasta sus bases la obra con- 
sumada contra el deseo y los intereses universa- 
les. Y esta tuvo que ser la prenda de seguri- 
dad y buen éxito que dieran los candidatos de 
ambos partidos, demócrata y republicano, cuan- 
do presentábanse al pueblo para ser enviados 
por él á las Aulas Legislativas. 



-44- 



Xo es pues extraño si el pueblo entero tuvie- 
se puestas sus miradas en los Senadores y Di- 
putados de la vigésima-tercera sesión, y espera- 
se ansiosamente el resultado de sus trabajos. 
Todos hal)iau asumido el empeño de rescindir y 
rechazar las leyes que el pueblo no habia reco- 
nocido, y (jue violara públicamente en raas de un 
caso, protestando con las obras contra la violencia 
<]ue se le hacia bajo el nombre y las formas de 
]egali(]a(l. 

Cinnplir con la palabra empeñada, satisfacer 
á los justos reclamos de la población, era el im- 
perioso deber de nuestros Legisladores. Pero 
liabia obstáculos en el camino que solo podia su- 
perar una voluntad decidida á romper todas 
trabas y vínculos, y triunfar á costa aun del 
interés personal y del cariño de la amistad. 

ÍIssta ahora el hecho corocspondc á laszespe- 
ranzas. Olvidados los rencores Republicanos y 
Demucratas se estrecharon la mano sobre el al- 
tar de la patria. Intrépidos sostenedores del 
derecho, miraron con desden la temida cólera 
de los prepotentes. Despreciadores magnáni- 
mos de su interés personal, cerraron los oidos á 
la voz del favor. Superiores á sí mismos, negá- 
ronse á consultar-los sentimientos del parentesco 
y el afecto de la amistad. Todo calM delante de 
la justicia y del pueblo. Las leyes odiosas ca- 
yeron. 

;,Ouánto tiempo quedarán derrumbadas? ¿No 
se levantarán otra vez? Señores, acordémonos, 
en la hora de la victoria, del infausto dia de la 
derrota pasada, y de la {)0sibilidad de una der- 
rota futura. T^as le3'es que acabáis de sepultar 
pcrinaneccrán bajo tierra, hasta que no salgáis 
vosotros de la actitud tomada en la Legislatura 
de LST8. ]\Iientras os defendiere esa cindadela 
inexpugnable de la unión, del sacrificio, del des- 
interés, del patriotismo, seréis temibles, y snpc- 
rioi'cs á los ataques mas encarnizados, y á las 
insidias mas traidoras. Pero el dia (lue se en- 
trometa en vuestras filas el odio de unos á 
otros, bajo semblante de diversidad de partido; 
el dia (|ue os acometa hi loca idea de ver subyu- 
gadas á vu(>slrá ambición las familias de vues- 
tros distritos; u que saci'ili(|ueis á la falsa amis- 
tad, al (;ariño desordenado, al interés, y á la as- 
tucia (í !>repoleuc¡a ajena, elbien del j)neblo y 
el don mas precioi^o y mas bello del individuo 
social, la libertad é iude|)endencia de sus ideas 
y acciones, aípiel diasenfun dia fatal para vues- 
tra patria, y veréis sui'gir de nuevo no solamen- 
te las leyes horradas del cutligo territorial por 
vuestra firmeza y Iioniadcz, sino muchas otras, 
evolución y complciiiento h'gico y necesario de 
uqu(dlas. 

(icorge Washington, al des¡)cdirse del jmeblo 
(jue ]ial)ia formatlo y gobcinado con su sabidii- 
i'ía y prudencia, no pudo menos de prevenirle i 
contra loshorribles y devastadores peligros del 



espíritu de partido. "Este espíritu,' dijo, "es 
desafortunadamente inseparable de nuestra na* 
turaleza, teniendo su raiz en las pasiones mas 
fuertes del corazón humano. Existe bajo dife- 
rentes formas en todos los Gobiernos, raas 6 
menos sofocado, subordinado ú comprimido; pero 
en los de forma popular se le echa de ver en to- 
da su fuerza, y es verdaderamente ?u mas fiero 
enemigo. La dominación alternativa de una 
facción sobre la otra, aguijoneada por el espíritu 
de venganza, connatural con las disensiones de 
partido, y causa, en varios tiempos y países, de 
los mas atroces desmanes, es en sí misma un 
despotismo horroroso. Pero conduce, al fin, á 
un despotismo mas formal, y permanente. * * * * 
Los daños universales y continuos del espíritu 
de partido bastan para interesar y obligar un 
pueblo sensato á atajarlo y refrenailo. El sir- 
ve siempre para distraer los consejos públicos, y 
debilitarla administración pública. El agita la 
sociedad con celos mal fundados y con falsos a- 
larmas; enciende la animosidad de una parte 
contra la otra; fomenta, á veces, el tumulto y la 
insurrección. El abre la puerta á la inÜucncia 
extranjera y á la sobornación, las que hallan fá- 
cil entrada en el Gobierno mismo, por el conduc- 
to de las pasiones de partido. Y así la [¡olítica 
y voluntad de una nación hállanse sometidas á 
la política y voluntad dé otra."' 

Nadie pintó jamás con colores mas vivos y 
verdaderos los aciagos y mortíferos frutos de 
ese desatinado espíritu de partido. Nadie po- 
dia comunicar á sus palabras autoridad mas gra- 
ve ni mas apta para doblegar un espíritu ameri- 
cano. Es el Fundador de esta esclarecida y 
vasta República, es el Padre de la Patria, el 
que nos amonesta y aconseja, el que levanta su 
voz contra el mas fiero eneniigo de nuestro Go- 
bierno, el espíritu de partido. 

Desvanezcan, pues, las antiguas querellas, 
¿(¿ué Demócratas ni qué Republicanos? Sed 
^lejicanos. Lejos de nosotros el sembrar odio- 
sas zizañas. Al decir: sed Mejicanos, no es 
nuestro intento sublevar una contra otra las dos 
razas que pueblan el Territorio. Antes bien 
nosotros (|UÍsiéramos ver siempre mas estrecha- 
dos y mas fuertes los lazos que unen á los nobles 
hijos de Motezuma y Pelayo con los generosos 
é infatigables descendientes de los Edmundos y 
I'^duardos. Si los primeros son aquí los antiguos 
dueños, no recibieron sino de los segundos aque- 
lla Constitución que les garantiza paz y prospe- 
ridad en lo interior, amistad y respeto entre las 
naciones del universo. Decimos, enq)ero: sed 
Mejicanos; es decir sea vuestra política la unión 
en todo aquello que es necesario para la conser- 
vación 3' el desarrollo de los intereses inheren- 
tes en el país. ^Mientras permanezcáis unidos, 
dominareis; divididos, seréis dominados; y do- 
minados no por toda la poicion americana del 



7:45- 



Territorio, sino por pocos aventureros que sobre 
vosotros y sobre los americanos extenderán su 
brazo usurpador; pero los que de ello más sufri- 
rán, seréis sin dudu alg-unu, vosotros. Sea lo 
pasado útil y memorable lección de lo futuro. 

Las pocas palabras que acabamos de escribir 
sobre la vigesima-tcrcera Asamblea Legislativa 
no dejarán de acarrearnos alguna leve odiosi- 
dad. Serán quizás a(iil)uiilas á la parcialidad 
con que hemos de mirar á un Cuerpo cuyo pri- 
mer acto fué una ley en favor de aquella Com- 
paiíía á la cual nos honramos y estímanos di- 
chosos de pertenecer. Tero, diga el mundo lo 
que quisiere: acostumbrados estamos á dicterios 
mas injustos y ultrajosos. Dos hechos queda- 
rán de pié en nuestra defensa: la existencia de 
lej'es odiosas, y el derrumbamiento de las mismas 
por obra de la Legislatura actual. Cuando se 
niegue que existían leyes abominadas por la uni- 
versalidad del Teri'itorio, funestos recuerdos de 
la dominación momentánea de un espíritu anti- 
católico y anti-mejicano; cuando se niegue que 
rechazando y anulando estas lej^es, nuestros Se- 
nadores y Diputados dieron muestras de una 
fortaleza y valor que les hiciera superiores á to- 
do partido, 3^ acreedores á las alabanzas y aplau- 
sos de todos, entonces se nos podrá acusar de 
parcialidad y lisonja. 



Algunos apiíiites sobre iiiieslra igiioraiicia. 



El aserto, que para pertenecer á la Iglesia Ca- 
tólica es preciso ser ignorante, es un indicio de 
tan grande }' supina ignorancia, que el confutar- 
lo debería parecer trabajo tan inútil como el 
confutar con toda seriedad la estólida proposi- 
ción, que el mundo, con todos sus cuadrúpedos 
y bípedos, sus aves y peces, sus árboles y plan- 
tas, salió de un huevo inmenso, puesto por una 
gallina de dimensiones colosales y nacida, diga- 
mos, en una montaiía de la luna. 

Sin embargo, á fin de recordar á las naciones 
civilizadas cuanto deben á esa Sociedad divina 
que les diera el ser y la vida, mas bien que para 
contestar á los audaces calumniadores, nunca 
han faltado apologistas de la Igler.ia Católica; y 
éntrelos mas valientes comparecieron Protes- 
tantes de un talento y erudición capaces de aca- 
llar toda perversidad; hombres á quienes anima- 
ba únicamente el celo de revindicar el honor de 
la verdad ultrajada por la mentira mas vil y la 
ignorancia de la crédula chusma. 

No ha mucho leíamos los testimonios del his- 
toriador Protestv.nte Hallam sobre el estado de 
cultura de las naciones católicas, mucho antes 
que levantaran su -cabeza en el mundo, y enar- 
bolaran su rebelde estandarte los pobres frailes 
ó curas apóstatas que enmascararon bajo las a- 
pariencias de una fementida Reforma el orgullo 



satánico que los devoraba, y la mas estraga- 
da lascivia. No nos pareció oportuno publicar 
á la sazón lo que todos los diarios católicos co- 
piaban casi á porfía. Nada nuevo, nada mara- 
villoso ha dicho Hallam, ni podia decirlo des- 
pués de los trabajos de tantos invictos campeo- 
nes de la verdad, Ranke, Guizot, Macaulay, y 
otros acatólicos eminentes, que á pesar de preo- 
cupaciones y errores inveterados derramaron en 
sus escritos raudales de luz sobre la denigrada 
Iglesia Católica. 

vVhora, empero, que oimos en nuestras cerca- 
nías el eco de los viejos ladridos; ahora que un 
papelucho, notable solo por su cínica osadía y su 
crasa ignorancia, hácese acopiador voluntario de 
los dislatesde sus miserables antepasados, no nos 
rehusaremos al ingrato trabajo de verter al idio- 
ma español, como exígelo el estilo de este perió- 
dico, algunas de las sentencias consignadas en su 
Historia de ¡a Literatura por el Protestante Hal- 
lam. Tendrá de que ruborizarse, si rubor cabe 
en ella, la llamada Revista Evangélica. 

La '"ignorancia entre las masas" es "uno de 
las medios por medio úq. los cuales el pueblo per- 
manece ó se hace católico," dice en su bárbaro 
lenguaje aquella hoja de papel de estraza que se 
arroga el título de Revista. Ignora que la Igle- 
sia Católica popularizó la enseñanza cuando hu- 
biera sido locura el intentarlo otro poder cual- 
quiera, y milagro el conseguirlo. 

La Divina Commediahé, durante la vida mis- 
ma del inmortal Dante Aligiiieri y desf)ues, el 
poema del pueblo. Dante moria en 1321. "El 
inglés, dice Hallam, fué raramente escrito, y a- 
penas usado en prosa hasta después de la mitad 
del siglo XIV.'' "Juan Taulcr, fraile Domini- 
co de Estrasburgo," prosigue el mismo autor, 
"es creido el primer prosista Alemán. Taulor 
murió en 1361." "Por el año de 1400 hallamos 
la literatura nacional en siete lenguas naciona- 
les." Con que, las lenguas nacionales nacieron 
en los Conventos; y cuando el inglés y el ale- 
mán apenas eran escritos, en Italia, en la tierra 
esencialmente papal, florecían las obras maestras 
del genio cristiano! 

Hallam cita en el libro mentado á un tal Wip- 
po, csciitor Alemán del año 1000, quien prue- 
ba que d arte d% escribir, y consiguientenseiile de 
leer, era en a(|uel tiempo universal por toda la 
Italia. Wippo no era italiano, ni defendía la 
causa católica contra los ataques del espíritu de 
partido; su testimonio, no pudiendo ser fruto de 
exagerado amor patrio, ni de prevenciones reli- 
giosas, queda siendo seña evidente de verdad 
histórica. De la obra de los Monjes Benedicti- 
nos Nouveau Traite de la Diplomatiqve (libro do 
vasta erudición sobre el arte de descifrar los an- 
tiguos diplomas y títulos) infiere Hallam que la 
lectura y escrituia eran dotes comunes á todos 
los seglares en Francia antes del fin del siu-lo 



M- 



XI ir. Los cstiidiaiiles de la Universidad d 
j'arís en 1 153 eran 25,000; Salerno y Montpel 
lier rivalizaban con París; y Oxford contaba, en 
nUO, ;U),000 estudiantes. Trescientos o' cnalro 
cíenlos años mas tarde la In^latciTa jirotestante 
Iiabia de ceder la {íalnuí á la Inglatcn-a catúlii'a 
en punto al concurso de sus Universidades y Es- 
cuelas. Maniliéslanlo estadísticas de autoridad 
irrefragable. Ki Príncipe Consorte, en un dis- 
curso inaugural pronunciado en la Exposición de 
Aíanche.ster en 1851, aíirniaba que los niños ca- 
paces de ir á escuela cri Inglaterra y Gales eran 
4,1)OS,()0(); que de esté número mas de la mitad 
nunca iba á escuela; que de la otra porción la 
mitad iba por menos de un año; de manera que 
tres cuartos de los niños. de Inglaterra y de Ga- 
les puede decii'se (¡ue no vaii á escuela níiígnna. 
IjOS debutes pai'lameníales de 1870 demuestran 
que en Binningham de 58,000 niños entre los tres 
y trece años de edad, solo 2G,()00 iban á escuela; 
en Leeds, de 58,000, iban 18,000; en Manchestcr, 
dcGO, 000, iban 25,000;y en Liverpool, deOO.OOO, 
i!»an :)0,000. P]s decir (pie solo 40 por 100 van 
lí escuela en la Inglaterra protestante, en la In- 
glaterra del siglo XIX; cuando en la Inglaterra 
(lo la Edad Media, en la Inglaterra católica, 
ii)an 75 por 100. 

Y siendo (pie hablamos do la Edad Media, re- 
cordemos algunos hechos al mcz(piino copiador 
de las paiiari'uclias y farándulas de sus péifidos 
jxn'o ú lo menos no idiotas antecesores. En a- 
(p.iellos tieiupns, cuando no hablan encendido la 
antorcha dí'l mundo los Luleros y Calvinos, cin- 
cuenta ciudades italianas poseían la prensa; y 
Florencia, liolonla, Milán, Poma y Venecia po- 
seían varias. (Jada ciudad IVancesa tenia la suya, 
y j)or toda iMiropa hervía igual amor á las Ic- 
tr<is. l¡iglateri-a, enijiero, no contaba en aipiel 
tiempo una sola imprenta; no contó una sola has- 
ta lines del reinado de Isabel, y para mayor bal- 
don de a(pH'l país, ílallam nos dice (pie los cor- 
chetes y esl)irros del poder penetraron en la oli- 
cimí, y ha 'k'iidolo todo astillas, se llevaron con- 
sigo lad(;-peila/ada m;'(pnna. Buckle, a|)oy;índo- 
sií en .Anllu)ay. deninestra (pie hasta el 1711 po- 
cos ¡mpi-t'sorcs habla e:i Inglaterra, fuera de 
Londres. No había ni uno eti dicster, Liver- 
pool. Whllehaven, Preston, Manchester, Plmlal, 
Leeils. 

lid r>iblloU'(.'a de Monaco de l'aviera pieten- 
de tener 20,0(11) volúmenes imprimidos durante 
los primeros cincuenta años del ai'te de la im- 
pi-cnla; Inglaterra y l'^scocia, durante los prime- 
ros cien años, no pueden jactai-se de haber im- 
preso mas de II ú 15 llbrltos, y estos mismos 
no salieron de nlngumi ¡mi)renla regidar y esta- 
blo, pues ni una sola tenian. 

Al (tomparecíM- los l*rotestanles nos hallaron 
en posesión de i5 Univei-sldades, en una sola 



de las cuales, la de Iloma, profesaban á expensas 
del gobierno pontifical 100 Catedráticos. 

"Pero," añade Ilallam, "en Italln, a' mas de 
las Universidades, no habla ciudad, ninguna, por 
poco (]ue fuera considerable, donde no se pro- 
porcionara al público Instrucción ('U ¡as lenguas 
latina y griega, y en n)U(,hps .cafes l^ajo profeso- 
res de gusto lino y de recóndita eiudicion, y 
cuyos nombres eran entonces fanusos.^' 

Cale|)lo publica en 1502 el Diccionario Latió 
(pie es todavía ahora cimas compUlo y de don- 
de han co|)lado sin escrúpulo todos los moder- 
nos Lexicógrafos. ¡Y á cuántos que pasaron en 
nuestro siglo \)0V prodigios de talento y doctri- 
na veríamos marcados con la nota de míseros pla- 
giarios si fuésemos á registrar las,blbliolccas y 
archivos de los antiguos Monjes. Eudous, "el 
helenista mas profundo de Europa,'" publicó sus 
Comentarios en 1529 en París; sn obra ha sido 
el almacén universal de todos los compiladores 
de Diccionarios Griegos, Leonardo da Vinel, 
muerto en 1519, habia anticipado lodos los dcs- 
cnl)rimicnto3 que dieron inmortalidad á Galileo, 
Kepler, M stlin, Castelli, Copérnico y aun á los 
mas recientes geólogos. Y siendo imposibles 
tantos y tan grandes descubrimientos en un hom- 
bre Sülo, c.-<[)ecialraente en aquellas circunstan- 
cias, muy justamente observa Haílaín que el ha- 
llai'las todas indicadas i)or Da Yinci "debe ha- 
cernos sujíoner con suücientc fundamento que 
ciertas paites de la ciencia física habían ya su- 
bido á una altura que no se descubre en los li- 
bros.'" 

Acabamos las [observaciones 3* citas, debidas 
casi por entero al Truc ]]ltncss de ^lontreal, 
ton otra que servirá [)ara mayor realce de nues- 
tro asunto, poniendo en contraste la antigua 
cultura de los pueblos católicos con la conducta 
abyecta y soez de los piímitivos líeí'ormadores. 
Erasmo, á quien los Protestantes migaron siem- 
pre con ojos de amor fraternal, así describe á 
aipiellos (Jescarados pervertidores de nuestra f6 
y costumbres: "Algunas ciudades de Alema- 
nia redundan de errores, de desertores de mo- 
na.^terios, de curas casados, y de una chusma de 
ai)drajosv)s y hambrientos. No se ve mas que 
billi's, comilonas, borrachera y maldad; no se 
enseña ni se aprende. Su conducta de ellos no 
tiene candor ni decoro. Donde quiera que se 
lij(M), (lesaparece la moral y la piedad. P>astan- 
te ;í menudo hemos oído el l^vangelio, el Evan- 
gelio, el Evangelio; pero desearíamos ver algo 
de la moralidad del Evangelio. Dos cosas solas 
buscan ai\ínosamente, mm ho dinero y una mu- 
jer. Su Evangelio les da todo lo demás, plena 
libertad de vivir á su antojo.. Yo he sido testi- 
go ocular de tal conducta, que aunque me dis- 
gustaran menos sus dogmaí^, de ninguna manera 
comunl<'arla con olios." 



Al- 



«iBi» rTm'ii«r»tf-riT-iT « i g ^Tt»i iríii B mn¡n' <m i ar iT i ií wq ^ 



XiO-S 



CORAZONES 'POPULAEES;- 



—C'g'^y'T^ T-jy^^sv — 



-I ' 



- {(hutinnacioif-^Fág S5-3Q.J. 

— 7jPoro qui! me cuenta iisted ahora! respondió 
Riccioj han pagado la deuda,, si existe, anticipada- 
mente: hLÍg.imc, por tanto, el favor de hablarme de 
otra cosa. , 

— Bien: hablemos de otra cosa por ahora. Esto se 
tratará nuevamente á svi. tiempo, cuando se ofrezca 
otra ocasión propicia. Lo que conviene que sepa, en- 
tre tanto, es .que no somos insensibles, y que su ac- 
ción generosa está escrita en medio.de nuestro cora- 
zpn...¿Qué dices, .Onofre? ¿No estás conforme con 
mis palabriiti? , ^ , 

Onofre:r-pMi)pletameBte: dices, lo que digo yo. 

— Luego, íiliora le o.bedeyemos, señor Riccio, y de- 
jamos hi, cuestión ap?,rte. Piense sanar pronto y bien. 
En el ínterin, por curiosidad, ¿no conoce alguna per- 
sona á la cual pudiéramos hacer un favor, en consi- 
deración á utá,tfd'? Seria.un, gusto para todos. 

Riccio comprendió que la señora le abria camino 
para poner ijobre el tapete la cuestión del préstamo, 
que tanto ansiaba realizar, y con tales intancias pe- 
dido por, él.,,Pareciéndole cosa honrada, que se podia 
tratar sin detrinjento de las conveniencias sociales: — ■ 
Esto, respondió _pront^amente,,e,s, harina de otro cos- 
tal. Si ustedes me quieren obligar do todas maneras, 
por pura cortesía .. , . 

— Hable, hable libremente, dijo entonces Onofre, á 
fin de tener su p.arte asimismo en la propuesta de su 
esposa. 

— Pues bien, sí, añadió Riccio; ustedes saben qui- 
zás á la hora presente que un amigo mió, un amigo 
del corazón, á quien quisiera yo alargar la mano á 
costa de mi vida, sufre angustias extremas. . .me con- 
siderarla muy recompensado, si, con mi garantía, us- 
ted, señor principal, se dignase venir á su socorro con 
un préstamo, no grandísiiíiOf, 
.7— ¡Todo esto! exclamó Onofre: ¡nada mas! ¿De qué 
suma se tratn? 

— De poco; do tres mil liras. . . Y sin embargo, ni 
a^in esto quisiera pedir, si no fuesen los grandes apu- 
ros de mi amigo, amenazado de una desgracia irrepa- 
rable. Tongo con él y, con su, familia intei'eses vitales. 
Después,, yo salgo responsable. . . 

— Diga: ¿Qué uso haria su amigo de la suma? ¿Se 
trata do alguna letra que vence? ¿De alguna deuda? 
'-—No hay deudas por medio: con el dinero compra- 
ría su rescate del servicio militar, seguiría siendo el 
sosten de b casa, y luego reembolsaría ouando pu- 
diese al acreedor, incluso el i^terés corriente, al cinco 
ó al seis por ciento. Onofre era, todo orejas al oír .es- 
tas condiciones. Riccio particularizó la principal. — 
Yq s'áldrp g.irante dpi reembolso, obligándome por la 
suma de trescientas liras anualts, que se descontarán 
do mi sueldo. 

Al oír estas últimas frases, alentó el señor Onofre, 
y procurauds) dar á su cara un aire mas benigno que 
nuncíaS^Si nada' mas quiere, dijo, caro señor Riccio, 
tres mil francos poco es. 

— Para él es todo; y mas aun para mí, pues al lle- 
varle la noticia recobraré la vida. . .¿Le puedo, pues, 
dar esperanzas? . . . 

— Esperanzas, no; dele la seguridad; cuando digo 
una cosa, u.sted lo sabe, vale mas que una estipulación 
en que haya intervenido notario. 



— ¿Puedo, pues, participarlo á mi amigo? 

7-Sí: ¿quién lo duda? Haga que extienda la obliga- 
ción en papel sellado, en la forma que me ha propues- 
to, y mándemela esta noeho, mañana, cuando quiera: 
yo desembolsaré á la vista el dinero. Queda enten- 
dido el descuento anual según su gusto. ¿Eytá con- 
tento? 

— ¡Cuánto! no se lo puedo expresar eon palabras. 
Con este anuncio vuelvo de la muerte á la vida toda 
una familia, á la cual amo, y con la que tengo asun- 
tos pendientes que me llegan profundamente al alma. 
Esté seguro, señor principal, de que esta bondad su- 
ya mo liga mucho á usted y á su señora con vínculos 
do afecto perenne. Se lo juro; no tendrá otro depen- 
diente mas empeñado en la prosperidad do sus asun- 
tos: al deber de justicia se añade ahora para mí la 
obligación mas viva de la gratitud. — Y continuó añr.- 
diendo otras cosas, que mostraban hasta qué punto 
Riccio so creía honrado y favorecido con el favor que 
acababa de lograr. Por lo cual el señor Onofre salta- 
ba de gozo, llenándose de admiración por sí misroo, 
y magnificando en sus adentros sii propia munificeji- 
cia. 

No así su mujer. Emengardaso había puesto lívida 
de cólera. — ¡Cómo! decía en su interior; ¿después do 
tanto catequizarle, me sale Onofre con un préstamo? 
¡Con un préstamo garantizado! ¡A Eiccio, que lo lia 
hecho nacer por segunda vez! ¡Que continxia en el le- 
cho con las manos queuiadas por afecto á él! ¡Gran 
resultado han tenido mis amonestaciones! ¡Tantos 
cumplimientos, y después de tantos esfuerzos, conclu- 
ye por hacer una figura de judío! — A pesar de todas 
estas reflexiones que le hervían dentro, creyó que lo 
mejor era callar por el pronto, pareciéndole cosa fea 
reprender ásperamente á su marido en presencia de 
un joven empleado en su casa. Mas no solía guardar 
mucho tiempo lo que acudía á su mente, ni era tan 
tímida que lo dijese por medio de una embajada. 
Oportunamente lo veremos. 

XI.A-. 

UNA NOTICIA ALEGRE. 

Casi no habían salido aun del cuarto de Riccio el 
señor Onofre y su mujer, cuando el generoso joven, 
dominado por el contento y por su inefable ventura, 
sintió un deseo, un afán, una necesidad de ver delan- 
te, á Fíliberto y á su hermana, con el fin de participar- 
les la gran dicha. — Consolará esto á m: Adela de su 
pesar por haber caído yo en cama . . . una noticia com- 
pensará la otra. Le parecían mas leves ya las heridas 
de sus quemaduras, y aun alegrábase de haber con- 
ducido á puerto sus ansias mayores con tal leve tem- 
pestad. A poco mas salta del lecho con el fin de di- 
rigirse á la casa de su amigo en persona. Mas conte- 
nido por los ruegos de su madre y por las prescrin- 
cíones del médico, se contentó con pedirla que fuese 
incontinenti á ver á su amada, y que con todas las 
precauciones posibles le participase la nueva del in- 
fortunio sufrido, ya que desde el día precedente por 
la tarde no había encontrado medio de avisarla. Aña- 
dió la rogase también que faeso pronto á visitarle, 
para tratar de un asunto importante que no con.sen- 
tía dilación. 

-Tres cuartos de hora después entraba de nuevo en 
el cuarto de Riccio su madre, la buena Juana, cu com- 
pañía de Adela y de su hermanito, por el cml quiso 
la joven ser acompañada. 

— Todo va bien, Adela mi.i, todo está coirieníe, di- 
jo el joven al contemplarla. 



-48- 



— ¿Cómo? respondió la Adela. ¿Qué desgracias son 
estas? ¿Qué ha liccho con sus manos? 

— Nada, nada: un mal que va desapareciendo por 
instantes. ¿No so lo ha dicho mi madre? 

— Me asusté toda, temiendo que solo me dijese la 
verdad á medias, para no aterrorizarme. 

— ¡Qué buena! ¡Qué buena! Tranquilícese; no es 
una cosa grave. Lo grave solo es que se arregló ya el 
asunto dcjlas tros mil liras; Filiberto está libre. 

— ¿Lo dice de veras? 

— Como si tuviera el dinero en el cajón, escudo so- 
bre escudo. 

— ¡Oh Virgen del cielo! exclamó Adela levantando 
sus ojos llenos de dulces lágrimas á una Virgen sus- 
pendida en la cabecera do la cama. ¡Cuánto te debe- 
mos todos! . . . ¡Es preciso advertir de súbito á Fili- 
berto. Iré á su oficina . . . Pero explíqueme como ha 
sido. ¿Qué le tengo que decir? 

— No le diga nada. Le hablaré yo . . . Diga solo que 
venga lo mas pronto que pueda . . . Oiga; podríamos 
hacer una coaa mejor: acompáñeme un poco, y envié 
á la oficina á Ernestito, con una tarjeta mia. Tú (por 
la primera vez atrevióse Riccio á decir tú á la joven) 
escribes en ella dos líneas, á fin de que se venga no 
bien salga de allí: mi madre dispondrá un bocado pa- 
ra todos. 

Considerando Adela que le quedaba la excelente 
compañía de la buena madre, no se hizo rogar, y es- 
cribió sobro la tarjeta de su futuro esposo: '^En casa 
(le liiccio. Estimado Filiberto: Eiccio está en cama 
por un lijero accidente: confio que no será nada. ¡Ase- 
guradas las tres mil liras! Ven á buscarme aquí des- 
pués de la oficina, y á comer con Riccio. Así lo desea 
él. Adda. 

Al leer Filiberto el billete, qiaedó turbado. Ignora- 
l)a si debia entristecerse ó alegrarse, sospechando que 
el mal del amigo fuese mas grave de lo que se anun- 
ciaba. Interrogado Ernesto, solo supo decir que ha- 
bía visto á Iliccio en la cama con las manos cubiertas 
de vendajes. 

— ¿Está muy abatido? ¿Habla? pregunto Filiberto. 

El muchacho: — Me ha parecido hallarle mas alegre 
que nunca: también Adela esta contentísima. 

Filiberto se dejó vencer de la esperanza y del gozo 
do su liberación, ya segura por fin. Dijo á Ernesto 
<|uo iria no bien pudiese. Fué volando realmente, an- 
ticipando la hora ordinari:i de su salida. Entró en el 
cuarto do su amigo, y diólü un estrecho abrazo, sin 
poder hablar casi, por la multitud de afectos que le 
dominaban. — Está bien lo del dinero, dijo; pero este 
pei'cance nos agua la fiesta. 

— No tengas miedo, respondió Iliccio: es una des- 
gracia feliz, que arregla nuestros asuntos; el do la | 
quinta, el de Adela, todos. — Y contó lo sucedido. 

— ¿Me aseguras, le preguntó después Filiberto, que 
se curarán tus manos? 

— Lo tengo por indudable: el cirujano me promete 
la piel nueva dentro de dos semanas. ¿Cuándo quie- 
res recibir las tres mil liras? 

— Cuando se pueda: hoy mismo, si te place. 

Iliccio refirió las cláusulas del contrato, convenidas 
con el señor Onofre. Quiso que la escritura de obli- 
gación se redactase incontinenti, para poderla pre- 
sentar al dia siguiente. En cuanto á su firma, no pu- 
diéndola poner hoy ni mañana; por el estado de su 
salud, confió que no tendría dificultad en esperarla 
unos cuantos dias. En caso diverso, decía me atarás 
una pluma en el puño, y procuraré trazar un borrón 
(jue se asemeje á una firma. 

Mientras los dos amigos hablaban íntimamente de 



las peripecias de la noche última, y disponían el por- 
venir, Adela, con la sencillez que la caracterizaba, se 
había entendido con su futura suegra, interviniendo 
en los quehaceres de la cocina de una manera tan 
dulce y natural, que parecía su alumna y compañera 
durante muchos años. Por ello deleitábase la señora 
Juana con secreta satisfacción, gustando anticipada- 
mente la ventura doméstica, que dentro de pooo go- 
zaría con tan amorosa nuera siempre á su lado. Mira- 
ba Riccio á su prometida, sin sombrero y dobladas 
las mangas, agitarse en torno del hornillo (desde la 
cama, por haberse abierta la puerta, veía perfecta- 
mente la cocina) manejar las servilletas, y luego, muy 
atareada, venir á su cuarto y poner la mesa, entrete- 
niéndose algunos momentos con él, pronunciando fra- 
ses cada Tez mas dulces y afectuosas; parecíale que 
contemplándola, descansaba y se reponía del mal. Su 
creciente alegría se derramaba en el corazón del ami- 
go: — ¡Qué bello dia! exclamaba este. ¡Quién lo hubie- 
ra dicho ayer! A esta hora estaba yo cansado, de mal 
humor y lleno de malestar, teniendo que atarearme de 
continuo para complacer á los otros; tú trabajabas en 
la oficina, escribiendo y escribieudo con la cabeza en 
el número malo, en el Consejo de leva, en cien pen- 
samientos tristes. . .Y ahora todo se ha cambiado; si 
no hubiese de por medio las quemaduras que me pi- 
can, hasta seria excesivo el placer: todos estamos 
contentos. 

— Sí, ciertamente, gracias solo á tí. 

— Gracias á Dios, debes decir, respondió Riccio. 

— Y gracias á la Virgen del Consuelo, añadió Adela 
que oyó la conversación al poner los vasos en la me- 
sa. 

— Es preciso que tambion lo confiese, respondió 
Filiberto; no esperaba que se arreglasen así en un 
instante nuestros asuntos. Veo la mano do Dios. Hoy 
conseguimos todos lo que mas deseaba cada uno. Yo 
me siento libre como un pájaro del aire, señor de mí, 
lleno de esperanza en mi pobre carrera, bastante para 
lo que se necesita, tranquilo }• sereno . . . No soy uno 
de los reyes del dinero; mas vivo alegre cuando veo á 
mi hermana, que será tuya, por tantos títulos. En 
cuanto á ella, no creo que po Iría soñar en conseguir 
mejor fortuna. . .¿estás conforme, hermana? 

La joven no respondió, desapareciendo después do 
mostrar una brillante sonrisa de júbilo. 

Riccio añadió: — En cuanto á mí, no pido nada mas: 
mi madre está en sus glorias. No nos falta la menor 
cosa, sino tener libres estas manos abrasadas. ¡Y 
pensar que todo esto se logra C()n tros mil liras! El 
que nos las presta podría regalarlas, sin mayor ex- 
torsión que la que sentiríamos si comprásemos una 
caja de fósforos; yo podría, si fuese un picaro, ha- 
cerlas desaparecer de las cuentas, con la misma faci- 
lidad con que olvido alguna vez los milésimos de 
franco. Mas conviene decirlo en honor suyo; por él 
no ha quedado; á dejarle hacer, hubiera dicho una 

f)alabra; creo que hoy me hubiese regalado de veras 
a suma. No he querido yo, y estoy contento de mi 
conducta: es mejor no contraer una obligación do es- 
te género y llevar la frente alta. 



{ Se continuará. J 



REVISTA CATO 




PERIÓDICO SEMANAL. 

Se publica todos los Sábados, en Las Vegas, N. M. 



Año IV. 



2 de Febrero de 1878. 



• V-''» 



NOTICIAS TERRITORIALES. 



Tnos. — (Manifiesto). — Nos el Cuerpo de Comisio- 
nados en y por el Condado de Taos, en conformidad 
con la Ley que previene que un manifiesto sea hecho 
anualmente del Estado financiero de cada Condado, 
tenemos el honor de someter el siguiente informe, que 
demuestra el Estado en, que se halla el Condado de 
Taos, en el año que termina con el primer término re- 
gular de Enero A. D. 1878. A saber: 

INTROITO. 

Enero 1° 1877-Tenia en esta fecha el Conda- 
do recibido 1193 48 

Enero 3 *' -Kecibido del Tesorero cesan- 
te 117 90 

Abril 6 " - '; " Colector por Li- 
cencias y multas 166 81 

Julios - " , « " " « " 547 25 

Octubre 15 - " " Tasación 525 00 

Dio, 12 - '* " venta de anima- 
les V 45 80 



Suma $2596 26 

ÉXITO. 

Enero 1° 1887-Tenia en esta fecha el Conda- 
do bonos girados por valor 2026 86 
Abril " -En varias cuentas por la elec- 
ción de 1876 82 00 

" " -A los oficiales del Condado 

cesantes de 1876 237 00 

1877-Al Alguacil Mayor y Colec- 
tor 233 99 

-A los Comisionados del Con- 
dado por asistencia á las se- 
siones 132 00 

*' -A los Inspectores de Escue- 
las " " " 94 00 
" " Condestables, servicios 
en caminos. 26 30 

-Utensilios de Oficina, (para 
uso del Condado) 47 30 

-Al Asesor 25 00 

-Al Secretario de la Corte de 
Pruebas y de Comisionados 200 24 

-Gastos hechos por la Corte 

de Distrito y que ha pagado 

el Condado 819 10 

-Al Tesorero del Condado.... 96 00 

-Al Juez de Pruebas (9 me- 
ses sueldo,) 150 00 

1 contribución que el Conda- 
do debia desde 1874 ... 20 00 

-1 compostura de la Cárcel 
atrasada " 8 00 



Suma 



$4097 79 



-Deuda actual del Condado 1501 55 
Esta es la deuda por cuentas aprobadas por el 
Cuerpo hasta la fecha. Se sabe que existen todavía re- 
clamos tanto por servicio de oficiales, como por gastos 
de la Corte de Distrito, originados en 1877, pero no 
han sido presentados aun auto este Cuerpo. 

Don Femado do Tao;;, N. M., Enero 10, 1878. 

CüisTOBAL Mares, 
Pit'si dente del Cuerpo de Co- 
misionüdos en y por el Con- 
dado de Tuos, Nuevo Méjico. 
Testifico, 

Juan F. Montoya, 
Escribano Ex-oticio dtl 
Cuerpo de Comisionados. 

NOTICIAS NACIONALES. 



listados Ussidos. — Es cosa digna de notarse 
que casi á un mismo tiempo Mr. Conkling en el Esta- 
do de Nueva York, Mr. Chandier en Now Hampshi- 
re atacan al presidente, al paso que en Washington, 
en Maryland y en Louisiaua quieren que se instituya 
un examen para averiguar con qué medios Mr. Hayes 
se estableció en la Casa Blanca. ¡Infeliz nación, la 
que sucumbe á manos de radicales hambrientos! Esos 
señores que van ahora contra el presidente son los 
mismos que por sus intrigas y fraudes lo colocaron en 
el puesto que ocupa. Esperaban después de haber 
salido bien en esta famosa empresa, poderse sentar 
tranquilos al banquete de la nación, y disfrutar cu 
paz de la victoria. Pero, les salió el tiro por la culat.'^. 
Mr. Hayes inaugurado presidente con títulos muy du- 
dosos, y ciertamente no del todo honorables, se ha 
propuesto gobernar el país lo mas dignamente que 
por él se pudiera sin hacer caso ninguno de sus ami- 
gos radicales. lude ira'. De aquí la rabia de estos 
caballeros, los cuales si fuesen capaces de un poco do 
vergüenza no deberían hacer otra cosa sino callarse y 
disimular. 

As'kasisas. — Se tstán multiplicanelo en todos los 
puntos de los Estados Unidos las pruebas evidentes 
del progreso del Catolicismo en esta Eepública. Se 
trata ahora de levantar una nueva catedral en Little 
Rock, Arkansas. Un periódico de aquella ciudad 
dice: "En la mañana del 1" de Enero hubo un vieetimj 
de los Señores de la Parroquia católica de St. An- 
drew, para tomar las medidas necesarias á fin de le- 
vantar lo mas pronto posible una nueva Catedral. 
Muchos han acudido á la Junta, y la liberalidad des- 
plegada por los que estaban presentes, es un garantía 
de que la Catedral será ciertamente edificada. No 
conocemos el plan ni los cálculos de los costos del fu- 
turo edificio, solo sabemos que será hermoso é impo- 
nente, digno del Estado y de la Ciudad. Muy pro- 
bablemente, por lo que hemos oído, costari$ 40,000, 
suma que en estos tiempos escasos de dinero, será su- 



-50- 



ficieute para levantar un monumento imponente por 
sus dimensiones y hermoso por su forma. No duda-' 
mos de que otros, ademúa de los Católicos, contribui- 
rán á la fábrica do la Catedral." 

1'ir^-iiBÍa. — La sede episcopal de Eicbmond ha 
quedado vacante por la traslación de su Obispo el M. 
li. Gibbous á la sede arzobispal de Baltimora. . Par> 
rece ahora cierto que Mñr. Chatard, rector del semi- 
nario americano en liorna ha sido elegido Obispo de 
Richmond. 

C'alifoi'iiiíft. — De una carta particular dirigida al 
_^' Editor del Ave Maña sacamos algunos pormenores 
acerca del progreso do nuestra santa religión en Ca- 
lifornia. Las Eeligiosas de Santo Domingo están 
trabajando con ahinco para el bien y adelanto do la 
Religión en las costas del Pacífico. Han establecido 
academias y conventos eu varios puntos, especialmen- 
te en Vallejo y en Stockton. En San Eafael, Marin 
Co., tienen un asilo para huérfanos eu donde cuidan 
á 3U0 niños. Dos sacerdotes el liev. J. Croke cura 
do S. Rafael y el Rev. J. Cassin tienen la dirección de 
este asilo, cu^'o edificio tuvo que agrandarse última- 
mente. La Academia de Sta. Catalina en Benicia es 
una de las mejores del Oeste. El edificio, rodeado 
do hermosos jai-dines, -os grande y muy cómodo, en 
un sitio apartado de la ciudad y cuenta 100 alumnas 
Otra magnífica Academia se está construyendo en S. 
Francisco. En fin los progresos do la Iglesia en Ca- 
lifornia durante estos últimos años han sido verdade- 
ramente maravillosos. 

Ai*i'.ft4íiía. — Recibimos do un nuestro querido a- 
migo y corresponsal do Tucson una carta en la cual 
se describen las fiestas do Noche buena en aquella 
-ciudad. Sentimos recibirla domasiado tarde para 
traducirla y publicarla. Sin embargo no podemos 
monos de hacer notar, lo quo de la misma carta se 
desprende, es decir la condición excelente de las dos 
escuelas parroquiales, dirigida la una por las Herma- 
nas de S. José, y la otra llamada de S. Agustín. El 
^QÚmero de los escolares es según nuestro correspon- 
sal de IGO niñas, y 1G8 niños. Toda la plaza con o- 
casion de las fiestas de Noche-buena manifestó gran- 
de interés por las escuelas, y todo promete que estas 
prosperarán cada dia mas. 

NOTICIAS EXTÜANJEKAS. 



Bioma. — De una correspondencia do Roma al 
Z/ü.idoii Standard sacamos lo siguiente: "Se dice que 
el Padro Santo proveyendo á las necesidades de la 
Iglesia está preparando reformas muy importantes 
para la disciplina do las Ordenes Religiosas. Todas 
estas reformas tienden á que las corporaciones reli- 
giosas se levanten de nuevo mas poderosas y mas vi- 
gorosas que antes. Estas órdenes son el blanco do 
la opresión de todos los gobiernos tiránicos. Sus bie- 
nes y sus posesiones son la primera cosa que caen 
entre sus uñas. Ni es extraño; pues las Congregacio- 
nes religiosas son los puestos avanzados de la Iglesia; 
y por esto el enemigo los está atacando con grande 
furia, con la esperanza do poder llegar hasta la cinda- 
dela. Se dice quo dos do los mas sabios Cardenales, 
obcdeciojido á las órdenes del Papa, han estudiado 
mucho (!ste asunto. Según so refiere, estos Cardona- 
los son los Emos. Teófilo Mertel, y Juan Bautista 
Franzolin." 

Han sido creados Cordeiuiles, Mñr. Vicente Moret- 
ti, Arzobispo de Ravonna, y Mñr. Antonio Pcllcgrini 
Regento de la Penitenciaria. 

S<aíia.— Los revolucionarios que han desterrado, 
ó do otra manera vojudo los Sacerdotes y religiosos 



eu Italia, han procurado á otros países que tenían ne- 
cesidad de Sacerdotes, el beneficio de la administra- 
ción de los sacramentos, y do la predicación de la pa- 
labra de Dios. Últimamente leíamos que un grupo, 
de cuarenta misioneros italianos está para hacerse á 
la vola hacía Patagonia. Este es uno de lo3'paises 
L':,imas miserables de.Ia América del Sur,, y. hasta ahora 
no habíamos nunca oído hablar de misiones en aquel 
país. Los misioneros irán primero á Roma para re- 
cibir del Padre Santo su misión y la bendición apos- 
tólica. 

Francia. — En un artículo del Xinekenth Ceiüury 
Sir Garnet Wolsey da una idea de lo que es ahora 
el ejército francés. En verdad no se creer-iai^ue Eran- 
cía hubiese podido en tan poco tiempo organizar do 
nuevo su ejército, y organizarle sobre éste pié, si no 
lo hubiera afirmado un hombre de tan. grande autori- 
dad. Dice pues Sir Garnet. "Si F!í"AUci,a tuviese 
que entrar encampana en 1878,.creó que su fu'ejza 
militar seria como sigue 

Ejército activo 719,000 

Reserva 500,000 

Ejército territorial 500,000. 

Ejército auxiliar de obreros 90,000 . . 



Total ^ _ , 1,809,000 _, 

Esto, sin contar los oficiales, ni las guardias civiles 
(22,000) ni las guardias republicanas (3,800) , ni las 
Guardias de aduanas y Guarda-bosques (13,400) El 
ejército activo está dividido en 18 cuerpos de.giwvi'- 
nicion en Francia, v otro en Argel. ..Cada uno do los 
18 cuerpos que están en Francia consiste en dos divi- 
siones de infantería, y el de Argel en tres. La fuerza 
de cada cuerpo de ejército consiste en 25,000 hombres 
de infantería, 1,800 sables 102 cañones, 1,000 inge- 
nieros haciendo un total de casi 800,000 además do 
los hombres de administración. En 1892 La reserva 
habrá llegado á su fuerza nominal, y para este tiempo 
Sir Garnet piensa que el ejército francés será como 
sigue. 

Ejército activo 719,000 

Reserva del ejército activo 520,000 

Ejército territorial 594,000 

Reserva del ejército territorial 638,000 



Total 2,471,000 

EsÍ;e inmenso ejército pondrá de nuevo la Francia 
en el puesto de la mas importante potencia militar de 
Europa: pero con todo, esta grande nación no hará 
nada con sus millones de soldados si no llega á desem- 
barazarse de los radicales que lé están chupando la 
sangre y bebiendo los sesos. 

Un corresponsal se expresa como sigu« acerca del 
nuevo Ministerio Francés. "Hr.bia creído que el ele- 
mento protestante en el nuevo Gabinete era de 3 sobro 
nueve. Me equivoqué. Los ¡jrotestantes tienen la 
mayoría en este ministerio, siendo cinco sobre nuevo 
mini&tros. La indignación do la prensa católica fran- 
cesa se está extendiendo á otras'iíaciones también, do 
modo que puedo contarse con una protesta general del 
mundo católico. En efecto, es um insulto á los 3(5 mi- 
llones de católicos franceses, que el único millón de 
protestantes de aquella nación deba manejarla y do- 
minarla á su antojo. El Papa que debo tener relacio- 
nes frecuentes con el Ministro de negocios extranje- 
ros, se verá obligado á tratar con un Protestante lii- 
ijhíi. Eu cuanto á los demás ministros se dice que son 
francmasones de modo que como Louis Veuillot dico 
en el Uniccrs: Satawás reina y doinxnará." 

En cuanto á uos()tros, sise exceptúa el Ministro do 
Relaciones extranjeras, el cual siendo extranjero no 



-81"1: 



sabemos como ni porqué se ha podido introducir en 
un Gabinete francés, diremos sin rodeos que mucho 
masínós espantan los ministros francmosones que los 
protestantes.-^ " 

Aleaaaaiíia. — ¿Quieren los lectores formarse^una- 
idea;de,la pers.Qcucion en Alemania? Leaü pues las 
siguientes líneas sacadas del Waslvington. JRepuUican: 
'•¡'Bonita idea tienen do la libertad religiosa en Ber- 
li^,' y ún ífiétodo muy gracioso para acauar las dispu- 
tas re]igíosá;s! El siguiente Aviso al 'público, qué apa- 
reció httce poco en los periódico alemanes,' nos hace 
acordar de aquel tiempo cuando leíamos en los pe- 
ri(^dícQS. dQl Sur, Beivarcl $75 for Black, 4cench-I^ollyr—, 
Biln aioay-^Branded on left arm, etc. El ^mso alemán, 
es' el seguiente: Wanted, se busca Pablo ^Melchers, 
doctor en teología, y antiguo Arzobispo dé Colonia. 
Fué condenado por un decreto de la Cámara de Cor- 
ree&ion de.tOolQüia por ejercicio -ilegal de funciones 
eclesiásticas^ Nacido en Munster,- residente de Co- > 
lonia, cI^_64"áños, de cabello fino, ojos pardos,, cara pá- 
lida, complexión delicada. Aviso á la policía para 
aprender á dicho Melchers cuando lo hallare, y tra- 
erlo á mi presencia. Colonia 14 de Not. 1877; Pro- 
curador imperial." •;■;■■;■'-.-: 

Lag Beflexioaes que añade el Bepiéliccín'^.on.tgAes 
cu.§le^ .^^¿bxe n^ punto -de esta naturaleza pueden es- 
perarse dé un yg.rsJadero y sesudo Americano; pero no 
crea el buen editor de aquel periódico seglar que es- 
tamos aquí tan 'lejos de esa libertad religiosa cómo él 
imagina, o Venga p. e.á Nuevo Méjico y se convence- 
rá que en e^ta misma Eepública es posible qnié venga 
un tiempo en que se perseguirán los sacerdotes cató- 
lico3^,ppr haber celebrado m,isa sin la debida autoriza- 
ciónj como en Aleraania. ^ ., ,^..... . ; .. 

'Ffiía'^íiüaía.— Las derrotas dé los turcos no sé acá-' 
ban; los rusos aprovechándose de la ventaja que les 
ofrece el invierno sobre los turcos acostumbrados á 
un clima dulce, y sobre todo desmoralizados á causa 
do las derrotas precedentes, van adelante con intrepi- 
dez acosando con la espada en la mano á sus infeli- 
ces adversarios. Los Balkañes han sido pasados; una 
seria batallaj ha' tenido lugar últimamente entre los 
Eu^os y -los restos de los ejércitos Turcos entre Tatar 
Bazardjik, y Filip,ópolis.. Los Turcos se han visto obli- 
gados a replegarse antp sus enemigos superiores en 
número y én valor moral. Suleiman Pacha se ha di- 
rigido hacia Filipópolis, haciéndola evacuar y luego 
incendiar; Otras ciudades han sucumbido á la misma 
6"aerte; ííag-i.- espantosa desorganizaeioíi reina en 
Constantinopla, Los fugitivos llegan allí á millares, 
y todos los esfuerzos del Gobierno y de losCo?9íiVes 
de Socorro ingleses no bastan para prestarles un ali- 
vio contra el hambre. Poco tiempo falta á los Ru- 
sos para llegar á Adrianópolis, incapaz de defenderse; 
y tal ivez;á estas horas ya habrán llegado. Y pues 
qu©, q1 armisticio, á lo que parece, no tendrá lugar, 
nadapodrá impedir á los vencedores de acercarse á 
los muros de Constantinopla. Allí podrán obligar á 
la Puerta á hacer la paz bajo duras condiciones. Sin 
embargo parece 'qué Austria é Inglaterra han indica- 
do á Turquía' y á -Eusiá" que sus Gobiernos respecti- 
vos no reoonocerian ningún tratado de paz que estu- 
viesp-^n contradicción con el tratado de París., La 
Francia , misma,.. ó-mejor dicho, Gambetta,.que al pre- 
sencie lo puede todo en Francia, ha manifestado su 
intención do intervenir en el arreglo final de la Cues- 
tión' de Oriente: al paso que según los periódicos 
franceses Alemania piensa apoyar á la Eusia. 

Lps presidios de Widden sobre eh Danubio y de 
Er?;.eroum en Asia han capitulado. 

Aaiaérica «leí 'Sur, -Damos aquí á continuación 



algunas noticias de las repúblicas hispano-americanas 
que por falta de espacio no nos fué posible dar en el 
número anterior de la Bevisfa. 

CiJaaateanalsa. — Eh General Barrios presidente ha 
promulgado un decreto para la completa libertad de 
la prensa. Pero parece que allí no se distinguen bien 
las dos ideas de licencia y de liberiad: de modo qne 
"libertad de prensa" significa para muchos periódi^cos 
"permiso do injuriar según que á uno se le antoja. ' 
Por ejemplo, el Obispo de Nicaragua habia prohibido 
á los católicos la lectura de un cierto diario, El Camfl, 
que parece no ser otra cosa que uU canal dé injurias 
y de calumnias. Otro periódico de la misma calaña, 
creyendo que los Jesuítas ( ¡siempre los Jesuitas!) ha- 
bían sido la causa de esta condenación, halló con- 
forme á la libertad de la prensa expresarse de la si- 
guiente manera: "Los Jesuitas de Nicaragua han sido 
los verdaderos autores de la excomunión, del valeroso 
periódico, el cual se atrevió á atacar en sus trinche- 
ras' esos falseadores de conciencias hipócritas, lepra 
de las almas, espíritus corrompidos, intehgencias 
muertas á toda dignidad, etc., etc." Eeferimos aquí 
todo esto para que nuestros lectores no vayan á creer 
qué solamente en Nuevo Méjico sea permitido inju- 
riar á los Jesuítas, y que solamente el Neio lletican - 
tiene ñecesidadde aprender las reglas de buena crian- 
za. "'.;'.,■,. ^ \ , .^. ^\, -_",, . 

Cfifiile, — De todas las ÉeiDÚblicas dé la América 
del Sur, la sola que hasta ahora no habia perseguido 
á la religión católica, era el Chile. Era también la 
sola que había Gontiniiamente prosperado, ofreciendo 
así un singular contraste respecto á las demás, que ' 
están siempre en revolución. Pero últimamente la Ée- 
pública de Chile empezó también ella la época de per- 
secuciones. Los liberales (como se llaman allí, y en 
otras partes los enemigos del catolicismo) han alcan- 
zado una mayoría en la Cámara, y algunos importan- 
tes oficios en el Gobierno. Los han conseguido no 
porque forman la mayoría de la población chilena, si- 
no porque allí los católicos se han abstenido de ocu- 
parse dé política. Pero ya se están despertando. Los 
liberales habían hecho pasar varias leyes contra los 
católicos sin ninguna ó casi ninguna oposición, cuaOj-., 
do al fin creycron.que era tiempo de hacer pasar una 
ley para la secularización de los cementerios. Parece 
que la manía de los tiempos presentes es la de sécula- 
riza.r cualquiera institución; las escuelas, los hospicios, 
los hospitales, los cementerios; liasta que lleguemos 
á la secularización de las Iglesias, ó, lo que es lo mis- 
mo, á la abolición de cualquiera religión. Pero los 
catóHcos de Chile no quieren de uinguna_ manera ver 
profanados sus cementerios, y la excitación que tuvo 
lugar en la Cámara y en el público cuando se supo lo 
que maquinaban los Liberales, fué inmensa. Por lo 
demás, este principio de persecución puede conside- 
rarse como providencial. Los católicos de Chile esta- 
ban demasiado quietos y tranquilos: nada sabían de 
lo que la Iglesia Católica padecía en otros países, ni 
creían que su tranquilidad pudiese ser alterada jamás 
Pero ahora despertados, por decir así, por las señales 
precursoras de la persecución, están organizando, la 
defensa. Hubo una junta de 3,000 católicos en San- 
tiago, y otra de 500 en Linares, además de varias 
otras reuniones en las provincias. Se han publicado 
varias protestas en forma de discursos contra las 
nuevas leyes anti-religiosas, y los periódicos católicoy. 
hablan en el mismo tono. 



52- 



SECCION RELIGIOSA. 



CALENDARIO RELIGIOSO. 
FEBRERO 8-9. 

3. Dombvjo IV después de la Epifanía. — S. Blas, Obispo y Múrtir. 
S.'Uitn Üelorino y sus Compaüeras, Mártires. 

4. Lunes - Snn Andrés Corsini, Obispo y Confesor. Santa Juana 
(le Vulois. 

C. Martes — hoB Stos. Pablo, Jr.nn, y Jaime, Mártires de la Conipa- 

fiift do Jesús en el Japón. Santa Águeda Virgen j' Mártir, 
fi. Miércoles — Santa Dorotea, Vg. y Mr. San Tito, Übpo. y Conf. 

7. ./uci'e.v — San Roiunnldo, Abad, Fundador de los Monjes Camal- 
dulonses. Sania Juliana, Viuda. 

8. Viernes— Sfin Juan de Mata, Confesor, y Fundador do los Tri- 
nitarios. Santa Cointa, Mártir. 

9. Sábado — Santa Apolonia, Virgen y Mártir. S. Nictforo, Mr. 



SANTA ÁGUEDA, VIRGEN Y MÁRTIR. 

Palermo j Catania, ciudades de Sicilia, dispiitanse 
la gloria de haber sido patria de esa noble esposa de 
Jesucristo. Cierto es que, bajo el emperador Decio, 
consiguió la corona del martirio en Catania. Porque 
habiéndose publicado un edicto cruelísimo contra los 
Cristianos, fué acusada Águeda con los demás. Man- 
dó Quinciano, siendo presidente en Catania, presen- 
tarla delante de sí; y así que la rió, luego fué preso 
do su rara y extremada belleza, y se determinó á to- 
mar todos los medios posibles para atraer la santa 
doncella á su estragada pasión. Pero, resultando to- 
do en vano, mandó entregar á Águeda á una vieja sa- 
gaz y lasciva llamada Afrodisia, para que con el tra- 
to de ella y sus hijas, no menos perversas, la santa 
doncella Águeda se fuese ablandando y perdiendo el 
amor á la castidad y á Jesucristo. Nada logró con 
sus mañas la vieja maliciosa y taimada; y refiriéndolo 
á Quinciano, mandó este llamar á Águeda y preguntóle 
"¿Cómo, siendo tu noble, sigues las costumbres de los 
Cristianos, gente despreciada y vil?" A lo que con- 
testó Águeda: "Mas noble es la vida de esos despre- 
ciados Cristianos que no la tuya y la de los Eeyes y 
Emperadores; pues no hay verdadera nobleza que la 
de ser esclavo de Jesucristo." Embravecido Quin- 
ciano la mandó abofetear, y luego traer á la cárcel. 
El dia siguiente fué presentada otra vez delante del 
juez, que con sus halagos y blanduras, y despules con 
sus bravatas y amenazas, no pudo persuadirle quo 
dejase la fé efe Cristo. Ordenó, pues, que le fuese 
torcido y atormentado un pecho, y después le fuese 
cortado de raiz. Y la santa con ánimo valeroso le dijo: 
"¿No te confundes, ó cruel tirano, de atormentar á 
una doncella en los pechos, habiendo tu recibido el 
primer sustento de tu vida de los pechos de tu ma- 
dre?" Mas el presidente, ya encarnizado en aquella 
sangre pura, la mandó volver á la cárcel, y cuatro 
dias después, extender y revolver sobro brasas de car- 
bón encendido y pedazos menudos de tejas. En esto 
un grandísimo terremoto hizo temblar toda la ciudad, 
que despavorida y asombrada pidió á grandes clamo- 
res que librasen á Águeda, y corría hacia la casa del 
presidente. Turbado esto, mandó quo aprisa lleva- 
asen de nuevo á su víctima á la cárcel. Entrando en 
ella Águeda, y alzando, con las pocas fuerzas que le 
quedaban, sus brazos al cielo, comenzó á orar á Dios 
de esta manera: ' Señor, que desde mi infancia me 
has hecho tuya, quo has muerto en mí el amor del 
mundo, y me has hecho mas fuerte que mis tiranos y 
verdugos, abre. Señor, los brazos de tu piedad, y reci- 
be esta alma mía que por tí solo suspira." Y aquí 
con su oración acabó su vida, el 5 do Febrero, y año 
del Señor 251. 



REYISTA CONTEMPORÁNEA. 

Después (le la viruela, estalló en la capital 
del Territorio otra enfermedad, ]& jesuitofoMa,* 
{horror á los Jesuítas; para los que no saben 
griego lo decimos). Es una enfermedad casi in- 
sanable, pues muy pocos son los que, habiéndola 
cogido, se mueren sin ella. No sabemos si es 
contagiosa, porque acontece con ella lo que ob- 
serva el Rev. P. Truchard acerca de la viruela: 
que es muy irregular en su curso, se ladea y 
salta por encima de las sierras, y cae en un 
barrio de una ciudad dejando otros intactos, imi- 
tando en esto el granizo y las heladas que caen 
por mangas. Lo que hay de cierto es que la 
jesuitofohía ataca de un modo muy particular 
casi todos los individuos de sangre masónica, y 
causa en las Logias estragos horrendos; acometo 
también violentamente á los herejes de tez faná- 
tica; y se ceba en los católicos do complexión 
libre-pensadora. La ciencia médica no ha des- 
cubierto todavía el origen de esta enfermedad, 
habiendo sido en todo tiempo muy diversas sus 
causas próximas. Así, verbi gracia, en Santa 
Fé parece haber sido producida por un exceso 
de humor atrabiliario, que subiendo al cerebro 
ha trastornado las fantasías y calentado I0.5 cas- 
co?, por señas que los jesuitófohos no son mas 
dueños de sí mismos, ni de sus ideas y palabras. 
El remedio mas eíicaz en este caso es echarles i 
menudo jarros de agua fria. 



Entre los artículos publicados en el New Mcx- 
ican, 2G de Enero hay uno de un tal, que se pro- 
fesa Católico nacido y bautizado en la Iglesia Ca- 
tólica; él, no obstante todo c.^^o, hace eco á los 
sentimientos é injurias proferidas por el Gober- 
nador en un mcní=aje de Veto, y denuncia á los 
Jesuítas como "una sociedad peligrosa, inquieta, 
digna de ser expulsada;" lamenta que "el mas 
funesto dia para Nuevo Méjico, fué cuando estos 
entraron en sus límites," y proclama "ser estric- 
tamente necesario vigilar mucho sobre ellos y 
reducirlos adentro de sus límites.'' Por remate 
de su filípica, censura altamente uno de ellos 
(el P. Gasparri), "cuya conducta é instrucciones 
son, dice, en extremo sediciosas y peligrosas; de 
manera que la reprensión personal, que le hizo 
el Gobernador en su mensaje de Veto, fué bien 
merecida." Pero se consuela acabando, entre 
otras injurias y disparates, con el pensamiento 
que "con esto le ha i)rivado de una gran f)artc 
de su poder para hacer mal." No nos importa 
saber quién es esc Católico, flor y nata de vileza, 
hipocresía y malicia, ([uc quiso mantener el 
inci'tgnito para resguardar su honor, pero que 
muestra á las claras haber vendido su conciencia 
V su religión :t las fana'ticas preocupaciones del 
Sr. Axtcll. Y en efecto ¿con qué conciencia 



-53- 



amontona tantas injurias contra una óváen en- 
tera j contra ' indi^ídnos, sin tener motivo, y 
sin poder dar una prueba? ¿C(5mo prueba que la 
conducta de aquel Jesuíta es sediciosa, que- sus 
Instrucciones son peligrosas, que él y sus corti- 
pañeros se salen de su esfera, atentan dominar 
las legislaturas y conseguir poder? ¿cdmo per- 
suadirá que ellos son u'fiüs entremetidos peli- 
grosos en lo que üo les toca? Reduciéndonos á 
la sola cuestión de hecho, preguntamos: ¿qué mo- 
tivos y qué pruebas tiene el pretendido Católico 
para decir j?^ sóstíínef esto? Quizás por haber 
nosotros presentado un acto de incorporaciou, 
el cualpas(5'*n'0'obstanté los esfuerzos de alganos. 
¿Y esto es entremeterse? Quizás por haber ma- 
quinado otras cosas "con aquel secreto que es el 

íírasgó mas peligroso' de la sociedad." Y ¿qué 
pruebas trae pára^fcsto? No aduce -mas prueba 
sino la-'de que es Católico, como si por este nom- 
bre-estuviese autorizado á poder decir injurias y 
á ser creído,' cuando las profiere tan enormes 
contra los Jesuítas, j^ ¡Es Católico! Catu'lico que 
pretende saber mas que la Iglesia que aprueba, 
y defiende esta sociedad. Católico que condena 

-.;como-^ií4S(|üieta y tjSieligrosa una orden que la Igle- 

-sta'tiéne como^aludable y benéfica. Nuevo tipo 
de Católico es este,' que sacrifica su conciencia y 
religión, bajo. eh nombre mas augusto para^im- 
patizar c©n el '^-obernador, para aprobar cor- 
dialmente su conducta é invectivas, para pos- 
trársele delante y darle el incienso de sus mas 

■vileS'adulacioncs.^ Nuestro anónimo es catóJien 
ni rníB ni menos que como Judas fué ''discípulo 
de Cristo '^''"'"^ ui \ .-'lOinü: ;■:;■>„• i.'.-i* /;; 

Modelo de las cartitas amorosas, que llaman 
los Franceses billet-doux, es el siguiente trozo CvS- 

^ cogido y traducido, lo mas literalmente que nos 

■ fuera posible, del JSÍew Mexican. ;'En nuestro 
último número quedó insertado sin advertirlo 

Y/^A.9,||ue'cpíi' pocas excepciones aisladas, el 
segundó^incnsaje del Gobernador Axtelles aco- 
gido favófablemente por los pel-iódicos del país.' 
Se hubiera debido' afirmar que el mensaje fué 

^ bien acogido sin excepción 'ninguna por toda la 
prensa del país, que de cualcjuié'ra manera se in- 
teresara en él. Algunos podtán preguntar cómo 
puede ser esto (¡¡EhUjmkndiQ los ^machos cabríos 
emisarios de Italia' f////A.^Vj hallaron falta con 
el mensaje en cada palabra, linea y párrafo, es- 
pecífica y genéricamente. Eso es la cosa mas 
sencilla del^.mundo. Si el Gob. Axtell.hubicse 

'sido tratado por esos machos cabríos ^híisdrios 
con alguna, que otra expresión de curií^limiento, 
naturalmente y 'con mucha razón el país hubiera 
sospechado de una vez que. el gobernad.or se 

^ hubiese vuelto am'igo ( ¡¡¡¡Oíitj!! ) de la mas be- 
llaca entVe las combinaciones de los hombres por 
sti traición á la libertad so capá'de'nuestra santa 
Religión, si no es que so hubiese hecho uno de 



ellos (¡¡¡¡¡Uh!!!!!)r 



Hemos oido por ..conductos. secretísimos;, pero 
seguros- cuanto cabe serlo, que los "piadios ca- 
bríos emisarios de- .Italia''; han mandado dibujar 
en la vieja España el-diiSeño de una, hoguera de 
la Inquisición. La hoguera será construida en 
una de las fábricas americanas, on an improved 
plan, j podrá quemar de 10 á 15 herejes á la 
vez. Dícese también que se dará á entender al 
pueblo americano que la hoguera servirá para 
establecer un lanificio en este Territorio, pero 
que el intento verdadero es empezar desde lue- 
gx) un aído defé. Parece, sin. embargo, que esto 
empieza ya á traslucirse en el vulgo, pues.el 
Ifew Mexican ha olido 3^a algo y anda muy afa- 
nado en preparar los medios de defensa. 



< "^^ >- ^> ' » ' 



Dice el Nuevo Mejicano: "Desde el memora- 
ble 14 de Octubre, 1492, America, norte y sur, 
no ha tenido mas que una Santa— Rosa de Lima. 
El otro dia la segunda santa fue canonizada en 
Roma, y será conocida con el nombre de Santa 
Maria de la Encarnación. El equilibrio santoral 
queda establecido por fin, entre las dos Ameri- 

-.cas, siendo la nueva santa natural del Canadá," 
— El ilustrado periódico de Santa Fe quería de- 
cir: "Desde el memorable 12 de Octubre;" por- 
que. j3^n tal día, y no en 14, desembarcó Colon en 
Amérii^a. Pero, continuemos: desde aquel dia, 
"América, norte y sur, nc ha tenido mas que 
una Santa — Rosa de Lima." No, señor; la Amé- 
rica del Sur ha tenido además la Beata Maria 
Ana-de Paredes y Flores, natural de Quito; 
varios santos religiosos martirizados en el Ja- 
pon, y beatifioados por Pío IX, naturales de 
Méjico; Santo Toribio, San Francisco Solan, S. 
Luís Beltran, y el B. Pedro Claver, considera- 
dos los cuatro como S.int.os Americanos, porque 
en América pasaron la mayor parte de su apos- 
tólica vida. Mas, ¿cuándo oyó hablar de Santos 
el Nuevo Mejicano". Lo mas bonito es que quiera 
echarla de chistoso: "El equilibrio santoral," 
dice en lengua ibero-sajona, "queda establecido, 
por fin, entre las dos A.mericas." Pues ya se ve: 
ocho ó diez Santos por una parte, uno por otra, 
el equilibrio es perfectísimo. Además de que, 
¿dónde-, está ese equilibrio? ¿Y los Santos del 
postrer' dia. uo se toman en cuenta? , "Siendo la 
nueva Santa natural de Canadá," concluye nues- 
tro versátil, agudo, eruditísimo historiador sa- 

• grado y profano. . Pero la nueva Santa nació ea 
Tours, ciudad d^e Francia, en 1596; entró en las 
Ursulinas de Tours, en 1621; y se hizo á la vela 
para el Canadá en '16*39, ■• á 4os-43 años de su 
edad. 



•ÍIi.íO.i Üa '■ 



'üí. k'=í 



hid-Jiili >¡J VM|) ^.ci.iih 



' La pitonisa dS'Las Vegas, Mías conocida bajo 
el nombré "de Chiquirriiina (Juapa, andaba el 
mes pasado en jeremiadas capaces de destrozar 
.el corazón mas empedernido. Lloraba á lágrima 
viva la profanación del dia del Señor por causa 



-64- 



de esos papistas prevaricadores impíos, que jue- 
gan por las calles el Domingo por la tarde. 
jLástiraa que hayan desaparecido de entre los 
mortales los fervorosos Puritanos, las Leyes Azu- 
les, y tantas cositas mas! Pero, consolaos, Sacer- 
dotisa acongojada y doliente; pues no hay eu 
toda la Biblia un tt-xto solo que prohibe una re- 
creación honesta 6 inocente en los dias festivos. 



Recibimos y publicamos á continuación un co- 
municado que un nuestro buen amigo nos envia, 
no tanto porque contiene palabras muy halagüe- 
ñas en nuestra defensa y encomio, cuanto porque 
hace los merecidos elogios de nuestra actual Le- 
gislatura. 

"Sr. Editor — Espero tendrá la bondad de pu- 
blicar en una do sus columnas el siguiente escrito. 

"He visto en una de las columnas del Nuevo 
Mejicano semanario un artículo, sin saber el nom- 
bre del cobarde que lo publicd, en el cual se di- 
ce que "la Cola Albuquerqueña al papelote Je- 
suíta de Las Yegas desea saber si el fanatismo 
del Gobernador alcanzará hasta poner su veto al 
Acto que el Jesuíta Gasparri consiguió pasar." 

"No sabe el vil cobarde anónimo que escribió 
aquel artículo que 1a Legislatura no está maneja- 
da como él piensa por el Jesuíta, y que este no 
tiene, creo, tampoco tales intenciones de manejar- 
la. Pero como ninguno de los que la manejaron 
otros años, lo ha podido hacer ahora, de esto se 
originó el enojo y la ira, que esos tales quieren 
desahogar contra el Jesuíta. El vil cobarde ha 
visto que los legisladores están tomando los pa- 
sos que creen serán útiles al país de Nuevo Mé- 
jico, entre los cuales pasaron un Acto para in- 
corporar una .sociedad beueficioía al pueblo Neo- 
mejicano, y católica además: por esto tan grande 
enojo. Si en vez se hubiese pasado un Acto in- 
corporando cualquiera otra sociedad ó secta, en- 
tonces el anónimo no lo hubiera llevado á mal, 
y nada hubiera tenido que decir en contra. Pe- 
ro claro se ve que hemos tenido la mala suerte 
de mazclarnos con algunos de los extranjeros que 
han venido aquí, que quisieran privarnos de to- 
dos nuestros derechos, y aun gobernarnos de 
una manera atroz. Como ahora se han desen- 
gañado de que no pueden hacer nada con sus 
astucias, y como no hallan contra quien descar- 
gar 3' reventar su ponzoña, se echan encima de 
un Jesuíta, que siempre ha hecho bien y procu- 
rado el bienestar del país. Dice el anónimo que 
el Acto, en cuestión es anticonstitucional, ¿pero 
cómo no lo fueron otros semejantes pasados po- 
cos años atrás, contra los cuales nadie se levan- 
tó? ¿Será este incostítucional, por ventura, solo 
porque se trata de Jesuítas? 

'•I)ice también que si porqué la Prensa del 
rico Jesuíta debe ser exenta de tasacian, ¡JCl rico 
Jesuíta! palabras tan viles como falsas, ó mejor, 
rico no de diaero como el anónimo será 6 quer- 



rá ser, sino de ciencia y virtudes, y de buenas 
razones para defenderse si gusta contra lenguas 
que hablan solo cwantas locuras se les vengan á 
la cabeza. El anónimo hace mención de la pren- 
sa, porque acaso él quisiera que mas bien alguna 
otra ó suya ó de alguno su amigo fuera exenta 
de tasaciones y por eso ha venido á rcgoldpr 
ahora, pero bien dice el dicho vulgar, el que es 
cofrade pronde velas: por esto se encolerizó tanto 
y vino á prender velas donde lo vieran todos." 
Gracias Sr. X por sus buenas palabras. 



Los Escándales del "New-Mexican." 



Habiendo discurrido, en el primer número de 
Enero, de los "Escándalos de La Joya," nos to- 
ca discurrir ahora de los escándalos del Nno 
Mexican. Con la diferencia, empero, que los de 
La Joya fueron escándalos verdaderos y reales, 
y los del Kew Mexican son escándalos /amáteos. 
Son escándalos que un mentido moralizador re- 
cibe, ó aparenta recibir sin causa, mirando hi- 
pócritamente como delito abominable lo que ni 
sombra tiene de culpa. 

Un articulista sin nombre, pero tipo de sola- 
padas gazmoñerías, nos imputa dos crímenes i 
cual mas falso é infundado: el de haber "grose- 
ra y maliciosamente difamado (libekdj al Go- 
bernador Axtell," y el haber hablado en térmir 
nos "que entrañan una postura característica^ 
mente jesuítica para el fingido santurrón que 
asesinara al Gobernador." El anónimo calum- 
niador alude á nuestro artículo sobre la trágica 
muerte de Mellon y Mopre, y la arenga pronun- 
ciada por el Gobernador cuando se dio sepultu- 
ra á los cadáveres de aquellos mal parados via- 
jeros. 

El Gobernador, ignorando todavía los pérfi- 
dos homicidas, incriminaba con estudiado disi-' 
mulo á la gentfr natural del país; y eso era poco, y 
fácil de desatender, siendo que no faltan en Nue- 
vo Méjico, como ni en ningún punto de la tierra, 
facinerosos capaces de cualquiera bellaquería. 
Pero propasábase el Gobernador ha?ta aludir, 
como á circunstancia agravante del delito, á "la 
proximidad de Iglesias donde por mas de dos- 
cientos años habíanse predicado dogmas religio- 
sos." Preguntamos á los desapasionados, y no 
al furibundo articulista del Neio Mexican, ¿qué 
conexión tienen con la muerte de Mellon j 
Moore las Iglesias y los dogmas católicos ense- 
ñados en ellas por mas de doscientos años? ¿No 
ora esto zaherir, con palabras indirectas y em- 
bozadas pero bastante significativas, la Religión 
profesada por el pueblo Neo-Mejicano, y por dos- 
cientos cincuenta millones mas, e.^pareidos sobre 
la faz de la tierra? El mismo articulista de San- 
ta Fó no se atreve á negarlo. Kl lo confirma, 
lo aprueba, complácese en ello como en cosa bien 
dicha, y que bien sienta á los "machos cabríos e- 



-55- 



misanosde Italia, los Jesuítas;" "si les cae bicu la 
casaca, ¡oh! que se la pongan; privilegio tienen 
para ello; y les haráí [vrovec ho." ¡Pasmosas cor- 
nada^ temerá recibir de 1 v)s" machos óabroís emi- 
sarios'' el cumplido 3' gentil anónimo! Mas si el 
Gobernador, en un acto ¡mblico y solemne, pue- 
de desmandarse en alusiones ultrajosas á la Re- 
ligión profesada por la inmensa ma3'oría de sus 
gobernados, ¿será (;?//"a7n(rr/'e el denunciar por me- 
dio de la prensa sus irijníi-tos ataques y descome- 
dimiento? No olvide su dignidad; respete lo 
que respetar debe, cualesquiera quesean los sen- 
timientos abrigados por él, y verá respetada y 
acatada su autoridad. 

Pero 'ios que oyeron y entendieron" al Go- 
bernador en La Joj'a "simpatizaron cbn sus sen- 
timientos." Falso; no todos "simpatizaron;" ó 
sino nadie se hubiera ofendido y quejado. ¿Y 
qué iraJ3orta que "simpatizara" con el orador, su 
adictísimo séquito? ¿Es menos grave, señor and- 
nimo, el baldón que os causa quien injustamente 
os abofetea en la calle, si algunos aplauden, y 
claman ¡ ¡bravo? 

La segunda calumnia mas seria y mas malig- 
na, es el haber nosotros instigado á algún fanáti- 
co beatón á que asesinara al Gobernador. Ya 
hemos protestado y protestamos de nuevo contra 
esa perversión de nuestras palabras y de nuestro 
intento. Nosotros hemos dicho: "La prueba mas 
brilla'nte de que los Mejicanos no son esos fora- 
jidos y desalmados que V. E., señor Gobernador, 
quiso dar á entender, es que pueda el primer o- 
ficial del Territorio insultar públicamente su ho- 
nor y su Religión, y seguir viviendo en paz." 
Por mas que el lerdo articulista subraye las úl- 
timas oalabras, desafiámoí^le á demostrarnos, á 
demostrarnos decimos, y no cavilar hipócrita y 
dolosamente, que contienen la dañada intención 
que nos atriljuye. Las palabras significan lo que 
dicen: que los Mejicanos vengarían sus insultos, 
si fuesen indistintamente tan desaforados malhe- 
chores, cpmo da á entender que lo son el que a 
priorí, sin haber hecho inrestigacion ninguna, los 
condena y denuncia por culpables de un abo- 
minable y atroz delito. No vengan sus insultos; 
luego no son tale?. 

¿Cómo de esc razonrimiento fluye la singular con- 
secuencia que los Mejicanos deberían vengar sus 
insultos? Nosotros los estábamos alabando por- 
que saben llevar con paciencia una afrenta co- 
mún, ¿y pretendereis que los incitamos al cri- 
men? Nosotros empezamos un artículo execran- 
do el asesinato de Mellon y Moorc, reprobando 
y estigmatizando sus ocnltos perpetradores, é 
invocando sobre ellos la justa colera é indigna- 
ción del país; nosotros haecraos eco al Goberna- 
dor que con su presencia y palabra imprime el 
sello de la condenación pública sobre aquel he- 
cho de infamia, ¿y al mismo tiempo incitaremos 
Á otros á nuevo» asesinatos, á nuevos hechos do 
infamia, á nuevos v maa hórritlos escándalos? 



Señores, que nos queráis suponer infames, hipó- 
crilas, perturbadores del drden y de la paz, sea; 
privilegio es este antiguo y universal del Orden 
á que pertenecemos, como es su privilegio con- 
tar admiradores y amigos entre los varones 
mas ilustres de la Iglesia de Cristo, en el clero 
y fuera de él. Pero úc suponerlo á haberlo j?ro- 
bado hay todavía mil leguas de distancia. Y 
cuanto á las palabras en cuestión, solo una ima- 
ginación farisaica pudo suponer en ellas el de- 
signio de provocar el populacho á atentar á la 
vida del Gobernador. Después de haber nos- 
otros vituperado del modo mas claro y enérgico 
los actos de violenta brutalidad cometidos cu las 
personas de dos privados y desconocidos, es ab- 
surdo y arbitrario el acusarnos de instigadores 
secretos de la muerte de un personaje público. 

¡Y es esta la primera vez que en nuestras co- 
lumnas se hace mención nianifiesla de los quince 
ó veinte homicidios cometidos en el Condado 
de Rio Arriba, durante los dos últimos años! 
¡Así se lo ha asegurado al escritor del New Mex- 
ican un Icjtor constante de la Revista Católica! 
Ese nuestro "lector constante" corre parejas 
con aquel escritor en el arte de la denigración, 
6 su memoria es tan fuerte como es fuerte el ca- 
riño que nos tiene el amable escritor. La Re- 
vista Católica no está obligada, á conocer, ni mucho 
menos á hablar de todys las atrocidades públi- 
cas ó privadas que vinieren á su conocimiento. 
La demasiada propalacioudel crimen es á menu- 
do maestra y propagadora de nuevos y mas hor- 
rendos delitos. Pero hay casos en que es pre- 
ciso hablar, ¿y quién ha dicho que el caso de 
Mellon y Moore es el primero al que hacemos 
nosotros alusión manifiesta? ¿No habló nunca la 
Revista Católica del asesinato de Louis Claik? En 
el No. 18 del Año II, queda escrito que "El Sr. 
Louis Clark, ccnncrciante de la plaza del Al- 
calde, Condado de Rio Arriba, ha sido asesina- 
do cerca de su misma casa. . . . Sentimos viva- 
mente y detestamos lances tan funestos. Qui- 
siéramos que la Justicia del Nuevo Méjico fuera 
algo mas severa; de lo contrario no habrá segu- 
ridad para la vida de los ciudadanos." 

En el No. 25 del mismo año se dice que "el 
asesinato de que ha sido víctima Don Antonio 
Lcrma de La Alameda, Condado de Bernalillu, 
coa las horrorosas circunstancias (pie lo han acom- 
pañado, ha excitado el mas grande terror y es- 
panto entre la gente del Rio Abajo.... lié 
aquí, pues, cuál es el estado de la pública segu- 
ridad en Nuevo Méjico, que tampoco en su pro- 
pia casa y en pleno. día se está seguro de no ser 
asaltado por los asesinos, robado y matado. Y 
entre tanto la pública justicia ¿qué hace? ¿en qué 
se ocupa? ¿qué caso se ha hecho de otros ase- 
sinatos, como por ejemplo de aquel muy recien- 
te de Luis Clark, cometido á vista de la misma 
Corle pu el Rio Arriba? ¿qué caso se hará do 
esto otro? Persuadámonos que si no se pone un 



-50- 



^^ 



■■= "■■ 



jvronto, eficaz }' oportuno remedio,^ los crimina- 
les se enardecerán mas, los delitos' se aumenta- 
rán' y el Territorio se irá volvií^ndo una cue- 
va de fieras en donde todos nos' hallaremos su- 
jetos al despotismo de públicos malliecliores.'' 

Otros delitos de sangre y muerte dcnnncia- 
nios en el mismo Año TI, Nos. I, 7, 40, etc. 

Otros aun en el Año III (1877) NosT9;""2Í5, 
'!3, íÜÜ,' 37, etc., cuyas palabras es inútil referir, 
Hcndo in) posible que n prenda jaímís á respetar 
la verdad el (jue la teme, odia y persigue.^ 

Y después do haber deplorado y execrado 
tantas veces los crímenes no solo del (fondado 
de Kio Arriba, sino de todo el Nuevo Méjico; 
después de haber delatado y anatematizado la 
indecorosa y mal vista impunidad de que gozan 
los malhechores, hasta clamar en el No. 20 del 
ííño pasado: "Nos pesa decirlo pero estamos 

< liligados á ello: la justicia es un nombre vano en 
d Territorio;'^ senos viene el ñiúfástico 6 hincha- 
do escriba de Santa Fe, é, iluminado por iiues- 
'tro "lector constante," osa afirmíir cjue ahoi'a 
])or vez primera aludimos paladinamente á los 

< ríinenes del Rio Arriba, ó Rio Abajo que sea. 
Beíiores, la mentira, tarde 6 temi)rano, se des- 
troza á sí níisina. 

Resumamos: Miente quien nos inculpa de 
haber difamado al Gobernador, no habiendo 
hecho nosotros sino anunciar y .reprender pú- 
blica é independientemente nn hecho público, 
<iue ni el obscuro libelista del ISfew Mexican se 
j;trevc á negar: las alusiones injuriosas á la pre- 
<licacion y dogmas de la Iglesia Católica. 

Es falso (pie hayamos hasta hoy dia encubier- 
to con el silencio las atroces niuerles de que es 
triste testigo él Territorio, y la impunidad con- 
cedida á sus ruines autores; pues contra los reos 
y contra las conniventes ó demasiado indulgen- 
tes autoridades hemos levantado muy frecuente- 
iuente la. voz con igual libertad y rigor. 

i<\ilsamente, y de una manera farisaica, se nos 
acusa de haber incitado los fanáticos á la ven- 
ganza y el asesinato, cuando condenábamos la 
venganza y el asesinato en los términos mas for- 
males y explícitos; cuando alegábamos la mode- 
ración del i)uebIo Neo-Mejicano, en olvidar 3- 
perdonar sus afrentas, cual prueba evidente de 
<(ue no son sus costund)res de tan violenta y 
feroz naturaleza, que un crimen cnahpiiera pue- 
da serles im[)utado sin' temor de equivocarse, 
por la sola razón de ser ellos Mejicanos y Ca-' 
Júlicos. _ 

Leyes <le Kiilíerros y Míiiriiiioiiios. 



Las famosas leyes de entierros y matrimonios 

pasadas en la última legislatura territorial de 

1875-7(1, gracias á Dios, han sido ya abrogadas. 

Aquella asamblea desgraciadamente se liizo cé- 

•lebre por estas y semejantes otras leyes o arbi- 



trarias ó puestas f\iera de su com[¡eti;ncia. La 
actual qsa.cre'edora á los elogios y agiMdecirhien- 
tó de todost'los buenos por haberhiíi .abrogado. 
Con algunas otras que se abrogaran',' "rio' qneda- 
ria de aquélla legislatura, sino una tiisle y de- 
plorable memoria, "'J'' ,, 

Elnicritó (1^' 'haVcrl'íí's 'íiriulííd()-sed(.be todo a 
nuestros legisladores, que á [¡esar del teto del 
(robernadór, fueron casi unánimes en di sccharlas. 
El Sr. Axtell era fogoso promovedor de ellas, y 
con todo's sif.Ve.sfu'er>íos y autoridad no pudo sos- 
tenerlas. Las vid caer como un edificio que se 
desmorona. 

Quizás su Genid -íutelaf, para proporcionavle 
un alivió y Sesahdgo, le'sugerjd en 1 onceas '15%- 
liz ocurrencia de atribuir la abrogaéidíi de aqué- 
llas leyes á las intrigas de los'Iíesuitas. Para 
iufestro amable' gobernador estos malditos lo 
manejan todo: ellos son su pesadilla de dia y de 
noche; ellos atraviesan sus planes y agitan sUs 
plácidos sueños. A esto parece que aludppsv, 
-cuando dccia de alg-uno de|t?Ílos, que Irtíljiá'idq á 
Santa Fé para achaf'Kbajó' leyes muy necesanás 
y saludables. "Estaríamos i)aradeiir; ¡lástin)a 
que no fuera así! siendo que nnicho honor seria 
para nosotros, sea el haber tenidd tiinto jufliíio, 
sea el haber destruido leyes tant)diosas.'^':^.:_' ' 

Empero el peor sordo ó el peor ciígo, no es 
él á quien falta el usodefaido o' de los ojos, sino 
aquel que no quiere ver ni oir. Este es clcaso de 
su'Excelencia S. B. Axtell. El tiene por su- 
puesto buenos ojos y buenos oi^los, sin embargo 
nada lia oido ni visto de lo que '?e ha hablado ú 
obrado en el Tei-ritorio contra esas leyes, en los 
dos años de su gloriosa existencia. 

No estaban todavía universalmcnte promul- 
gadas, que se hicieron juntas públicas, numrvo- 
sas y concurridas de todas clases de gente v cío 
todos partidos, i)ara protestaren contra de ellas. 
A las palabras siguieron los liócho?, y ¿qué caí^o 
se hizo de esas leyes? Por lo que loca á la ley 
de entierros se siguió en muchas partes enter- 
rando á los difuntos en los Cementerios, y hasta 
en las Iglesias. Ivas gentes no consintieron ser 
privadas de sus derechos por las ideas o' caj)ri- 
chos de algunos pocos. Por lo que toca á la ley 
de matrimonios, se la respeto por pura condes- 
cendencia y delicadeza del clCro, que dcbia in- 
tervenir en la celebración" del matrimonio. Y 
los (pie tienen preocupaciones ú'ojeriza contra el 
Clero católico, consideren biei'r,'cnál haya sido 
su conducta, y si no quieren alkbarle, á lo monos 
ño lo ataqilen. Nosotros, los sacerdotes católi- 
cos sobre todo, creemos tanto en esas leyes co- 
mo en el Coran de los Miisnlmancs, y sin em- 
bargo 'por un afecto de sola condescendencia y 
sobrada iielicadiza nos lunios negado á celebrar 
tales matrimonio^ y cuando no se ha podido me- 
nos se han visto algunos irse á casar fuera del 
Territorio, antes que conseguir que un Párroco 

M k .£imiilni 



'57 



católico do aquí los cnsara, aun tomando sobro 
ellos toda la responsübilidíid. ¡Y á ese Clero ec 
le llama tantas veces indiscreto, imprudente, in- 
tolerante! 

Así, pues, no biin sido los del Clero, muclio 
menos los Jesuítas, que han hecho caer esas le3'es, 
sino el pueblo por sus representantes: ese pue- 
blo á quien Axtell ííc com[)lace en llamar igno- 
ravte, estúpido y quizas ¡ilgo mas. Pues, ese 
pueblo estúpido ignorante, en su ignorancia pen- 
só que aquellas le\'es ei-an arbitrarins, irijustas, 
insoportables; y en su estupidez se manejó tanto 
que acabó con derribarlas. 

Por el contrario, habia muchas personas ra- 
izas y vivas en favor de las lej^cs. Ellas las 
sostuvieron en público y en privado; pusieron en 
obra todos sus recursos y autoridad; no obstnn- 
te tuvieron que ceder ¡í la ignorancia y estupidez 
del pueblo. Mire, pues, el Sr. AxteU, ¡cuan di- 
fícil es luchar con pueblos ignorantes }' estúpidos! 
Estos no quieren admitir las ideas de progresos 
y adelanto, y ponerse al nivel de lus naciones 
ilustradas y cultas. ¿Qué hacer, pues? Dejar- 
los. 

♦-•-♦ 

La Yii'iicla co ía Parroquia de Santa Fe. 

La viruela hizo su primera aparición en Santa 
Fé. en el mes de Abril de 1877; pero no hubo 
casos fatales hasta el dia 27 de Mayo, en que se 
enterró la primera víctima. Desde aquel tiem- 
po tuvimos el cuidado de llevar la cuenta exac- 
ta de todas las víctimas que hacia la epidemia: 
tarea harto fácil en esta Parroquia de Santa Fé, 
donde nadie entierra á un difunto sin ccntar con 
ftu ¡)árroco. lié aquí, pues, la cuenta de los que 
sucumbieron desde el dia 27 de Mayo hasta el 
dia 31 de Diciembre próximo pasado: 

Ciudad de Santa Fé 93 

Ranchos endcrredor d« Santa Fé 2G 

Agua Fria 15 

Ciénega 8 

Rio Tesuque 7 

Pueblo de Tesuque 15 

Total 10 1. 

En esta cuenta figuran los hombres por 83 y 
las mujeres por 81. La mortandad fué mas 
grande para estas que para aquellos en los pri- 
meros meses de la enfermedad, pero después so 
estableció igual proporción entre ambos sexos. 
De hombres casados, muertos de la viruela, no 
ha}^ un solo caso. Muchachos arriba de los 10 
años, solamente 5. Pero murieron 4 mujeres 
casadas, representando cuatro nacionalidades 
diferentes. Mejicana, Americana, Francesa é In- 
dia. Murieron también 11 muchachas arriba de 
10 años, de las cuales 5 eran indias. Las de- 
más víctimas de ambos .sexos no tenian todavía 
los 10 años de edad. 



De lo dicho fácilmente se echará de ver qi¡.o 
en esta Parro(|uia no ha sido la e[)idemia tan de- 
sastrosa como en muchas otras uaríes del Terri- 
torio. En esta ciudad de Santa Fé, hay muchas 
familias tanto de Mejicanos como de extranjeros 
que han escapado del azote. Se cuentan aquí 
tan solo 93 casos mortales: es algo mas de uno 
y medio por ciento, {\l 100) en una ¡^oblación 
de 0,000 habitantes. Las otras plazas siguen 
la misma proporción, excepto el pueblo de Te- 
suque donde la viruela hizo 15 víctimas sobre 
poco mas de 100 almas. 

Nos permitiremos ahora hacer algunas obser- 
vaciones qnc i)resentamos al público por lo que 
valgan, y preguntaremos desde luego si la virue- 
la e.^ contagiosa. Una enfermedad contan-iosa es 
la que se comunica por el contacto sea inmediato 
sea mediato. Si doy la m^ino á un enfermo, el con- 
tacto es inmediato; si tocare su levita ó su som- 
brero, el contacto es mediato. Ahora bien, en caso 
que sea la enfermedad contagiosa, de cualquiera 
manera que me ponga en contacto con el etifcr- 
nio, corro el riesgo de con traerla. Esto presu- 
puesto, volvemos á preguntar si es la viruela 
una enfermedad contagiosa. Y ¿cómo no lo sci-á? 
exclaman de consuno nuestros exiranjeros de 
Santa Fé. Causa risa al ver (d miedo que lo 
tienen y los medios mas ó menos ridículos que 
em¡)lean para resguardarse do la epidemia; pero, 
murhas veces no les vale, cuanto mas tiemblan, 
mas pronto son cogidos. 

Por nuestra parte, somos de sentir (|no la vi- 
ruela no es contagiosa, á lo menos en el verda- 
dero sentido de la palabra. Para convencernos 
de ello, bastará considerar su marcha 3" su de- 
sarrollo respecto de las plazas y respecto de los 
individuos. 

Sabido es ({uc entró la viruela en el Nuevo 
Méjico por el Paso del Norte, y vino subiendo 
al Valle del Rio Gi-ande sin ladearse hasta (¡uo 
Ih'gó á proximidatl de Albuquertjue. Paróse 
allí', no entró en hi plaza, sino que, cediendo á 
uno de estos caprichos que le son tan familiares, 
voló por encima de la sierra hasta el Manzano y 
[)1azas vecinas, _y muy pronto tuvimos el hnnni* 
de recibir su visita. Hé aquí, pues, el caso: Dofia 
Viruela reina en Santa Fé, dejando cu todo lu- 
gar rastros indelebles de su amable presencia, y la 
plaz'i de Albuqnerque que se halla soliresu mero 
camino es dejada mas de 00 millas atrás. . . .y 
Albu(iucr(]ue, la plaza mas centi'al é importante 
del Rio Abajo, es olvidada. . . .y Albuqnerque 
con sus iharcos y pantanos envidia la suerte de 
Santa Fé, y se queda tres ó cuatro meses sin te- 
ner el gusto de saludar á Doña Viruela. Ahoi-a 
bien, ¿qué hizo la gente de aquella |)laza para 
causar tal enojo á tan amable Señora, é impedir- 
la de lU'gar mas pronto á su recinto? ¿Opuso al- 
gún obstáculo? ¿Levantó algún pai'apcto? ¿Esta- 
bleció una cuarentena de aquel lado del Rio? 



-m- 



Ni aun lo pensó, y a haberlo pensado no lo hu- 
Ijiera podido. Liiogo, si no se hizo nada para a- 
tajarla, }' si la viruela es contagiosa, ¿nonjué no 
,-o comnnica regnlarmente á las plazas mas in- 
mediatas íí su aoeion desastrosa? ¿porcpié no se 
(onuiuicó desde luego á la plaza de Albuípierque 
cuando venia subiendo el curso del Rio (Jrande, 
y cuando se sabe (jue los Indios de la Isleta y la 
gente de ¡as plazas vecinas, ya infestadas de la 
peste il)an cada dia á dicho lugar por un nego- 
cio 6 por otro? Si la viruela es contagiosa, ¿por- 
(|ué aguardó hasta el dia para llegar á Bernalillo? 
¿Ponpié la plaza de Peña Blanca, rodeada de 
pueblos de Indios tan maltratados por la epide- 
mia, no tiene (jue deplorar sino 4 víctimas? Y 
sin ir tan lejos, ¿ijorqué la plaza de la Ciénega 
tan cerca de Santa Fú, ha sido preservada de ía 
pliiga hasta Nov. pasado? A todas estas pre- 
guntas ¿pudieran nuestros sabios de Santa F6 
<lar una respuesta satisfactoria? Lo dudamos 
niuclio. 

Pero vamos mas alhí, y i)ara probar hasta la 
evidencia, que Üoña Viruela no es contagiosa 
consideremos ahora sus amables procederes res- 
pecto de los individuos. 

No hablaremos de nuestros Párrocos y Doc- 
tores, (jue en virtud de su ministerio y oficio fre- 
cuentemente son llamados cercado los enfermos 
de viruela, obligados á ponerse en contacto con 
ellos, ex{)uestos á la respiración y al tufo que 
se exhalan de esos cuerpos hediondos. No se 
nos prende la viruela, dicen todavía algunos (i- 
lósofos de Santa Fé, porque en nuestra cualidad 
de extranjeros, no tenemos la misma complexión 
ni la misma sangre que los Mejicanos: seremos 
(al vez carne de gallina y sangre de pescado. 
Fs verdad (]ue á principios de la viruQla en 
¡xiiita Fé. uno de nuestros Doctores quedó nn 
lantito chamuscado; pero no fué el caso de gra- 
vedad, y pronto se recuperó de su indisposición, 
iiuego, es evidente (¡ue no vale nada nuestro c- 
jemplo [)'.ira pi'obar (pie la viruela es contagiosa. 
í>us(|uemos, pues, un argumento mas conchn'ente. 

I'n una familia mejicana, habrá tres ó cuatro 
I riaturas tendidas en una cama y cubiertas de 
.iruela; su madre, joven mujciMpie no pajarado 
iO á 2") años y nunca hal)rá tenido la viruela 
anles, ni habrá sido vacunada, est¡í lidiando dia 
y noche con sus ticrnecitos, llenando hacia ellos, 
pjr semanas enteras, una multitud de ascjuero- 
so-< olicios; ella vive con sus hijos y en sus hijos. 
Ahora sí (pie no valdi'á decir (pie no tiene la mis- 
Mia complexión ni la misma sangre (pie sus ciii- 
cuolos: es una misma cosa con ellos: la misma car- 
ne, la misma sangre, los mismos huesos: y, con 
todo, sniiaráii ó morirán los hijos, y su infeliz 
¡nadi'c saldrá del peligro buena y sana y no se 
l(í pegará ni siípiiei'a la menor señal de viruela. 
ifiMnos visto muchos casos semejantes. liemos 
visto también en varias casas mejicanas un solo 



caso de viruela, poi* ejemplo, en el nms pequeño 

de la familia, y sus licrmanitos, jiig;'ndí), trave- 
pcando, haciendo locuras en el misiiio cuarto del 

> 

euferrnito, no han sido acometidos per la virne- 
la. -Y después dé tales ejemplos, (pie' pudiéra- 
mos multiplicar mucho nras aun, ¡(píií-rcn hacer- 
nos creer qnc la tinielá es cOníoííií : a! ¿Ndi s'C'" : 
(liria, al. contrarioi que se obsliiin (;.ii no serlo? 
Y ¿cuál es la consecuencia de esto, sino (pie es 
inúlil procurar huir dé la viruela, (^ j)Or hada 
evitar el encuentro dé una p'ci'sona u la entrada 
de lina casa infestadas de viiliela, pi'i- la doble 
razón que, no siendo contagiosa, de allí no vie- 
ne el peligro, y que, siendo epidémica, nf aun con 
tales medidas {¡odrá uíio escapar 'M'ómpreá lli" 
viruela. 

Una epidemia es una enfermedad cjue, en un 
mismo tiempo, nÜigé á un gran número de 
personas. Tales son la peste, la fiebre ainari-' , 
lia, el vómito, el tifo, el cólera-morbo, la divSen- 
tería, etc., ete. Algunas de éstas enfermedades' 
son contagiosas y otras no; no loes clculera- 
morbo. Ahora bien, ¿cómo se projiaga una épi-' 
deniia que no sea ccntagio^'a? Por medio (leí 
aire. — La infección está cu el aire, y, bajo el in- 
llujo do varias modificaciones del aire ó dé'1a-at- 
mósléra, se desarrol'a, se extiende y se propaga 
hasta el punto de invadir no solo una.sino vr.- 
rias provincias. Tal es hi viruela; )'■ así í^e expli- 
ca cómo es tan irregular en su civrso'; cómo se la*-- 
dea y salta por encima de las sierras, dejando a- 
trás poblacionestjuo se hallan en su inéro camino; 
cómo cae con mas fuerza sobro una plaza que 
sobre otra, sobre el barrica deuna ciudad que so- ' 
bre su centro: imitando en esto el granizo y las 
heladas que andan y caeiv i>or mangas. Y de 
allí resuKa también (]ne no hay medida, que rio 
hay poder humano capaz de contener la vi- 
ruela y do oponer un dique bastunte fuerte á-su 
nnirclri devastadora. Y de allí resulta aun que ■■ 
ni la vacuna ni la civiliz.uion mas refinada son ■ 
suliL-ientes para desterrarla del Territorio, como 
lo |¡retciide el gobernador Axtell en su iiHímo 
Mensaje, atribuyendo lo.s estragos de la cpidc-» ' 
niia actual á la ignorancia y estupidez de la gen- 
te mejicana. ;,(,)uisiera decirnos Su Fx'celencia 
cómo sucede que.en esta ciudad de Santa Fé ha 
Ir.ibido muy pocos hombres Mejicanos acometi- 
dos por la viruela, mientras se prendió á muchos 
exiranjeros con toda su vacuna y < ivilizacion? 

Sin embargo, no j)reten^lenios negar la efica- 
cia de las medidlas (pie generalinente se em[>lean 
en contra de esta terrible epidemia. La víWíu- 
nacion, bien {¡racticada y unida al bienestar y á 
la limpieza, servirá' no |)oco, sino para atajar on- 
teramente la invasión de la viruela, á lo menos, 
para restringir y suavizar sus deplorables efectos. 

J. A. TnrciiAiU), 
Cura-Párroco de Santa Fé. 



-59- 



'miMmxirminrn rTmíitrriin i tt ami snrrYri i iin-mrn i ir t tti iTTn»T.ir-iTu »Mgij»ia.^o,- 



XiOSJ 



((lontinuacion — Pág AL- éñ.) 

Después, (le cuyas frases se presentó la señora Jua- 
na, que so Imbia quitado el delantal de la cocina. Se 
compuso la coñu, y ecliándose un pañuelito al cuello, 
dijo: — ¿No se comienza á comer un bocado? — Fué 
obedecida con prontitud. La humilde mesa liabíase 
preparado en „ol. cuarto de Biccio, á fin de que gozase 
tambitm de la compañía;; Era ocasión do broma y de 
fiesta la circustancia de ponerle la comida en la boca, 
la cual liac'a tan pronto la madre como el amigo, por- 
que con su.; manos .; podíase, ayudar muy poco. Do 
repente aña lío Riccio;— Dame un poco do beber tú, 
Adela: me hivi mas proyeclio. — Acostumbrada la jó- 
vea á cuidar enfermos, no bieu estuvo en el cuarto, 
notó que varias cosas, faltaban en é\, y (\\\q una era 
esencial para el caso de Kiccio, á saber, la palomilla 
de losa, con el fin de darle de beber con comodidad; 
liabia enviado á Ernesto paja que la comprase. Toda 
tiente, la fué a ppger enla cocina, donde la liabia de- 
jado para qii^e lamadre.de Riccio se sirviese de ella, 
pnso un poco do agua con. vino, y dio de beber á su 
futuro, con. facilidad y .aplaus-o do todos. 
.-—¿Dónde has aprendido esta invención? lepragun- 

;,.tó -Riceio, después de haber bebido á sorbos. 

., ■ -riQíié! >Siompre se hace as,í con los enfermos que 

-no pueden servirse de .sus manos. 

Riccio: — ¡Bendito sea Dios! Contigo seré feliz sano 

. y enfermo. 
,, — -Cúrate respondió Filiberto: ahora es lo único que 

.esperamos. _ •- , ., 

— -Yo mas que. vosotros, dijo entonces mezclándose 
en la conversación la buena mamá -de Riccio, estoy 
impaciente, y me parece que tardan mil años las bodas. 
Mas entre vuestros planes, dejadme referir también el 
mió. 

,- _ — ¿Y por 4¡[ué, no, madre? repuso incontinenti Ric- 

,cio. Oigámosle; vamos, decid, decid; os lo pedimos 
encarecidamente. 

— Helo aquí, respondió la. señora Juana sin exor- 
dios; me parece que lo. que hacemos hoy lo podríamos 
hacer siempre. 

—¿Qué queréis decir? . ,- : , -■■■'■' 

— Quiero decir que. despue& do casados, podríamos 
tomar una Inxbitacion con • ua. cuarto de mas para el 
señor Filiberto. . - 

Adela lo habia comprendido perfectamente, no 
; necesitando decir que aprobaba:el intento de la exce- 
lente vieja: era esto su ideal seí>reto, el non xjIus nUra 
que ansiaba; pero parecíale que no le correspondía 
decirlo abiertamente antes que los demás. • Habia 
pronunciado una frasea su futura suegra, aprovechan- 

¿do la ocasión de los quehaceres de la cocina; pero al 
oir la excelente acogida que halló su indicación dé- 

-leit4base y rggaba en.su corazón, modestamente ca- 
llando. Fj.libertOj por el contrario, no acababa de 
comprender á qué aludía la madre de Riccio al ha- 
blan de un cuarto para él: tan lejos estaba de su pen- 
samiento .vivir en., casa de su amigo. Mas apercibién- 
dose la buena mujer de que no alcanzaba inmediata- 
mente su propósito, se lo explicó con mus claridad: 
— Oiga, señor Filiberto: si en vez de formar dos ca- 
sas, formáramos una sola, ahorraríauíos un alquiler, 
un ■frfego, uña luz, muchos otros gastos: donde comen 
dos comen tres, y donde comen tros comen cuatro. 



Ernesto es muy joven; le dispondremos á su lado unn, 
Camita, y las cosas seguirán del mismo modo que 
antes. 

Riccio, que habia quedado en suspenso un instante, 
estudiando el pro y el contra de la propuesta, pre- 
vino á Filiberto, diciéndole con prontitud: — Yo estoy 
conforme; pero tú, piénsalo. 

Este repuso: — Seria loco pensándolo mucho. No 
comprendía á donde á parar iba el dicho de la señora 
Juana; mas, una vez comprendido, no sabría discur- 
rir mejor partido. Do mis noventa liras mensuales 
pondré gustosamente setenta y cinco en la olla co- 
mún: el resto me bastará y sobrará para comprarme 
un sombrero cuando lo necesite, y cualquier otra frio- 
lera para mi hermanito. ¡Oh! pareceríame ganar \\r. 
terno en la lotería si concluyci.'a estos pactos. 

— Y tu, Adela, ¿qué dices? preguntó Riccio, qno 
nada le hubiera preguntado, á no estar seguro de su 
asentimiento. 

Adela, dominada por el placer, apenas creía en la 
propuesta ansiada que con sus mismas orejas oía. — 
Yo, respondió discretamente, no quiero sino lo quo 
quieras tu. Pero si deseas saber mi opiniojí, lo que 
dice la señora Juana me parece oro y perlas. Mo 
consideraría la mujer mas feliz de Turin. No pierdo 
nada y lo gano todo; reúno á mí alrcdor en una sohí, 
casa cuanto mas amo en el miindo. Me parece ij)i- 
posible desear mas y mejor sobre la tierra. 

Con este voto de Adela quedó ultimada la negocia- 
ción, y fué cosa convenida que, no bien Riccio estu- 
viera completamente sano, se verificaría el matrimo- 
nio: por lo que hace al trato dotal, no era preciso ga;-- 
tar cu papel sellado. Adela serviríase de su peculio 
para propocionarse lo preciso según le pareciese bien, 
y todos listos: entre tanto se publicarían las amones- 
taciones, disponiéndose todo para las bodas. Filiber- 
to quedaba con el encargo de buscar otra habita- 
ción, á la que se trasportarían los muebles, de modi > 
que Riccio y Adela, al volver del templo, pudieran 
habitarla perfectamente. — Casa mieva, exclamó Ric- 
cio, esposa nueva, felicidad nueva: lo que ha pasado 
ha pasado, y se olvida completamente. 

Solo faltaba quitar á Filiberto de las garras do la 
quinta. Mas con tres mil liras en la mano, ¿cómo 
ponerlo en duda? 

XX. 

UNA SIMPLE EQUIVOCACIÓN. 

Al- otro día del convenio ultimado entre los pronie- 
tidos y sus parientes, Filiberto, con su escritura do 
obligación én el bolsillo, so dirigió á la casa del señoi* 

- Onofré, <jqn ol fin de percibir la suma do su rescate. 
El honrado mercader, leído el papel exclamó: — Aijní 
falta la firma del garante, mas tengo la palabra del 

'señor Riccio, que vale por cíen firmas. — Después ob- 
servó que la obligación hablaba también del interés 
anual, y puso debajo: "En el día de la entrega de la 
suma, el prestador renunció, por su plena y espontá- 
nea voluntad, los réditos convenidos en el contrato: 

■en fé de lo cual suscribe, Domingo Ono/rc.'" Filiberto, 
leída la -preciosa adición, muy voluntariamente la 
agradeció, aceptándola y colmando de gracias al hom- 
bre generoso, que le satisfacía en el ínterin el dine- 
ro como si tuviese un Banco. Sabidas estas cosas 
por Riccio, le proporcionaron viva satisfacción, por 
ver que aumentaba tan extraordinariamente la con- 
fianza de su principal; mas al propio tiempo propor- 
cionáronle materia para sus calendarios. ¿De dónde 
■nace semejante liberalidad en uno que parece nacido 



-60- 



para maostro de los económicos? ¡Aquí debo tener su 
parte la señora EmcEgarda! — Eiccio no podia pade- 
cer uu error. 

Fililberto, arreglado aquel asunto y recibida la su- 
ma, gestionó á fin de ultimar l«.s cosas precisas }• con- 
seguir los documentos para obtener la liberación del 
servicio militar, y presentarse después al Consejo de 
leva. Viendo Adela la segura marcha de los asuntos, 
pasaba los dias mas serenos y tranquilos de su exis- 
tencia, dividiendo el tiempo, parte en rendir gracias á 
Dios, y parto en disponer el ajuar preciso. Para su 
mayor consuelo, Iliccio curaba por momentos, mer- 
ced, mas que á los emplastos, á su naturaleza sana y 
libre de todo vicio; á salir comenzaba do casa con las 
manos llenas do vendajes y con un cabestrillo pen- 
diente del cuello, en el cual descansaban sus brazos. 
Volvia frecuentemente á casa de Adela: verdad es que 
liasta el fin no se atrevió á presentarse sino acompa- 
ñado de su madre, ó en hora en que la joven estuvie- 
se con sus hermanos. Por cuya gratísima delicadeza 
mostrábalo su gratitud con talento, guardando muchas 
consideraciones á su futura suegra, é insistiendo 
siempre en que no dejase salir de casa á Riccio solo, 
sino que siguiese á su lado, sobre todo cuando fuese á 
verla, por consideración á sus manos enfermas, y por 
consolarla con su agradable visita. Riccio entendía 
perfectamente el sentido claro y el oculto de tales in- 
dicaciones, conformándose de buen grado con ellas. 

Entre tanto se acercaba el día del Consejo de leva. 
Filiberto había puesto en orden las certificaciones y 
los papeles que había de presentar para su propósito. 
No le faltaba sino satisfacer en la tesorería principal 
la suma del rescate; mas esto no podia hacerse sin 
conseguir el permiso del propio Consejo. No hubo de 
penar poco antes de abrirse camino en el inextricable 
laberinto do formalidades quo se debían llenar para que 
su petición fuese atendida. Y esto solo por no haber 
pensado en declararen el primer examen su intención 
lio redimirse. Mas la necesidad urgente le proporcio- 
có constancia incansable; hubo de llamar á cien puer- 
tas, d(!Jóse dirigir á cien oficiales, midió cien veces el 
empedrado do Turin, y pudo, por último, reunir los 
]iap(;lcs quo necesitaba, estando, finalmente, provisto 
de todo contra cualquier evento. 

Pticcio proponíase acompañarle á la audiencia, y 
hacerlo concurrir con un procurador, enterado de las 
iiilinitas formalidades noc.:sarias: en el ínterin, para 
conocer también un poco el asunto, tomó la resolu- 
ción de leer á lo menos la Ley aobre el reemplazo dd 
(jrrcilo. i*idió en su virtiid quo so la prestase un ca- 
pitán do infantería, conocido suyo, que habia sido 
cien voces delegado asesor en los Consejos menciona- 
dos, llecibió con la ley el Iteijlnuiento sobre el reeiiipla- 
'/.(), añadido al propio volumen. Distraído, como tra- 
tando do dismunuir el tedio de la convalencia, mas 
aun quo do estudiar la ley, hojeó el tomó cruel, fijan- 
do principalmente su vista en algunos artículos. Al 
llegar á los do las L'jxncioncs, aun puso mayor aten- 
ción. Aguzó súmente al leer 86: — Este fue mi caso. . . 
ya lo sabia, — iba diciendo para sí. Pero al principio 
del cuarto so detuvo y quedó atónito. — "¡Primogénito 
de huérfanos de padre y madre!,,. . .¿He perdido la 
c.ibeza, ó leo con mis ojos? Es el caso do Filiberto. . . 
¡Diablo! ¡Que ni él ni su abogado hayan entendido 
estas cuatro sílabas! Las lee y relee, desdo su prime- 
ra palabra, pareciéndole cada vez mas claro el dere- 
cho de su amigo do librarse de la quinta. — ¿Habrá 
desgraciadamente alguna excepción? ¿Cualquier en- 
gaño en otros artículos quo los no inteligentes desco- 
nocen? — Echa mano al fícqlamento y se pone á ho- 
jearlo con impaciencia: — Vaya una cosa sencilla! 



'Ciento treinta y siete modelos de documentos par» 
la leva, para los consejos y para los quintos! Domine 
salva nos! , . . ¡Y ciento veinte páginas de males que li- 
bran del servicio! ¡Aquí está toda la clínica médica y 
quirúrgica; un hospital armado contra la ley! ... ¡Y 
mil doscientos párrafos de reglamentos, sin contar el 
código! Perdonad, si os poco ... y por último, Alfonso 
Lamarmora, puesto debajo en centinela para dar fé . . . 
Esto es un mare magnum en el cual es imposible ga- 
nar la orilla. . .Hagamos pronto lo mejor. — Coge un 
papel y borronea de mal modo (era el primer día en 
que tomaba de nuevo la pluma): "Señor capitán: Po- 
co puedo escribir: -manos heridas. Gracias por el libro. 
¿Está exento el primogénito de los huérfanos? No hay 
excepción posible contra él? Suyo, Eiccio." — Y man- 
dó el billete por conducto de su madre. 

Poco después se le volvía la señora Juana, con dos 
líneas del capitán: "Está exento. No hay excepción, 
á no ser por delitos, papeles falsos, renitencia, etc., 
como puede ver en la ley, art. 86, párrafo 4o." Eic- 
cio caía de las nubes: — ¿Es posible que Filiberto haga 
estas cosas? ¡No haber siquiera consultado el texto 
de la ley! Yo lo sabia de memoria cuando fui al Con- 
sejo de leva . . . 

¡Atribularse, afligirse, perjudicarse todo un año. . . 
hacerme consumir de dolor, á la hermana y á todos. . . 
poner en berlina á los amigos, dificultar la boda do 
Adela, meter mucho ruido con sus ayes! Y esto por 
su carácter, que le hace continuar encerrado, solo, re- 
servadísimo . . . ¡Sabe Dios á qué procurador consultó! 
A fe mia que debe ser el mas grande de los borricos 
... ¡Y Filiberto allí; parado en el sitio primero, sin 
hacer indicación, ni decir á nadie una palabra, con el 
fin de no dar dinero á los abogados! — 

Riccio no se podia contener. Hallábase á punto do 
ir en persona en busca de Filiberto. Mas luego, teme- 
roso de cualquier eauivocacion, tomó el partido do 
consultar nuevamente primero al capitán. Se pone 
con cierta dificultad el sombrero, se mete en el bolsi- 
llo el libro de la ley, y con las manos metidas en el 
cabestrillo, corre á pedir consejo. Expone per lomjum 
et latum el caso de Filiberto; contesta á todas las pre- 
guntas que le dirige el oficial, y oye*que por fin le 
responde: — ¿Pero qué duda puede caber? Su amigo 
está exento, exentísimo. Miro aquí (puso el índice en 
el art. 86 de la ley:) lo dice con suma claridad: "Pri- 
mogénito de huérfanos de padre y madre." No hay 
duda posible, ni excepción. 

— ¿Cómo puede ser tan obvio, preguntó Riccio, si 
un hombro de ley, consultado de intento, respondió á 
mi amigo que tenia la obligación de coger el fusil, y 
que no se podia librar de la ley? ¡Advierta ejue se ha- 
llaba el letrado informadísimo de las condiciones do 
la familia del consultante! ¡Advierta que no es un 
abogado de poco mas ó menos, sino, por el contrario, 
un superior! ... . 

— ¡jiJn superior borrico! 

— Verdaderamente no será tan borrico, añadió ( I 
joven, porque bien sabia pedir ochocientas liras para 
librarle de cualquier engaño. 

— Entonces, replicó c\ militar, debe ser un superior 
bribón, un infame, un bellaco, un malvado numero 
primero, uu dignísimo pensionista de presidio. ¿Cómo 
se llama? 

— ;Quién lo sabe? No he preguutado su nombre, 
mas lo I odria saber hoy. 



( Se conlinuard.J 



EEVI8TA CATÓLICA 

PERIÓDICO SEMANAL. 

Se publica todos los Sábados, en Las Vegas, N. M. 



Año IV. 



9 de Febrero de 1878. 



Núm.6. 



NOTICIAS TERRITORIALES. 



Snnía Fé.— La legislatura con voto unánime, co- 
mo parece, de Católicos y Protestantes, de Mejicanos 
y A mericanos, de Republicanos y Demócratas ha res- 
tablecido el subsidio anual, dado hasta dos años ha- 
ce al Hospital y Asilo de las Hermanas de Caridad 
en Santa Fé; y para indemnizarles del mal que se les 
hizo, se les ha subido la subvención de 100 pesos 
mensuales á, 150. Nos alegramos infinito. El Gober- 
nador pondrá su vetó: pero no se necesita su aproba- 
ción. El Niievo Mejicano está furioso: pero se calma- 
rá, quiera ó. no quiera. Pronto sabremos los porme- 
nores. 

Taos. — iSn una carta que recibimos de Taos lee- 
mos que la miseria empieza ya á afligir horriblemente 
aquel Valle; y nos parece que por la primavera será 
insoportable. El chapulín y la epidemia acabaron 
con los recursos del país. Conociendo los sentimien- 
tos verdaderamente cristianos de los mejicanos, cree- 
mos inútil recordar que la mejor caridad es la que no 
aguarda que se le pida auxilio, sino que previene; y 
es ingeniosa para ocultar á la mano izquierda lo que 
da con la derecha. 

NOTICIAS NACIONALES. 



Estallos Unidos.— El nuevo Dirtdory de Sad- 
lier contiene el siguiente resumen, mas elocuente en 
sus cifras, que cualquiera lecture que se hiciese sobre 
el progreso d« la Iglesia católica en esta grande Re- 
pública. 

En los Estados Unidos hay al presente 11 Arzobis- 
pos (uno de ellos Cardenal); 54 Obispos; 5,548 Sacer- 
dotes; 5634 Iglesias; 1777 Capillas y estaciones; 21 se- 
minarios teológicos; 1121 estudiantes de teología; 74 
colegios; 519 academias y seled schools; 2120 escuelas 
parroquiales; 248 asilos; 102 hospitales. Como vea 
los lectores, aquí ño se cuentan los religiosos ni las 
religiosas, que forman sin embargo una poderosa fa- 
lange en servicio de la Iglesia católica en estos Esta- 
dos. 

Colorado.— Nos escriben de 8. Luis, Colorado, 
con fecha de 24 de Enero: 

"Señores— Veo en varios números de vuestro agra- 
dable periódico las narraciones hechas por diferentes 
Eerspnaa de diferente» lugares del Nuevo Méjico so- 
re los esti'agos inauditos causados por la Viruela. 
En efecto, son casi innumerables las muertes causadas 
por esta destructóríi plaga. Hay veces on que, oyen- 
do uno mismo contar lo que aopnteco en las cr.saa de 
aquellos con quiénes conreraa sobre esta peste, que- 
da boi^rorizado, pasmado al oir hablar de los caracte- 
res dé la üíistna. En algunos pacientes de la susodi- 
cha énferm^edad se ha observado, que todo su cuerpo, 
se cubre de una inflamación total, que los hace paré- 
cor unos monstruos; ¡tanto los desfigura! Otras veces 



está caracterizada esta misma enfermedad por una 
especie de lepra; pues, basta observar un poco los pa- 
cientes de este segundo caso, y al punto so sentirá un 
hedor extremadamente desagradable. Cuando tie- 
nen llena la viruela, se nota en todo su cuerpo una 
multitud de llagas. Lastimoso es ver á estos, cuando 
estas mismas llagas llegan á la boca, ú ojos, pues en- 
tonces es la cosa mívs dignu tle compasión, que se co- 
noció." 

"Por lo que toca á estu lugar, la viruela no ha cun- 
dido mucho hasta ahora, y, scguu todas las informa- 
ciones, hace como un mee, mas ó menos, que no se 
entierra á nadie de dicha enfermedad: esto quiere de- 
cir que la epidemia va llegando ya á su fin; pero cuan- 
do estaba en su fuerza el promedio era de 1 ó 2 muer- 
tes diariamente." 

"Verdaderamente, nosotros debemos dar gracias á 
Dios por haber exceptuado este lugar, por decir así; 
pues son casi nada las víctimas que aquí hizo la vi- 
ruela, en comparación con las de otros lugares. Por- 
que ¿qué son 20 (lo que se ha alcanzado á contar aquí 
únicamente) , en comparación de 250 ó mas, que, se 
dice, han muerto en otros puntos? Casi nada. Mas, 
después de Dios, el que la viruela no haya hecho es- 
trago aquí, se debe á la prudencia de la gente de este 
mismo lugar; pues, en sabiondo cualquiera persona, 
que en tal y tal otra casa había viruela, obraba luego 
con precaución, no yendo á tales casas, particular- 
mente si tenia familia. En efecto, es terrible lo con- 
tagioso que es esta enfermedad; y, por lo tanto, no e.«!, 
sino prudente el evitarla, porque, como dice el Espí- 
ritu Santo: El que busca el peligro, perecerá en él." 

"Seria sumamente largo el referir lo que tan á me- 
nudo se oye decir tocante á esta peste, por esto con- 
cluiré suplicando á Vds., Señm-es Editores, se sirvan 
insertar estos detalles sobre la viruela en su ilustro 

periódico." 

"Quedo etc., L. G. Kead Ja." 
Alábanla. — El Ave Maria da en las siguientes 
líneas una idea del progreso de nuestra santa Reli- 
gión en el Estado de Alabama. "La parte setentrio- 
nal del Estado fué visitada últimamoute por el M. R. 
Quinlan Obispo de Mobile. Esta sección del país, 
hace ocho años, era el campo de los trabajos de un 
solo misionero, el Rev. J. B. Baasen, que rosidia 
en Huntsville. Fuera de esta ciuJad, no hubia en to- 
da la misión mas de 60 católicos, de los cuales, 15 re- 
sidían en Tuacumbia. ¡Qué progreso so ha hecho eii 
estos últimos ocho años! Eu donde ciuco ó seis años 
ha no se hallaban sino dos ó tres Católicos, hay aho- 
ya 200 familias católicas. CuUman y Tusen rabia son 
residencias de sacerdotes. En la última plaza el Sr. 
Obispo confirmó á 22 personas, y cuatro eran adultos 
convertidos. De Tuscumbia el celoso Obispo fué á 
Florence, distante cinco millas, y situada sobro el 
Rio Tennessee. Aquí fué recibido por uua di- 
putación de católicos de la Parroquia do San Flo^ 



KmoTia^'mmi 



■ * ■ . G 

rian, la cual ahora está bajo la admiaistraciou (1 , 
los padres Benedictinos, después que en la prima- 
veral murió, víctima de lii virueh), su pastor el Kev. 
P. MeÍT!. En Florence el Sr. Obispo dio la- confirma- . 
ciou ¡í 35 personas. De allí, acompañado do varios 
'Sacerdotes seglares 'y-rogulares se dirigió á Huntsvil- 
l_o para dedicar la uu'eva Iglesia, de la cual Lace 16 
años se liabia puesto la ])rimera, piedra. Esta está 
-consagrada ¡í Dios bajo el titulo de La Visitación do 
. María Santísima. -El M. liev. üljispo dio una lerturc 
en beneficio de la misma, 'y el tema fué "La Constitu- 
ción de la Iglesia de Jesucristo.", Muchos protes- 
tantes así como católicos asistieron, y es de notar 
que los protestantes participaron á Ia recepción Le- 
cha por los CátüHcob' á.sjj Obispo,, así como, contribu- 
yeron liboralmentef-ála construcción do s.u Iglesia." 

Solvía» -^'Hé aq-uí otro hecLo que prueba el adelan- 
to del catolicismo en los Estados, En Davenport 
fueron recibidos en el redil de la Iglesia no menos do 
quince protestantes en el solo año de 187G, y ocho 
durante el año de 1877. El. director de," la asociacioíi 
de Nuestra Sra. del Sagrado Corazón tuvo noticia de 
, sais conversiones en el. espacio de poco§ meses. — (Ace 
María./ 

VisqiiSisiii.—'No puede negarse que muchas ve- 
cé^ no pocos racionalistas ó iuíieles modernos niegan 
con los hechos lo que afirman, cou las palabras; y de 
eátos suele decirse que el corazón es mas sano que la 
cabeza, ó, que el hombre vale mas que sus ideas. Un 
cierto ÁVillirtüi Gratuer es e.1 editor del Mllfcaiihec Scn- 
tiiieJ, periódico que ha sido siempre fanáticamente 
hostil á los católicos y su Iglesia, Pues bien, habien- 
do llegado á Mihvaukee cuatrp Hermanas del Buen 
Pastor, el Sr. Cramer les dio doce acres dé tierra en 
la' misma ciudad para poder levaut,ar una institución, 
un Ilcf'oniuifor// semejante al que esjas buenas Herma- 
nas tienen en S. 'Loiuis. ¡AsL^Qu los.hoínbres! Es- 
peramos que vendrá el tiempo cuando algún editor de 
algún periódico neo-mejicano, que ge muestra tan con- 
trario á los católicos, luí gado mismo. Verdad es que 
nuestros periódicos de aquí no Qombaten la Igle- 
sia Católica. ¡Oh no! combaten los Jesuítas. Pero 
es cosa digna do notarse ,quo desde algún tiempo acá, 
todas ias, persecuciones contra los católicos empeza- 
ron siempre con un ¡dele á los Jesniüís! continuaroi^ 
con ¡ahajo la -újlcsUt ci/lóUca.' y están acabando cou 
¡ahajo T)io¡i, vivad- injierno! ' t ' 

NOTICIAS EXTRANJERAS. 



' liíiíiía.— No hace mucho que Qambetta estuvo 
eü Itaha. Lo que allí intentaba no es ahora un mis- 
terio para nadie, (.¿ueriu estrechar los vínculos de 
una' alianza enta© ©1 reino. italiano y la rbpiíblipa fran- 
cesa .para mejor defenderse en pl caso no i,mi>roba"bl6 
de uña coniplicaciou europea.., tina seiiiaña antes de 
.su muerte el Key Víctor Manuel recibió 'la visita' do 
(rajnbettá. Este ixltimo empezó á mostrar la necesi- 
dad de la alianza projcotíida; poro.'fué acogido con' 
lina risa sai-dóuica por el Bey, él cual lohizo obser-" 
var que isiendoí las toIiuííqucs entro las, dos uaclóues 
muy cordiales, no veia necesidad do otra alianza. 
Gambctta insistió, juctandolas grandes empresa» que 
él ( (knnbiitu) habia llevado á cabo cu Francia, cspe- 
cialmeute destrozando y anouadaudo el Chricalinnio- 
KG ofreció á trasmitir al (robierno de la Pepública 
francesa toda comunicación de parte del Gobierno 
italiano. El Key Víctor, sin embargo, so couteutó 
con observar que, puesto que él touia un embajador 
en París, y el Mariscal McMahou otro en Poma, no 
veiu uiuguua necesidad de servirse de otros medios 



de comiinicacion que no fuesen los oficiales; y como 
si esto fuese nada, el Rey poniendo el colmo á la me- 
dida pidió mil escusas á Gambetta de haberlo deteni- 
do tan largo tiempo, mieatras una amlíituíl de gente 
lo aguardaba pafa^verlo. -"EX ^jmn^GaiuhHto., tuvo que 
retirarle, y creemos que aprendió algún tanto la lec- 
ción que en esta ocasión le fué dada. 

¡Coincidencia singular! El Key Víctor Manuel y al 
Emperador Napoleón III, es decir, los dos ladronea 
del patrimonio de San Pedro, murieron el mismo dia, 
9 de Enero, cou cinco años de difereücia. ' 

lii^latorri4. -L^ltimsmente fueron' rociindos en 
el seno de, la Iglesia católica el Rcv. Douglas Ilope, 
de Christ Church, Oxon, (sobrino del difuüto J. Hopo 

Scott) y-el Key White del Colegio Pembroke, Oxon. 

Los dos eran Vicariog ( cumíeos j.^de la Iglesia AngHca- 
na de St. Johu el Teólogo, Kensipgton. La recepción 
tuvo lugar en la Iglesia de Iíqs Redentoristas eu Clap- 
ham. 

Cuatro israelitas, la madre, un hijo y dos hijas, se 
convirtieron, últimamente al catolicismo, y ñiorou so- 
lemnemente bautizados en la Iglesja do Santa Ana, 
Spitalfield, Londres, el 4 de Enero por él P. SclJoy 
asistido por el P. Maguire de la Sociedad dé los Ma- 
ristas. Habia un gran mxmero de expeotadores ó. po- 
sar déhaberse evitado cuapto era posible toda publi- 
cidadv • ■ 

El' famoso. Rev. Dr. Newman ha sido elegido últi- 
mamente miembro honorario flionorary Felloio) de 
Trmity CoUege, Oxford. Esto honor nó habia sido 
C(fnferiHo á ningún católico, á ninguno que profesaba 
la antigua fé do Inglaterra, desde el tiempo en que so 
celebró la misa en la Capilla de la, Magdalena, hace 
doscientos aüos- " " 

i']A<p»iia. — El Padre Santo el cual ha guardado 
siempre un grau ..cariño .hacia su ahijado el Rey Al- 
fonso, ha enviado un Ablegado apostólico para pro- 
senciarel matrimonio del Rey con la Princesa Merce- 
des. El Ablegado llevaba los preseutcs del Papa, 
que consistian ep un anillo nupcial para el Rey, y una 
rosa de oro y diamantes para la Reina de España. 

i^uixa. — Cou ocasión del último Jubileo del Pa- 
dre Santo, tres sacerdotes del Jura habían leido eu 
sus heniles (según hemos dicho, los católicos de Suiza 
octán obligadosTl, servirse de heniles por iglesias) la 
carta pastoral del Obispo de Basilea, sacada de un 
periódico católico. Pero Su Señoría habia sido de- 
pucfíta por las autoridades civiles, y por lo tanto leer 
una do sus cartas ora un crímou imperdonable. La 
policía condenó loe tres sacerdotes á una multa de 
(51 s'hcllivys: estos apelaron á la Corte Superior do 
Berna, la c\ial en su sesión do 19 de Dio. confirmó la 
sentencia pronunciada contra oUOs. Y há aquí la h'- 
h::vtad xjuo los liberales -de Suiza concedeu á los cató- 
licos. ^ ^ " " . 

AiÍ4Mnaiiíiu— Desde- ol 1'' dg/Nbv. 187G hasta el 
fin del aña pasado, liau muerto eu'la sola diócesis do 
Colouia 43 sacc;-dot(?si el u\ím\ir,o 'dé las parroquias 
vacantes es ahora dc.llG. Xó obstante las apo.sta- 
sías de alguuod sacordoíaá'éú la diócesis <le Guesen- 
Posen, esta no .se. halia eu tau nial estado como la do 
Cülctoia. •■■>Eu el auQ.de iy73 sq contaban eu la Dió- 
cesis de Gneson-Posen 818 sace'rtlotes: ahora so 
cucntau 018. Ha perdido, pues, desde aquel tiempo 
200. De e.stos 85 han muerto, 92 han sido ó depues- 
tos, ó aprisionados, ó desterra los, y solamente 23 hau 
apostatado. En esta diócesis 82 parroquias están va- 
cantes. De rcsidtas do la ley llamada Bread Basht 
Lnw, los sacerdotes han ¡lerdido la renta de 003,000 
marcos, y por uo haLiorse adherido al administrador 
giiberuamoutal de la propiedad eclesiástica, hau te- 



1 



nido que pagar mas de 200,000 marcos en multas. En 
la pequeña diócesis de Hildeshoim que cuenta sola- 
mente 83,000 católicos, 16 parroquias quedan vacan- 
tes. 

Con todo, esos perseguidores de la Iglesia católica 
admiten y aceptan oon gusto los servicios de las reli- 
giosas católicas en los hospitales. En el hospital de 
las-Hermafla.s. Grisas, en Posen, han sido recibidos 
1G3 pacientes; de estos 112 católicos,- 3é protestantes,.. 
17 judíos. En Nordhausen las mismas Hemanac re- . 
cibiefob-96 eníermos; 13 católicos y los demás pró- 
téstaiate§,y JudÍQ^. Estadísticas oficiales nos mués-' 
ti'an'^quef; hayen el imperio Áléman 633 enfermeras 
con licencia del Gobierno; 1700 diacdnisas protestan-, 
tes; 5763 Hermanas'dó' la misericordia , y 525 perter^s: 
cientes á ptras dénofüaitiaciones. " . . 

"El^'Sr. -Fidrencoiiít editor de un periódico c&tólicjo- 
s'i'legiano'iaa'sido'dftnueyO;Cond§ijadá á cuatro meses 
de cárcel y á upa multa de 100 marcos por haber o- 

ieudido algunos empleados. "ii 

,.., TMi'íiiíia. — En fin se ha concluido la paz entife 
,Eusia y Turquía. En un despacho de Londres ^el 
25 de Eneró fee daban como probables las siguientes 
■■'eondicioneg de paz. Independencia de Seryia sin 
•oiinguna compensación. Montenegro recibiría Autí- 
vari, Nicsics, Spuz y la parte dé Turquía que liúda 
^iCon la lagj,afl£i deScútari. La Rusia tendría Batoum 
.Kirs y Eczéroüüi hasta recibir la suma de- 20 millo- 
nes do libráS' esterlinas cómo compensación de guerra. 
"Los Dardánelós quedarían libres para los navios ru- 
sos. Autonomía d© la Bu,lgai:ia. Parte de las tropas 
-.'•i'fisas s© embarcarían ep , Oonstintinopla para volv-er 
-'■■tí Rusia. Pero .gtro despacho de Coustantinopla, 25, 
- confirmando la noticia de que él día 24 la Puerta ha- 
bla aceptado las condiciones propuestas por la Rusia, 
-'dice sin éSibnrgo que estajsn.o son oficialmente cquo- 
' oídas. -Séi:í'"á- g;\/BÍ imposible dar un i*esúmen de los 
ilSspac'hoB^diel 2áj\25, 26, 28 de Enero sobre este pun- 
to. Leyéadólos atentaroente, se vé que se prepara 
;; on 3^urqpa ,aq.uel}a conflagración general de qué ha- 
..,bíamoS:hablado á principios de esta malhadada guer- 
, ía.Ri-^so-'í urca. Pero, esta guerra que se prepara, ¿es- 
tillara, ó; será evitada por les manejos diplomí^ticos? 
■y ¿cuándo -estallará? Austria, como, siempre, indeci- 
sa y perpleja. Francia inquieta en su interior y pa- 
ralizada por la Prusía. Italia al servicio de Bismark. 
Pr lisia secretamente aliada con la Rusia. Turquía 
'' ■íücápáz dC' moverse, é Inglaterra inhábil de hacer na- 
'/da de;,por-:sí sol^. Hé aquí en pocas palabrals la sí- 
tnacipn-de Europa en este momento. 

Hícaiaíl»!*. — Las señoras del Ecuador han redac- 
. iado \\ncáTJress y lo han enviado al Gobierno. .^Esta 
noble protesta contra del gobierno anti-católicp de 
' Veinteniílla, y especialmente contra, la exclusión de 
ría religión cristiana de las escuelas primarias, está fir- 
madapor las Señoras mas distinguidí?,s de esa infeliz 
república. Sacamos de la protesta lo siguiente: "Nada 
tenemos que temer, porque éstaüdo lejos del torbelli- 
no de la política, y extranjeras á las pasiones de los 
partidos, nuestros corazones no palpitan por las locas 
■■ ambiciones, de. loa - intrigantes que aspiran al poder. 
Nuestra vínica amljicion está limitada en la pacífica 
' posesión dq nuestros derechos y en la felicidad de 
.nuestras familias. Nadie nos pnve de estos benefi- 
cios. Nadie profane el santuario, con la efusión de 
sangre inocente. — Nadie nos entristezca con el liorri- 
' bltj é^ectáculo de muertes. — Nadie provoque la jus- 
ticia de Dios con blasfemias.— Nadie escandalize á 
los jóvenes, y entonces nosotras estaremos quietas, 
contentas con nuestras faenas.. .domésticas, cumplien- 
do con nuestros' ordinarios deberes. Pero si por des- 



gracia continúan los males que amenazan arruinarnos 
en un porvenir no lejano, males provocados por los 
enemigos de Dios, no nos resignaremos á la catástro- 
fe, sino que combatiremos por la defensa de nuestra 
fé que sola puede salvarnos." 

La condición del Ecuador, según los últimos infor- 
mes está lejos de ser consoladora' El 26 de Dic. de- 

jbia elegirse el nuevo presidente. Había dos candi- 
datos: el General Veintemilla, un radical ya conocido 
por nuestros lectores, y un cierto .,.Carbo peor que 
Yeintemilla. La situación de los católicos es extre- 
madamente crítica. Escoger, un candidato católico 
que por cierto habría tenido la mayoría de los votos 
no era posible: puesto que el Generol Veintemilla no 
hubiera permitido su inauguración: (no hay gente mas 
tiránica que esos liberales) . Por otra parte repugna- 
ba á los católicos formar alianza con cualquiera de 
los dos -partidos. 'Los partidarios de Garbo, muy nu- 
merosos, les han .ofrecido su , alianza, pero su pro- 
puesta fue rechazada, porque ya se conoce que la re- 
ligión seria tan maltratada por Garbo como por. Vein- 
temilkt. Los dos están animados del úaismo odio 
contro la Iglesia. Ya se conoce ÍÓ qué es Veintemi- 
lla. Un Arzobispo asesinado con su connivencia, otro 
Obispo (él de Guayaquil) perseguido hasta la muer- 
te, otro desterrado juntamente con los personajes mas 
respetables de su clero, los sacerdotes de una dióce- 
sis privados de sus recursos. Evidentemente Veinto- 
milla no puede ser sostenido por los católicos. Y me- 
nos puede serlo el otro, que escribió por primero ar- 
'• tículo de su programa: "Abajo hasta el nombre de la 
Religión Cristiana." ^ ' ' -. ■ ■. . 

■< ^uejsi feelaK«tm.—Hacó algún tiempo que 
nuestros cambios del Este nos hablan de los prpgie- 
sos de nuestra santa religión eti Nueva Zelandia. -tjl- 
timamente él Ne2o Zealand Tahlet veieú& la conver- 
sión de Quatró pratostañtes; entre los cuales el Doctor 
Sproule. Estos hacían parte de nias de 50 niños que 
el !■' de Nov. pascado recibieron la primera oomunion 
en la Iglesia de Sta. María, Nclsoü. ■ - " 

ULTIMAS ^"OTICÍAS DE- SANTA" FE.-: ^ 



- Recibimos., la noticia que' se está maquinando en la 
capital, fuera de la Asamblea Legislativa, un. plan de 
división de cuatro Condados fronterizos. La-dosig- 
nacion de los límites de los nuevos Condados queda- 
ría, según este plan, al arbitrio del Sr. Gobei'n-ador. 
El fin que se proponen los autores dó este plan de di- 
"visiou es "herir el aoi'azon mismo del CatoHcismo. en 
éste" Territorio,, porque se dejaría én cada • uno de 
•estos Condados suficiente margen para una población 
extranjera dentro de los próximos dos años; de los 
cuales. Condados irían _,suficieutes miembros á' la Le- 
gislatura venidera, cQn'la ayuda de los cuales el Go- 
bernador podrá, frustrar ó lograr todo lo que desee."' 
Estas son palabras salidas de persona íntimamente 
interesada en el plan dé división y en su motivo. ^Los 
Le<»islad0res no necesitan mas para oponerse enérgi- 
camente á estas medidas. 

El Acto en favor de las Hermanas de Caridad fué 
presentado al Gobernador el Sábado, día 2. Ala aho- 
ra que escribimos no conocemos el resultado. ■ 

No damos mas noticias de Santa Fé, porque las 
cartas que nos escriben de allá no nos llegan, como 
tampoco- llegan á Santa. .Péotras^ cartas _escritas de 
Las Vegas. Quizás se considera á la Legislatura co- 
mo en estado de sitio, y por lo tanto se interceptan 
'las cartas. 



■ •■>cf 



-' na- 



f^ñr, 



c<> 



-64- 



SECCION BELIGIOSA. 



CALENDARIO RELIGIOSO. 
FEBRERO 10-16. 



10. Domingo V dt.tpves de la Epifanín. — ShntA EscolfSstica, Virgen, 
Los Snntos Múrlircs Zólico, Irc-nco, Jacinto y Amnncio. 

11. it/ne.v-El ]5. Jnan <lc Urito, Mártir, do la Compañía de Jesús. 
Los Snntos Lucio, Obispo, y sus Compañeros Mártires. 

12. Kartrs - Snnta Eulalia de Barcelona, Vg. y Mr. San Damián, 
Soldado y Mártir. 

13. Miércoles— S&tlUx Catalina do Ricci, Virgen. San Gregorio 11, 
Papa. 

H. JuíV.'s — San Valentín, Presbítero y Mártir. San Antonino, 
Abad. 

15. rierne.í— Los Beatos Juan Bautista Machado, y Compañeros, 
Mártires, de la Compafíia de Jcsns. Santa Ágape, Vg. y Mr. 

16. Sábado — San Oncsinio, Obispo y Mártir, discípulo de San Pa- 
blo. Santa Juliana, Vírg(>n y Mártir. 



SANTA CATALINA DE RICCI. 

Nacida de la ilustro familia do Ricci en Florencia 
dio desde su niñez indicios seguros de su futura san- 
tidad. Colocada por sus padres en un Convento para 
darle la primera educación, arrodillábase cada dia de- 
lante de una imíígon de Jesucristo Crucificado, y con- 
templaba su pasión dolorosísima por horas enteras, 
derramando al mismo tiempo copiosas y suavísimas lá- 
grimas. Nunca quiso ir por una corta temporada á 
su propia casa, sin haber alcanzado antes la promesa 
do que la restituirían al Convento; y Á los diez y seis 
años de su edad se resol rió á quedarse en él para 
niempro, dedicando su vida al Señor con la profesión 
religiosa. El Convento era de Hermanas de Santo 
Domingo. Abrasada en amor de Dios, oraba casi a- 
siduamente, domaba su cuerpo con cilicios y ayunos, 
y pedia ardentísimamento la conversión de los peca- 
dores. Fué devotísima de las almas benditas del 
Purgatorio, y cuí'-ntase en su vida, que habiéndose o- 
frecido una vez á satisfacer por una d^ó ellas, padeció 
por mucho tiempo en su cuerpo las penas mas inten- 
sas y agudas. Iligió muchos años á sus Hermanas 
con una prudencia rara, juntando al celo de la obser- 
vancia regular la suavidad en el mando, y aun mas el 
bueu ejemplo, y la humildad en todo y con todas. 
Favorecié)la el Señor con maravillosos clones, aptos 
para movernos á alabar á El en sus Santos, mas bien 
que á desearlos. Catalina recibió en su cuerpo, Como 
San Francisco do Asís y otros santos, las llagas del 
Señor; meditando cada Jueves y Viernes uno de los 
misterios de la pasión, sentia en sí misma los tormen- 
tos que contemplaba,- desde el Convento de Prato vio 
á San Felipe Neri en liorna, y hablóle; profetizó co- 
sas futuras; reveló otras ocultas; y tuvo éxtasis y re- 
velaciones celestiales. Finalmente, después de gra- 
ves y largas enfermedades, recibidos los santos sacra- 
mentos con suma devoción y gran consuelo suyo, aca- 
bó la carrera de su vida el dia de la Purificación do 
Maria Santísima, 2 do Febrero, de 1590. Su fiesta 
fué trasladada al dia 13 del mismo mes por Benedic- 
to XIV, quien la canonizó en el año do 1746. 



KEVISTA CONTEMPORÁNEA. 

Primero en el N^ew Mexican y dospucs en el 
Las Ve(/(ts (razcife compareció una carta escrita 
en mal inglés á Su Señoría M\.celen(í.siira el Sr. 
Don Samuel B. Axtcll, nuestro Gobernador, Q. 
D. Gr, La carta estaba fírníiada por ocho Sena- 



dores entre los cuales el Hon. Crouck de la Me- 
silla. Nosotros no queremos defender al escritor. 
Pero somos de parecer que si los Senadores no 
hubiesen votado la incorporación de los Jesuí- 
tas, ni la abolición de las leyes de matrimonio 
y de entierro, niña del ojo derecho del Excelen- 
tísimo Gobernador y Co.; si al contrario hubie- 
sen votado leyes decretando qne el hombre fué 
criado para "gozar d? la vida,' que "la pobreza 
es madre del crimen," que los dogmas religio- 
sos predicados por mas de doscientos años en 
las Iglesias de estas tierras son mas 6 menos la 
causa de los delitos perpetrados en ellas, que es 
una deshonra subvencionar á las Hermanas de 
la Caridad, ó mejor dicho á sus enfermos y 
huerfanitas, etc., etc.; ¡oh! en tal caso la carta 
de los ocho senadores hubiera sido lavada, afei- 
tada y peinada ú. las mil maravillas, antes de sa- 
carla al público, pues no faltan barberos en San- 
ta Fé. Lo que mas admira es que publiquen 
aquella carta de inglés chapurrado ¿quiénes? el 
Nuevo Mejicano y La Gaceta, periódicos cuyo 
español es una verdadera algarabía, un guirigay 
tanconfusoy corrompido, que para entenderlo ha- 
béis de acudir á menudo al texto inglés. Y si algo 
les decís, pronta tienen la contestación: "Hacemos 
lo que podemos; no hemos sido instruidos en la 
lengua castellana.'' Pues, amiguitos, á lo menos, 
conociendo que tenéis el tejado de vidrio, no es 
prudente que tiréis piedras á las ventanas del 

vecino. 

^-'•.» 

La contestación de S. E. á los ocho Senadores 
es de cabo á rabo una siítira de las mas pican- 
tes. El Sr. Axtell recibió de la naturaleza un 
talento peculiar para la poesía drama'tica. Des- 
pués de haber calzado el coturno en la escena 
de furor contra los Jesuítas, sale ahora al teatro 
arrastrando el zueco, y lo hace primoro?amrntc. 
Es difícil decir si campea mas en el género trá- 
gico ó en el cómico. 



A fines del verano pasado iba por los periódi- 
cos de los Estados la siguiente cartica; nos dis- 
pensara'n nuestros lectores si la damos en inglés, 
pues traduciéndola le quitaríamos todo su méri- 
to, que consiste en ser una copia literal del ori- 
ginal, y va dedicada tí los able enylish scholors 
(leí Territorio: 

7b the hAlHor of Iht Brooktt/n Eaglr: 

I wa.i very uinch disappointad in trjing to cnter Evcning Nif-kt 
Sehool at llycrson etreet, whon Mr. Jellitie would not adniit me to 
Scbool, as He thonghl I was not fit to cnter, And would not listen 
to my Convcrsation whatevcr On Acconnt of niy Clothes not boiug 
np to the Standard. I attonded Nii^lit Sehool íast Wintor and was 
Awarded a Cortilicate from liook-kceping CUss, And I inteudod to 
cnter this Winter to learn Phonosrajihy, as it was the ouly stíuly 
I long for. I was a Mcmber of No. 11 Sehool for eevon Years .*.nd 
it was iny lirst time to be turned out. 

IIaiid Wokkiso YoiTH. 

"Ahí tenéis" observaba el Redactor del Fagk, 
"á un muchacho que dice haber estudiado sieto 



»a 



■ M i i i i ' III l a.. 11 I ,1 • ■ ' r I 



años en una de nuestras escuelas de gramática 
las mas pretenciosas, y que ahora se cree á sí 
mismo capaz de abrazar un estudio de adorno, 
cuando su carta demuestra á las claras que le 
hacen falta las nociones mas elementales;" "Se- 
ñores de la Junta de Enseñanza, vuestro siste- 
ma actual de escuelas públicas es una farsa . 
(a sAam)— una impostura contra los contribu- 
yentes, y una horrible y cruel impostura contra 
los jdvenes que hacéis entrar en el mundo con 
menos habilidad de ayudarse á sí mismos, que si 
no hubiesen ido nunca ni un solo dia á la escue- 
la." — Yenga ahora La Gaceta y gr^te contra los ; 
Jesuítas porque se oponen á un sistema de ,es- ,, 
cuelas tan enérgicamente condenado por los *• 
primeros periódicos del país, el N. Y. limes, 
. Fhüadelphia Times, San Fr^incisco Mo);ning Oqll, 
Brooklyn Uagle, sin contar la prensa religiosa de j 
todo. color y matiz. .. .^-. .vj^-. ■ 



» » ^ » .« 



El Hard Worhing Youth, qu,,6- escribía al 
Brooklyn Eagle la carta referida, es ciudadano 
Americano. Tiene por consiguiente voz activa y 
pasiva en todas las elecciones. Luego no seria 
extraño verle ocupar un dia que^otro algún 
puesto importante en la República; y tampoco 
verle nombrado, por ejemplo, Gobernador de 
un Territorio. Entonces 6 el nombramiento le 
infundiría en un instante el hábito de escribir cor- 
rectamente, 6 seguirla escribiendo según el mode- 
lo citado. La primera hipótesis es algo difícil^de 
tragar; queda la segunda, que el Hard Worhing 
Youth, hecho Grobernador de un Territorio, es- 
cribida tan mal como ahora. ¿Publicaríanse en- 
tonces sus cartas y mensajes así como saldrían 
de su pluma? De ninguna manera; sino que se le 
daría un Secretario, an ahle english scholar^iy 
muj' versado eii'el Webster' s Únahridged Bic- 
tionary, para corregir cuidadosamente todas las 
faltas ortográficas de su buen señor y amov Fero 
¡ay de tí, Hard Workvig Youth, sí en vez de Go- 
bernador, llegaras á ser legislador independien- 
te y franco! ¡Tus cartas verían la luz pública 
con todos sus disparates! -<., , 

-itl ,11 ^-r-»^ ▼ .oobjíii • 

Traducimos el siguiente suelto del Albuquerqne 
Rtvieio: "Algunos de los laureles que los miem- 
bros de la presente legislatura pueden llevar or- 
gullosamente á sus hogares consisten en los si- 
guientes actos dignos de alabanza: la ley de in- 
corporación de los Jesuítas, la abolición de las 
leyes de Entierro, Matrimonio y Repartición, 
la restauración de las cortes en el Condado de 
Colfax;y coronarían sus hazañas sí, abrogando 
todas las demás leyes y partes de leyes de la 
última Asamblea Legislativa, emitieran un voto 
de censura contra nuestro fanático Gobernador, 
con un memorial al Presidente para (¡ue le de- 
vuelva sano y salvo á la tierra de los Sanios del 
Postrer Dia á la cual Su Santidad pertenece." 



El Sr. Anniíuy Hna Idea. 

Desde algún tiempo acá parece que el Sr. An- 
nín, Ministro Presbiteriano de Las Vegas, se va 
metiendo mas. y mas en una idea, la que, si no 
la abandona con tiempo, podría perjudicar á su 
salud. Lá ídLea.jgy.a de los Jesuítas, cuya vista 
le funesta la" fantasía, y de cuya presencia ¡©jala! 
pudiera librarse. De estos sentimientos parti- 
cipan algunos cofrades suyos de Santa Fé, cuya 
pesadilla son esos mismos Jesuítas. Hemos di- 
cho en otro lugar que esta idea funestísima los 
persigue de,contínuo, los aflige, los. atormenta. 
Ellos piensan verlos, sentirlos y oponérseles 
dondequiera, á las claras y á escondidas, en pú- 
blico y en secretp. En aquellos puede y debe 
ser efecto solamente de fantasía excitada, por lo 
que no hay mas, si quieren proveer á sí mismos, 
que ponerse en las manos de un Doctor. Quizás 
aun les aprovecharía el uso por cierto ticm{xv del 
Extracto de palmilla, ínventad<)^'y fabricado xm: 
meses pasados aquí en La.s Yegas por el Sr. O'.' 
Y. Aoy. El que está -en Santa Fé, y les cayó 
engracia, se lo puede proporcionar, y dar testi- 
monio de sus admirables efectos. 

Para el Sr. Annin la cosa es diferente. Res- 
pecto á él puede haber, y lo reconocemos, algu- 
na causa mas legítima y real. Pues desde que vi- 
nieron á Las Yegas estos odiosos rivales fueron á 
plantarse atrevidamente delante de su casa, y 
en seguida, lo mismo que la mala yerba, se han 
ido multiplicando tanto, que ahora es muy difí- 
cil salir á una calle cualquiera, sin-toparse en 
alguno de ellos que vaya, ó que venga. Y no 
es todo. En estos últimos meses se les antojó á 
aquellos benditos establecer un Colegio, y como 
quizás en este mundo la fortuna sonríe mas á los 
picaros que á los otros, todo les fué desde los 
principios tan bien, que hasta algunos mucha- 
chos se salieron deja escuela del Ministro, para 
irse á la de los Jesuítas. El pobre Ministro 
cuanto menos los puede ver, tanto menos puede 
evitar de sentirlos, y olerlos como sí los tuviese 
en casa. Por su mala suerte, se ve condenado, 
por poco que se asome á sus ventanas, á dar con 
ellos-ó con sus alumnos; y por, mas que se cierre 
en sus cuartos, no puede menos de oír una des- 
testable^ campana, la del Colegio, que tañe en 
' sus oidos.desde la mañanita hasta la noche. 

Consecuencia de todo eso.es, si no nos equivo- 
camos, que su abrumada fantasía; y su mente 
irrequieta no se ocupa ni piensa sino en los Je- 
suítas, y quiera ó no quiera, de ellos debe escri- 
"t)ír y entretenerse en su, raquítica Bevista Evan- 
gélica. A la ye.rdad, : lolífúítimos números _ de 
este ilustrado periódico están llenos de Jesuítas 
y Jesuitismo. De cualquiera materia que trate, 
tiene siempre para ellos alguna palabra, y cual- 
quiera artículo que escriba, siempre ó príncpia 
Ó acaba por los Jesuítas. Ellos son la sal para 



-66- 



sazonar todas sus comidas, y quizás aun la pi' 
mienta 6 mostaza para acibariírselas. Nosotros 
daremos las gracias al Sr. Ministro, porque tan- 
to se ocupa de nosotros; mucho honor nos hace; 
y si á veces nos ocupamos de él es para no faltar 
de corresponder i »u finura. 

Bajo la mas poderosa impresión de esas ¡deas 
suyas, parece que sobre todo debe haber «ido es- 
crito el número de su Revista para el mes de 
Enero. Su pieza principal y maestra es una 
carta que dirige al Delegado de Nuevo Méjico 
en Washington, y en ella el punto mas impor- 
tante es la cuestión de los Jesuítas. Allí se los 
pinta, lo mismo quizás que se los representa su 
imaginación, codiciosos de dinero y de poder, 
intrigantes, sediciosos y hasta corruptores de la 
moralidad pública. Nosotros qne estamos acos- 
tumbrados lí semejantes cariños, nos hemos bas- 
tante divertido con todo eso; y mientras quizás 
al que escribía la carta se le encendía la sangre, 
lo cierto es qne i nosotros, leyéndola, nos daba 
la risa. — Así va el mundo. 

Hé aquí .sus palabras: "Sus fines é intentos 
son únicamente de acumular riquezas y propie- 
dades, de conseguir poder político para manejar 
reinos y estados: sus principios y máximas fun- 
damentales son contrarias á la verdadera mo- 
ral:" recuerda que hemos sido desterrados de 
todos los paises de Europa en diferentes perío- 
dos por intrigas políticas, y por ser peligrosos á 
la paz y seguridad de las naciones; y para per- 
suadirle mejor todo esto, aconseja al Sr. Delega- 
do que lea las Cartas Provinciales áé Blas Pascal, 
en las cuales se revela toda la abominación de 
los Jesuítas. 

¡Esta sí que es feliz ocurrencia! Aconsejar al 
Delegado del Territorio en Washington á que se 
ocupe en leer las Cartas de Pascal. Hace unos 
días que en el Tndependent de la Mesilla le diri- 
gían otra carta, recomendándole algunos de los 
negocios mas importantes que atañen i este pue- 
blo, pero el Sr. Ministro llama su atención sobre 
otra» cosas; quiere que-se ponga á leer el Pas- 
cal, como si el Territorio hubiese enviado su De- 
legado á Washington, y el Gobierno federal le 
pagara, solo para que se ocupara en la lectura 
de las Cartas de Pascal. 

Señor Ministro, ¿qué ocurrencia es esta? ¿Ciímo 
lo vino esto á la cabeza? Cuando otra vez se 
ponga á escribir su Revista calme su calera, sino 
en un arrebato cualquiera dirá cosas que harán 
reír á la gente. 

Pensamos (jue nuestro Delegado no hará caso 
de todo eso, teniendo en mano otros intereses 
(jue cuidar en bien del Territorio: pero no deja 
de ser chistosa lu lii[)ótesis que un Delegado de- 
jando los asuntos de su delegación, se pusiera á 
Icrr el Pascal. Ni seria menos curioso ver al 
tal delegado volver del Congreso no con lo que 
raas necesita el Territorio, sipo bien enterado de 



lo que escribid Pascal, y dar, como resultado de 
sn misión, unas confcrenciai sobre dichas cartas. 

Nuestro Delegado, por supuesto, no hará mas 
caso de este cornejo de lo que le hacemos nos- 
otros: y lo dicho sirva solo para que se eche de 
ver cuál parece ser en el fondo la ¡dea, el de- 
seo y la esperanza del Sr. Ministro, Si no nos 
equivocamos, esta ei, que haciéndonos pasar por 
enemigos de Dios y 4e la sociedad, por infames 
y peligrosos, el puebla se aleje de nosotros y si 
fuere posible nos obligue á salir del Territorio. 
Siga, pues, á trabajar para ello, mientras noso- 
tros seguimos nuestro camino. 

Ha reinos una reflexión que nos v¡eneá propó- 
s¡to. En los Presbiterianos, de los cuales es el 
Sr. Ministro, nosotros reconocemos los hijos legí- 
timos y genuinos de Calvlno, monstruo de here- 
jía y de corrupiion. Ley de natnralcza es que 
los hijos se asemejen á sus padres. Calvino, 
dice Segur ( Protest p, 2 c XXII,) veía en los 
Jesiñta* unog terribles adversarios, é instigaba 
cuanta podía á las gentes para que «e deshicie- 
sen de ellos. "Es necesario, escribid desvergon- 
zadamente el hercsiarca, matarles, y si cslo no se 
puede hacer cdmodamente, entonces es precÍFO 
echarlos, o por lo menos oprimirlos con mentiras 
y calumnias." 

Esta regla de condu«ta trazada por Calrino 
respecto de nosotros, y seguida por todos los he- 
rejes, y demás enemigos nuestros, la conocemos 
muy bien. Sabemos cuál ha sido nuestra histo- 
ria pasada, sabemos cuál será nuestro destino 
futuro. No por esto, desmayamos: las iras de 
nuestros adversarios, son nuevos y mas fuertes 
motivos para ir adelante. En la oposición que 
se nos ofrece cobramos mayor ánimo y valor, y 
en las persecuciones que experimentamos, halla- 
mos la suerte y recompensa de los que, á despe- 
cho del mundo, quieren cumplir con sus debe- 
res. 

Acabaremos con una palabra, acerca del Pas- 
cal, para los que no tengan noticia de esc suge- 
to, que el Sr. Ministro llama, "un católico lío- 
mano, sincero y devoto, y que conocía bien el 
Jesuitismo por sus mismos y auténticos docu- 
mentos y hechos." Pues bien Pascal, francés 
de nación, vivid en el siglo XVII, fué gran filó- 
sofo y geómetra, escritor eximio y pulido, pero 
marchito y fanático Jansenista. Los Jesuítas 
habían combatido valerosamente esta herejía. 
El por represalia, no pudiendo defenderla, se es- 
forzó en desacreditar sus adversarios y hacerlos 
pasar, á fnerza de astucias y falsedades, como 
corruptores de la moral crí?tiann. Con este fin 
escribió y publicó las Cartas Provinciales, que 
son 18, bajo el falso nombre de Luis Montnlto. 
Estas cartas fueron inmediatamente prohibidas 
por la autoridad eclesiástica y civil. 

El Conde de Maistre en sus Xoches dt San Pe- 
t^rshurgo dice de él; "Pascal polémico superior 



-67- 



hasta el punto de tomar por diversión la calum- 
nia." El mismo Voltairc en su carta al P. La- 
tour, año 1746, "Hablando de buena fé ¿deberá- 
se ju25gar de la moral de los Jesuítas J3or la sátira 
de las Cartas ProvinciíAles?" Y en otro lugar 
{Siglo de Luis XIV, tom. III, c. 37, "Pretendía- 
se probar que sus miras (las de los Jesuítas) ten- 
dían i prostituir las costumbres humanas: desig- 
nio que ninguna secta ni sociedad han podido 
abrigar jamás; pero no se trataba de decir la 
verdad, sino de divertir al público." Y ¡estas 
son las cartas que el Sr. Annin aconseja que lea 
nuestro Delegado en Washington! 



Un poco de historia para el *NcwMexican.' 



Fáéilmentc se tolera que alguien ignore la his- 
toria: puede haberla olvidado ó ni siquiera es- 
tudiado. Pero no se puede soportar que quien 
la ignore, quiera sin embargo darse á conocer sa- 
bedor de ella. Nuestro famoso Cat(51ico del 
NeW'Mexícan del cual hicimos mención en el nú- 
mero" anterior, hablando de los Jesuítas, decia 
con la mayor formalidad que "no solo en los si- 
glos mas primitivos y mas oscuros de la Iglesia, 
sino que aun hasta en el tiempo ilustrado de 
Roma C.\TOLicA fueron expulsados en 1872." Si 
estas palabras algo significan, quieren decir qne 
hubo Jesuítas no solo en los siglos oscuros del 
medio evo, sino hasta en los primeros tiempos 
de la Iglesia, lo que es un disparate garrafal. 
Quizás nuestro Católico conoce tanto la historia 
como su religión. 

Lo enviaremos, pues, á desengañarse con a- 
quel cofrade suyo que en el número antepenúlti- 
mo del New-Mexican escribid el artículo A Je- 
suüióal att«mpi. El autor de este artículo es 
muy diferente del católico; parece un Protestante 
Presbiteriano, el mismo en carne y huesos que 
nos regald hace dos años, luego después de la 
legislatura, otro articulito, en donde quitados los 
disparates y las injurias no quedaba nada. A ese 
dimos alguna que otra respuesta que le sentarla, 
bien; y con dificultad hubo de digerirla pildora, 
por lo que se explica porqué echa tanta espu- 
ma y rabia. Pues, ese mismo con su Webster 
que cita, y con el solo Webster de donde no 
sale, podrá enseñar al Católico que los Jesuítas 
principiaron no "en los siglos mas primitivos 6 
mas oscuros de la Iglesia" sino solo en el año de 
1540, en ¡a época del renacimiento, que es la 
moderna. 

Supuesta esta rectificación, vamos adelante. 
Haee entender nuestro desconocido Católico que 
los Jesuítas han sido expulsados muchas veces 
en diferentes época?. Y en esto tiene razón. 
Lo han sido eu todos loa tiempos y lo serán has- 
ta el fin. El mundo no nos tiene simpatía. Esta 
OS nuestra mayor dicha y gloria, proclamada ya 



por J. C. en la Octava Bienaventuranza en el ser- 
món del Monte. ¿P^ntcndcrá algo nuestro Cató- 
lico de bienaventuranzas?. . . . Pero volvamos al 
asunto. 

Fuimos expulsados, pues, no en el ano de 
1872 como él dice, sino de 1874 de liorna Cató- 
lica, y podia haber añadido unos años antes de 
toda Italia. Y esta fué la ocasión que nobotros 
los "machos cabríos de Italia," viniéramos des- 
de el año 1867, á Nuevo Méjico. "El mas funes- 
to día para Nuevo Méjico" añade él. La revo- 
lución que domina todavía en Italia, nos echó de 
todos sus dominios, y finalmente también de 
Roma. ¿Porqué el articulista pone Roma Cató- 
lica en letras mayúsculas? No mas que por ha- 
cer creer á los tontos, que aun Roma, la católica 
Roma, nos es contraria y enemiga. 

Unos días antes Su Ex. S. B. Axtcll, afirma- 
ba que "una y muchas veces la compañía habia 
sido denunciada por el Jefe mismo de la Iglesia 
Católica." Esto dijo Su Excelencia. No (jucrctiius 
decir que él miente, diremos solo que no lo 
creemos. Porque si la denuncia del Papa fué pú- 
blica, ¿cómo el mundo no supo nada de ella? Si 
fué privada y secreta: ¿porqué el Papa se diii- 
giria al Sr. Axtcll? El Papa en sus públicas y 
privadas comunicaciones de esta naturaleza se 
dirige á los Obispos que están en comunión con 
la, Iglesia Romana. ¿Serla acaso Obispo el Sr. 
Axtell? Algunos piensan que sí. Con todo no 
será un Obispo en la comurñon de la Sede Roma- 
na. Así su aserción nos es inexplicable, y la re- 
chazamos hasta que sea probada. 

Nuestro adversario, de seguro, no la rechaza; 
el católico de Sania Fé la tendrá por verdadera, 
cierta y segura, ya sea porque e' "simpatiza con 
el Sr. Gobernador en la conducta que tuvo con 
nosotros," 3'a porque se amolda á lo que el dijo 
que "ios Jcsaita» fueron expulsados de Rcuia 
Católica en su tiempo mas ilustrado." 

Dejemos á parte aquel "tiempo mas ilustrado" 
que dice ser el tiempo presente para la Roina 
Católica. Por lo qne toca á los Jesuítas, tenemos 
el honor de decir á nuestro articulista, (jue no 
fué la Roma Católica la que expulsó á los Jesuí- 
tas, sino la Roma revolucionaiia y sectaria, la 
Roma enemiga del Pa|)a y de la Iglesia, la ([Uo 
quitó todo al Pontífice Romano y lo tiene en el 
cautiverio, y con menos escrúpulo nos echó á 
nosotros, siempre con el mentido noujbre de li- 
bertad y tolerancia, como h:U)la hecho años an- 
tes en el resto de Italia. Esa Roma, ó (j)ara u- 
niversallzar la idea) esa Italia revolucionarla, la 
componen en su mayoría católicos, "nacidos y 
bautizados católicos," como el de Santa Fé, pero 
asimismo católicos que al [)ar de él simpatizan 
no con la Iglesia sino con las sectas, no con el 
Papa sino con su.s enemigos, no con Cristo sino 
con el diablo. Tales católicos que tienen esas 
simpatías, n?.íuralmente han de tener odio hacia 



\v 



-68- 



sTivíf^ T"i(] ". .;fTf)l '>h nt,"r7(| 



-ísr^ 



iio.sotros: lo cual re|mtaiTios una grande gloria. 
¡Pobres (Je nosotros! si esos tales dejaran de 
aborreeernos y nos toleraran. Nosotros por par- 
te nuestra, les tendremos mas Itíslima que odio; 
mas compasión que aborrecimiento. Y i)aracon- 
lirmar con alguna |)rueba lo (jue decimos, Jié 
atpií brevemente algunos hechos. Ocupada liorna 
por el gobierno de Víctor Manuel, se puso mano 
á la obra de destrucción de cuantas cosas san- 
tas había en la Ciudad Eterna. El dia 10 de Di- 
ciembre de 1873 fué presentada en parlamcnlo 
una ley general de supresión de todas las orde- 
nes religiosas, redactada por el ministro De 
Falco. Ea ley halló mucha oposición, y solo 
des|)ues de seis meses Dudo pasar con poca ma- 
yoría. Era muy tirana 3' cruel, con todo dejaba 
unos miserables privilegios á los religiosos y á 
sus superiores generales. Desde los primeros 
(lias nuestros mas encarnizados enemigos halla- 
r(Mi {|ue esas tales conce.'^iones eran mal emplea- 
das con los Jesuitas, y que se les debia excluir 
de su participación, (ya se sabe (juc siempre la 
peor parle nos debe tocar,) y que la regla de 
conducta para con nosotros es de no tenernos 
ninguna compasión. Quien j)rimero propuso esa 
excepción l'ué un cierlo Sr. Chavez. ¡Los hay en. 
Tlalia como a((uí! La excepción (pie se (|ucria 
liiicer de Ids rlesuitas era una muy evidente ti- 
ranía, ni había ra/on para justíñcarla. Para 
sostenerla, el (Jirculo Cdvour de Roma rcunic! 
unas diez mil firmas en favor de ella: estas re- 
))resentaban la líoma revolucionaria: pero al 
mismo tiempo la /Sociedad de l@s inleref^es mióUcos 
jiiiitú en ve/, treinta y cuatro mil para protestar 
eu contra de la cxce|)CÍon: y estas rc|)resenta- 
b;ui la lioma Católica. Al mismo tiempo se hi- 
(!¡eron j)iiblícas y solemnes rogativas; con todo, 
(pormiliéndolo así Dios) la ley |)asó, con la ex- 
cepción de los Jesnilas de cuahpiieni privilegio, 
en Mayo de 1S7I. Los .lesuilas luvieron (pie 
salir. 

VA Papa (¡uo representa la Roma (^atólica, el 
Pai)a cabe/a, de la Iglesia Católica, como lo re- 
conoce el niismo Sr. Axtell, sintió muchísimo 
esta dispersión de las órdenes religiosas, y sobre 
todo la excepción hecha contra los -lesuilas de 
!(is pocos privilegios dejados á los demás, h',1, 
p;ira mostrar al mundo el amoi- (|ue les tenia, y 
protestar en l'avor de ellos de una manera so- 
lemne, cr(M) cardenal, el 22 de D¡ciend)re de 
ISI:^, ií un Jesuíta, v\ P. Camilo Tartiuiní, y 
iiiuei-lo eslc \\\ poco fieiiipo, le reemplazó con el 
Card. J. P). Eran/eliu, el ;{ de Abril delSTó. 
;Dos (;arden:iles desuiías en corlo espacio de 
t¡em¡)o! Va Papa muy claramente manifestó que, 
elevamlo estos dos á la dignidad de cardenales 
"(|ueria reconq)ensar, en la persona de dos de 
sus miembros, á la Compañía tan odiada y per- 
seguida por el nombre (pie lleva, y (pie (;í i)csar 
de todas las ingratíludes y violencias de que es 



objeto) está valerosamente en la brecha, toman- 
do parte activa en todas las buenas el rag qqe se 
realizan en todo el mundo católico. "'"rí p.«í-atj 

Aquí tienen el Nev) Mexico^n y d Si*. Axtell 
algo que aprender, y que puetie tk-scugañarlos, 
si quieren, iiiid Midajiilao;> b«I iifflí)?oiq it ncib 



y,f>vr. 



Aütiguos Ejemplos de Autoi'id-id Papal; 



La supremacía de los Obispos Ikími^hos-efe uno 
de los puntos mas importantes de nuestra santa 
le. Antes bien [)uede llamarse la cuestión prin- 
cipal entre protestantes y católicos. Por supues- 
to, hablamos aquí de aquellos protcst nites que ni 
se han vuelto racionalistas, negando la institu- 
ción de una Iglesia por Jesucristo, ó la misma 
divinidad de nuestro Señor; ni son fanáticos cre- 
yendo que los católicos no son sino idólatras y 
paganos. Y como en este país y en este tiemjx» 
los católicos deben tratar con protestantes, an- 
te.5 bien con ministros [)rotestantes intentos á ha- 
cer pro.sólitfjs entre ellos, por esto hace mas de 
un año cpic eu nuestra liedisia hemos emprendi- 
do á establecer y declarar lo mis posible este 
punto. Nuestros lectores no han olvidado que 
después de haber probado por la Biblia y la 
Trailicion la Supremacía de S. Pedro, habíamos 
en otra serie de artículos intituladíjs "Los Suce- 
sores de S. Pedro" empezado á probar que los 
Obispos Uoraanos suceden al l*ríuci]re de los A- 
póstoles eu el i)riinado sobre toda la Iglesia. Es- 
te primado debia de ser perpetuo como lo es la 
misma Iglesia ( Rpüista ario JII n. \'l). Luego 
debe existir ahora como ha existido y existirá 
hasta el liii del mun lo. Pues bien; no hay sino 
el Obispo de Poma (|uc se .proclama sucesoí de 
S. Pedro, no hay siuo él (pie como tal .<5ca reco- 
nocido, y (pie ejerza el olicio de Su|)remo Jerar- 
ca; luego (i\ es el Sucesor de S. i'o(lro en lu Su- 
premacía sobre la Iglesia (ibid. n. -íó). l*ara (pie 
estas tres poposiciones lueran mas evidentes, 
para evitar nuevas dificultades, y tal mismo tiem- 
po p;\ra mostrar cuál era sobre este punto la f(j 
de la [)rimitiva Iglesia, no.* habíamos empeñado 
á demostrarlas coir algunos testimonios de los 
Padres de los cinco primeros siglos de la era 
cristiana. Hemos probado (pie en ese tiempo 
los Obispos Romanos se proclamabnn ante el 
mundo entero Supremos Pastores de la Iglesia 
( ihtd. n. 17); (pie por tales fueron reconocidos por 
los cristianos (ibid. not. 40, 50)^ nos falta pues 
demostrar (pie como talos ejercieron su suprema 
autoridad. 

Daremos princi|)io ;í esta tercera parte de 
nuestro trabajo con las siguientes [jalabi-as de un 
Protestante, Mr. Allios, cita(,lo otras veces: su 
testimonio puede servir como, de resumen de to- 
do lo lucho, y de introducion á lo que nos falta 
demostrar. "El Obispo de Roma, así dice C\^ 



-69- 






como sucesor de Pedro tiene una preeininencia 
incontestable. Esto es cliiro, y reconocido por 
los escritores eclesiávSticos del Oriente así como 
por los de Occidente" ( Church of England cJeared 
p. 18): y en otro lugar: "Ninguno que estudie la 
antigüedad, pucdtí diular del primado de la Sede 
Romana" /^t¿>»VZ. ^. 27): y en otra parte, descri- 
biendo la constitución de la Iglesia al tiempo del 
I*'- Concilio de Nieea: ''las tres grandes Sedes 
de Roma, de Alejandría y de Antioquía, ejer- 
cían una influencia poderosa pero paterna sobre 
sus colegas, teniendo la de Roma inconteslable- 
raento el primado, no por concesión de ningún 
Concilio, ni porque era la ciudad imperial, sino 
porque por tradiccion inmemorial era considera- 
da como la Sede de Pedro" (ibid. p. 4Y). 

Y en efecto, desde los primeros siglos, el Go- 
bierno de la Iglesia estribaba en la división cu 
tres patriarcados, el de Roma, el do Alejandría 
y el do Antioquía. Esta división fué después 
reconocida, aprobada y confirmada por el Con- 
cilio de Nicea en el siglo IV. Las sedes de Cons- 
tantinopla y do Jerusalen no fueron elevadas al 
rango de sedes patriarcales sino muelio después. 
Esta división de derecho enteramente celesiíísli- 
00 fundábase en la voluntad del mismo Apóstol 
S. Pedro. Así lo afirma S. Inocencio I Papa 
del principio del V siglo (Ep. XXIV ad Akx. 
Ant.J. El Santo Apóstol, habiendo j)rimero esta- 
blecido la Sede de Antioquía. la dejó después á 
S. Evodio su discípulo, y desde Roma envió otro 
discípulo suyo, San Marcos el evangelista, para 
fundar la Iglesia de Alejandría; A estos dos 
discípulos, según el testimonio del Papa Inocen- 
cio, San Pedro delegó parte de su solicitud uni- 
versal, para que de esta suerte pudiesen mas in- 
mediatamente velar sobre sus respectivos distri- 
tos, reservándose el Apóstol el Occidente. Este 
sistema, como hemos dicho, es enteramente ecle- 
siástico y puede modificarse, ó destruirse por le- 
yes eclesiásticas. Pero al IV y V siglo estaba en 
su pleno vigor. Pues bien nada muestra mas e- 
videnteraente el ejercicio de la Supremacía de 
los Obispos Romanos sobre toda la Iglesia, que 
la autoridad de los mismos sobre los patriarcas 
de Antioquía y de Alejandría. 

Respecto á la dependencia de la sede patriar- 
cal de Alejandría de la Cátedra Romana, para 
probarla bastarla la sentencia de deposición ful- 
minada contra Dióscoro, patriarca de aquella 
sede y promulgada por el Concilio ecuménico de 
Calcedonia con las siguientes palabras. Después 
de haber enumerado las culpas de Dióscoro, di- 
cen los padres del Concilio: "Luego el Santísimo 
y beatísimo arzobispo de la grande y antigua 
Roma, León, por el presente santo sínodo y en 
unión con el beatísimo y digno de toda alabanza 
S. Pedro Apóstol, que es la, piedra y el cimien- 
to de la Iglesia católica y el fundamento do la 
verdadera fé, le despojó (á Dióscoro) de la digni- 
dad episcopal, y le privó de todo ministerio sa- 



cerdotal" (Conc. Caked. act. III apvd. Hard. 2, 3, 
346). Por lo demás hé aquí como el mismo Pa- 
pa San León se había expresado escribiendo á 
Dióscoro acerca de algunos usos, que se habiau 
introducido en la Iglesia de Alejandría, nada 
conformes á la tradición de la Iglesia Romana. 
"Puesto que el beatísimo Pedro ha recibido la 
primacía apostólica, }' que la Iglesia Romana 
conserva sus tradiciones, no podemos creer (¡no 
su santo discípulo Marcos, quien primero gober- 
nó la Iglesia de Alejandría haya introducido usos 
diferentes de los que ha recibido por tradición" 
(<íp. 9 ad Dios.). El misino Papa S. León escri- 
biendo á otro patriarca de Alejandría, Timoteo 
Salofacíolo que habiendo sucedido á Timoteo 
Eluro en esta sede, habia enviado algunos de su 
clei'O á Rouia para notificarle su ordenación, ob- 
serva: "Has obrado como era menester y de cos- 
tumbre enviándonos por escrito la notificación 
de til ordenación por medio de nuesti'os hijos 
Daniel sacerdote, y Timoteo diácono" (ep. JOI 
(id Tíin. Akx.). Y que esta notificación no fue- 
se un mero acto de deferencia, sino necesario 
para recibir de la Sede Romana la confirmación 
de la ordenación hecha, so desprende de una 
cai'ta que otro Papa del mimo siglo, S. Simplicio, 
dirigió á Acacio. Cuenta en ella que Juan Ta- 
laja pidió la confirmación papal para ocupar la 
sede de Alejandría, "á fin de que la sucesión de 
un Obisjjo católico en el ministerio de su prede- 
cesor tenga fuerza por la confirmación de la au- 
toridad Apostólica" (ep. 7 ad Ac.J 

Seria necesario un entero artículo para dar 
una idea cualquiera de la autoridad que desple- 
gó S. Julio Papa en la ocasión délas diferentes 
persecuciones que de parte de los herejes arría- 
nos tuvo que padecer el gran patriarca Alcjan- 
driao S. Atanasio. I3aste recordar aquí las si- 
guientes palabras de una carta que S. Julio es- 
cribió á este propósito á algunos Obispos eusc- 
bianoo, enemigos acérrimos del mismo patriarca. 
Después de haber rebatido sus calumnias conti'a 
Atanasio y otros tres obispos (Marcelo de Anei- 
ra, Asclcpas de Gaza y Pablo de Constantino- 
pla) condenados en nn conciliábulo de Antioquía, 
y de haber puesto de manifiesto su justicia \' la 
regularidad de su rostablecimienlo, añade: 'Si 
vosotros pensáis probar alguna acusación contra 
ellos, y convencerlos, vengan los que gustai'cn; 
porque han prometido estar prontos á rofntr.r 
muy evidentemente las acusaciones que Nos han 
sido presentadas contra ellos" (\Iid. ep. I n. 21). 
Y poco después: "¿Porqué tratándose especial- 
mente de la Iglesia Alejandrina, no se Nos ha 
escrito? ¿Ignoráis acaso que tal es la costumlii-e, 
que primero so Nos escribe para decidir lo (¡ne 
es justo?" {ihíd n. 22). Poco después de Ata- 
nasio, otro Patriarca de Alejandría, Podro, de:-;- 
íerrado de su Sede, acudió á la auto'ridad patei-- 
na del Obispo de Roma, y así como S. Aíauií- 
siü, fué restablecido en su Sedo "llevando cousi' 



-70- 



íio lina carta del Obispo Damaeo, cu la (jue s^r» 
tial»a tcsliiiioiiio de su le en la consubstaiieiali- 
dad del Hijo, y se a p ruinaba su ordenación"" (A'o 
crat. I. I c.':'»7)'! 

Xi l'ué menor ni menos eficaz la autoridad (¡ye 
los ()l)¡s]»os IJomanos ejercieron sobre los pa- 
Iriarras ilc i\iilio(|uí;i. Nuestros lectores pue- 
den ver un eJeni|)lo ilustre del ejercicio de esta 
atiloridad en esta misma iievista {Año III n. 50). 
Allí verán (pie al l¡cinj)o del cisma mas l'uneslo 
(pie turbó a(piella ljj,lesia, suscitado con motivode 
los ()l>ispos pretendientes Melecio, Paulino y 
Vidal, la autoridad (pie se atribula al Obispo Ro- 
m-.üio sobre Anlio(piía era tan grande, que no 
s<j1o el Knij)erador (Graciano }' S. Jeruiiiino con- 
sideraban decisiva una decisión de Koma en fa- 
vor de uno de ellos, sino (pie ellos mismos la in- 
vocaban para hacer valer su dei echo á la Sede 
AntiofpKMia. Tddo lo enal se desprende clara- 
mente de los pasajes de las dos epístohi.s de San 
.Jerónimo al i*ai)a S. Da'maso, <pie , nosotros, lie- 
mos citado. 

Pero jiara |)robar aipií aun mas claramente la 
autoridad (pie ejercía en el siglo IV el Obi.s|.)o 
de lloina sobro (d patriarcado de Antiotpiía, 
bastará citar <d siguiente tro/.o de una epístola 
de S. P>asii¡o á S. Atanasio: "Nos ha parecido 
(onvenienfe escribir al Obispo de liorna pura 
(pie conozca lo (pie a(pií j)asa y de su ,dee¡s¡<)n. 
^o siiMidolc fácil enviar jU'onto desde donde mo- 
ra diputados de común acuerdo con un (yojidlio, 
debe obi'ar por su sola autoridad y encargar á 
algunos hombres, (jue uniendo prudentemente la 
suavidad á la llrmeza sean capaces do, reprimir 
y corregir á los de entre nosotros (jue no sigan 
el recto camino"' ( Eph-.l. 52 <//. (ií) ad Atlidiia.)}.). 
'J\»do lo «pie a'pií [.'¡de S. Biisilio ])erleuoc¡a de 
dcrciiio al patriarca- de Aiitiotpiía; pero como 
allí' reinaba, el cisma nicdeciano, (le (pie li.cmos 
hablado, el Siinío Doctor acude á Ruma |)aia 
(pie (!on autoridad suprema dccidt/, reprima y cor- 
r'ija. Ni los Obispos Romanos laltaron á su de- 
ber ejcrciiMido su autoridad so])re los patrii^írcas 
do Aiiliofpii'a sc^uM dictübaii la. defensa d(;. la fé 
y la priiileiicia. Así, p. e., el i*apaSan ('eies- 
tiiio en una de sus epístolas al (,\)ncilio l^fesino . 
ordena (pn; todos los Obisjios (pie siguen los er- 
rori'S tle Neslorio sean s(!|)arados de! Oiicrpo Iv 
piscopiil, y (|ue á -Juan Patriarca (b; .\ntio(piía 
se notiliipie (pie "si no profesa lo (pie nosotros 
enseriamos (///.s'¿ (¡luv seu./vjui.s .s-c//.sryí"/),si no con- 
dena el nuevo error {el de Ak't<tor¿o) por cFciáto, 
la Iglesia tomará hacia él las mcilidas (pie los 
intereses de la fé ' ])idiereir" {rp. <id. cniív eplics. 
'11 n. S). .Vüimismo poco después y diii'ante el 
mismo siglo \, el Papa S. .l\^li,\ 111 excomulga 
y depone á otro patriarca de Antioipiía. Pedro 
(iiiafco, por Iniber caido en varios erroi'cs c(ui- 
trarios á la fé, especialmente en la Iierijía de 
l'ailiipics. lié a(pií c('mo Féli.x 111 comunica al 
patriarca su condenación: "Habiéndoos amones- 



tado ya con dos de mis cartas, paso ahora á pro- 
nunciar contra vos la senteiu;ia; ó mas i»icu la 
f)ronuncia el (jue es el .lele de l( d.is las Sedes 
Episcopales, el glorioso Pedro, (pie es |)or cierto 
el mas grande de los Apóstoics ( IJurd. t. 2 col. 

Esta autoridad (lucrrlos Ojjiífpos -Rt niaríoshah 
desplegado sobre los patriarcas ¡ilcj ! üdrino'}' arf- 
tiiKpieno no puede eu-caree.ers(vbasla! le. Por(jne¡ 
de un lado es coía iucontroverl'LtiUví^ic eü^ 'loa' 
primeros siglos los l*ap;<is ej.erci;in su autoridad 
su|)rcma sobre: todos los Obispos vlc (Jccidcnte; 
(1(3 Italia, dellirica, de la .Gal ia, de Kspaúa,- del; 
África [iroconsulnr. .Pero auncpie en el ejerci- 
cio de tal autoi'i^lad los Obi*p(<5:,d^e Roiiía a- 
pelase.n siem[)rc á la diíguidad . de sucesores de 
S. Pedro, y no á la div, |.)iTUjarejíi,'j,(J.e Occidente," 
como s(^ echa de ^ver ea.f-us epístolas, (:on todo 
esta aulorida'l sobre l(js. obispos occideritalcs po- 
dríase alriliuir siempre á su dignidiul patriarcal. 
Pero ciiando'Sí? vé que -la misma 9ul(-)ijdad ejcr- 
eiaii cu Oriente, antes -bien en las mismas' Sedes 
palriareájcs;, y htct-jcrvian hasta el punto de 
-deponer de su dignidüd, á los mismos patriarcas.; 
est()'n(>' i>uede atribiiirro sino á, la .supremacía 
(pie como suce?ores (WS. Pedro tenían sobre 'to- 
(I is las Iiileáiás. (./^¡(í-rt^J os> que Sx'ci'ates, hihló- 
ri.i'dor deJ siglo \ hablando de, algunas Obispes 
ori('ntales, l'(?S cuales (lepiu;stxjs de'MJ^ sedes ape- 
laron á Rouiíi, y- por^S.JuHo j*apa fiieroii-j^ib- 
Sííieltos, \\<)s da claramenle-ií enteiuler que no era 
oíro el (yrígen de la autoriíjad del Poiitíliic Ro- 
mano sobre loS obispos do'Ori-Cíde,. "AfiuiíJiiO 
licinpo ( (¡ne AiavdfiiodkQo á /io?;ia/ también Pa- 
blo Obispo de {.'ons-tantinopla, Ascle|iiis de Gaza, 
Marcelo de Ancira y Lucio ,dc,^V(j'iian()|)(iJi.s 
acusados (-ada uno de diferentes eul[tas, y e(iíia- 
dos d(i sus sedes, llegaron á la Cjiulail Imperial. 
Piabieudo allí expuesto sn causea á .)ulio'Obisj)0 
de Poma, él (.'onl'iu'iue á la jux'rogatiVa dé Iji 1- 
glesia Romana, los -^íhivíó aírás^ }(. Oi.ientcí, lle- 
vaiidíj j)()derosas cartas^ y I'^s restableció en sus 
sedes !"especlivas'. reprendiendo vivamente a los 
(pu! temerariainenieloshabian depuesto" (/S'om//. 
Iiisi. lux'/: /. 2 c. 15):" Y mas claramente SíV/.oine- 
iio, otro hist()riadür del ínisrno siglo, hablanciode 
los mismos Obispos, ;dice: "JCL Obispo jioüíano 
liabicndo juzgado siís vari-as causas, y liabie<ido 
hallado (pie t(}dos. esos ()bis[)os convenían en la 
té nicena los admititi á su comiiniün. Y [)'ü.eslo 
(pie, por la dignidad de, su Sede, iQ.corrcspíuidia 
el cuidado de fodos, v\ restableeití.cada uno en 
sus Iglesias rospectivas iSnz<^fíi..h¿»í(: .juclcs. 1. 3. 
c. 7). NoespiKís do extrañar que el inisino 
Ilallrim f^e vea obligado, á conicsar^que "la opi- 
nión de ht Supremacía de la Sed* Uoujáiía pare- 
ce haber prevalecido inuchq ,^;i el sígíq JV. 
I'Mcury trae pruebas notables ile esto, .sacadas d" 
los escritos de > Sócrates. 8o;ípmeno:,. Aciano, 
Marcelino y Optnto"".(J//(/(7/c A(jt\s c, 7). _ 



I- .;:•;■ I 



..«.»" 



71- 



"liTffirm rtiii i n i nr i M iii rrn — -iT- i '-fri-f-i ^---^ — :...^-.»— ■^^.-.,.<,--^-i^.M(»n ,^,*-„Mtíi- 1- !■ ;i /iii^yi r'ij'^r-if.--r-f-T-.f,.f.Y'^».^'^V itf Hffrr n8i>- JTi i» í m?B(iTi<irnr7i w^-^^ 






Tj:€^& 



b Oía ( (hnUnmcion—Pág 59-60,; 

„ '■ — -Es inútil bit&Carló.^ Estas infamias se gestionan á 
solas; que vayan luego a citarse testigos.. No quedaiia 
sino el juramento; Hiás hay anguilas que, si es me- 
nester, áe deslizan de la mano con cien juramentos 
falsos. Basta; puede decir á au amigo que egtá exen- 
tó, sin duda, de ningún linaje. Para ser declarado tal, 

.sólo lia de "probar I'os exírenids de la ley, según doci- 
mois nosotros, en erOoiisé^'o-de leva. Lo hará con po- 
cos papeles: las partidas de defunción de .sus, padres, 
un estado de familia que debe aiitentiqar el síndico, y 
un documento también aprobado también por este, cu 
que los n>('iioros pidan la exención de su hermano 
mayor. . .M;is, d'game por merced, ¿no hizo en el pri- 
mer examen ■ ninguna' reclamación "PNo manifestóla 
menor dudí;'? 

— Nadu: no ha hecho la menor cosa, cvial si fuera 
un bendito.' " • 

— Lo sieiixo, dijo el" capitán: hará casi la figura de 
un tonto, auiK-jue hon/(í< áliipiando (lunniiat llnnivnts. 
Por lo doih;ís, si tiene sus documentos en regla, llega- 
rá opoi'tüüamc'ntd tóda,vía: los papeles producirán su 
resultado. 

Oída por Riccio'-e.sta contestación, no paró hasta 
que pudo ver á Filiberto¡ Habia conseguido este una 

.licencia tempoi'ál.para no ir á la oficina, á fin de pro- 
, curar su liberación.' Riccio deseaba poderlo coger á 
. la hora da hi comida por la tarde. 'Mas quiso Dios, 
que Filibérfo faera en su busca por otro asunto. Lo 
llevó aparte á su alcoba: — Querido, verdaderamente 
llegas á tiempo, corri-enzó á decirle; lie de darte la mas 
alegre'notieia del mundo, que te reservaba para des- 
pués, a la hora de comer; mas antes persuádete bien 
de que si faltaban ¡os locos en las casas do Orates, 

, hay uno quj vale por cien; eres tú, Piliberto Motti- 

110..... 

. — Haz^ pues, cual-si firera realmente un loco, y da- 
me primero Va gráin ' noticia; por lo demás, tienes ra- 
zón de contíikio. ■ 
, —Pero ¿qué te pasa? Has metido gran bulla y lo 
has trastoriíado todo por el número, por la quinta, 
por los tres mil francos, y luego, en un abrir y cerrar 
de ojos, resulta que .estás exento. 

— ¿Exento 'yo? ' ' 

■ — Sí, exento; sin que la duda sea po sible, aunque 
se ansie hallar.' He visto el texto de la ley; he con- 
sultado á' un" Cíxpitari, delegado en el Consejo de leva; 
¡estás libro dó la quinta!.; 

-riOjí^hí! mmea me hubiera alegrado tanto de ha- 
ber paclecifl'o nncr-ror como esta vez. : 

— Lee', áü'adió EiieciO, lee también tu absolución. 
,. (T le pusó'en.Tosojosla ley abierta.) Hé aquí tres mil 
. ti-'aucos llovidos del cielo.^ 

. Dovorab'ii el joven aquellas frases, poniendo en ellas 
fodií suviatt y su mente. — ¡Sonclaras, en efecto! re- 
,p,etia: nada se puedo oponer. . .Y aquel abogado ne- 
cio. .". 

—Necio, no: engañoso, estafador, ladrón, deberías 
decir. Quería sacarte ochocientos hermosos francos, 
y por poco mas caes en el garlito. 

Kiccio sentíase dominado por el placer, si bien te- 
nia un poco de vergüenza. Pensaba sobre todo en 
Adela: — ¿Qué dirá cuando lo sepa? ¡Y se aíligia tanto 
por este di'-bito enoriueí 



— Le darás la noticia como preparación para la co- 
mida. 

—¡Ya lo creo! Le quitaré de encima una losa de 
mármol. 

— Espero que te dirá lo que no sé decirte yo; por 
ejemplo: que arreglarías mejor tus asuntos si consul- 
tases algunas personas, en vez de ir adelante á cie- 
gas. Basta, dejémoslo; goza tú este favor divino que 
te envían sin buscarlo. 

— Tienes razón esta vez, respondió Filiberto, tienes 
razón para dar y vender. Pero ¿qué quieres? Siento 
una repugnancia invencible á publicar mis cosas. Sí 
no estuvierais en el mundo tú y Adela, pasaría los 
meses sin decir otras palabras que buenos días ó 
buenas tardes. Lo hecho está hecho: irá mejor otia 
vez, si bien confio que no irá mal en la presente. Lo 
bueno para mí es que no bien hago una cosa mal, tii 
la compones. No son inútiles los amigos én el mun- 
do. Ahora pediré los papeles para deshacer el enredo. 
Mas in prífuis cf, ante omnia voy á restituir las tres mil 
liras al señor Onofre, y volveré á casa con mi liermo- 
so recibo. ¡Qué desahogo! Quiero dilatar mis pulmo- 
nes. 

— Perdóname, añadió Riccio, si recuerdo tu nece- 
dad. ¿Qué figura haremos con mis principales? 

— ¿Por qué? 

— ¿No lo adviertes? Tantísimos pasos, súplicas y 
garantías para obtener una cosa dificilísima; mas lue- 
go, sin saber cómo le devuelvo la suma. Dirán que 
tú y yo somos un par de simplones ó de mentecatos. 
Óyeme: aguarda el Consejo de leva. Entonces á lo 
menos tendrás un motivo para disimular nuestra im- 
premeditación, V. gr., que en la audiencia han encon- 
trado buenas tus razones; y que ya no se necesita el 
metálico. 

Filiberto quedó persuadido, y lleno de alegría fué á 
felicitar á su hermana por el venturoso descubrimioi- 
to. Cual fué la satisfacción de Adela no es posible 
decirlo. El viento de la fortuna, que hasta entonces 
habíala tan duramente perseguido, no podía soplar 
mas favorable, y la pía doncella, lejos de la vanaglo- 
ria, atribuía todo el mérito á la Virgen. Ansió tam- 
bién tener por compañero para las debidas muestras 
de gratitud á su hermano, y lo ansió con aquella efi- 
cacia que sabia compaginar egregiamente con la man- 
sedumbre de hermana menor. — Guárdate bien, dijo á 
Filiberto, de contestarme que no. Quiero una cosa 
de tí; lo quiero, ¿has comprendido? 

— ¿Qué cosa? Veamos. 

— Has de venir conmigo, y tomar la santa comu- 
nión á mi lado, en el altar de la Virgen, en acción de 
gracias. Ernesto ayudará la misa. 

— ¡Ah! No tengo nada de judío para que necesites 
llevarme por fuerza. Iré yo, sábelo, por mí mismo, 
y voluntariamente. 

: — ¡Tanto mejor! Y confiésate también, añadi<> Adela 
sonriendo, de las extravagancias que has dicho contra 
el banco do la Virgen. Mira si existe ó no: hasta te 
lia pagado á tí los intereses, á pesar de ser incré- 
dulo. 

Filiberto calló, contentando á su hermana. Había 
llegado el tiempo de que tomase las riendas la que 
tenia mas seso, y dirigiese á su hermano el mayor. La 
joven con zu. escrupulosa conciencia, que Filiberto 
consideraba excesiva y desarreglada, había obtenido 
por fin aun para él una condición excelente, á sabor: 
vivir en familia con su hermana, con su hermano 
menor, y con su amigo, que seria su cuñado: al pro- 
pio tiempo había logrado que llíccio condujese á tér- 
mino feliz el asunto del rescate de la milicia, con lo.s 
ventajosos resultados que se tocaban con la mano. 



-n- 



Por el contrario por su tontería y obstinación habiii 
obtenido Filiberto el amargo fruto de no comparecer 
on el Consejo de leva, y dejar así comprometidos sus 
dereclios á la exención, por cuanto si no se hacen va- 
ler en tiempo i'itil caducan por declaración de la mis- 
ma ley. Sin embargo, gracias á Dios, pudo aducir su 
calidad de primogénito de huérfanos, viendo pasar su 
reclamación sin que nadie opusiese la menor cosa, 
con extraordinario júbilo de Kiccio, que estaba pre- 
sento, y de Adela, á la cual le pareció que nada tenia 
que pedir al cielo ya, fuera de la boda, que coronaba 
dignamente sus votos. Esta no podía tardar, porque 
se halñan publicado en el domingo anterior las últi- 
mas amonestaciones. 

Mas si el cielo resplandecía sin nubes sobre los 
prometidos, en casa do ünofre se dejaba oir todavía 
el estruendo de la tempestad. Al volver Riccio á su 
oficina, lo notó casi al instante, juzgando en su virtud 
(pa(í debia diferir algunos días su boda, con el intento 
de solemníi'iarla trauquihimonte, y con alegría, si era 
posible, aun de sus principales. Estaba sumamento 
lejos de preveer de qué modo calmaría la última tor- 
menta. 

XXI. 

TODAS LAS BUENAS FORTUNAS A LA VEZ. 

Quizá Riccio, Adela y Filiberto, cada uno por su 
parte, tenían, sin advertirlo, la culpa del humor negro 
reinante sin duda en casa de Onofre. Empero, sobre 
todo la señora Emengarda era la verdadera culpable, 
aunque con buen fin. No, había podido digerir la fea 
figura hecha con la joven desconocida que hallara las 
niíles de liras perdidas por su marido. Diez veces 
mas lo sintió cuando supo que tratábase nada menos 
que de la prometida de Iliccio. Parecíale que siem- 
pre tendría en lo sucesivo en el ojo la espina de dos 
testigos de la sórdida mezquindad de su esposo. A 
fin de lavar de algún modo tan odiosa mancha, so ha- 
bía t>mpeñado en favorecer á Riccio á lo menos en cl 
])réstarao por él solicitado. Ma.i Onofre se había 
)iiantenído en sus trece, y era inútil insistir: Para 
persuadirle se había necesitado nada menos que Ric- 
cio le sacase vivo y bueno de la» garras do la niuerte. 

Solo que aun en este último caso parecíale á Emen- 
garda haber llegado al nint i>hts ttUra de la miseria y 
do la vergüenza. Era de altos sentimientos, así como 
de noble corazón, y hallábase adornada de todas las 
demás bondades propias de una miijer; pero tenía la 
debilidad de conocer sus méritos algo demasiadamen- 
te. Sabía, sin dudarlo un punto, que mientras su ma- 
rido iba dándose importancia como síndico y políti- 
co, cslulja ella, por el contrario, al frente de la fábri- 
ca, dirigiéndola mejor que él. Exigía, en su virtud, 
de un modo inexorable, que su marido la oyese, y 
obrase segiin sus consejos, á la verdad equitativos. 
Nacían de lo dicho discordias incesantes, siempre 
nuevas. Casi por fuerza le había conducido ú. visitar a 
Riccio enfermo, con la esperanza de que, á lo menos 
aquella vez, so honrase con algún acto generoso y 
conveniente. A este fin habíale indicado todo lo que 
debía decir y hacer. Pero ¿qué provecho sacó? Ono- 
fre, después do vanagloriarse de vencer con su dea- 
prendimiento las mismas advertencias do su esposa, 
se había escapado con un mezquino préstamo de po- 
cos miles. 

Al bajar Emengarda las escaleras, sentíase ardor 
do vergüenza y consumir de ira. No bien se vio sola 
en el coche, vencida por el escozor que la devoraba, 
exclamó: — Otra vez, subes, irás solo, si quieres hacer 
Kcmejantos figuras. 



— ¿Pero qué figuras estás soñando? contestó su ma- 
rido, que interiormente se jactaba de su munificen- 
cia. So lo he concedido todo con gentileza y genero- 
sidad, como si me hubiera hecho el favor á mi pro- 
pio. 

— Sí, sí; hubiera sido bello que hasta te hubieras 
negado á prestarle las tros mil liras roñosas. Paré- 
cerne que aun en el barrio de los judíos cualquier Jo- 
ñas Vita ó Abraham Dogniben© le hubiera hecho el 
favor con semejantes pactos. 

— ¡Qué singular ores, hija mía! Te calientas la ca- 
beza por nada. Ha logrado lo que me ha pedido. 

— Pero te correspondía ofrecer, y ofrecer de tal 
modo, que hubiese de aceptar la oferta. ¿No has oído 
que le debemos tu existencia, la mía, la de la niña, la 
del yerno, la de toda la parentela? ¿No piensas que, á 
no exponer su vida, donde continúa nuestra casa en 
pié, veríase, por el contrario, un sepulcro, en el cual 
los bomberos estarían desenterrando ahora nuestros 
huesos? ¡Y te quedas tan sosegado con un préstamo 
garantido, y con sus intereses asegurados al cinco por 
ciento! Si no hubiese yo estado allí soplándote loe 
oidos, después de tanto prometer, hubieras sabido in- 
ventar solo unas gracias mas frías que el hielo. Va- 
mos, vamos: te has demostrado generoso lo mismo que 
un usurero. 

Por este disparo tan violento á quema-ropa, el sór- 
dido señor Onofre se quedó pequeñito, aunque tuvo 
aliento para repetir: — Estaba dispuesto á todo; te lo 
había dicho antes, y hubiera cumplido la palabra; pe- 
ro si no so digna aceptar, ¿le debia meter en la gar- 
ganta una letra de cambio con un embudo? Aun Dios 
á nadie manda por fuerza al paraíso. Me parece quo 
le ofrecí con bastante frecuencia . . . 

— De boca. En cuanto á los hechos, hasta lo has 
advertido quo debia cxtonder la estipulación en papel 
sollado. Es altivo, y está bien; mas nosotros hubiéra- 
mos debido desempeñar igualmente con altivez nues- 
tra parte. Podrá decir siempre en vanagloria en 
nuestra oficina: "Cuanto hay aquí lo libre yo del fue- 
go, juntamente con mis señores; y el principal, por 
todo premio, prestó tros mil liras á un amigo mío, 
con mi garantía." ¡Buen modo, á la verdad, de con- 
graciarte con quien puedo con un rasgo de su pluma 
liacorte un leva eius de miles y miles! Es la segunda 
voz en pocos días que hacemos una triste figura; pri- 
mero con la muchacha y después con él. Y sabe Ric- 
cio estas cosas lindas: ¡tanto mejor! 

— ¿Pero qué sabe? 

— Sabe que recompensaste con unas hermosas gra- 
cias á la joven que te trajo las cíen mil liras. 

— ¡Oh! ¿Quién se lo ha dicho sino tú, que te com- 
places en sacar á plaza mis cosas? dijo el señor Ono- 
fre. 

— Aquella muchacha es la prometida de Riccio. 

—¡Oh! ¡Solo esto me faltaba! exclamó entonces el 
marido, un poco preocupado. No lo esperaba . . . Ella 
no me lo dijo. Ni tampoco Riccio. 

— ¿Qué necesidad tenia de manifestártelo? Le tra- 
tas tan ceremoniosamente, que no habrá tenido ralor 
para contarte sus cosas. Pero si tú no lo sabes, jo lo 
sé. Se nota que los que se parecen se ponen de acuer- 
do: el uno es mas desinteresado que el otro. . .Para 
enlazarse, aguardaban únicamente la miseria de aquel 
dinero, Á fin de librar del servicio de las armas al 
hermano de la esposa. Ahora que lo tienen, Riccio se 
casará con su prometida no bien haju curado. Asi 
tendrán coyunturas para contarse recíprocamente lo 
que hicieron por nosotros, y lo que nosotros hicimos 
por ellos. ¡Lindo parangón! — 

( Se coutinvard.J 



M 








PERIÓDICO SEMANAL. 

Se publica tpdos los Sábados, en Las Vegas, N. M. 



«v.CT--jvw.i«ia:5'TlrTOT7g>!riJ.J»iii»i-^i-Jii«i--^<iJ>'iA.-,ia'.«jiJ.w¿i 

16 áe Febrero áe 1S78. 



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g;ig!w*»'sawgjBy)yiaffl^ ¿--V'i^T-'*'-^''''^^ 



Núm.7j 



gMBifliBia*iiÍBgUi¿Ut¿JHEafeS !^^ 



EL VII DE FEBEEEO MDCCCLXXVIII 

ACABÓ SU MORTAL CAERERA 

EN EL AÑO OCTOGÉSIMO SEXTO DE LA VIDA MAS OPEROSA 

Pío EL GRANDE 

ÍNTEGRO BONDADOSO INVICTO 

RIGIÓ EL ORBE CATÓLICO 

DURANTE TREINTA Y DOS ANOS 

LLENOS DE AZAROSOS COMBATES 

PROPAGÓ ALENTÓ ROBUSTECIÓ 

HASTA EN LOS MAS REMOTOS ÁNGULOS DEL MUNDO 

EL ESPÍRITU DEL CRISTIANISMO 

FUÉ EN LA TIERRA BLANCO DE ODIO Y DE AMOR INMENSO 

LA IGLESIA SUMIDA EN LLANTO 

SOLO CONSUÉLASE CON SU TRIUNFO 



■ mili I I \\f^^^¡^ tir< t f^" - -■ 



GiovANNi Mauia Mastai Feeretti nació en Sinigaglia, Ducado de Urbino en Italia, el dia 13 de Mayo de 1702. 

Fué ordenado Sacerdote y celebró su primoru misa en la Pascua de 1819, dia 11 de Abril. 

Visitó la América, acompañando como auditor á Mons. Juan Muzzi que iba con destino de Delegado Apostólico n Chile, en 1823, 

En 21 de Mayo de 1827, León XII nombrábale Arzobispo de Espoleto; fué consagrado el dia 3 de Junio. 

Gregorio XVI creóle Cardenal in pello el 3 de Diciembre de 1839, y proclamóle el dia 14 de Diciembre do 1840. 

A la muerte de Gregorio XVI, reunióse el Conclave, el 14 de Junio do 1846. 

El dia 16, Juan Maria Mastai Ferretti, Cardenal del titulo de San Pedro y Marcelino, era elegido Papa, y llamóse Pió IX. 

Poco después fué coronado Pió IX en el Vaticano, dia 21 de Junio. 

Su primer acto como Eey fué un decreto do amnistía, dia 16 de Julio, y amplias promesas de reformas temporales. 

La Eevolucion victoriosa le arrojaba de sus estados. El 22 de Nov. de 1848, Pió IX se refugiaba en Gaeta. 

Volvió á su sede, recibido triunfalmente, el dia 12 de Abril de 1850. 

Eestableció la Jerarquía Eclesiástica de Inglaterra, el 29 de Setiembre 1850. 

El dia 8 de Diciembre de 1854 definió solemnemente el dogma de la Inmaculada Concepción de Maria. 

En 1850 extendió la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús á toda la Iglesia. 

En 1857 visitó sus estados entre los vítores de su pueblo. 

En 1859, usurpadas por el gobierno piamontéa las Romanías y Legaciones, el Papa fulmina la excomunión contra los invasores. 

Es despojado de la Umbría y Marcas en 1800 y reducido al solo patrimonio de S. Pedro. 

Canonizó los Mártires del Japón en 8 de Junio de 1862, rodeado de un gran número de Obispos de todos lo;; puntos del orbe. 

Publicó el Syllabus en 8 de Diciembre de ISOf. 

Confirmó la condenación de todas las sociedades secretas en 1805. 

Celebró, en 29 de Junio de 1867, el décimo-octavo centenario de la muerto de S. Pedro, y canonizó á otros santos. 

En este mismo año Garibaldi invade el Estado de Koma, y es batido en Montana. 

El 29 de Junio de 1868, el Papa convoca el Concilio Ecuménico para el dia 8 de Diciembre del 1869. 

Celebró su jubileo sacerdotal el 11 de Abril de 1809. 

Inauguró el Concilio el 8 de Dic. de 1869. 

Definió con el Concilio el dogma de la Infalibilidad pontificia, en 18 de Julio del mismo año. 

En 1870, dia 20 de Setiembre confinóse en su palacio del Vaticano, hecho moralmente prisionero dol ejercí, o invasor do Piamonte. 

Declaró á San José Patrono de la Iglesia el 8 de Dic. de 1870. 

Celebró el 16 de Junio 1871 su Jubileo Pontifical de 25 años, el primero después de San Pedro. 

Creó el primer Cardenal de América, el 15 do Marzo 1875. 

Celebró su Jubileo Episcopal el 3 de Junio 1877. 

Creó 29 Sedes Metropolitanas— 130 Sedes Episcopales— 3 Diócesis NuUíus—3 Delegaciones— 33 Vicariatos —y 15 Prefecturas. 

Gobernó la Iglesia 31 años, 7 meses, y 22 dias. 



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NOTICIAS TERKITORÍ ALE8. 



"^Wvo l^í'jÉcOv -OuRS dos lijtiertcs viuieutas 
en la semana pasada, Una en los Pinos Altos; la. ^ 
víctima fi;a uu hijo de I). Julio Homero, el mismo 
que, hace mas de dos años, fu*' asesinado aquí en Las 
Vegas por uuos soldados borrachos. Se dice que ol 
joven fue muerto por casualidad. Otro sucumbió de 
la misma mauera, üogun iioshan referido, en S. Jos('. 
¡Atencioü en el manejo de armas de tuego! tanto mas, 
porque ahora es de moda que cualquier barbilampiño 
ha de llevar su pistola tan luego como pone el pié 
fuera de su casa. 

N:síí¿« §<Y'.— El Gob. Axtell devolvió cou su v(fo 
el Acto en favor del Hospital de S. Vicente, dando 
por razón en su-Ménsaje á la Legislatura, que no 
tenia derecho ni autoridad para disponer de los fon- 
dos particulares de un Condado. De consiguiente el 
Acto fué enmendado, aproi)iando 150 pesos men- 
suales de los fondos del Territorio. La Cámara pron- 
to lo volvió á pasar, y á estas horas también el Sena- 
do la habrá votado. Pero tendrá que ser presentado 
otra vez al Gobernador. 

La triste noticia de la muerte de Su Santidad Pió 
IX llegó á Santa Fé el Viernes de aquella semana. 
Ambos cuerpos legislativos se prorogaron desde la 
mañana del Sábado, hasta el Lunes de la siguiente á ■ 
las dos de la tarde. Eñ eso dia, las dos Cámaras, por 
moción do sus presidentes respectivos, tuvieron una 
reunión, á las 8.] a. m., para dar alguna expresión de 
dolor y pésame por' tan doloroso acontecimiento. De 
la casa de Cortes todo el cuerpo legislativo fué á la 
Iglesia Catedral, donde se cantó una Misa solemne 
de Uequinu. Hasta ahora no hemos recibido otros 
pormenores. 

NOTICIAS NACIONALES. 



Rsíados 5:BSÍíl€>s.-^Todos los que en la última 
elección presidencial i)rocuraron con sus intrigas ex- 
cluir de la presidencia ai que habia-sido realmente 
elegido, é instalar al Sr. ilayes, están pasando por 
una serie de vejaciones cómicas y trágicas. no sabemos 
cuál mas. No diremos qa» la hora de la justicia ha 
lle.gado para estoy caballeros. En nuestros tiempos, 
la justicia cojea mucho, y de consiguiente tarda mu- 
cho en llegar. Pero en iiu están pagando algo de lo 
quo deben al honor ultrajado de esta gran Keiníblica. 
Allí en la Carolina del Sur, se descubren los fraudes 
del Ex-gobernador Chamberlaiu; aquí en Luisiana 
los que componían el famoso lu/irmhig nvun!. An- 
dorsoa, Kenuer, Caasenave (AVelis se ha «scabuilido) 
están en la, cárcel. Pero lo mas cómico de toda la 
tiv.gicomedia es sin duda el embarazo en que se ha- 
lla o! viejo Simón Catneron, uno de los que compo- 
nían el iamo.so I{¡íi[i de V.'ashington, que tanto desa- 
creditó la administración de V. Grant en sus últimos 
años. Durante el tiempo de laiíltima eleccicn prcsi- 
líencial ol Sr. Camoron.á loque parece, p.e habia di- 
vertido en?eugañar á una v'mdiki. Esta ahora intenta 
un proceso á Cameron, y con gran satisfacción de los 
enemigos del nnliguo ///;/(/, de cu.inlos no tienen nada 
(lue híu-er, y do les perioiliatas; se están publicando las 
caítitaa amoro.saü (pie en aquel tiempo el viejo csori- 
bia á la viuda. Confesamos que de todas estas car- 
tas una solamente nos causó interés, y excitó nuestra 
curiosidad. Cuando, la Viuda empezó á sospechar 
(jue el v¡( jo galán corría en pos de otra mariposa es- 
cribió al liijo do Simón, J)on Cameion, la siguiente 
caria que proponemos á la consideración de los pe- 
riodistas iNC()Ki;ri'Tiiii.Ks de Nuevo Méjico. "Mr I),.h 



Cc/iieior. Su querido papá me ha prometido hacer- 
me su esposa; pero ahora la influencia de Miss ha 

alejado de mí su corazón. Si Vd. llega á conseguir 
que su padre se case co'^migo, yo le prometo que ha- 
ré cuanto pueda para que Vd. tenga un puesto en el 
Gabinete. Yonrs rcspedfvlíij, M. E. O." ¡Eh! ¡eh! 
¡La viuda conocía bien sus pollos! 

Leemos en un artículo del Cothoüc Maitor intitu- 
lado "Will New England bccome Catholic" las si- 
guientes palabras sacadas del Catlt(,Ur World. "Nue- 
va Inglaterra promete ser la primera porción de este 
país que será enteramente católica. La inmigración 
á la Nueva Inglaterra es poco numerosa, pero está 
compuesta casi exclusivamente de Católicos. El au- 
mento de población es en gran parte católico, al paso 
que la emigración es casi enteramente protestante." 
Seria cuiioBo si la tierra de los Puritanos en un por- 
venir no lejano fuese tierra de Católicos. En verdad 
podría llamarse un milagro de la providencia: y sin 
embargo si los tres hechos que enumera el Caiholic 
World son verdaderos, no pasarán muchos años sin 
que la Nueva Inglaterra sea un país casi exclusiva- 
mente católico. ¡Y nuestros protestantes en lugar do 
pensar en mantener su religión en su país, envían mi- 
sioneros para establecerla aquí en Nuevo Méjico!!! 

NOTICIAS EXTRANJEllAS. 



lííílhs. — Hemos visto en varios periódicos de los 
Estados Unidos que se habia puesto en duda si verda- 
deramente el Rey Víctor Manuel antes de morir se 
habia confesado y dado satisfacción al Padre Santo. 
Algunos de ellos, p. e. el Conrrier des Etats Unis lo 
negaba terminantemente, y se burlaba de la noticia. 
No hemos dicho nada hasta recibir periódicos de I- 
talia. Hé aquí lo que sacamos de ellos. El Papa infor- 
mado de la enfermeaad del Re}' le envió su propio *S'<(- 
criaia Mñr. Marinelli, así como lo habíamos anuncia- 
do. x\ este eclesiástico no so le dejó penetrar hasta 
donde se hallaba el enfermo por intrigas de los que le 
rodeaban. . No se extrañen de esto nuestros lectores; 
pues acontece muy á menudo en Europa. Allí (habla- 
moa de los países católicos) los que se muestran mas 
rabiosos contra la Iglesia, no han perdido entera- 
mente la fé: esta ae despierta especialmente en la ho- 
ra do la muerte, y no raras veces se nota que los mas 
exaltados radicales pidan en aquel trance los auxilios 
de la religión. Para prevenir tamaño escándalo los 
francmasones europeos suelen, tan pioüto como uno de 
ellos se halla enfermo, rodear su cama, para alejar 
de él cualquiera sacerdote, aunque el enfermo lo pida 
á voz en grito. Lo propio estaba para suceder al po- 
bre Víctor Manuel; Mñr. Marinelli no fué introduci- 
do; pero sabemos que por tín pudo ccuiesarse. El 
O.^.scrvaiort Boiikd.o Jo ha í'íirmado de una manera oji- 
cicd. Hé aquí la noticia de este periódico, la cual, se 
dice, fué escrita jior el misu:o Pió IX y comunicada 
al Director. "Tan luego como Su Santidad supo que 
el Rey Víctor Manuel estaba gravemente enfermo, 
envió'un Ecle.sJát;tico reeptíable .al í^uirinal, no sola- 
mente para informarse de la salud del Rey. sino tam- 
bién para minir por la salud del alma del moribundo, 
á lin de que, teniendo que comparecer delante do su 
Dios, pudiese ser digna de su ;nisericordia. El ecle- 
siástico no fué admitido, poro sabemos que por otro 
medio el Roy recibió los Sacramentos dvclarandoque 
jicdiii jx'i-dc/i (d 2\(^i(i j.or l(:s }!ia!cN de <jhc se habia /.<■- 
cito rei^iKiiiHüiih." Hasta aquí la no\.a.ojir¡a¡ del P^'^cr- 
ua/ore; j como esto fué negado por algunos periódi- 
cos, órganos doi Gobierno y de la Revolución, el Os- 
.scrraíorc repitítí ^o que habia afirmado en términos 



-75 



mas explícitos el dia siguiente. Añr. diremos aquí que 
el Papa permitió que se celebrasen en Roma los fu- 
nerales por el difunto Eey de Cerdeña, insistiendo 
con firmeza en que en lugar de usar la fórmula pro 
rege nosfYo Viclorio (por nuestro Rey Víctor) , so di- 
jese en , las oragiones pro rege Vidorio (por el Rey 
Víctor); protestando de este modo hasta el fin con- 
tra la inicua usurpación de los Estados de la Iglesia. 

Víctor Manuel al caer enfermo estaba muy ansioso 
de salir de Roma. El se hallaba en el Quirinal en 
donde muy pocas veces dormía; pues los remordi- 
mientos de su conciencia lo acobardaban, y la profe- 
cía de que moriría allí estaba siempre presente de- 
lante de su mente. Fué mandado preparar un tren 
exprcss por la tarde del Sábado (5 de Enero), pero la 
calentura creció tan de punto, que no fué posible po- 
nerse en camino. 

Concluimos estas lóbregas noticias con una profe- 
cía singular de un profeta no menos singular. Maz- 
zini fué el verdadero promotor, el alma y el inspira- 
dor de todas las revoluciones italianas que acabaron 
con despojar al Papa de su poder temporal, y que a- 
cabarán con el establecimiento de la República Ita- 
liana. Mazzini, pues, conspirador de gran talento, 
BQ quería echar abajo á los reyes y duques italianos 
en favor de una dinaíítía cualquiera: él era republi- 
cano ardiente cuanto cabe serlo. Pues bien; parece 
que según una profecía del mismo no estamos lejos 
del tiempo en que el hijo del Rey usurpador será 
derribado á su vez de. su trono, i Mazzini hablando 
ai Sr. Crispí, uno de los ministros del actual Gabine- 
te italiano, le había dicho, según se refiere: "Vd. será 
el último ministro de la monarquía," 

TisB'''5?':jfí^, — Lo3 Rusos han entrado en Constanti- 
nopla. La guerra se ha acabado. Ignoramos cuáles 
son las condiciones de paz impuestas por la Rusia á 
la Turquía. En nuestro número pasado hem,cs refe- 
rido las. que Fegun conjeturas parecían probables: el 
Courrier des Etats ünis nos da también otras condi- 
ciones que se creen probables. Nada de fijo se sabe 
todavía; pero ps cierto que las condiciones serán du- 
ras, y es cierto también que si Inglaterra no muestra 
en este trance firmeza y energía (como es probable 
que no la. mqstrará,) ya se le puede cantar el guiri- 
gory ¿ la Gran Potencia Inglesa. Entretanto no será 
inútil para nuestros lectores leer aquí el suelto si- 
guiente de la Catholic Revieio de Brooklyn. "No ca- 
recerá de interés el conocer cuánto y cómo se debe á 
las sectas masónicas de Europa el resultado humillan- 
te y peligroso de la guerra de Oriente. No puede du- 
darse que el Czar se vio obhgado á ella por la in- 
íjuencia de las sociedades secretas: es muy probable 
que las condiciones de la paz fueron establecidas se- 
cretamente en una logia masónica antes de ser pre- 
sentadas al S^ultan. Es digno de notarse que el Con- 
de de Carnarvon es el verdadero Jefe de la Francma- 
sonería en Inglaterra. El príncipe de Gales tiene el 
v.'.no honor de ser llamado el Gran Maestre, pero el 
Conde ha sido desde largo tiempo el superintendente 
y el director de la secta. Pues bien; este mismo Con- 
de de Carnarvon ha animado la Rusia á imponer las 
condiciones mas duras á la Turquía, primero con pú- 
blicos s^jeccAc.s, con los que declaraba que Inglaterra 
no entraría en campaña de ninguna manera, y des- 
piies ocasionando una división en el Gabinete In- 
glés cuando se advirtió que el Gobierno podía ser in- 
ducido á tomar parte activa en esta guerra. Eviden- 
temente la política del Conde ha triunfado, pero los 
ingleses, no pueden estar ufanos de este triunfo." 

Naturalmente preguntarán aquí los lectores, ¿qué 
interés puede tener la Francmasonería en que la Ru- 



sia aplaste á la Turquía? Para conteetar ¡jlenamen- 
te á esta pregunta se necesitaría mayor espacio del 
que podemos disponer en estas noticias. Nos eonten- 
„ taremos, pues, con contestar con otro suelto del mis- 
mo periódico. "La condición do los subditos católi- 
cos del Sultán no se'rá m.ejorada un punto por la a- 
ceptacion de la paz que la Rusia le impone. El Sul- 
tán no será sino un humilde vasallo del Czar. La 
libertad religiosa que el Sultán ha concedido siempre 
á sus subditos cristianos será mudada con el despo- 
tismo de hierro que portante tiempo ha atormentado 
á los Católicos de Polonia. De aquí á poco tiempo 
la Rusia, después de haber descansado y recobrado 
fuerzas, hallará un pretexto para extender su protec- 
torado sobre la misma Constantinopla. La paz no 
es sino un armisticio; la debilidad moral de Inglater- 
ra la ha deja,do en un estado en el que no inspira ni 
temor ni amor." ; 

Ciertamente es cosa digna de toda eonsideracion, 
que el primer acto de la Servia, no apenas las armas 
rusas la hicieron libre de toda dominación musulma- 
na, fué el ostracismo de los Católicos, que la Turquía 
había siem.pre tolerado. 

Il.©3íis?o — Hé aquí en resumen las mas importan- 
tantes noticias que el telégrafo nos trasmitió desde el 
7 de Febrero, y que se refieren á la muerte de nues- 
tro Padre Santo y á la elección del Papa futuro. El 
Papa murió el dia 7 de Febrero á las 4 h. 57 va. de !a 
tarde. E! dia antes_, se había sentido taim-ente des- 
cansado que se había levantado de, sus cama por al- 
gunos momentos. A las 4 de la mañana del 7 una 
crisis desfavorable se manifestó. , Fueren llamados 
los Cardenales que están en. Roma.. El Cardenal 
Pancbianco, como penitenciario mayor le administró 
los ríltimos sacraro.entos. Los embajadores acredita- 
dos al Vaticano fueron á h.aeer visita al palacio para 
informarse de la salud del Pontífice. También el Rey 
Humberto envió repetidas veces. para preguntar acer- 
ca del estado del ilustre enfermo. Hasta sus últimos 
momentos tuvo el uso de todos sus sentidos: sus últi- 
mas palabras fueron estas dirigidas á los Cardenales: 
"Cuidad á hi Iglesia, que yo tanto y tan fielmente 
he amado." 

En un desp.icho del mismo dia 7 se decía que el 
Conclave se había ya empezado. No sabemos si la. 
noticia tiene buen fundamento;, ordinariamente empie- 
za diez días después de la muerte' del Papa. El Car- 
denal Simeoni, Secretario de' Estado, ha pedido tro- 
pas al JXey para proteger el. Conclave; el Gobierno se 
las ha concedido prometiendo al misino tiempo com- 
pleta libertad é independencia en la elección del Papa 
futuro. .. ,, 

El dia 8 se han abierto los papeles sellados en lo.s 
cuales el difunto Pontífice había dejado sus últiraas 
instrucciones y. voluntades. El Padre Santo quiso 
que se hiciesen sus funerales en S. Pedro. Los Carde- 
nales Pecci, Camerlengo, Bilio y Di Pietro, gobiernau 
la Iglesia hasta la elección del nuevo Papa. Se ha- 
rán oficios fúnebres en todas las Iglesias de Roma. 

El Príncipe Cliigi mariscal del Conclave, ha empe- 
zado sus funciones con hacer tapiar las puertas de. 
comunicación, y con ordenar que todas las personas 
que vivían en el mismo piso, en que deben reunirse les 
Cardenales, salgan de allí. 

Haj-enRomaiS Cardenales. Diez otros lian te - 
legrafado que vendrían sin nicguna duda. íjos Car- 
denales austríacos y españoles se esperaban en Ilonia 
el Domingo ó el Liinea (10, 11 de Febrero). Uno de 
los últimos actos del Papa fué el proveer, que, se con- 
tinuasen á pagar los salarios de sus empleado.s, y las 
pensiones á las viudas de aquellos que habían muerto. 



-76- 



SECCION RELIGIOSA. 



-^>-»-^^« ^ 



17. 
18. 
1'.». 

'2'). 
21. 

22. 

25. 



CÁLEXD.iRIO RELIGIOSO. 

FEBRERO 17 23. 

Domingo ch Septua'jé.simn. — S. Faustino, Múrtir. 
ivriís— S. Simeón, Obpo. y Mr. S. Flnvinno, Obpo. 
ifartts—ho, Conmcmorncion de Ir» Oración del Sefior en la 
Huertíi de los Olivos. S. Gabino, Mártir. 
Mxércolex^^. Eleutorio, Obispo y Mártir. 

Jueves— ^\ B. Diego Carvallo, Mártir, de la Compafiía de Je- 
sús. R. Sevoriano, Obi.spo y Mártir. 

riernea— La Cátedra de S. Pedro en Antioqnia. San Papías, 
Obi.spo, discípulo del ApÓBlol Kan Juan. 

Aíbíido— S, Pedro Damián, Olipo. Conf. y Dr. Santa Margari- 
ta de Cortona. 

EL B. DIEGO CARVALLO, MÁRTIR. 

Este saceídote de la Compañía de Jesús fué muerto 
en odio de la fé en el Japón con un tormento hasta 
entonces inusitado. Eu lo mas frió del invierno ex- 
caTÓse i la orilla de un rio una angosta fosa, y ha- 
biéndola llenado de ogna, mandaron al sierro de Dios 
que desnudo se sentase en ella, rodeándolo una mauo 
de soldados, y un popalacho furibundo que coa es- 
carnios é insultos provocábanle á la apostasía. Ya 
liabia estado tres horas enteras en el lago helado, y 
tan plácido y sereno que no solamente no diera voz 
alguna de dolor, pero ni un solo movimiento hiciera, 
cuando el juez, mudando do repente su parecer, man- 
dó extraerle semivivo del lago y llevarle al goberna- 
dor. Solicitado con promesas y amagos á renunciar 
á la fé, y permaneciendo él inmóvil, después de cua- 
tro dias fué metido de uñero en el estanque; pero 
permitíanle de mudar postura de vez en cuando, y de 
salir del agua por poco tiempo, para tentar mayor- 
mente su constancia con esa alternación de dolor y 
tregua. Pero el valeroso campeón, luchando con la 
muerto, y fijos los ojos en el oielo, entonaba cánticos 
de gloria al Señor, y con sus postreras palabras ex- 
hortaba á los Cristianos allí presentes á que perma- 
neciesen firmes en la fé; ni le abandonó la vida sino 
poco antes de la media noche, después de doce hu- 
ras continuag de aquel cruelísimo suplicio. Acaeció 
su muerte en 22 de Febrero de 1624, á los 46 años de 
su edad y 30 desde su entrada en la Compañía. Ha- 
ljia navegado,en 1609,de Portugal al Japón para sem- 
brar allí con su palabra \% fé de Jesucristo y regarla 
con sus sudores y sangre. Desterrado del Japón jun- 
tamente con los demás Misioneros Europeos, pasó á 
Cochinchina donde fundó una nueva Iglesia. Volvió 
luego al Japón, y recorrió por largo tiempo los reinos 
deVoxua y Deven, predicando en ellos y siendo el 
primero que anunciara el Evangelio á tres de sus pro- 
vincias. Tantos trabajos habían extenuado sus fuerzas; 
y su martirio solo fué el término glorioso y el mereci- 
do galardón de una vida de sacrificios. 



REYISTA CONTEMPORÁNEA. 

El Independiente (¡iie tiene una conver.<!acion 
tan bella, y es tan corté?, tan afable, ían remil- 
<;ado, como lo deinucstran .sius .sentenciosos suel- 
tos anti-jesui'ticos, acrimina á.spei-aniente á la 
Revista Católica por su zafia y brusca expresión: 
mentía] y dice que él no emjileara' j;imas tal len- 
,<íuaje. J*or de contado; ,^quién pensará tal bar- 
baridad? Pero en la luisma columna, un po(]uito 



mas arriba, El Independiente, que ni de su raisma 
memoria depende, registra las siguientes pala- 
bras: "La prensa jesuítica del Territorio por su- 
puesto procurará, desfigumndo las cesas y min- 
tiendo descaradamente (by misreprcscntation and 
downright lying), poner la masa del pueblo eu 
mal con el Gobernador Axtell.'" "¡Desfigurando 
y mintiendo'dcscaradamcntel" Señores, ¿no os 
acordáis del caso de la sartén que dijo a' la cal- 
dera: tírate allá que me tiznas, carinegra? 



-^•-< 



Los sabiondos sátrapas de la prensa anti-jesuí- 
tica no se avienen en sus juicios sobre las rela- 
ciones que existieran entre el Pontífice Pió el 
Grande y los Jesuítas. El sapientísimo Orant 
County Herald dice que la Compañía de Jesús 
no tuvo "mas fiero enemigo que Pío IX."' Tañe 
el pito El Independiente }' canta: La Compañía 
"se ha hecho mas poderosa que la Iglesia la que 
ha luchado largo tiempo pero en vano contra el 
fatal influjo de esta sociedad secreta. El Gene- 
ral de la ü'rdcn tiene mas poder que el Papa.'' 
Por supuesto estos Grandes Hermanos de la 
Grande urden masónica no hacian mas que co- 
mentar las Grandes palabrotas del Grande her- 
manito Samuel B. Axtell, cuando este caballero 
decía que "la compañía ha sido denunciada re- 
petidas veces por la cabeza de la Iglesia."' Pero 
el JSÍeiD Mexican está mqig enterado que todos sus 
cofrades. El opina que "los Jesuítas tcnian de 
la oreja al Papa (the Jesnitsliad the ear qf the 
Popejy Eso, cu lenguaje mas decente, significará 
que el Papa hacia cuanto sugeríanle los Jesnitas; 
¿y co'mo se entenderá esto, si el Papa les aborre- 
cía, denunciaba y combatía? ¡O ridículos Mason- 
citos! entendeos á lo menos entre vo&otrcs mis- 
mos. 



La masonería quiere quemar incienso sobre 
los huesos de Víctor Manuel. Hace bien; na 
tuvo en sus manos dominguillo mas do'cíl paro 
lograr sus reos designios contra la Iglesia de Je- 
sucristo; y seria no fiílta de gratitud, pues esta 
prenda no es del ajuar de aquella dama, pero si 
traición de su propia causa el no inscribir en su 
santoral á aquel desdichado rey de Piamonte. 
iMas el intentar Aa hacer pasar á Víctor Manuel 
cual modelo de fervoroso católico, ¡oh! eso no 
podía ser sino cm[)resa de una cabeza de akor- 
noíjue 6 de algún embelecador desesperado; y 
una ú otra cosa debe de ser el Xeiv Jhxican: es- 
coja la (jue mas le cuadre. Víctor Manuel fué do 
aquellos católicos á los que en Van /reclan d lla- 
man hid-onj-catholics. Fué un instrumento de que 
se valió la rrovidencia jvhra purificar con la tri- 
bulación el alma invicla de Pió el Grande y la 
Iü:lcsia entera. Cuando el invasor escribía hipo'- 
crilameiito al Papa (¡ue le al)riera las puertas de 



■-77- 



Roma, Pío IX contestaba: "Bendeciré al Señor 
que permite á vuestra Majestad de acibarar los 
últimos años de mi vida." Desde entonces el 
Papa se considerd á sí mismo y fué considerado 
por toda la Iglesia cual prisionero del sacrilego 
usurpador; ELhaber muerto bien Víctor Manuel, 
como esperamos, y el haber sido perdonado por 
el corazón magna'nimo de Pió el Grande, solo 
prueba que el ladrón que murió al lado de Cris- 
to no fué el último que espirara arrepentido y 
perdonado. El machacón de Santa Fé cita en 
sosten de su causa al Arzobispo Purcell; pues 
bien, al Arzobispo Purcell citaremos también 
nosotros, con el N, Y. Sun del 4 Febr.: "El Ar- 
zobispo Purcell de Ciucinnati ha creido oportu- 
no de explicar su último sermón en elogio 
de Víctor Mannel. El dice que su tesis fué que 
el finado Rey no fué responsable de muchas de 
las cosas que se hicieron, que fué la criatura de 
las circunstancias y fué forzado por otros." 



De los enfermos de jesuiiofobía del Territorio 
hay tres que llaman nuestra atención especial: 
jE/1 Nn¿vo Mi^icano, La Oaceta y El Indepen- 
diente. La enfermedad ofrece-en cada uno de los 
tres, síntoraaá diferentes. En el Nuevo Mejicano 
es violenta, maligna y de aspecto horriblemente 
asqueroso; cerebro y corazón están radicalmente 
maleados; el caso está desahuciado. En La Ga- 
ceta la enfermedad es mas bien benigna, d á lo 
menos en estado latente; el cerebro está algo to- 
cado, pero los demás órganos no dan señas ma- 
nifiestas de lesión grave. Para sanar á esta en- 
ferma será necesario aguardar á que se sosiegue 
el cerebro. El Independiente es un enfermo algo 
inexplicable; los síntomas que presenta os reve- 
lan ü una enfermedad en estado torpe, y estúpi- 
do, 6 una de todo punto postiza. Los doctores no 
saben qué curso han de seguir con este pobre 
señor. 



Un corresponsal de Méjico escribe al Neiü 
York /Sun que "la debilidad siempre mayor del 
partido ds la Iglesia" (querrá decir de los Con- 
servadores católicos) "en Méjico se echa de ver 
por, el rápido pi'ogreso del rito Escocés de la 
Masonería. Todos los homht a prominentes son 
Masones, habiendo muchos de ellos alcanzado el 
trigésimo-tercer grado. El Sr. Diaz, el Sr. V¡- 
lliarta, Ministro de los Negocios Extranjeros^ 
son Masones del trigésimo-tercer grado j^miem- 
brgfe'del GrránConsistorió. "Todos los miembros 
deí Corigreso, 'Senadores' y Góbétnadores, coil 
pocas excepciones, pertenecen á la Orden Maso'- 
nicá. S^e puede decir que la Orden Masónica 
de Méjico es' ahora uno de ios cuerpos mas res- 
petables del mundo."— Pues,' sí; y sé puede de- 
cir también que el gobierno de Méjico es uno de 



los menos respetables'del mundo; y que aquel no- 
ble país está hecho la fábula de las naciones. 



En su No. del 26 de Enero El Independiente 
dedica toda una página á la campaña anti-jesuí- 
tica. No es mucho. En esta página hemos con- 
tado 42 proposiciones categóricamente falsas: 
¡cuarenta y dos! de seis á siete proposiciones 
faltas de sentido común; tres ó cuatro ambiguas 
ó dolosas; y una quizás verdadera, que es la si- 
guiente: "A los Jesuítas como orden les tene- 
mos el mas profundo aborrecimiento;" proposi- 
ción que, como era de suponer, nos ha causado 
"el mas profundo" sentimiento; porque una vez 
aborrecidos por El Independiente, no podremos 
mas ser "dueños del Territorio de Nuevo Méji- 
co," ni "establecer, por todas partes, casas de 
comercio, especerías, etc." Es lástima; una espe- 
cería la hubiéramos establecido ciertamente en 
el valle de Mesilla; y la droga en que hubiéra- 
mos traficado mas es la que anda bajo el nombre 
de Jesuits'-hark, remedio excelente para los fe- 
bricitantes. — En la misma página, ciertas pala- 
britas de El Independieiite nos tienen todo el 
aire de un desafío. Habiendo hablado con mu- 
cha bondad de intrigas y mañas jesuíticas, aña- 
de: "Ellos podrán contestarnos que tienen dere- 
cho para todo eso. Admitámoslo; también tene- 
mos nosotros derecho igual de opon^^rnos á ellos, 
de revelar sus ardides, intrigas y conspiracio- 
nes." Protestando que ni tenemos, ni queremos 
tener derecho ninguno á tretas ni mañas de cual- 
quier suerte, aceptamos el desafío. Poro con al- 
gunas condiciones, reputadas necesarias en to- 
dos los duelos. Condición primera: igualdad de 
armas; es decir que ninguno de los dos comba- 
tientes debe afirmar' jamás cosa ninguna que no 
pueda sostener con hechos, razones y testimonios 
innegables-^ porque nosotros no estamos versados 
en aquel género de armas ciegas y de fantasía 
ó preocupación, que consiste en afirmar y no 
probar; El Inde2:)endiente sí es valiente en estas 
armas; mas las condiciones del duelo han de ser 
iguales. Condición segunda: que ninguno de los 
dos combatientes, por no confesar su derrota, se 
salga diciendo: Vete, vete; no quiero tener 
nada que ver contigo; como hizo El Independien- 
te en otra ocasión, acción muy poco caballera 
después de empeñado el combate. Con que, 
argumentos y lealtad, y quedamos acordes. 



♦ 4 » »- 



Un paso mas a<Ielaiite. 



Evidentemente la máxima qne el fin justifica 
los medios, máxima recantada á voz en grito de 
un extremo al otro del Territorio en estos dias 
de bufonesca campaña anti-jesuítica, pertenece 
por derecho de invención y propiedad heredita- 



-78- 



ria á los jesuikífobos de lodo tiempo y lugar, re- 
presentados ahora por los valientes juglares del 
Kew Mexican y comitiva. El fin que se proponen 
al presente estos señores está expresado en la 
fórmula: Ahajo los Jesuítas; los medios están ex- 
presados por la formula de Voltaire: Mentid, 
mentid, algo se quedará de «¡lo. 

El New Mexican no so contento con interpre- 
tar siniestra y farisaicamente nuestras palabras. 
Da un paso mas; y de solapado pervertidor se 
vuelve falsario descarado. 

Cogiendo un párrafo déla Revista Caíólica,úes- 
trdzalo miserablemente; luego traduce lo que le 
queda en las manos añadiéndole, con obrepción 
manifiesta, dos palabras, suficientes para tras- 
tornar omnímodamente el sentido del texto des- 
pedazado, y por fin prorumpe con fingido des- 
den en uno de sus pasmúdicos accesos de rabia, 
que os pintan al natural las histéricas convulsio- 
nes de la cólera mujeril. 

En el artículo del 26 de Enero, ''La Vigésima 
tercera Legislatura,'' la Revista Católica habia 
recordado al pueblo de Nuevo Méjico los funes- 
tos resultados del espíritu de partido. Hízolo 
citando las palabras de un hombre que debe ser 
para todo Americano un juez inapelable, una 
Majestad suprema, Jorge Washington. Luego 
exhortaba á todos á recibir sumisos y dóciles las 
amonestaciones quo el Padre de la Patria lega- 
ba á su país cual sagrado é inviolable testamen- 
to. Reimprimamos nuestras palabras: 

"Desvanezcan, pues, las antiguas querellas. 
¿Qué Demócratas, ni qné Republicanos? Sed Me- 
jicanos. Lejos de nosotros el sembrar odiosas zi- 
zanas. Al dicir: sed Mejicanos, no es nuestro in- 
tento sublevar una contra otra las dos razas que 
pueblan el Territorio. Antes bien nosotros quisié- 
ramos ver siempre mas estrechados y mas fuertes 
¡os lazos que unen á los nobles hijos d» Motezuma 
y Pelayo con los generosos é infatigables descen- 
dientes de los Edmundos y Eduardos. Si los pri- 
meros son aquí los antiguos dueños, no recibieron 
sino de los segundos aquella Constitución que lesga- 
rantiza 2)az y prosperidad en lo interior, amistad y 
respeto entre las naciones del universo. Decimos, 
empero: sed Mejicanos; es decir sea vuestra po- 
lítica la unión en todo aquello (¡ue es necesario 
para la conservación y el desarrollo de los inte- 
reses inherentes en el paías.. Mientras perma- 
nezcáis unidos, dominareis; divididos, seréis do- 
minados; y dominados no por toda la porción 
americana del Territorio, sino por pocos aventu- 
reros que sobre vosotros y sobre los americanos 
extenderán su brazo usurj)ador; pero Ips que de 
ello ?nas sufrirán, seréis vosotros.^^ 

VA lector imparcial y cnerdo no puede des- 
prender de estos ])árrafos, sino las siguientes 
proposiciones: 

I'* Acábense los partidos; 

2" Fuera las antipatías de raza; 



3" Haya unión en lo que concierne el bienes- 
tar del país; 

4* La división será madre de la tiranía de 
unos pocos aventureros sobre todos. 

Muy bien entendemos que con algunas de es- 
tas proposiciones se le qnema la sangre á los es- 
critores del New Mexican. ¡Que se acaben los 
partidos! ¡Cómo! Si los partidos son la vida 
de ellos; si no salen de su obscuridad, no ade- 
lantan, DO medran, que alzando la bandera de 
un partido; si no pueden guardar de otra manera 
sus empleos; ni extinguir la sed devoradora de 
poder y mando. FA diaque se apagaran en el 
país los odios partidarios, y que solo el mérito, 
solo, la honradez y el talento fuesen llamados á 
dirigir los destinos de la nación y defender el 
derecho, muy mengaadas, si no del todo disipa- 
das, quedarian las probabilidades de fortuna y 
ensalzamiento para los escritores, patronos é ins- 
piradores del buen y garboso JVew Mexican. 
¿Quién extrañará, pBes, que este amable perió- 
dico se embravezca contra nosotros porqne ex- 
hortamos "á estos jóvenes á dejar á un lado to- 
dos lazos de partido"? La muerte del espíritu 
de partido seria quizás la muerte del achacoso 
New Mexica-i y sns articulistas; y la vida es cara 
á todos. Pero, quien antes de nosotros ensefló 
á "dejar á un lado todos lazos de partido" fué 
Jorge "Washington. Tosotros violáis la volun- 
tad suprema, menospreciáis y atrepelláis los 
postreros recuerdos del gran Fundador de la 
República. 

Mas el oficioso órgano de Santa Fé, al respon- 
der á nuestro ataque contra el espíritu de parti- 
do, nos acrimina de atizar las iras ciudadanus 
sublevando la una contra la otra las ioa razas 
que pueblan el Territorio. Hé aquí algunas de 
sus palabras: "¿Porqué ("sacerdote astuto") ch- 
seúas á estos jóvenes á dejar á un lado todo^ la- 
zos de partido y á unirse juntos como isejicanos 
en contra de los americanos.'" — ¿Dónde lo ense- 
ñamos? ¿De qué jóvenes habláis? La Revista 
Católica habla igualmente á los jóvenes y á los 
viejos. ¿Y porqué vos, falseador atrevido, no 
referís todas aquellas palabras nuestras que cla- 
ra, terminante 3' explícitamente declaran nues- 
tro pensamicntüT? Al citar las palabras ajonas, 
es lícito omitir algunas solo cuando no hacen al 
caso, ó son de menor importancia. El Ntw 
Mexican traduce y copia el párrafo de la Revista 
Católica reimprimido mas arriba; ¡)cro omite cui- 
dadosamente todo lo que hemos reproducido en 
itálica. ¿Por qué razón"* ¿Por ventura no ha- 
cen al caso aquellas palabras? ¿O quizás no sen 
de ninguna importancia, cuando en ellas afirma- 
mos todo lo contrario de cuanto nos imputáis? 
Es imposible hallar ejemplo mas claro y palpa- 
ble de perversión y mala fé; es imposible ver a- 
plicado con mayor descaro el infame principio 
de: Mentid, mentid, algo se quedará de ello. Nos- 



-79- 



otros decimos: "Lejus (lo nosotros el sembrar 
odiosas Eizañas. Al decir: sed Mejicanos, no es 
nuestro intento sublevar una contra otra las dos 
raías qae Dieblan el Territorio. Antes bien nos- 
otros qaisiéramos vor siempre mas estrechados 
j mas fuertes los lazos que unen á los nobles hi- 
jos de Motezuma y Pchiyo con los generosos é 
infatigables descendientes de los Edmundos y E- 
duardos. Si los prinicroa son aquí los antiguos 
dueños, no recibieron sino de los segundos aque- 
lla Constitución que les garantiza paz y prosperi- 
dad en lo interior, amistad }' respeto entre las 
naciones del universo;" ¡y el JVeio Mexican osa 
sostener que sembramos zizaíia, y que suscita- 
mos antipatías é iras entre Mejicanos y Ameri- 
canos! 

¿Y en qué se funda? En que predicando el 
olvido de los rencores partidarios animamos ií la 
concordia en todos los intereses inherentes en el 
país. ¿Es este un crimen? ¿Tiene el Territorio 
intereses del todo suyos, e independientes de los 
intereses universales de la nación? ¿Cuál de los 
Estados ó Territorios no los tiene? ¿Porqué exis- 
ten los Gübieraos particulares? ¿porqué las Le- 
gislaturas propias de cada Estado? ¿Y será de- 
lito decir en St. Louis, 6 en Nueva Orleans, 6 
en Nueva York, cuando se trate de encarecer el 
esmero con que debe atenderse á los negocios y 
bienestar de lo interior: ¿Qué Deujucratas ni 
qué Repblieanos? — sed Misurianos; sed Luii^ia- 
nos; sed Neo-Yorkcnses? ¡Ojalá pndiera ser 
esta la regla j línea de conducta qne siguieran 
sriemprc j dondeqniera los verdaderos políticos 
del país! Los agitadores y eatrenietidos, los. 
fueciosos amotinaderes que solo de las envidias 
y odios populares es¡)erRn sii egoístico agranda- 
iHÍento, veríanse arrebatada déla mano el arma 
de que tan alevogamcnte se valen con menoscabo 
del mérito y de la justicia; pero la nación no se 
veria dividida lüstimogumeiite en dos tremendos 
ejércitos de enemigos intestinos, cuyo oficio 3- 
blanco parece ser el asirse alternativamente de 
las venas del pueblo, y chuparle la sangre. 

Del mismo modo, pues, que podríamos decir en 
St. Louis: Sed Misurianos; podemos decir, y deci- 
mos en Nuevo Méjico: "Sed Mejicanos;" y todas 
las papirotadas, que fabrica sobre aquel dicho hi 
férvida y perversa fantasía del escritor del A^j^ü 
Mexican, desvanecen com el soplo de sus rabio- 
sos bufidos. Todos aquí son ciudadanos de los 
Estados Unidos; convenimos. Llámanse Mejica- 
nos los que ocupaban el paísaates de la conquis- 
ta, y sus descendientes; muy bien. Tienen el 
nombre de Americanos, por ¡alta de mejor nom- 
bre, los que de los diversos Estados de la Union 
emigraron aquí, y sus descendientes; cabal. 
Pero, si existen esos nombres, y lo admitís, ¿cuál 
títere os invade y alborota la fantasía al pronun- 
ciarlos nosotros? ¿Porqué han de te.ner en nues- 
tra boca un significado diverso del que tienen en 
la vuestra? 



Sin embargo, sea que los habitantes de Nue- 
vo Méjico desciendan líe los Aztecas o de los 
Padres I^eregrinos, sea que llámense M'cjicanos 
ó Americanos, el Territorio no puede menos 
de tener intereses locales, para cuya tutela 
}• promoción debe velar con la mas asidua soli- 
citad. Sin la unión no logrará nada; debe pues 
procurarla aun á cosía de sacrÜíeios [)rivados. 
¿Signilica esta unión: Guerra á los Americanos? 
Deciduos unasola vez porqué, hombres que todo lo 
aseveráis y nada probáis jamáf^, como si vuestras 
mas grosei'as patochadas fuesen postulados de 
matemática. ¿Acaso los intereses, el bienesíar, 
la felicidad de los naturales del Territorio luchan 
con las ventajas y prosperidad de los que vinie- 
ran aquí de otros puntos de la Union? ¿Acaso 
no quieren los que llámanse Americanos el bien 
del país, ó pretenderán conocer ellos solos en 
qué consiste este bien? 

Pero inúlilmente disputamos con el Neto Mcx- 
ican, qne corrompe y adultera adrede nuestras 
palabras para sacar de ellas lo contrario de ¡o 
que contienen. Nosotros habíamos dicho: "Mien- 
tras permanezcáis unidos, doujinareis; divido?, 
seréis dominados; y dominados no por toda ]íi 
porción americana del Territorio, sino por 2^ ecos 
aventureros que sobre vosotros y sobre ios anie- 
ricanos extenderán su brazo usuipador," etc. 
l*]l traductor del Neai Mexiam vierte: "i'^o long 
as yon yhall be united yon will govein; divided 
yon will be govcrned; and govei'ued not alone 
by Ihc American portion in I he Territory, Imt 
aho by a fi^w adventurers (hat over you and 
over the Americans will extend their usurping 
hand;" y habia de verter el úitiino mienibro: 
"and govcrned not hi/ t/icw/iole Aiwcvivíin portion 
in the Tcrritoi-y, ¡nit by a few advenÍLirers,'' etc. 
Pero traduce el no pf»r not alone, y el sino 
por hut also; como si hul'iéramys dicho: "Divi- 
didos, seréis domimiuos; y dominados no solo por 
la j)orcion americana del Territorio, ííhio tiimhkn 
por |)oeos aventui'eros"' etc. De manera que el 
no significa, según el Diccionario del Nav J/c,.> 
iam, no mío; es decir (¡ne el no signilica si y aun 
mas. ¡Falsarios! ¿Y os preciáis de ser ciuda- 
danos anjcricanos? \'osoíros no ícncis de ciu- 
dadano ameiicauo mas que el nombie, y esto 
mismo por mengua y oprobio de la nación. Si 
la mavor y mejor parte de vnesti-os mismos con- 
ciudadanos no os al)ominase y tuviese ¡¡oi- el de- 
secho del país, un foi-astero se avergí-nzaria de 
enlistarse entre los ciudadanos americanos. 



->--*■ <®>-t--S- 



Las ileniiaiias de Csíríclrjl y el Hr, Axiell. 



Hace dos arios, lu legislatura territorial de 
1875-70 quitó á las Hermanas de Caridad la sub- 
vención de pocos centenares de pesos que se les 
daba, hacia ya diez años, en beneficio del Hos- 



-80- 



¡lital y Asilo <nio están ciieoincndados á su cui- 
dado. A(|uella legislatura ¡uanejada jíor uíios 
cuantos astutos y matieros, habia creado diíicul- 
íadcs y molestias á todos con sus leyes arl)itra- 
rias y odiosas; con la de matiiuionios ú los (¡ue 
«luisiei-an casarse, con la de repartición á los 
|)!-o¡)ietarios de terrenos concedidos en merced, 
y iiasta ú los muertos con una ley de entierros.- 
JOila, (lue no respetó ni la libcrtatl de los ciuda- 
danos, ni el derecho de propiedad, ni el reposo 
(le los diíuntos, ¿(pié caso baria de niñas desam- 
paradas y de pobres enfermos? Ninguno. El Sr. 
Axtell en su Mensaje babia denunciado la sub- 
vención que se daba al Asilo y Hospital de San 
Vicente como un desorden, que debia quitarse, 
la legislatura sin mas la sacriüea á sus caprichos, 
y por un electo do refinada malicia votó una ley 
cngailosay fraudulenta, en fuerza de la cual, no 
liaciéndose mención expresa de esta subvención, 
f-e'dcbia inferir (¡ue qucdf.ba suprimida. ¡Digna 
lia/.aila de salvajes! 

Unos dias después de acabada la legislatu- 
ra, un miembro (pie habia tenido mucha ¡larte en 
ista. irifamia, celebraba la astucia de haber sido 
al)i-ogada la subvención á las Hermanas de Ca- 
ridad, sin (juc la mayoría de las Cámaras lo liu- 
biesc siijuiera sospechado. 

101 (íob. A.xtell en su último I^íensaje volvió 
(í tratar dv^ esta subvención con palabi-as de alta 
satisfacción, por haberse suprimido; y habrá sido 
por scntiuiiento solo de su extremada modestia, 
(puo no se atiabuyó el méi-ito de ello, el cual en 
realidad {'u6 principalmente suyo. "La subven- 
ción, dijo, fiié muy convenientemente suprimida. 
No es cosa honesta dar dinero público á priva- 
dos individuos.'' 77ie pai/nienl //((s veri/ pro/x-rli/ 
buiu titopped. Il ia iiot koncd tn ijlxc pnfiJíc movctj 
ti) ])VÍV((le indivi(b«(h. 

Aquí tenéis un nuevo principio de sabiduia'a 
b'gislaiiva, ¡¡roclamado por Su Ex. S. B. A.xlell. 
K\\ su opinión, no es cosa honesta, y niuclio me- 
nos conveniente (pie el territorio ¡jubvenga á en- 
fermos y desam[)arados. K-tos tales (¡ui/.ás no 
se deben considerar como parle de la jioiilacion, 
6 su misei-ia los hace indigno;; de la eonspasion 
de los iiond)i'cs (pie están en el g'obicrno. j'ues 
(MI fuerza de los contrarios, tendremos (pie decir 
(pie la conveniencia y honestidad re paiere (¡ue 
(d Terri lorio no haga caso <!(> cüos, sino (pie les 
dej'.' á los unos moi-ir en la ¡¡u.-eria y los otros a- 
baudonadosen las calles. Iv-losí es convenien- 
te y lh)n('sl(^: ¡igiioranle y e^túpido (piicn no lo 
ciitieude! 

\']\\ ve/, el (|ue de |)obres cnícrmos y Iuk'i limas 
desamparadas (juicrcípie no se haga caso, muestra 
liacei'lo d(> una manera especial, y (pi:(;re (jue se 
haga, nos pesa deeirlo, ¡«le las bestias! Sí. de 
lis bestia:. De ellas seocupí'eu su piimer Men- 
saje, de ellas se ocupa en el segundo: llama la 
atención de las Cámaras s(d)rt' este punto que 



juzga tan importante, dedicando á 1;«5 bestias un 
párrafo entero. Por cbas se entcrne.e. y aboga 
su causa. Para los pobres, miserables y enfer- 
mos no i)uede, no debe haber miseriioidia: ¡para 
las bestias, al contrario, la pncde y 'lebc haber! 

¿(¿lié habrán hc(;ho (íntírctauto los íiegislado- 
res; Iliciei-on al revés de'l(j (pie Ivs fué enco- 
mendado: sin cuidarse d'C las bestias, se cuten- 
dier(Ui mas bien en mejorar lo mas (pi-: fuera po* • 
sible la condición de los miserables: y en lligal' 
de 100 pesos mensuales, ha.n a[)ropiado 150 en 
beneficio del Asilo y Hospital de San Vicente. 
Nuestro gobernador mientras se aguardarla le 
fuese comunicado algún proyecto de ley en favor 
de las bestias, se ha visto presentar el que res- 
tablece y aumenta á las Hermanas, la subven- 
ción mensual. Cómo se quedarla, es fácil imagi- 
narlo, pero difícil expresarlo. Si erte no es un 
chasco solemne, ningún otro lo será. 

Como aqní no se trata de nosotros podemos 
ser mas francos. Sabemos que indistintamente 
^ícjicanos y Americanos, Católicos, Protestantes 
é Israelitas estaban en favor 3' aprobaron esta 
medida eo;ao honesta, justa y i)rovechosñ. Muy 
probablemente habi'á (pie exceptuar algunos, 
1(3S cuales como satélites dan la vuelta al rede--' 
dor del Planeta Axteliano, los que "sim])ati- 
zan con su Excelencia" para merecer y conser- 
var sus favores üe estos no hacemos caso. 

Uno de estos, en el New Me,': la in, núm. 2 do'" 
Febrero, 110 pudíendo contra lasllermana?, des- 
ahogaba to lo su en<J>) contra los miembros de - 
la íiCgislalura: y no teniendo cd valor de atacar 
directamente la medida, por no ir contra la pú- 
blica opinión, la ticmbatia como arbitraria é in- 
justa, en cuanto la hacia pesar juiíuapalmentc 
s(d)¡'c los fondos del Condado do v'^anta Fé. Ilc- 
coi-darcmos á ese tal el adagio del' país, que es 
inúlil enojarse: el que se enoja, ti'Mie doble tra- 
bajo. l*or lo demás que se calme, ya (pie dcs- 
[)ucs la ley ha sido enmendada, y la subvención 
puesta á cargo de los fondos del Territorio. 

Ac:ibaroinos con una rcllcxion. Con esta 
ley y con oirás como las de Fntieri'os, y Matri- 
monios, (sin hablar de las que no tuvieron éxito 
igualmente favorable.) la actual Legislatura, no 
ha hecho sino restablecer poco mas ó menos las 
cosas en el estado en cjue estaban antes de la úl-' 
ti:na de 1870-70. Si aquella tuvo autoridad, do 
la cual abus(', para hacer leyes tan odiosas, cfta 
igualmente la tenia para desliacerlas en bien de 
todo.si. Aquellos obraron arbitrariamente con- 
tra los iídercses y deseos del pueblo, el i)ueblo 
lo ha manifestado muyclnramente en los últi- 
mos dos años;'Cslos híin cumplido sus dijscos, 
han favorecido sus intereses, »y el'pncblo se itiucs- 
tracontento.ysatis.''eclio. ••■''' 
I Fu aquella seí^ion se. hiw-uiia abierta violencia' 
al pueblo, se a\)us(í (bd- pnder por malicia de ül- 
¡ guuo? y debilidad de otros, se cumplieron los ca- 



-81- 



prichos de algún fainítico.rronto 6 tarde se de' 
laian aguardarse á una reacción, tanto mas fuer- 
te, cuanto la violencia fué mas desmedida. Pien- 
sen los que gobiernan, que no es fácil luchar con 
un pueblo, y que aunque se consiga dominarlo 
contra su Toluntad, será una tiranía: la que por 
ser un estado yiolento no puede durar largo tiem- 
po. Por ser algunos pueblos demasiado dóciles á 
veces se les cree ignoi-antcs y estúpidos, [)ero 
cuando se abusa tanto de ellos, por mas ignoran- 
tes y estúpidos que se crean, sabrán hacer valer 
sus derechos. Los que están en contra de esta 
legislatura no tienen que quejarse sino de ellos 
mismos, por haber provocado con sus arbitrarie- 
dades tanta reacción, y aprender á no abusar 
del poder, si algún dia lo vuelven á tener. 



iiiiiiias y Meiitii't'ís. 



En el Mensaje, con el cual el Sr. Axtell acom- 
pañaba elveio puesto á nuestro Acto deIncor¡;o- 
racion, entre los muchos cargos que hacia á nues- 
tra Compañía y á uno de nosotros en particular 
(á quien graciosamente calificaba de aveniurero) 
uno era que ese Padre "había enseñado públi- 
camente que sus dogmas y acciones eran supe- 
riores á los Estatutos de los Estados Unidos y á 
las leyes del Territorio." De esto queria Su Ex- 
celencia hacernos nn cargo, un crimen de lesa 
majestad do Estado, sin reílexion,ar que se hacia 
perjuicio á %í mismo, como veremos. 

El corresponsal del Tríbune de Dcnver, que 
entonces se hallaba en Santa Fé, y hacia acopio 
de cnantas necedades se contaban contra noso- 
tros, sin tomarse el trabajo de averiguar nada, 
escribid: q'ae estas [¡alabiag }'■ aserciones habitui 
sido pronanciadas por el Padre en cuestión, en 
un sermón, el Domingo antes de aquella fecha, 
que correspondía al dia 12 de Enero: y gu cor- 
respondencia fué [)ubiiea(Ia en el núm. 20 de 
Enero del Trihune y reproducida en el núui. de 
2 de Febrero del Independent de La Mesilla. A- 
ñadia (pie el Padre "Iné bastante cortés de avi- 
sar á los de la legislatura, que se hablan opues- 
to á su medida (d© la incorporación) que ellos 
estaban ya condenados sin remedio, por haber 
dado un paso tan manifiestamente opuesto á la 
voluntad de Dios Todopoderoso." 

Prudentemente el Kew Mexkanwo reprodujo 
esta correspondencia, poi-que en Santa Fé, donde 
fué predicado el sermón y se publica este perió- 
dico, centenares de personas, que hablan oido el 
sermón, hubieran podido dar un mentí.^ á las 
descaradas calumnias del Irilvne. Pero, así 
como el Trihme pudo contar tantt;s necedades 
fuera del Territorio, así el Independent pudo re- 
producirlas, abusando de la posición de sus lec- 
tores, que no se las podían echar en cara, como 
meras calumnias. 



De ahí pueden "sacar, los' que oyeron \v.iv/A 
sermón en Santa Fé, una prueba nías para, [icr- 
suadirse, que la profesión, el gusto, y quizá;-i la 
ganancia de algunos, consiste en desacreditar 'd\ 
Territorio y la Religión. Ellos saben bien (iw^^ 
es falso que en aquel seruion bc hiciera l;i r,!;K-; 
pequeña alusión a! Acto de Incorporación: ÍUIso, 
falsísimo que se anrmi^sc ser todos condcnad(!.s 
al Infierno, los que hubiesen votado Cü conti-c!. 
No direm.oa al corresponsal que í'ué muy eoríéo 
en atribuirnos estas falsedades: seria esto u:;a 
hipocresía dc£t>arada. Diremos las cosas con su 
nombre, que fué un necio en crocrlp:S y un ñii:-a- 
rio en publicarlas. 

Por loque toca á las aserciones qne nos atribu- 
ye el Sr. Axtell, admitimos haberlas dicho uo una 
sino muchiis veces, pero formu]ad:is ud poco nic- 
jor; nos recoi'damos haberlas pronunciailo aun y 
probado en sn misma prescnci:i de él, en un dis- 
curso [)i-onunciado en Aibuqnerque, en ocnrion 
del ¡natrimonio de Mariano iirmijo y Delores E. 
Chaves, la tarde de! dia 20 de Octubre, de 1870, 
y no solamente las hemos proclamado cu los 
la prciis:i:y seguiremos pro- 
el íiu, cuanuo sea convenieii- 



sermones sino con ia prc-iis:i:y seguiremos pro 
clamándolas hast 
te y neccoario. 

No solamente los Caío'iicos, sino anu los Pro- 
testantes que conservan una sombra de religión, 
deben adinitir esto, que las leyes de Dios y do \&, 
iglesia, sin hablar do las nainrales, son suvíeriores 
á ¡as leyes civi!es;y que, en la oposiciDu do iiüas 
con otra.í, (como puede suceder) deben aquel ias 
priniei'as ser f ¡referidas á las civiles y no al 
revés. Las pi'imcras aventaj.ui á las segundas, 
tanto, cuanto las cosas divinas son su|.)eriorcs á 
las humanas. Debe ser! v^nes, muv ií^noraido 



1 j 1 e I 
mero ds estos, peor para él. 



.'i AlOI 1 ( b I.ÍC í 



Asi; por e].'\' 



Ule, en 



d caso del matiinií 



las leyes de J. C. y do la ígícíia lo declaran in- 
disoluble: algunas leyes civiles (aun 



US cíe les 



¡v-dados) lo hacen 



ílicn' 



• i] 



üoio [>or el Uiv 



MO, 



autorizan á legítimos cdn\-ua:cs así disididos rai'a 
contraer nuevo maírimonio con otras [)crsona?. 
¿(^né diremos á este propdsití»? Diremos, (¡no 
la \oy civil no [mcde separar los fpio Dios y la 



lu^lesia ha unid;» 



V ciVi! pernntíenao 



nuevos enlaces, peí mito ni mas ni úsenos que \\i\ 
amancebamiento no puüiendo dispensar á ií;s 
cónyuges (aunque divorciadosld de vivir sfdos 6 
do reconciliarle mutuamente. I^as. h^yes huma- 
nas, aun las de los Estaílos Unidos, deben estar, 
sujetas á las divinas: no pueden destruir los (le- 
beres y derechos que cfdas imponen 6 conceden: 
y así para evitar el connicto, enanrlo no íjuiííran 
favorcceidas, harán m^jor de no oiionérscícf-. 
Estoes lo que fué predicado en Santa Fé, en la 
menrdonada ocasión. 

¿Qué tiene que decir el Sr. A!>xt(d.i á todo c.^-í('? 
En el año 1870 pág. 02 de la Nf'vista decíamos 



-H2- 



(jiie el X7(evo Mejicano hablando entonces de 
linos proyectos de leyes, que ataeaban en C( Síis 
mas ó menos esenciales los derechos de la Reli- 
gión, mostraba la mas alta satisfacción por ha- 
ber sido aprol)ados y votados, }' decia qne era 
nn seíiaUído triunfo, una victoria completa en fa- 
vor de la supremacía de la autoridad civil, de 
sus leyes y derechos respecto de la eclcsia'stica, 
de sus cánones y prescripciones. Hacíamos ob- 
servar allí (pie esto era ¡¡rcteiider (pie la antori- 
tia I eclesiástica, religiosa y divina cediera á las 
disposiciones, caprichos y pretensiones de la au- 
toridad civil, social y humana. Proclamar la 
supremacía de esta sobre a(pjellfí, seria procla- 
mai" la supremacía del Estado sobre Dios, de la 
sociedad sobre la iglesia, del mundo sobre Ci'is- 
to. ¿Y esto es lo que se llama progreso, civil i- 
/.acioíi y triunfo? Sí, progreso del mal: civiliza- 
ción pagana; triunfo del <liablo. 

En aquel mismo número citábamos lo (¡no re- 
feria el Rio Grmuh, ({ue nn eminente ciudadano 
habla dicho (pie, si fuera necestirio, debía guar- 
necerse la bandera de los Estados Unidos con cs- 
Ins palaljras: Ko hay Dios, ¿<ino la liepiíhUaj; ni 
Af<iadaviiL'}itos, sino hts leyes. 

Lucifer fué mas modesto (u su nmbicion; el, 
cuando mas, se conq)araba con Dios. Sus secua- 
«ícs no se contentan con esto, con igualarle á 
Dios; se proclaman su|)eriores á El. 

A la acusación (pie nos hacia el Sr. Axtell, 
ros¡)Oii(b>remos como los Apusíoles á los .Julios 
(pie les Inician el mismo cai'go: Nosotros tenemos 
(]uc obedecer mas á Dios ¡pie á los Iiombies: No 
podemos no f>redicar la (¡nc es doctrina de J. O. 
»Sr. Axtrll, liosolros estamos en el mismo caso: 
nuestra doctrina y práctica, es (pie debemos ¡¡ri- 
inero obediencia ¡í Dios (p.ic á los hombres, á la 
Iglesia (pie á las h^ycs civiles. No tiene \(]. 
mas dei-echo de hacernos un cargo d( 1 (juo lo t(>- 
iiinn los .'udíos haciéndolo á los Apostóles. 

iCn caso pues do oposición entre las leyes de 
Dios y de la iglesia con las leyes civiles, preva- 
lece como es evidente, el derecho de Dios y de 
la Iglesia (MI prei'crcucia de olro cüuhiUici'a. V[\v- 
ra de esta supo.':ii;iün. Dios y la !glesi;i nos im- 
pone la obligación esti-icta de conciencia de obe- 
dccei- á todas l;is leyes civiles. Los gobiernos y 
estados (]uc salen fuera de sus límites, ¡utci-fic- 
rcn con v\ dei'cclio divino y eclesiástico, y des- 
cDUocen y violan las leyes e.«enc¡almcntc supe- 
riores á las suyas, ;.(;(,'mo pueden pretender la 
obediencia? No poi- obligación de conciencia 
sino por el uso de la l'ucr/a brutal, y solo jior 
esto, y así la autoridad degenera en tirnnfa, y 
sus leyes en violación de los nuis sagrados dei-e- 
clios. l'or (auto eslá muy lejos de ser peligrosa 
nnestr:i docti'ina como dice el Axtell, sino (jue 
la e;;¡iti':iri:i es tan pcdigrosa como falsa. 



COllAZONES POPUI.AEES. 

/ (^'inlinnacion — Pá<j 7 i 72. j 

Ouüfi-o calló, creyendo era lo '.ñas conveniente. Po- 
ro la tenaz mujer no se contentaba con tan escaso ue- 
snliogo, y cuando callaba ])oníasc á pensar lo restan- 
te. Toda la .semana siguió cantando la misma cau- 
ción do los reproches sempiternos; en todas las oca- 
siones buenas ó que las imaginara tales, volvía nuo- 
vamente a ia carga; en suma, no da!)ii cuartel. El 
])obre señor, (jiio sentía mucho haber quedado mal, 
lograba solo defenderse á medias, y refugiarse en el 
porvenir: — Cuando lííccío cstó sano del todo, so verá. 
— En fin, para que no pareciese que cedía á los de- 
seos de su mujer, y librarse, . sin embaigo, de la ince- 
sante desaprobación, discurrió la estratagema de au- 
sentarse por algún tiempo. Dijo para su capote: — 
Mientras yo me distraigo, transcurren los días y pasa 
el domingo; hará Emengarda sus devociones, apací- 
guíndüSíj por consecuencia, y eucontraró, al volver, 
(levan. ida la nuidcja. En cnanto á lííccío (¡uo deja do 
tener razón mi esposa!), ocasiones tendré yo de Iia- 
cerlc algnn obsequio, mayormente acercándose las bo- 
das; Emeugarda se persuadirá, por último, de que 
disto mucho de ser un oso blanco, y la tormenta se 
trasformará en calina.— Ihia ¡nucba de l)uena volun- 
tad li;d)íala (hido ya cuando Füíberto so presentó á 
cobrar lo dul préstamo garantido, renunciando los 
intíirescs, j Emengarda lo diabia celebrado grande- 
mente: Mas el pensamiento de irtíc algunos dí;>s no 
salió á medida de su gusto. 

En vez de hallar á na regreso arregladas las cosas, 
quiso la pcrvei-sa foituna del buen señor Onofre qne 
cayese de la sartén á las brasas. Desmontaba del 
cocho, lleno de paz y de^ gozo por los dias de campo, 
que hiciera conveuítMitcs la naturaleza caprichosa, co- 
mo ))ens;vba, de su mujer. Lo primero fué dirigirse al 
escritorio, á fin de asegurarse de que lííccío había 
vuelto á la oficina. ¡Cuando ocurre una casualidad! 
Allí estaba Eíliberto, y no Iliccío; Eilíberto, que ye- 
lda con el pliego de los billetes de banco que habían 
lesultado inútiles despucs' de habei' sido declarado 
cx'-nío; para icstituírlos, los numeraba en presencia 
de la señora. 

— ¿(^ué pasa? preguntó á su mujer el señor Onofre. 

— Nadíi, rc:-^[)ondió con llcma, que ocultaba nn des- 
¡ic(du> v.\\\ velado. Vienes á punto para lirmar el re- 
cibí. 

— ¿El recibí de qué? 

— De Ihs tres mil liras que prestaste al señor. Las 
restituye porque lia reconocido el (.'onsejo de leva su.s 
derecliüs, declarándolo libre di'l servicio do las ar- 
mas. 

— Tanto mejor para todos, respondió impasible el 
señor (onofre.-— 

Volvió á contar los billetes, devclvié) la obligacic.n 
iirmada, y despidió quietamente á Eilibcrlo, quien 
no falló ;í su deber de d»r encarecidas gracias á sus 
bienhechores. Salió el joven alegro y triunfante, co- 
mo sí tuviese alaa en los pies. Mas la señora Emen- 
garda, que durante el coloquio había disimulado el 
mal humor, salió) diciendo con ironía: — No me ])arcce 
verdad que l!a3-as vuelto tan á inuito para ."uscrilár 
el iinii|UÍto por vía de saldo. 

— T.uui>oco á mí me desplace, respondió el señor 
Onofr(\ (pie aun no alcanzaba donde iban á parar las 



-83- 



frases de su mujer. Siempre son tres mil liras que 
vuelven á entrar;" por muclio^Dan nunca mal año; no 
hubieran producido un céntimo teniéndolas fuera. 

— A raí, replicó ella, me da tanto placer como el 
humo en los ()jo.s. Las tres mil liras en caja nos pro- 
ducirán mucha honra; el iinico préstamo que conce- 
diste por consideración á Ricísia, so desvanece y que- 
"da en nada. 

— ¿Qué tienes todavía en la cabeza? Esperaba que 
no volverids á mortificarme por algún tiempo. ¿Qué 
culpa tiens l.i foca de que esté su dueña loca? ¿Qm¿ 
tenemos nosotros que ver si el amigo de Riccio está 
exento? Soy síndico, y tengo práctica en tales asun- 
tos: ocurre cien veces que un quinto que juzgaba ser 
útil, se ve declarado libre. Por lo demás, hemos cum- 
plido con nuestro deber, ¡y de que modo! ¿No viste 
que sobre la obligación, había renunciado á los inte- 
reses? ¡Era un préstamo puramente gracioso, de auú- 
go, de rey! 

— ¡Gran cosa! ¡Buenas palabras! . . . Basta; aquello 
era ciertamente algo, y lo vi con placer, porque, sa- 
bes, me gust.i que te portes como tm caballero? y co- 
mo un señor, según eres; solo me hace mal lo contra- 
rio ... 

— ¿Y cuáuilo no rae conduzco como nn caballero? 
Piénsalo, y . . 

— Oye, oye; no digo que hayas robado el pañuelo á 
nadie; mas aseguro que con liiccio hacemos la figura 
de' los judíos y do los pordioseros. Figúrate que vuel- 
v¿i mañana ó pasado, y dice: "Señores mios, si os ha- 
llo vivos an;i, vivís por mí; si tenéis hijos, yernos, pa- 
rientes, fortuna, dinero," es porque todo lo salvé coa 
peligro de nú vida, habiendo estado enfermo tres se- 
manas. Y me h;ibeis recompensado con tanta muni- 
ficencia, que no tengo de vosotros ni un alfiler." Esto 
no lo dirá Hiccio, por ser de tan buena pasta; pero lo 
podrá pensíir, y si lo quisiese decir, nada tendrías que 
oponer. ¿Convienes? - 

— Conv( ngo en todo lo que quieras, con tal que me 
dejos en pa>;, y no me hagas salir de mis casillas. 

— Callaré, porque no quiero reñir, salvo siempre mi 
cometido pci'petuo de sudar de vergiiena en tu servi- 
cio. 

— ¡Oh! ¡Acaba de una vez, por el amor de Dios! A 
saber que toda esta tempestad aun estaba en la at- 
mé)sfera, hubiera dejado llover otra semana. 

-^Y hubií.'F.is hecho muy bien, respondió la mujer, 
mas despechada, porque sus vivas razones se querían 
desatender completamente; hubieras obrado á mara- 
villa siguien lo allí, portándote como un síndico; fi- 
jando maniíÍ3..tos, asistiendo á reuniones y visitando 
al ministro . . . Igaóro qué haces de tu honor y del mió; 
paréceme, con todo, que cuando uno posee una posi- 
ción en Turin como la nuestra, que cuando es síndi- 
co en otra parto, que cuando maneja en el comercio 
mas de un millou, convendría dejar que los ropaveje- 
ros obrar<in como tales, y saber á su tiempo condu- 
cirse como uu señor. 

A tal estallido, el señor Onofre que descuidado ora, 
pero no mi scra.ble, y que; por añadidura, quería tener 
de señor loL) lo quj3 tenia de avaro, sintió penetrar 
la razón con la punta del acerbo reproche. Compren- 
dió que cuando uila creíase lastimada en su honor, no 
tendía paz él ¿,7 .s ccuhi S'codorum, si dejaba de ceder. 
Acordóse de l;i inmemorable costumbre de capitular. 
Buscaba solo la manera de salir con los honores mi- 
litares, por lo cual, obrando con destreza, respondió: 
Lo he comprendido; he de beber en este vaso, si no 
quiero que me pudras la sangre. . .Bien: oigamos, ex- 
celentísima señora Emeugarda Onofre, ¿qué.harias tú 
para obrar como una gran princesa? ¿Harías rey á 
Riccio, y ;í su mujer reina, contra su voluntad? 



— Lo que yo haria lo sé perfectamente, sin haber 
nacido marquesa ni cosa parecida. Mas no quisiera 
yo hacerlo, sino que lo hicieras tu; no quiero el honor 
para los demás sino para mi marido. 

— x^delante; dilo todo, escribe, modifica, explícate, 
expon tu designio generoso; te escucho humildemen- 
te, según costumbre. 

— Pues bien, escribe: yo dictaré. 

— Pues bien, dicta: yo escribo. — Y tomó efectiva- 
mente la pluma, diciendo entre dientes: Me voy á 
quitar este tábano que me asesina. . . Veamos cuanta 



+>i 



señoría sabes lantasear. 

Emengarda dictó: "Tnrin, á tantos, etc. Señor Ric- 
cio; Su modestia y su de.sinterés, mi estimado amigo, 
exceden toda medida. Después de prestar á mi mujer, 
á mis parientes y á mí un servicio tan relevante que 
no se puede pagar con justa recompensa en el mundo, 
rehusa Y. admitir una demostración de nuestra gra- 
titud. Ahora bien. No quiero violar ni ofender ui-a 
delicadeza que tanto le honra. Mas V. no puede ne- 
garse á lo que cede en pro de nuestros intereses; por 
lo cual le suplico que admita para favorecernos la 
plaza de cajero efectivo, con el sueldo de dos mil 
francos. . . " 

— ¡Leve bagatela! exclamó entonces Onofre. 

Emengarda: — Me has prometido escribir, y escribe 
hasta el fin: después la quemarás. — Y continuó dic- 
tando: 

"Dos mil francos y la habitación que puede ocupar 
en los cinco cuartos encima del escritorio, libres aho- 
ra precisamente por la marcha de nuestra hija con su 
marido. Aun para nosotros será una garantía tenor 
un amigo fiel presente de día y de noche. 

"Al propio tiempo le pido permita que Emeugarda 
y yo intervengamos en sus bodas cercanas, y que co- 
mo amigos señalemos _ á su esposa (á la que somos 
deudores de muy especial gratitud), con motivo del 
matrimonio, un don de diez mil liras por aumento cíe 
dote. Me propongo con la presente obligarme á nom- 
bre de mi mujer y mío: usted sírvase participarlo á 
su prometida excelente. 

"Procure curar lo mas pronto posible para consuelo 
do todos, y especialmente de su obligeidísimo hasta la 
muerte, Onofre." 

El buen Onofre no hubiera sabido escribir ni pen- 
sar siquiera en cien años una carta semejante. Escri- 
ta, la contemplaba incesante:nente apoyado sobre sus 
codos, y alguna vez, como si le doliese, se rascaba la 
sien. De todas maneras, la carta le parecía hermosa, 
mas hermosa que cuantas le había hecho el secreta- 
rio de su municipio, y á propósito para honrarle ver- 
daderamente. Traslucía por otra parte confusamente, 
detrás de los reparos promovidos por la innata taca- 
ñería, que sus intereses no se perjudicaban un punto, 
fijamente poniéndolos en las manos de un joven tan 
capaz como Riccio, y sobre todo tan desinteresado. 
Volvió á leer la carta en alta voz, y luego: — Mira, di- 
jo á su mujer, que aguardaba el resultado de sus me- 
ditaciones, si tú te avergüenzas de no proceder como 
una emperatriz espléndida, yo me avergüenzo de otra 
cosa. . . 

— Ciertamente no de mí, respondió la mujer, pues 
te propongo solamente partidos para tu buen nombre. 

— Para mi buen nosnbre sí, pero que aflojan mi 
bolsa. Mas no me avergüenza esto; me avergüenza 
pensar que en el país donde soy síndico me obedecen 
sin réplica consejeros, secretarios, ujieres, guardias ru- 
rales, todos, en una palabra; pero que después, ape- 
nas entro en mi casa, me toca ser como un niño, de- 
jarme llevar de los andadores, y permitir que salgas 
fie:npre con la tuya. 



-84- 



— Esto, si succ-die83 alguna vez, sucedería porque 
antes de hablai- pienso lo que debo decir. ¿Te Las ar- 
repentido nunca de haber hecho lo aconsejado por mí? 

— Está bien: ¡si á lo menos me supieras aconsejar 
con mayor mesura! Basta; tí íin de que veas que no 
soy el gran avaro que dices, ni un mezquino, ni un 
miserable, ni un tacaño, ni un sórdido, ni un grosero, 
que da un céntimo como prueba de altivez, soy hom- 
bre capaz de remitirla á su doitino sin borrar \iua lí- 
nea, ni hacer la menor variante. 

Al decir esto, alargó á su mujer la carta: — Pon los 
sellos en ella y haz que la echen. 

Emeugavda: — Tú la escribiste, y tú la debes enviar, 
si juzgas que conviene á tu honor y á tu intor(''S. No 
quiero mandar j'o, ya lo sabes; mande quien debe. 

— ¡Cuánta paciencia se necesita! replicó el señor 
Onoí're, resignándose. Escribió el sobre, puso el sello 
ds cinco céntimos, echó la carta en el monte de la 
correspondencia, y levantóse para irse. 

— Ahora vete, díjolo su Emcngarda, con la frente 
muy alta, y está contento: has obrado como un hom- 
bre espléndido, y como un señor. 

Emengarda no fué tan impaciente que mandase in- 
continenti la epístola. Para su completa ventura, Kic- 
cio al dia siguiente volvió á desempeñar sus funciones 
de sub-cajero. Halló la carta en el escritorio, y leyó- 
la. Apenas daba crédito á lo que veían sus ojos. Dio 
á la señora Emengarda innumerables gracias; tantos 
justos elogios supo tributar al buen señor Onofre, y 
corresponder con tan vivas promesas de fidelidad y 
adhesión, que eomsnzó el hombre á saborear el dulce 
de su acción honrosa. Lo que primeramente había 
tolerado casi de mal talante, le partíció lUil, glorioso 
y de augurio feliz. En cuanto á la sencilla joven, con 
tan alegres fortunas acumuladas en muy pocos días, 
figurábase estar en el cielo, y no en la tierra. No dejó 
pasar muchas horas sin hacer una vícita á sus bien- 
hechores, acompañada por Filíborto. Dolióse cortés- 
mento de que habían hecho el beneficio de tal manera 
que no lo podía rechazar, diciendo tantas otras cosas 
gentiles bellas y cordiales, que Onofre se refocilaba 
de satisfacción y de complacencia. 

El señor Onofre aumentó su acto generoso — quizá 
el primero de su vida — prestándose á intervenir como 
testigo en el matrimonio eclesiástico. Produjo esto 
también, como natural consecuencia, su intervención 
en el banquete de boda, '.a Riccio ni Adela, sin em- 
bai'go, quisieron salir do su esfera con pompas exce- 
sivas, sí bien do comuu acuerdo prociiraron que fue- 
sen im poco mas esi)lénuídas. Los que tuvieron noti- 
cia de la ventura do los virtuosos amantes, no con- 
cluían do bendecir y alabar al Dispensador de las hu- 
manas alternativas, que con frecuencia pone junto á 
las mas duras tribulaciones las prosperidades mas 
inesperadas, reuniendo alguna vez la virtud y la for- 
tuna. 



EPILOGO. 



Volviendo á pasar por Turin á filies del año 18fi5, 
deseamos tener noticias do la venturosa pareja. Supi- 
mos que con los demás mencionados, aun vivía en el 
departamento que le concedieran para su habitación 
los soñores Onofre, quienes, lejos de haber perdido 
por ello un maravedí, habían prosperado no poco. La 
sonora Juana envejecía tranquilamente junto á su 
uucra, sin que se dijesen nunca una palabra desagra- 



dable, ni media. Fílíborto y Ernesto ocupaban un 
cuarto con dos camas. Aquel había conseguido algún 
adelanto en su carrera, pero poco, por no ser de mu- 
chos alcances, y porque su ambición corría parejas 
con su capacidad. Ernesto, por el contrario, cuidado 
y protegido por su píp.dosa hermana con incesante 
solicitud, había llegado á ser un joven virtuoso y de 
mérito; empleado en la fábrica de los señores Onofre, 
á ganar principiaba mas de un sueldo. 

Adela no había enteramente dejado el arte gentil 
de las tíores. Después de hacer el canastíto que á la 
Virgen del Consuelo prometiera, otro hizo, que regaló 
á la señora Emengarda, pareciéudole sobre toda pon- 
deración admirable y delicioso, lo mismo que á Ono- 
fre. Pero al cabo de algún tiempo no pudo invertir 
gran parte del dia en dicho trabajo, por cuidar abso- 
hitamente de toda la ropa blanca, por dedicarse á to- 
dos los quehaceres de la casa, por querer, en fin, que 
todas las habitaciones estuvieran bien arregladas y 
mas limpias que un e.'?pcjo; por añadidura, dos geme- 
los sonrosados, un varón y una hembra, la tiraban 
todo el día del vestido, balbuceando, ¡mamá! ¡mamá! 
Y ¡cosa singular! la señora Emengarda, que no era 
una joven de quince abriles, gozaba teniendo cerca de 
sí aquellos amados niños, no suyos, y los compelía á 
meter no poco ruido con frecuencia; subiéndolos á sus 
rodillas, hacíase llamar abi.eht. El señor Onofre se- 
guía siendo el mismo de años atrás, fuera de una cin- 
ta en el ojal, porque haciendo de siíudíco y conservan- 
do su afición á la políticA, no podía menos de llegar á 
cahalkro. Y el caballero se acomodaba de una mane- 
ra maravillosa con Eiccio: este había llegado á ser, 
además de cajero, el principal hombre de negocios, el 
J'acUÁnin de la fábrica, y c-1 todo en el ejercicio del co- 
mercio. Reconocía, finalmente, que ser espléndido 
con los hombres de bien, aprovecha mejor que perju- 
dica; mas esto no impedía para que, como de costum- 
bre, dijera pestes y diabluras de los reaccionarios y de 
los papistas. Estos discursos turbaban como siempre 
su paz doméstica, que como siempre se restablecía, 
después de sufrir las acostumbradas, precisas, inevi- 
tables impertinencias de la cara consorte. 

Lo cual formaba un maravilloso contraste con el 
cíelo siempre . apacible de los jóvenes esposos, Eiccio 
y Adela. Amábanse al cabo de cinco años con el 
mismo amor con que desde el altar volvieron del bra- 
zo por la vez })rímera. Ni creemos que después cam- 
biaran un punto, porque su unión nacía do la unifor- 
midad do ánimos, hallándose adomás regulada por los 
sentimientos rectos y cristianos que tan frecuente- 
mente se hallan en los Coü.vzones PgpulaiíEs. 



FIN. 



Se publica todos los Sábados, en Las Vegas, 



23 de Febrero de 1878. 



NOTICIAS TERRITORIALES. 



£í5is ¥eg;a.s. — El Jueves de la seaiana pasada 
(14 de Febrero) se celebraron aquí en Las Vegas con 
gran solemnidad y concurso de gente las honras para 
el descauso del alma del Gran Pió IX. Confesamos 
francamente que pocas cjosas hemos visto en 
este país que nos coumoviéi''On é impresionaron taji- 
to como esta ceremonia fúnebre. El aparato de la 
Iglesia, el imponente catafalco que en medio de ella 
se lev!\ntaba, (uno y otro obra del Sr. Macé, que en 
esta ocasión desplegó su muy buen gusto) el número 
de los Sacerdotes, el cauto y el concurso extraordi- 
nario de gente; todo contribuía á conmover los áui- 
mos poderosamente. Los Sacerdotes reunidos allí para 
la ceremonia eran el P. Coudert, cura de esta Parro- 
quia, el P. Fayet, Cura de S. Miguel, el P. Eedou, 
Cura de Antonchico, los Padres Tommasini, Personé, 
Gasparri, Marra, y Minasi, S. J. La Iglesia estaba 
atestada de gente. Para los que conocen la vasiidad 
de la Iglesia de Las Vegas, esto lo dice todo; y tanto 
mas es digno de elogio este concurso, cuanto menos 
lo permitía el mal tiempo qua duró toda la 
mañana de aquel día, el mas crudo de todo este in- 
vierno. Esto sin duda impidió á muchos de Los Vi- 
giles, de los Ojos, del Tecolote, etc. de asistir; pero 
no pudo impedir á los Señores y Señoras de la plaza 
de Arriba de acudir á la Iglesia, y concurrir á esta 
demostración de afecto filial hacia el ilustre Pontífi- 
ce. A un lado del catafalco veíanse con los PP. Eos- 
si y Fede S. J. los alumnos del Colegio de Las Ve- 
gas, y al otro las Hermanas con sus alumnas. 

Empezaron los oficios con el canto de matines y 
laudes; en seguida el P. Fayet celebró la misa, ha- 
ciendo de Diácano el P. Tommasini y de Subdiácono 
el P. Minasi. Después de cantada la misa el P. Gas- 
parri pronunció el elogio f áuebre de Pío IX. Después 
de haber en breves palabras trazado la vida de Juan 
Mastai Ferretti dj-ide su niñez hi-i-^ta su elevación á 
la cátedra de S. Pedro, el orador se esforzó en mos- 
trar en Pío IX el Pastor Universal y el Maestro In- 
falible de la Iglesiít. Y como Dios en su providencia 
había dispuesto que el Sumo Pontífice para ejercer 
su alta supremacía y su magisterio tuviese un 
dominio temporal, de esto tomó el orador ocasión de 
hablar del poder temporal del Papa, y do lo mucho 
que por esta causa tuvo que padecer Pió IX. Acabó 
con expresar el deseo de ver un día al glorioso Pon- 
tífice, para cuyo descanso se celebraban los funerales, 
sobre los altares y venerarlo cual santo. 

Acabáronse los oficios con la absolución de la tum- 
ba y el Libera cantado admirablemente por el Si". C. 
Blanchard. Todos los que han presenciado esta ce- 
remonia no 'olvidarán, estamos seguros, ni la impre- 
sión que produjo en todos, ni la grandeza de Aquel 
en cuyo sufragio se celebró. 

Taos. — Se acordarán auestros lectores de una 



carta qua el Hon. Sr. Sánchez había dirigido al Sr. 

Roberts ministro Presbiteriano de Taos, y que tii 
publicada el año pasado en nuestra Bevista, n. 48. El 
Sr. Ministro nos dirige ahora su respuesta. Por s:i- 
puesto como entonces dejábamos toda responsabili- 
dad de la carta al Hon. Sr. Sánchez, así ahora deja- 
mos toda responsabilidad al Si'. Eoberts, y solo de- 
seamos que con ocasión de esta carta, que publicamos 
también, (pues así lo exige la mas estricta justicia.) 
las columnas de nuestro periódico no vengan á ser en 
lo venidero un campo abieito de ataques personales. 
La carta del Sr. Ministro dice así: 

Señores Editores de la Ecvisia. Católica: — Deseo dar 
á Vds. y por medio de vuestro periódico á lo lectores 
de la Revista, la información solicitada en vuestra pro- 
ducción del 1" de Diciembre de 1877, n. 48. La epís- 
tola calumniosa contenida en él, y remitida á vosotros 
por el Sr. Sánchez ha sido Icida por vuestros muy 
respetables lectores. Vosotros muy propiamente ha- 
bíais sugerido que el Sr. Sánchez debía dar mis cau- 
sas para despachar á su muchacho de mi escuela. 
Le he pedido al Sr. Sánchez que lo haga, en dos di- 
ferentes ocasiones y en diferentes modos desde la pu- 
blicación de su carta. He esperado cerca de dos me- 
ses, y advirtiendo que no intenta hacerlo, me ha pa- 
recido en consecuencia, en justicia á vosotros, á mí, 
y á vuestros muchos lectores, que 3^0 dé al público la 
deseada información. Muchos de vuestros lectores 
de diferentes partes del Territorio me han expresado 
el deseo de saber los motivos que me obligaron á 
tratar al muchacho de Sánchez de una manera tan 
sumaria. 

Diré para su informe que el día 13 de Nov. una 
carta fué puesta en mis manos por uno de los patro- 
nes de mi escuela escrita á su hija pequeña, que fué 
anteriormente pupila de la escuela de las Hermanas 
de Taos. Esta carta fué escrita por el muchacho del 
Sr. Sánchez. Sobre indagación supe del muchacho 
que él había escrito una carta de igual importe á una 
niña también pupila de la escuela de las Hermanas. 
El muchacho en cuestión no es un mero niño,, sino uu 
muchacho de 1Í3 años de edad. Su carta que cualquie- 
ra puede leer llamando á mi oficina, contiene propo- 
siciones tan bajas, infames y abominables, que me vi 
obligado á suspender el muchacho por seis meses. 
Yo podia haber enviado una carta por el muehacbo 
al Sr. Sánchez. Sin duda debía haberlo hecho in- 
formándole del hecho y do mis raz.>nes. Pero_ no te- 
nia yo razón para creer que él la Jiubiera recibido. El 
16 o tres días después, recibí del Sr. Sánchez esta 
carta de altos términos. Solo diré con respecto á 
ella, que está tan lejos y fuera de mi atención, que no 
deseo referir á nada de lo que contiene. 

James H. Eobehts. 



-S6- 



NOTICIAS NACIONALES. 



Xow York. -Cou la uoticiu otícial de la muerte 
del Padre Sauto.ol Cardenal McCloskey recibió orden 
de ir á Roma para la elecciou del nuevo Pa^ja. El 
Cardenal se hizo á la vela el dia ü de este mes, acom- 
pañado por el p. Farrelly. 

Todavía no nos han llegado los periódicos con la 
descripción de las i'uncioues religiosas celebradas para 
sufragar el alma, y honrar la memoria del ilustre 
Pontífice Pío IX. Él A\ Y. San del 9, hablando del 
funeral que se preparaba entonces en la Catedral do 
S. Patricio, deeia: "La función será inponente, y la 
música escogida especialmente para esta circunstan- 
cia. A esta misa do rcij/ucín asistirá todo el clero de 
la diócesis de Nueva Yoi'k, y bajo todos los respectos 
será una de las mas esplendidas funciones que so ha- 
yan visto en América .... Se celebrarán misas de ré- 
quiem en todas las Iglesias de la Diócesis, y en mu- 
chas de ellas se pronunciará el elogio del finado. 
Ayer (Fbr. tíj en todas las Iglesias católicas se ha ro- 
gado á Dios por el descanso del alma del difunto 
Pontífice." 

:\<-w Jerso.v.— El mismo periódico del 9 dice: 
"La muerte del Papa ha producido el mas profundo 
dolor entre los católicos romanos de Newark. Las 
campanas de la Catedral repicaron 8ü veces en me- 
moria de los 8G años de la vida de Pío IX." 

liiiii^iaiiit. — "Wells ha sido arrestado. Se empe- 
zó el proceso contra los miembros del Edvrning 
Board, j Audcrson ya ha sido declarado culpable. 

En Nueva Orleans, por moción de Mr. A. Kobert 
secundada por el juez P. E. Théard, las cortes se han 
prorogadü para hacer homenaje á la memoria del Su- 
mo Pontífice Pío IX. 

Dice el Fropagatcur Caiholique: "La impresión que 
produjo la noticia do la muerte del Papa, ha sido tan 
profunda, y tal era la veneración que este noble an- 
ciano, digno representante de Jesucristo sobre la 
tierra, había sabido inspirar en todos, amigos y ene- 
migos, creyentes é incrédulos que los mismos protes- 
tantes é israelitas se han apresurado á corresponder 
á la invitación de los católicos." 

NOTICIAS EXTRANJERAS. 



Uoina.— El^ 11 al llegar á lloma los Cardenales 
extranjeros, el Sagrado Colegio se'formó en congrega- 
ción. Una esquela dejada por el Papa Pío IX auto- 
riza los Cardenales á dispensarse de los procedimien- 
tos ordinarios, si lo juzgan necesario, pero no prescri- 
be otras reglas. 

El público fué admitido en S. Pedro á las C, de es- 
te mismo dia i)ara ver el cadáver del difunto Pontífi- 
ce. El gentío era inmenso, (las palabras del despa- 
cho referido por el Snn son estas: The cvoird iciis Ire- 
metidonn), y muchas mujeres se desmayaron por la 
opresión. Una compañía de soldados tuvo que en- 
trar en la Iglesia para regularizar el pasaje de la gente 
delante del cuer\)o. El Cadáver del Papa, vestido 
cou los ornamentos pontificales, yacía sobre un fére- 
tro cubierto do estofas carmesí y en cada uno de los 
cuatro ángulos estaba un Guardia Noble cou espada 
desenvainada. El lecho estaba rodeado por doce 
candelabros grandes, y puesto de manera que los 
pies quedaban fuera del barandal, á fin de que los fie- 
les pudiesen besarlos. El semblante es calmo y se- 
reno. 

Déla /le/(, 11)1(1, periódico radical, sacamos que Mñr. 
Lasagui, que funciona como secretario de Estado, ha 
enviado á todos los Nuncios una nota, protestando 



contra cualquiera potencia que quisiese ejercer su pre- 
tendido derecho de veto en la próxima elección, y ha- 
ciendo constar que al Conclave se ha asegurado per- 
fecta tranquilidad y libertad. 

Los funerales han tenido lugar el 15, 1(5, y 17. Los 
Cardenales han entrado en Conclave el 17 por la tar- 
de. Ya se entiende que durante estos dias muchos 
son los rumores que cunden acerca de los diferentes 
partidos que se forman ó pueden formarse entre los 
Cardenales para la elección de este, ó de aquel al Pa- 
pado. No extrañen nuestros lectores estos rumores: 
pues de una parte es cierto que en tiempos tan difí- 
ciles para la Iglesia no debe ser extraño que todos no 
convengan en la elección de uno entre tantos eminen- 
teia'cuantos se cuentan ahora en el Sagrado Colegio: 
y por otra parte la mayor parte de los periodistas pa- 
recen poseer el secreto muy raro de hablar de lo que 
no saben. Últimamente el telégrafo nos anunciaba 
que había ya entre los Cardenales tres partidos: el 
primero de los inírausigentes capitaneados por el Car- 
denal Manniug; el segundo de los conciliadores que 
quieren por Papa al Card. Moretti, y el tercero muy 
numeroso de los que quieren que se continué la polí- 
tica y conducta del difunto Pío IX, y estos quieren 
por Papa al Card. Canossa. Todo esto debe tomarse 
ciüH mica mlis. P. e., no entendemos en qué difie- 
ren los Cardenales de este tercer partido de los del 
primero, puesto que es difícil que se halle un Papa 
mas intransigente (respecto á los principios) de Pío 
IX. Pero vayan allá las combinaciones políticas y 
humanas, }' esperémoslo todo de la mano de Dios. 

TuiMiilía. — Hé aquí las condiciones de paz ofi- 
ciales. 1" La Bulgaria debe erigirse en principado. 
2" Una indemnización de guerra eu dinero o territo- 
rio. La Rusia insiste en la cesión de la Armenia, 
porque se considera que la Turquía será incapaz de 
pagar en dinero. 3" Independencia de Rumania, Ser- 
via y Montenegro, cada una de las cuales recibirá un 
aumento de territorio 4° Reformas en Bosnia y Her- 
zegovina 5" El Czar y el Sultán se entenderán des- 
pués acerca de la abertura de los Dardanelos. G" 
Evacuación de Erzeroum y de los fuertes del Danu- 
bio. 

Austria ha propuesto que se abra en Yiena una 
Conferencia de los plenipotenciarios de las naciones 
interesadas en la cuestión de Oriente. Rusia ha ac- 
cedido á la propuesta; y solamente quiere que en lu- 
"ar de Vieua se designe otro punto de reunión. La 
cuestión de Oriente está pues de nuevo sometida á la 
arbitrariedad de una conferencia; pero ahora como por 
lo pasado esta importante y terrible cuestión no po- 
drá resolverse por las chacharas de los diplomáticos. 

Acerca de la ocupación de Constantinopla por los 
Rusos, el Pünf periódico de Londres dice: "Los Ru- 
sos se hallan en Constantinopla. Esta noticia cun- 
dió la noche pasada en Londres, y pensamos que tie- 
ne su fundamento en informes otícialts. La noticia 
nos ha venido por la ruta de Alejandría. En esto 
momento no sabemos cuál es la naturaleza de esta 0- 
cupacion. Según algunos, los Rusos se han apode- 
rado de dos fuertes .sobre las lineas de Bayouk y 
Chekmedje. Según otros, se han aventajado aun 
mas. Los pormenores son de poco momento. En 
práctica todos convienen en que la capital de Tur- 
quía y la llave de Oriento están en mano del Czar. 
Será inútil iudignarsc. Se dirá que no ha habido en- 
gaño, y descubrimos que esto era una de las condi- 
ciones del armisticio, la que no nos fué comunicada. 
No mas tarde que ayer, una fuerza entera militar y 
naval podía en cualquier momento ocupar Constanti- 
nopla, al paso tpie el ejército austríaco podía cortar 



-87- 



todas las comunicaciones de los Rusos. Hoy la situa- 
ción es enteramente cambiada. La armada inglesa 
no puede adelantarse hasta Constantinopla, y tal vez 
puede cerrarse para ellos el estrecho de los Darda- 
nelos. El Czar puede ahora burlarse de las amena- 
zas de Austria, por ser libres las comunicaciones ru- 
sas desde Constantinopla á Odessa y á Sebastópolis. 
Nuestra hesitación por la bagatela de seis millones 
nos costará probablemente GO millones, y plegué al 
cielo que el honor del país salga salvo. Este ataque 
directo á nuestro honor producirá un sentimiento que 
no se podrá nunca calmar, hasta que enseñemos á 
nuestro enemigo que tenemos voluntad y poder para 
castigar esta injuria y mantener el imperio británico 
que la Rusia quiere derrocar." 

Pero todo esto no nos parece sino una fanfarrona- 
da inútil: digamos sin embargo que otros despachos 
nos anuncian la entrada de la tíota inglesa en los Car- 
dan elos. 

Alejaiasíiií. — He aquí la acostumbrada lista de 
vejaciones contra los católicos de Alemania. El pro- 
fesor Jansen, uno de los mas distinguidos historiado- 
res de Alemania, fué removido de la cátedra en el 
Gimnasio de Frankfoit sobre el Main, únicamente 
porque era sacerdote católico. Los liberales mismos 
se han indignado por semejante injusticia. Un pro- 
testante, miembro del municipio de aquella ciudad, ha 
interpelado el alcalde para saber si las autoiúdades 
municipales tolerarían un acto tan arbitario del Go- 
bierno, y que causará una pérdida irreparable para 
la ciudad. El Gobierno quiere poner en lugar del Dr. 
Jansen, un sacerdote apóstata, el Dr. Sauerland, el 
cual no obstante su apostasía había sido mantenido 
por las autoridades del gobierno ;ilsaciano en su pues- 
to de maestro de religión católica en el Liceo impe- 
rial de Metz El Sr. Falk espera destruir en Alema- 
nia la religión católica con la introducción gradual de 
protestantes ó infieles, como maestros de religión en 
las escuelas del gobierno. Alcanzaría- su inten- 
to muy fácilmente sí los padres y madres de familia 
no hubiesen tomado en sus manos la instrucción re- 
ligiosa de sus hijos. 

Eq Alemania el administrador de los bienes de I- 
glesia es un empleado nombrado por el Gobierno. El 
admiüistrador diocesano de Tréveris, Sr. Bottcher, y 
el de Colonia, Sr. Gedicke, se están haciendo famosos 
por sus actos tan ilegales como arbitrarios. Infligen 
y exigen multas sin número y sin discreción de los 
miembros de los economatos, que no han presentado 
las cuentas de sus Iglesias por el año 78. 

En Prusia no puede levantarse una Iglesia católica 
en ninguna parte del país, si el Gobierno está opues- 
to á ello. Imagínense los lectores cuan difícil es en 
estos tiempos conseguir la permisión de este Gobier- 
no pava edificar una Iglesia. En Wiesbaden, en don- 
de á causa de sus baños acude entre otros una gran 
multitud de católicos extranjeros, 18,000 católicos no 
han podido conseguir el permiso de construir una ca- 
pilla en lugar de la mr.gnífica Iglesia parroquial, que 
por orden del Gobierno tuvieron que ceder á los Vie- 
jos Católicos. 

Últimamente el Gran Canciller Bismark consiguió 
que se cambiasen algunos ministros del Gabinete, y 
se alejasen de la Corte del Emperador algunos perso- 
najes que le hacían sombra. Algunos dicen que el 
resultado de todo esto será una violencia mayor en la 
persecución contra los católicos: pero estos no se con- 
movieron por nada, y suponen que Bismark está 
maquinando algo afuera de Prusia. Veremos. 

Aissís'úí. — En la complicaciones políticas que 
tendrán ciertamente lugar en Europa, y de las cuales 



ninguno puede vislumbrar cuál será el fin, Austria 
está llamada á desempeñar un papel importante. Cier- 
to es que Rusia y Alemania deseaban que fuese su 
aliada y por tanto la habían ofrecido del despiojo de 
Turquía la Bosnia y la Herzegovina. De su alianza 
depende ahora la suerte de las diferentes potencias 
de Europa: y esto es lo que da importancia á los si- 
guientes despachos. 

Se envía por telégrafo de Viena. "La negativa de 
Austria por lo que toca á la anexión de Bosnia y de la 
Herzegovina, está confirmada por autoridad ministe- 
rial. El Conde Andrassy no sancionará ninguna me- 
dida para destruir el Imperio Otomano. Esta acti- 
tud resuelta de Austria en estos últimos días se ha 
dado á conocer á la Rusia y á Lord Derby por medio 
de una carta idéntica por el Conde Andrassy." 

Un corresponsal de Berlín escribe con fecha del 29 
de Enero (por la noche) "La noticia que Inglaterra 
ha llegado á apartar á Austria de la alianza con Ru- 
sia y Prusia, y asegurar su oposición condicional al 
programa de paz de la Rusia, ha causado aquí una 
cierta excitación y recelo. Tengo buenas razones 
para pensar que la noticia es á lo menos exagerada; 
pero es evidente que existe una especie de mal humor 
entre Austria y Rusa." 

Loiidirs Enero, 29. — "Se dice que Austria ha rehu- 
sado todo compromiso para obrar juntamente con In- 
glaterra, á menos que no se le asegure de antema- 
no que el Ministerio no tenga nada que temer de la 
oposición de la Cámara; lo que podría dejar á Aus- 
tria aislada: y que durante el voto, el Ministerio se 
conprometa á dar una suficiente garantía. Sí el Mi- 
nisterio consigue una gran mayoría, resultará una im- 
portante combinación." 

Londres, Enero 30. — "Un corresponsal de Viena a- 
firma que el lunes por la noche (I de Febrero) llega- 
rá á St. Petersburgo una nota de parte de Austria 
protestando enérgicamente contra todo lo que pueda 
tocar á Austria, ó cambiarlas condiciones de Europa, 
sin la concurrencia de todas las potencias que firma- 
ron el tratado de París." 

Ea ñn, Austria ha invitado las potencias á una 
Conferencia. Italia, Francia, Alemania han acepta- 
do. Rusia quiere que se designe otro lug;^r para la 
reunión. Todos están persuadidos que la Cuestión 
de Oriente no se arreglará con conferencias. 

Asií?. — Ya se va verificando en las ludias lo que 
habíamos dicho en otro número de la Revista. Dios 
en su infinita misericordia se está sirviendo del terri- 
ble azote del hambre para la conversión de aquella 
pobre gente. Escribe Mñr. Bardou Vicario Apostó- 
lico de Coimbatour: "Nunca habíamos presenciado 
en este país tan grande número de conversiones. En 
este año hemos bautizado 2,526 adultos, y 1,100 ni- 
ños in articulo inorti-s. Los cateciimenos no cesan de 

acudir á nosotros para ser instruidos y bautizados 

Bien que un gran número de estos paganos converti- 
dos pertenezcan á (dases elevadas, y sean respetables 
propietarios, con todo están arruinados por la cares- 
tía. No solamente han perdido sus cosechas, sino 
que sus anímales se han muerto casi todos por falta 
de pasto" etc. "Es casi imposible formarse una idea 
de los padecimientos de este pueblo. No hablaré aquí 
de la mortandad durante estos últimos meses. No hay 
estadísticas exactas para calcularla; se estima que 
han muerto 25 y mas por 100. Aquí en Coimbatour 
tenemos una población de 2,000 católicos: de estos 
han muerto 42 en el solo mes de Octubre; y sin em- 
bargo los cristianos de este distrito están padeciendo 
menos que los de otras partes del Vicariato." 



-88- 



SECCION RELIGIOSA. 



^> t ■^■*-^- 



CILENDARIO RELKJIOSO. 
FEBRERO 24 MARZO 2. 



-^«■♦i^ 



REVISTA CONTEMPORÁNEA. 

Leemos en el Propayutey,- Catholirpu': ''Las 
alabanzas tributadas á la memoria de Pió IX 
forman iin concierto unánime. El Iaiucs, el I^k-a- 
;/ii/ic\ el Di'nwcrat. el AheUle. (odos los diarios de 
la Nueva Orleans, repiten con nosotros, unos 



2-i. Dnmiwjn de Sexagésima. — San Mntí.is, AiX)s(ol. Santa Primi- 
tiva, Mártir. 

23. Lunes - Los Santos Victorino, Víctor y sus CompBñerop, Mrs. 

2'J. J/üiír.s-- Conmcmoracicn de liv I'n.sion cid Señor. San Porñ- 
rio, Obispo. 

27. Miércole.sSan Leandro, Obispo. Los Santos Basilio y Pro- 
copio, Confesores. 

28. Jueves — ii:\ii Koniaiio, Fuudador. 

1. neriics~El B. JIignc-1 Carvallo, de la Ccmpafiía de Jesús, y 
sus Compañeros, Mártires. 

2. Súbftdo — Loa Santos Jovino y Basilco, Mártires. Las Santas 
Secnndila y Genara, Mártires. 

SAN MATÍAS, APÓSTOL. 

Después de la prevaricación de JudaP, que de A- 
póstol se hizo tviiidor do su Maestro divino, vendién- 
dole á los Judíos, faltaba uno en el número y colegio 
de los primeros predicadores del Evangelio. Para 
llenar aquel número, los Apóstoles, movidos por el 
espíritu de Dios, determinaron de elegir á otro que 
sustituyera el prevaricador; aquel otro fué S. Matías. 
Hó aquí como refieren su elección los Hechos de los 
Ajyj'ifoles: "Por aquellos dias levantándose Pedro en 
medio de los hermanos!, (cuya junta era como de unas 
ciento y veinte personas) les dijo: Hermanos nvos, es 
preciso que se cumpla lo que tiene profetizado el Es- 
píritu Santo por boca do David, acerca de Judas, quo 
se hizo adalid de los que prendieron á Jesús; ?/ el cual 
fué de nuestro número; y había sido Uamaclo á las 
funciones de nuestro ministerio. Este adquirió un 
campo con el precio de su maldad, y habiéndose ahor- 
cado, reventó por medio, quedando esparcidas por 
tierra todas sus entrañas; cosa que es notoria á todos 
los habitantes de Jerusalen, por manera que aquel 
campo ha sido llamado en su lengua, líacéldama, esto 
es, campo de sangre. Así es que está escrito en el 
libro de los Salmos: Quede su morada desierta, ni 
haya quien habite en ella; y ocupe otio su lugar en 
el epiocopado. Es necesario, pues, que de estos suge- 
tos, que han estado en nuestra compañía todo el 
tiempo quo Jesús Señor nuestro conversó entre nos- 
otros, empezando desde el bautismo de Jesús hasta 
el dia enque apartándose de nosotros se subió al cie- 
lo; so elija uno que sea, como nosotros, testigo de su 
resurrección. Con eso propusieron á dos, á Joscph, 
llamado Bársabas, y ))or sobrenombre el justo, y á Ma- 
tías. Y haciendo oración dijeron: ¡Oh Señor! tu quo 
ves los corazones de todos, muéstranos cuál de estos 
dos has destinado á ocupar el ]mcsto de este minis- | 
ferio y apostolado, del cual cayó Judas por su preva- 
ricación, para irse á su lugar. Y echando suertes, 
cayó la suerte á Matías, con lo que fué agregado á 
los once apóstoles." San Matías evangelizó la Ju- 
dca, recorriendo todas sus provincias, y convirtieudo 
á muchos. Eecibió la corona dsl martirio, siendo a- 
pedreado por los Judíos, b:\jo su pontífice Ananías. 



en una lai'ga biografía, otros en un artículo de 
economía j)ülítica, otros en notas filoso'üco-re- 
ligiosas, que Fio IX era el hombre mas grande 
de este siglo, el hombre mas admirado, el hom- 
bre sobre todo mas amado. Nuestro corazón do- 
lorido complácese en este último rasgo. liase 
averiguado que Fio IX era amado. ¡Es un con- 
sueloí"' 



Refiere el Sun del U de Febrero que "en la 
Iglesia Metodista de Washington Sqnarc (eu 
Nueva York) el Rev. James King empezó á pre- 
dicar dando un bosíiucjo del Fapa, á quien él ha- 
bla conocido pcr.soiialinenle, y alabo' encai'eci- 
daraento su carácter individual. Le delineó de 
presencia imponente, de rostro amable, de índo- 
le benévola; desprendido de sí mismo hasta el 
sacrificio, simple en sus maneras, absorto en la 
idea de la santidad de su alto oficio, indisputa- 
blemente sincero y concienzudo; hombre cuyo 
carácter queda intachable."' 



o ■ »■ 



Fetruccclli della Gattina, uno de los enemi- 
gos mas encarnizados y fui-iosos que tenga hoy 
dia el Papado v el Catolicismo en Italia, i)ro- 
nuncid, el dia Í2 de Setiembre 1877, las siguien- 
tes palabras: "¡En tanta abyección de tiempos, 
Fio IX fué un carácter! Fué vencido. No fué 
nunca domado.'' 



La A^igésima-tercera Legislatura acabó sus 
trabajos. Hizo mucho é intentó mas. Les servi- 
dores abiertos ó enmascarados del Excelentísi- 
mo Gobernador de Nuevo Méjico, rabiaron como 
frenéticos. Ardides, calumnias, vilipendios, to- 
do lo pusieron en juego con un de.^caro digno de 
su causa. El acto de incorporación de los Jesuí- 
tas sirvió de pretexto para cubrir de iníulfos el 
cuerpo legislativo. Se inventó la infame impos- 
tura de sobornación, y se dio á varios legisla- 
dores el nombre de Judas traidores: se imaginó 
(pie todo lo hacian bajo el influjo é instigación 
de los Jesuítas, y se les acusó de servilismo é 
ignorancia. Hubieran ?ido ensalzados ha¡-ta las 
mibes como hombres ilustrados é independien- 
tes, si se hubiesen dejudo manipular ] ( v los 
mismos titiriteros que dirigieron tan bien los 
hilos de las figurillas en el teatro legislativo de 
lS7o-7G. La verdad es que nuestros Legislado- 
res por lo general escucharon la voz de su con- 
ciencia, y el mandato de sus electores. Hubo 
excepciones, y el itúljlico las conoce ó las cono- 
cerá. A estas se debe si se malogró parte del 
bien que se esperaba, y no se consiguió tcdo lo 
(¡ue se podia y dcbia. La honradez y buena fé 
de muciios \\\6 superada por la nsíucia y perfi- 
dia do otros, fuera y dentro de la Legislatura, 



-89- 



epro sobre todo /wigm. Sin embargo se ha dad^ 
un gran paso. Se ha enseñado lo que se puede 
alcanzar cpo Ja^union, con la firmeza, con la hon- 
radez. Sü ha llamado de la manera mas práctica 
la atención del Territorio sobre la cualidad de 
los hombres que debe enviar en lo futuro á sus 
aulas legislativas. Sean todos como aquellos que 
han quedado inmóviles á todos los asaltos, hom- 
bres cuerdos, honrados y firmes; y la Legislatura 
venidera será aun superior á la que acaba de 
espirar. ■.j-ry..^\'- . ¿. 



Esperamos que La Gaceta de Las Vegas haya 
leído y entendido nuestro artículo "Un paso mas 
adelante," publicado en el número anterior' con 
el objeto de contestar al falseador de Santa Fé. 
Aquel artículo habrá podido convencer á nues- 
tra honesta vecina, que ella está peleando con los 
molinos de viento. Acusarnos de suscitar animo- 
sidades y prevenciones de raza, cuando decimos 
cabalmente lo contrario, es 6 malicia refinada, ó 
bien obstinación inexcusable en sus propios de- 
satinos. "¿Piénsase acaso," pregúntala indignada 
Gaceta, "que aconsejando á la población mejica- 
na de abandí)nar los partidos y reunirse, se la 
podrá dominar?" No, señora, amiga Gaceta; 
piénsase todo lo contrario; piénsase que aconse- 
jándola población mejicana á dejarse de los ca- 
prichos de partidos y juntar las fuerzas de. todos, 
para atender todos juntos al solo objeto del bien 
y prosperidad del país, jamás no podrá caer en 
las uñas de pocas harpías que con sus camarillas 
o rings todo lo hacen y deshacen á su antojo. 
La avidez de poder y mando, que La Gaceta 
quisiera achacar á los Jesuítas, es un sueño. Si 
los Jesuítas son ávidos de poder ¿porqué, pues, 
no ocuparon media docena de asientos en la le- 
gislatura? ¿Acaso no hubieran podido? Todo lo 
demás que añade La Gaceta está fundado en, su 
quid-pro-quo, 6 en su imaginación; ¿Será sufi- 
cientemente Aonfísto para confesarlo, o decirnos 
qué es lo que todavía no le entra en la chabeta? 



Traducimos del Colorado Chieftain el siguien- 
te, rasgo de caridad herdica. Tendrán de que 
edificarse nuestros lectores: "El Prospector de 
San Juan cuenta el hecho á continuación acerca 
de la' muerte de Mr. Brookover, minero, en el 
Lazareto de Denver: 

'Por algunas semanas antes de su muerte, ha- 
bía tomado alojamiento en el Grand Central 
Hotel, donde por supuesto era muy conocido de 
los propietarios, que cosechaban abundantemen- 
te en los bolsillos siempre llenos de su huésped, 
y se estimaban felices de proveer á las necesi- 
dades de un patrón tan liberal. Pero apenas fiíé 
acometido por la viruela Mr. Brookover, ellos ol- 
vidaron repentinamente lo pasado, y con una 



crueldad que haría ruborizar á un Indio Yuta, 
le echaron fuera del Hotel, á medía noche, en la 
calle, y cosa extraña, cuando avisaron las auto- 
ridades de la presencia, de- la enfermedad, ha- 
bían olvidado el nombre del enfermo. Dice Mr. 
Johnson que Mr. Brookover fué llevado al Laza- 
reto y dejado allí, en una noche extremadamente 
fría, sin lumbre y sin cuidado ninguno, y que 
como consecuencia natural, se murid el día si- 
guiente.' '•' 

Si aquí somos de "una estupidez é ignorancia 
la mas crasa," á lo menos no somos crueles y 
bárbaros hasta el punto de haeer "ruborizar á 
un Indio Yuta." ¿Cuántos de esos estúpidos é ig- 
norantes Mejicanos no hubiera arriesgado de mil 
amores su vida antes de ser tan inhumano con el 
minero de S. Juan? 



Impresiones de la muerte de Pío IX. 



El N. Y. Sun del día 8 de Febrero dedica una 
gran parte de sus columnas al acontecimiento 
quií ha absorbido la mente del mundo entero, la 
muerte del gran Pío IX. El Cato'lico no puede 
menos de experimentar un sentimiento de com- 
placencia inefable al ver el título de homenaje 
rendido á la memoria del incomparable Pontífi- 
ce por aquellos mismos que no estaban li- 
gados con él en los vínculos de la fé y comunión 
romana. No sabemos cómo; delante de aquel 
hombre providencial desaparecen todas las an- 
tipatías, desvanecen las preocupaciones; todos 
sienten en su ánimo una fuerza irresistible, una 
voz celestial que les intima de doblegar su fren- 
te y venerar aquella Majestad, sublime hasta en 
el silencio y en el despojo de todos los resplan- 
dores de la tierra. Pío IX muere; su muerte 
no es inmatura, no es imprevista; es el resultado 
natural de la ley que se impone inexorable á 
toda la humanidad errante y peregrina; es el in- 
eludible término de ochenta y seis luengos años 
de vida, treinta y dos de los cuales son una tor- 
menta siempre mas furiosa y agitada, una ola 
inmensurable que del ampia superficie del océa- 
no se levanta y crece rápida, Idbrega, altísima, 
hasta que toque las nubes, y vuelva precipitosa 
y resonante allí de donde se lanzd en los aires; 
el mundo ve llegar de un día á otro la triste y 
dolorosa nueva; solo por causas que el corazón 
podrá entender y'explicar, mas no el entendi- 
miento, los hijos del gran Pío quieren lisonjearse 
y contemplar todavía cual lejana fatalidad r.l an- 
hélito supremo de su padre amoroso; y á pesar 
de que todo representa como próximo inevita- 
ble aquel día de tristeza, todos sin embargo aco- 
gen el lamentable anuncio como la calamidad 
mas inesperada. Amigos, indiferentes y ene- 
migos dan libre curso u senlimientos de simpatía 
y veueracion. 



-90- 



"La vida que acabú ayer con la muerte ca 
Pío IX,"' escribe el *Sun del 8 de Febrero, "he 
sido, mas que otra ninguna, llena de aconteci- 
mientos y memorable, entre cuantos sucesores 
tuvo S. Pedro." "La intrepidez en hacer y de- 
cir lo que creyera justo no le faltó jamás." "Su 
veracidad y su indeclinable amor de lo recto 
hiciéronle formidable ¡x los prevaricadores é hi- 
pócritas.'' "En nuestra opinión, el hecho mas 
notable de esta larga y laboriosa vida de sacri- 
ficios, es que, mientras el difunto Pontífice deja 
la Iglesia despojada de áus estados y poder tem- 
poral, déjala sin embsrgo arraigada mas fuerte 
y profundamente en la mente y corazón de las 
casi sin número de almas que pertenecen á su 
comunión. Bien que privada del reino terreno, 
nada ha perdido de su poder como Iglesia." 

Y nada perderá. ¡Cuántas veces hemos oido 
y leido que Pió IX seria el último de los Pa- 
p^s! ¡Cuántas veces los enemigos del invencible 
anciano han mirado con anticipación placentera 
sus extremos momentos, esperando ¡oh vanas 
y engañadoras previsiones! que derruido el po- 
der temporal, y desaparecida aquella figura su- 
blime, que despertara t^nta fé y tanto entusias- 
mo en las filas católicas,' caerla aquel poder que 
es el único blanco de todas las armas anti-cris- 
tianas! Pero no; hasta los acatólicos ven y con- 
fiesan imparcialmente que, á la muerto de Pió 
el Grande, la Iglesia "bien que privada de su 
reino terreno, nada ha perdido de su poder como 
Iglesia." 

La franqueza del Svn, su admiración por la 
persona, virtud y grandioso carácter del inmor- 
tal Pontífice nada nos admira, cuando vemos 
anunciado que la misma Gaceta Oficial del femen- 
tido Reino de Italia se ocupa en tejer elogios á 
la memoria de Pió IX; cuando el telégrafo nos 
informa que Umberto, el heredero del sacrile- 
go usurpador de Poma, el hijo de aquel hombre 
destinado á "acibarar los últimos años" del ve- 
nerando Pontífice, se apresura á pedir al Vati- 
cano informes sobre el Pai)a que lucha con la 
muerte; cuando el gobierno, que ha jurado á las 
negras sectas anti-cristianas de abatir el Papado, 
ofrece su fuerza armada á la defensa y perpetua- 
ción del mismo Papado. 

El mundo católico palpitaba ansioso por la in- 
dependencia y libertad del futuro Conclave. A- 
Icmania é Italia ligábanse en amistosas relacio- 
nes, como en otro tiempo Pilatos yllerodes, pa- 
ra abosar, hostigar, y si posible fuera, borrar de 
la faz de la tierra, á aquel que se proclama á sí 
mismo el Vicario de Cristo. El férreo Canci- 
ller de Berlin y los serviles gobernantes italia- 
nos hablan hecho traslucir su intento de inter- 
venir en la elección del Sucesor de Pió IX, é 
imponer á los Padres congregados, con amena- 
zas de cismas y con la fuerza, al hombre (jue pro- 
metiera de destruir las obj-as nías bellas de su 



último predecesor. Bismark con su profunda 
sagacidad, los revolucionarios de Italia con su 
maquiavélico entendimiento, no alcanzan á ver 
que es imposible destruir lo indestrnctible. A 
ello sin embargo aspiraron. 

¿Porqué, pues, cuando ha llegado la hora de 
realizar sus planes, se arredran como despavo- 
ridos, ú olvidan sus pactos? ¿Porqué tanto afán 
en transmitir al mundo entero 3' simultáneamen- 
te la doble noticia del último dia de Pió IX, y 
de la independencia y seguridad que el Gobier- 
no italiano garantiza i los electores del nuevo 
Jefe visible de la Iglesia? Bien podrá ser ver- 
dad que fueran infundados los rumores de la 
proyectada interposición italo-gcrmánica; pero 
la guerra librada al Catolicismo por el urimer 
ministro prusiano y los adeptos de Garibaldi y 
Mazzini, las ansias del primero de ver subyuga- 
do á sn despótica voluntad el úniro poder moral 
que no solamente se atreve á desafiaile sino que 
le vence en la pelea, y la impaciencia de los se- 
gundos de llegar por fin al cumplimiento de su 
frenético voto de sepultar el último rey en la 
fosa del último papa, son pruebas que, si no fué 
concertado y firmado el plan de invasión y atro- 
pello del ?agTado Colegio de Cardenales, no faltó 
á lo menos el satánico deseo de intentarlo. 

El ver, pues, desbaratados los perversos de- 
signios es, para nosotros, obra manifiesta del po- 
der divinó y obra del esclarecido varón que de- 
ja vacante la Cátedra de Pedro en Puma. Dios 
permite la muerte de Pió IX, cuando está todavía 
viva delante de los ojos de los atónitos dueños de 
Roma la imagen del frió cadáver del usurpador 
y Rc3' Víctor j\Ianucl. Con treinta dias de di- 
ferencia, salen de esta vida el miserable instru- 
mento de la Revolución, y su grande Víctima; 
el ladrón csronado, y el tipo del derecho vivo é 
incontaminado después de la agresión y trope- 
lía; el forzado emisario del esi)íritu de iniquidad, 
y el Ungido del Señor; Víctor ^lanucl y í'ioIX. 
Este, generoso y magnánimo, extiende sobre el 
primero el manto del olvido y perdón de las 
injurias; y solo por tal olvido y perdón jiuede el 
excomulgado irá la tumba sin las maldiciones de 
Roma, de Italia, de todo el mundo católico; solo 
por tal olvido 3' perdón pueden .'^ns desdichados 
hijos consolar.se con la esperanza del olvido 3' 
perdón del cielo. 

En presencia de tales acontecimientos fuera 
imposible, aun para tigres y hienas, no respetar 
la memoria del magnánimo Pió. La Corte del 
Quirinal no podia ncgarr.e á hacer con el Con- 
clave, con los Venerables Hermanos del Pastor 
Supremo, lo (]ne no podia rehuiíarsc á hacer con 
él m¡5mo. 

Pío IX muei'e, cuando una zozobra mortal 
alarma y acongoja la Europa entera; cuando el 
águila rusa marchando sobre Constantinopla, 
bate finalmente sus alas y se posa orgullosa so- 



-91 



bro los balnartcs de la vencida cradad musul- 
mana; cuaiidü el Ciiuciller alemán, que ha esta- 
do siguiendo con ojos complacidos los pasos del 
A'ictorioso autócrata, solo preocúpase en observar 
las- medidas de la rival Inglaterra y contener ó 
eludir kus ímpetus belicosos; cuando en íin^todo 
está pr.'úado de acontccimientoa, temores y 
azares, (¡uc pesan en la balanza política de los 
hombi'e;>dcl siglo inmensamente mas que la elec- 
ción del sucesor de S. Pedro. ' 

Así da^de lo alto de los cielos guia Dios las 
acciones do los mortales, y todas las hace servir 
al bien y ventíija de su propia Iglesia. Y cuando 
"se han embravecido las naciones, y los pueblos 
maquinan vanos proyectos," cuando "ha'nse coli- 
gado los reyes de la tierra; y se han confederado 
los príncipes contra el Señor, y contra su Ungi- 
do," entonces "Aquel que reside en los ciclos se 
burla de ellos; se mofa de ellos el Señor." Lo 
que hemos )irescnciado desde diez y nueve si- 
glos, presenciamos hoy dia. Los Cardenales de 
la santa Roinanalglesia están reunidos en el re- 
tiro, en el silencio, en la oración ¡desde todos los 
altares el Sacerdote ofrece la víctima inmacula- 
da, el Cordero sin mancha, suplicando el Espíri- 
tu de Dios que conceda a' su pueblo un Pontífi- 
ce, digno sucesor de Pió IX, y Pió IX que de- 
bía ser el último de los Papas vivirá todavía en 
su sucesor, vivirá en el espíritu de entusiasmo y 
fervor, suscitado por sus obras en la tierra, vivi- 
rá en la memoria de los siglos venideros que 
desde ahora le aclaman PÍO EL GRANDE. 



Elección del Sumo Pontífice. 



La elección del Sumo Pontífice es el acto mas 
importante y augusto que se practica en la Igle- 
sia Católica, tratándose do dar un Vicario á Je- 
sucristo, un sucesor á San Pedro, un Jefe á la 
Iglesia, que la gobierne en nombre de Jesucristo, 
en el propio lugar y con la misma autoridad del 
prínci})C de los Apostóles. Jesucristo, quien es- 
tableció la Iglesia, fué el que la fundó sobre S. 
Pedro, escogiéndolo entre todos sus Apóstoles y 
co,níi riendo á El, y en persona de él, á todos sus 
legítimos sucesores esta tan sublime dignidad de 
la que no h^j' otra mayor en el mundo. Des- 
pués de su gloriosa resurrección, cumpliendo con 
la promesa que le habia hecho, le confió, y en- 
cargó por tres veces el cuidado de su rebaño, 
diciéndole: Apacienta mis corderos, apacienta mis 
ovejas, queriendo con estas palabras designar á 
los fieles y Obispos, de los cuales todos el Vica- 
rio de J. C. debia tener el supremo cargo. 

Habiendo establecido San Pedro su silla en 
Roma y muerto en ella, sus legítimos sucesores 
son los Pontífices Romanos, en otras palabras, 
los Obispos de la ciudad de Roma que heredan 
,su cátedra y su autoridad. La serie de estos, 



^laugurada por San Pedro, se ha continuado sin 
ninguna interrupción hasta nosotros, hasta Pió 
IX de santa memoria, que acaba de coronar 
con una muerte santísima un muy glorioso é ilus- 
tre Pontificado. Por su muerte la Silla Remana 
quedó vacante, y esperamos que pronto sea ocu- 
pada por el otro que la divina Providencia tie- 
ne destinado, y así será sucesivamente hasta el 
fin de los siglos. 

La dignidad pontificia no es de ninguna ma- 
nera hereditaria, para que un Pa[)a antes de 
morir pueda designar su sucesor. Lo que algu- 
nos cuentan que S. Pedro nombrase el suyo en 
persona de S. Clemente, es negado rotundamen- 
te por muchos críticos: otros, cuando mas, lo en- 
tienden como una simple recomendación en fa- 
vor de un sugeto capaz y digno de sucederle. 
En tiempos posteriores se cuentan semejantes 
recomendaciones de muchos otros Poulítices. 
Además de que es cierto que San Clemente I no 
sucedió inmediatamente. á, San P^dro, sino solo 
después de S. Lino, y S. Cleto, en el año 93 de 
la Era Vulgar. Después fué mas terminante- 
mente establecido que no solo ningún Papa nom- 
brase á otro para sucederle, sino que tampoco 
durante la vida de alguno, nadie tratase de la 
elección del venidero. 

La manera seguida en la elección de los Pa- 
pas no fué siempre la misma, sino diferente en 
las diferentes épocas, y se ha ido modificando y 
reformando á medida que las circunstancias 
lo aconsejaban, para evitar todo desorden y ase- 
gurar plena libertad, cutera independencia y 
buen resultado en tan importante negocio. En 
los primeros siglos se hacia por el Clero Roma- 
no en presencia del pueblo de la ciudad, el cual 
prestaba solamente consentimiento, sin preten- 
der tener derecho alguno de sufragio. Y si á 
veces sucedió que el pueblo aclamara á alguno 
por Pontífice, este no se consideraba canónica- 
mente elegido, si el Clero no lo hubiese ratifi- 
cado, si lo juzgesen conveniente. La dificultad 
principal se originó de parte de los príncipes y 
monarcas que sucesivamente dominaron la Ita- 
lia, como fueron los reyes Godos, los Emperado- 
res de Bizanzio, de los Francos, y do Alemania, 
que primero empezaron por intervenir á fin de 
mantener el orden y asegurar una buena elec- 
ción, 3' luego poco á poco pretendieron ó impo- 
ner al clero por Papa al que les pareciese, ó con- 
firmar al que se hubiese elegido. Esto fué cau- 
sa de muchos cismas y terribles consecuencias: 
con todo la Iglesia defendió siempre su derecho 
y acabó con hacerlo reconocer, respetar y ga- 
rantizar en toda su libertad. 

En el siglo XI el Clero Romano se hallaba 
compuesto de Obispos Subnrbicarios y Sacerdo- 
tes Cardenales, de otros miembros principales ó 
dignidades del Clero, y de Clérigos inferiores. 
Habiéndose multiplicado el Clero hasta el punto 



-92 



U ■ - — — ^ gg 

de ocasionar bastantes desdrdenes en las elec- 
ciones de los Papas, pareció conveniente res- 
tringir este derecho á unos pocos entre tantos; 
lo que realizó el Papa Nicolás II con un decreto 
publicado en el Concilio de Letran tenido el año 
1058, el cual coartaba este derecho exclusiva- 
mente Á los solos Cardenales, pero sin prohibir 
á los demás del Clero, y al pueblo que dieran 
su consentimiento. 

Dijimos en otro lugar que es muy difícil de- 
terminar exactamente el origen de los Cardena- 
les que fueron en aquel siglo insignidos de tan 
alta prerogativa. Desde los primeros siglos, y 
mucho mas, desde San Silvestre en el principio 
del IV se hace mención en las historias ecle- 
siásticas de Presbíteros y Diáconos Cardenales, 
(¡ue eran los que administraban las Iglesias y 
tUuhs de la ciudad de Roma. En los escritos de 
S. Gregorio Papa se pondera mucho su digni- 
dad. Pero es igualmente cierto que hasta el si- 
glo de que hablamos, no se conocieron en Koma 
Obispos con el título de Cardenales. Dcsi)ues 
de esa fecha en er discurso del siglo XI, este 
título fué dado á los obispos de los 7 suburbios 
de Roma por ser los principales y los que asis- 
tían al Papa al celebrar los divinos oficios. Con 
ellos se contaban aun 28 Presbíteros cardena- 
les y 18 Diáconos cardenales, y á todos esos por 
el decreto de Nicolás II, fué restringido exclu- 
sivamente el derecho de elegir el Papa. El nú- 
mero de los cardenales sufrió después varios 
cambios; en el dia no puede haber mas de 70, de 
los cuales G Cardenales Obispos, 50 Presbíteros 
y 14 Diáconos; y aun muy raras veces se halla 
el sagrado colegio en su número completo. 

A pesar de haber coartado este derecho á los 
.solos Cardenales, sin embargo todo el clero y el 
pueblo seguia interviniendo en la elección, hasta 
que Inocencio 11 en el siglo siguiente lo prohi- 
bió, j con mucho acierto, para cortar los abusos 
y discordias que ocasionaban con su presencia. 
('On arreglo á este decreto, Celestino II fué el 
jirimero en ser elegido por los solos cardenales 
,sin la asistencia de otros; y esta medida IV.é so- 
lemnemente conlirmada por Alejandro 111, en 
1179, en el Concilio General III de Letran, 
como muy útil )'■ necesaria; y añadió otras sa- 
ludables disposiciones i)ara hacer una buena 
("lección. Una de estas es que bastan las dos 
' ierccras pai'tcs de votos de los cardenales pre- 
r.entes para (pie la elección del Papa sea legíti- 
ma y canónica. 

Un solo ejemplo hay en los siglo.s posteriores 
de (jue otros eclesiásticos además tic los carde- 
nales hayan tenido parte en la elección del Papa, 
y fué en el Concilio de Constancia reunido para 
la extinción del grande ci.-ma de Occidente, en 
el cual se verificó la elección de Martino V en 
el año de 1-M7. Para que la elección fuese 
mas satisfactoria, y la reunión de la Iglesia mas 



fácil, en el eonc'ave que se tuvo, además de los 
cardenales de las tres obediencias de Gregorio 
XII, Juan XXtíí, y Bí^nedicto XIÍI, fueron 
admitidos otros 30 prelados, 6 de cada una de 
las 5 naciones que forinaban el Concilio. Esta 
fué una condescendencia en un caso enterame.nT 
te excepcional. .■ ., 

Muchos pontíñccs hia establecido en diferen- 
tes épocas reglas sapientísimas para tener el 
conclave y ñicilitar. una buena elección. Prin- 
cipió Gregorio X en el Concilio General II de 
Lyon, en el año 1274, el cual aun estableció el 
oñcio tan honorílico de Mariscal del Conclave, 
confiándolo en p3rp3tuo á la noble familia Sa- 
velli, hasta que extinguida en el año 1712, pasó 
por decreto de Clemente XI á la fami'ia Chigi, 
que lo ejerce a-ítialmant;. C!e;nante . VI e:i 
1351, Pío IV en 15(32, Gregorio XV en 1621 
etc., añadieron otras leyes las cuales todas se 
observan hoy dia, y son un monumento de Ja 
sobrehumma sabiduría de lo5 Pontítices Rom.i- 
nos para cooperar con la divina Providencia en 
un negocio de tan gran trascendencia para la I- 
glesia universal. 

Antes de acabar citaremos el uso introducido 
ab aniiqno que los Papas cambian su nombre. 
Pero este cambio no es tan indispensable, que no 
puedan conservar el suyo, como entre otros hi- 
cieron Adriano VI y Marcelo II en el siglo XVI. 
Este cambio, según algunos, tuvo origen en la 
ocasión de llamarse Pedro un elegido, y que por 
reverencia al Santo Ap^j^^tul, prefirió tomar otro 
nombre, ejemplo (pie imitaron generalmente los 
demás. 

Todos los Poiitílices Romanos, ocupando la 
cátedra de S. Pedi-o, heredaron su autoridad de 
Pastores y Maestros de la Iglesia Universal, por 
lo (pie son llamados sucesores de S. Pedro, en 
cuanto le suceden en el mismo lugar y oficio. 
En ellos se dice que sigue S. Pedro á vivir, á 
gobernar la Iglesia y á hablar por boca de ellos; 
se dice aun (pie en estos vive, gobierna y habla 
el mismo Jesucristo en cuanto que ellos son sus 
vicarios visibles, de él lian rccil)id() la autoridad, 
y él los aíiste con protección especial. 



liOs Friiiiciscaiios cu Californiíi. 



El artículo á continuación, traducido del II- 
Justrated Abnonac por el año de 1878, servirá 
para dar una idea de lo (pie'pudo realizar, en me- 
dio de las poblaciones Indias de estas tierras, el 
celo y la heroica abnegación de los Misioneros 
Católicos. El i-roblcma de la civilización de 
los Indios, el estudio de la via mas fácil y expe- 
dita i)ara llegar á reduc¡ir en |)ueblos estas tri- 
bus errantes, y convertirlas en laboriosos agri- 
cultores y pftítores, abandonando la caza y stis 
hábitos silvestres, es un probbMiía cuya solución 



-n 



ha busc.iilo cu vano hasta ho}^ dia ftl Gobierno 
de los ív4ados Unidos; y cuanto mas hase afa- 
nado aecM'.a do él, tanto lo ha hecho mas com- 
plicado y difícil. Sin embargo los devotos y hu- 
mildes liijus del gran Santo de Asís habíanlo 
resuelto ya de iii;a manei'a tan admirable, que 
apenas lo creeríamos ahora si no lo atestiguase 
una historia irrefutable. 

No es de dudar que los trabajos de los Fran- 
ciscanos en Nuevo Méjico no tuvieran mas 6 me- 
nos los idénticos resultados de los de sus Her- 
manos cu California. Los documentos habra'n 
j)odido perecer, 6 estarán sepultados (¡uiéu sabe 
en cuál i'incon de la Nueva España ó de la pe- 
nínsula Europea, pero el historiador que los bus- 
care y sacare á luz revelaríanos que cuanto ve- 
mos ahora de los pueblos de Sandía, San Felipe, 
Isleta, Santa Clai'a, Santo Domingo, etc., etc., no 
son mas (pie pobre reliquia de lo obrado en otros 
dias por los infatigables Frailes Franciscos. 

Hé aquí el artículo del Ilhistrated Alvianac: 

"Cuando Carlos III suprimió en los dominios 
Espaiioles la Compañía de Jesús, el real decre- 
to no llego al Nuevo Mundo sino hacia el fm de 
1767. Fué llevado á Culifornia por un nuevo 
Gobernador, llamado Don (xaspar Portóla, (juien 
lo ejecutó con firmeza y comedimiento á la vez. 
J^ortola haciendo comparecer delante de él en 
Loreto al Padre Visitador, le leyó el contenido 
del decreto, y le intimó la orden de entregar á 
los Franciscanos, luego después de su llegada, 
todos los establecimientos que los Jesuítas po- 
seí in en la pi-ovincia, con sus fondos y pi'opie- 
dadcs. P]ntretanto se prohibió á los Misionei'os 
el ejercicio de sus ordinarias funciones. El dia 
3 de Febrero de 1768, los buenos Padres, des- 
pués de haber dicho un solemne adiós á sus líe- 
les, salieron del puerto de Loreto, raoralmente 
prisioneros, seguidos de las lágrimas 3' quejidos 
de sus amantes neólitos. Ellos habían gastado 
70 i;ños en la península de California; habían 
conveidido y parcialmente civilizado á cada uno 
de sus habitantes desde el Cabo San Lucas has- 
ta la-embocadura del Colorado, y dejaban tras 
sí catorce llorecientes misiones. 

"Los Franciscanos, destinados para suceder 
á los Jesuítas, hablan vivido por muchos años 
en otros puntos de la Nueva España, nuntpie no 
cu California hasta este tiempo. Cuando se en- 
c.irgaron de las abandonadas misiones, su supe- 
rior fué el Padre Junípero Serra, natural de la 
isla de Mallorca, de gran celo, valor 3^ espericn- 
cia entre los Indios idólatras. En Mayo de 
1769, el P. Serra fundó la misión de S. Fernan- 
do en Yilacata. Con una real cédula, fechada 
8 de Abril de 1770, se ordenó que las Misiones 
de California se dividiesen entre los frailes Do- 
minicos 3" Franciscos, 3' con consentimiento de 
los Superiores de ambas órdenes, el Yirc3' san- 
cionó que la península, ó baja California, fuese 



confiada á los primeros, 3' todo el territorio des- 
conocido hacia el norte, ó Alta California, fuese 
entregado al celo apostólico de los hijos de San 
Fi'ancisco. 

"Antes de este tiempo poco se conocía del in- 
terior de Alta California. Aun las costas no ha- 
blan sido sino im¡)erfectamente reconocidas por 
los navegantes, y la magnífica bahía de S. Fran- 
cisco quedó en su primitivo aislamiento. A la mi- 
tad del siglo XVI Cabrülo, haciéndose á la vela 
hacia el norte, dejó de observada; veinte años 
mas tarde, el pirata Drake, evadiendo los co- 
sarios Españoles, la atravesó sin apercibirse de 
ella; 3^^ el mapa del North Pacific hecho por 
Bueno 3" publicado en Manila, 1730, bien que 
generalmente fuese exacto, deja sin embargo de 
indic-'.rla. El honor de su descubrimiento, así 
como de la elección y colonización del sitio eu 
donde ahora yace la grande ciudad del Pacífico, 
es debido á los humildes frailes Franciscos. 

"El P. Junípero, sin desanimarse á la vista de 
un [)aís que no prometía mucho 3^ que había sido 
confiado á él y sus colaboradores, dio principio 
á la obra con un celo y energía que delua tener 
buen resultado. El 1" de Julio de 1709 llegó 
¡)or tierra á San Diego juntamente con los PP. 
Crcspi, Bíscaiuo, Parrón 3^ Gómez, 3^ con el au- 
xilio de los marineros de dos pequeños buíjues, 
el San Carlos y San Antonio, levantó una casa 
de n)ísion, que fué dedicada en la fiesta de Ntra. 
Sra. del Carmen. Inmediatamente se dispusie- 
ron expediciones [)or mar y por tierra para des- 
cubi'ir de nuevo la bahía de Monterev visitada 
en 1602 por Vizcaíno. Nadie sin embargo, lle- 
nó intento. Los exploradores del interior ca- 
pitaneados ¡)or el P. Cres})i 3^ el Gobernador 
Portóla, salieron de San Diego el 14 de Julio, y 
después de increíbles fatigas llegaron á vista de 
la bahía de San Francisco, el 2 de Noviembre, 
habiendo pasado la de Montere^' sin observarla. 
Estando sus provisiones á punto do acabarse, ni 
lleo;ando á divisar los buípics, viéronsc obliga- 
dos á regresar. El 9 de Diciembre llegaron al 
|)Uci'to de Pinos en donde plantaron una cruz, y 
luego á San Diego después de una ausencia de 
seis meses. La expedición por mar, que se hizo 
á la vela desde San Blas, fué igualmente infe- 
liz. 

"En seguida después se dis|)Uso otra expedi- 
ción, dividida también en dos partes, \ logró 
llegar á Monte rey hacia el fin de Mayo. Allí 
fundóse la segunda Misión. "El dia 3 de Ju- 
nio," escribe el P. Junípero, "siéndola fiesta de 
Pentecostés, todos los oficiales militares 3' do 
marina y el pueblo se reunieron sobre una altu- 
ra al pié de un encino, en donde hicimos levan- 
tar un altar 3^ repicar las campanas. En segui- 
da cantamos el Veni Creator, bendijimos el agua, 
erigimos 3' bendijimos una gran cruz, enarbola- 
raos el pendón real, 3^ cantamos la primera i\!i?a 



-94- 



qne fué celebrada en este lugar. Luego des- 
jjiies caiitaiiios la Sukc Reyina ante una imagen 
(le la Virgen, y terniiiiamos con el Te Deurn.'' 
Vi\ éxito do esta fundación animú tanto al P. 
Sorra, que escribió á la ciudad de Méjico para 
obtener mayor número de misioneros, y pronto 
se enviaron 30 religiosos para ayudarle. Una 
nueva misión se estableció en seguida en S. An- 
tonio, en las montañas de Santa Lucía, y otra 
en S. Gabriel, al norte de S. Diego, {¡or los PP. 
Cambrón y Somera. 

"Desde el principio la misión de San Carlos 
(Monterey) liabia ido prosperando, 3' su pacífi- 
co progreso fué solo j)arc¡almentc ¡nterrumi)ido 
))or un trágico aconteciuiiento, que [)aró en la 
imierte del P. Luís Jaime, quien puede apelli- 
darse el proto-mártir de California. Como to- 
dos los primitivos habitantes de ese país, los In- 
dios al principio reputados recelosos y estúpi- 
dos, eran dóciles y sumisos como niñcs, hasta 
(|ue por una causa desconocida se agrnpaion en 
número de mil, y dividiéndose en dos facciones 
acometieron la Iglesia, y el presidio. El Padre 
daimc. oyendo el motin, se lanzó de su choza 
l)ara apaciguar la muchedumbre; pero fué asal- 
tado, y quedando sin sentido por los (lechazos, 
y golpes de palo y otras armas, fué literalmente 
despedazado por los enfurecidos salvajes. El 
ataque contra la casa do jMision y el presidio no 
tuvo ningún resultado, y la llegada de pocos 
soldados de refuerzo puso término al desorden. 
La misión de los Dolores, establecida en donde 
ahora se halla la ciudad de San Erancisco, fué 
í lindada el año siguiente por los Padres Palón 
y Benito Cambrón . Para esto salieron dos cx- 
])edic¡oncs de Montcrc}', el día 17 de Junio, 3- 
llegaron al Pacífico los últimos del mismo mes. 
Se celebró por jtrimera vez la Misa en la fiesta 
do los Stos. Pedro y Pablo, (2(S Junio); se esta- 
bh^ció un ])residio y fué ocutiado el 17 de Se- 
tiembre, y el 4 de üct. 1 770, tiesta de S. Erancis- 
co, fué dedicada la Misión con las sencillas pero 
imponentes ceremonias (|ue en tales ocasiones se 
acostumbran. Desde este tiempo los trabajos 
de los Eranciscos no conocieron tregua. En 
dunde(iuiei'a surgían mi.siones (pie derramaban 
su benéfico iníliijo entre los ciegos paganos, y en 
menos de sesenta años después de la. llegada de 
los niisionei-os habia 21 establecimientos, (jue 
ocupa))an una extensión de terreno de mas de 
700 millas de largo, y comprendían 30,000 na- 
turales convertidos. Estos, juntamente con las 
fechas de su fundación, eran, San Diego. 1709; 
1^11 Carmelo, 1770; San Ecrnando, San Gabriel 
y San Antonio, 1772; San Luís Obispo, 1772; 
San Erancisco de Asís y San Juan, 1770; Santa 
Clara, 1777; San P>uenaventura. 1782; Santa 
Ikírbara, 1780; La Purísima, 1787; Santa Cruz 
y La Soledad, 1791; San Miguel, San Juan l)au- 
iista y San José, 1797: S. Luis, líey, 1798; Sia. 



Inés, 1802; San Rafael. 1817; y 5an Francisco 
Solano, 1823. 

"Cada misión al paso (pie ayudaba y coopera- 
ba con las demás en la buena obra de cristianizar 
y civilizar los salvüjes, ci'a ea sí misma el centro 
de un pequeño mundo industrial, en donde rei- 
naba la paz, j)i().^])ei-¡dad y orden completo. 
"Cada misión," escribe el muv Rev. P. Gonzá- 
lez, "era, mas bien (]ug una ciudad, una grande 
comunidad, cuyo pi'csidetitc era el misionero 
que distribuía igualmente los cargos \' los bene- 
ficios. Nadie trabajaba [¡ara sí mismo, y los 
])roductos de la cosecha, del ganado y de la in- 
dustria en que estaban empleados, eran guarda- 
dos, administrados y distribuidos j)or el misio- 
nero. El era el procurador y defensor de sus 
neólltos, 3' al mismo tiempo su jefe y juez de 
paz. Que el mantener, vestir y dar habitación 
;í los convertiilos fuese en sí mismo una tarea 
harto difícil, puede echarse de ver del he; hoque 
antes de la destrucción de las misiones, eran 
dueñf)S de 700,000 cabezas de ganado de dü'c- 
rcntes especies, y de 00,000 caballos; y cada 
año se cosechaban 120,000 fanegas de trigo, que 
con el maiz, alubia i (frijol), guisantes (albeijo- 
nes), etc., hacinn el importe casi igual ú la ex- 
tensión.'' 

"Conforme al clima,"" declara otro csci'itor, 
"las diferentes misiones rivalizaban entre sí 
en la producción del vino; aguardiente, jabón, 
cordobán, |)ieles, lana, algodón, cáñamo, lienzo, 
tabaco, sal y soda; ca<lu año se mataban 100, - 
000 reses, 3' la carne (]ue sobraba con los cue- 
i'os, cuernos, sebo, ¡iroducian una renta anual 
de un millón, (¡ue se gastaba todo en Ijcnelicic de 
los connaturales ijue vivían felices y contentos." 

"Con todo, este estado de cosas parecía de- 
masiado bueno pnra (¡ue durase. 1^1 primer gol- 
pe dado á las misiones l'ué un decreto de his 
Cortes revolucionnrías Españolas de ISli): pero 
el mas l'atal, por sei- el mas poderoso. l"ueron las 
arbis del (■ongreso Mejicano de 1828-3)). Este 
(juitaba á toilos los misioneros todo poder, y po- 
nía al (Jobierno Mejicano en posesión de las pro- 
piedades de las misiones. Tres años mas larde 
las misiones se mudaron en parr()(]uias. La Alta 
3' Paja California llegó á ser una diócesis 3' se 
nombró un Obispo (pie sustituyes(> al l*rcsiden- 
te de las Misiones. Los Indios privados de una 
A'cz de sus guias espirituales y del vínculo so- 
cial (pie los mantenia unidos, pronto perdieron 
su piedad y templanza haltitiial. abandonaron su 
industria, 3' en pocos años todo lo (pie (piedaba 
de la obra (le los buenos h'i-aiieiscanos no era otra 
cosa sino las ruinas de sus Iglesias, v los cadá- 
veres de 80,000 Indios eiistianizados cuyas al- 
mas liabian salvado." 



95- 



LA HERMANA DE LA CARIDAD. 

No liacG muchos años, nosotros mismos podemos 
recordarlo, gemia en el leclio de la. caridad un hom- 
bre enfermo, próximo acaso á la muerte, y obstinado, 
á pesar de esto, en olvidar á Dios, y aún en blasfemar 
de su justicia y negar su misericorJia. 

Nadie podia llegar á su lado sin escuchar las mas 
terribles imprecaciones, 6 exponerse á las consecuen- 
cias de su impotente cólera. Sus violentos dolores 
extraviaban su razón, y no tenia para sufrirlos la 
santa resignación del cristiano. 

Los médicos hablan recetado una bebida calmante; 
pero el infeliz, exasperado por la ineficacia de los an- 
teriores medicamentos, se negaba obstinadamente á 
tomarla, llegando al parasismo del furor cuando ve- 
nían á ofrecérsela. 

Los que le rodeaban se hablan alejado todos, can- 
sados ya de la inutilidad de sus esfuerzos. 

Pero si todos le abandonaban, el ángel de la pa- 
ciencia, la Hermana de la Caridad aiin estaba allí. 

Con la mirada suplicante y con el ruego en los la- 
bios se acercó al desgraciado, ofreciéndole con mano 
amorosa aquella poción salvadora. 

Una blasfemia espantosa y una cruel amenaza fué 
la respuesta que obtuvo. 

Sin embargo, ella insistió. 

Pero aquel hombre era un impío; estaba desespei'a- 
do, y arrojó con furor la medicina que se le ofrecía, 
amenazando de nuevo á la indefensa enfermera. 

Por segunda vez la Hermana se aproximó á aquel 
lecho, y por segunda vez rogó y suplicó, ofreciendo al 
enfermo el vaso que contenia la medicina traída de 
nuevo. 

Su voz era dulce, sus palabras persuasivas, su mi- 
rada llena de unción y de piedad. 

— Tomad, dijo, tomadla en nombre de Dios. 

Y acercó su mano para levantar aquella cabeza 
con un ademan suave y tierno como el de una madre 
amorosa. 

Entonces aquel hombre se incorporó rígido y aira- 
do; sus miradas estaban inyectadas, sus dientes cru- 
gían apretados con fuerza; y en la explosión de su fu- 
ror tomó de nuevo el vaso y le arrojó, no lejos de sí 
como la vez primera, sino á la casta frente de la reli- 
giosa. 

El líquido cegó aquellos ojos ú inundó aquel sem- 
blante angelical, produciendo el golpe una herida pro- 
funda; pero ni una queja, ni unn reconvención brotó 
de sus labios: sólo una lágrima triste y dolorosa se vio 
rodar por sus mejillas. 

Enjugó lentamente su rostro y permaneció en su 
puesto, limpiando después con su pañuelo la frente y 
las manos del enfermo, salpicadas y mojadas también, 
con una solicitud y un cariño sin igual. 

Al ver aquella sangre, al ver aquella gota de llanto, 
el iracundo enfermo se sintió avergonzado de sí mis- 
mo: una cosa extraña pasó ante su vista, y su corazón 
experimentó un sentimiento desconocido. 

Pasado el primer momento, la Hija de san Vicente 
hizo un lijero movimiento para alejarse, y el desgra- 
ciado le preguntó rápidamente con voz sombría y con- 
fusa: 

— ¿Os vais? 

— Sí, yo creo que ha pasado vuestro enojo, y ahora 
quizá ... 

, —¿Qué? dijo admirado aquel hombre, viendo la dul- 
císima sonrisa que había acompañado á estas pala- 
bras. 



— No os resistiréis á tomar esa bebida que encierra 
vuestra salud. 

— Y ... ¿la traeréis otra vez? preguntó con emoción 
y asombro. 

— Y otras mil si fuese preciso. 

— Pero ¿esa sangre? . . . 

— Yo daria toda la mía por aliviar vuestro mal, — 
dijo ella con una voz tan sentida y dulce que hizo es- 
tremecer la última fibra de aquel agitado corazón. 

Entonces, como las puras aguas de un impetuoso 
torrente, ocultas y contenidas por una capa de gro- 
sera tierra, saltan y se desbordan cuando una mano 
hábil rompe de un solo golpe su fuerte dique, así el 
manantial del llanto estancado en aquella alma por 
tantos y tantos años, brotó en ancho caudal, devol- 
viéndolo la olvidada fé y la perdida esperanza. 

— ¡Creo en Dios! gritó al fin aquel hombre en el 
exceso de su emoción, con voz desentonada y angus- 
tiosa; ¡creo en Dios, y en los santos, y en los ángeles, 
porque vos sois uno de ellos! Sí, hay un cielo; de allí 
venís vos, porque en la tierra no sabemos hacer estas 
cosas: hay una eternidad, porque es preciso que la 
haya para premiar tanta virtud. ¡Oh! no me dejéis, 
no me dejéis por Dios, y enseñadme á esperar, ya 
que me habéis enseñado á creer! 

Estas palabras estaban dictadas por un sentimien- 
to real y sincero, porque una hora después, y cedien- 
do á los deseos del arrepentido pecador, Jesús sacra- 
mentado descendía á su pecho, purificado ya por el 
arrepentimiento y la contrición. 

Lo que no habían podido hacer los mas sabios con- 
sejos, las mas severas exhortaciones, lo consiguió uuñ 
sola lágrima y una gota de sangre humilde y sola. 

Dios quiso coronar la obra llevada á cabo por la 
caridad, y devolvió la salud al enfermo, que ya le in- 
vocaba esperando en su bondad. Hoy vive aun; hoy, 
en vez de dudar espera; ora en vez de blasfemar, y su 
miseria es menos penosa y mas llevaderos sus dolo- 
res, porque la oración y la esperanza son el consuelo 
mayor. 

EL REINADO DE LOS PAPAS. 

El reinado de los Papas ha tenido muy diversa 
duración, que ha oscilado entre límites extremos, ta- 
les como el número de 31 años, 7 meses, 22 días que 
ha durado el de nuestro inmortal Pontífice Pió IX, y 
el de dos días que duró el pasajero pontificado de 
Esteban II, quien no llegó á ser consagrado, circuns- 
tancia que la historia señala también en Juan XV, en 
Urbano VII y en Celestino IV. Reinaron solo días 
Bonifacio VI, Sisinio, Teodoro II, Marcelo II, Dáma- 
so II, Pió III y León XI, ninguno de los cuales S(! 
sentó en la silla de Pedro mas de un mes. 

Cuarenta y cuatro Papas reinaron menos de un 
año; veinte y dos, dos años; diez y nueve, tres; diez y 
seis, cuatro; diez y siete, cinco; nueve, seis; siete, sie- 
te; catorce, diez; once, once; nueve, doce; seis, trece; 
siete, catorce; diez, quince; uno solo reinó diez y seis 
años y otro diez y siete; seis, diez y ocho; tres, vein- 
te; tres, veinte y uno; dos, veinte y tres; uno solo 
veinte y cuatro. Solo Pío IX ha superado los veinte 
y cinco años que duró la pei'manencia de S. Pedro en 
Roma. 

Graves inconvenientes suelen presentar los perío- 
dos de mando demasiado lai'gos, así como aquellos 
que son demasiado breves. El Pontificado se ve suje- 
to á la prueba de unos y otros. 

Un mando por corto tiempo no suele realizar gran- 
des cosas: titubea, estudia, ensaya, raras veces ejecu- 
ta. 



Con todo, á San Antero, que no reinó sino un mes, 
se atribuye la idea del Martirologio; San Agapito I, 
en diez meses, hizo cosas importantes y sufrió extra- 
ordinarias fatigas; Gregorio XY se inmortaliza con la 
creación de la Propaganda, obra inmensa de un pon- 
tificado de dos anos y cinco meses; León X merece 
dar nombre á un siglo en que uo llevaron sus sienes 
la tiara sina ocho años y ocho meses. 

Por el contrario los reinados largos lo experimen- 
tan todo, todo lo ensayan, y por dejar mucho tras 
sí, no dejan cosas sólidas y permanentes.^ 

¡Qué maravillosa unidad, que portentosa obra de 
legítimo progreso ofrecerií á la consideración de la 
posteridad el pontificado de Pió IX! 

El Pontificado, pues, sufro la prueba do la breve- 
dad del tiempo y triunfa de ella, como de todas las 
demás, victoriosamente, 

DEL LUTO EN LAS DIFERENTES NACIONES. 

La manifestación exterior de los pesares varia se- 
gún las religiones, los climas y las costumbres. 

Los pueblos de Oriente adoptan por lo general los 
coloros claros. 

Los pueblos de Occidente eligen los colores som- 
bríos. 

Así pues, los japoneses llevan el luto de color blan- 
co; los chinos, de amarillo; los turcos, de azul; los 
etiopes de color de gris; los egipcios, de color de oja 
seca; mientras que los europeos y sus descendientes 
lo llevamos de negro. 

En las Indias, las viudas, á fin de dar muestras de 
su dolor, se arrojaban en otro tiempo sobre la ardien- 
te pira. 

Entre los cafres se cortan las mismas un dedo 
cuando pasan á nuevas nupcias. 

Los señores y señoras de la corte, en tiempo de la 
primera raza, asistían en Francia á los entierros con 
los cabellos esparcidos y cubiertos con ceniza, y en 
algunos pueblos de los grupos de Hologen, en los 
mares del Sur, las barcas se quedan amarradas en la 
ribera después del fallecimiento de un jefe. 

Cuando moría algún jefe en las Gallas sus criados 
se daban violentos golpes, y degollaban uno de ellos 
y un caballo en señal de duelo, para que en el otro 
mundo sirvieran á su amo. 

El luto y las ceremonias fuuerciles han variado en 
casi todos los pueblos. 

Los griegos y los' romanos pagaban plañideras y 
quemaban sus muertos; los egipcios los embalsama- 
ban, y los franceses de la Edad Media hacían hervir 
y salaban á los que querían libertar de la destruc- 
ción. 

El cadáver de Enrique V. rey de Inglaterra y de 
Prancia, que falleció en Vincennes en 1422, fué tra- 
tado de aquel modo según Juvenal de los Ursinos. 

En el entierro de Carlos VI, los presidentes de los 
tribunales, vestidos de gran uniforme, llevaban las 
cintas del paño mortuorio, que eran de oro; el escu- 
dero mayor marchaba delante con un corcel cubierto 
con satén blanco; los individuos del parlamento iban 
vestidos de escarlata, y los escuderos y criados se- 
guían vestidos de negro. 

Los re3-es de Polonia se vestían sacerdotalmonte el 
día de su coronación, y se enterraban después con 
aquel vestido, que no les había servido nada mas que 
para un día. 

Durante mucho tiempo las reinas viudas de Fran- 
cia se vistieron de blanco, de donde les vino el nom- 
l)re de reinas blancits, conservado por la historia á 
machas de ellas. 



M- 

Los príncipes hoy reinantes y los cardenales gas- 
tan el luto de color morado, por un tiempo marcado 
vigorosamente según la etitjucta. 

Por el Papa no se lleva luto. Mas así como la igle- 
sia conserva el eterno luto de su Dios crucificado, 
igualmente en ambos hemigferíos, en toda.s las nacio- 
nes, en todos los pueblos, el luto de la persona verda- 
deramente querida se lleva siempre en el corazón. 

CODICIA CASTIGADA. 

En Aymavilles, pueblecíto de las regiones alpinas, 
abriendo un labrador ciertos terrenos árido?, descu- 
brió una urna romana de regular tamaño. Un júbilo 
subitáneo le llenó el corazón, é imaginando, e que en 
la urna estarían encerrados tesoros, joyas, dinero, in- 
continenti de una azadonada la hizo pedazo.';, igno- 
rando que la urna sana podía valer mas que todo su 
contenido. En efecto, en vez do oro, perlas y dia- 
mantes, no encontró sino polvo y ceniza, unas cuantas 
monedas de bronce con la efigie de emperadores ro- 
manos do los siglos tercero y cuarto, á saber, Maxen- 
cio, Maximiano, Constancio, Licínio, Graciano, y dos 
pequeñísimas estatuas de Mercurio y Ceros. Viendo 
burladas sus esperanzas el buen hombre esparció al 
aire las cenizas, quizás reliquias de algún antiguo 
patricio romano, y llevó las monedas y estatuas á su 
mujer la que fuese en segida á cambiar los pocos 
sestercios antiguos en moneda corriente. A haber 
hecho el hallazgo un anticuario, le hubiera enloque- 
cido la urna. 

LA TASION EN ESCENAS AUTOMÁTICAS. 

Un fraile Capuchino de Turin (Italia) ha construi- 
do una obra mecánica muy grande y complicada con 
la cual se representa de una manera maritvíllosa la 
pasión do Nuesti'o Señor, desde su condenación de- 
lante de Herodes hasta su muerte en la cruz. Sobre 
una plataforma que retrocede constantenxnte com- 
parecen nuevas figuras y mudan las escenas. Las fi- 
guras ejecutan movimientos que remedan perfecta- 
mente los de personas vivas, y son aden:á.«, junta- 
mente con las escenas, obras maestras del r.rte. El 
pueblo que clama pidiendo la muerte del Sí Ivador os 
representado por un numeroso gru})o de figuras, 
cuyos gestos y ademanes son admirablemenle distin- 
tos. Las caídas debajo de la cruz son al propio tiem- 
po naturales y conmovedoras. Oyese perfectamente 
el silbido de los azotes. Las escenas en el lugar de la 
ci'ucifixion y la muerta del Señor sobrepujan toda ala- 
banza, y un periódico de Turin dice que el solo de- 
I fecto del mecanismo consiste en que las figuras no 
' pronuncian las palabras do ima nmnera as;iz ínteli- 
gíblo y distinta; pero el fraile dice que remediará este 
inconveniente, y su obra ganará probablemente la ad- 
miración de todos en la próxima expcsícicn de París. 
(Traducido del N. Y. Sun.) 

UN ANFITEATRO ROMANO EN VENTIMIGLIA. 

El profesor Gírolamo Eossi, inspeotor de las exca- 
vaciones en la provincia de Porto Maurizio (Italia), 
acaba de descubrir un anfiteatro romano en la llanu- 
ra ocupada antiguamente por la ciudad de lutemelio. 
El edificio está formado de hermosísima piedra dura 
de Turbia. La porción desenterrada hasta ahora 
¡íresenta una solidez v belleza que provocan la íidmi- 
racion de todos los espectadores. 



femiob: 






Se publica todos los Sábados, en Las Vegas, N. M. 



2 de Marzo áe ie78. 



Iúin.9. 



ríOTICIAS TEllRITORIALES. 



?¥gise^'íí .l'IéJR»®. — Eecibimos del P. F. F. M. Les- 
tra la siguiente caita: 

"Lourdes (Franviaj 31 Je Enero 1S78. Señores. Hace 
dos dias que llegamos á Lourdes cou 8u Señoría lima. 
Apenas habíamos reconocido nuestros cuaitos, cuan- 
do bajamos á la Gruta. Ya ora noclie. Ál mirar la 
estatua do la Virgen Inmaculada quede como atóni- 
to: una emoción profunda se apoderó de mí. Yo nis 
hallaba por primera Tez en los lugares en donde Ma- 
ría S3 complace en manifestar su poder y su boadíul; 
en donde la piadosa Bernadelte contempló diez y 
ocho veces la hermosura incomparable de la Yírgeii. 
No me cansaba de mirar á Mario, que semejante á la 
paloma, mencionada en la Sagrada Escritura, se es- 
condo en los agujeror; do la peíía, para llamarnos le- 
jos del mundo. Por doquiera reinaba el silencio; al- 
gunas personas postradas en el í'ueío rezaban. El 
suave murmullo de la fuente milagrosa parecía una 
voz harraoniosa que oraba. Yo me sentía traspoita- 
do á otra esfera. Nosotros también nos postramos á 
los piós de JMaria Santísima invocándola sobro todo 
para nuestra Diócesis, y yo en particular para mi 
Parroquia de Peoos." 

"¿Qué diré de la Basílica de Lourdes? Al entrar 
en esto Santuario queda uno asombrado al ver la 
hermosura, el orden, la riqueza que lo adornan. No 
parece sino que la piedad y la devoción hacia Masía 
Inmaculada han agotado sus esfuerzos para edificar 
en su honor un templo digno de Ella." 

"Su Sefioría goza de muy buena salud. Tal vez 
volveremos á Nuevo Méjico á fiaes de Abril; si el Sr. 
Arzobispo no pudiese salir en ese tiempo, yo me pon- 
dría primero en camino, con algunos padres que espe- 
ramos conseguir." 

Una carta particular nos informa que en la Cirue- 
la, Condado do Mora, con ocasión de no sabemos qué 
carreras, peleas de gallos y bailes, fueron muertos cua- 
tro hombres (otros nos han dicho cinco) , y seis que- 
daron heridos. La misma carta nos dice que ea La 
Junta un hombro liiiió muy gravemente á su esposa, 
que estaba encinta. Aquí en Las Vegas, delante do 
nuestra misma casa, no hace mucho, cuatro hombre» 
asaltaron á ua pobre negro, y bí al momento no ealia 
un Padre para ver lo que era, lo hubieran muerto. No 
es nuestro asunto indicar qué medidas deben tomarse 
contra crímenes semejantes. Solo sabemos que eu 
nuestro Territorio se estfín aumentando cada año mas 
de una manera espantosa, y que debe emplearse al- 
gún remedio pronto y eücaz, si no se quiere que este 
país so vuelva una tierra de salvajes. ¡Ah! sí en lu- 
gar de ocuparse tanto do Jesuítas, nuestros oficiales 
y magistrados so ocupasen algo mas de la recta y se- 
vera udministracícn de la justicia, ¡cuan agradecido 
les quedariti nuestro Territorio! 

AIL^íEíjSBeríjtse. — "El dia 13 de este mes so reci- 



bió aquí oñcialmente la tristísima noticia del fall;_i- 
miento do nuestro Padre Scmío Pío IX, por una carta 
del Sr. Vicario General de Santa Fé. El S'guieníe 
dia se comunicó á las diferentes plazas de esta Par- 
roquia, avisando á ¡a vez para que hasta el próximo 
Lunes indu'ñvá .en todas las Capillas y Oratorios se 
hioÍ3sen sufragios y se doblase tres veces al dia. Sa 
las invitaba también á que asistiesen á los funerales, 
que en esta Iglesia se harían el 18 del mismo mes. 
Al propio tiempo los Señores Don Cristóbal Armijo, 
Don Ambrosio Armijo, Don Néstor Montoya, D. To- 
más C. Gutiérrez, Don Francisco Armijo y Otero, j 
Don Manuel García de común acuerdo mandaron im- 
primir un aviso piíblico, convidando á todos los Jue- 
ces de los Precintos de esta Parroquia á una Jirnta 
pública en la Casa de Cortes para expresar los senti- 
mientos de su dolor por tan grande pérdida: y á que 
no tuviesen en tal dia cortes oficiales. El Lunes, 
pues, 18, á la 10 de la mañana se dio principio á los 
funerales con la Misa solemne, á la que siguíes j inme- 
diatamente la Oración fúnebre, y se acabó con las .nb- 
solucioaes acostumbradas en las exequias de los Su- 
mos Pontífices. Desde la mañana del mismo dia so ce- 
lobraron Misas do Réquiem, y en todas hubo muchas 
Comuniones, las que pasaron de doscientas. El con- 
curso fué muy grande, pires h.^bia acudido casi toda 
la Parroquia; y no bastó la Iglesia para contener la 
apiñada muchedumbre: en la que no obstante se ob- 
S'jrvó la m.as religioea devoción y el orden mas com- 
pleto. La Iglesia estaba del todo enlutada: el altar 
mayor, las cokimnas del crucero y de la entrada, las 
paredes, el pulpito y el coro estaban con mucho gus- 
to decoradas. El catafalco ostentaba en su cumbre 
al pié de la Cruz las insignias Pontificales, y estaba 
adornado con cuatro inscripciones latinas y una pro- 
fusión de luces dispuestas cou admirable orden y si- 
metría. Otras cuatro inscripciones ea español colo- 
cadr.s sobre las paredes opuestas al catafalco daban 
las ideas mismas contenidas en las latinas. En la fa- 
chada de la Iglesia habia otra en español, que invita- 
ba al pueblo para la fúnebre ceremonia. Se habían 
barrido las calles de la plaza y fijado los carteles de 
aviso sobre fondo negro junto á las puertas de las 
princip¡Ues casas: la bandera estaba enlutada y á me- 
dia hasta, y toda la gente vistió de negro y llevaba el 
luto. AcAb:iida ]¿ función todos los Señores, en núme- 
ro de unos cuatro cientos, formados err procesión die- 
ron una vuelta por toda la plaza en triste y edificante 
silencio, y luego so reunieron en la Casa de Cortes, 
que estaba decorada á luto y adornada con una ele- 
gante inscripción, donde organizada formalmente la 
Junta £8 prouuaciarcn algunos discursos, y se toma- 
ron resoluciones muy honrosas para el espíritu cató- 
lico de estos feligreses." 

No pijdemos por falta de espacio imprimir aquí to- 
das las i.iscripeiones que nos ha enviado nuestro cor- 
responsal. Solamente damos aquí como prueba la ins- 



98- 



cripcion que se Icia en frente de la Casa de Cortos. 

ClUDADANOiS Dl¿ AlUIQUEUQUE 

Hijos Amantes de la Iglesia Católica 

EXPRESEMOS HOY NUES'iKO PliOFUNDO DOLOlí 

POIÍ LA rÉIiDlDA IKIiErAllABLE 

DEL MAS QUE«IDO DE LOS P.VDRES 

DEL MAS Gü.VNDE DE LOS PONTÍFICES 

NOTICIAS NACIONALES. 



S-Isíad«!^ S'bíííSow. — Dice el ('hh'fkiln de Pueblo. 
"Otro montón de ropa sucia nacional está sacándose 
facra para lavarte delante de los ojos del mundo ad- 
mirado. Aludimos á los fraudes cometidos en el ne- 
gocio del Venezuela daims moard. Un cierto Mur- 
ray, hombre de cara tan empedernida como la del fa- 
moso Boss Tweed, escribe una carta cu laque so con- 
fiesa culpable de haber robado $150,000 de los $250- 
000, concedidos á Peales, Nobles }• Garrison, y de ha- 
ber dividido los despojos entre el Ministro Americano, 
el Comisionado Americano, el Juez y él mismo. Lo 
que en todo este negocio es mas digno de notar, es 
que de todo esto fué á tiempo informado el Secreta- 
rio Fish, y la persona que llevaba esta información 
supo que su información llegaba ya tarde. Parece 
que el Gobierno de Venezuela insistió para que se 
publicase todo el enredo; de modo que tendremos 
otro ejemplo de la horrible corrupción de la adminis- 
tración de Grant expuesto á la luz del dia." 

^"eiv Yos'ii, — El telégrafo nos da algunos por- 
menores del funeral celebrado en honor del Sumo 
Pontífice Pío IX en la Catedral de San Patricio en 
Nueva York. La ceremonia fúnebre duró desde las 
9\ A. M. has la 1,^ r. m.. El celebrante era el Obispo 
Laughlin. El oficio de los difuntos fué cantado por 
ciento cincuenta sacerdotes y cincuenta cantores. La 
Catedral estaba atestada de gente, y en la muche- 
dumbre se notaban algunos oficiales federales, del 
Estado y del Municipio. Alrededor del catafalco que 
se distinguía por una elegancia extraordinaria, había 
un cierto número de antiguos Zuavos Pontificios ves- 
tidos con su uniforme y llevando armas. El Obispo 
Lynch de Charleston pronunció el elogio fúnebre que, 
según el despacho, fué "un elocuente tributo á la me- 
moria del difunto Pontífice y á su Iglesia." 

El mismo teh'grafo nos habla de otros funerales, en 
Provídeuce, cu Chicago, etc. 

litiá.^éaiia. — Nada puede imaginarse mas impo- 
nente que las ceremonias fúnebres celebradas en Nue- 
va Orlcaus en memoria y honor del finado Papa. Te- 
nemos á la vista el. programa, y sentimos no poder- 
lo copiar aquí por entero. La función empezaba con 
una misa sohnnne de iríjiñoii en la Catedral. Antes 
do la misa las campanas de todas las Iglesias católi- 
cas de la ciudad daban la señal de la función. En la 
Catedral una compañía de artilleros de Luisiana 
bajo el mando del Cor. Glynn hacia la guardia de ho- 
nor. _ Después do la Misa salió la procesión. Siete 
divisiones formadas en diferentes puntos de la ciudad, 
y bajo la dirección de siete mariscales componian es- 
ta inmensa procesión. El gran mariscal era el Gen. 
G. T. Beauregard. En elUí además del clero, de las 
comunidades religiosas, de un sinnúmero de asocia- 
ciones y congregaciones, etc., notamos: un destaca- 
mento de soldados do los Estados Unidos, que están 
de guarnición en Nueva Orleans, Marinos do la Ar- 
mada do los Estados tenidos, el regimiento do artille- 
ría de camiiaña do Luisiana, el 1" y 2 ' ro<>-imiento do 
infantería, el regimiento de artillería de Orleans, 
otros cuerpos militares, los veteranos de la guerra do 



1812, y do la guerra de Méjico; Su Excelencia el Go- 
bernatlor Sr. T. Nicholls y su Estado Mayor, el Gen. 
AY. S. Hancock U. S. A. y su Estado Mayor, el Gen. 
C. C. Augur U. 8. A. y su Estado Mayor, el Gen. R. 
de Trobriand U. 8. A. y su Estado Mayor, etc. To- 
das las cortes de justicia, la Corte criminal Superior, 
la Corte de Distrito de los Estados Unidos, la Corte 
Suprema de Luisiana y el Senado se han prorogado 
en honor "del Justo que acaba de morir después de 
haberse siempre mostrado en todo el curso de su lar- 
ga vida, grande en las adversidades, noble en sus vir- 
tudes, eminente por sus cualidades, y tal en fin que 
el honor que en los tiempos gloriosos de Eoma pro- 
venia de la calificación de ciudadano Romano, es na- 
da en comparación de la gloria de haber sido subdito 
de Pió IX." (Corte Criminal ) 

NOTICIAS EXTIiAN JERAS. 



IloiBsa. — La noticia déla elección del nuevo Papa, 
nuestro Padre Santo León xiii cundió en un momen- 
to por doquiera. Hé aquí como un corresponsal de 
Eoma al Times de Londres, diario no católico, y uno 
de los mas irreligiosos de Europa, describe al Carde- 
nal Pecci, que acaba de ser elegido. "El Cardenal 
Pecci, hoy dia Papa, tiene una hermosa cabeza, fren- 
te alta que va estrechándose hacia las sieues,cara lar- 
ga y facciones derechas. Tiene boca grande, grande 
barba, semblante alegro y abierto, grandes y bien for- 
madas orejas. Su rostro se parece al de Consalvi, el 
renombrado ministro de Pío YII. Su voz es sonora 
y hermosa: sus modales son dignos y severos en Ja 
vida pública, pero en la privada es afectuoso, modesto, 
y como Camerleugo ha sido jefe de aquel partido, que 
sin renunciar formalmente á los derechoí. de la Santa 
Sede, cree prudente someterse á les decretos de la 
Providencia y aceptar los que parecen irrevocable- 
mente hechos consumados. La opinión general es 
que en cuanto á ciencia, tino, energía, dignidad, ama- 
bilidad, mérito moral verdadero, y sincera piedad, el 
Sagrado Colegio no podía hallar un Papa mas digno 
que el Cardenal Pecci. Su vida privada en todo tiem- 
po ha sido intachable. Tiene un notable talento li- 
terario, y ha escrito varias composiciones en verso. 
Nunca ha tenido que ver nada con las funciones del 
actual gobierno de Italia, pero es estimado do todos. 
Aquellos con quienes le es preciso tratar por motivo 
de sus deberos, quedan sumamente complacidos." 

Kiii^ía. — Un corresponsal do St. Petersburg al 
íS";/» de Nueva York dice que "mil y ochocientas Se- 
ñoras revolucionarias, han sido azotadas, y que las 
poblaciones enteras de algunas ciudades de la provin- 
cia de Kowno han sido desterradas á Siberia" ¡Qué 
gobierno paterno el de la líusia! Sin embargo los 
francmasones que, no hace mucho, nos aturdían con 
(jue el Presidente McMahon no quería aceptar un 
ministerio radical, nada tienen que decir contra el go- 
bierno de St. Petersburg. Pero para que los lectores 
entiendan mejor estas simpatías francmasónicas hacia 
la Husia, lean con atención los dos párrafos siguien- 
tes que sacamos del Acc Maria. 

No menos de -100 sacerdotes sin contar los Obis- 
pos están ahora gimiendo y arrastrando una penosa 
existencia en los desiertos de Siberia bajo la tiranía 
del Gobierno liuso. El número do los fieles de anibos 
sexos de todas edades y condiciones que allí mismo 
están padeciendo por su fé, subo á muchos millares. 
El llov. Ignacio INIichaeloAvicz, quien pasó 15 años de 
destierro en Siberia y ahora se halla en un convento 
de su orden en licmberg, Austria, ha publicado una 
relación muy iuteresaute do los padecimientos de los 






sacerdotes sus compañeros, de los que alguuos fueron 
muertos. Asi p.e. durante la octava de la Pentecos- 
tés 1871, el Kev. José Palowsky fué cruelmente asesi- 
nado por los campesinos, así como lo fué el Rev. Fé- 
lix Wasilcwski en 1873. El gobierno no hizo ningu- 
na atención á estas muertes, á pesar de que los asesi- 
nos fuesen bien conocidos. El p. Htotviuski, de la 
orden de los Capuchinos, de la edad de 71 años, mu- 
rió de frió y de padecimientos durante una marcha 
forzada de treinta millas en un solo dia, con quince 
grados bajo cero en el termómetro. En la misma mar- 
cha se helaron á unos secerdotes las narices, á otros 
las orejas, á estos la cara, á aqiiellos los dedos. La jor- 
nada á la que alude aquí el p. Michaelowiez duró ocho 
meses, durante los cuales no tenían para mantenerse 
sino diez Kopccks (casi 3 ceutavos)al dia. El mismo 
padreMichaelowiez hacia parte de la caravana. 

El Cardenal Simeoni había enviado una carta dig- 
na de consideración al Nuncio de la Santa Sede cerca 
de una de las Cortes Europeas, tocante á la extraña 
conducta del Encargado de negocios rusos en Eo- 
ma, y á la persecución sistemática del mismo Gobier- 
no Raso, no solamente contra la libertad, sino contra 
la misma constitución de la Iglesia y su misma existen- 
cia en los dominios rusos. Durante las romerías á Ro- 
ma con la ocasión del jubileo episcopal del Padre San- 
to, hubo una numerosa diputación da las provincias 
polacas, y el Papa en su discurso hizo manifiesta alu- 
sión al espíritu perseguidor de Rusia. El príncipe 
Ourousoff, entonces Encargado de negocios en Ro- 
ma, manifestó su deseo de que el Padre Santo en lu- 
gar de quejarse así en público, escribiese lo que te- 
nia que decir, de modo que se pudiese estudiar la 
cuestión diplomáticamente. Este deseo fué trasmiti- 
do al Papa, el cual ordenó que se escribiese un me- 
morial de las persecuciones que los católicos tuvieron 
que padecer de parte del gobierno de St. Petersburg, 
en Rusia y en Polonia. El memorial estaba dirigido 
al Príncipe Gortschakoff, y fué remitido al Encar- 
gado de negocios en Roma, quien poco después lo 
devolvió al Cardenal Simeoni, declarando que su Go- 
bierno no estaba acostumbrado á ser censurado de 
nadie, y que no se consideraba á sí mismo autorizado 
para enviar el documento á la Cancillería Imperial. 
Ea vano se esforzó el Cardenal Siuieoni en hacerle 
ver c|ue el acto que cometía no tenia precedentes en 
la historia de la diplomacia y daría margen á fatales 
consecuencias. El Agente Ruso quedó inflexible, to- 
mando sobre sí la responsabilidad de sus acciones y 
añadiendo: que -sí' la Scmía Sede deseaba la guerra, la. 
tendría. ¡Palabras de valor! pronunciadas por un A- 
gente del Grande Imperio de Rusia á un anciano en- 
cerrado entre las paredes del A^aticano. El Cardenal 
contestó que la Santa Sede ni motivó ni empezó la guer- 
ra, sino que esta fué declarada y continuada por lar- 
go tiempo por ei Gobierno ruso, y que este Gobierno 
añadió provqcaciones y amenazas. El Soberano Pon- 
tifica confiado en la ayuda de Dios se defenderá con- 
tra los obstáculos levantados contra la integridad de 
la Iglesia, y contra su dignidad j autoridad suprema. 
La carta del Cardenal, de la cual hemos hablado mas 
arriba, mira á poner á la vista del Gobierno de St. 
Petersburgo por medio de otros Poderes Europeos 
este estado de cosas, porque el Gobierno imperial ha 
dada carta blanca á su Agente en Roma, y mantiene 
cuanto este hiciese. La Rusia no haría mal en tener 
presente las orguüosas palabras del primer Napoleón, 
y cómo se cumplió su irónica profecía. ¿Y qv.é? dijo 
este Emperador, ¿piensan Vds.que caerán las armas de 
las manos de mis soldados? Sí, las armas cayeron de las 
pianos de sus soldados en la desastrosa campaña de 



Rusia. La paciencia de Dios es grande; pero no per- 
mitirá nunca que se haga mofa del Vicario de Cristo 
impunemente. Si la Santa Sede desea guerra, la tendrá. 
Tal vez la Rusia tendrá mas guerra que la que puede 
soportar. Es iniítil decir que el Cardenal Simeoni in- 
terrumpió cualquiera relación oficial con el Agente 
Ruso, hasta dar este completa satisfacción. 

'S'asaMpsfáí. — Según nos informan los despachos, 
Turquía está tergiversando, ni se da mucha prisa de 
aceptar las condiciones de paz que la Rusia le propo- 
ne. Nos parece que hace bien en esto: hay que ter- 
girvesar hasta que las otras potencias europeas deci- 
dan lo que deben hacer. No sabemos cuánta estima 
hacen los diplomáticos turcos de la diplomacia de los 
cristianos. Aliarse con Turquía cuando esta era una 
potencia respetable, y tenia un ejército valeroso y 
formidable, no; y ahora qus Turquía está casi mori- 
bunda, que su ejército está casi anonadado; ahora so~ 
lamente Austria é Inglaterra piensan en oponerse á 
la marcha triunfal de la Rusia. 

Issg-Ilítes'rja, — Esta potencia se prepara para la 
guerra. Seria inútil y molesto referir aquí porentero 
los pormenores do estos preparativos. Basta saber 
que desde el 13 de Febrero la armada inglesa pasó los 
Dardauelos, contentándose el Gobierno Turco con pro- 
testar. Se dice que los navios anclaron en la Isla de 
la Princesa en el mar de Mármora, 13 millas al sur 
de Constantinopla, Isla que Inglaterra cjuiere ocupar. 
La noche del mismo dia pasó en la Cámara inglesa 
un bilí para levantar £0,000,000 en bonos del Gobier- 
no. No hubo división de votoií, y casi ninguna dis- 
cusión. . , ; 
Asssls'isi. — Por parte del Austria ¡os rumores de 
guerra son mas determinados, y de mayor importan- 
cia. Un corresponsal de Pesth al Standard de Lon- 
dres dice: "La situación es considerada como muy 
crítica. El Emperador ha mandado llrtmar al Archi- 
duque Alberto, Field-Marshal, y Comandante en Jefe 
del ejército Austro-húngaro, para ponerse de acuer- 
do sobre algunas medidas militares muy importantes. 
Los periódicos, órganos del Gobierno, dicen que Ru- 
sia no ha mantenido su palabra, y que Austria se verá 
precisada á hacer la guerra juntamente con Inglater- 
ra, á fin de obligar la Rusia á mantener sus promesas 
y volver á su programa primitivo." 

Otro despacho de Viena dice: "Parece que en vis- 
ta de eventualidades muy posibles, el gran Consejo 
militar del Imperio se reunirá muy proiito. Entre- 
tanto las negociaciones entre Austria y Rusia conti- 
núan, y se espera que la Rusia tomará en considera- 
ción las objeciones del Austria á las propuestas bases 
de paz." 

Alesaafaailís» — LTn corresponsal de un periódico de 
Berlín escribiendo de Mecklenburg, da una .triste 
descripción de la situación de aquella provincia. De 
todos lados no se oyen mas que quejas. El costo 
de las cosas mas necesarias para la vida ha subido de 
tal manera que poco provecho se saca de la agricul- 
tura. El tráfico sufre por las condiciones generales 
del comercio estancado. Pero lo que mas pesa sobre 
la población de Mecklenburg es la disminución cada 
dia mas sensible de la exportación del maíz á Ingla- 
terra; la que ahora hace acopio de granos en li Rusia 
y en la América del Norte y del Sur: al paso que la 
misma Rusia envía cantidades considerables á la pro- 
vincias renanas y á la Alemania del centro y del Sur; 
países que por lo pasado importaban gran cantidad 
de grano de Mecklenburg. En este parte de Alema- 
nia, la agricultura ocupa un puesto tan importante que 
cuíindo los rancheros no hacen bastante dinero, todo 
el país sufre. 



100- 



SECCION RELIGIOSA. 



í--*"*^ •-^>— 



CILEXDARIO RELIGIOSO. 
MAKKO Sí). 

3. Domingo (?t Quinciia./csiinn.— Los Snntos ITouiitorio y Celedo- 
nio, soldados y Jíúrtires. Santn Ciincgniivüs, Empcrntriz. 

4. Lunes -fina Cnsiiniro, Key, Conf. San Lucio, Fp.\}n y Mártir. 

5. Martes— El ]5. Pablo Navarro y sus Compañeros, Mártires, de 
la Compaiiiiido .losns. San Teófilo, Obispo. 

G. Miércoles de Cetuzn; pr\:iiPr día del nyi,no de Cünrcrmn. S. Ma- 
riano, Obpo. y Mr. Santa Coleta, Virgen. 

7. ./i^ei-e.?- Santo Tomás de Aquino, Coní y Doctor. Las Santas 
l'e¡-pe ui y Felicitas, Mártires. 

8. ríVíVít,v— CoiuiKnioracií.n de k\ Corona de Espinas del Señor 
Nuestro Jesucristo. S. Ju.^n de Dios, Confesor. 

í». «Sainado— Santa Francis:n, Viuda. S. P/'ciano. ObiEpo. 

SAJíTA FRANCISCA, VIUDA E05íA?iA. 

Santa desde sr.s primeros rtños evitaba cuidadosa- 
mente los jiiego.s ydiversioues pueriles, y deseosa solo 
de las cosas celestiales, queria á los once años consa- 
grar su YÍ]-ginidad al Señor en un CouTento. Obe- 
deciendo, sin embargo, á la voluntad expresa de sus 
padres, abrazó el uiatrimoRio. En cate estado guar- 
do cuanto le fué posible las reglas de la vida retira- 
da, aborreciendo siempre teatros, bailes, convites, 
vestidos pomposos, toda vanidad y ornato; y consa- 
graba á la oración y al servicio del prójimo todq el 
tiempo que le quedaba de sus quehaceres j cuidados 
domésticos. Celosa de promover entre ias señoras 
romanas el desprecio del mundo y sus pompas, fundó 
la casa de las Oblatas del Monte OJiveto donde po- 
dían atender á la oración y al retiro. Sobrellevó con 
heroica paciencia el destierro de su marido, la pérdi- 
da de todos sus bienes, y varias oírsí calamidades, 
dando en ellas las gracias á Dios, v diciendo como el 
santo Job: "El Señor me lo dio todo; el Señor me lo 
ha quitado; bendito sea el nombre del Señor." A la 
muerte de su e.sposo fué á la casa de las Oblatas fun- 
dada por ella, y pidió con lágrimas de ser recibida 
como una humilde criada; y aunque de fr^milia noble 
no se avergonzaba de desempeñar los oñcro.g m&s ab- 
yectos, como .salir á mynndo á los bosquey, cargar lo- 
ña_ sobre au cabeza j llevarla al Convento, ó bien 
guiar por las calles mas concurridan de Roma un bor- 
riquito cargado do provisiones. Los pobres y loa en- 
forinos de los hospitales tcnian en Ifríiucisca uaa ma- 
dre. Blanda con los demás, solo era severa consigo 
miama, domando su cuerpo con frecuentes asperezas 
y ayunos. Su sustento parecía ser la oración; y con- 
tomphiba la pasÍDu del Salvador con tanto fervor de 
espíritu, que deshacíase en llanto y casi se desmaya- 
ba. Tuvo don de profecía y curación; y habiendo 
obrado vanos otros milagros, dejó esta vida y colma- 
dfi ae m-'ntos entró en el gozo del Señor, después de 
5í) años de vida mortal. Canonizóla Taulo V. 



»»i<s~- 



A NUESTRO PADRE SANTO 

LEÓN XIII. 

La Iglesia de Dios un os hkis viiuj;i; a Pio IX 
(le inmortal nn'moi-iii sucediu Lko.v XIíI. Kn ól 
la Iglesia recoiioco su l\)nt:'r¡co, y el orbe {.-vAú- 
lico, fieles y obispos, su Pastor "^Siiprcmo, v el 
nncvo Vicario do ^I. C. 



Joaquín Pocci, nació en Carpincto, Diócesis 
de Anagni, en los Estados Pontificios, el 2 de 
Marzo de 1810. Hoy mismo, pncs, dia en que 
se publica este número de ln Revist«i, cae el ani- 
versario de su nacimiento, j León XIII cumple 
08 años. Añádale Dios muchos oíros. Grandes 
virtudes j méritos debieron ornar sus años an- 
teriores. En efecto i la joven edad de cerca de 
?iO años le hallamos nombrado por Gregorio 
XVÍ Delegado de la Provincia de Perusa. Des- 
pués á los 33, en el Consistorio del 27 de Enero 
de 1843, Arzobispo de Damiata in partibus, y fué 
en calidad de Nuncio Apost. á Bélgica. A los 
30, en el Consistorio del 19 de Enero 1840, se 
le confia k diócesis do Perusa. Las memorias 
de aípiel tiempo ensalzan sa bondad extraordi- 
paria, y su ardiente celó. En fin. Pío IX le 
creó Cardenal Presbítero, en 19 de Diciembre 
de 1853, á los 13 años de su edad. 

Por la lamentada muerte de Pió IX el Card. 
Pecci, como adual Cameilcngo de la Santa Igle- 
sia Romane, quedó encargado del gobierno de 
la Iglesia $ede vacante. El Conclave para nom- 
brar el nuevo Papa, principió el dia J8 de I-V 
brero, el lunes por la tarde, con Gl Cardenales, 
hallándose ausentes solamente 4 del ni; mero 
total de los actusles. Dos escrutinios hubo en 
el dia siguiente, p.iartcs, 19 del mismo mes, sin 
efectuarse la elección. En c! tercTO del miérco- 
les, dia 20, el Cardenal Joaqtiin Pecci, i la 
sazón Obispo de Perusa, quedó elegido con la 
necessria msyo.'-ía de votos, y saludado Papa 
con el nombre de Lkon XIII. Poco después á 
la 1.30 p. m. el Card. Caterini, primero de la 
urden de los Canienalcs Diáconos, anunciaba 
desde la Loqy'ta del Vatieano 1a fausta noticia 
y el nombre del naoro I'apa. Hacia, lís 4.30 
precedido de los Canienalcs el nuevo í^umo 
Poutílice apareció en la JjOijgia, entre las acla- 
maciones de una inmensa multitud. El Padre 
Santo dio al [¡ueblo su [)r¡mera bendición ajios- 
tólica, y retiróse acompañado por los euíusfas- 
tas vítores de los fieles. Roma des¡)k'gó su re- 
gocijo, y todas las campanas de la ciudad cele- 
braron la feliz elección. La misma larde los 
Embajadores cerca de la Santa Sede fueron á 
presentar sus ¡¡rimeros homenajes al Papa, y la 
Católica Francia, la hija j)rimcgén¡ta de ;.■ Igle- 
sia, hacia deponer á los pies de Lkon Xlií, por 
medio del Conde Segur, y en nombre de los 
obispo.-s y fieles, una primera ofrenda jiara el 
dinero de San Pedro, un millón de francos 
(ÍÍÍ200,000). 

Lkon XÍII en una congi'cgacion de Cardena- 
les, tenida en el dia siguiente, Jueves, 21 del 
mes. anunció que aquel dia expcdiria una En- 
cíclica al mundo Católico anunciando su elección. 
Su coronación, por razón de las circunstancias 
actuales, tuvo lugar privadamente en la Capilla 



-101 



Sixtina del Yaticano, el domingo 24 de Febrero, 
á los cinco dias de su elevación. En todas las 
Iglesias de Roma se canto un Te Deum en acción 
de gracias á Dios por tan pronta y feliz elección. 

León XIII era comunmente designado como 
el Sucesor mas probable en el Sumo Pontifica- 
do. La voz pública pregona ya las nobles cuali- 
dades que adornan su ánimo: elevados conoci- 
mientos, virtud eminente, acierto en los nego- 
cios, energía de carácter, dignidad, amabilidad. 
Los votos del Sagrado Colegio no podían caer, 
pues, sobre un sugeto mas apto, ni correspon- 
der mas plenamente con las conjeturas y presa- 
gios formados acerca del nuevo Pontífice. Pero 
nosotros, á luz de la fé, reconocemos ahora y ve- 
neramos en León XIII, mas que á un simple 
mortal, al Vicario del Jefe invisible y eterno de 
la Iglesia de Dios; al Pontífice que Jesucristo 
mismo nos dio por manos de Pío IX, en cuyo 
lugar le coloco para perpetuar su divina misión 
cu la tierra hasta el fin de los siglos. Rija, pues, 
El mismo, y según la palabra que no pasará, 
asista propicio á su nuevo Vicario. Renueve en 
León XII [ las glorias del inmortal Pió IX; re- 
nueve las virtudes de los esclarecidos Pontífices 
que con el mismo nombre de León ilustraron la 
Silla de Pedro: la santidad de León Primero, 
El. Grande, y del Segundo, Tercero y Cuarto; 
la fortaleza de León Noveno, la magnanimidad 
del Décimo, la grandeza del Décimo-segundo. 



El dichoso acontecimiento de la elevación de 
LEaN XIII al solio pontificio no nos hace olvi- 
dar ni un instante al invicto Predecesor suyo 
Pío EL GrRANDE. Su mayor encomio son las ala- 
banzas que le tributaron, antes y después de su 
muerte, personas enteramente extrañas á la 
Iglesia de la que él era Cabeza visible. Pocos 
meses antes de que saliera de este mundo el 
gran Pió, el Times de Londres escribió de él: 
"Hay algo que conmueve y admira en esta su 
indómita fuerza de espíritu; y bajo este respeto 
Pío IX pasará á la historia del mundo como uno 
que hasta el extremo fué digno de sí mismo. 
Es raro el caso de un soberano, que habiendo 
vivido los años del Papa, después de haber atra- 
vesado tantos azares, sea capaz de mantener su 
energía y su influjo hasta el último instante. 
Por grande que sea la oposición á Pió IX, su 
persona impone respeto á la Europa." 



La vitalidad de la Iglesia Católica es el mila- 
gro viviente de todos los siglos, pero sobre todo 
del nuestro. ¡Cuántas veces hemos oido los cori- 
feos de la incredulidad desgañitarse en predicar 
que el Catolicismo ha cumplido su tiempo! Y sin 
embargo el Catolicismo vive, y de una vida tan 
vigorosa y lozana que refluye fuera de su in- 



mensa y grandiosa esfera, é infunde una centella 
á lo menos de su calor vital hasta en los cadá- 
veres esparcidos en su derredor. El mundo to- 
do no parece haber vivido en estos últimos dias 
sino de la memoria del gran Pontífice espirado 
en el Vaticano, y de la elevación de su Sucesor 
al solio dejado vacante por un solo momento. 
¿Cuál otra religión, cual secta cristiana atrae tan 
universalmente la atención de los pueblos? 



— «-^^ 



La Gaceta nos dice que ella no tiene j'es?«'to- 
foJjía. Está muy bien. Pero entonces su tez anti- 
jesuítica debe ser quizás efecto de algún colorete 
ó afeite comprado en las tiendas de Santa Fé, 
para aderezarse el rostro á la Axtell, y ser mas 
simpática á los ojos de aquel buen señor. Por- 
que 10 que ella dice, ¿qué le haremos? no nos 
puede entrar en la mollera. ¿A quién persuadirá 
esa pureza de intención de que hace alarde, 
cuando á tontas y á locas acumula contra los je- 
suítas 'pantas calumniosas acusaciones puede 
forjar su enferma fantasía? Señora Gaceta, si 
sol© os moviera á hablar ese jactado amor de lo 
verdadero y de lo recto, no imputaríais á nadie, 
sin examinar maduramente los hechos, los 
mayores delitos sociales de que puede ser reo 
un individuo ó una corporación: "echarse pecho 
al agua en la política,"' "organizar partidos," 
"iustií?ar movimientos de reacción." "fomentar 
antipatías de raza y nación," "dominar la legis- 
latura," y otras cosillas por el estilo. Cuando, 
sin investigar nada, por mera y sola sospecha, ó 
porque así piensan y escriben otros, se hacen 
tales cargos á un individuo 6 á una corporación, 
el darse tono de imparcialidad es una comedia, 
una mezcla de socarronería y de simpleza. — Los 
"privilegios extraordinarios'''' pedidos y alcanza- 
dos por los Jesuítas, son los mas ordinarios que 
piden y alcanzan y gozan todos los cuerpos en- 
señantes, de un punto al otro de los Estados 
Unidos. El jpolitician de La Gaceta sabe muy 
poco de las costumbres y lej'cs de su país, si 
esto ignora. — Las leyes y proyectos de leyes, 
atacadas por nosotros en nuestro periódico, eran 
leyes que nosotros juntamente con la inmensa 
mayoría del pueblo, consideramos inicuas y ti- 
ránicas; y el feaberlas atacado es tal delito, que 
sin miedo ninguno continuaremos combatiéndo- 
las á todo trance siempre que lo creamos opor- 
tuno. Gruste ó no guste á La Gaceta, y á toda 
la caterva de sus comadres, compadres y patro- 
nos, no se nos da un bledo. 



I 



Conclave para la eleciioíi del Papa. 



Habiéndose efectuado con el favor divino la 
elección del nuevo Pontífice León XÍII, antes 
Cardenal Joaquín Pecci, Obispo de Perusa en l- 
talia, explicaremos, para satisfacerla curiosidad 



102- 



(Ic nuestros lectores, y en continuación de lo que 
decíamos cu el número anterior, la manera 
como se celebra el Conclave para la elección del 
Papa. No ¡¡odremos d;ir las particularidades 
de la última elección, por no conocerlas todavía, 
pero siendo el modo seguido siempre el mismo, 
se verá como regularmente debe haber aconte- 
cida. 

Conclave se llama el lugar donde se reúnen 
los Cardenales después de la muerte del Papa, 
pira elegir otro en su lugar. Aunque estas elec- 
ciones, por ser tan importantes á la Iglesia, se 
deben atribuir ¡x la Providencia divina que vela 
incesantemente sobre la Santa Sede, sin embar- 
go para cooperar con ella y facilitar y asegurar 
un buen resultado, los Papa^ en diferentes épo- 
cas han promulgado y dispuesto sapientísimas 
le3'es para que todo en el Conclave proceda 
sabiamente, y se consiga una buena elección, 
evitando deso'rdenes y cismas. p]ntre las diver- 
sas disposiciones citaremos los decretos de Gre- 
gorio X en 1274, de Clemente IV en 1351, de 
Pió lY en 1562, de Gregorio XV en 1621 y 
1622, y por fin de Clemente XÍI en 1732, que 
dejaron la norma de los Conclaves de hoy dia. 

El Conclave por ley general se debe tener, si 
es posible, en el mismo lugar donde muere el 
Papa. Los Pontítices de estos últimos siglo?, 
que han tenido su residencia ordinaria en Roma, 
han dispensado de antemano con esta regla, or- 
denando que en el c.iso que su muerte acaeciera 
en cualquier otro lugar, el Conclave se tuviese, 
no obstante, en Roma. Así practicaron Cle- 
mente VÍII antes de ir á Ferrara, Benedicto 
XIII á Benevento, y Pió VI á Vicna de Aus- 
tria. Igualmente cuando este último Pontífice 
fue en 1798, llevado prisionero fuera de Roma, 
})rimero á la Cartuja de Florencia, y después á 
Valencia de Francia, donde murió, atendido que 
muchos Cardenales esta])an también encarcela- 
dos y los dema's dispersos, ordenó (¡uc después 
de su muerte se tuviese el Conclave en el lugar 
donde se pudiera recoger el mayor número de 
ellos; y en efecto el Sagrado Colegio se reunió 
en Yenecia en la Abadía de los Padres Benedic- 
tinos de S. Jorge, afio de 1800; de donde salió 
elegido Pió A"II. 

En los tiempos antiguos muchos Conclaves 
se celebraron en Roma y fuera, y allí no siem- 
pre en un mismo lugar. Desde el cisma de Oc- 
cidente, excepto el caso antes mencionado, to- 
dos se han tenido en l?oma, y además desde la 
muerte de Nicolás V en 1 155 hasta la elección de 
Pie VI en 1775, todos tuvieron lugar en el Va- 
ticano. Después de la muerto de Pió VII ^e hnn 
tenido, con excepción del último, exclusivamente 
en el (^iiirinal, de donde salieron elegidos los 
I*apas León XII, Pió A'III, Gregorio XVI, y 
Pío IX. Hallándose ocupado sacrilegamente el 
(^.uirinal por la Corte del Rey de Italia, el últi- 
mo de Lkox XIIT tuvo lugar en el A''alicano. 



Muerto el Papa, se dejan pasar ahora diez 
dias á lo menos para celebrar los twvendiqles, 
esto es los funerales de nueve dias según la cos- 
tumbre, 3' para dar á los Cardenales ausentes 
de Roma la noticia y el tiempo suficiente de a- 
cudir al Conclave. Los que no quieren interve- 
nir quedan privados del derecho de dar su voto, 
no padiendo ejercer tal derecho sino en firesen- 
cia y en persona, pero aunque ausentes son 
siempre elegibles, caso que tuvo lugar varias ve- 
ces, ca3-endo la elección no solo en Cardenales 
ausentes, sino también en personas extrañas al 
Siígrado Colegio. El último ejemplo de la elec- 
ción de un Cardenal ausente, es la del Cardenal 
Florenzi, llamado Adriano VI, que durante el 
Conclave se hallaba en España; 3- el último caso 
de una persona elegida sin ser Cardenal, es el 
de Urbano VI, el cual antes era solo Arzobispo 
de B-jri. 

Principiado el Conclave, se admiten en él, en 
cualquier tiempo, con derecho de volar, los Car- 
denales que lleguen de lejos; pero al mismo tiem- 
po se les prohibe la salida, menos en caso de gra- 
ve enfermedad, ajuicio dolos Doctores. Con los 
Cardenales entran otros Eclesiásticos, 3' jierso- 
nas seglares, para el servicio de ellos 3' del Con- 
clave, y reciben el nombre de Conclavistas. 
Por supuesto no toman ))aite en las votaciones 
3' pueden ser cambiados durante el Conclave. 

Vamos ahora al modo en que propiamente e- 
ligen al Papa los Cardenales reunidos en Con- 
clave. Ha3' tres modos de elección: 1? por aclr,- 
macion, 2° por compromiso, 3? por e><cnitinio y 
acceso. Los tres fueron prescritos por Inocencio 
III, Cap. Qiiia propter, y regulados posterior- 
mente con ulteriores disposiciones por otros Pa- 
pas. 

El primer modo por aclamación, llamado tam- 
bién de adoración, ó casi ins^^iracion, es cuando 
los Cardenales aclaman concordemente, de viva 
voz, ó con un acto cuahiuiera exterior recono- 
cen á alguien por. Papa Así en los tiemi^os an- 
teriores fué elegido S. Fabiano, en 238; y des- 
l)ues Gregorio Vil, en 1073; Pascual II en 1009; 
V en épocas menos antiguas, Julio IIÍ en 1550; 
Marcelo 11, y Paulo IV en 1555. Como este mo- 
do pndici'a ocasionar desórdenes, 3' (¡uitar la li- 
bertad del sufragio, se principió á sujetar mu- 
chas veces tales elecciones á un escrutinio regu- 
lar. Así se hizo por Sixto V; y en fm cayó en 
desuso, especialmente después de las Bulas do 
Gregorio XV, y solo posteriormente se volvió á 
verilicar en Inocencio Xí en l(i76. 

El segundo modo por co}np7-omiso es usado 
cuando los Cardenales, no llegando á entenderso 
entre sí, designan á unos cuantos de entre ellos, 
ó también á uno solo, y á este ó aquellos remi- 
ten la elección del Pontífice. En este caso se 
hace 3' firma por todos un papel, en el cual se nom- 
bran los Cardenales compromisarios, 3- las con- 
diciones que se les imponen, como por ej.: el tiem- 



-103 



po, las tilos personas, el tal número de votos; y 
se obligan todos á reconocer por Papa al que 
fuere electo bajo las condieiones asignadas. Así 
fué elegido Clemente IV, en 1265, después de 5 
meses y G dias de Sede vacante; Gregorio X, en 
1271, deiri)ues de 2 años, 9 meses y 2 dias; Cle- 
mente y, en 1305, después de 10 meses y 28 
dias; Juan XXII, en 1316. después de 2 años, 
5 meses }' 17 dias. 

En el Conclave tenido en Venccia, no llegan- 
do á entenderse los Cardenales durante tres me- 
ses, se pi.?nsó en el Conpromiso, }' se principio con 
escoger ;í 10 Cardenales, de cuyo niimero debia 
salir el I^apa. Uno de estos era el Card. Cbia- 
ramonti, que afortunadamente poco después sin 
mucha dilicnltad fué elegido sin compromiso y 
se llamó Fio YII. 

El tercer modo, usado casi exclusivamente hoy 
dia, es el de elegir al Papa por escrutinio y ac- 
ceso; esto (*s por medio de votos escritos en es- 
quelas (schedok) de nna forma determinada, la 
que es la siguiente. Las esquelas son altas ocho 
pulgadas y anchas seis: están divididas en ties 
partes, de arriba, del medio y de abajo. En la 
del medio se pone el nombre del Cardenal á 
qnien se da el voto; Elijo en Sumo Poidifice al 
Rev Sr. Cardenal Joaquín Pccci. Se procnran 
poner estas palabras y el nombre del Candidato 
con letra lo mas que se pueda alterada, de ma- 
nera que no se conozca la mano. En la parte 
de arriba se pone el nombre del Cardenal vo- 
tante, j)or ej.: Yo Luis Cardenal Di Canossa. 
En la parte de abajo se escriben ciertas señales, 
esto es, un número ai'ábigo y nn dicho sagrado, 
por ej.: 32, Gloria á Dios. Todo se escribe cu 
lengua latina. Después se doblan las dos par- 
tes extremas por mitad, la de arriba hacia aba- 
jo, y la de abajo hacia arriba, de manera qne 
quedan cubiertos el nombre del votante, y sus 
señales. La parto del medio quedado manifies- 
to. Las dos partes dobladas se pegan con la- 
cre en las cuatro puntas, donde se imprime 
nn sello propio de cada Cardenal. I*]l sello con 
el número y el dicho sagrado no se deben mani- 
festar á nadie. Así doblada y sellada, la esque- 
la deja visible en la parte del medio el nombre 
del Cardenal Candidato o elegido; pero antes de 
entregarla se vuelve á doblar lo mismo que an- 
tes, sin poner sellos, las dos partes de arriba y 
de abajo, la una sobre ia otra, y las dos sobre el 
nombre del elegi<lo, de manera que la esquela 
queda como de una pulgada de alto. 

Cada uno de los Cardenales prepara separa- 
damente su esquela, la dobla, sella, y vuelve á 
doblar. A la hora c.-tab!ecida se reúnen dos 
veces al dia, sin exceptuar ninguno, aunque fue- 
ra el dia de Pascua 6 de Navidad, en la Ca})i- 
]la destinada. Esta es la Capilla Sixtina en el 
Palacio Vaticano, y la Paolina en el Quirinal. 
Reunidos allí, oyen misa si es de mañana, y di- 
ceií el Veni Qreator solo por la tarde. Luego 



principiando por el Cardenal decano, el uno de?:- 
pues del otro se levantan, se arrodillan delante 
del altar, pronuncian unafórmula de juramento, 
declarando en él de dar su voto á quien juzgan 
en el Señor mas digqo, después levantándose 
deponen el voto en un cáliz preparado para el 
efecto, y colocado sobre una mesa, puesta en el 
medio. 

Para los Cardenales que estuviesen enfermos, 
en el Conclave, están siempre destinados do an- 
temano tres (le los demás; estos van á recoger 
los votos de los enfermos, y llévanlos á deposi- 
tar con los otros. 

Hay además designados tres otros, que se lla- 
man Scrutatores para hacer el examen de las es- 
(pielas. Estos están sentados á la mesa, con la 
cara vuelta á los demás Cardenales, y las espal- 
das al altar. Así se les puede mirar en todo lo 
que hacen. 

Juntadas las esquelas, el escrutinio pe hace 
así. Se principia con mezclarlas todas; después 
se las cuenta para ver si el número de ellas cor- 
resj)onde al de los (Cardenales votantes. En el 
caso que no corresponda, cual(]uiera que sea la 
causa, se interrnmpe el escrutinio, se queman 
todas las esquelas, y se obliga á los Cardenales 
á hacer otras nuevas. Hallándose correspon- 
dientes, se vuelven á echar en el cáliz. De allí 
el primero de los Cardenales Scndaiores las saca 
una tras otra; las abre hasta el nombre del ele- 
gido, dejando cerradas las partes selladas; ol)- 
serva el nondjrc, 3^ las pasa al segundo. Este á 
su vez observa igualmente el nombro, y entrega 
las esquelas al tercero, el cual proclama el nom- 
bre en voz alta. Los demás Cardenales tienen 
un pliego en sus mesitas respectivas con el nom- 
bre de todos los Cardenales presentes y ausen- 
tes, y van apuntando el número de votos que 
cada uno recibe. 

Acabado el escrutinio, se cuentan lo?^ votos 
que cada uno recibió. . Si se hallan para alguno 
las dos terceras partes requeridas, entonces por 
mayor seguridad se vuelven á registrar las es- 
quelas. No hallándose equívoco, se abre sola- 
mente la del Cardenal elegido, para ver si se dio 
el voto á fí mismo, el cual, ])or supuesto, no le 
valdría. A fin de poder abrir la esquela del 
Candidato elegido, él mismo declara cuales fue- 
ron sus sellos. Con lo (pie no hay necesidad de 
abi'irlas todas, lo que está prohibido. 

Si nadie tuvo los votos necesarios, se [jrononc 
inmediatamente el acceso, esto es otra votación 
suplementaria de la primera que queda en vigor. 
Se hace con esquelas semejantes á las que tene- 
mos descritas; solamente en lugar de la palabra 
elijo se pone la otra accedo, esto es, me adhi&ro. 
Las señales, el número, el dicho, y los sellos de- 
ben ser los mismos, poi-que deben ser cotejados, 
en caso que se efectué una elección, con el nú- 
mero, dicho, señales y sellos que cada Card.enal 
empleó eri el escrutinio. En las esquelas de ^c- 



-104 



toso iiü ge puede dar el voto, í;1 mismo, á quien 
ve á'ió en la del escrutinio; de otra manera no se 
tendrian votos nuevos, sino repetidos. Se puede 
(lar solamente á cualquiera (]ue j^a lia^-a conse- 
!:;uido á lo menos un voto en el escrutinio prece- 
• lontG, para ver si entre los votos del escrutinio y 
los del acceso, algwen lleguno á juntar las dos ter- 
ceras partes (pie se necesitan. Si nn Cardenal 
no (juiere acceder 6 adherirse á ningún otro pue- 
do hacerlo. En este caso pone en la esquela en 
(i lugar del nombre la palabra á nadie ( Ncmi- 
ni.) 

En la elección de Fio IX, Conclave de 1846, 
('1 tuvo 27 votos en el cuarto escrutinio, y otros 
íi en el acceso consecutivo, los ¿-nales siendo de 
(ülerentes votantes, le hacian 30 |)or todos, nú- 
!iiero mas que snlk-iente entre los 50 Cardena- 
les presentes. Por lo tanto con el acceso se ga- 
na tiempo, y se facilita la elección, la que si tam- 
jíoco no se vcrüica así, es remitida ú otra hora, 
comenzando con nn nuevo escrutinid, }- si fuere 
necesario, acudiendo otra vez al acceso. 

Con este sistema es posible el -caso, que mas 
(le un Cardenal consiga las dos terceras partes 
(le votos, (5 aun mas. Entonces, si los votos son 
iguales, ninguno (picda elegido; si no lo son, quc- 
(ia cl{\gido el que consigni(j mayor número. 

Hedía de esto modo la elección, por cscrnti- 
i)io y acceso, se cotejan todar, las es(pichis, para 
constatar la [)erfecta legalidad. Por los sellos y 
l.is señales de adentro, [lues entonces se abren 
1 is esfpielas, se examina si los volos olitenid* s 
fon de los mismos Cardenales ó de difcrciilí s. 
Se abre también, como hemos dicho, la ¡laríe de 
lo, es(pifla del elegido, on la (pie está consigna- 
do 8U nombro, ¡lara ascgnrar.-e (pie no votu por 
íí mismo. Habiendo averiguado de esta mane- 
ra los votos, se los cuenta de nuevo, y ¡jor íiii 
se forma un documento, el que es firmado por al- 
gunos y guardado en memoria de la elección. 

Entre tanto el Cardenal Decano pregunta al 
nuevo eh>gido si acepta, por ser necesario su 
( onsentimiento, y (pié nombre toma. De esto 
igualmente se forma un acto autíjntico. Clemen- 
le Xí, nitie oti'os, se resi>:ti(') á acepta i-, pero se 
le rogo tanto, que tuvo (¡ue condesceiidei-. Dado 
HU consentimiento y nombre, se viste el nuevo 
l^apa de los hábitos Pontificales, y sentado S(-- 
bre la tarima del altai" recibe de todos hjs 
Cardenales la primera adoración, 6 sea el beso 
del p¡(j y de la mano y el abi-azo de caridad. 
l]a el mismo dia, si la hora lo permite, o en el 
(lia siguiente, se promulga la nueva elección al 
jmebio ya avi.<!;ado de (pie se ha llevado á electo. 
Los Cardenales, siguiendo la (^ruz, proceden de 
(los en dos á la Loygia del Vaticano, si allí se 
tuvo el Conclave; se proclama el nombre del 
iiueví» Papa; y este dc-spues se presenta al pue- 
blo rcuniíio en la j^laza y le da su primera l)en- 
dicion apostólica. Al propia tiempo, 101 gol- 



pes de artillería saludítnal nuevo Papa desde el 
Castillo Sant, Angelo. Todo esto en tiempos 
normales. No sabemos cómo se ha proclamado 
ahora el nuevo Pontífice. 

Si el nuevo ]*apa careciera de alguna- de las 
(5rdenes sagradas, se le confiere lo mas pronto, y 
el conferírselo es pi-ivilegio del Cardenal Obispo 
de Ostia y Veletri, decano del Sagrado Colegio, 
Gregorio XVI (pie era simple Presbítero, fu6 
consagrado Obispo por el Cardenal Pacca, Card. 
Decano en aquel tiempo. El mismo Obispo de 
Ostia y A^eletri impone el [¡alio al Papa; y lo 
tiene por privilegio desde el Papa San Marcos. 
El nuevo l^ajja es coronado, (como hemos (conta- 
do de Pío IX en la Reviata Católica el año pasa- 
do,) en el número de "21 de Junio, y con gran so- 
lemnidad y pompa toma posesión de la Iglesia 
de S. Juan de Letran, que es la Catedral de Ro- 
ma y del mundo católico. 



Leyes de Matriiiioiiio. 



Desde los primeros dias de la última Legisla- 
tura, se pasó un Acto en ambas Cámaras, que 
abrogaba dos leyes de matrimonio votadas en 
la sesión de 187o-70. A(piellas leyes prohibían 
liajo pena de nulidad }' multas los moirimonios 
de los jóvenes, que no tuviesen una ciei-la edad 
determinada, y según el consenso ó repugnan- 
cia de las fiímilias. f^i-ohibia además los matri- 
monios entre parientes, no solo en linea recta, 
sino hasta el segundo grado inclusive de línea 
transversal, y los dcclai-aba inválidos y sujetos 
á castigos legales. 

Esta ley, así como estaba redactada, era abusi- 
va é intolerable, porípie contraria á la libertad 
de los ciudadanos, y mas especialmente á los 
derechos de li Iglesia. VÁ Nuevo M<:jicano no 
lo desconoció, antes al contrario lo confesó cla- 
ramente, y lo celebró como un triunfo de la su- 
premacía del Estado sobre la Iglesia, y de las le- 
yes civiles sobre las Eclesiásticas }' Canónicas; 
y siguió alabando el espíritu progresivo de aque- 
lla legislatura. Por supuesto, no halló desor- 
den alguno (]ue aípudlas leyes, como la de En- 
tierros, fuesen pasadas con su])ension de reglas, 
y en menos de quilico minutos en ambas cáma- 
las, y sin embargo se trataba de asuntos, (]ue q\ 
mismo creyó ser de mucha importancia. EíC 
desóid'iu ío halló solo hace poco rctípccto de 
nuestro acto de Incorporación, que importaba 
muchísimo menos, y (pie además era un caso muy 
ordinario á presentarse en los Estado-s. 

Se sabe bien cómo el pueblo en general recibió 
esas leyes, y el caso (|ue hizo de eUas. Se sabe 
aun el miedo grande que tenían de perder las 
elecciones posteriores «(piellos mismos, que ha- 
bían oriiilnado ó sosteiii<lo osas leves, v las reí- 
teradas piomesSs que hicieron de abrogarlas. 



En vcrlaVt U úUiüaa legislatura, desde que se 
instulu cu Santa Fé, haciéndose cargo do los 
(IcBCus y scnlimicntos del pueblo, tanto Repre- 
sentíiuí.'s cditio Senadores, unánimemente (?egun 
se dijw) lio uu golp« las abolieron. Pero la ini- 
quidad do algunos se atravesó solapadamente á 
esta mdt'e 3- decidida conducta; y liemos tenido 
la triste ex[)criencia de ver que es mas íáeil ha- 
cer m;il.'t« leyes que destruirlas. 

El acto que las abrogaba en parte, presentado 
al Gobernador, fué devuelto á las Ca'maras con 
su veto y correspondiente Mensaje. Fué conve- 
niente toniai'lo en consideración: se condescen- 
á\6 en alguna enmienda, se volvió á votar y á 
presen t-irio al gobernador. Con este, sea por 
seguir nn curso mas regular en los negocios, sea 
})or importunas y equívocas dilaciones puestas 
por algunos, se acabo el tiempo de la sesión sin 
ningún resultado. ¡Cuarenta días de sesión le- 
gislativa son mas que bastantes á la malicia de 
iin®s pocos para hacer una mala ley, [lero no lí 
una mayoría de buenos para deterniinar únase- 
la que sea útil ó conveniente! 

Mientras lamentamos este resultado, hé aquí 
unas considci'aciones sobre el Mensaje del Sr. 
Axteli, con el cual acompañalja su veto. Las he- 
mos diferido hasta ahora |)or haliernos ocupado 
de otras materias: servirán para aclarar ciertos 
l)rÍQCÍpios que dicho Señor pretende invocar en 
su favor. 

En efecto, el Sr. Axteli, para probísr que son 
incestuosos é ilícitos los matrimonios, en los gra- 
dos dejados lilu-es por la ley civil según el pri- 
mer ¡)royecto presen tad<>, acude á la ley ^íosái- 
ca, á los Ciínones de l,i iglesia, v ;( otras razones 
mas especiosas que reales. Examinemos cuanto 
le favorezcan estos argumentos. 

Desde luego deteruiincmos el verdadero sen- 
tido de la expresión matrimonio incef.tuoi'O, do !a 
cual abusa tanto el Sr. Axteli. Mati'imouio in- 
cestuoso es el matrimorno entre })arientes inme- 
diatos, 6 el matrimonio entre parientes de un 
grado en que está prohibido el casai'?e. Pero 
¿.cuáles son respecto del matrimonio los parien- 
tes inmediatos, 6 los parientes en un grado en 
«pie está prohibido el casarse? Esto debe deíor- 
minaráe pi'incipabnente por la ley natural, la 
qu.e por una [¡arte autoriza el maíriaionio. y p.or 
otra parte determina el parentesco y regula sus 
grados. Parécenos poder sentar esta regla gene- 
ral: que según la ley natural son ¡"-ai'ieiiíes inme- 
diatos, y en grados en que está vedado el casarse 
entre sí, aquellos parientes en los cuales las re- 
laciones de matrimonio destruirían las relaciones 
del parentesco. Es natural que estas deben ser 
preferidas á todas. Así por ejemplo, el matri- 
monio de un padre con su hija, y de una madre 
con sn hijo confundii-ia las relaciones naturales, 
y trastornarla el urden que existo entre unos y 
oíros. Tal matriinonio íendoriaú hacer iguales, 



los que según el orden natural no lo son, ni pue- 
den serlo. Por lo tanto esos matrimonios S€ 
consideran como incestuosos por ley natural, y 
con ellos comunmente 3' por la misma razón, to- 
do.s los demás entre ascendientes y descendien- 
tes, en linea recta, indefinidamente. 

Pero en la linea colateral ¿se trastornarían 
igualmente las relaciones naturales, si los pa- 
rientes se casasen entre sí? Lo concederemos 
como probable solo en el primer grado entre 
hermanos \ hermanas, bien (jue lo nieguen al- 
gunos, por haber tenido lugar en el jjrincipi'; 
del mundo éntrelos hijos é hijas de Adán. Pero 
si no iH'ohil)e tales matrimonios la ley ualural, 
prohíbelos la ley positiva divina. Por herma- 
nos y hermanas se entienden no solo los del mis- 
mo padre y madre, sino también los que ^tn vie- 
sen solo el ndsmo j¡adro 6 madre. Entre los 
Atenenienses, Egi[)cios, Cananeos, Babilonios y 
Persas, esos matrimonos eran permitidos y no 
eran raros. Además de las leyes civiles las ayío- 
riz.iba la religión de aquellos pueblos, y los uiis- 
mos falsos dioses adorados por ellos les habían 
dado el cjoniplo. Hoy dia, por el horror que 
insp'ira la pr(»h¡bicion divina y eclesiá.-itiea, 
están jvrohibidos domlequiera, aun por las leyes 
civi'es, y muy bien: y los delincuentes están su- 
jetos á graves penas y castigos. La ley de la 
última legi.-lalura los prohibió igualmeníe; y si 
algo le faltó fué el no haber exíendido los casti- 
güs y Lis penas á los que, aumpie no atentr-n pii- 
blicamente esos matrimonios, viven sin eud¡argü 
en incestuoso conícrcio, con escándalo del pue- 
blo, y vergüenza del Territorio. 

El punto en cuestión, según aquella ley, entre 
las Cámaras y el Gobernador, era acerca de los 
otros grados de parentesco en linea colateral, ex- 
cepto este primer grado. Las Cámaras los de- 
jaban libres, el Gobernador los (¡ueria prohibi- 
dos como incestuosos é ilícitos. ¡Oh qué hcirri- 
ble y detestable es el crimen del incesto! excla- 
maba en> su Mensaje. Muy bien, Sr. Axteli, en 
esto convenimos todos: pero la cuestión es que 
ss pruebe que esos otros mati'imonios 8on inces- 
tuosos é ilícitos: no bastan las exclamaciones, se 
necesitan argumentos. Ahora biew, nadie hri, 
piobado todavía y nadie probará nunca (¡ue los 
nuitrimonios en esos grados han sido prohibidos 
por ley natural, y que por lo tanto' son esencial- 
mente incestuosos: nosotros mas bien podemos 
probar lo contrario y ¡)or los raisnios testimonios 
que el Sr. Axteli ciia la ley Mosaica, y la ley 
p]clesiástica, de manera que podemos volver con- 
tra él mismo las armas que él blandió contra 
nosotros. 

Dice él, la ley Mosaica los prohibía. Veamos 
pues si es vai-dad. En ninguna parte te lee 
que Moisés haya prohibido algunos matrimonios 
com!)utando por lincas y grados, sino que si pro- 
hibió ala'unos se contentó de determinarlos 



106 



con sn |ji'o¡)io iioiiiljre. ¿Piíi íjuó lugar, pues, 
iialló el ¿r. Axtell proiiibidos los mati-iiDonios 
ontre [¡rimos hcnnauos? ILÍgaiios el favor úc 
citar el texto. En la Biblia que eomunniente 
usan Catí'licos y Protestantes no se halla ningu- 
no. Además por lo que toca á los niatrioionios 
<'n{re tioy sobrina, ó entre lia y sobrino, es ver- 
dad que prohibió el segundo, pero dejó libre el 
primero. ¿(Jué prueba todo eso? Prueba, si no 
nos equivocamos, que no halló ninguna razón 
plausible en esos segundos grados de parentes- 
co , sea en linea igual desigual , para pro- 
hibir generalmente todos los matrimonios entre 
ellos, como el Sr. Axtell supone. Con haber ex- 
ceptuado un caso solo Moisés dio á entender que 
por regla general los dejaba todos libres, los 
consideraba todos indiferentes, y como decíamos 
poco antes, no suponía estar proliibidos por nin- 
guna le}'' de naturaleza. La excepción que liizo 
de a(piel caso particular no fué por ninguna razón 
de parentesco, de honestidad, de salud ú otra se- 
mejante, Gomun á los otros casos de grados igua- 
les, sino solo, como piensan algunos, por motivo 
de promorer el aumento de la población: ya que 
considerando la edad y las condiciones en las 
cuales se supone hallarse de ordinario esos ta- 
les, es mas fácil que un íio tenga sucesión de la 
sobrina, y por esto lo dejó libre, y mas difícil 
por el contrario que un sobrino la tenga de la 
tia, y por esto lo prohibió. Y á este caso ex- 
ceptuado, contra la costumbre seguida en los 
demás, no señaló pena alguna para mostrar que 
era una mera y simple prohibición. 

De lo cual se saca, si no nos e(piivocamos,(¡ue no 
tenia ningún fundamento el Sr. Axtell de citar 
la ley de Moisés, como un testimonio en favor de 
su opinión, y un ejemplo al cual quería que se 
«•on formaran las Cámaras: siendo (¡ue Moisés 
no j)rohibió esos niatríuioníos generalmente, 
í.qno en . un solo caso especialí;^im!): no ))or 
una razón intrínsica y comuti á los demás del 
mismo grado, sino extrínsíca y pro¡)ía de aqu(d 
tiempo y pueblo. 

Por falta de espacio en este númci'o, i-emiti- 
uios al siguiente el cxiímen de las oti-as razones, 
(pie el ñr. A.xtel presenta en su Mensnj(.>. 



-«>-•< 



YABIEDADES. 



UKMKIHO CONTRA EL CIIAl'KTK. 

Ahora que princijua el tiempo de la siembra 
en el N. ^I. [(ubücaremos un i'cmedií^ conli'a el 
chápete (pu; es dado po¡' elicaz. T^a gcMite de 
aquí se queja á veces de los daños causados por 
el chápete. Esperamos (¡ue hagan la experien- 
cia y tengan buen resultado. VA remedio es el 
siguieote: Para curor una fanega de trigo, antea 



de sembrarla se toma cuatro onzas de cardenillo 
(vitriolo azul), se echa en un galón de agua, se 
hace hervir el agua hasta que el cardenillo esté 
bien disuelto. LjV'go se extiende el trigo y se 
moja bien con esta agua; se amontona de nuevo 
y se deja amüntona(l,o .una noche ó uíi dia, y 
luego se siembra; "Con este remedio no ha}' chá- 
pete. El cardenillo cuesta en los Estados de 14 
á IG centavos. 

PARA EVITAR LOS CONSTIPADOS DK LA CAREZA. 

Después de lavarse y secarse la cara, bastará 
dai'se una ligera fi'iccion de aguardiente ó agua 
Colonia por las sienes y la frente. Es tan eficaz 
este sencillo remedio, que aunípie se permanez- 
ca mucho tiempo con la cabeza descubieita y en 
sitios muy fríos, no se sufrirá tan incómoda 
indisposición —(^AY Joven J. 

ESTADÍSTICAS DE NUEVA VORK. 

Si las cifras de la Secretaría de Estado son 
fidediguns, el Estado de Nueva York contenia 
el 1 de Junio de 1875, una población de 4,C9S,- 
958 abnas — con sus cuerpos. De este número 
3,503,300 eran naturales, .y 1 ,105,058, ó sea 
[)oco mas que la en;irta parte, eran forasteros. 
Pero refieren los empadronadores que del 
1,537,720 Nco-Yoi'kenses empleados en indus- 
trias productivas durante el penúltimo año, 
925,293 eran nsiturales de los Estados Unidos, 
al paso (]ne 012,433, ó sea mas cerca de la mi- 
tad (pie de la tercera parte del número total, 
eran forasteros— (^ 77a' Snn ). 

i)E.-!('ri:!;i.M!i''Ni'o de ina cudad amkm.v. 

Mientras se excavaba un po.ro, en las cerca- 
nías di'l monte (■■irgano en !tali;i, fué hallado 
un antiguo templo dr l)i;ina: luego \\\\ magnífico 
¡xnliro de unos í*»5 pies de largo;., una neerópoli 
ó cementerio sublíM-ráneo de una superficie de 
cerca 19.200 pies cuadrados; un gran número 
de ¡nserijx'ioucs importantes; un monumento en 
honor de PiMiipeyodespues de la guerra contra 
los {)íratas; una c;intid;id de monedas, etc. La 
ciudail descubierta es la antigua Sipontnni. déla 
(pie liablin Estrabon,. Polibií-», .Livio y otros. 
Las casas estiín cerca 20 ,|>¡és debajo del terrer 
no cultivado. Siponiíni) fué tragada por la tierra 
durante un terremf)to. Manfredonia, ciudad ar- 
zobispal, está ahora construida p^arcialmente 
sobre la antigua ciudad. El Arzobísjio y el (^o- 
bici-no están trabajando para desenterrar com- 
pletamente la ciudad sejmltada. 



-♦•-♦- 



ÍOT' 



f^" 



UNA CONVERSIÓN. 

Tenia veinte y cinco años, raucLa lectura y poca fé. 
Habia leidó las obras de los gi-andes enemigos de la 
Iglesia, y su estilo me gustaba tg,nto como sus doc- 
trinas. Peí'o Renán me cautivaba muy particularmen- 
te; le encontraba imparcial; y suá teorías eran mi en- 
canto. No seguia ya á Voltkire, á quien miraba con 
él mas profundo desprecio; pero no veia en esto uni- 
verso mas Dios que esa sorprendente humanidad tan 
sublimada en nuestros tiempos. No odiaba ciertamen- 
te al Catolicismo, que representaba para mí las ideas 
estimables de una interesante raza, ó mas bien de ra- 
zas que habían venido á formar un todo armónico. 
Por donde se ve que yo era tolerante, y la gente de 
los términos medios me tenia en gran estima. 

No diré por eso que mis ideas fueran muy fijas, y 
que tuviese respuesta clara para todos los ¡iroblemas: 
mi Humanidad-Dios aparecía un tanto rodeada do 
nubes; mi teoría de las razas me dejaba algo que de- 
sear. 

Mi primer libróse llamó: Historia comparaila de las 
doctrinas de Ja aniignedaxl que piepararon la idea cris- 
tiana. Pretendía probar en ella que en esto mundo 
nada es mas humano que la Iglesia; quería demostrar 
que si los egipcios habían dado a Moisés sus doctri- 
nas, los platónicos habían por su parte embellecido y 
adornado los líltimos libros del Antiguo Testamento; 
hacia ver que todas las ideas de Jesucristo no habían 
sido sino el eco de ciertos sistemas de su tiempo; que 
la teoría del Verbo es toda platónica, etc., etc., etc. 
Mi libro tuvo buen éxito, y hasta recibí las felicita- 
ciones de ciertos católicos . . á su manera. 

Una cosa, sin embargo, me preocupaba, porque 
procedía de buena fé. Y era el ver que esta idea cris- 
tiana, cuyo origen humano se me había probado (yo al 
menos así lo creía), había tenido tan loca suerte en el 
mundo, en tílüto que las mas célebres escuelas de la 
antigüedad no habían tenido sino algunos discípulos, 
y mientras que las religiones "mas pintorescas" no 
habían traspasado los límites de una nacionalidad ó 
de una raza. • " • 

A ma§ de esto, me sugería también dudas el estu- 
dio atento á la observación do las almas que en tor- 
no mío vivían mas consagradas por entero á la prác- 
tica del Cristianismo; no podía menos de encontrar- 
las tan admirablemente perfectas, que hubiera de- 
seado creer'para ellas en la intervención de un Dios. 
Finalmente, la redención ' del mundo por la cruz del 
Calvario, que me lleva tan lejos del dominio de las 
ideas y del de los hechos, me encantaba á pesar mío; 
parecíame este dogma do una sencillez y de una be- 
lleza perfectas, y hasta algunas miradas echadas so- 
bre mi alma me hacían sospechar su necesidad. Pe- 
ro no habia mas que esto, que á la verdad no era 
gran cosa. • • 

En suma: no creía, ni oraba, ni amaba. ¡Cuan des- 
gi'áciado era, y- .Cuánto hubiera querido no serlo! 

II. '. 

Entonces fué cuando Jesús, que quería curar mi 
ceguedad, me cogió un día, como guia invisible, déla 
mano, y me llevó al lado de Luisa . . . ¡Dulcísimo re- 
cuerdo! 

Luisa vivía con su madre no lejos de San Sulpícío, 
que es desde hace muchos años la patria de mi alma. 

Vi á Luisa y la amé. La amé cristianamente, y esta 
fué una de las mayores gracias que Dios me ha con- 
cedido, porque Cj[uizá no había en mí nada de cristia- 



no mas que este amor. De allí á poco fué mi prome- 
tida. 

Todos los días veia á Luisa ir con su madre tem- 
prano á misa. Pero como ella no me veía nunca en la 
iglesia, me preguntó un día muy gravemente si era 
protestante ó israelita. 

— ¡Ah! (le respondí, creyendo decirle algo nuevo á 
ella que lo sabía todo), no tengo fé. 

Contéle mi historia; le expuse en seguida mi siste- 
ma; hasta ofrecí á su madre un ejemplar de mi libro. 
La pobr-ecilla escuchó hasta el fin; no movió los la- 
bios, lo que me dio una gran idea ... de mi elocuen- 
cia, y pareció meditabunda: 

— Leeré vuestro libro, dijo. 

Al oír esto, me ruboricé; por la primera vez en mi 
vida hubiera deseado que nadie me leyese. Le obser- 
vé que el libro en cuestión era serio y largo. 

— Esos son justamente, me contestó, los libros que 
me agradan. 

Y tuve que dejar en sus manos este primer volumen 
de la futura colección de mis obras. Lo cual me en- 
tristeció tanto mas, cuanto que pocos días después 
tuve que salir para un viaje de seis meses. "No esta- 
ré aquí, pensaba yo, para impedir que mi libro haga 
daño; pero, por fortuna, está escrito en estilo filosófi- 
co: no entenderá palabra." 

III. 

Al día siguiente de mi vuelta, Luisa no fué á oir 
Misa; al otro día tampoco. 

— No sé lo que tiene mi hija (me dijo su madre á 
quien encontré) ; prefiere pasar la mañana leyendo 
por vigésima vez vuestra obra, y no quiere acompa- 
ñarme á la iglesia. 

No me envaneció mucho este primar resultado do 
la lectura de mis obras, y hasta me oprimió el cora- 
zón. "La pobre niña, me preguntaba, ¿sufre acaso 
por mi culpa estas dudas que me han destrozado y 
me destrozan todavía? ¡Ah! ¡euán infeliz soy! ¿Por 
qué he comuníejido á esta alma la agitación de la 
mía? ¡Maldito libro!" Y tiré lejos de mí lleno de có- 
lera un ejemplar que tenia en' la mano. 

Dos dias después me dijo su madre: 

— Luisa toma apuntes de vuestro libro; dice que es 
admirable, y que es en casi todo de vuestro mismo 
modo de ver. 

¡Maldito sea cien mil veces mí libro! 

Pasaron muchos dias sin que viera á Luisa en la 
iglesia. Su madre iba siempro iola. 

Me eché á llorar como un niño. "Le he quitado su 
fé, le he quitado su fé," no cesaba de i'epetir. Eutré 
en San Sulspicio, y parecía que ms hablaban todos 
los Crucifijos, diciéndome: "¿Eres tú qxiien has apar- 
tado de aquí á nuestra Luisa?" La Virgen, radiante 
de luz, á quien veía por primera vez, según creo, des- 
de mi primera Comunión, parecía decirme también 
con voz triste: "¿Dónde está Luisa? ¿Qué has hecho 
de mi pobre sierva, de mí amiga Luisa?" Y todas las 
imágenes de los Santos y hasta las paredes me grita- 
ban: "¿Dónde está Luisa? ¿Qué has hecho de Lui- 
sa?" Mí pobre corazón estaba oprimido, sentía fi-io, 
temblaba . . . y . . , caí de rodillas. 

Mi oración fué breve: "Jesús, conservad la fé á 
Luisa." 

Admirable oración, diréis, para un hombre que no 
creía. . . . ¡Ah! es que empezaba el milagro, y empeza- 
ba á creer. 

IV. 

Al salir de la iglesia me armé de valor, y fui á casa 
de Luisa. 

Vino presurosa hacía mí, y me dijo: 

— En este instante he concluido el libro de V.; lo 



-108 



felicito por él; es concluyentc. 

Y añíidiü cou aire siugular: 

— Ha hecho V. de mí casi una noófita. 

— Sí, contestó su madre; Luisa no cesa de discutir 
conmigo sobre los principales artículos del Catolicia- 
mo que le he enseñado. Tiene mil objociouos quo 
hacerme, y tengo serios temores de que llegue á ser 
menos piadosa, menos cristiana . . . 

— ¡Cristiana! — exclamó la joven,— lo soy y lo seré 
siemj)re Pero entiendo el Cristianismo de una ma- 
nera mas ara])lia que la mayor parte de los católicos. 
Necesito un Cristianismo universal, inmenso, sin lími- 
tes: ¡el Cristianismo del porvenir! El Cristianismo, 
añadió exaltándose cada vez mas (y su semblante 
halña perdido toda su encantadora dulzura para to- 
mar una expresiu pedantesca y un aire iudispliceutej, 
¿qué es el Cristianismo, por otra parte, sino la fusión 
grandiosa de las ideas de la raza semítica y de la ra- 
za indoeuropea? 

— Permítame V., le dije, pero. . . 

• — ¿Es por ventura mas que la combinación del mo- 
noteísmo de las semitas con el politeísmo de los indo- 
europeos y las doctrinas platónicas? Ahí tenéis, por 
GJemi)lo, la doctrina del Verbo. ¿Quiere decir esto 
que el Cristianismo no sea verdadero, que no sea di- 
vino? No, no. El Cristianismo es verdadero, como ex- 
presión de las ideas mas elevadas de la humanidad; 
es divino, si por divino se entiende todo lo que es. . . 

— ¡Ah! Luisa, dije interrumpiéndola, ¿es V. quien 
así habla? 

— Pero, señor mío, me dijo, ¿no son estas sus doc- 
trinas? Mire V. la página 22, la 177, y especialmente 
la 201 .. . 

Y mo enseñaba ciertos pasajes que según creo ha- 
bía aprendido de memoria. 

Nada podía contestarle; mo veía vencido con mis 
propias armas. Bajé la cabeza y me retiré. Y'" ese día 
supe lo quo era el dolor. . .y los remordimientos. 

V. 

¿Cómo el oro puro se ha convertido en vil metal? 

¿Dónde estás, hermosa alma de Luisa? 

Hace poco creía en un solo Dios, criador del cielo y 
de la tierra; ora un dulce Salvador, Jesucristo, muer- 
to por todos los hombres; en una Iglesia santa que 
debe continuar sobre la tierra, hasta la consumación 
de los siglos, todas las obras de Cristo. 

Poco liá tenías una fé razonable, lógica, sublime; 
sabias perfectamente de donde venias, á donde ibas 
y lo quo eras. No soñabas sino con el cielo; no sus- 
])irabas mas que j)or el ciclo; ¡oh! ¡Luisa, Luisa! 
¿Ileomplazan acaso los sistemas humanitarios el cielo 
y aun los suspiros h.ácia el cielo? 

Poco há eras la humilde sierva de María, procura- 
bas imitar la pureza inmaculada de esta Virgen, y 
ahora. . . ¡Oh! ahora no hay Virgen para tí; tienes en 
cambio la ciencia, que no es inmaculada, que no 
consuela, que es seca y que desanima; tienes la cien- 
cía que me lia hecho lo que soy, la ciencia quo odio 
desde que tú la (juieres. 

No vendrás ya, Jjuisa, á esta iglesia; no vendr;ís al 
pié de esta imagen. A Dios para tí las largas oracio- 
nes ante este altar; á Dios las Comuniones llenas do 
lágrimas y de súplicas; á Dios los cánticos de la voz 
y los cánticos del corazón. ¡Oh hermosa alma de Lui- 
sa! ¿dónde estás? 

Y'o, yo soy el único culpable. "¿Dónde está Luisa? 
¿Qué has hecho de Luisa?" me preguntan todos estos 
objetos que me rodean. ¡Ah! no, en vano resisto. 

No, no es la verdad lo que poseía; porque la ver- 
dad no desfigura las almas, como aeabo de desíígurar 
la tny« con mí.s mentiras. 



La verdad embellece todos los corazoae» q :■: ocu- 
pa. Desde que has perdido la fe, tu alma, L :;sa, no 
\uo inspira mas que una profunda 'ástima; linsta tu 
semblante ha perdido toda su g^aci^, e."i horri ;!o. 

Sí, yo profesaba, la mentira, y te he hecho perder 
la verdad. Basta esta prueba, aunque uiras mil bro- 
tan de mí alma. Desde que ao eres cri.-^tiana me das 
miedo luego el Cristianismo os Tsrdadero. 

Kenuncio á los sistemas que han tenido fuerza para 
afear la mas hermoiade todisf las almas; y nic arrodi- 
llo á los píes de vuestra Cruz, ¡oh Jesús míol 

Quiero reemplazar cerca de Vos á la quo acaba da 
abandonaros; sí habéis perdido una alma, aquí hay 
otra que habéis recobrado. ¡Oh María! Yod á un po- 
bro pecador que presentareis á vuestro Hijo. 

Y" pues sois tan buena, rogad á Dios que no permi- 
ta, cuando vuelva á él, que Luisa lo abandone par» 
siempre. ¡Oh Luisa! Es necesario que te conTÍertas. 
¡Viva Jesús, viva Maria, viva la Iglesia! 

VI. 

"Querida Luisa: 

"No puedo pasar mas tiempo sin que á V. lo abra 
mi corazón. Soy cristiano. 

"Veo, sé, creo, estoy desengañado. 

"Salgo del tribunal dónele ho confesado cinco años 
de faltas y de errores; mañana volveré á hr.ccr mi Co- 
munión. ¿No vendrá V. á la iglesia á lo monos ese 
día? 

"V. es la que me ha convertido, Luisa .. ¿Cómo? 
. . .Dejando \. de creer. Sí. Desde entonces me ins- 
pira V. tal horror, que veo claramente cuan cquivo- 
cado estaba. No ceso de repetirlo: la vcrd'id no afea 
las almas. 

"Desde que creo, soy feliz. Hoy po;co la dicha, 
fruto también desconocido para mí, y que no da el ár- 
bol de la mentira. 

"Pero V., Luisa, ¿es dichosa? ¡x\h! no cr-. posible. 
Renuncie V. pronto a estos fatales errores y quemo 
mí libro. 

"Estamos en mayo; todo sonríe, todo canta en la 
naturaleza; los retoños nos anuncian el renacimiento 
de los árboles; esto es una verdadera reaurie ccion. 

"Pensaba á un tienqjo en todo esto en el campo 
donde me he refugiado. Y me decía: yo tandiien he 
resucitado; ¿pero no resucitará Luí«a? ¡E.s esto tan 
fácil para V.! 

"¡Acuérdese de V., y también de mí!" 
vil. 
"Amigo mío: 

"Mí hija ha recibido su carta, que le h:"i cnusado 
mas alegría de lo que puede V imaginario. La po- 
brecilla, créame V., no ha dejado de ser ni r.n instan- 
te la humilde cristiana de siempre. Lo pide á Y. per- 
don de haber empleado, para curarlo, una íiccion q«o 
estoy segura no le echará V. en cara. Ha criido quo 
ofreciéndolo á Vd. el triste espectáculo d<l uhua de 
su prometida, presa de la duda y la incredulid?.d, no 
podría V. continuar en tan lamentable er,lj>do. Ha 
conseguido ins])irarlo horror, que es lo que desbaba; 
ha conseguido hacerle cristiano, que ea por lo que 
suspiraba día y noche, y lo que sus lágrim.ts podían 
á Dios. — Hasta mañana, amigo mió, hijo niio. Quo 
Jesucristo bendiga á V. y á mi querida hija. 

VIII. 

Así es como llegué á ser cristiano. 
¡Gloria á Dios! 

León Gautíer. 



Se publica todos los Sábados, en Las Vegas, N, 



9 de Marzo de 1878. 



Múm. 10. 



NOTICIAS TEIIKITORIALES. 



NueTO Méjieo. — Cuando en nuestro número ai_- 
terior hablando de los asesinatos de la Ciruela, de- 
ciamos que "debe emplearse algún remedio pronto y 
eficaz si no se quiere que este país se vuelva una 
tierra de salvajes," nunca hubiéramos pensado que 
nuestras palabras viniesen tan á propósito para seña- 
lar en efecto una triste realidad. La Gaceta de Las 
Yegas de la semana pasada puede ofrecer un testimo- 
nio de lo que aquí afirmamos. En la primera página, 
primera columna, se lee una relación de lo que acon- 
teció en la Ciruela; cinco ó seis muertos, ocho ó nue- 
ve heridos. En la misma primera página, tercera co- 
lumna, se lee otra relación, la del asesinato de J. H. 
Tunstall. Al leer estas relaciones muy naturalmente 
se pregunta uno á sí mismo: ¿cuál puede ser la causa 
de tantos y tan terribles delitos en Nuevo Méjico? 
Pero con el mismo periódico podrá el lector satisfacer 
su curiosidad. En efecto, vuelva el lector la página 
y en la primera columna hallará esta breve noticia 
''Nülle proseqiñ. De una carta de Santa Fé tenemos 
la noticia que en la causa del Territorio contra Simón 
A. Clement, acusado de haber envenenado á su pro- 
pio hijo, el Sr. Breeden, procurador general, anunció 
á la corte que le era imposible probíir la acusación 
contra el demandado, y pidió permiso para desechar 
la causa que en seguida le fué extendido y registrado. 
El Juez Sydney A Hubbell, de Las Vegas, y el Hon. 
Tilomas B. Catron, procurador de los Ü. S., eran los 
abobados del demandado." Y en la misma página 2, 
columna tercera, se lee: "El Gobernador S. B. Axteli 
llegó acá de Santa Fé. Entendemos que se estará en 
esta plaza varios dias para investigar el asunto de in- 
dulto de Francisco Saiz, ^ro«(7c?í(u/o d mueiie por Ito- 
vi'cidioj tocante lo cual ha recibido varias peticiones 
de nuestros ciudadanos. Con su acostumbrada dili- 
gencia y cuidado, el Gobernador es deseoso enterai-se 
completamente del caso antes de obrar. Las peticio- 
nes fueron hechas para el fin de indulto, bajo condi- 
ción de buen porte y abstinencia total de licores em- 
briagantes." 

Esperamos que rnie<síros ciudadanos quedarán con- 
tentos con el buen jjorfe y abstinencia total del susodicho 
Francisco Sais, y que no se quejarán como por lo pa- 
sado de que se mate la gente tan frecuentemente cer- 
ca de Iglesias donde se han enseñado dogmas religiosís 
durante 200 años pasados. 

JÍOTICÍAS NACIOííALES. 



lisiados i,TaflÍ4.1o.§. -Queríamos dar á nuestros lec- 
tores una idea de los honores fúnebres que en todas par- 
tes délos Estados ha recibido el difunto Sumo Pontí- 
fice Pío IX. Pero confesamos que nos faltó el ánimo 
para reasumir todo lo que sobre este punto nos han 
traído nuestros Cambios del Este. Solo notaremos 



que la muerte del Jefe Supremo de la Iglesia católica 
puso en conmoción no solamente á los Católic:s, sino 
a todos. De Pío IX han hablado periódicos protes- 
tantes y seglares, magistrados en las Cortes y minis- 
tros en sus pulpito.^: y generalmente han hablado con 
grandes elogios. Este concierto unánime de protes- 
tantes para ensalzar la memoria de un Papa, es por 
cierto digao de observar. Citemos aquí algunas pa- 
labras pronunciadas en la Corte Criminal Superior 
de Louisiana por el Juez Juhn A. Campbell, uno de 
los licenciados mas distinguidos de este país, ex-Juez 
de la Corte Suprema de los Estados Unidos, y uno 
de los principales sostenes de la Iglesia Episcopalia- 
na en el Sur. 

"Itlay it picase your Honor. A instancia de uno de 
mis amigos que está impedido de presentarse en per- 
sona, y en conformidad también también á mis pro- 
pios sentimientos, propongo que se prorogue esta 
Corte hasta el próximo Lunes, en prueba de nuestra 
simpatía ó interés por la muerte de un gran personaje 
de la Cristiandad; mas excelso por su rango, mas ve- 
nerable por su edad, mas devoto por su piedad, y que 
ha recibido de parte de los hombres mayores mues- 
tras de amor y obediencia, que cualquiera otra indi- 
viduo. Casi por treinta y dos años, y mas que trein- 
ta 3' uno, el Papa ha presidido á la Iglesia Católica. 
Su vida durante este largo período de tiempo, ha sido 
una vida de santidad. El ha experimentado grandes 
vicisitudes en su situación y en su fortuna. Pero 
en todas estas mostró tan gran fortaleza, tan gr<\n fir- 
meza, tan grande paciencia y resolución, que lo hacen 
el objeto del amor y estimación tle toda la humani- 
dad. El ha muerto en la plenitud de su edad, des- 
pués de haber vivido tan largos años; pero no habido 
en su vida una época en que no haya podido decir 
con S. Ambrosio: Estoy jjrordo para morir; !ie vivido 
de tal manera, que no temo vivir de nuevo; yo es'oy p)ron- 
tojiara rnoi'ir, si ten-jo que pi'cscntanne delante de un Sc- 
ñv tan bondadoso.'" 

¡Así hablan en los Estados los protestantes mas 
distinguidos! Imagínense nuestros lectores qué in- 
presion pudo producir en nosotros al oir, mientras 
leíamos tales cosas, al Sr. Anuin ministro presbiteria- 
no de Las Yegas, que gritaba la semana pasada "los 
principios de liberdad no tienen enemigo mas acérri- 
mo que el Sacerdote Piomano, etc., etc." Pero dejemos 
á este Señor. 

Al par que do Pió IX, los periódicos seglares de 
los Estados hablan del nuevo Pontífice León XIII 
con grandes elogios. Antes que ellos nos habia ha- 
blado en el mismo tono el London Times, periódico 
muy desfavorable á los católicos. El mayor elogio 
que de él se hace, consiste en hi unión de dos cuali- 
dades que parecen opuestas; firmeza y suavidad. Pa- 
rece que ha manifestado ya su intención de seguir la 
política y conducta de Pió IX. Por lo demás ten- 
dremos dentro de poco su primera encíclica, ó carta 



-XIO- 



pastoral del nuevo Papa á los Obispos y fieles de la 
Iglesia Católica, y uo dejaremos de comunicarla á los 
lectores. 

Eu cuanto á los fuiíevules que por doquiera se han 
celebrado en los Estados con grandísima pompa; en 
IScAv York, en Boston, cu Baltimora, en S. Francisco, 
eu San Luis, en Cincinnati, en Chicago, en New Or- 
leaus, en Newark, en Brooklyn, etc., renunciamos á 
describirlos, pues no bastarla un entero volumen. 
Por cierto, Pió IX ha conmovido al mundo entero 
con su muerte tanto y aun mas que en el trascurso 
de su vida. Hé aquí cómo se expresa el Cal/iulic lic- 
clcir de Brooklyn del 23 de Febrero á propósito de 
estos funerales. 'Pió IX también eu su nuieiío sigue 
conmoviendo ki Iglesia, como lo había hecho durante 
su vida. Solamente en el año del Jubileo hemos vis- 
to sus hijos do America tan profundamente conmovi- 
dos como en los pasados diez días. Nuestras Igle- 
sias están abiertas de par en par para el pueblo, y sus 
ornamentos fúnebres son una invitación para entrar 
y rogar á Dios para el descanso del alma de Pío IX. 
A esta invitación se corresi)ondió con placer, y la gente 
se agolpaba en nuestras Iglesias, hasta en las horas 
menos acostumbradas para manifestar su veneración y 
la memoria que conservan de Pió IX. En todas las 
Iglesias se han hecho preparativos para Misas so- 
lemnes de réquiem; y a ellas ha acudido tanta gente, 
que á no haber sido por su piedad y devoción, no ha- 
bría sido posible que guardasen el orden. Se han di- 
cho un sinnúmero de Misas privadas de réquiem para 
el Papa; sus virtudes han sido la materia de conver- 
sación en cualquiera casa, y se han levantado plega- 
rias á Dios, para su alma. Todo esto ha contribuido 
ií avivar admirablemente la fé y piedad católica, 
por lo que se ha ilustrado tanto ellargo pontificado 
de Pío Nono; do modo que bien puede decirse que 
Pío Nono en su muerte parece confirmar la obra de 
su vida, y sin duda está ahora rogando por su Iglesia 
desconsolada." 

l«W5i. — Traducimos del ^¡ce 3Iaria: "A pesar de 
estar en invierno vemos que siguen erigiéndose nue- 
vas Iglesias católicas. Se ha acabado la nueva Igle- 
sia de AVebster City en lowa. Diócesis de Dubuque. 
La Parroquia se compono de 65 familias; una mitad 
casi es de Alemanes, y la otra mitad de Irlandeses. 
Tiene ahora un párroco residente." 

."^'eíH'assIiSB — "Trece familias solamente de Lux- 
emburgo han levantr.do una Iglesia (frame 40x85 piésj 
cu Davit City, Nebraska." 

Kmii^ji^^ — "El Ilev. AV. Tímphans se ocupa eu 
levantar uua Iglesia do ladrillos (45x85 pic's) en Be- 
loit, Mítchel], Co. Otra Iglesia de ladrillos (22x35 
pies) se está levantando en Liniestone. Iglesias de 
tablas están construyéndose en Jewell City y en Pit- 
tsburg, y dos Iglesias de ladrillos en Deli^hos y en 
Lincoln Centre." 

:tliiiia4VM><a — "Oímos de Minnesota que las nue- 
vas Iglesias en Sleepy Eyo y en LeavenMorth han 
sido últimamente consagradas, y que se ha puesto la 
primera piedra de otra Iglesia en Burns." 

llliiKtis — El 27 de Enero se concluvó una misión 



NOTICIAS EXTRANJERAS. 



eu 
se 



dada por algunos i)adres de la Compañía de Jesús e 
la Iglesia de Navidad en Chicago. (),0()0 ])ers()nas s, 
Ijan acercado á la mesa eucarística. Kil adultos con 
firmados y 22 protestantes convertidos. 

:^íassa<-iiMss<'íí*.-^En una misión dada por el 
P. Maguire S. J., y otros Padres Jesuítas en la Iglesia 
do St. Mana del Sagrado Corazón en Boston se han 
oido 12,000 confesiones, 510 adultos han sido confir- 
mados, y 30 protestantes recibidos eu la Iglesia. 



Btoiiia. — Los periódicos liberales de todos mati- 
ces nos habían aturdido los oídos acerca de la políti- 
ca y linea de conducta que el nuevo Papa se proponía 
seguir. La elección del Cardenal Pecci era según es- 
tos periodistas el triunfo del partido liberal (esos ra- 
halkrus ven partidus en donde quiera). El Papa Leon 
XIII es un tnoderado: y esto quería decir según ellos, 
que era de opiniones contrarías á las de Pío IX. El 
telégrafo, por supuesto, hacia cundir estas peregrinas 
informaciones por todo el mundo. Pero todos estos 
sueños de enfermos y de calenturientos se disiparon 
con la aparición del siguiente despacho. "Boma 2() 
de Febrero. El Cardenal McCloskey presentando 
ayer su homenaje al Papa, le dijo que no sentía el 
no haber llegado á tiempo para el Conclave, conside- 
rando cuan buena elección habían hecho los Carde- 
nales. Se anuncia que el Papa Leon XIII será coro- 
nado el Domingo (3 de Marzo) en la Capilla Sixtína. 
Antes de este die serán nombrados los diferentes em- 
pleados de la Corte Pantíticía. El Cardenal Simeón i 
ha sido nombrado de nuevo Secretario de Estado. Los 
irreconeiliahles y el partido de los Jesuítas, ( ¡Aquí tam- 
bién entran los indispensables Jesuítas!) lian trabajado 
niHí'lásimo para conseguir esta confirmeicion." En buen 
castellano el telégrafo quiere decir que Leon XIII está 
determinado á seguir la política de Pío IX, y que ha- 
bía mentido al anunciar, pocos días atrás lo contra- 
río. 

FraBioía. — Del London Uiuverse Enero 1(3, saca- 
mos cuanto sigue: "Cuando el primer ministerio do 
Dufaure empezó sus funciones, el Ministro de Instruc- 
ción Pública, Mr. "Waddiugton, propuso la abrogación 
de la ley que daba el poder á las Universidades Cató- 
licas de conferir grados. La Cámara pasó el hill do 
"Waddingtou, pero el Senado lo rechazó. El nuevo 
Ministro de Instrucción Pública, Mr. Bardoux, ha 
obrado i'iltimamente de una manera muy diferente. 
Habiéndole pedido la Universidad Católica de París 
el acto de incorporación, el Sr. Ministro refiriólo todo 
al Consejo de Estado, como la ley lo mandaba, y ha- 
biéndose cumplido con todas las formas legales, man- 
dó que so preparase el acto de incorporación para la 
firma del Presidente. Y así, lo que maldecía Wad- 
díugton, lo bendice Bardoux. El periódico del Sr. 
Gambetta La liepuUique L'ram^aise se enoja sobre 
manera contra el Ministro de Instrucción, porque no 
se ha negado á las demandas de los Curas, y no será 
improbable que nazca algún alboroto en el campo re- 
publicano, porque una vez se ha hecho justicia á la 
Iglesia." ¡Los hombres son por doquiera los mis- 



mus 



A9oiiBai&ia. — Es cierto que al mismo tiempo que 
Europa está amenazada por una invasión cosaca, lo 
es al mismo tiempo por una revolución socialista. Leía- 
mos en uua correspondencia del LJverpuol Times, Feb. 
8, referida por el Catholic Unicerse: "Después de va- 
ríos meetiuí/s bastante numerosos tenidos en la Capí- 
tal la sem:»ua pasada, los socialistas han declarado de 
nuevo que ellos nada tienen que ver con el Ci*istíauí.s- 
mo, que lian salido de la Iglesia protestante estableci- 
da, y (jue no pertenecen á ninguna denominación. Los 
oradores hau insistido eu la necesidad de mostrar (d 
inundo entero que los Socitdista.s ni son sus nombres ni 
ron su dinero querian prestar apoyo á las supersticiones 
cristianas que desde mucho tiempo han renunciado. Las 
blasfemias que la policía ha permitido proferir cu 
esos vicdimjs, son indescribibles, y por ningún estilo 
quisiera manchar las columnas do vuestro periódico 
con repetirla, Pero para dar lí entender á vuestros 



111 



lectores á qué punto han llegado los socialistas ale- 
íiíaües en sus cohviccioíies irreligiosas, bíisteme citar 
una sola frase de uno de los oradores de Bcrlin; (To- 
das las veces dijo, que oigo mentar la palabra Cris- 
tianismo, me siento estremecer como si corriese agua 
fría por todo mi sistema nervoso) . Y para mostrar 
qué progreso ha hecho el Socialismo entre los Pro- 
testantes Alemanes, uno de los Oradores, que en su 
íijñez habia sido Católico, dio en uno de los susodi- 
fclios vrce'íings laS siguientes estadísticas acerca de la 
asistencia de los protestantes;! sus Iglesias. En Ber- 
lin sobre 100 Protestantes solamente 18 van á la I- 
glesia; en AVorms 6 por ciento, en Maguncia 5 por 
ciento, en Giessen 5 por ciento, en Darmstadt 3 por 
ciento, en Chemnitz 3 por ciento, y en el lugar que el 
Orador representaba 1 por ciento, número que, como 
él dijo, constaba de viejos y de algninos ninoi?." 

Entretanto la persecución bismarkiana contra los 
católicos continua como siempre. El Sr. Szmanski 
editor del Ger inania, ha sido de nuevo condenado á 5 
semanas de cárcel por una pretendida ofensa contra 
el Ministro Prusiano. El P. Pliilippi fué condenado 
en Loukan, Silesia, á una semana de cárcel porque 
había dicho en un sermoü que en las circunstancias 
feu que ahora se hallan los católicos, era deber de los 
padres de familia enseñar el cat(?cismo á sus niños. 
Esta, sentencia verdaderamente inicua efe siü duda 
una aplicación de la ley concerniente á los pulpitos. 

Ksfoclíí.— El difunto Pió IX lo habia arreglado 
todo acerca del vestablecimionto de la Jerarquía en 
Escocia. Algunos periódicos liabian dicho que la pn- 
bücacion de la Bula Pontificia habia sido retardada 
por oposición del Gobierno inglés. Esto es falso, 
feieiidd |50t fel Contrario muy cierto que el Gabinte in- 
glés uo puso ningún obstáculo al rtistableciuniento de 
la Jerarquía en Escocia. La línica dificultad consís- 
tia en escoger el lugar de residencia de los nuevos 
Obispos, y especialmente del nuevo Arzobispo. An- 
tiguamente habia trece Diócesis en Escocia, de las 
Cuales dos ei'ah arzobispado.?, bl do 8t. Andrew.y ei 
de Glasgow. De estas trece 8 serán restablecidas, 
formando por ahora una sola provincia eclesiástica. 
Algunos periódicos dijeron que habría dos arzobispa- 
ttos) ei de St; Andrew y el de Glasgow: pei'O parece 
ÜO ser verdad. Cuando un Obispo eñ trasferido de 
una sede Arzobispal á una sede Episcopal, conserva 
siempre el título de Arzobispo. Pues bien, el nuevo 
Obispo de Glasgow era Arzobispo de Anazarba i. p. i. 
y de consiguiente guardará su título de Arzobispo. 
De aquí tal vez se origiiió el íumor de que Glasgow 
seria un Arzobispado. La Bula de este restableci- 
miento, la última obra del glorioso pontificado de Pió 
IX, se cree que se publicará en la Pascua. Hé aquí 
el título de las Diócesis con los nombres de los titu- 
lares y el lugar de su residencia, según los da L' UnUá 
Calt ótica. 

Diócesis de St. Andreío. Su Eminencia el Cardenal 
Howard. Eesidencia en Edimburgo. 

Diócesis de Glasrjow. Mñr. Carlos Eyre, ahora Vi- 
cario Apostólico del Distrito Occidental y Visitador 
Apostólico de toda la Escocia. Residencia en Glas- 
gow. 

Diócesis de Aherdcen y Arcadcs. Mñr. Juan Mac- 
Donald, ahora Vicario Apostólico del Distrito Seten- 
trional de Escocia. Eesidencia en Aberdeen. 

Diócesis de Gcdloiray. Mñr. Juan Strain, ahora Vi- 
cario Apostólico del Distrito Oriental de Escocia. 
Eesidencia en Dunfries. 

DiójcesLsde Dunhlaiie, Dunl'eld y Brc^-hiv. ]\íñr. Pat- 
terson, Prelado de la Corte Pontificia. Residencia en 
Dundee, 



Diócesis de Moray, Ross y Caitlmess. El P. Daugas 
de la Congregación de los PP. Redentoristas. Resi- 
dencia en Marness. 

Dió'cc.sis de Arrjyll y de Ja.s Islas Ebridas. El Rev. 
Valentín Cbisolm. Residencia en Oban. 

Diócesis de Uiithcrgípn íde nueva erección). El Pa- 
dre Lokhart de la Cong'regaeio» de la Caridad. Ee- 
dencia en S. Juan de Glasgow. 



CRONOLOGÍA DE LA GTJEP.IÍA DE ORIENTE. 



1873 



1876- 



-Jidio — La revolución de Herzegovina toma 
grandes proporciones. 

-Agosto — Las grandes potencias designan una 
comisión para investigar las condiciones de la 
Turquía Europea. 

-Enero— has grandes Potencias se adhieren á 
la nota dirigida por el ministro Andrassy á 
íiirquía; en la cual se piden reformas en el 
Gobierno Turco. 
— Eelrrero — La Turquía contesta con ciertas res- 
tricciones á la nota de Andrassy, 
— 3Iayo — Los musulmanes fanáticos cometen a- 
trocidades en Salónica — Destrouizamiento de 
Abdul-Aziz. — Barbaridades de los Turcos con- 
tra los Cristianos en Bulgaria. 

— /((lio — La Servia empieza las hostilidades con- 
tra los Tarcos. 

—ASe¿zem6rc— Inglaterra pide al Gabierno Turco 
que se castiguen los culpables de los excesos 
perpetrados'eu Bulgaria. La Rusia informa á 
Inglaterra que considera las barbaridades co- 
metidas en Bulgaria como razou suficiente para 
qu3 las Grandes Potencias intervengan. 

— (Jdul>re—Soh\:e demanda de la Rusia, la Tur- 
quía suspende las hostilidades con las provin- 
cia? rebeladas, á fin de dar una oportunidüd 
para hacer la paz por medio de un Congreso 
de las Grandes Potencias. 

—Noviembre— El Czar declara que si el Congreso 
no tiene un buen resultado, él obrará indepen- 
dientemente de las otras potencias, y llamará 
la Turquía A dar razón de sus hechos. 

— El Congreso empieza en Constantinopla. 
1877_£'„ero— El Congreso se disuelve, siendo sus 
proposiciones recliazadas por el Gobierno turco. 

Márr.O'--^ — Rusia, Alemania, Francia, Italia é In- 
glaterra dan todas juntas una amonestación á 
la Turquía. 

Abril — La Turquía rechaza este protocolo co- 
mo una intervención en negocios ajenos sin mo- 
tivo ninguno. 

— La Rusia declara la guerra ala Turquía, y 
manda que el ejército pase la frontera: 

_Mayo — Ardahan es tomada por asalto. 

■ — Junio — Kars es investida. 

—Julio— Ijos Rusos pasan el Danubio. -Primer 
ataque del Shipka Pass.-Los rusos son derro- 
tados delante de Plewna. 

Agosto y Scti'-inbre.-Gomh^ies desesperados 

para apoderarse de las entradas de los Balka- 
nes. 

— Noviembre — Toma de Kars. 

— Dici'iubre — Capitulación de Plewna. Los Tur- 
cos desocupan Sofia. 
ISIS— En er.i— Líos Rusos entran en Constantinopla. 

Eebrero — Los Turcos altaudonau los fuertes de 

Constantinopla. 



112- 



SECCION KELÍGIOSA. 



-^b-»-^» » » 



Cil-EXDARIO UCLKÍIOSO. 
MARZO 10l(>. 

10. Diimhujo I de Cari resmn -IjOV, Cuarentn MiirtircR de SebUBte. S. 
Macurío, Obispo y Oonfosor. 

11. Lunes -Los Snntos ¡Múrtires llpl'aclio v Zósiino. S. Eulogio. Mr. 

12. jI/í/Wps — Si\n Gregorio, Viipii, ¡ipcllidiido Kl Uranth'. 

V.\. Miércoles da Ti'iii/^ova. — Los Santos Mártivcs Maocdonio, rutti- 

cia su nuijcr, y .Moi1ont:>. Rii lii.in, 
1 1. Jueves— 'ÍL,\ 15. Leonardo Kininra Mi'-.rtir S, .T, en o\ Japón, y sus 

Compnficros. Santa Florentina, Virgen. 
15. Vkriies de 7í'7/iy/0)-a— Connu nioracii.n de los 'jla\o;; y lanza del 

Soñor. San Nicandro, Mártir. 
IG. Súbfido de TÍDipoya—S. Agapito, Oljíppo y t^onf^Rov. 

SAN GREWORIO i:?- (JllAMíF,, PAPA. 

Fué liijo de Gordiano, Senador EoDiano. Desem- 
peñó el cargo do Pretor, uno de los primeros de la ma- 
gistratura romana: y, muerto su padre, fué á Sicilia 
y edificó allí seis monasterioe, y después otro en Ko- 
nia, en su propia casa, del cual f'ué nombrado Abad. 
Creado Cardenal por el Papa Pelagio fué enviado al 
Emperador Tiberio Constantino, en cualidad de Le- 
gado Apostólico. Entonces fué cuando confutó tan 
victoriosamente al Patriarca Eutiquio, el cual nega- 
ba la verdadera resurrección de los cuerpos, que el 
Emperador mandó arrojar eli el fuego el libro de Eu- 
tiquio, y este mismo, muiiendo poco después, toma- 
ba cutre sus dedos el pellejo de la mano y decia: 
Creo que loilos resucitaremos en esta misma carne. De 
vuelta á lloma, habiendo pasado á la otra vida Pela- 
gio, fué elegido Papa 8. Gregorio-. En vano se resis- 
tió; en vano escondióse disfrazado cu una cueva; [uies 
fué descubierto y obligado ;í aceptar el oficio tan ele- 
vado como escabroso. Su caridad fué grande como 
•su humildad. Cada dia recibía en su misma mesa á 
algunos peregrinos; tenia notado el número de los 
pobres de la ciudad y forasteros, y sustentábalos cen 
carifio de padre. Desplegó infatigable energía y celo 
])or la propagación de la íé y extinción de la herejía, 
ileprimió á los Donatistas en África, á los Arríanos 
en España, á los Aguoitas en Alejandría, de cuya ciu- 
dad los echó. Rehusó el palio á Siagrio, Obispo, has- 
ta que este expulsara de Francia lí los neófitos here- 
jes. Obligó á los Godos ií abandonar el arrianismo. 
Domó la audacia de Juan, Patriarca de Constantiuo- 
j)la, quien so arrogaba el título do C^bisjio de la Igle- 
sia rnivcrsal. Indujo al Emperador Mauricio ¡í re- 
tirar la prohil)icion de liacerse monjes que tenia he- 
cha á los antiguos soldados. Dispuso que se honra- 
ran como los cuatro Evangelios, los cuatro primeros 
Concilios de la Iglesia, los do Nicea, Constantinopla, 
Efeso y Calcedonia. A este Papa deben los Ingleses 
la fé ^cristiana. Crregorio envió á Tnghitei'ra al Santo 
Obis[)o Agustín con pocos monjes, igualmente santos 
y doctos, y convirtió toda la Isia á Jesvicristo. Esto 
le valió el nombre de Apóstol de Inglaterra. Mu- 
chas otras cosas obró; }• nnichos libros compuso, lle- 
nos de sabiduría admirable; y finalmente descausó 
en el Señor el 12 de Marzo del año ü04, cerca de los 
(50 de su edad, y lí los 13 y seis meses de su Pontifica- 
do. La posteridad le ha ilatnado (iregorio el Grande. 



KE VISTA CONTEMPORÁNEA. 

Leoii XI I!, .según un telegrama tlel '1[\ (U> Fo- 
l)rero. eonlii-nu) a! CardcMiai Siniooni en la dig- 
nidad y cargo de Scüretario de Instado. Ivse te- 



legrama fué un trueno para la chusma de los ne- 
cios, que ya tenían traz.ida al nuevo Tapa la 
linea de conducta para ser un Papa á la altara 
de lo.<; tiempo.^. León XIII les diú chasco. Las 
ranas del i)eriod¡smo, recobradas de su primer 
aturdiminto, empezarán luego á repetir caca- 
reando en la octava mas elevada el la recibido 
por elTelégrafo; v oiremos, como liemos oído, 
que León XIII no" es el Card. Pecei; que no es 
tan liberal como se le creyó; y sobre todo que 
esta' dominado ¡lor los irreconciliables, y ,.. . 
¡pasmaos, cielos! ¡horrorizaos, mortales!. . . ¡por 
los Jesnitas!— A buen seguro esos Jesuítas son 
el compendio, la esencia, el jugo de todas 
las siete plagas de Egipto. Si ya "tienen al nue- 
vo Papa de la oreja" ¿quién podrá con ellos? 



El Sr. Gobernador visitó Las Vegas. La 
Gaceta nos anuncia que 'Su Excelencia no pare- 
ce estar nada vejado de su lucha contra los Je- 
suitas y la Legisíatura.'" ívos alegi-amos cíe co- 
razón ¡"y por lo que toca á nosotros diremos á la 
oficiosa Gaceta que estamos tan llenos de brio 
como si ahora empezase la gresca. Dice además 
la íntegra vecina nuestra que el Sr.^ Axtell 
"rancslli'a deseos de hacer que su admiíiistrliciotí 
de lo.s negocios territoriales sea la iuanguiacion 
de una nneva era de progreso y mejoras para 
el Nuevo Méjico, un renacimiento, un derroca- 
miento de las viejas murallas de las jircvcncio- 
nes, un abandono de los trillados sen<'.eros de la 
ca3t'iml>re, para entrar en un nia^ ancho cainpo 
de acción, y de ideas mas libres é indepcn'lieii- 
tes." ¡Tioables deseos! Pero el público es testigo 
(pte la administración axteliana no e.'-tá inaugu- 
rando nada nuevo; está volviendo simplemente 
á los siglos del fanatismo, de la tiranía, de jos 
odios y lu'lias y persecuciones religiosas. ¿.Cuáles 
son es'as ■'murallas'" (¡ue intenta derribar, y esas 
"rodadas" «pie se propone de hacer abandonar? 
■Serán i)or ventura atiuellos "dogmas y doctri' 
ñas" demmciadas mas abajo por la servilísima 
(^fic ia como "dañosas á hi salud piib'ica, y en 
conllicto con el espíritu de nueatra civilización?" 
?i algo entendemos de esa jerigonza de mojiga- 
tos. a(|uellos "dogmas y doctrinas" son princi- 
palmente las leyes de la Iglesia Católica sobre 
los matiimonios. Y ¡linda cosa es ver atacar 
aípiellas leyes i)or la (r((cefa de Las Vc(/a^l Esa 
espada rota de los Mormones que, á pesar de ad- 
mitir que a(]uella ralea de mi.-^erables era una 
mancha do oi)ro\)io para ba civilización america- 
na, combatió vergonzosamente por su inmigra- 
ción á nuestro Territorio, se desmanda ahora 
hasta llamar "ojjuestas al espíritu de nuestra ci- 
vilización" unas leyes católicas respetadas cu 
todo el mundo, sin excluir los civilísimos Esta- 
dos Unidos. ¡Vergüenza, señora Gaceta, ver- 
güenza! Hasta que habéis procurado mantener 



-113- 



vuestra balanza en nn tal cual aparente equUi- 
hrio político, os hemos respetado; pero ahora que 
el favoritismo, 6 el oro, ó el fanatismo, 6 la ig- 
norancia, 6 la masonería, pesan mas que todos 
vuestros esfuerzos de contrapeso, merecéis que 
se os trate de otra manera. 



En el Jornal do Commercio de Lisboa halla- 
mos un curiosísimo documento; el estado d parte 
que el drgano de la sociedad protectora de ani- 
males, El Zoophilo, publica en sección oficial, y es 
como sigue: 

"Movimiento del hospicio de los animales du- 
rante el raes de Octubre. — Han entrado en este 
hospicio hasta el dia 31 de Octubre, por enfer- 
medad, 38 perros, de los cuales fallecieron 21, 
fueron curados 12, y quedan existentes 5. Las 
dolencias predominantes fueron de los o'rganos 
respiratorios principales, de la piel, contusiones 
3" heridas procedentes de atropellos y malos 
tratos. Algunos vinieron aquejados de anemia, 
de resultas de faltas de alimentación. Han en- 
trado también en el hospicio 23 gatos. De estos 
fallecieron 15, fueron curados 5 y quedan exis- 
tentes 3. Las enfermedades predominantes fue- 
ron del aparato gástrico, notándose muchas he- 
ridas y contusiones de resultas de caidas de 
grandes alturas y de golpes de individuos mal 
intencionados. Verificáronse algunas con- 
sultas referentes á animales que no perma- 
necieron en el hospicio, y se hicieron algunas 
operaciones con éxito, entre ellas una muy im- 
portante, que fué la extirpación de un tumí)r en 
la región mamaria á una cachorra de raza del 
monte de S. Bernardo, siendo los operadores el 
Sr. Alves Tergo y el Sr. Lopes Fernandez. La 
cachorra se halla restablecida. p]l incremento 
que se advierte en la estadística de mortandad, 
tanto en los perros como en los gatos, tiene su 
explicación en que una gran parte de los ani- 
males, cuando son admitidos en el hospicio, lle- 
gan en estado gravísimo, quedándoles pocas 
horas de vida, y no dando tiempo á que se apli- 
que tratamiento alguno." 

El Jornal do Conwiercio aplica el correctivo 
de la sátira á esta perfección del trabajo oficial: 
"Todo esto, dice, es muy instructivo, y prueba 
los elevados sentimientos de la dirección, que se 
muestra tan solícita por la suerte del perro y del 
gato, mientras que tantos seres de nuestra es- 
pecie languidecen y mueren faltos de alimenta- 
ción y de buen trato."' 

La Crvz de Madrid, que refiere esto, añade: 
"El colega lisbonense concluye manifestando 
curiosidad acerca de si da á los animales enfer- 
mos caldo de gallina 6 de vaca. ¡Tendría que 
ver, efectivamente, que la benemérita asocia- 
ción mandara matar unos animales sanos para 
salvar á los que 5'acen en el lecho del dolor/ La 
nación en que eso sucede es la misma de donde 



hace pocos años fueron expulsadas de un modo 
salvaje las Hermanas de la Caridad. Hemos lle- 
gado al último grado de la moderna civilización. 
Se cierran hospicios y hos¡)itales para hombres 
por falta de recursos, y se abren hospicios y 
hospitales para perros y gatos. Mr. Darwin, que 
sostiene que el hombre procede del mono, debe 
tener muy en cuenta este hecho, por si cree que, 
en virtud de él, el hombro procede del perro y 
del gato." 

Y nosotros ¿qué diremos? Que en nuestro 
Territorio estamos expuestos á ver que el dia 
menos pensado, vuelva á haber una legislatura 
de hombres ilustrados, progresivos y á la altura 
de los tiempos, que entrando en las ideas axte- 
lianas hagan una buena ley de animales para 
que no se verifiquen entre nosotros aquellos hor- 
rorosos desü'rdenes que en Lisboa se deploran, 
y vuelvan á quitar la miserable subvención de 
$100 mensuales al Hospicio y Hospital de las 
Hermanas de Caridad en Santa Fé, con los cua- 
les dando un paso ma? adelante, siempre según 
afiuellas ideas, establezcan en vez un Hospicio y 
Hospital de perros y gatos, y todo género de 
animales, por los cuales no siendo privados indi- 
viduos no Siria inconveniente dar del público di- 
nero del Territorio. 



►«^^- 



El New Mexican es el órgano del gobierno 
en este Territorio, y los que escriben en él, los 
mas, si no todos, son Honorables. Pensamos que si 
las Gracias tuvieran que escoger un periódico, 
lo harian órgano suyo, igualmente para servirse 
de él con exclusión de otros, y bien lo merece. 
Bajo el punto de delicadeza el New Mexican no 
va en zaga á nadie; palabras suaves, expresio- 
nes decentes, frases graciosísimas son su género 
do especialidad. Tratar á sus adversarios de 
machos cabríos, de foros, áa perros, de chulos, de 
caqatinta malparido, chucMto manco y advlon, de 
echados á jnmtapiés, de estújndos y semejantes 
araabildacles son sus delicias. Su estilo correspon- 
de á la delicadeza del lenguaje, y daremos, por 
ej., un fragmento incomparable entre mil, toma- 
do del niim. 2 de Febrero en el cual la sublimidad 
solo iguala la delicadeza. "Bah! traidor Jesuíta, 
esta es América, los Estados Tenidos, el país del 
Tío Samuel, la tierra de los Yankees: si es que 
no te gusta, déjale y vete. Hasta tu mismo pue- 
des permanecer todo el tiempo que obedezcas 
las leyes — el lugar que ocupas seria mas agra- 
dable que tu compañía — pero estáte y si es po- 
sible no metas tus manos en los bolsillos de 
otros, ni tu hermosa nariz en los negocios que 
no te importan; siéntate y observa, y si no eres 
demasiado viejo y estúi)ido ¡lara aprender, toda- 
vía puedes tener la esperanza de convertirte en 
un ilustrado ciudadano Americano.'' Señores 
del New Me.rican si la ilustración de que hacéis 
alarde es la (lue se desprendo de vuestra mane- 
ra de hablar, quedaos con ella. 



-114- 



CARTA PASTORAL 

I>AI!A LA CUARKSMA DK 1878. 

Juan Bautista por la misericordia de Dios y el fa- 
vor de la Santa Sede Arzobispo de Santa Fé\ al 
Clero y á los Fieles de la Diócesis salud y hen- 
dicion en el Señor. 

T*eHfi'(fbIes Sívrmntws, qi^erhlos FUJes, 

Aunque muy lejos de nuestra amada Diócesis, 
podemos con toda sinceridad aseguraros que 
desde el dia (jue salimos de nuestra Ciudad p]- 
piscopal hasta la fecha no liemos dejado de ofre- 
cer instantemente al Señor de las misericordias 
nuestros humildes ruegos, é imi)lorar sus ben- 
diciones celestiales por vosotros, á quienes por 
justicia debemos llevar constantemente en nues- 
tro corazón. Esta obligación hemos contraído 
cuando, á pesar de nuestra indignidad, la l*ro- 
videncia divina nos confio' el cuidado de la sal- 
vación de vuestras almas; bien que sintamos el 
deber de añadir que muy lijera carga es para 
Nos esta obligación, siendo que la llevamos con 
amor. 

Una distancia inmensa de tierra y de mar nos 
separa corporalmente de vosotros, pero nuestros 
pensamientos, nuestros afectos se dirigen siem- 
pre hacia vosotros, y todo lo que podemos ver y 
oir nunca podrá hacernos olvidar nuestros que- 
ridos feligreses y amados hijos en Dios Nuestro 
Señor. La divina Providencia sabe bien que 
solo la necesidad de procurarnos ministros por 
el bien de vuestras almas nos ha hecho ausentar 
de nuestra Diócesis; y vosotros conocéis todos la 
escasez (jue sufrimos de sacerdotes. 

¡Cuántas veces y en cuántos lugares se nos ha 
pedido un sacerdote de parte de los feligreses 
ansiosos de cumplir con todos sus deberes de 
Cristianos Cato'licos! ¡Cuántas familias llenas 
de buena voluntad se han visto privadas, muy 
á pesar suyo, de los ministerios de nuestra san- 
ta Madre la iglesia á cansa (le la suma distancia 
que les dividía de su inmediato pastor y padre 
en Jesucristo! Y sin embargo nos era imposi- 
ble satisfacer á reclamos tan loables y justos, ni 
proveer atan extremada necesidad. Ahora em- 
pero, gracias á la bondad divina, esliéramos (pie 
no sucederá así en lo futuro, y (pie jiod remos te- 
ner el consuelo de acceder á los deseos y peti- 
ciones de nuestros amados hijos. 

Igual esperanza nos anima acerca de la con- 
tinuación de la obra de nuestra Iglesia Catedral, 
para lo cual contamos en parte con las contrilm- 
ciones voluntarias de nuestros feligreses, sobie 
todo de atpiellos (pie mas proporción tienen, de 
los que ya muchos n(\^ han ayudado c(m bastante 
generosidad. 

Al salir de nuestra Diócesis ya la viiiicla lia- 
bia causado tíM'riblcs estragos entre vosotros, a- 
mados hijos. Supimos (pie desde entonces ha- 
bla crecido su intensidad y violencia, pobre todo 



en el Norte del Arzobispado. Esta triste noti- 
cia llenó de dolor nuestro corazón y todavía nos 
tiene con grave cuidado. ¿Cómo podria ser lo 
contrario, cuando pensamos cuántas familias se 
han visto arrebatar por la muerte, en pocosdias, 
el objeto de su mas tierno amor y cariño, sus 
(pieridísimos hij^.s? Así como un padre se rego- 
cija de ver á su prole buena y feliz, y siente lle- 
narse el pecho de amargura en vi¿ta de las ca- 
lamidades que atribulan los miembros de su po- 
bre hogar, del mismo modo goza y se aflige nues- 
tro corazón, amados hijos, á la noticia de vuestro 
bien ó de vuestros infortunios. 

Queridos Hermanos, adoremos la mano de 
Dios, que quiso probar nuestra fé y constancia 
durante este último año pasado, y mas (jue to- 
dos quiso experimentar á nuestros feligreses de 
los Condados de Rio Ariiba y Taos, á los que 
además de la pérdida de sus cosechas, envió el 
azote de la viruela en una forma mas violenta y 
desoladora que á los dema's habitantes del Ter- 
ritorio. Si no tuviéramos fé podríamos quejar- 
nos de nuestra suerte. Pero, como Cristianos, 
sabemos (|ue Dios castiga á los que ama; y he- 
mos de decir con el santo y pacientísimo Job: 
''Si recibimos los bienes de la mano de Dio?, ¿por- 
qué no recibiremos también los males?" (Job, 
2. 10.). Ciertamente Dios Nuestro Señor nos 
envia los padecimientos y la adversidad para 
que conozcamos siempre mas nuestra dependen- 
cia de su divino poder, para que nos humillemos 
delante de su acatamiento, para que lloremos 
nuestras culpas, imploremos su perdón y mise- 
ricordia, y le rindamos mas fielmente el culto, 
la adoración y la obediencia que todos le debe- 
mos. 

¡Hermanos carísimos! sean estos vuestros sen- 
timientos, sea Cita vuestra disposición al entrar 
la santa sazón de la Cuaresma. Nos, de nuestra 
parte, j¡edimos encarecidamente á Dios que to- 
dos vosotros os preparéis, como conviene á los 
verdaderos hijos de la Iglesia, á reconciliaros 
con Su Diviua Majestad; "á no recibir en vano 
lagraria de Dios"" (2. Cor. 0.); pues "este es el 
tiempo favorable, este es el dia de salvación" 
(i\)id. V. 2.); á no malograr j^or fin la ocasión o- 
portuna de asegurar la salvación eterna de vues- 
tras almas. 

Conociendo vuestra ardorosa devoción y pie- 
dad vcrdaderanunte filial hacia la soberana Rei- 
na de los cielos y Madre de Dios, no dudamos 
(pie oiréis con gusto la noticia de nuestra visita 
(le hace solo pocos dias. al snntuaiio de LornnivS, 
tan celebrado en todo el mundo católico. Es 
arpiel mi-vino lugar donde la Santísima Virgen 
Maria apareció, 20 años atrás, á una inocente y 
candorosa niña, haciendo brotar allí inia luento 
milagrosa cuyas aguas han dado desde entonces 
la salud á enfermos sin número, renovando en 
los fieles su devoción á la niignsta Madre del 



-115- 



U ÉÉ ^jüíKSkí aSíáaíi 



Salvüdi 1-, }• disponiéndolos á recibir de su divi- 
no lüJo gi-¡icias sicm[)rc mas abundantes. En 
mitiel ip.i.^ino lugar sagrado hemos tenido la di- 
cha de ofrecer tres veces el santo Sacrificio de 
la Misa. ■ En aquella ocasión no hemos faltado 
de poneros á todos bajóla i)roteccion y amparo 
"de tan poderosa Señora y tan buena Madre, pa- 
ra que ella se digne de ayudaros ;í servirá 
Dios con toda fidelidad, á santificaros, y asegu- 
raros con buenas obras la posesión y gozos in- 
terminables del Cielo. ' La gracia de Nuestro 
Señor Jesuscristo sea con vosotros. Mi since- 
ro amor con todos- vosotros en Cristo Jesús. 
Amen" (1. Cor. XVI. 23. 24). 

Dada en Aviñon (Francia) Febrero 2, 1878. 
Fiesta de la Purificación de Maria Santísima. 

^ J. B. LAMY, 

ArzoMsjJO de Santa Fé, N. M. 



CIRCULAR 

DEL MUY REV. T. EGÜILLON, VIG.MMO UENKUAL. 

Queridos Hermanos en J. ('.: — LeonXílí es el 
nuevo Papa(|ue la providencíanos ha dado, dis- 
•poniendo de los acontecimientos con fuerza y 
suavidad en favor de su Iglesia. 7\un no hablan 
acabado de decir los homl)res todo lo que pen- 
saban del sublime mártir Pió ÍX, que lloramos, 
cuando ya el nombre de su legítimo sucesor, León 
XIII aparecía como una auror'a de consuelo, 
(lue venia a secar nuestras lágrimas. Como el 
antiguo Israel, perseguido por los Egipcios, te- 
nemos siempre delante la columna de luz, des- 
tinada á guiarnos en medio de nuestros enemi- 
gos hasta la tierra de promisión. 

¡Ea, pues! pueblo de Dios, hagámonos dignos 
de esta protección especial con nuestra gratitud. 
■ ¿Quién hubiera pensado, hace algunos meses, 
cuando los poderosos impíos se conjuraban para 
apagar la antorcha que nos dirige, fjue hubiera 
tanta facilidad y libertad para dar un sucesor á 
Pió Nono? Dios tiene en sus manos hasta los 
corazones de sus mas implacables enemigos. La- 
qucus contritus est et 7ios liherati svnius. Testigos 
de esta obra del poder divino en favor de lasan- 
tií iglesia Romana }' de su jefe infalible, nuestra 
fé en ella tiene que cobrar nuevo aliento. ¿Cómo 
podrá el cordero salir libre de entre tantos lobos 
hambrientos, si no es por el poder divino? 

¡Oh, santa é indefectible iglesia, contra la cual 
no prevalecerán jamás las puertas del infierno, 
saludamos este tu nuevo y milagicso triunfo! 
Siempre que se te cree sepultada tu resucitas 
mas brillante como tu celestial esposo. Dejémos- 
la nosotros también triunfar secreta y verdade- 
ramente sobre nuestros miserables corazones du- 
rante el tiempo de penitencia en que enl ramos. 
La fé, que ella nos anuncia, sujete nuestras mi- 
serables pasiones. Este es el fm do todas líig 



obras mas maravillosas hechas en favor de la i- 
glesia: esto es, que la iglesia nos guie en los ca- 
minos de Dios á nuestra eterna salvación. 

Por tanto, el primer dia libre, (¡ue siga el do- 
mingo después de la recepción de la iiastoral, 
cada párroco celebrará una misa indie crentiontK 
et corotiationü Papa',, que es la de la cathedra Sil. 
Petridie IS Januarii, con las oraciones i)ews oin- 
niwnftdelium jmstor, secreta y post-comunionjíí/'o 
8. Pontifiee. 

Dada en Santa Fé, 25 de Feb. de 18T8. 

P. EGÜILLON, Tic. Gen. 



Uiiíi Cuestión de Estado, 



De los Jesuítas de este Territorio se quiere 
hacer á todo trance una cuestión de Estado. 
Nuestros lectores saben cómo princi[)ió bajo el 
pretexto de ilegalidad, de inauditas concesio- 
nes, de extraordinarios [privilegios, arrancadí)s, 
según se pretende, de la última legislatura por un 
insignificante acto de Incorporación, que suele 
otoi'garseen los Estados Unidos, indistintamente 
á personas de toda clase v denominación, y fué 
concedido aquí mismo á otros en anos pasados. 
Fué solo un pretexto; porque antes de que se 
hablara de aquel acto, ya en una corresjtonden- 
cia enviada desdo Santa Fé á Denver, sobre la 
instalación de la Legislatura y la elección del 
Presidente del Senado, como referimos en otro 
lugar, se habían notado señales precursoras de 
preparados ataques contra los Jesuítas, y se ha- 
bía dado una prueba de qué recursos se habia 
de echar mano, estoes, de mentiras y calumnias, 
l)or falta de buenas razones. I^ies bien, es nsuy 
probable que en el ánimo de algunos, colocados 
en altas y bajas regiones, se habia engendrado 
desde antes é iba tomando creces no sabemos qué 
enemistad contra los Jesuítas, la que no imdiendo 
quedar i)or mas tiempo com})rimida eiujjezi) á 
manifestarse [)or de fuera, aunque sin ningún 
motivo. 

Una vez que se ofreció un pretexto, reventó 
del todo. Su Excelencia, S. 1>. Axtell, dio la 
señal y grito do ahírma con su Mensaje de vdo. 
A esta señal y grito excitóse, como por encanto, 
la prensa de los reptiles del Territorio, empuñó 
las armas, y henos aquí de repente acometidos 
por todos lados. Artículos y corresp^ondencias, 
adhesiones, y firmas, todo se puso en juego con- 
tra nosotros, como en una lucha, de cu3'o éxito 
dependía nada menos que el porvenir del Terii- 
torio, de la nación y del mundo entero. 

Los campeones principales de esa contienda 
son el Sr. Axtell y Cía., algunos afiliados de las 
logias del Territorio, ciertos católicos de simpa- 
tías y ^;or excelencia, y unos cuantos fanáticos 
Protestantes, ó encarnizados Judíos. Los órga- 
nos dcstintid.os para el ataque son log de deiUrO; 



IIG 



el j\e(" Meiicuu de Santa Fé, el Ivdejiendent de 
la, Mesilla, La Gacda de las Vegas, y j)robablc- 
lueute alguno que otro periódico mas del Terri- 
torio (|ue lio conocemos. Los de afuera son la 
Tribvne de Deuver, hacia el Oeste, y el Commer- 
cial de Cincinnati hacia el Este, con las corres- 
j)ondencias que reciben de aiiuí y publican. A 
oírlos hablar, y suj)onicndo lo hagan ( on furma- 
lidad, la cuestión de unos cuantos Jesuítas de 
este Territorio es una cuestión de vida ó de 
muerte, una cuestión de la mayor trascendencia, 
una cuestión de Estado. SI el Congreso no pone 
remedio, adiós paz, prosperidad, urden, morali- 
dad, justicia, comercio, ri(|ueza, seguridad, innii- 
p,-racion: el Territorio está perdido, los Estados 
en peligro. Ese trio de la i)rensa territorial de 
los reptiles desde el penúltimo sábado de Enero, 
en todos sus números, vuelven de continuo sobre 
este mismo asunto: acumulan artículos, hacen 
declaraciones, citan historias, presentan ejem- 
¡)los, revelan secretos, [)onen en juego todos los 
iccui-sos desde los graves principios de derecho, 
liasta los cuentos y chistes; á exclamaciones y 
f-entencias juntan injurias y villanías, y mueven 
«•ielo y tierra, gobierno é iglesia, cosas profanas 
V sagradas, á lin de (]ue se mire una vez por el 
);icn del Territorio, se haga justicia con hom- 
lu'cs intrigantes, sediciosos y malintencionados, 
se tomen iirmes y decididas resoluciones contra 
los que lo merecen todo, y que baju ningún res- 
jiccto no se deben, ni se pueden ya tolerar. Es- 
taremos á ver el resultado de tantos cargos y 
ataques, de tantas iras, de tanta bulla y alboro- 
to. Si el resultado no fuere el de defcuartiznrnos 
á lo monos, ó quemarnos vivos en las plazas, 6 
arrojarnos á la mar, esos campeones del jiatrio- 
lismo no merecerán otra consideración ni otro 
nombre, (jue el de ridículos (Quijotes y liodo- 
montes del siglo XIX. 

Y si el c.xito debe ser solamente el de ccjuir 
;;!)ajo el Acto de Incorpoi-acion, no valia la pei;a 
de iiabernos aturdido con tinta bulla y jarana. 
Nosotros seguiremos como antes. ¿Creen esos 
tales (pie caeremos de ánimo y [)erdereraos nues- 
tro prentmdido 'poder [¡or esto? Se equivocan. 
Nos conformaremos, i-eservándonos siempre el 
derecho de hacer en otro tiempo, si nos parecie- 
re, nuevas tentativas, y precaver de antemano 
cnalquiera dificultad (pie se nos podrá oponer. 

Mientras tanto (piisiéramos comunicaí' á nues- 
tros lectores lo (pie se ha dicho ó escrito contra 
no.solros en los artículos y correspondencias de 
los mencionados periódicos. Tero la em|)resa 
es demasiado ardua: tendríamos que reproducir 
columnas, páginas y hasta números enteros, para 
lo cual apenas bastaiian cinco (j seis de los nues- 
iros. (Quizás con el tiempo iremos escogiendo y 
publicando alguna cosa, lo quo servirá para res- 
ponder á lo que creyéremos m.as conveniente, ú 
ofre(3cr solamente á nuestros lectores materia de 



diversión. Nosotros no tememos la publicidad 
de cuantos cargos nos han echado en cara: son 
tales que causan mas vergüenza á los que los es- 
cribieron, cpic á nosotros á quienes se hacen. 

Con todo no se crea (pie hayan faltado perió- 
dicos en declararse al mismo tiempo en favor de 
nosotros. Tenemos que citar en primer lugar i 
la Revista de Alhupuerque, la cual por haber sa- 
lido con intrepidez á nuestra defensa, ha atraído 
sobre sí los dicterios y baldones de los reptiles. 
La han llamado la Cuhi Albuquerqueña al papelo- 
te Jesuíta de Las Vegas, y á su Redactor el chulo 
de la Revista Católica. Lo cierto es que Wm. 
MacGuinness, no se ha desmentido jamás: jamás 
ni por halagos, ni por villanías se ha rebajado á 
hacer causa común con esos reptiles del Territo- 
rio, que venden su honor y conciencia tan solo 
por interés y para merecer los favores de los 
(pie tienen en su mano el poder. El ha mostra- 
do re{)etidas veces (pie auiupie seglar, ofreci(ín- 
d(3se la ocasión, debe y puede defender, como 
tan acertadamente lo hace, la causa de la Reli- 
gión, de sus ministros, y del Clero. Los que le 
atacan no pueden menos de admirar la nobleza 
de su carácter tan tiel á sus principios y de su 
conducta tan independiente y libre, y reconocer 
su propia vileza en arrastrarse á los pi(js de otros, 
y vender por intereses sus servicios á los capri- 
chos ajenos. Pero de este jieriódico, que comun- 
mente se cree inspirado por nosotros, )' se le 
considera como nuestro órgano, no citaremos 
nada (¡e lo mucho que pudié ramos, para dar 
lugr.r á otros que seguramente no lo son. 

Eii el LJco del Rio Grande de Las Cruces, apa- 
reció desde el dia 31 de iMicro una corresponden- 
cia enviada desde Santa Fé, la que, quitada sola- 
mente una expresión en (jue no podemos conve- 
nir, nos parece (pie j)oiic la cuestión en su ¡¡un- 
to de vista. Naturalmente el Indeptndent en su 
número del 2 de Febrero, y el New Mtxican en 
su número 9 de Febrero se le echaron encima, 
tratando al mcógnito corresponsal tan caballero- 
samente como ellos acostumbran. ¿Qué prueba 
eso? ¿Que él se había equivocado? No, sino 
(pie al contrario habría acertado el tiro, y pues- 
to el dedo sobre la llaga. 

La misma Tribune de Denver, en su número 
del 24 de Febrero trae otra corrspondencia, en 
la cual otro anónimo toma noblemente la defen- 
sa de nosotros co itra las falsedades publicadas en 
las correspondencias enviadas desde Santa Fé, á 
aquel mismo periódico. Nosotros enviamos á la 
Tribune una protesta en contra de lo (jue se nos 
ím})utaba. ])ero no le dio cabida en su.s columnas, 
(l'iizá para no conti'adecirse. Ahoi'a con liatier 
admitido esta nueva correspondencia del aiu'ni- 
mo se ha mostrado, como debía, justa é ím parcial. 

Pero Las Dos Rppúhliras de Tucson se ha de- 
clarado de una manera abierta y decidida en 
nuestra defensa, y en la clcl Territorio, princj- 



-1Í7- 



piando iii¡a sei-ic de artículos, ele los cuales ya lie- 
mos i'criliiilü el priiuero, reproducido cu la i?e- 
vídu di' AIbi(quf.)'q'ue, uinnero del 2o de Febrero. 
Por supuesto !os reptiles se la qucrráu cou¡er viva, 
lio pudieudo hacer otra cosa luejor, á fuerza de 
lujurias y villauías. 

Las dos uieucionadas correspondencias y el 
artículo, los vamos á reproducir en este mismo 
número hacia el tin. 

No f)odemos acabar sin dar á esos tales, que 
los escribieron y publicaron, nuestras mas sin- 
ceras gracias, pues con esto se expondrán á la 
cólera y ojeriza de los i-eptiles. Estos verán que 
entre. los de aquí, y de afuera hay algunos que 
saben levantar la voz, aunque íiiera en favor de 
los Jesuítas, cuando ven tan descaradamente 
desfiguradas las cosas, atropellados los derechos 
y caluniüiada la buena opinión de los que no tie- 
nen otro delito sino el de no agradar á sus ad- 
versarios. Aunque nosotros pensamos de tener 
de nuestro lado la verdad y justicia, y espera- 
mos en esto no hacernos ilusión, sin embargo no 
hemos provocado á nadie á declararse en nues- 
tro favor, para no exponer á nadie á las iras di; 
los que nos atacan, por defender nuestra causa. 
Y diciendo esto no queremos desagradecer sus 
buenos servicios: antes bien les profesaremos 
mas viva y sincera gratitud, por su conducta 
t.'.nto mas noble, cuanto mas espontí^nca. Re- 
ciban, pues, nuestras gracias y estas pocas ¡)ala- 
1 ras en señal del agradecimiento que les tene- 
mos. 



Adliesioiics y Firmas. 



En conformidad con lo que hemos dicho en el 
artículo anterior, queremos de una vez publicar 
las adhesiones y firmas, que se han reunido has- 
ta la fecha, como la parte mas interesante de la 
luclii anti-jesuítica. 

. Vieron estas la luz pública contcmporáuea- 
mcute con los artículos mencionados de los repti- 
les y probablemente se les pretendía dar con 
ellas, mas fuerza y eficacia, y tal vez hacei-las 
valer en alguna parte, 6 algún dia, como la ex- 
presión de la pública opinión. Creemos que 
nuestros adversarios no hubieran dejado, pu- 
diéndolo, de hacer una especie de plebiscito. 
Deseo no les faltarla, sino poder. Sea lo que 
fuere, no sabemos decir á quien se debe atribuir 
la idea de la iniciativa. Muy probable es que 
saldría de Santa Fé. Sin embargo parece jus- 
to conceder al Delegado de Nuevo Méjico en 
Washington el mérito principal del resultado, 
porque á juzgar de las cosas según el u'rden en 
(¡ue se han visto aparecer, él debe haber arras- 
trado con su declaración la de oíros, que imita- 
ron su ejemplo. 

El, pues, aun(iue ansente, velando cuanto mas 



Ifjos, con tanto mayor cuidado, sobre los intere- 
ses del Territorio, para cuyo fin fué enviado á 
Washington, escribió desde allí al Ciobernador 
la carta siguiente: 

"Cámara de Representantes, Washington, Fe- 
brero 3 de 1878 — (¿aerido Señor. Acabo de leer 
en La Gaceta de Las Vegas que Vd. ha puesto 
su veto al "acto de incorporación de los Padres 
Jesuítas de Nuevo Méjico," [)or cuya noble con- 
ducta de parte de Usted me {¡ermito darle las 
gracias, en pritner lugar, y después le felicito. 
Por la negativa de Usted en aprobar semejante 
peligroso acto, lia rendido un gran servicio al 
país en general, y muy particularmente á Nuevo 
Itíéjico, por lo mismo repito y me apresuro á dar 
mi mas ardiente felicitación. Muv resj)etuosa- 
meníe de Yd., Tv. Romero, M. C^-A1 Gober- 
nador S. B. Axtell, N. M, 

Ija carta fué acia ¡nada como \\n oráeulo por la 
¡)ren,'r'a de ]os reptiles ¡j cómo no? "El Sr. Ro- 
mero, decia, el hidepend/nú, IGde Febrero, es un 
nativo del Territorio, y católico por excelen- 
cia (?) y un caballero inteligente." Pero nosotros 
podemos asegurar que no fué recibida con tan 
buen semblante por algunos otros que le [)erte- 
necen mas iiimediaíauícnte. 

El Sr. Ao}^ (|ue escribía el Daihj Report de hi 
vigésima-tercera Legislatura, y tuvo el alto ho- 
nor de publicarla el priuiero, ¡¡ues tenia su ofi- 
cio y despacho en el íhísukj Palacio del Gober- 
nador en Santa Fé, añadía, en el número IG de 
Febrero, oÍ!-as adhesiones dirigidas á Su ll]xce- 
lencia. Entrando en las ideas de nuestros ad- 
versábaos las inseríamos aquí, ptara darles to- 
davía mayor ¡uiblicidad, pues la merecen. Soü 
las siguientes. 

''Las CrnciiS. — Combata Vd. los Jesuítas has- 
ta lo último: su antiguo estado Uíoyor your oíd 
.s/^///" (?) estará con Y¡L--(1). L-sinsky, P. Shanl- 
in, J. G. Ijcvey." 

''Mesilla. — Yo estoy autorizado por h,)S pi-in- 
cipales (?) ciudadanos del Condado de Doña ^Vna 
para decirle que ellos le sostendrán á Yii. en su 
contienda con los Jesuítas. \i\. puede contar 
con el apoyo activo del fiidepeudcht. Las ren- 
cillas de ])a¡1¡do desaparecerán en esta cucsíion. 
J. A. Fon lita in.'' 

"Sírvase recibir mis felicitaciones i)or su con- 
ducía varonil en poner su veto á los actos do \u\:\ 
bamlade fanáficos.— (9. //. Woodworth. M. I)." 

''Las Vef/as — Nosotros le felicitamos á Vd. 
por su veto al Acto de Lncorporacion de los Pa- 
dres Jesuítas, y su oposición varonil á las ilega- 
les y agi'csivas {¡eticione;^ en la Cámara. No 
ncv-esitamos leyes en favor de ninguna secta re- 
lie-losa. Reine una libcríad universal. — Louis 
Sidzhacher, J. Id. líoogler, J. Rtyaokh, L^anch 
Cdiaprnan. J. M. Cvnninghnni. F. J\.ih&ur, Eugenio 
'Romero.'' 

"Albuquerqve —Fv.QdtO Vd. esíar seguro que 



-11^- 



"n su t!i!Íiiuulíi luelia con ia lc<i-i.=l:itnra, Vd. tie- 
n3 la simpatía de todo buou ciudadano de aquí, 
y de todas i)ai'tcs del Torrilorio ('') — E. S. S'ovcr, 
de la (irtua de llover <(' Co. 

Ultimo en la gloriosa lista aparece el Sr. An- 
nin, ministro de la Iglesia Presbiteriana de Las 
Vegas, el cual no [)iidiendo contener en su apos- 
tólico pedio los vivos sentimientos de a[)roba- 
cion y adhesión j)ara con Su Excelencia S. B. 
Axlell, leviintúaun de su parte su voz evangéli- 
ca, y, haciendo eco á los señores ari'iba mencio- 
nados, le presentó en el número de Febrero de 
í;u Reoista sus h uinildes felicitaciones. 

Con (jue el coro está completo. Estas son 
1;ís adhesiones (¡ue hemos podido juntar y tal 
A'oz no habrá otras. La [n-eiisa de los rvpiiks 
no las hubiera dejado de publictir. Es su intc- 
i'és: también nos importa á nosotros conocerlas 
y darlas á conocer, como [)roeuraremos efectuar 
ofn'ciéndosenos la ocasión. 

Por cierto, estas firmas y adhesiones no son 
snuchas: pero las liay de todo partido, nacionali- 
dad, secta y profesión. Las liaj^ de republica- 
nos y demócratas; porque en esta contienda las 
<liferoncias de partidos desaparecen; las hay de 
mejicanos y extranjeros: aquellos naturalmente 
quieren levantarse á la altura de los otros, y estos 
por supuesto quieren dictar la ley ú los de aquí; 
ias hay de católicos, protestantes y judíos, todos 
tales 2^or excelencia y que simjiatizan con el Go- 
bernador: las hay de Doctores, Abogados, Ban- 
queros, (/omerciantes, Propietarios, Periodistas 
y ¡hasta de Ministros! Es un pastel que sabe á 
iodo. Las hay privadas y colectivas; las hay en 
nombre de un solo individuo, y en el de un Con- 
dado, hasta del Territorio. Las hay en fin de 
cuantos y cuales respectos se quiera; con todo 
f'iempre (¡uedan tantas, y no serán nías que 15. 
Y sin embargo de ser solamente lo, es muy pro- 
bable que alguien de arpií ha mandado la noticia 
á Denver, (yincinnati. i'i otra parte, 3' que de un 
dia antro leamos en los periíjdicos de los Esta- 
'los (]U" el pueblo de Nuevo Méjico, todo el pue- 
blo se ha declarado contra los Jesuitas. 

Estos lo son el pueblo, y no hay mas. No 
les faltó por cierto, el tiempo; a' lo (pie sabemos, 
;io dejaren de tomarse alguna molestia, pero 
¡lasla la feeluí, solo llegan las firnnis á I-'). A- 
guardaremos, pues, que consigan mejor resulbi- 
do. Y sepan entre tanto esos tales (jue en mas 
;)Oco tiempo y sin trabajo ninguno pudiéramos 
nosotros juntar aun y oponerles cien firmas por 
iina: no lo hacemos para no dar mas pi'etextos á 
(|ue de una cuestión mi'i'amente jurídica y ¡ler- 
sonal, so haga una cuesli-;i¡ territorial y |!olíli- 
ca. Ton todo no renunciamos á nuestro cb'recho 
(le hacerlo, s¡ algún dia lo creamos conveniente. 



Extractos de la Prensa 



EN LA CUESTIÓN DE LOS JESUÍTAS. 



El Eco JJEL Kio Ghande, La/t Cruces. 

Eu su número 31 da Enero publicaba la «iguieuto 
carta, enviádale de Santa Fé, y firmada Frcc Thinlccr. 
Santa Fe, N. M; 2G Enero 1878, 

Editor del Eco'\- - Muy señor mió: — l^eniendo un 
momento libre, me he resuelto á consagrarlo á sus 
lectores do Vd. p?.ra que «epan que la guerra Guber- 
natorio -Jesuítica no es al cabo un asunto tan gigan- 
tesco como lo quisiera dar á entender el Ncic Mcxican; 
y ni aquel periódico, ni el Gobernador ó sus caraara- 
das políticos, la camarilla,, pueden darlp tanta imlioi^- 
tancia guo <^1 públitío se cnido de él. El hecho de ha- 
ber la Legislatura descargado cuatro porrazos sobre 
los cabecillas de la camarilla, y de haberlos echado 
fuera de las aulas legislativas, es en efecto todo lo que 
hay de combate real; con todo, los gazapones de la 
camarilla, bien que virtualmeute difuntos, clamorean 
á voz en grito, y cogen la ocasión do que una urden 
mendicante ha sido eximida de los impuestos, para 
infundir un poco mas de vida en su nldnbuudt) parti- 
do, gritando: ¡los Jesuitas, los Jesuitas, los Jesuitas! 
y han hecho del Padre Gasparri la cabeza y frente do 
los ofensores, mientras su mayor pecado contra do 
ellos es que él y los suyos han cogido en sus manos 
las riendas y han put*sto á los caudillos del rimj en la 
caja trasera del coche político, los han zurriagado, y 
se proponen de guiar ellos el coche, dando gratis los 
asii ntos de adentro á la Democracia i")-. 

No hay nada do nuevo en que las asambleas legis- 
lativas de ios Estados eximan de los impuestos igle- 
sias, hospitales, colegios, academias y escuelas y no 
han hecho mas que seguir las huellas del Congreso, el 
quG ha reservado para escuelas la décima-sexta parto 
del dominio jx'iblico, haciendo de ella un prcseüto lí Inh 
respeetivos estados— ha dotado hospitales, y asilos do 
pobres, ha subvencionado ferrocarriles, propiedad en- 
teramente privada, y ha contribuido en varias otras 
maneras con el tesoro púbico al adelanto y al bien 
del género humano. 

Si vosotros, los del Sur, negáis el derecho de dota- 
ción os ponéis en oposición con vuestro plan predi- 
lecto del ferrocarril Texas-Pacitic, el que no es, mas ó 
menos, sino una corporación ¡irivada, una institución 
privilegiada por ley, que mira solo al beneficio de los 
accionistas los que desdeñarían de ser colocados en- 
tre los mendigos, y de los hacendados, mineros y co- 
merciantes que tienen sus intereses á lo largo del ca- 
mino de hierro. Vosotros abogáis la dotación de unos 
sesenta ó setenta millones de pesos de parte del Con- 
greso ])ara beneficio pecuniario de vuestros ciudada- 
nos. El g(''nero humano, es verdad, es egoísta, y acep- 
tará cuaUpiier suma y como Oliver Twist pedirá siem- 
l)re mas; pero antes de acusar al Padre Gasparri do 
una vergonzosa codicia ¿no valdría mas que os detu- 
vieseis y os preguntaseis á vosotros mismos: ¿no lo 
hemos dado nosotros mismos el ejemplo de pedir lo 
(]ue so pos(>e en común y se colecta jiara ñues espe- 
ciales? 

Ií:is alusiones, hechas en el mensaje^ del Goberna- 
dor, á las p(»rsecueiones de la Com]>añía fundada ])or 
el Loyola, no pesan ni una pluma. También fué per- 
seguido Martin Lutero á causa de sus opiniones reli- 

(') En esto uo.i dÍHi)i nsiir.i el l.thre-prnxvh^r si no convoninio» 
con i'l. El iiu'rito ilo 1 iib(?r inti'ntailo de dorribar \\ oannirilla de 
Siinta Fú será quizás de la Logisluturn, i)ero no de los Jesuitns.— 
K'l Hcnsta. 



119^ 



glosas. Otros de una dífereüte religión debieron sen- 
tir por generaciones enteras toda la fuerza de la into- 
lerancia religiosa. ¿Quién de vosotros ha olvidado el 
destierro de Koger Willianí y los Cuáqueros ahorcados 
en el jardin piiblico de Boston por los Puritanos ("los 
que, en Taunton, ¡ay Señor! ahorcaron á un gato por 
haber matado un ratón en dia de Domingo"). Para 
mas noticias acerca de las pers;ccuciones religiosas 
leed el Libro de los Mártires cíe Fox. 

U\ LlBRE-PENSADOU. 

Daily Tribune, Denver. 

Tiene en su nirmero 24 de Febrero un comunicado 
bajo el título de Nuevo Méjico y Inn Jemdta'i. 

Central,' 20 do Febrero de 1878. 

Sr. Editor de la Tribime: Hallándome yo en Den- 
ver, para asistir á los funerales de nuestro Padre 
Santo, llamó mi atención una correspondencia de 
Nuevo Méjico á su excelente periódico. Al mismo 
tiempo me fué significado que no se habia publicado 
ninguna respuesta á dicha correspondencia. Yo no 
he leido esas cartas, pero un amigo mió me envió la 
Tribune del viernes, 15 del presente mes. Yo fui un 
atento lector del periódico de Vd., en los tres meses 
de mi permanencia en Denver, el verano pasado, y 
estaba persuadido que su conducta de Vd. estaba ba- 
gada en el principio que dice aadi cdferain parieui. 
Un Editor honesto é imparcial no puede rechazar una 
correspondencia de personas, teniendo razón de su- 
ponerlas dignas y honradas. 

Para mí la historia de N,uevo Méjico, en los dias 
pasados y en estos, no es del todo desconocida. Si 
hemos de prestar fé á su corresponsal, no hay bajo la 
capa del cielo y de las estrellas una provincia mas 
desdichada. Esto es verdad en cierto sentido, si se 
examina la conducta de algunos extranjeros en ese 
Territorio, aunque tengan de Americanos el nacimien- 
to ó el linaje. Yo he leido atentamente los periódicos 
de Nuevo Méjico, por dos enteros años, y reflexionan- 
do sobre lo que so referia ya sea en estos ya en otros 
órganos, desafío audazmente á cualquiera habitante 
de ese Territorio para que pruebe con seguro conoci- 
miento y con hechos indudables, la mas mínima falta 
positiva ó negativa acerca de los deberes mas insig- 
nificantes, que se imponen á cualquiera ciudadano 
Americano, como cometida por los Jesuítas que se 
hallan en Nuevo Méjico. 

No escribo esto á tontas, como se dice; estoy se- 
riamente dispuesto para contestar. El corresponsal 
de Vd. será hombre muy honesto, y así lo deseo; así 
habrá un embustero menos en el mundo. Por mas de 
veinte y cinco años yo he escrito para la prensa Ame- 
ricana, y nunca he empleado una palabra tan odiosa; 
pero ahora es necesario qae la pronuncie, aunque sin 
la menor intención de ofender á su corresponsal, que 
puede seguir siendo el mejor hombre del mundo; pues 
yo nunca he creído poderse hallar un hombre com- 
pletamente malo. Digo, pues, que aguardo el menor 
cargo concluyente contra los Jesuítas de Nuevo Mé- 
jico, considerados como ciudadanos Americanos. 

Por ser breve, yo no repetiré las acusaciones de su 
corresponsal del dia 15 de Febrero; cada uao podrá 
leerlas en las columnas del periódico. Si yo fuese 
un Jesuíta del Nuevo Méjico, sabría qué tendría que 
hacer en las actuales circunstancias. Pero ellos qui- 
zás miran todo este ruido como un acceso de Jesuito- 
fobía, seguros de la estimación en que los tienen to- 
dos los Neo-Mejicanos, ó (lo que es mucho mas) no 
quieren desmentir el nombro de su sociedad. Sin 
embargo, Sr. Editor, permítame V. que pregunte á 
todo Americano, que tenga amor á su patria, y res- 



pete el honor de su gobierno, ¿qué piensa Vd, de un 
Gobernador que lanza los mas bajos y oprobiosos 
dicterios contra la mayor y mas noble paite de los 
naturales, que él está encargado de defender, y esto 
en un mensaje, que ©s el solo medio oficial que posee 
para manifestar sus opiniones? y aludiendo á unof 
asesinatos recientes, cuyos autores quedaban todavía 
ocultos, ¿porqué se atreve á dar como circunstancia 
agravante "la proximidad de Iglesias, en que por mas 
de doscientos años se habían proclamado los dogmas^ 
de la religión?" El solo epíteto que puede darse á se- 
mejante lenguaje es el de bndal. ¿Qué corazón de 
ciudadano Americano quedaría sin indignarse pro- 
fandameute á tales palabras, salidas de los labios de 
un (lobernador? Por cierto que el Sr. Axtell es el que 
hace desdichado á este país, no los Jesuítas. Con las 
palabras mas modestas de un periodista católico, 
"preguntamos á cualquiera hombre imparcial ¿qué 
tiene que ver el asesinato de Mellon y Moore con las 
Iglesias, en que po«.' doscientos años se hau enseñado 
los dogmas católicos? ¿No es este un ataque solapado 
é indirecto, y de la mas negra malicia, contra la re- 
ligión profesada por los naturales de Nuevo Méjico 
y por doscientos veinte millones de hombres en el 
mundo?" Preguntaré otra vez á cualquiera America- 
no, que lleva dignamente este nombre, ¿quién de vo- 
sotros no se avergonzaría, oyendo que un gobernador 
de un estado y representante del presidente de \ñ 
mas grande nación de la tierra, en sus discursos ofi- 
ciales, se ha arrastrado tan bajo hasta llamar aventu- 
rero napolitano á un sacerdote, amado y respetado du 
todos los que no aguardan el pan y pescado del Sr. 
Axtell. ¡Qué vergüenza! Hay mas: el mismo sacerdo- 
te y sus hermanos, amados y respetados de todos, 
menos de los Axtelíanos, han sido llamados por el mis- 
mo motivo machos cabríos emisarios de Itcdia. Cierta- 
mente esta es venganza de miserables. Pero el Sr. 
Axtell y los de su compañía pronto desaparecerán, y 
los objetos de su vil enojo seguirán su camino tran- 
quilos y amados, haciendo bien á todos á iniitacion 
de su amoroso Maestro. 

Sr. Editor, mucho mas podría decir; y muchos he- 
chos podría mencionar, que estoy seguro pondrían 
los acontecimientos de Nuevo Méjico en su verdadero 
punto de vista, y que al mismo tiempo manifestarían 
la injusticia de las últimas palabras de su correspon- 
sal, á saber: "No debería tolerarse que el pobre pue- 
blo sufriese ó fuese abanderado, con motivo de la 
falsa luz en que Nuevo Méjico ua sido presentado ai 
mundo por causa de los Jesuítas." ¡Pobre hombre! 
Pero ¿cómo podía él escribir diferentemente, pues por 
un lado no lo suponemos vendido, y por otro él oia al 
primer magistrado del Territorio anunciar piíblica y 
oficialmente que su vida había sido amenazada por h)3 
machos cabríos de Italia y aventureros Napolitano?. 
Tenga su Excelencia cuidado con las castaüas tosta- 
das de Italia. Pero dejemos las bromas. Su corres- 
ponsal fué también inducido á creer que ¡a conduct.i 
del Gobernador fué aprobada por el Sr. Piomero, el 
cual "es Mejicano y católico por nacimiento, educa- 
ción," y que so yo qué mas. El catolicismo del Sr. 
Romero es muy conocido á los católicos de Nuevo 
Méjico, (que es una provincia católica) , y estos solo 
han extrañado que dicho Sr. no haya ido todavía mas 
lejos. Acaso él contaba con la instabilidad de la 
vida política, y su catolicismo le aconsejaba á fijar su 
atención sobre lo mas seguro. Este Señor ha escogi- 
do el mejor método. 

No quiero abusar por mas tiempo de su bondad, 
solo permítame V. una iiltima reflexión. Yo leo eu 
su líltima correspondencia: "El Gobernador Axtell 



-120- 



]ia hecho todo lo que ha podido en bien de esta pobre 
gente." Los pericklicos son las crónicas para los ea- 
critores de li Iñstoria futura: sépase, pues, que el 
Gobernador Axtell ha lieclio casi todo lo contrario, 
si no es que deba entenderse en lugar de pobre ganto 
"brutos animales." 

Para acalnir: pruébense las acunaoiones contra los 
íesuitas con bueuaa razones, y no con una borrasca 
do palabras. " 1. M. F. 

Las Dos Revúiíltcas, l'ucmn. 

Prometo algunos artículos en defensa nuestra y en 
la del Territorio; aquí va el ]n-imero sacado del nú- 
mero 9 de Febrero, con el título J'Jl (íoi'c mador Axlell 
fl la Nohenaiíc <h'l pucJilí) de Nuevo Jléjieo. 

Fieles á las tareas quo nos hornos impuesto de de- 
fender los intereses de los mejicanos en este Territo- 
rio y en el vecino de Nuevo Méjico, así como los 
fronterizos mejicanos de Sonora j Chihuahua, salimos 
lioy á la arena cuando vemos que la maj'oría del pue- 
blo de Nuevo Méjico, ha sido vilmente ultrajada por 
el ejecutivo do aquel Territorio, y por ciertos cofrades 
de la prensa. Como la cuestión tiene alguna impor- 
tancia y ha llamado bastante la atención del público; 
y como no pretendemos escribir á medias tinta?, ni 
nos mordemos los labios al dar nuestra opinión, sin 
pretender mucho, presentaremos la cuestión en todo 
Hu aspecto, para que nuestros lectores jniedan juzgar 
por sí mismos. 

Los hechos son estos: Estando la Legislatura de 
Nuevo Méjico eu sesión, los Padres Jesuítas solicita- 
ron de aquel cuerpo Legislativo, que se incorporara 
(iu Sociedad para fínes de educación. Lo consiguie- 
ron, sin liaber usado en el caso ]ii cohecho ni coer- 
ción; la mayoría de votos fué muy sobresaliente, ha- 
biendo sido casi unánime la adopción de la ley de in- 
corporación. Siguiendo la fé)rraula acostumbrada, la 
lo\' se mandé) al ejecutivo para quo la sancionase con 
su firma. Este Sr. la rehusij, y disolvié) dicha ley per- 
sonalmente con su veto (prohibición) que está conte- 
nido en el mensaje siguiente: 

Y a</>ií pone ú contiiuiaciou el menscjt: después sigue: 

A despeclio del veto del Gobernador, la ley fué 
ado])tada, y de allí comienzan los anatemas contra 
]on Jesuítas, la Legislatura y contra el mismo pueblo, 
que la piensa de aquel Territorio, ha usado en unisón 
con las del ejecutivo. 

Como tenemos el deseo y atrevimiento bastante 
para tratar esta cuestión en sus diferentes aspectos, 
Bos ocuparemos en este número solamente del men- 
saje del Gobernador, rcserviíndonos para el siguiente, 
explicar la justicia quo acompaña á los que solicitaron 
y consiguieron un pcupiono servicio de la honorable 
jicgislatura, quo ha tenido el valor suficiente para 
frustrar las inicuas preocnpaciones do los que preten- 
den hacer el papel de Moisés, explicando la ley á un 
pueblo que acusa de ignorante, cuando ese pueblo no 
les ha dado gusto en las urnas electorales. 

Nuestros lectores deben comprender, que al tomar 
1:1. defensa de los Jesuítas en este asunto, no nos im- 
pulsa el fanatismo, ni tampoco joorque estemos ds 
acuerdo con esa é)rden en todas sus doctrinas. Ya 
nuestros lectores conocen nuestra índole cuando nos 
vemos en el caso do atacar á esa é) cualquier» otra 
é)rden que com(íta algún desatino. Solo nos mueve un 
deseo de hacer justicia, al pueblo j)rimeramento, re- 
presentado en la Legislatura, y después á los Jesuí- 
tas, qiiieues han sido atacados sin razón en este caso. 

Este es el precioso documento en quo el ejecutivo 
de aquel Terrritorio ha enseñado la hilaza, y nos da 
lí conocer á c?e individuo como un hombre vulgar é 



ignorante. Estas dos acusaciones nos proponemos 
probar, no por las muchas noticias que de él tenemos, 
sino por el tono de su mismo mensaje como podrá 
luego verse. 

Se desata en furibundos insultos contra un individuo 
que en todo le es superior, talento, honradez y utili- 
dad pública. Lo acusa de intruso y otros muchos ca- 
lificativos groseros, en un simple individuo y muoho 
mas en ima autoridad. 

En fin quiere hacer ver que el Jesuíta Ga.spí^rri, es 
el hombre mas vil y dañino do ese Territorio. 

Excelentísimo majadero! al hacer una acusación de 
esa naturaleza, lo hace á ciencia de que el Rcv. Gas- 
parri no pretenderá en ningún caso arrastrarlo ante 
un tribunal para allí corregir tamaña audacia é) que 
no se atreverá el mismo Gasparri á medirle Lis costi- 
llas como lo merece. 

Dice: "ese Napolitano enseña que sus dogmas y 
opiniones son superiores á los Estatutos de los Esta- 
dos Unidos;" dice muy bien el "Napolitano" al tra- 
tar de la ley eclesiástica en que no tiene c¡uo ver la 
ley civil, y es muy falso que el "Napolitano" preten- 
da desobedecer las leyes establecidas y excitar al 
pueblo á sublevarse contra las autoiidades li^gítiíjia- 
mente constituidas. Dice que la Sociedad do los Je- 
suítas ha sido denunciada por la IglesiaCatédica y en 
otra ocasión ha preguntado si los Jesuítas eran Ca- 
tólicos. En el primer aserto diremos, con todo el én- 
fasis que pueda transcribirse en un escrito, que "mien- 
to," y solo le advertimos que estudio mejor el 
asunto antes de proferir tamaña falsedad. 

Dice mas en su mensaje, que el pueblo de Nuevo 
Méjico es ignorante: será así; pero existen mas virtu- 
des cívicas y morales en ese pueblo que tan vilmente 
ha calumniado quo las que se traslucen por el lengua- 
je del mensaje del Gobernador de Nuevo Méjico. 
Eu fin, como es costumbre en toda persona ignoran- 
te, al faltarle argumentos, se ha desenfrenado en in- 
sultos contra los honorables miembros de la Legisla- 
tura, que representan los intereses del pueblo y quo 
representan mas projnodad <pie la que tenga el mén- 
digo político Axtell. Ataca sin poder probar .sus acu- 
saciones á la parte mas interesante de la Iglesia Ca- 
tólica, representada por los Jesuítas; y rn lin ataca, 
alevosamente á todo un pueblo. 

Hemos lijeramente delineado el carácter de una de 
las partes en la actual disputa que ha comenzado á 
surgir eu el vecino Territorio. 

A la simple lectura del mensaje, puede compren- 
derse y solo hemos corrido el telón para decir al pue- 
blo de Nuevo IMexico "Ecce Homo:" el quo pretende 
atropellar vuestra soberanía. Al asentar que los Je- 
suítas no han pretendido violar las leyes de los Esta- 
dos Ilnidos, nos ])ropouemos probar que el (íoberna- 
dor de Nuevo Méjico ha dado una mala salida y es- 
tamos bien dispuestos á apretarle las clavijas en lo 
quo puedan contribuir nuestros humildes esfuerzos. 
Sin ser jurisperitos, probaremos en nui'stro próximo 
número quo los miembros de la Legislatura no han 
violado las leyes de los Estados Unidos al incorporar 
la Sociedad de los Jesuítas como lo protendon esos 
Sres. Por ahora, nuestros lectores conocen á uno do 
los contrincantes, y suplicamos nos perdonen que nos 
hayamos extendido tanto; pronto volveremos :í correr 
el "telón y nuestra segunda escena será la Ijcglslatura 
de Nuevo Méjico. 

Tenéis siete dias de descauso. 

Por ahora, -"Exit Axtell." 



Plí^1 



Se publica todos los Sábados, en Las Vegas, N. 



16 de Marzo de 1878. 



OTíCIAS TEKlUTOllí ALES. 



?ioeTO MéJSco. — Podemos eu fin abrigar f auna- 
das esperanzas de tener dentro de poco ferrocarril á 
lo menos en nuestro territorio. Nos referimos a los 
trabajos que la Compañía del Atcuison Topeka ct 
Santa V\'- R. E. ha emprendido y lleva adelante con 
grande ardor en el liatón. Pai'ece que la Compariía 
del NarroAv Gauge quiere penetrar en el Nuevo Méji- 
co atravesando también el Eaton, además del otro 
ramal que vendría del fuerte Garlaud. Según leemos 
en oi ÜJtieftuiíi, el ferrocarril del Atchison Topeka, 
despuea do pasado el Cañón del Eaton, atravesarla la 
sierra v¡or un túnel, y desembocaría en el Cañón del 
diablo. Por información particular sabemos, y es lo 
que mas importa, que diclia Compañía no quiere es- 
tablecer nuevas plazas con perjuicio do las ya existen- 
tes, y qao es do su mayor interés, una vez llegada al 
Territorio, completar todo el camino hasta el Pacífico. 

NOTICIAS EXTKANJEÍIAS. 

r". oííia. — Se anuncia la muerte del p. Angelo Sec- 
chi, •2<; de Fobr. Había nacido el 29 de Jul. de 1818, 
y entró '.;n la compañía de Jesús el 3 de Nov. 183o. 
Eti 1848 vino á los Estados, y completó sus estudios 
de teología en el Colegio de Georgetown, donde en- 
soñó Física y Matemáticas hasta Í8o0. De vuelta á 
Hdi, ,1 \í\'- nombrado director del observatorio del 
col<'"'ii Unmano. Es imposible dar aquí una idea de 
los stíiíal.idos servicos que el p. Secchi rindió á la cien- 
cia; l)asle decir que Secchi y Leverrier eran conside- 
rados como los dos mas distinguidos astrónomos de 
nuestro tiempo. El inventó y perfeccionó un nuevo 
mt'todo de observaciones metereológicas, publicó un 
boletín mensual hasta 1873, y construyó un meteoro - 
grafo rairy admirado en la exposición de París de 18 • 
67. Por mandato del Papa Pío IX completó la trian- 
gulizaci'in de los Estados de la Iglesia, ya empezada 
en el siglo pasado por otro no menos famoso astró- 
nomo jesuíta, el p. Boscovitch. Los resiiltados de 
sus trabajos astronómicos desde el 1850 fueron publi- 
cados en los periódicos científicos de Italia, Francia, 
Alemania ó luglaterra. Se distinguió sobre todo en el 
análisis c.Hp33troscópico y eu la í'í-^ica del sol y de las 
estrell is. El Gobierno italiano habiendo desterrado 
de sus casas á los jesuítas, permitió al p. Secchi que- 
darse en su observatorio en el colegio Eomano, en 
donde siguió enseñando astronomía, pero sin querer 
recibir uingan sueldo del Gobierno usurpador. 

Se auuncia también la muerte de otro no menos 
disfcinínvido Jesuíta, el p. T. A. Patrizzi, hermano del 
difunto Cardenal del mismo nombre. Tenia 80 años 
de edad, y por 40 años habia enseñado en el Golegío 
Eomauo la Sagrada Escritura. Era uno de los pri- 
meros orientalistas do Europa, y publicó diferentes 
obras muy estimadas. 



No dejará de interesar nuestros lectores el poner 
."quí algunos pormenores de la muerte de nuestro di- 
funto Papa Pío IX, sacados de los periódicos italia- 
nos, que ahora comienzan á llegarnos; pues estas son 
las fuentes mas seguras para tener un conocimiento 
algo exacto del triste acontecimiento. 

L' Iliiitd Caiiolica nos da lo siguiente en un artículo 
intitulado Jos piimeros porincnoves sulire Ja rnuerk' dd 
P. S. Pío IX. "El P. S. Pío IX se hallaba en muy 
buen estado el día 6 del pasado Febrero, habia sali- 
do do su cuarto, y había dado audiencia, en la sala 
de su biblioteca privada, á algunos Cardenales y otros 
miembros diplomáticos acreditados acerca déla Santa 
S3de. Nada hacia sospechar la ímmineute desgracia. 
Ea la noche sigaieute tuvo un ataque muy grave y 
subitáneo por el reflujo de los humores desdólas pier- 
nas, hacía el pecho; esto le produjo un desmayo mor- 
tal, con una trasvasacíon al cerebro y casi una total 
parálisis. Mas tarde recobró algo sus fuerzas, lo que 
jjerniitió se le administrase el Santo Viático por el 
Cardenal Panebianco — Se hallaban cerca de su cama 
los doctores Valentini, Ceccarelii y Antouini que le 
suministraban todos los auxilios de su arte. 

El Cardenal Vicario, el Emo. Eafael Lo Monaco, 
mandó inmediatamente públicas rogativas con la ex- 
posición del Santísimo Sacramento en todas las Igle- 
sias, lo que se verificó con un extraordinario concur- 
so de gente en todas ellas. El estado peligroso del 
Padre Santo causó mucha sorpresa y grande cons- 
ternación en toda la ciudad. 

El Cardenal SimeonijSecretario de estado, envió tam- 
bién incontinenti un telégra;na á los Cardenales, que 
residían eu el extranjero, para avisarlos del inminente 
peligro, y otro fué dirigido á todas las potencias. El 
Rey Humberto envió prontamente á pedir noticias 
del estado de salud del augusto enfermo. Ss reunió 
el consejo de Ministros, y Crisi)i yDepretis fueron en- 
cargados de ejijcatar las determinaciones del Consejo. 
Todo el día la gente acudía de todos los puntos, 
multitud de carruajes so dirigían al Vaticano, en cuyo 
darredjr se v.sía un giutío estacionario y triste que 
aguardaba noticias exactas. Pero, como era natural, 
no se permitió que entrasen mas C[ue unos pocos en 
el Vaticano, los Cardenales y miembros del cuerpo 
diplomático y unos pocos mas de la nobleza. La an- 
siedad de los Eomanos se hacía por momentos mas 
profunda, y la peregrinación al Vaticano mas frecuen- 
te; hasta los enfermos se hacían llevar por las calles. 
Cerca de la cama del Padre Santo estaban perma- 
nentemente el Cardenal Bíllío y Mñr. Marinelli, sacris- 
ta poütíticio. — Cerca de las cííez a. m. se le adminis- 
tró la Extrema-Unción, que el recibió con perfecto 
conocimiento, y con la serenidad propia de los San- 
tos, cuj'a muerto es preciosa en los ojos del Señor. 
Hacia el medio lia el enfermo empeoró, á causa de 
uo desfallecimiento mortal hasta el punto de creér- 
sele muerto. Asi corrió la voz y hasta se informó al 



-122- 



?gbierno; pero poco después se desmintió; pues o 
^adi-e Santo se recobró de aquel letiirgo. Con todo 
Be manifestó en su estado una baja muy notable , 
j á las dos p. m. Pió IX entró en la íigoníü, que 
duró hasta casi las cinco de la tarde, cuando salió de 
este mundo, dejando este valle de lágrimas, para ir á 
la celeste Jerusalen." 

El Osserva'orc liomano trae las siguientes circun- 
stancias de la muerte de Pió IX. 

"Desde la tardo anterior los doctores nos liabiau 
avisado que liabia síntomas de unalijera calentura en 
la persona del Padre Santo y su sueño fué muy entre- 
cortado la siguiente noclie. A las tres se alivió tanto 
que todos creyeron hubiese vuelto á su estado natu- 
ral. Pero hacia las cinco tuvo una fuerte agitación 
con calofríos y una respiración afanosa. A las 
ocho y media el pulso estaba acelerado pero iba men- 
guando y los órganos respiratorios se iban obstruj'en- 
dü do materias catarrales. Pero, aunque los sínto- 
mas se agravasen, él disfrutaba de perfecto conoci- 
miento. En esto estado Mñr. Marinelli le administró 
el Viático, y después hacia las nueve la Extrema-Un- 
ción. A ias diez apenas se percibían las pulsaciones. 
La orden dada, que se pusiera de manifieáto el Smo. 
Sacramento en las Iglesias parroquiales, despertó 
los temores de muchos que no querían creer posible la 
proximidad de la desgracia. El mal se aumentaba 
rápidamente; el cuerpo iba pai'diendo por grados su 
calor vital; y las extremidades comenzaban á amora- 
tarse. Después de una hora la respiración so hizo 
mas difícil, y lo peor era que fué acompañada de un 
profundo estertor : Pero el espíritu del enfermo se 
hallaba siempre tranquilo. Las antesalas estaban 
llenas de personas diplomáticas, que, hablando con 
los Cardenales, no poaian esconder mas largamente 
su muy profundo pesar. En este estado el Papa tomó 
el crucifijo, que tenia debajo de la almohada, y con él 
dio la bendición á todos los presentes. Al mediodía 
los médicos atestiguaron que la respiración era j-a 
abdominal. Todos los miembros del sacro Colegio 
se hallaban reunidos en el cuarto del muríente Pontí- 
fice; estaban constantemente á sus lados los Cardena- 
les Billio y Marinelli. Este comenzó la recomenda- 
ción del alma en medio de un profundo silencio, inter- 
rumpido solo ])or los suspiros ; y llegando al acto de 
contrición, el Padre Santo lo acompañó proniiuciando 
perceptible y devotamente las pocas palabras: "Con 
vuestra santa gracia." La respiración continuó á de- 
bilitarse, y el estertor se hacía mas fuerte. El Papa, 
conservando su pleno conocimiento y el uso de sus 
facultades, hizo entender la pena que lo causaba no 
poder manifestar con j^alabra los sentimientos de su 
espíritu. El Cardonal Pillío le pidió la bendición 
para todo el sagrado Colegio de los Cardenales, y su 
Santidad levantó su mano y los bendijo. A las 3, 40 
la palidez de la muerte cubrió toda la superficie de su 
cuerpo, los ojos comanzaron á cristalizarse, y comen- 
zó la agonía. Llegados á este punto, nos falta el á- 
nimo de describir el angustioso espectáculo, que por 
las dos horas siguientes fué prenscnciado en aquellas 
salas, llenas de recuerdos del Santo Pontífice, y 
ahora colmadas de expcctadorcs silenciosos y tristes, 
testigos que habían sido de sus fervientes y continuas 
])legarias. l*erocia imposible que se acabase una vi- 
da tan preciosa. Uno do los Cardenales asistentes 
BUgeria al alma quo se despedía de este mundo las 
mas fervorosas palabras de consuelo. Las oraciones 
so seguían sin interrujiciün, y se invocaban las inmeu- 
gas riciui.'zas de los tesoros divinos ou beneficio del 
mas querido de los Padres, c|ue iba á dejar desconso- 
lados sobre esta tierra, sus amantes y fióles hijos. 



La antesala estaba apiñada por una muUitud de 
per.sonas, que habían logrado ser admitidas ; todas 
estaban de rodillas, é invocaban la divina misericor- 
dia llenos de pesar. Pero el momento fatal se apre- 
suraba á grandes pasos. En el aposento del Pa- 
dre Santo se percibían, mezclados con las devotas 
aspiraciones, los mal comprimidos sollozos de los 
presentes, que hacían un lúgubre acompañamiento á 
los hálitos penosos y entrecortados del agonizante. 
A las cinco y media el Cardenal Dillio comenzó á 
rezar los misterios dolorosos, y todos los presentes 
respondían con profunda emoción. Pero llegando al 
cuarto misterio, los que estaban mas cerca del Poii- 
títice se levantaron— el estertor había cesado, la últi- 
ma lágrima habia aparecido en los ojos abiertos pero 
mudos del común padre de los fieles, se repitieron 
las palabras de la absolución, y les hacia eco el triste 
y lento sonido de la campana, que anunciaba la hora 
de las Ave Marías. A este sonido, como sí fuera una 
invitación hecha á Pío IX por aquella que él mismo 
proclamó Inmaculud", salió de los labios del Pontífice 
con el último suspiro su hermoso é inmortal espíritu. 

Aquel instante es indescribible. El Cardenal, Pe- 
nitenciario Mayor, entonó en tono solemne el Jie<ini- 
eiii (ck'rnam, que fué mas solemne por su profunda 
emoción. A estas palabras nadie pudo contener el 
colmo do dolor que se desbordaba de todos los cora- 
zones. Todos lloraban sin freno, y todos confundidos, 
Cardenales, prelatos, guardias y domésticos se lanza- 
ban para besar aquella mano, que tantas veces los 
habia bendecido, que había derramado en todas par- 
tes la consolación, y que no se había retirado nunca 
en beneficio de cualquiera, fuese grande ó pequeño. 

Oh, Grande Pontífice, oh, el mas querido padre, 
que nos dejas en esta tierra, nosotros estamos segu- 
ros quo á estas horas tu ruegas por nosotros en el 
cielo, donde ya has recibido la inestimable corona de 
gloria, que has merecido con tus virtudes. Pero noso- 
tros no podemos refrenar nuestro llanto, ni disminuir 
nuestro dolor, con la seguridad de tu dicha eterna. 
Mucho has amado y mucho has sido amado, para que 
tu ausencia no nos causo un profundo pesar, y para 
que no nos sintamos desconsolados en no hallarte 
mas, donde siempre te hemos visto, oído, y venerado. 
Ruega por la Iglesia, por los fieles católicos, y por 
nosotros. Sobre tu frente centellea la aureola de nues- 
tro benigno protector delante del trono de Dios. 

El CdÜiolir Jírvietr trac el siguiente documento, 
que muestra que las resoluciones tomadas por la San- 
ta Sede antes son muy bien consideradas y motivadas 
y después con mucha "firmeza y constancia manteni- 
das. 

Falaciü del Valicauo, 17 de Enero de 1878. 

yl fiíc Excelencia 

El Soberano Pontífice, teniendo presentes los sagra- 
dos deberes que le fueron inpuestos do defender los 
imprescriptibles derechos de la Santa Sede, no ha de- 
jado nunca do denunciar las sacrilegas cxpoliacroues, 
que sucesivamente se han llevado á cabo por el Go- 
bierno Subalpino, en daño del poder temporal de la 
Santa Sedo. 

Entro las protestas do este carácter, recordamos 
particidarmente, por la gravedad do las circunstacias 
quo las motivaron, las notas dirigidas por Santidad a 
los cuerpos diplomáticos. Estas son las siguientes : 
—La del 21 do Marzo 1800, contra la anexión do las 
Eomanias ; la del 18 y 21 de Setiembre del mismo 
año, en ocasión de la invasión armada de las Marcas 
y de la liumbria ; la del 15 de Abril de 18(51, cuan- 
do el Ivev Víctor Manuel tomó el título de liey de 
Italia :y*finabnentc la del 20 de Setiembre de 1870, 
lecha de la infausta ocupación de lloma.— 



-123 



Estas protestas han quedado siempre en vigor, y 
el tiempo que después ha pasado no ha disminuido su 
fuerza; antes al contrario ha confirmado su justicia y 
necesidadadj pues la infeliz experiencia ha manifesta- 
do cuántas trabas se han ofrecido al Sumo Pontífice 
en el ejercicio de su ministerio apostólico, desde el 
punto en que fué privado de su dominio temporal. 

Y ahora que, no obstante todo esto, después de la 
muerte del Key antes mencionado, su hijo mayor ha 
tomado el título de Bey de Italia en un público ma- 
nifiesto, y pretende sancionar las expoliaciones veri- 
ficadas, la Santa Sede se ve en la obligación de rom- 
per el silencio, del cual podrían deducirse malignas 
consecuencias é injustificables interpretaciones. Por 
estas razones, y para llamar otra vez la atención de 
las potencias sobre las extremadamente difíciles con- 
diciones, en que se halla todavía la Iglesia, su Santi- 
dad ha mandado á su Cardenal Secretario de Estado 
protestar de nuevo, con el objeto de conservar intacto, 
contraías inicuas expoliaciones, el derecho de la Igle- 
sia á sus antigaos dominios, que la divina Providen- 
cia le había otorgado para garantizar la independen- 
cia del Pontífice Piomano, plena libertad de su minis- 
terio apostólico y la tranquilidad y paz para los cató- 
licos diseminados en todo el orbe. 

Por esto el infrascrito, ejecutando las órdenes de 
8a Santidad, publica la mas conipleta y formal pro- 
testa contra el acto susodicho, y contra la confirma- 
ción, que por él pretende darse á las anteriores ex- 
poliaciones verificadas en daño de la Santa Sede. 

Presentando á su excelencia esta protesta, para 
que la ponga en conocimiento de su Gobierno, el ín- 
frasciito tómala ocasión de renovar los sentimientos 
^ de su alta consideración. 

Firinach — Juan Caed. Simeoni. 

Fs'áissc'iít!. — Un despacho de París anuncia la 
muerte del Cardenal G. Broussais de St. Marc, Arzo- 
bispo de Eeunes. Este prelado había nacido en 
Eenues el 4 de Febrero de 1803. Fué elevado á la 
dignidad de Cardtnal el 17 de Setiembre de 1875. 

assg-fat(Pi'r?í El Rev. P. Feuton recibió en la 

Iglesia Católica al Eev. George Whitefield Benjamín, 
el dia 29 de Enero en la Iglesia de S. Juan de Jeru- 
salen, calle Great Ormond. Esta conversión por cier- 
to no es muy halagüeña páralos que se lisonjean loca- 
mente poder implantal' al Protestantismo en la Ciu- 
dad Eterna. Efectivamente este señor fué el primer 
ministi;o ordenado en Roma en la Iglesia Episcopal 
de S. Pablo, por el Sr. Littlejohn. Fué destinado 
por teniente del actual ministro de S. Pablo, y tuvo 
este cargo por muchos meses. Era muy honrado 
de los Protestantes que iban alloma. (A'^ctv York 
Tohlef.j 

Tsar^piífs. — Desde el 16 de Noviembre, un despa- 
cho anunciaba que se esperaba para el dia siguiente 
la ratificación final de las condiciones de paz. Los 
Ptusos que están alrededor do Constantinopla, no 
habían entrado antes bien prohibido so pena de muer- 
te á cualquier soldado ú oficial de penetrar en la ciu- 
dad sin permiso especial. La Rusia quiere y pide al 
Sultán como condición de paz la entrada de'sus tro- 
pas en Constantinopla. Hasta el dia 16 del pasado el 
Sultán había siempre rehusado. Otro obstáculo 
para la conclusión de la paz era la condición impuesta 
de ceder todo ó parte de la armada turca como in- 
demnización de la guerra. 

Una de las dificultades que esta paz creará á la 
Inglaterra consiste cu que la Rusia pide para sí el 
tributo que el Egipto pagaba ala Turquía. Todos sa- 
ben que la Puerta tenia una deuda muy grande con 
Inglaterra. El tributo egipciano, á lo que parece, 



servia para pagar los intereses de esta deuda, y por 
esto, hace algún tiempo, se trasmitía directamente 
desdo el Cairo á Londres. Es fácil, concebir- el tras- 
torno que la interrupción del pago de los intereses 
causará en el comercio inglés, cuando se considera 
el número de los interesados en aquella deuda. 

Af 8"iea. — ^En 1848 el primer misionero católico de 
Gambia desembarcó en Bathurst. Halló un solo 
católico en aquel país. Después de ese tiempo, á 
costa de trabajos y padecimientos increíbles, y con 
el sacrificio de muchas vidas, una cuarta parte de to- 
da la población se convirtió á nuestra santa fé.' Allí 
la gente en su mayor parte es muy probre, y pocos 
auxilios prestan á los misioneros, que son mantenidos 
por la sociedad de la propagación de la fé. Las reli- 
giosas\le la congregación de la Inmaculada Concep- 
ción están con mucho éxito cooperando con los padres 
misioneros en sus trabajos apostólicos. La madre 
Agustina, que 22 años ha trabajado en aquel país, 
está ahora con permiso de su obispo viajando por 
Inglaterra, á fin de colectar limosnas en favor de la 
misión. 

AlesEaasBlía. — Los protestantes de Alemania te- 
men mucho que sus Iglesias en breve tiempo van á 
morir de consunción. Se quejan que las reuniones van 
menguando, y los estudiantes de teología son dema- 
siado pocos. Se dice que hay también \ma baja muy 
notable en el número de vocaciones para el Sacerdo- 
cio, lo cual probablemente significa que los Obispos 
no quieren someterse á las le^^es de Mayo, con res- 
pecto á la educación del Clero, y que los Alemanes 
que quieren abrazar el sacerdocio se ven obligados á 
buscar su instalación fuera de los límites de su país. 
La explicación, dada de estas dos bajas por los ÓJ'ga- 
nos Protestantes Alemanes, muestra que conocen su 
posición, y que esta los llena de confusión. Ellos 
mismos dicen que lo hecho por el Gobierno, ansioso de 
contrarrestarlos inuy vigorosos y rápidos progresos 
del Catolicismo, explica muy bien la falla aparente de 
estudiantes católicos para el Sacerdocio ; pero que la 
apatía é indiferencia en materia de religión, por par- 
te de los Protestantes, es la causa de que, en ios dos 
últimos años, no haya habido ministros suficientes 
para llenar ios puestos vacantes. En Badén la última 
circular, que invitaba los candidatos para que se pres- 
tasen para ser ordenados, no tuvo ni una sola res- 
puesta. En Westphalia han sido autorizados para 
el ministerio eclesiástico estudiantes de teología, que 
todavía no habían acabado sus estudios, pues no 
había quien se presentase. Por cierto que no hay 
necesidad de reprimir los progresos de una "Iglesia," 
que lleva este paso. 



124- 



SECCION RELIGIOSA. 



CALENDARIO RELIGIOSO. 
MARZO i:-2\ 

17. Domiiujo II de Canresma — Siin Píi^/.-h io, Obispo y Confosnr, .1- 
pústol ele Irlandi. 

18. Lunes -San Gabriel Arcángel. S. Braulio, Obpo. y Confesor, 
ly. Martes— Hi. Gloiuoso S. .Tosí: Esposo de ÍSIari.\ Víeoek. 

20. Miércoles— Ijar Santas Alejandra, Cinndia, Eufrasia, Matroca, 
rTiiliana, Eufemia y Teodosia, Mártires. 

21. Juects—fiím Benito, Abad y l'atriarca de los Monjes de Occi- 
dente. San Serai)i()n, anacoreta. 

22. Fieív/es— Coniuenioracion de las Sagradas Llagas del Señor. S. 
Saturnino y sus Compañeros, Mártires. Santa Lea, Viuda. 

23. iSííííndo—.'^an Victoriano, Mártir. Las Santas Pelagia y Teodo- 
sia, Mártires. 

SAN JOSÉ. 

La vida de este glovlo.so Patriarca está gravada en 
el corazón y mente de todos los fieles Católico.^. To- 
dos conocen su real lin;>je, pues dos Evangelistas lo 
describen: José era de la tribu de Judá y de la casa 
de David. Dios le liabia escogido en sus etéreos de- 
cretos para confiarle sus secretos y sus tesoros en la 
tierra, los misterios de la Eedencion y las personas 
en las que habían de cumplirse, Jesús, el Hombre- 
Dios, y Maria su castísima Madre. ¡Quú dones, qué 
gracias, qué virtudes no hubo, pues, de derramar en 
el alma bendita de su siervo! Ello es cierto que Dios 
siempre proporciona sus gracias al estado y á los ofi-. 
cios á que nos destina; y vemos cuál prudencia, cuál 
humildad, cuál sumisión á las divinas disposiciones, 
cuál incomparable longaminidad dio al Esposo de 
Maria, al Padre putativo del Niño Jesús. En las an- 
sias por el desconocido misterio de la Encarnación; 
en los afanes del camino; en la lígida pobreza de Be- 
lén; en las angustias al ver perseguida de muerte la 
prenda dulcísima uc su cariño; en el arduo viaje á la 
tierra de Egipto, y el penoso destierro entro un pue- 
blo idólatra; en la nueva congoja por el Niño per- 
dido; en el retiro de la oscura morada de Nazaret, 
José fué siempre "el hombre scgnn el corazón de 
Dios," "el servidor fiel y cuerdo á quien puso el Se- 
ñor sobre su íamilia." Como no le enaltecían los co- 
municaciones secretas con los mensajeros celestes, 
ni los coros de alabanzas tributadas por ellos :■.! Hijo 
de su Esposa Maria, ni los homenajes de los podero- 
sos 3' sabios del rnundo; así no le depriu'ia la repuLa, 
no le desalentaba el abandono, no le aíligia la estre- 
chez, ni los motes que de su humilde oficio venían al 
ilijo de Dios, ni otra cosa cualquiera de este mundo. 
Dichoso con poseer dentro de su propio hogar á Je- 
sús y Maria, por ellos vivia, con ellos moiia, espiran- 
do suavemente en sus brazos santísimos y merecien- 
do la auréola de Protector de la buena muerte. 



' — -í^-vfttO— 



IIEYISTA CONTEMPORÁNEA. 

I'^l Miiii.^lro Aniiiii nniuK'in (pie (icuo un de- 
pusilo (le Biblia.'^. Las vende á 75 centavos. Y 
por si acaso no (|nisiói-ais ooniprar la niblia cu- 
lera, la que el Alinisíro parece confesar (]ne es 
vindladn, corrompida, inipnra é imperfecta, eníon- 
c.'S os podrá oi'recer un Nuevo TeLÍanienlo, al 
mudico precio de 25 centavos. Los Católicos, 
además de lo mutilado, corrompido, impuro ó 
imperfoclo de la vcr.-?ion protestaiUe del .Vnliguo 



Testamento, o'o^crvan (pie la misma vor.-ion del 
Nuevo Testamento, hecha por los Prot staiilcs, 
no está exenta de cn¡ru[)icon é impcrlccfion en 
varios lugares. Y fiara el Nuevo Tes'amonlo 
lo mismo que paia el Antiguo observan además 
que las ver.>^ionos protestantes no están autori- 
zadas i)or la Iglesia; luego el Católico (pie las 
lee no tiene ninguna razón extrínsecas para estar 
seguro que lo que lee es la i)alal)ra de Dios; y 
cuan toa razones intrínsecas uo las tiene niel sim- 
j)le Católico, ni el Protestante, aunque fea el 
Ministro Annin. Y sino le desafiamos á que 
nos dé una á lo menos de a([uellas razones. 
Venda, pues, sus Biblias á 75 centavos, y sus 
Nuevos Testamentos á 25 centavos: su misión 
será tan fructuosa en Nuevo Méjico como la de 
sus cofrades en China, en India, en Ccilan, en 
Australia, en África, en Siria, en Armenia, etc., 
etc. — millones y millones de Biblias sin la cien 
millonésima parte de Cristianismo. 



Lo que pronosticábamos, lo que temíamos, lo 
que conjurábamos las estrellas para que uo acon- 
teciese, háse desdichadamente realizado — el 
Sr. Annin ya no se posee. Tiendo el aldsmo 
con que se engolfaba en la Itjbrega y fuiicsla 
idea de los Jesuítas, nosotros le tuvimos lástima. 
Temimos no acabase con perder aquel adorno 
de caletre que la naturaleza, madre bondadosa, 
no niega á ninguno de sus hijos, porque les t¡ue 
nacen maniáticos son sus hijastros. Kse trnior 
expresamos modestamente al ]\Iinistro, diciendo 
que aípiella idea, si no la abandonaba í-uu ticm- 
[)0, "podría perjudicar á su salud;" era decirle 
(pie, á no deshacerse pronto de ella, se vokeria 
loco. Pues bien, ¿quién lo creyera? en ac.ucllas 
la fantasía del Ministro, alborotada quiz;;s [¡or 
algún duendecillo chismca.dor, \\6 al contrario 
asechanzas puestas por nosotros á su vida, \'\6 
"cuchillos, balas, 6 drogas mortíferas." ^'o hay 
remedio; nuestros temores han salido profecías. — 
Desde ahora podríamos insertar en la cubierta 
de nuestro peritídico el siguiente aviíí : 

OBJETOS VVA\m\Í0^:—El juiiio del Sr. 
Annin. — El cpie lo hallare y devolvicre á su 
dueño recibirá en recompensa — Una I'mu ia dcd 
valor de 75 centavos. 

Si esto hiciéramos, Sr. Ministro, no ten liíais 
justa razón de ofenderos o (piejaros. \'«:.-. ton 
una conciencia digna de vuestro pad;e John 
Knox, y de vuestro abuelo Calvino, (¡a!a¡s de 
hacernos pasar por un hato de asesiiiv^s: {uics 
bien, mucho mas os prestáis vos mismo á ¡-asai' 
por un mentecalo, y mucho menos podci.-< ofen- 
deros de ello. 



John Knox. nacitj en (JilVord cu 1"' ". Fi-é 
fraile; apostato, y predicó la fcmen(!('a Pefor- 



I 



-125- 



ma. Se entregó á Calvino; luego le abandono, 
y se hizo él caudillo de una nueva secta mas en- 
diablada y frenética, los Presbiterianos do Es- 
cocia. Por su furor demoníaco. Lulero compa- 
rado con él fué un "tímido chiquillo." Tal es á 
lo menos el juicio de un escritor Protestante, 
Spittler. Para combatir el reino de María 
Stuart, Knox escribió un libro con el título: M 
2irimer sonido de ¡a trompeta de Dios contra el 
monsiruoso gobierno de las mujeres. Adulador 
mentiroso desmintió sus propios escritos cuando 
á la piadosa y católica Maria sucedió la fanática 
y cruel protestante Isabel. Knox, capitanean- 
do hordas ávidas de botin y sangre, derribó al- 
tares, pilló conventos, robó vasos sagrados con 
un furor que dio asco al mismo Robertson, bien 
que enemigo del' Catolicismo. Llamaba á los 
üatólicos la Congregación de Satanás, al paso que 
llamaba á los suyos la Congrecion de los Santos. 
Esos Santos de nueva calaña no reparaban en 
nada; hasta asesinaron al Cardenal Beautoun, 
Arzobispo de San Andrés. Knox describió el 
asesinato, llamando su libraco: Ün cuento alegre. 
Los Católicos eran á los ojos de Knox unos .idó- 
latras; y por lo tanto se los trucidaba desapia- 
dadamente, y lo que es peor, en nombre de la 
Biblia. Era preciso exterminar á los Cananeos 
(los Católicos) porque Dios lo mandaba. Hé 
aquí en bosquejo la figura de uno de los tantos 
padres de los moderuos distribuidores de Bi- 
blias. — No faltará quien ponga mala cara al leer 
estos recuerdos de fanatismo antiguo. ¿Qué ha- 
remos, si nos obligan á ello con el fanatismo mo- 
derno? 



-^»-»-«» 



Leyes de Matriiiioiílos. 



Seguiremos el examen del Mensaje del Sr. Ax- 
tell- con el cual acompañaba ^Xveto sobre el acto 
que en parte modificaba y en parte abrogaba 
las leyes de matrimonio de 1875-76. Acerca 
de la edad, que por aquellas leyes se limitaba á 
ciertos años, y que per el nuevo acto se queria 
dejar libre, el Sr. Axtell no opuso nada. Solo 
se oponia á dejar libres los matrimonios en se- 
gundo grado colateral de parentesco; contra es- 
tos, después de la ley de Moisés citaba, la de la 
Iglesia Católica. Vimos que aquella no le sufra- 
gaba, veremos cuánto le sostenga la segunda. 

Principiaba él con citaran dictamen del Eev. 
A. Truchard, Cura Párroco de Santa Fé, y ol 
creyó en su favor, solo porque no lo entendía. 
Si nos fuere posible, le haremos nosotros enten- 
der todo lo que enseña 3" hace la Iglesia en este 
particular. El Sr. Axtell verá que la doctrina 
y práctica de la Iglesia, lejos de favorecer su 
opinión, le es directamente contraria, y por lo 
tanto él no tenia razón de apelar á ella. 

Hq aquí brevemente esta doctrina, La Igle- 



sia enseña que el matrimonio además de ser un 
contrato natural, restituido por J. C. á su pri- 
mera perfección de unidad é indisolubilidad, es 
también entre los cristianos bautizados un ver- 
dadero sacramento de la nueva ley, puesto bajo 
su exclusivo cargo, cuidado y jurisdicción. En- 
seña además que el mati-imouio, tanto como con- 
trato cuanto como sacramento, está sujeto á leyes 
naturales y divinas, de las cuales ninguna auto- 
ridad ni aun la eclesiástica puede dispensar. En 
fin enseña que además de estas leyes, ella tiene 
autoridad, recibida de J. C, de añadir otras, 
cuantas y cuales le parecieren útiles y conve- 
nientes, por maj'or bien de los fieles y en favor 
del mismo matrimonio, que afecten ó no, se- 
gún convenga, la sustancia y validez del mismo. 

Conforme á esta doctrina y derechos es su 
práctica ó acción. Ella, pues, independiente- 
mente do cualquiera otra autoridad de este mun- 
do, refiere á su propio tribunal, como de deber 
3' derecho exclusivo, las causas matrimoniales 
de sus fieles: determina cuáles 3" cuántas son las 
leyes, condiciones é impedimentos de orden na- 
tural Y divino, en orden al matrimonio; exige 
su observancia; quita 3* pone nuevas condicio- 
nes é impedimentos eclesiásticos, \ los modifica 
3^^ cambia; abroga del todo, ó dispensa en casos 
particulares, con la libertad que conviene á una 
autoridad directamente establecida por el mis- 
mo J. C , y esencialmente superior á cualquiera 
otra civil 3' humana. 

Eq esto se reasúmela doctrina y práctica de 
la Iglesia acerca del mattimonio; 3^ de ella el 
Sr. AxteU no puede prescindir para entender 
sus cánones, cuantas veces se le meta en la cabe- 
za apelar á su autoridad. 

Ahora, por lo que toca al punto en cuestión 
¿cuál es la enseñanza y conducta de la Iglesia? 
La Iglesia ha declarado que no están prohibi- 
dos por ninguna le3^ natural ni divina los matri- 
monios en segundo grado de linea colateral 3'" 
que por lo tanto son de su3^o libres é indiferen- 
tes. Con arreglo á esto, si por ej. dos infieles, 
primo y prima, que estén casados, se convierten 
á la religión cristiana, la Iglesia reconoce como 
válido su matrimonio sin otorgarles ninguna dis- 
pensa. Pero al mismo tienq:)0 la Iglesia con 
una ley especial prohibe á los fieles, so pena de 
nulidad, casarse en ese grado 3'' extiende su pro- 
hibición hasta el cuarto inclusive, según las 
disposiciones vigentes, ya que no fueron siem- 
pre las mismas en tiempos pasados, (''on todo, 
así como ella generalmente los prohibe, los dis- 
pensa también en casos parficulai-cs. Mientras 
ella los prohibe, nadie los hará lícitos 3^ válidos, 
3'- si los dispensa nadie los j^odrá coii.^iderar 
como ilícitos ó incestuosos. Tenemos un ejemplo 
mu3" reciente en el matrimonio de Alfonso XII 
con Mercedes de España, primos hermanos por 
parte de madre, La Iglesia ilispensó, la Iglesia 



-126- 



pvescnció y licmlijo cttc niatiinionio; ¿se dirá 
por ventura que la Iglesia autoriza el incesto? — 
En resúuieii: la I¡;í;1osí:i. teniendo la autoridad 
de atar y desatar, ¡¡i-ohibe y dispensa estos ma- 
trimonios; con su sabiduría sobrehumana halla 
grandes motivos para pn^hibirlos generalmente 
y por su bondad maternal condesciende en dis- 
[K'usarlos por especiales razones en casos parti- 
culares. Tal es el espíritu de sus leyes; pone y 
(piita sus impedimentos con la misma autoridad 
(pie le fué dada por Jesucristo, sin estar obliga- 
da á dar á nadie cuenta de lo que hace. 

Ahora bien, supuestas estas explicaciones: 
¿podio la autoridad de la Iglesia favorecer la ley 
tal cual la deseaba el Sr. Axtell? Ciertamente 
que no. Porque el Sr. Axtell pretendía que la 
lej' civil i)rohibiera esos matrimonios como de 
suyo incestuosos, y que prohibidos por ley civil 
no pudieran ser ya permitidos por ninguna ley 
eclesiástica. El plan del Sr. Axtell era proclamar 
como mdispensabks por ley civil unos impedi- 
mentos de suyo dipsnsabks por ley eclesiástica; 
y para conquistar mas fácilmente á los miem- 
bros de las cámaras, casi en su totalidad católi- 
cos, á opinar como él, aducia el ejemplo, la auto- 
ridad, los cánones de la Iglesia Católica. Hubie- 
ra sido difícil al Sr. Axtell inducirlos á hacer 
leyes que, además de estar fuera de la jurisdic- 
ción civil, debian oponerse á la eclesiástica y 
que miraban á establecer la supremacía de 
a(piella sobre esta. Entonces, como no le faltan 
recursos, ocurrióle la feliz idea y valióse del es- 
pecioso pretexto de conformarse con la Iglesia 
paia disminuir y coartar su misma autoridad. 

En efecto, la Ic}^ que nuestro amable Don 
Samuel aconsejaba, consistía en prohibir esos 
matrimonios como de suj'o incestuosos, mientras 
la Iglesia los considera en sí libres: en impedir 
que la autoridad eclesiástica los permitiera, 
mientras ella tiene el derecho esencial de dis- 
pensarlos. El Sr. Axtell, que tiene malicia de 
sobra, alegaba los cánones de la Iglesia en señal 
de acatamiento y respeto hacia la misma; em- 
pero no porque los cánones favorecieran su lev, 
ó su le}' favoreciera los cánones, sino porque 
solamente los católicos, que formaban en gran 
parte la legislatura, movidos de un sentimiento 
de respeto hacia la Iglesia, juzgaran que no pu- 
diese haber mejor partitlo, que conformarse ellos 
con sus leyes; de este modo lo que parcela 
conformidad, era realmente oposición. 

Que ese fuera el fin de la ley proyectada y el 
espíritu de las palabi-as del Sr. S. B. Axtell, (es 
decir servirse de la autoridad de la misma Igle- 
sia para perjudicarla) se desprende mas clara- 
mente de lo (pie él seguia diciendo. Deploraba 
Su r'iXcelencia esos maíriujonios como hoi-roro- 
sos incestos y pedia con instancia una Iry ter- 
minante para atajarlos. La culpa, decia, es de 
los sa<"jrdote»i, (piienes son los únicos (pie se 



oponen á esta ley, para no porder las cuantiosas 
ganancias que conáiguen [)ermitiéndolos. Al Sr. 
Axtell no le entra de ninguna manera en la ca- 
beza, mas que cite la autoiidad de la Iglesia, lo 
que la Iglesia enseña y practica, esto e?, que 
esos matrimonios son únicamente prohibidos por 
autoridad eclesiástica, y que son muy lícitos 
una vez que se los dispensa. No señor, esto 
no le entra: el hacho de verlos dispensados y 
j:)Grmitidos es un horror, en cnanto se permite el 
incesto y un abuso muy grande, en cuanto se per- 
mite por un vergonzoso tráfico. Los sacerdotes 
son, según él, cul[)ablcs de uno y otro desorden. 
Aquí Don Samuel se revela todo lo que es, y 
todo lo que piensa. 

Desde luego preguntaremos ¿quiénes entiende 
el Sr. Axtell por saccrdotco? Si almle, como es 
debido á los Obispos y al Papa que son propia- 
mente los que conceden esas dispensas, el uno 
en toda la Iglesia, los otros en sus respectivas 
diócesis, y sin cn3'a autoridad los sacerdotes no 
pudieran celebrar esos matrimonios en cuestión, 
entonces el Sr. Axtell acusa al Papa, al Papa 
mismo, á los Obispos, á todos los Obispos del 
mundo, que permiten esos horrorosos incestos, y 
los ()ermiteii por una infame ganancia. Pues 
bien, volviendo al ejemiilo arriba mencionado, 
sesrun el Axtell, el matrimonio entre Alfonso v 
Meríicdes de España, bien que haya sido autori- 
zado por la Iglesia, no es mas que un incesto, 
un horroroso incesto, en que viven á la faz de 
Europa y del mundo: una mancha de la Iglesia 
y del inmortal Pió IX que lo autorizó; Axtell 
lo dijo, y esto basta. En este territorio hay 
algunos primos y primas, pertenecientes á las 
principales familias por ej. en el condado de 
Bernalillo, casirlos de ese modo: nombramos estos 
no porque no. los hay también entre las clases 
pobres, sino solamente porque Su Excelencia 
ios conocerá mejor. Ahora esos tales, según el 
Axtell, lejos de vivir en un legítimo matrimo- 
nio, viven en aboininable y escandaloso incesto, 
y la infamia veudrá á nesar sobre nuestro limo. 
Arzobisi)o (¡ne l)s disj)ensó. E^to lo dice Axtell 
y ¿quién lo pudiera dudar? Es verdad que él no 
habla de Papa y de Obispos, sino de sacerdo- 
tes; pero miserable recurso es este, echar la 
culpa á los sacerdotes, cuando lo que hacen lo 
hacen solo porque autorizados por los Obispos, 
y esto-s por el l*apa, y cuando de estas dispen- 
sas se h.icen responsables los Obispos y el Papa 
que las dan. 

Y ¿qn'én es e?te que nos viene á dictar leyes 
de moralidad, y acusar los sacerdotes, los Obis- 
pos y Papas, la Iglesia entera de autorizar el 
ince■^to? ¡Es un S. B. Axtell, un Axiell quien 
antes devenir al Nuevo Méjico, siendo gober- 
nador de Ltah, se convirtió según lo que publi- 
caron miu'lins perií'dicos. por ej. el Su» de Nueva 
York-, al MoiMnonismo, v trasladado á este Tcr- 



-'-12'^- 



ritorio, viene ¡í enseñarnos y darnos^ preceptos 
de inoi-alila'l! ..; .., 

Y como si no bastara esta- tan ignominiosa 
maucli:i, (lo impntar á la Iglesia Cato'lica el 
permitir el incesto, cuando se dispensan en esos 
inatiM.nionios, el Sr. Axtell añade con una deli- 
cadeza farisaica, que se les dispensa solamente 
por un vergonzoso trálíco de dinero. El Sr. Ax- 
tell está acostumbrado i\ ver lo que se hace en 
ciertos gobiernos, en los cuales todo se vemle y 
todo se compra, á pesar de haber sus excepcio- 
nes, desde las elecciones presidenciales hasta 
las decisiones de los tribunales, y en donde el 
dinero es el mdvil de todos para manejar todo, 
desde las aulas del congreso, hasta las cortes de 
un juez de paz, y piensa sin mas que en la Igle- 
sia sucede lo mismo que en la sociedad civil. 

Incesto y dinero, estos son los dos argumen- 
tos que hace valer el Axtell cu su mensaje por 
oponerse á los matrimonios en cuestión: él lo 
acababa, protestando que la conciencia de las 
Cí-'maras estaba obligada ¿prohibirlos, que ellas 
iban á comprometer el honor del Territorio, si 
dejaban de cortar tan infames comercios, y po- 
niendo en juego todos los recursos de la natura- 
leza y del arte, prorumpia en exclamaciones, 
afect; ba emociones, juntaba todas sus fuerzas 
para ver si salia triunfando de las ca'maras y las 
inducía á prohibir tales matrimonios. 

¡Oh nobleza de alma de S. B. Axtell! ¡euáa 
pocos te conocen! ¡Oh dichoso Territorio de 
Nuevo Méjico á quien cupo la suerte de poseer 
á un personaje tan magnánimo! ¡Con razón ha 
de tenerte envidia el de Utah, que tuvo la des- 
gracia de perderlo y lo llora todavía! Esto de 
levantar la voz contra desordenes y crímenes 
está muy bien en un gobernador: pero se nos 
ocurre una dificultad. Su Excelencia grita tanto 
■contra esos pretendidos matrimonios incestuo- 
sos, que según lo hemos visto no lo son ni por 
ley natural ni divina, sino solo por ley eclesiás- 
tica, que con dispensarlos los hace lícitos y muy 
lícitos. Pero porqué no grita en cambio contra 
otros matrimonios prohibidos, proscritos y con- 
denados muy terminantemente por todas las 
lej-es naturales, divinas y eclesiásticas, y que á 
pesar de todo esto son desgraciadamente legali- 
zados y fomentados por las leyes civiles del 
Territorio? ¿Ignora acaso el Sr. Axtell que el 
divorcio civil tiende á separar á los que Dios ha 
unido para siempre hasta la muerte? Con todo 
vemos que la ley civil autoriza á los co'nynges 
legítimamente casados para separarse el uno del 
otro y contraer nuevas nupcias. Esto sí que es 
un infame tráfico: sin hablar de los Estados en 
donde la corrupción de los divorcios ha llegado 
á tal exceso que en los periódicos públicos se 
■ven los, anuncios de los abogados que por una 
friolera de $5 se comproraetcíu á obtener cual- 
quiera divorcio; aquíj aquí mismo, sabemos que 



un ciudadano podrá por dinero conseguir siem- 
pre que quiere un divorcio, y si tuviere que gas- 
tur mas será porque nuestros jurisconsultos ven- 
den mas caro sus favores., Contra esos divorcios 
y matrimonios adulterinos el Sr. Axtell no le- 
vanta su voz: tal vez porque los considei'a legí- 
tiujos á despecho de la ley natural, divina y 
eclesiástica que los prohiben. 

E! Sr. Axtell tampoco no ignora que el matri- 
monio debe ser entre dos solamente, así como fv.6 
en su primera institución, (según las leyes arri- 
ba mencionadas), y (¡uc lo que mas se opone al 
bien de las familias, de los cónyuges, délos 
h.ijos, y de toda la sociedad, es esa detestable 
poligamia desterrada ya hasta do las naciones 
salvajes, y que con sumo dolor de todos se ve 
descaradamente establecida en los'Estabos Uni- 
dos. De esa [daga de ascpierosos ísíormon^es nos 
vemos amenazvdos. Sin pretender explicar ios 
heehos es cierto (¡ue, dcí^de (¡ue el Sr. Axtell 
vino á este Territorio, oitiios hablar de Mormo- 
nes, de emigraciones de jMornnones. (piizás ya 
verificadas, como dicen hacia las fronteras de 
Nuevo Méjico, en donde precisamente se pen- 
saba liacer ei-igir por la última legislatura nue- 
vos condados; medida (|ne los del.)ia mas bien 
fivorecer que atajar. VA Territorio se estremece 
á esas noticias. Y ¿el Sr. Axtell qué hace? Se 
calla sobre este asunto, ni solicita siquiera una 
ley ¡lara alejar ese peligro. 

Pero baste esto: Su Excelencia, dosiiucs de 
haber insultado á las Cámaras, a! Territorio, á los 
Jesuitas, (juiso insultar también á los sacerdotes 
y á la Iglesia Católica. Todos llevaremos en paz 
esos insultos, por respeto de la autoridad (¡ue 
ejerce; pero jan)ás consentiremos que nadie, 
mucho menos S. B. Axtell, nos pretenda ense- 
ñar la moralidad. 



Veracidad del ''^ew Lcxi^aii,' 



El Xcw Jlevican es tan imprudente como des- 
carado, para imputar á otros cosas que ellos mas 
bien le pueden echar en cara á él mismo. Du- 
rante el mes de Febrero nos habló de una ley 
de escuelas introducida en la última legislatura 
y nos acusó al mismo tiempo, sin que viniera á 
propósito, por razón de engañar á la gente. 
Ahora, por el documento que vamos á publica)*, 
estamos en estado de que, sin salir de sus mis- 
mos artículos, le podamos coger en caso de e- 
vidente decepción. 

Los artículos á que nosotros y el Comunicado 
nos referimos son dos. Primero en el núm. IG 
Feb. decia:"El Jueves pasado la Cámara mostró 
su desprecio por los Jesuitas y sus decepciones 
durante la primera i)arte de la sesión, con pasar 
con un voto unánime una co[)ia veil)al (verhatim 
copy) déla ley de escuelas, redactada hace áo'A 



its 



í.fios por el Secretario W. (J. Ritelí, 6 introduci- 
(ia en el Consejo le.iíislativo por el ?r. Arniijo, 
fVvínador de Do.ña Anu." J)»\^pu»:í tn el núm. 
'J3 de Febrero, volviendo sobre el mismo »»nnlo, 
üñíide: "La Ciíniara pasó el btll ño lus Eseuelis 
f-in-Dios dodless Scltool Jíill, como los Jesuítas 
y fanáticos se complacen en apellidarlo, en los 
'iKimos dias y con un voto unánime, etc." Y 
!iucia observar las dos veces que solo por falta 
de tiempo no pasó también en el Senado, en el 
"ual jior lo menos debia haber una mnyon'a de 
;-ietc miembros en favor del bilí. Sin hacer caso 
de las injurias (|uc nos decía, y con las cuales 
Haizonaba sus artículos, constatamos lo (jue dice, 
¡líirma y proclama tan alto, á saber, (pie el bilí 
rn cnestion, (pie pasó en la Cámara, y hubiese 
¡)asado en el Senado era textualmente la misma 
(!e la legislatura de 1875-TG, una copia exacta y 
verbal con las mismas provisiones y secciones. 
Lo dice en dos lugares y lo celebra como un 
•riiinfo sobre los Jesuítas, sobre esos malditos 
ijue andan enoafiando á la gente. 

Ahora, ¿qué dice el Comunicado!'' El Comvni^ 
lado pone en evidencia y prueba la falsedad del 
New Mexican, periódico olicial del Territorial, 
«¡ne por el celo del honor de Nuevo Méjico gri- 
ia contra los que engañan á la gente. YA comu- 
nicado hace ver que el bilí, tal como fué introdu- 
cido, era textualmente el redactado por Ilitch, 
pero el que fué adoptado era muy diferente por 
ciimendacionea y {^presiones notables, que mudan 
entei amenté el estado de la cuestión. Dice así: 

"Señores Editores de ]ii Beviiita Católica — He 
visto la aserción hecha por el Nnevo Mejicano 
de cpie wwücojjia verbatiiii de la ley de Escuelas 
de Armijo de dos años pasados, había ])asado en 
hi Cámara de Representantes de la última A- 
samblea Legislativa, unánimemente. No me es 
extraño (uie el tal periódico haga tan falsa re- 
presentación, pues ya el Nuevo Mejicano se ha 
iicostumbrado tanto á desfigurar y adulterar los 
hechos, según niejor se asientan á sus caprichos 
() á sus (incs, cpie aun(pie se csfoi-zai'a, dudo si 
podría publicar la verdad. 

"El acto ípie [¡asó en la Cámara fué mostrado 
á varios miembros de aípiel cuerpo y examína- 
lio j)or ellos antes de ser introducido: fué leido 
dos veces por entero, en sesión de la Cámai-a 
antes de su jiasaje, y durante estas varias lectu- 
ras del acto, yo me ent(;ré muy plenamente de 
él, y sin temor de ser contradecido con alguna 
send)lanza de éxito, asegnii) á Vd?. (pie la tal 
ley no era una ceibatiin vopn de la de dos años 
pasados. JM'a, sí, aipiella ley, pero con uinchas 
(•nmemhiciones y supresiones notables. lOntre 
otras una enmendación fué esta (|uc — (mi cuanto 
á enseñan/a religiosa se dejaba á los padres de 
los niños el sí se les instruía en esto ó no- igual- 
mente so suprimieron todas las secciones (pie ha- 
blaban de un— CoiiS(;jo general d(.> Elucacinn. — 



"Si fuera necesario yo ¡niedo dar á Yds. un 
informe mas detaü'^do sobreesté asunto y estoy 
cícrlo que mis uscrciones serán corroboradas por 
todos los naiembron ile la Cámara de Represen- 
tantes, (pie mas ilcíeuidamente examinaron la 
ley que pasó. Ux Mi km uro dk la Cám.vua." 

Con que. Señores del New Mexican, el Bill 
.que pasó no era una copia textual de el de Ritch, 
sino reformada y muy reformada en cosas nota- 
bles, cabalmente en aquellas que hacían odiosa ó 
sospechosa la ley como la redactó el Ritch. Con 
que, no fué un triunfo sobre nosotros que una ley 
de Escuelas sin Dios pasara en la Cámara j hu- 
biese pasado en el Senado; al contrario, se de- 
bería considerar como un triunfo sobre vosotros 
de los que llamáis Jesuítas y fanáticos, que no 
pasara la le}' sino reformada: suprimido aquel 
tan bien imaginado Consejo general, y provisto 
según la voluntad de las familias, á la instruc- 
ción religiosa de los niños. ¿Y vosotros no sa- 
bíais esto? ¡por supuesto que sí! Y luego ¿por- 
qué nos habéis contado las cosas tan al revés? 
Pero basta, nuestras preguntas irían muy ade- 
lante. — Acabaremos diciendo á esos cofrades que 
mientras ellos buscan razones para sostener la 
acusación que nos hicieron de decepción: nosotros 
tenemos el honor de rechazarla sobre ellos 
mismos con pruebas en la mano. 



«»-«»■►- «• 



La recoiiciliacioii de Víctor 31iiiuieL 



El Neiv Jíeocican persiste en negar que Víctor 
Manuel antes de su muerte haya pedido al Papa 
el debido perdón ¡mvn j)0(ler primero ser absuclto 
de las censuras, y recibir después loí santos sa- 
cramentos y la sepultura eclesiástica. Hace eco 
en esto á ciertos periódicos nectarios de Italia 
que hicieron esfuerzos inauditos [>ara desmentir- 
lo. De aquellos que estando tan cerca podían 
mas fácilmente estar al corriente de las cosas 
que niegan, diremos que sus mismos esfuerzos 
(lan al revés una prueba en conti'a de ellos, por- 
que á no haber sido la reconciliación de A' íctor 
Manuel un hecho verdadero, no habrían suscita- 
do tanta polémica. l){\jarenios creer al Nciv 
Mí'xic((n lo (pie quí?íere. al cabo es mas la au- 
toridad (pie se arroga que la que tiene. Con 
todo sepa ese periódico, que su opinión hace el 
peor servicio á la memoria de Víctor Manuel, 
¡)or(pie sus alirnuicíoiics tienden á quitar toda 
probabilidad de su eterna salvación. 

Nosotros no preteiitlemos escudriñar los jui- 
cios de D¡o.«! pai"a indagar cuál haya sido l<i suer- 
te de aípiella alma. J)iM-imos solamente (pie no 
podemos menos de admitir el hecho de su recon- 
ciliación con el Papa, sea por lo (]uc alirmó el 
Osseriatore lUimano órgano somi-oíicial del \\\- 
tieano, sea por la conducta que se tuvo con él. En 
efecto se le administraron los santos sacramen-' 






tos á yi-ÍA (le t()(];i. la c¡ui!;ul: so le diu (ii Roma 
la sc|)uli.¡:i'i eclesiástica; ec le liieicroii en Ifalia 
y fiícrii mu líos y solemnes íiinerales; cosas ló- 
elas que no se ¡¡oiian haber veriñcado sin que el 
hubiese muerto reconciliado con la íglesiií, y no 
hubiese retractado los yei'ros do (¡ue se habia 
hocho i'c.-qjousablc. 

Algunos entre los rrotestaníes nial ¡n'nnna- 
dos y auii entre los Católicos mal intenciíuiados 
se buriau de la Iglesia como si admitiese i! Ins 
santos saci'amentos á pecadoi'es abominables, sin 
ot!a condirion que la de que se echen á los ])iés 
de los sacerdotes y les digan: perdúníme. Y 
ahora se quisiera que verdadaderameute la con- 
ducta de la Iglesia haya sido esta cabalmente y 
que haya recibido ú Víctor Manuel sin ninguna 
condición de las- que son esenciales para la i'ccta 
administi'acion d(! los sacramentos. 

Diremos á los del New Mexicdu cuáles son es- 
tas, si es que no lo saben. La iglesia, para ad- 
mitir á los sacramentos en vida ó en níU';rte, exi- 
ge siempre (¡ue,con la confesión hi raí de siin'cra y 
exacta de las cul|)as, se tenga un dolor do ellas, 
con n¡! proposito lirme de precaveruis en lo veni- 
dero, y de rcjiarar los males que en lo pasado 
ío hubiesen causado. El que escribía e:i el Ní:w 
Mexican, era ¡¡robablemente un rrutcstánie que 
habia liecho sus estudios en el Webster, don- 
de, por supuesto, no se halla explicado todo eso, 
y por lo tanto le excusamos. Sepa ahoi'a. cuál 
es la doctrina _v ¡práctica de la Iglesia, y lo sepan 
los del JVeio Me.ricau que siendo Gatdlicos, (jui- 
; iescn cumplir con los preceptos de la Iglesia, 
ahora (pie estamos en el santo t¡em¡)0 de Cua- 
resma. Sin las condiciones mencionadas, la I- 
glesia niega absolutamente la absolución y los sa- 
cramentos en vida, y rehusa desi)ue3 de mnei'te 
la sepultura eclesiástica y los funerales cristia- 
nos, cualquiera que sea la persona delincncnte. 

Aun supuesto (¡ue el sacerdote, que administró 
á Víctor Manuel, pudiera haberse equivocado 
por ignorancia, ó condescendido pornmücia, y 
que él mismo creyera ó se atraviera á absolver- 
le de las censuras y excomuniones mil veces in- 
curriólas sin ponerle ninguna condición, y sin es- 
peciales facultades, (suposiciones enteramente 
gratuitas é improbables,) con todo ¿cómo se hu- 
bieran vcriiií ado en Roma los funerales de N'íc- 
tor jManuel y la sepultura eclesiástica, sin qu.e el 
Papa ó el Cardei al Vicario protestara en con- 
tra? ¿,Cómo tantos Obispos y Prelados, Cate- 
drales y Cabi'dos fuera de Roma, le hubieran 
rendido semejantes honores, sin que la Santa 
vSede. ó se los prohibiera an.tes, ó censurara des- 
pués? Todos, sin exceptuar el nnsmo Pana, se 
suponen ó tan ignorantes que desconoz- an sn.s de- 
beres, ó tan débiles que no sepan resistir. Nos- 
otros tendríamos que tratarles todos de iü-no- 
rantes y cobardes, sin excluir al ininoi't.il Pió 
ÍX, solo porque á un miserable esciátorde un pe- 



riódico, que de cosas de religión, de sac.-anientos 
y de Iglesia sabrá menos ijuc la suela de núes- 
ír.>8 zapatos, so le antojó decir que Vící(;!- ]\Ia- 

no debia ha- 
lado con la 



nooia. 



nucí Ho s<? roírutó j:'imás, no 
ceido, y que sin embargo f; 
iglesia antes de su muerte. 

Todos los precedentes de la vida de Víctor- 
Manuel hacían probable una i'etractacion en la. 
hora de la muerte, si la. misericordia divina le 
concediera tiempo y gracia. Viador Manuel ha- 
bia sido el instrumento de tantos desóí'dciies, in- 
justicias 3' saci'ilegios cometidos en Italia, pero 
no era en íin el (¡n.e tenia la culpa principal. El 
sabia muy bien (}uc se habia puesto en un mal 
candno (pie lo llevaba directamente al abisnin: 
le pesaba pero no era capaz de detenerse. D;j- 
minatio por la revolución se dejalsa arrastrar, 
sin pei-dei' jamás la idea de reconciliarse antes 
de morir. Esta era una esper.mza que rayaba en 
temeriil^id, ¡jero en fin era así. Al Cosde de 
Cavour que lo echó en cíe precipicio, solia re- 
petir: "Mi (jueriilo Cavour, yo iré bien contigo 
hasta las ¡vaertas del iníierno, pero te prevengo 
(pie allí entrarás tu solo." Fai el Fígaro de Pa- 
rís, núm. 10 de Enero, se habla de un libro pu- 
blicado por el Conde de Idevillc, ya empicado 
en ladegacion francesa de Tnrin, el cual refiero 
muchas anécdotas de Víctor jMannel. Hé a({uí 
n n a . C « a n d o e 1 P r í n c i p e La '1' o u r D ' A u v e r g n e 
a!)an donaba Tusií! ¡jai-a ir I^mbajador ;í Prusia, 
fué á desjaedirse del Rey. Este enti-c oti'as co- 
sas ¡o dijo: "¿Cuándo nos volvcTcmos á ver, 
(¡uerido Pia'ncipe?. ... No quiero que me alian- 
aoncis con la creencia, de (¡ue 3'0 soy un impío ó 
incrédulo. Lo dicen, pero no es verdad.... _yo 
he tenido SaiUÍos c¡¡ mi familia; helos aquí." 1 
al mismo tiempo le iba tmsoñando las i.'uágenes 
de los Beatos de la. Casa de Saboya, colgado.s 
cu Ja misma sala, y añadió: "Y bien ¿creéis que 
estos santos r.o rnegiícn por :ní?" Después lle- 
vado de otras ideas, continuó: "Si un día se tu- 
viese que ir á Roma, \'o os lo juro, dejaré ir á 
íínmbeilo: de ningún modo quiero yo i)¡sar allí. 
Yo respeto al Pap^a, y sé que en el fondo de su 
corazón me (piiere mucho: y des| ues ¿porqué 
tendí la (pie ir á Poma?" V-\ Conde de Ideville 
dice (¡ue estas pahibras textuales las repelió mu- 
chas veces al Ministro de Francia y á otros [¡er- 
sonajes y que el Rey conservó siempre los pi'in- 
cipios religiosos, }' que de él fué dicho (¡n.e "si 
no temia á Dios, como debia, con todo temia mu- 
chísimo al Diablo." 

Víctor Manuel á pesar de los buenos princi- 
¡)ios, tuvo una viiJa bastante desarreglada, y 
consintió en muchas infames y sacrilegas nsur- 
l>aeiones. A pesar de sus juramentos fué á Ro- 
ma, aunque diíícilmente se le podia inducir •( 
quedar allí, y mucho menos en el Palacio del 
Quirinal. De espei'ar es que los santos de su 
Q.isa lo hayan íilcaiizado de Dios tiempo v gra^ 



-1:50- 



<-\\i de convertirse, y las oraciones de aquel Pió 
ÍX, qnc no obstante las iiijui-ias y daños recibi- 
dos, lo qiieria y rogaba por el, y cuyo último 
acto l'uó tenderlo los brazos en señal de un ge- 
neroso perdón. 

Jjner!;o que \'íctor Manuel fué avisado d(d pe- 
liji'ro de muerte por el Dr. Bruno, liauíu al ins- 
laiite un ,<arfrdotc para confesarse. Es verdad 
que no fué es(e Aíñr. Marinelli enviado |;or el 
Papa para visitarle, el cual no fué recibido qui- 
;;:ís por malicia de los Cortesanos, sino el Canu'- 
aigo Anzino, Capellán de la Corte. Eíte como 
vrd deber, fué al Cardenal Vicario para conse- 
!i;uir las lacultades necesarias, y por él fué renii- 
5Ído al Papa ndsmo. El Pápalo recibió inme- 
diata mente y se las dio. Dicen (jne Víctor Ma- 
ouel, al oír lialdar de las bondadosas disposicio- 
nes del Papn, se enterneció hasta las lágrimas, 
y eucai'gú al Confesor de ir en persona á echar- 
•se á sus |)iés y pedirle perdón de todos los nia- 
les (pie vülüutaria é involuntarianicnte le bnbiese 
ocasionado. Después se confesó, y mientras el 
Sacerdote iba por, los santos sacramentos, el 
ll'^y (juedó á solas con los í'r/ucipes. ¿Qué les 
diria, es¡)ecialmente á líumb?rto que le debia 
su.-cdei-? El lieui!)o lo manií'eslará. El Can. 
;Vn/,iiio |)ara sacar los santos sacramentos de una 
Pai'rixpiia vecina, tuvo" que afirmar con jura- 
incnlo al Párroco, delante de testigos que Víctoi' 
.\ianuel h((hia cumplido con lo (pie cldña, Jlocho 
esto, tomó üJ Via'tico y los sanios Oleo?, y vclvió 
al (^iiirinal; y se los adn.inistró ¡il íicy moii- 
huudo en medio de la eonn)ocion de toilos. Los 
í^'íncipcs y Ministros asi;-(ian con las velas en 
la mano y respondían ;í las oracionts. 

Muerto Víctor Manuel, fué divulgada 1 1 de- 
¡)odcion d(d Can. Anzino y con consenlimicnto 
de la autoridad Eclesiástica, se le hicieron los 
funerales, y fué sepultado en el Panteón. El Os- 
ü^irvatore Romano publicó repelidas veces (pie el 
Rey liabia pedido perdón al Papa de todos los 
males de (pie se habia hecho responsable, ase- 
gurando de tener biienaft pruebas pai-a decirlo. 
X« Unitá Cutlolka siempre bdeu enterada de las 
cosas, aseguró lo mismo, y afiadií) (pie razones 
humanas y divinas aconsejan á tener escondido 
algo que con el tiempo vei-á la luz: (¡ue el Vati- 
cino conoce los tiempos cuando "es bueno cs- 
c.Tiider los secretos del Key"' como dice la Ins- 
erí I iira, y cuando es necesario revelarlos; (píe 
mientras tanto, i)or lo que se sabe y por lo.^ tes- 
tigos (pac hay, es averiguado que Víctor Manuel 
murió despue.-! de haberse reconciliado con el 
Pa[)a; y que (d (pie lo sabe -nejor, y á la vez es 
id mejor testigo, es Ilmnherto. (piien 1:0 !«' nega- 
rá jamás. 

Lo (pie des«jonciei'la á ciertos tales, (pie nie- 
gan esto, es el ver retractados en punto de 
muerte los sentimientos y acciones ile la vida. 
b'<to, mal (]ue les pese, smde fácümeute suceder 



en los que no han perdido enteramente las cre- 
encias de la religinn Va\ hi muerte cesan las 
ilusiones, 3' á luz de la eternidad aparecen las 
cosas de otro mxb); á la vista del juez eterno 
no hay otro amparo (pie el de ecl^irse en los bra- 
zos de la Iglesia y pedirle misericor'lia y per- 
don. L^s retract.'ici<'nes en [¡unto de muerte 
cuando Dios concede e! tiempo y la gracia para 
hacerlas, son muy poder(\sas i)ara desengañar á 
los vivos, si quieren aprovecharse de la lección. 

El Xew Mexican se complace en negar la de 
Víctor ^lauuel. ¿S.il)cis por(!ué? I-'oríjuo supone 
que nosotrcs le guai-damos odio por habernos 
expulsado de Ñapóles, y que no quisiéramos por 
ningún estilo que el Pap;i le hubiese perd'mado, 
y que los demás le Írab¡e.;en tributado tantos ho- 
nores. Nu'.'stro Colega se equivoca de parte á 
parte. liemos dicho (pie no fué Víctor Manuel 
quien n(3s expulsó de Ñapóles, sino la revolución 
suscitada y capitaneada por Garil)aldi. Víctor 
]\Iaiiuel no tuvo otra parte en este hecho que la 
de firmar el decreto contra los Jesuítas de Ro- 
ma. Ahora añadimos que no abrigamos ningún 
odio conti'a él, antes bien Dios sabe que nuestros 
deseos y oraciones miraban á que pudiera un dia 
reconciliarse con él. Y ahora que murió coa 
las señales del dolor y arrepentimiento, que he- 
mos dicho, somos los primeros en alegi-arnos de 
lo que obró el Papa, y defender la memoria del 
difunto Rey contra las calumnias de periódicos 
impíos. No por esto haremos el panegírico de su 
vida y justilicarcmos su conducta: pero ya que 
se arrepintió ,y retractó en punto de muerte, á 
esta solament',! miraremos. Su vida, no fué la 
de un Rey cristiüio, peio su muerte, fué la de 
un pecador arrepentido: su vida no se puede 
proponer como modelo de virtudes, pero su 
muerte puede celebrarse como un triunfo de la 
Religión y de la misericordia de Dios. 

Nosotros hacia la Ca-^a de Saboya tenemos 
mayoi'es motivos de (piedar agradccidi»s que 
sentidos. Iben (-uíí se atribuya á Víctor IMa- 
nuel el habernos expulsado de Italia, en cuanto 
se pi'ctendiív ha.'erlo en su nombre, bien qne haya 
liriir.ido el decreto (pie nos desterraba de Roma, y 
al mismo tienipo (|uc se apoderabí d(d (Juirinal, 
destiualia para su propio uso una de nuestras ca- 
sas de Roma con ^u Iglesia |)arii. Parroquia 
de la Corte, sin end)argo nos acordamos que en 
a(piella mi-ma c;isa vivió, y en aquella misma 
Iglesia e-^tá enti rrado otro Rey de la casa de 
Saboya, C ;r!o.^ Manuel (]ue renunciando la co- 
rona entró en la Cün!|);!r¡ía el 11 de Enero de 
1815. y murió santamente en ella el 7 de Oc- 
tubre de 1810. l'or mas agravios que nos haya 
hecho alguno de la casa de Saboya. nos son ani- 
liliainente recompensad(^s por un Rey de su di- 
nas! ía que nos honró tanto en vestir nuestro há- 
bito, y dejarnos por iKMvncia sus restos y sus 
vil ludes. 



131- 




?j 



A^Z^^ 



A LA ORDEN DiíL DÍA. 



Hemos pensado dar á los lectores de la Revista 
ttua idea de los medios de que lian echado mano 
nuestros adversarios, para iiaccrnos la guerra y llamar 
sobre nosotros la atención y si fnera posible el odio 
aun del Territorio y do la nación. ¿Cuáles son esos me- 
dios? los de siempre, la calumnia y la mentira. Res- 
pecto de los Jesuítas fué formulado ya aquel famoso 
principio de mentir, mentir; siempre algo quedara : que 
contiene la historia de los ataques que se nos han 
hecho por lo j^asado, y contendrá la de los del tiem- 
po venidero. La mentira y la calumnia son igualmen- 
te los recursos de nuestros adversarios actuales en el 
Territorio, por falta de otros: recursos indignos de 
cuantos se respetan un poco, y no han perdido ente- 
ramente el sentimiento del pudor. 

Seria cosa larga reunir tod;is las falsedades amon- 
tonadas contra nosotros; citaremos, pues, olguvas de 
las mucJnsimas. Y adviértase que no haremos caso, 
ni llevaremos cuenta de las apreñacione><, mucho me- 
nos de las injurias; solo nos ceñiremos á los hccJios 
que se nos imputan. No nos maravillamos que nos 
juzguen mal por el odio que nos tienen, tampoco que 
nos injurien, por la rabia que los excita; pero sí que 
falsifiquen tanto las cosas y no se arredren delante 
de la mentira y calumnia. 

Principiemos por la Baily Trihune que fué la pri- 
mera á abrir la campaña, con las correspondencias 
que se le enviaron de Santa Fé, de !as cuales hemos 
visto cuatro solamente en los números 18, 24, 29 y 
30 de Enero. Pero sabemos que ha habido mas. 

"La Trihune pues, (y siempre entendemos no la re- 
dacción, sino sus corresponsales,) 13 de Enero, piinci- 
piaba con decir que los Jesuítas mediante la suma de 
íí'lOO lograron hacer elegir para presidente del Sena- 
do, en la pasada legislatura de Simta Fú, al que ellos 
deseaban ^ Ira. falsedad; los Jesuítas ni por sombra 
se han metido en eso, mucho menos gastado algún 
dinero. Fué una pura novela fabricada para divertir 
á la gente á expensas de otros. 

En el número 24 de Enero, cuenta que el P. Gas- 
parrí en un sermón ])).'edícado en Santa Fé, el domin- 
go 12 de Enero, habló del acto de incorporación de 
los Jesuítas del Territorio, 'adoptado ya por la legis- 
latura, y que declaró que estaban condenados irre- 
parablemente aquellos miembros de las cámaras 
que hubiesen votado en contra — 2a. falsedad: el Pa- 
dre no hizo ninguna mención, ó alusión la mas leve á 
eso; no habló del acto, ni del infierno, sino de cosas 
muy diferentes. 

Añade en aquel número que nosotros aquí excita- 
mos al pueblo á la sedición y al asesinato — 3a. false- 
dad: es pura malicia de nuestros adversarios que- 
rer interpretar en mal sentido unas palabras de la 
Revista, y este es todo su fundamento. Si algo de 
real y verdadero hubiese habido, por supuesto no hu- 
bieran dejado de demandarnos, ponernos en las cor- 
tes y condenarnos. Pensad, sí pudiendo, dejarían pa- 
sar tan buena ocasión de coger entre sus uñas á un 
Jesuíta. 

Los Jesuítas, 29 de Enero, abusando de su autori- 
dad y posición quieren dominar al pueblo, enseñan á 
hacer traiciones y quebrantar juramentos, etc., — 4a. 
falsedad: es pura amabilidad de nuestros adversarios, 
suponernos tan ruines. Seria imposible serlo y que 



1^ autoridad eclesiástica nos tolerara, y que el pue- 
blo nos tuviera tanto respeto. Y ¿cómo sucede que 
en ui'iz años y algo mas que estamos aquí y hemos 
recorrido de un cabo á otro el Territorio, predican- 
do centenares de reces, tratando indistintamente con 
inuu:nerables perisonas de toda condición, secta y 
profesión, nadie hasta ahora nos haya podido impu- 
tar una moral tan perversa? Nuestios enemigos qui- 
zás nos juzgan por lo que ellos mismos son. Ya se 
ve, el buej^ llama cornudo al asno. 

Ss afirma allí mismo que los partidos jesuíticos 
hicieron oposición á la ley propuesta en favor de los 
Hermanos de Santa Fé para una escuela normal — 5a. 
falsedad: partidos jesuíticos no han existido jamás, 
sino en la cabeza de algunos. Dicha ley según dicen 
no fui' adoptada por ser muy pobre el Territorio, y 
quizás no faltó alguna intriga de los mismos que al pa- 
recer la favorecían. Estamos seguros que si las cá- 
maras la hubiesen votado, esos mismos que decimos 
la hubiesen hecho caer por un velo ó impidiendo que 
pasara por las dos terceras partes. 

Añaden á este propósito, 29 de Enero, que los 
Hermanos de Santa Fé denunciaron á los Jesuítas y 
sus métodos — 6a. falsedad: por lo que conocemos de 
las cosas es una pura calumnia de los que quisieran 
sembrar la zizaña entre unos y otros. Es táctica de 
nuestros enemigos separarnos á nosotros de los de- 
más para justificar mas fácilmente sus ataques, pro- 
curar ponernos m?J unos con otros, para combatirnos 
separadamente unos primero, otros después y triun- 
far de todos. 

En fin, para dejar otros detalles, se dice 30 de 
Enero, que el P. Clasparri manejaba la legislatura, 
los Presidentes y todo — 7a. falsedad: el Padre aquel 
no manejaba ni pretendía manejar nada: no es tan 
imbécil para creerse en condiciones de hacerlo. E.sto 
se le atribuye para desacreditar la legislatura y los 
miembros haciéndoles pasar por ciegos instrumentos 
de un aventurero y traidor En otras sesiones cjue los 
miembros se mostraron dóciles esclavos de ciertos 
tales, oh, entonces era otra cosa, aquellos eran hom- 
bres dígaos, progresistas, liberales; y los de la última 
sesión, porque no se dejaron manejar, son en general 
iguorantas, estvípídos, que no entendían lo que ha- 
cían y faltaban á lo que debían. Para desahogar su 
rabia, los que no los hallaban tan dóciles y obsequio- 
sos, como ellos querían, los desacreditaban no pu- 
diendo hacer otra cosa, y cor puras calumnias, di- 
ciendo que se dejaban manejar por los jesuítas. Eran 
gritos de rabia y no mas. Añadiíai que aquel Padre 
mencionado juntaba á los miembros, todas las noches, 
en el Hospital, para echarles sermón, que por la ma- 
ñana los reunía otra vez para darles sus órdenes _y 
bendición. Mil y tantas tonterías tan insulsas como 
infundadas, que debían motivar el apellido de fanáti- 
cos y ridículos á los C[ue no se mostraban conuiventos 
á lo que se quería. 

El acto de incorporación de los Jesuítas no es una 
prueba tampoco, como fué el pretexta do acusarlos 
de manejar la legislatura: se ha, dicho y repetido, mil 
veces pero es otra — 8a. falsedad. Los miembros de 
las cámaras no pensaron hacerles mas favor de lo que 
la sesión de 1873-74 hizo á los Colegios de los Hcr- 
. manos y Conventos de las Hermanas del Territorio, y 
promover también por medio de ellos siempre mas el 
desarrollo de la educación. Es curioso y estraño ha- 
cer tanto ruido por la ignorancia del Nuevo Méjico, 
su falta de escuelas y de educación, y ahora por un 
simple acto de incorporación, ordinario á otorgarse en 
los Estados Unidos indistintamente á todos y con 
mayores privilegios, se ha querido har>er uu crimen á 



-132- 



JOS jesuitris quo lo pidierou, y á las cámnrns que lo 
otorgaron. So liahla d© ooticcsiones inaudita."!, Iwn qno 
so reducen á una niiserablt: fToncion insuficiente para 
la jiensiou de un íníiino maestro de elementos, y que 
■seria recompensada al Tcrritcrio con muchas escuelas 
ya existentes, y gracias á Dios, ya florecientes. Si se 
ataca la legalidatí del acto, en la cual no liemos que- 
rido entrar janí ís ¿porqué el Gobernador primero, y 
los ))erii')dicos después, no se quedaron on eeo sol*- 
3jieute? El (lobei'uador motiva,n(lo su nfo .'5olo por la 
j'alta de legalidad, muj probable rnenle lo hubiera 
visto adoptado por las cámaras. Pero no: de la lega- 
lidad se ¡)asó' á las injurias, el mensaje del celo fué un 
verdadero libelo en contra del Padre, do un compañía, 
de las cámaras, del pueblo, que indignó los oyentes y 
especialmente la legislatura, que lo volvió á pasar 
con mas grande mayoría. Esos son los hechos suce- 
didos á vista de la ciudad de Santa Fé, }' prueban 
([ue el acto en cuestión no pasó por manejo de los 
jesuítas, sino por benéficas intenciones de la cámara, 
y la conducta del gobernador eu lugar de hacerlo 
mal, concurrió á reuuirles mas eficazmente para sos- 
tenerlo. 

Pasemos ahora al Nctr Mcvlcun, el órgano oficial y 
oticioso del gobierno territorial, el cual laajo el mane- 
jo de Honerables y no-Honorables, se ha echado 
cuerpo y alma en la campaña contra nosotros. En 
todos sus niímeros desde el principio, 19 y 20 do 
Enero, 2, O, 10, 2'3 de Kebrsro y 2 de Marzo, siempre 
aparece con dos, tres, y mas columnas contra los jesuí- 
tas. Esa cuestión casi exclusivamente atrae su aten- 
ción, y presta materia abundante ]iara sus artículos 
]-»rinci[)ales. Mientras que en el Territorio se han 
visto asesinados y colgados muchos hombres, en Al- 
buquerque, en Lincoln, en la Ciruelita, los Honora- 
bles del New 3ícxic(in apenas les hacen caso para no 
desviarse de sus estudios sobre los ]\/onifn Sccrela y 
la historia de los Jesuítas. ¡Dichoso territorio, y mas 
dichoso, si así siguen las cosas! 

Los mencionados números contienen oO entre ar- 
tículos y articulitos, propios ó ajenos, originsiles ó 
truducid(js, en los cuales de una manera directa ó in- 
directa se habla do nosotros. ¡Gracias por la impor- 
tancia que nos atribuyen! El Ni-io 3íexican con la 
prudencia de la sei'pientí! calla algunas de las ton- 
terías }mblicadas en la Tribinir, porque estas refirién- 
dose á hechos reportados en Santa Fé, stí le hubiera 
])odido desmentir por miles de testigos; tampocío nos 
ataca por lo que somos hoy dia aquí, el territorio nos 
conoce, y la gente por su anuibiüdad nos aprecia, 
sino que nos desacredita especialmente por lo quo 
nos supone haber sido en otros lugares ó tiempos, y 
con la sencillez de la paloma trae en medio viejas 
acusaciones ó lejanas ¡nq)utaci()nes. Vamos á citar 
algunas. 

Desde el número lí) de Enero, cita los MoniUi Se- 
crc/ff como libro compuesto por Jesuítas y como su 
regla de conducta— Ira. y 2a. falsedad: no es e.ste li- 
bro obra nue.=;tra y nuestra regla, sino composición y 
ficción do herejes descarados, á los cuales quiz.-ís 
solo en nuestros tiempos hay algunos que los igualen 
y aventajen en el arte de la decepción. Tenemos 
pruebas ]iist(')ricas para proliarlo. 

Nos acusa, lí) de Enero del regicidio de Enrique 
IV á lo cual hacia eco el I¡i(li¡iciu¡nit 2li do Febrero, di- 
ciendo que los Jesuítas habian plantado una daga en 
el corazón do Enrique IV — 3ra. falsedad: Enrique IV 
fué asesinado ]ior líavaillac, (pie no fué jamás Jesuí- 
ta. Es verdad que se les quiso acriminar de eún 
muerte, jioro la inocencia de los Jesuítas fué luego 
puest» en evidencia (Crctincau, Hist. C.ip. 10). Entro 



otros la Reina Pegente, el Canciller y el Arzobispo do 
París, protestaron en contra, 27 de Juní.j de 1(510. 
Enritpie IV fu('' gran protector y amigo de la Compa- 
ñí.v, les hizo grandes favores, les abrió muchos Co- 
legio.-', entre ellos el famoso de la Flecha, les dejó, 
muriendo, su corazón, ejemplo que imitó la Peina su 
Esposa, y los dos se guardan eu la Igles'-. de dicho 
Colegio. 

En el número 1) de Febrero, dice que fuimos (los 
Jesuítas) echados á puntapiés de Ñapóles por Víctor 
Manuel como traidoras y á causa de un atentado 
hecho por nosotros para crear disensiones y traicio- 
nes al Gobierno — 4a. falsedad: juntando muchas en 
una, y sin contar los puntapiés que dejamos al digno 
articulista. No fué Víctor Manuel sino Garibaldi 
que expulsó los Jesuítas de Ñapóles, no como traido- 
res, no por algún atentado, no por crear disensiones 
ó traiciones, tampoco con un nuevo apó:-ito decreto, 
sino solo por la aplicación de otro vigente ( n el Pía- 
monte, que él quiso de su propia autoridivd extender 
á aquel lleino. 

Allí mismo se nos acusa de fomentar la diversidad 
de razas y de desechar el idio¡na inglés de nuestras 
escuelas — 5a. falsedad: la diversidad de r;:zas no la 
fomentaremos nosotros que somos lo mismo que los 
llamados Americanos extranjeros por estas poblacio- 
nes, sino que la fomentan ciertos tales que, desde el 
Gobernador para abajo, desprecian á los Neo-Me- 
jicanos, los califican de ignorantes y de ctúpidos. 
En su opinión de ellos los Neo-Mejicanos son el 
desecho de los pueblos, la vergüenza de los Estados 
Unidos, sus legislaturas son une meunyerie un serrallo 
de hesúixs {liiih'¡iei((h'u/ 2'> de Febrero) indignes que el 
Gobierno gaste por ellos su dinero. Los que fomen- 
tan esta diversidad son esos tales que están de con- 
tinuo enviando correspondencias á los Estidos, ó á 
los periódicos, desacreditando el Territoíio y i>intan- 
do la gente do aquí, sus costumbres, su moralidad, 
todas sus cosas con los colores mas negros, como por 
lo que hemos referido podrá infcrirsü. 

Por lo que toca á la lengua inglesa — 0;;. f;d.';edad: 
se ha enseñado y se enseña en nuestras e"cuelas, lo 
mejor que sea posible. Y supuesto que no se en.^eña- 
r.i ¿seria acaso un crimen? ¿Dónde está escrito que 
en tildas las escuelas se deben en.soñar lodus las co- 
sa.s? Estas son cosas dignas de los c;;ares di; Knsia. 

En el número 23 de Febrero, el Xeir J/e.riritu pien- 
sa triunfar y hacer alarde de sus conocimientos his- 
tóricos; parece quo la historia es su elemei.lo, como 
el agua para lo.s peces. Empero por su mala estrella 
se hace coger las mil veces cu su propio elemento. 
El gobernador había dicho en el mensaje de veto so- 
bre el acto de incorporación que la "Compañía luibia 
sido denunciada una y mas veces por el Jefe de la 
Iglesia Cati)lica;" cpiiere decir por el Paj^a. Nosotros 
le negamos rotundamente esta aserción. Hé ¡ujuí que 
el i)eriódico oficio.so y oficial sale á la defensa de su 
amo y señor, y quienquiera, dice, esté un poco fami- 
liarizado con la historia, conoce que la Conijiañía fué 
suprimida por Clemente XIV. — Bien, bien, Á\tc Mcv- 
icaii, nos aguardábamos esto, pero de.-igraciadamente 
esa supresión no prueba nada la cuestión; v.nno verc- 
ijins en otro mhneni. 



Se publica todos los Sábados, en Las Vegas, N. 

Año I Y. 



m* 



23 de Mario áe 1878, 



FUNERALES Y SEPULTURA DE PIÓ IX. 



Aunque un poco tarde, damos los pormenores de 
los funerales y sepultura del cuerpo de Pió IX, saca- 
dos de los periódicos de Eoma y de Italia. 

Primero daremos el último discurso pronunciado 
por Pío IX el dia 2 de Febrero, fiesta de la Candela- 
ria y aniversario de su primera Comunión, á las per- 
sonas que según la costumbre le fueron á ofrecer las 
velas. Los buenos liijos recogen las últimas palabras 
de sus padres: los católicos tienen aquí las últimas 
recomendaciones de nuestro amadísimo Pió IX. 

Después de setenta dias de enfermedad que le 
obligó á guaítlar leclio constantemente, cinco dias an- 
tes de morir, Pió IX habla una vez mas á sus bijcs, 
representadas por los Generales de las^Ordenes reli- 
giosas, por los Párrocos de Roma, por los Pastores do 
varias parroquias de diversas partes del mundo. Ha- 
bla; y su vütimo discurso, su última enseñanza, su 
último consejo, fueron consogrados á la instrucción 
cristiana; su última voluntad, como la de toda su vi- 
da, que en todas partes brille la luz de la verdad. El 
Padre Santo estaba sentado en su trono, cercado de 
su corte, guardias nobles, muchos camareros de ho- 
nor y notables personajes eclesiásticos y seglares. Les 
que iban á ofrecerle candida cera, estaban con las ve- 
las, frente al solio pontificio. El Padre Santo les dijo: 

"Es para mí gran consuelo veros aquí reunidos á mi 
alrededor en agradable corona de cariñosos hijos. Os 
agradezco el celo que manifestáis continuamente por 
la tutela y salud de las almas que os están confiadas. 
Doy las gracias á los Pastores de las almas que so 
esfuerzan por obtener la frecuencia de las oracionea 
y la frecuencia de los Sacramentos. Doy también las 
gracias á los Pastores de l?.s almas y á todos los indi- 
viduos del Clero secular y regular por las oraciones 
que bajo su dirección los fieles no han cesado de di- 
rigir á Dios por mí. Os ruego que deis las gracias en 
mi nombre á todos los que están confiados á vuestra 
solicitud. Dadles las gracias y significadles que pido 
áDios que les conceda la perseverancia en la oración, 
en la frecuencia de los Sacramentos, en la fidehdad á 
la cabeza de la Iglesia. Decidles que me acuerdo de 
ellos y que ruego á Dios por ellos todos los dias, á fin 
de que quiera conservarlos bajo la égida de su dies- 
tra protectora. Una cosa quiero decir ¡intes de des- 
pediros. Sé que existen siempre en las diversas par- 
roquias ignorantes que no tienen ni siquiera las no- 
ciones necesarias de laEehgion; sé también que exis- 
ten padres culpadísimos que dejan crecer á sus hijos 
en esta ignorancia religiosa; pero sj también que no- 
sotros debemos correr detrás de los pecadores para 
convertirlos, y de los ignorantes para iluminarlos. 
Buscad, pues, álos ignorantes; iluminadlos con celo, 
para que no se pueda decir que en el centro del mun- 
do católico hay almas que ignoran los prÍLcipales 
misterios de nuestra santa Religión. Trabajad con to- 



das vuestras] fuerzas por librar á Roma de esta ver- 
güenza; trabajad para que, mediantj vaonLro «elo y 
vuestras plegarias, se conviertan las alma;?, j H ver- 
dad resplandezca por todas partes en la Ciadad San- 
ta. Estas son las palabras que mas rae urgia repe^- 
ros en esta ocasión, no permitiéndome la debilid^íá 
deciros mas. Y ahoi'a os beadigo. Bendigo vaestías 
peráonas, vuestras casas reiigiosis, todas las aliaas 
que os están confiadas. Acompáñeos esta bendicioa 
todos los dias de vuestra vida, y sea el tema de vues- 
tras alabanzas, cuando Dios quiera llamaros al Pra-ai- 
so. Benedicüo Del, etc." 

Después de la muerte del Papa, acaecida á las 5,40 
de la tarde, los Profpgoies, Antonini Médico, Ceceare i- 
li Cirujano, y Sus asistentes Peíacci y Tapai osten- 
dieron y firmaron el siguiente certificado de defun- 
ción: "Nosotros abajo firmados, certificamos que la 
Santidad de N. S. Pió IX, Papa, atacado ya de una 
lenta bronquitis, ha acabado de vivir por una piíráii- 
sis pulmonar, hoy 7 de Febrero, á las horas 5,40 p.ui." 

Hacia á las 8 de aquella noche, el Cardenal rece", 
Camerlengo de laSfca. Iglesia Romana, acompañado 
por Mur. Macchi, Maestro de Cámara, y otros M^rs. 
y Clérigos de Cámara, se dirigió á la sala, donde se 
hallaba expuesto el cuerpo del difnuto Pontífice, para 
verificar el reconocimiento del cadáver, según la cos- 
tumbre usada en aquella Corte. Apenas entraron 
se pusieron todos de rodillas, levantando sus corazo- 
nes hacia Dios, y adorando con su silencio los ine?- 
crutables decretos de la Providencia divina, cpie ha- 
bía dispuesto privar á la Iglesia de un Pontíñcfl d^ 
tantas prendas. El cuerpo del venerado Pió iX yaeia 
sobre un modesto lecho, y cuatro cirios resplandeeian 
en las esquinas del mismo. Su rostro conservav* 
una expresión de serenidad y subiime bsllesa. Aca- 
bada 1-1 oracioa, el Cardenal Camerlengo levaafrjse y 
rezó el I)e Profandis, repíHó la absolcscion y lo roció 
eon agua bendiga. Entonc&s Tvlñr. Pericoli, Clérigo de 
Cámara y Decano de los Pcotonotarios Apostólicos, 
leyó de rodillas y en latín el acta d© reconocimien- 
to del cadáver. En st^gunda Mñr Macchi entregó 
al Cardenal Camerltugo el anillo del pescador. Coe- 
cluidas todas las formalidades acostumbradas, á las 
que asistieron muchos Príncipes de liorna y oficiales 
¿e 1& Corte pontifix-ia, todos se retiraron, quedando 
las Guardias Nobles para guardar el cadíver. Esa 
laiama tarde el CiU'dea^il Vicario (Sja liorna, Moaaco 
La VfUleta,raíUidó publica-a' y pegar ea la£ puertius da 
las Iglesias el siguiüute AvUo ai Chro tj Pueblo, para 
Hotificarlo la, ni-uerto de Pío IX, niandaatk» qjue todas 
las caiupauas doblasea el dia siguieutíy que se rezíi- 
ra en la Misa la Coléela pro eliyrndo Suninuj Pordilicr. 
"R.^FAEL/fe/ tdulo de la Santa Crm eiiJcrasaku/kla 
Santa Iglesia Eoniana, Cardenal del Orden de Piasltí- 
teros, Monaco La Vaüeta, Vicario <js^.iered,J ¡jm Ordina- 
rio de R-oraa, y sií d.intrilo, etc., etc. 

La M:ijestad de Dios Omnipotente ha llamado á 



134- 



BÍ al Sumo Poutíficc Pió IX de santa memoria, según 
el triste aviso que he recibido del Eiuo. Cardenal 
Camarlengo de la 8anta Iglesia Romana, á quien cor- 
res[)onde dar fe de la muíntc de los liomanos Pontífi- 
ces. Al recibir tan infausta noticia, gemirá de tristeza 
en todos los ángulos del orbe el pueblo católico, de- 
voto de las grandes y apostólicas virtudes del inmor- 
tal Pontífice y de su soberana magnanimidad. Pero 
el dolor de los Piomanos debe ser mas grande que el 
do los demás pueblos, porque hoy desgraciadamente 
ha terminado el mas extraordinariamente glorioso y 
largo Pontificado que Dios ha concedido á sus Vica- 
rios en la tierra. Su vida de Pontífice y de Soberano 
ha sido una serie de interminables beneficios, tanto 
en el orden espiritual como en el temporal, para todas- 
las Iglesias y naciones, y particularmente para su 
Eoma, en la cual á cada paso hallamos monumentos 
debidos áda munificencia del Pontífice y del Padre. 
Según lo dispuesto en los Sagrdos Cánones, en todas 
las ciudades y lugares célebres deberán celebrarse 
solemnes exequias por el alma del defunto Supremo 
Gerarca, y todos los dias, hasta que la Santa Sede 
Apostólica esté ocupada por un nuevo Pontífice, debe- 
rán dirigirse oraciones á Su Divina Majestad para 
pedirle que inspire al Sacro Cokgio en la elección del 
sucesor al nunca bastante llorado Pió IX. A cuvo e- 
fecto disponemos, etc." 

El dia siguiente, 8 del mes, hacia las 8 de la maila- 
na, los Cardenales se reunieron en el Vaticano ]3ara 
celebrar la primera congtegacion de las diez, que en 
semejantes ocasiones se acostumbran, antes de que 
comience el Conclave. Estas se continuaron los nueve 
dias siguientes hasta el dia 18. A consecuencia de la 
muerte del Papa, todos los Cardenales suspenden sus 
oficios particulares, excepto el Camerleugo que suple 
al Papa difunto. Por esto el Cardenal Billiodejóel 
oficio de Penitenciario Mayor, y el Cardenal Simeoui 
el do Secretario de Estado; quedando encargado Mñr. 
Lasagui de desempeñar sus funciones, corno de dere- 
cho, siendo él Secretario del Sagrado Colegio y del 
Concistorio. 

En estas Congregaciones preparatorias se trató de 
todo lo_ perteneciente al Conclave, de la elección do 
los_ oficiales para el mismo, y do cuantas otras dispo- 
siciones exigen las Bulas de los Pontífices. También 
Pió IX dejó una Bula, en la cual da á los Cardenales 
la facultad de derogar en caso do necesidad las recias 
de costumbre para el Conclave, y además algunas 
instrucciones relativas á este. Habia confiado estas 
ÍJistruccioncs, f\l Cardenal Simeoni, que debía comu- 
nicarlas al Sacro Colegio, en el caso do que se susci- 
tase la cuestión de reunir el Conclave fuera de Eoma. 
Pío IX, en estas instrucciones, expone los motivos 
porque no quisoabandonar á Iloma en 1870. Añade 
(|ue los apontccimietos posteriores le confirmaron en 
esta decisión. Las instrucciones están acompañadas de 
numerosos documentos, cartas do soberanos, corres- 
pondencias diplomáticas, etc., etc. El Cardenal Si- 
meoni dio conocimiento de las instrucciones al Sacro 
Colegio, y los Cardenales disidentes, cesando en su 
oposición, eligieron ¡í Roma ])ara reunir el Conclave. 

Esta misma tardo del dia 8 fué embalsamado cí 
cuerpo de Pió IX por los Doctores Ceccarelli y los 
demás que quedan nombrados mas arriba, y fueron 
asistidos por otros Médicos del Palacio, á sa\)CY, Bat- 
tistini, Melata, Sciarra, Cai)paron¡ y Prima. Le sa- 
caron las entrañas, para cm])¡dsamar!as aparte semm 
la costumbre, y depositarlas en las criptas del Vati- 
cano. Toda la operación tuvo muy feliz éxito. 

El dia siguiente á las 10 a. m., fué revestido" el ca- 
dáver con sotana blanca, moceta, y camauro, deján- 
dole en las manos el crucifijo quo tenia cuando expi- 



ró. Asi fué expuesto á la veneración de la gente, 
siempre guardado por los Guardias Xoblcs. Muchas 
personas y familias enteras, tanto de Roma como de 
fuera, fueron admitidas á verle y besarle los pies. La 
costumbre de los años pasados era de exponer el 
cuerpo á la veneración de los fieles, por tres dias en 
la Capilla del Palacio, y por otros tres en la Basílica 
Vaticana, para mayor comodidad de la gente; pero 
por buenas razones, en estas circunstancias, se deter- 
minó llevarlo desdo luego á la Basílica, como so efec- 
tuó la tarde del mismo dia 9. 

El cadáver estaba revestido de los hábitos Pontifi- 
cios y llevaba puesta en la cabeza la mitra. La pro- 
cesion pasó por la escalera que pone en comunicación 
el Vaticano con la Iglesia. 

Palai'reneíos con grandes blandones abrian la mar- 
cha, siguiendo los familiares pontificios, guardias no- 
bles, caballeros de capa y espada }- el Cabildo de San 
Pedro, con el Cardenal Borromeo arcipreste de la 
Basílica. El féretro era llevado por ocho Sacerdotes, 
También formaban parte de la fúnebre comitiva 
treinta y dos Cardenales, vestidos de luto, y recitan- 
do las preces de costumbre. Los guardias suizos y la 
guardia palatina completaban la fúnebre procesión, y 
seguían muchos Príncipes y Nobles Romanos. Eran 
las 7 p. m. cuando se llegó á la Capilla del Sto. Sa- 
cramento: allí se dejó el cuerpo, después de rezadas 
algunas oraciones, en custodia siempre de los Guar- 
dias Nobles. 

Debía haber quedado allí tres dias, (10,11 y 12 del 
mes) mientras el Cabildo celebi-aba un triduo de fu- 
nerales; pero por el inmenso concurso de gente, que 
iba á venerarlo, fué preciso dejarlo hasta la tarde del 
13 en que se le dio sepultura. La procesión se compo- 
nía de la familia Pontificia, el Cabildo del Vaticano, 
los Cardenales, los Guardias Nobles y otros prelados 
y oficiales Eclesiásticos y militares; fué llevado el 
cuerpo de la Capilla del Smo. Sacramento á la del 
Coro. Allí se colocó el cadáver en un cajón de ciprés, 
que estaba en otro de plomo, á la vista de todos 
los que estaban presentes, entre los que se hallaban 
muchos Prícipes y personajes de Roma y extranjeros, 
aunque la ceremonia era enteramente privada. Según 
costumbre, Mñr. Ricci cubrió con un velo blanco el 
rostro del Pontífice, y puso á sus pies tres bolsas de 
terciopelo con las medallas que fueron acuñadas du- 
rante su Pontificado, que eran 31 de oro, 31 de plata 
y 31 de cobre, G3 por todo. So colocó también un 
estuche de ojalata, que contenia un rollo de pergami- 
no, en el cual estaba escrita la biografía de Pió IX, 
l'ila Fapd', compuesto por Mñr. Mercurelli. Después 
de esto se cubrió todo el cuerpo con un velo de seda 
colorada, se lo dio la i'dtima absolución, y se cerró 
primero el cajón de ciprés, poniendo en él los sellos 
de costumbre con lacre, y después se cerró el cajón de 
plomo, sellándolo también pero con plomo. Sobro 
este cajón se lee la siguiente inscripción latina: — 
Cuerpo de Pío IX, P. M. 
VÍN'ió, años 85, meses 8, dias '2&. 
Gobernó la Iglesia años 31, meses 7, dias 23. 
Murió el dia 7 do Febrero de 1878. 

Entretanto so lc3'ó el acto jurídico de la sepultura 
del cadáver. Esto doblo ataúd fué encerrado en un 
tercer cajón de castaño, y fué levantado para colo- 
carlo en el nicho que existe sobre la puerta á mano 
derecha y los albañilcs levantaron el tabique, en el cual 
colocaron una lápida con la iuscrii^)cion; Pió IX, P. M. 

Esto lugar es el sepulcro iuternio do cada uno de, 
los Papas, que mueren, hasta que el que le siga lle- 
gue á fallecer. Entretanto se proiiara su futuro y 
])ropio sepulcro. El de Pío IX pronto estará acabado, 
l)ues, según ('1 mismo lo exige eu su Testamento debo 



-135 



er muy sencillo y modesto, en la Iglesia de San Lo- 
euzo extra muros, en el Campo Verano, y todos los 
gastos no deben esceder los $400,00. Hé aquí las dis- 
posiciones del testamento con respecto á su sepultura. 
"Mi cuerpo, cuando sea cadáver, será sepultado en 
la Iglesia de S. Lorenzo fuera de la ciudad, y exacta- 
mente debajo del pequeño arco que se halla debajo de 
las parrillas, esto es debajo de la piedra, en que to- 
davía se ven pintadas las manclias producidas por el 
martirio del ilustre levita. Los gastos del monumen- 
to no deben ser nías de cuatrocientos escudos. En la 
lápida del modesto sepulcro serán grabados el trire- 
gno y las llaves, y una epígrafe con las palabras: 

HUESOS Y CENIZAS DE PIÓ P. IX. 

SUMO PONTÍFICE. VI^^Ü AÑOS .... 

FUÉ PONTÍFICE AÑOS .... 

KOGAD POH ÉL." 

Finalmente él mismo dispuso que las armas que se 
debían poner sobre el sepulcro debía ser.una calavera. 

El Papa había dejado 100,000 fr. para que fuesen 
distribuidos entre los pobres, lo que fué fielmente 
ejecutado por el Sagrado Colegio. 

Los testamentos dejados por Pío IX, y escritos de 
su propia mano, eran dos; los habia extendido desde 
el año 1875, y tenían unas notas y codicilds. El día 
15 el Cardéiial Camerlengo abrió y leyó, en presencia 
de los deudos del difunto Pontífice, el que pertenecía 
á su familia; en este disponía de su prviada fortuna. 
. Acabados los funerales del Papa en el Vaticano, por 
otros tres días, que fueron el 15, 16 y 17, fueron re- 
petidos por los Oarrlenalcs en la Capilla Sixtina, pon- 
tificando los Cardenales Di Pietro, Sactíoüí y Billio; 
y el tercer día, en presencia del Sagrado Cokigío, del 
cuerpo diplomático, de muchos Príncipes, y do todos 
los empleados y oficiales de la corte pontificia pro- 
nunció un elocuente elogio del difunto Mñr. Nocella. 

Entretanto el Conde de Vespignaní preparaba el 
lugar para el Conclave, dirigiendo día y noche á 500 
obl'eros; así todo estaba listo en el término prefijado. 

El día 18 á las 10, 30 celebró la Misa del Espíritu 
Santo el Cardenal Schwartzenberg, Arzob. de Praga, 
primero de la orden de Presbíteros;y Mñr. Mercurcl- 
li, Secretario de los Breves á los P'ríucípes, pronun- 
ció el discurso para la elección del nuevo Pontífice. 
A las 4,30 de la tarde se reunieron otra vez los Car- 
denales en la Capilla Paolína^, y de allí, en procesión 
y cantando q1 Veni,'Greator Spiritus, se dirigieron y 
entraron en el Conclave. 

Los oficiales del Conclave estaban ya designados de 
antemano, sea por derecho ó por elección. Estos 
eran, Mñr. Lasagni /S'eor'a río, el Príncipe Chigí Prm- 
cipe Mariscal, Mñr. Maríuelli Sacrista y Confesor, 
Mñr. Martínucci Prefecto de Clerernonias, Mñr. Loren- 
zo Passerini Auditor. Sesenta y dos fueron los Car- 
denales que entraron en Conclave; solo faltaban tres 
de los actualmente existentes, dos por enfermedad y 
nao, que no llegó á tiempo. El Martes 19 se dio prin- 
cipio á los escrutinios, y en el tercero, del miércoles 
dia 20, salió elegido el Papa Loon XIII. 

Entretanto,, aunque Pío IX haya escogido para sí 
un modestísimo monumento, el afecto de los fieles, 
el respeto por sus virtudes, y la memoria do las gran- 
des empresas que ha llevado á cabo, le han destina- 
do y le están preparando un monumento que corres- 
ponda al recuerdo de un Pontífice tan ilustre. 
. El Comendador Acquaderní, Presidente de la So- 
ciedad de la Juventud Católica de Italia, ha dirigido, 
en nombre de la mi_sma Sociedad, un elocuente llama- 
miento á las naciones católicas, para promover una 
suscricíou en el periodismo católico, á fin de edificar 
á Pío IX un monumento digno de su memoria. Káda 
hay mas justo que, habiendo Pío IX animado y defen- 



dido tanto á los periódicos religiosos, que se asocia- 
ron con El en el terrible combate contra la revolu- 
ción actual, estos ahora se esfuercen en promover la 
realización de la idea concebida. La iuivtacíon dice: 

"¡Pió IX ha muerto! 

"En estas breves palabras se compendíala mas terri- 
ble desgracia que podia afligir á la Iglesia y al mundo. 

"En torno á la nobilísima y majestuosa figura del 
Pontífice y del Padre, el amor entusiasta délos hijos, 
y su lozana y prodigiosa vejez, habían cuasi creado 
una aureola de inmortalidad. Todos rechazaban el 
pensamiento de que habia de llegar para El el último 
día, el día en que nos había de abandonar aquí abajo, 
V de las tempestades de la vida terrena volaría al Pa- 
raíso, al premio imperecedero. 

"Los méritos extraordinarios de este gran Papa, á 
quien la Iglesia y la historia asignarán el puesto que 
se le debe, exigen de los católicos algo mas que filiales 
y dolorosas lágrimas Es necesario que la generación 
presente, que admiró las virtudes insigues de este hom- 
bre providencial, y gustó los frutos de su amor inmen- 
so á la Iglesia y á la sociedad, trasmita á los venide- 
ros, de modo solemne y durable, el sentimiento de 
gratitud de que está poseída. 

"Mas de una vez la sociedad de la Juventud Cató- 
lica Italiana pidió á los católicos una limosna para 
Pío IX vivo; hoy con lágrimas en los ojos y el cora- 
zón herido por el mas profundo dolor, pedimos una 
limosna para Pío IX muerto. 

"Entonces aquella limosna servia para socorrerle 
en su augusta pobreza, y proporcionarle medios de 
hacer tantos prodigios de caridad y munificencia que 
asombraron al mundo. Hoy servirá para erigirle, eu 
la forma que se estime mas digna, un monumento que 
recuerde á la posteridad nuestra inextinguible grati- 
tud á este inmortal Pontífice que tanto ha sufrido 
por sostener los derechos sacrosantos de la Iglesia, 
de nuestras conciencias, de la fé. 

"Al tomar la iniciativa, nuestra sociedad se persua- 
de de que interpreta el sentimiento universal, y está 
seo'ura de que este llamamiento encontrará eco gene- 
ral en el corazón de todos aquellos que se glorían de 
llamarse hijos de Pío IX. 

"Bolonia, 8 de Febrero de 1873. — Jucui Acquaderní, 
presidente de la Juventud Católica italitma. — Ikjo 
Flandoli. secretario general." 



La Señora Da. Trinidad Silva de Sena, Esposa del 
Hble. Felipe Sena, falleció el dia 9 de Marzo de 
1878, á las 9 de la mañana en la Costilla Nuevo Mé- 
jico, después de haber estado en cama por algún 
tiempo, y sin que la ciencia médica ni la mas esmera- 
da asistencia, hubiera sido suficiente á devolver la 
salud á la que por voluntad de quien todo lo dispone, 
debía dejar este mundo, para volver á la mansión de 
los justos, á disfrutar de la dicha celestial, dejando á 
su Esposo y sus dos hijos y demás deudos agobiados 
por el dolor mas profundo SI, 1. P. 

El dia 11 del corriente tuvo lugar en Los Lunas el 
entierro de la difunta Señora Da. Adelaida Sarracino, 
esposa de D. Jesús Ma. Luna. Además del Eev. 
Párroco P. Parisis fueron convidados los PP. Paulety 
Ealliere y el Rev. P. Baldassarre S. J. El P. Parisis 
celebró el Santo Sacrificio y el P. Ealliere_ pronunció 
un breve pero muy propio discurso ó elogio fúnebre, 
alabando las virtudes de la difunta, en especial la pa- 
ciencia con que llevó su larga cniermexlad. 

Al mismo tiempo que imploramos de la divina mi- 
sericordia el eterno descauso de la Señora Da. Ade- 
laida, deseamos á su afligido esposo un abundante 
consuelo en la pérdida que acaba de sufrir. II. S. F. 



I 



-n%- 



SECCíOrí RELIGIOSA. 

CALE^lí.VRTO RELIGIOSO. 
MARZO 24-S«. 

24. Dominga III de Cuaresma. Loe sanioB hormanos Rómulo y 
Besjundo, Mártires. 

25. Luncf. r.A Amx-mciacion de lí Santísima Tíkokn. San Ireneo, 
Obispo y Mártir. 

26. Martes. Lo.s Sfinto.s Mlrtirúa Cuailnito, *reo;los¡o y Jliinucl. 

27. ^íii'ra/lcu. Kiin Alpjnn;lro, soldado j Mártir. San Ruperto 
Obispo y Confesor. 

28. Jneveí!. Sun Si.\to III, Pnpi\ y Confesor. San Esperanza, Abad. 
20. Viernes. La preciosísima naní^ro del Señor Nuestro Jesucristo. 

Los santos Márlircs Pastor, Victorino y sus Compañeros. 
30. Sábado. San Juan Cliniaco, .^liad. San Quirino, tribuno y 
Mártir. 

SA^' SIXTO 1 1 1, PAPA. 

San Sixto, papa, tercero de este nombre, fué romano; 
nació hacia el fin del siglo cuarto. Aun cuando no 
era mas que presbítero combatió con denuedo la 
lierojía de Pelagio que causaba estragos en su tiempo. 
Con todo los herejes, siempre ansiosos de cohonestar 
sus errores con el lustre de algún nombre esclarecido, 
osaron alabarse de qne Sixto les era favorable. Des- 
mintióles el celoso presbítero anatematÍEando piíblica- 
mcute el pelagiani.^mo j confutándolo en sus epísto- 
las. Acompañó la carta del papa Zósimo sobre la 
condenación de Peh\gio con una carta Á Aurelio do 
Cartago j cotí otra á Han Agnstin. Éste santo Doc- 
tor le escribió dos sobre el mismo asmnto, congratu- 
lándole por sn celo y doctiiaft, y por kaber sido el 
primero qne eoadenRra públicamente los errores de 
Pelagio. Muerto el P.ipa San Celestino, faé clctado 
Sixto al Pontificado, eon aplauso general ^el clero y 
pueblo, el año de 433. Ea la sÜla de Pedro, fué au 

fn-ineipal desTclo la extirpaeioa de los eírores y la 
a «lonterííioB de los herejes. Eseribió á If estorio 
eartRS nenas de á«]|i;ura exhortándole á reeoaocar y 
aljjsrar sws isQpiedades, y.i eoad»Had»s por Sími Co- 
Icstino «n 4^, y pov el Conai!i« d« Sfeso ea 481. El 
hí>resi«,roa qu«¿ó ®b«tÍBft(Ío, y bajita »« jaetíj de tener 
itl Pa{>«i ea fHi favor. P«ro áeseagaióae auando, acon- 
tf^dft la GOfiYersioQ de Juau (fe Anüoquía, eJ santo 
PoütíMee escribió á este y á San Cirilo, cougratulau- 
do sÁ primero, y euoomeíadautk) á los dos ol celo, la 
aajduidad, la ctridad eu hacer volver al gremio de la 
Igífcsia lag iuftíliees ovejas descarriadas. Las rcputa- 
cioaies lilas augustas no eskíu á cubierto de las íle- 
(••lias de los sectarios, fsixvo, biey que santo, fué acu- 
sado dtí uu euorme delito; paro solió mas brillante su 
uüuibre cuando eu un concilio de cincuenta y seis 
Obispos fué declarada su inocoucia. Su acusador 
Baso moria tres meses después con soüas de grande 
arrcpeutimieuto y en los brazos mismos del caritativo 
Siito. No es fácil explicar el ardor y solicitud con 
(jue el vigilante Pontífice «.tendía á las necesidades 
(Je la Iglesia. Promovió el culto de la Madre de 
Dios; reparó y enriqueció la basílica do Liberio, quo 
Ho llamó desde entóneos ScnUt Marta la Afayor; y 
lleno do méritos Ikgó al término de su mortal carrera 
el año de 140. Fué sucedido por San León el Grande. 



REVISTA CONTEMPORÁNEA. 

Nü.sotros hemo.s abrigado siempre hi esjieraii- 
y.n, (le que algim dia podamos ver concedidos los 
honores de los aliares al inniorlal Pió IX ¡loi- 
ra/on de sus herúicas virtudes v e.xtraordiiia- 



rios padecimientos, y ahora remos qne no somos 
los solos en tener esta conflanra. 

El Osservatore Romano cuya autoridad el 
orbe católico reconoce, dice: "t" para qtie naís- 
tras oraciones sean oidas, invoquemos el patro- 
cinio de Aíiuel que la Madre bendita de Dios 
ciñe de nueva é inmortal corona. Sea Pió IX 
mediador por nosotros cerca del Omnipotente y 
cerca de la Virgen inmaculada." 

La Unilá Cattolka dedica un artículo á La in- 
tercesión de Pío IX, en qne dice: "Hemos oido 
ya á almas cristianas recomendarse á la interce- 
sión de Pío IX, como se hace con los santos. 
Seguramente, si para canonizar á un muerto 
bastara el convencimiento de los pueblos, no 
tardaría Pio IX en ser contado entre los Bea- 
tos. Mas que á pedir por él, se siente el corazón 
movido á rogarle, como se ruega á los morado- 
res del Paraíso. Y aunque no debemos dejar- 
nos llevar de ciertos íntimos sentimientos, ni ne- 
gar á nuestro santísimo Padre los sufragios de 
que aun puede necesitar; pero al propio tiempo 
quisiéramos que, como se acudía á él pidiendo 
gracias cuando era vivo, también se le invocase 
ahora que ya no existe. Pobres é infelices, que 
en vuestras aflicciones y en vuestras miserias 
tantas veces busca'slcis ayuda y bendiciones en 
Pío IX, proseguid ahora también en vuestras sú- 
plicas, porque hoy es mas poderoso que lo fué 
en el Vaticano." 

Otros periódicos no menos autorizados dicen 
lo mismo, y Dios lo haga, para que pronto la I- 
glesia le conceda la aureola de Beato y Santo. 



Son famosas las profecías sobre los Romanos 
Pontítices atribuidas á San Malaquías, Arzobis- 
po de Armagh, pero que ciertamente no son 
su3'as. 

Muchas personas no las respetan, y han sido 
aun refutadas por varios críticos, entre otros por 
los Bolaudístas en el Projiylaeo ad AA. SS. 
Maii. De todos modos, no es ningún mal (jue las 
recuerde y publique un jicriódico, sin garantizar 
por supuesto su aulcnlícidad, ni su importancia. 
Las profecías comienzan cu Celestino II. Los 
Pa[)as son anunciados con ¡locas palabras. l*io 
VI fué anunciado como el Perec/rino ajwstúlico, 
y la historia y la poesía le dan mancomunada- 
incnte este nombre; Pio Vil fué saludado como 
gloriosa víctima del águila rapaz, c^to es, de Na- 
poleón I; León XÍI fué llamado ca7iis et colvber, 
lo (pie se explicó diciendo que se habia mos- 
trado ticl guardián de la Iglesia y enemigo de 
la serpiente revolucionaria. Pio VII es llamado 
r¡r rd¡(/iosus, hombre de Dios, i)rofecía que po- 
día adaptarse á casi todos los Pontífices. Grego- 
rio XVI Be balneis Etruria', y esto se explicó 
con qne los Capcllari eran naturales de Belluno. 

Pio IX estaba indicado con las palabras Cru.c 



-1S7- 



e Cruce, las cuales algunos comentan diciendo que 
Ilerd sobre sus espaldas la cruz de Saboya, que 
está en las armas de aquella casa. 

Según tales profecías, el Papa León XIII. es 
indicado como Lumen in ccelo, Luz en el cielo; y 
se puede explicar por tener en sus armas una 
Estrella. Después debe venir el fuego ardiente, 
Ignis ardens; en seguida la Religión destruida, 
Religio depoputata; luego la fé intrépida, Fides 
intrépida; inmediatamente el Pastor angélico, 
Pastor Angelicus; después el Pastor y marinero, 
Pastor et nauta; y la flor de flores, Flos florum. 

Al llegar á este punto, las profecías se revis- 
ten de un carácter todavía mas misterioso. Se 
aproxima el fin del mundo, y no quedan mas que 
cuatro Papas: el uno De Medietate Lunce, el otro 
J)eLahore8olis, el tercero Gloria oUvce, el último, 
un Papa que se llamará Pedro como el Príncipe 
de los Apóstoles, diciendo: "En la última per- 
secución de la Santa Iglesia Romana reinará 
Pedro segundo (o Romano dicen otros códigos) 
el cual apacentará el rebaño en muchas tribula- 
ciones, después de las cuales la ciudad de los 
siete collados será destruida y el Juez terrible 
juzgará {otros vengará) su pueblo." 



Acerca del artículo firmado por un Católico de 
Taos y publicado en el núm. 3 de Marzo en el 
JSÍew Mexicnn, recibimos de Taos y damos á con- 
tinuación el siguiente comunicado. 

"No es mi intención de contestar al comunicado 
del Católico de Taos, sino solamente noticiar á 
los habitantes del Territorio, que qsq comunicado 
no ha tenido en el Condado de Taos, tan bue- 
na acogida como su autor creia. Pues todas las 
personas que lo han leido no han dejado de ad- 
mirar las grandes mentiras, calumnias y bajezas 
que el Católico de Taos dice contra los jesuítas, 
y el Clero en general, y en cierto modo contra 
los pacíficos ciudadanos del Condado, á quienes 
trata de inhumanos. ¿Qué dice? Que en la misma 
Iglesia de Taos, mi«ntras se sacaba un sepulcro 
se encontró un cuerpo entero, que un hombre 
tronchó y tiró afuera. Oh, miserable Católico ¿y 
llamas tu esas verdades, y crees que tales men- 
tiras las puedes hacer creer á personas que co- 
nocen todo lo contrario? Pero bien se ve tu vi- 
leza, hipocresía y malicia, que quieres mantener 
bajo el nombre de católico, para resguardar tu 
honor, pero bien muestras haber vendido tu 
conciencia y tu religión á las fanáticas preocu- 
paciones del Gobernador. 

"Dice de los legisladores de 1875-76 que el 
pueblo les rinde con orgullo y rendirá siem- 
pre gustoso el merecido homenaje y gratitud. 
Acaso no se acuerda el Legislador de Taos que 
no bien habían acabado de salir las le3'es pu- 
blicadas en el "Nuevo Mejicano," cuando sus 
mismos amigos personales y políticos, sus mis- 



mos mas cercanos parientes, y casi el condado 
en general, haciendo juntas, alistándose ciudada- 
nos tanto ricos como pobres, protestaron en con- 
tra de esas leyes. Pues llegó la excitación á 
tal punto, que hicieron protocolar al Hon. 
Legislador de Taos un juramento ante un juez 
de paz de este condado, que no se mezclarla en 
política por dos años. ¿Por qué? Porque bien 
tuvo que reconocer el fruto de sus hechos ese 
Legislador, para atreverse á presentarse otra 
vez delante del público, el cual le hubiera re- 
cordado las leyes de 1875-76. 

"Avergüénzate, tu que pretendes ser Católico, 
si vergüenza tienes. Tus propios hechos prue- 
ban que ni Católico ni Protestante eres; primero 
los insultos hechos al Ministro Presbiteriano de 
Taos y después los oprobios hechos á los Jesuí- 
tas y al clero en general en tu comunicado.— 

Taos, N. M., Marzo 8 de 1878. 

Un Protestante. 



Como siempre y dondequiera, contaraos ahora, 
y en estas últimas laudas de los Estados Unidos, 
amigos y enemigos, defensores y acusadores. 
Tenemos reunidos y destinados á ser reproduci- 
dos en nuestra Revista algunos artículos escritos 
en favor nuestro. Sobresalen entre todos los 
de Las Dos RepúUicas, para cuyo valor en 
salir á la defensa de los Jesuítas no hallamos 
suficientes expresiones de alabanzas y agrade- 
cimiento. Las Dos Bepúhlicas nos han defen- 
dido mejor de lo que hiciéramos nosotros mis- 
mos, y nadie acusará á aquel periódico ni de 
parcialidad ni de interés político, siendo él igual- 
mente extraño á la Compañía y al Territorio. 



Recordaremos con placer el siguiente breve 
elogio del Pontífice, cuya memoria queda indele- 
ble en el corazón de la Iglesia, Pió IX. El elo- 
gio viene de un periódico protestante, uno de 
los principales de Indiana. 

"Eü estatura Pió IX excedía el promedio de 
la altura de los Italianos. Pjastaba oir su voz 
una sola vez para no olvidarla jamás, tan pode- 
rosa era y táu meliflua. Su semblante expresa- 
ba aquella dulzura natural de ánimo que ningún 
infortunio podia desabrir, y aquel valor calmo 
que ningún peligro ni calamidad podia domar. 
Fué singularmente abstemio, y solo en sus últi- 
mos años consintió, por orden de sus médicos, 
en beber con regularidad aun los lijeros vinos 
del país. En los negocios de la Sede (Apostó- 
lica) y de los muchos millones de almas que re- 
conocían su supremacía espiritual desplegó una 
infatigable atención, energía y paciencia. Nadie 
acudió jamás en valde á su favor. La caridad, 
con que en 1840 pagaba las deudas de los pre- 
sos y dotaba las doncellas pobres, no se agotó 



-138- 



minca. Sii l)ülsa oslaba siempre abierta ¡ara to- 
dos, aun para luiucllos (¡iie ningiui título tciiian 
en sor socorriilos de 61. 

"El mundo entero llDrará en su muerte ú un 
hombre bondadoso/'"-"''Del principio al íin, de la 
cuna al sepulcro, desde cuando su ¡)iedad y ca- 
riño hacia sus subditos se manifestaba [)or vez 
primera en el hospital de Tata Giovaimi, hasta 
los dias menos remotos, cuando hacia ruborizar 
ú un ateo, y con su ejemido hacia caer de rodi- 
llas á un incrédulo íisgon y rogar por el alma de 
su madre, el gran l^)^tí!k'e que acaba do desa- 
parecer del mundo fue la viva ima'gen, si así ca- 
be decirlo, de la Roca de los siglos, y de la hu- 
manidad dolorida. 

"Quizás habrá parecido cxtiaño. y casi mila- 
groso, que los límites de la vida designados por 
el Salmista quedaran vencidos por la edad del 
Venerable Cabeza de casi 250.000.000 de Cris- 
tianos que acaba de pasar del tiempo á la eter- 
nidad, del gobierno supremo de la Iglesia en es- 
te mundo, á los goces y al galardón del venidero. 
Pero aunque j)areciese que el Tiempo dilatara 
por un momento sus inexorables términos en fa- 
vor de una vida tan noble, los achaques de la 
edad abatieron Dor fin ú Pió Nono, al oran suco- 
soí- del grande Ildebrando, al Yiccgercnte de 
Dios en su mus grande fsu única) Iglesia sobre 
la tierra. Es imposible que el choque de su 
muerte no sea sentido poderosamente aun perlas 
tribus y naciones recalcitrantes á la Fé predicada 
desde los siete collados de Poma por siglos an- 
tes que viniera al mundo Liitero, 6 Calvino, 
Erasmo 6 ^lelancton — por siglos antes que la 
poesía, el corazón y pulsos de la religión (pieda- 
ran desvirtuados y nai-alizados por el veneno de 
una pretendida ciencia, y la tuerta aplicación 
de una géhMa mora! que poco amor tiene al hom- 
bre, y poco se cuida de !a religión 6 tradición, 6 
aun de los profundos misterios de la Deidad." 



Maria Madre de Dics, 



Augustísimo entre todos los demás es este 
título (pie en la iglesia Cato'lica damos á ]\raria 
de Mddre de Dios. Maria fué madre de Dios 
por haber sido madre de un Dios encarnado, de 
un Dios hecho hombre, de Jesucristo nuestro 
divino Pedentor. Durante esta semana cele- 
bramos, según una antiquísima costumbre de la 
Iglesia, una fiesta esjjecial en memoria do este 
excelso misterio; lo que nos da motivo i)ara 
considerar algún tanto tan augusta dignidad de 
Maria y excitar ¡í nue.4ros lectoiTs catuücos á 
(pie la saluden con tan glorioso título. 

Este título de Madre de Dios es el compendio 
de todas las grandezas, i)rerogativas y perfec- 
ciones, con las que fué sobremanera enriquecida 
c-ta criatura, á quien el cielo v la tierra, los 



ángeles y los hombres porfian en ensalzar y lla- 
mar bienaventurada. La maternidad divina fué 
el íin último y el último término que Dios desde 
la eternidad se [)ropuso en esta obra maestra de 
sus manos: fué la causa y el motivo de todos los 
dones celestiales con que fué tan abundante- 
mente enriqueciiia, primero ])ara disponerla á 
tan excelsa dignidad, y desj)ues í)ara honrar 
como convenia á la (pie habia dado el ser hu- 
mano á Jesucristo. 

El entendiiiiiento humano no alcanza á com- 
prender la grandeza de esta dignidad y título; 
ya que, según dice Sto. Tomás, jrarticipa algo 
de lo infinito, por ser infinito el término de la 
maternidad de Maria, esto es, la diviua persona 
del Yerbo Eterno. Maria misma que fué capaz 
de contener á un Dios en su seno, fué incapaz 
de entender la grandeza de sus prerogativas y 
se contentcj con decir que Dios habia obrado en 
ella gi-andes cosas. 

Un título tan glorioso para Maria, como el de 
Madre de Dios, no podia menos de excitar las 
iras del infierno que en Ella reconocía el princi- 
pio de todas sus derrotas: así es que el infierno 
ha hecho siempre los mayores esfuerzos para 
combatirlo, tpiiz/is [¡ara desahogar así su rabia y 
vengar los daños sufridos, atacando el culto que 
los cristianos le tributan. 

Desde los mas antiguos tiempos no faltaron 
herejes que impugnaron alguna prerogativa de 
Maria, empezando por la que es la mayor de 
todas, su divina maternidad. Los Guíjsticos y 
los Arríanos le negaron este título, á consecuen- 
cia de sus errores, negando haber sido Jesucris- 
to 6 verdadero hombre d verdadero Dios. Unos 
y otros fueron condenados por la Iglesia que- 
dando así mejor establecida la maternidad di- 
vina de Maria. Por el contrario Nestorio, que 
vino después, se á\6 á impugnarlo directamente, 
negando poderse apellidar ^lai'ia madre de Dios, 
sino solamente Mapire de Jesucristo. Para so.s- 
tencp su opinión, enseñd que .íesucristo, el hijo 
de Maria, no ei'a Dios, sino puro hombre: era una 
persona liumana no divina; añadiendo que á este 
hombre se habia unido Dios, á esta persona hu- 
mana la divina solo moralmente, esto es. con un 
concierto solo de voluntades, afectos y opera- 
ciones. Supuesto este error, alaria naturalmen- 
te no era mas que la madre de Jesucristo y no 
de Dios. La herejía de Nestorio fué condena- 
da solemnemente como contraria á la Escritura 
y Tradición en el Concilio IV Ecuménico do 
Efeso. en l:U, siendo Papa S. Celestino, y asi- 
mismo fué definido el dogma de la unidad de 
persona en Je<<ncristo, y de la maternidad di- 
vina de Maria. 

Parecía asegurado este título de Maria, á lo 
menos pava todo el (pie quisiese atenerse á tan 
solemnes decisiones de la Iglesia. Pero no: los 
Protcslantcs han vuelto á impugnarlo, y prefic- 



-1S9- 



reo mas Lien caer eii abiertas contradicciones 
que doblarse á venerar esta grande pterogativa 
de Maria. En un folleto que circula por el 
Nuevo Méjico, intitulado ¿Qné creen los Protes- 
tantes? párrafo 2, se dice: "Creemos que Jesu- 
cristo Nuestro Señor. . . uniendo en su propia 
persona la divinidad y humanidad, nacid de 
Maria Virgen... No podemos llamarla Madre 
de Dios, ni aun haciendo abstracción de la hu- 
manidad de Cristo, porque Dios siendo eterno 
no puede nacer, y Maria siendo criatura no pu- 
do ser Madre del ser Eterno é infinito;" y cita 
Juan 1. 1. 14. ^ 

Segim estas palabras, los Protestantes convie- 
nen con nosotros en admitií' que Jesucristo es 
verdadero Dios y verdadero hombre, y que en 
su única y propia persona reúne las dos natura- 
lezas humana y divina, que es Dios hombre, que 
nací(5 de Maria, y sin embargo solo por capri- 
cho, y una evidente contradicción fehusaii ad- 
mitir la consecuencia de estos principios, esto 
es, la maternidad de Maria. Los Protestantes 
pues, sacrifican la lógica i sns caprichos, y á su 
rabia contra el cnlto que los Católicos presta- 
mos á Maria. ¿Y cómo no? Confiesan que el 
Hijo ílc Dios, Dios como el Padre, se hizo hom- 
bre, que realmente se encarnó en el seno [)urí- 
simo de Maria, que nació de lííaria: luego por 
legítima consecuencia tendfian qfie admitir qne 
ese Dios encarnado es hijo de Maria, j Maria 
Madre de Dios. De maHcra que negátio es puro 
capricMo, no obstante la contradicción en que 
i-ncurrcn. Mucho raas lógicos eran los Gnósti- 
cos, los Arríanos, y los Nestorianos. Ellos lo ne- 
gaban á consecuencia de falsos principios, pero 
no en contradicción de los que admilian. El 
texto mismo de S. Juan citado por los Protes- 
tantes está contra ellos; pues en él se dice que 
el Verbo se encarnó, y ¿en dónde sino en el seno 
de Maria? conque el Yerbo con haber tomado 
carne, en el seno de Maria, se hizo por lo mis- 
mo hijo de Maria. Con este texto concuerdan 
muchos otros. Pero los Protestantes con la pre- 
tensión de ser tan Bíblicos y Evangélicos,, son 
los que menos entienden el 'Eyangelio y la 
Biblia, y menos aun la siguen. Santa Isabel ins- 
pirada por el Espíritu Santo llama y saluda á 
Maria madre de su señor (Luc. 1. 43). Ahora es 
cierto que la Santa con esta expresión j)ropia 
de los judíos quería señalar á Dios: y basta ci- 
tar las palabras que siguen después {ibid): Todo 
lo que se ha dicho por el Señor se cumplirá. ¿Qué 
mas? San Pablo dice claramente (Gal. 4. 4.) que el 
Hijo de Dios, Dios como el Padre, fué engen- 
drado de una mujer, esto es, de ]\Iaria; luego 
fué hijo de María, y de consiguiente Maria es 
Madre de Dios. En fin el mismo Jesucristo lla- 
mó repetidas veces á sí mismo el hijo del hom- 
Ire (Math. IG. 13). Ahora bien, puesto que se- 
puu las Escrituras, El no fué concebido por la 



obra de varón, esta expresión de hijo del hom- 
bre so debe entender exclusivamente en el sen- 
tido de hijo de Maria. Ese hijo del hombre, 
era el verdadero hijo de Dios, según lo confesó 
San Pedro: {ibid.) luego el hijo de Dios fué hijo 
de María, y esta Madre de Dios. En fin, hé 
aquí un argumento breve pero incontestable, 
que sacaremos de los dogmas principales de 
nuestra religión; y es: Jesucristo era verdadero 
Dios: es así que Maria í'ué verdadera madre de 
J. C: luego Maria es verdadera Madre de Dios. 

Contra este argumento no hay réj)lica. Sin 
embargo los Protestantes no pudíendo impugnar- 
lo, buscan pretextos para eludir su fuerza. Pri- 
mero dicen algunos, así como los Nestorianos en 
su tiempo, que María no engendró la divinidad, 
de manera que no podia ser llamada madre de 
Dios. Se les responde (pie para que Maria pue- 
da llamars¡e Madre de Dios basta que haya en- 
gendrado un hijo, el cual además de ser hombre 
era Dios. Así como una mujer porque sea lla- 
mada madre del hombre, no es necesario que 
haya engendrado el alma, sino basta que haya 
engendrado el cuerpo, al cual está unida el 
alma, de cuya unión resulta el hombre. 

Oponen algunos que la madre debe de ser de 
la misma sustancia de su hijo: es así que Maria 
no es de la misma stisíancía de Dios, luego no 
puede ser llamada Madre de Dios. Se responde 
que siendo Jesucristo á la vez Dios y hombre, 
María no es consustancial con Jesucristo en cuan- 
to á la divinidad, pero lo es en cuanto á la hu- 
manidad. 

Otros dicen que llamando á María Madre de 
Dios, se dará lugar á que los ignoi-antes crean 
que María es una Diosa. Se responde que es- 
tamos todos suficientemente advertidos que Ma- 
ría es una pura mujer, y no mas. Si algo valiese 
la objeción hecha, valdría igualmente contra 
aquellos que la proponen, uorque prohibiendo 
llamar i María Madre de Dios, se daría á los 
ignorantes ocasión de creer que Cristo no es Dios. 

Finalmente algunos oponen que en las 
Escrituras no se halla este título de Madre de 
Dios dado á ]\Iaria. Se responde que tampoco 
se halla el de Madre de Cristo; luego no se le 
debiera dar ni el uno ni el otro. Además do 
que es un principio muy falso el de negar una 
cosa porque no se halla . expresamente en las 
Escrituras. En estas no se halla la palabra ó el 
nombre de la Santísima Trinidad, y sin embargo 
aun los protestantes la admiten. En fin, la lís- 
crítura admite implícitamente el título de Ma- 
dre de Dios; porque decir que Maria parió al 
hijo de Dios, es la misma cosa que decir qne 
fué su Madre; y admítelo también explícitamen- 
te, haciendo valer el texto arriba citado, en el 
cual Sta. Isabel llamó á María madre de su Señor. 

Dejaremos los testimonios de los Padres, como 
fueron San Ignacio, San Ircueo, Tcituliauo y 



1» 

Í40- 



^ 



otros qnc desde los primores tiempos dieron á 
Mario este título (Petavio iJe Incani. Y. 17), 
al cual la Iglesia puso el último sello de su di- 
vina autoridad, proclamándolo en el concilio de 
Efeso, en la condenación de la herejía de Nes- 
torio. 

Fué escogida aquella ciudad para el concilio, 
entre las demás razones, por la grande devoción 
tradicional que los Efesinos profesaron siempre 
á la Madre de Dios.' ¥Á templo en que se tuvie- 
ron las sesiones del concilio estaba igualmente 
dedicado á Ella. Desde la primera sesión que 
tuvo lugar el dia 22 de Junio de 431, fué con- 
denado el error de Nestorio, y deiinido cual dog- 
ma de fé la maternidad divina de Maria;.- Cuen- 
tan las historias que la sesión duró desde la 
mañana hasta muy de noche, y el pueblo déla 
ciudad quedó el dia entero delante dé las puer- 
tas de la Iglesia aguardando el resultado; y 
apenas lo conoció, ])rorumpió en voces de rego- 
cijo bendiciendo i Maria y colmando de loor á 
los Padres del Concilio. Los principales do la 
ciudad condujeron los Obispos ú sus habitacio- 
nes acompaííándolos con hachas encendidas, y 
las mujeres les iban adelante quemando perfu- 
mes. Toda la noche la ciudad fué iluminada }' 
las calles resonaban con el nombre y las alaban- 
z:is de la Madre de Dios. Divulgada la noticia 
el Asia y el mundo entero celebraron el triunfo 
de Maria, y en memoria de tan fausto aconteci- 
miento la Iglesia añadió á la salutación angélica 
aíjuellas palabras Santa Maria Madre de Dios, 
niega, etc., hasta el fin. Y así esperamos que 
mientras nosotros la honramos' con este título, 
esta iNíadre cariñosa rucguc por nosotros, y (jue 
su santo nombre que comen/amos á invocar des- 
de niños, resuene en nuestros labios en los últi- 
mos momentos de la vida, }' Ella nos alcance de 
su Hijo, que habiéndola alabado en la tierra, la 
honremos y glorifiquemos por toda la inmudable 
eternidad en los cielo?. 



Una Fíiya lieclia en el rti»ua. 



¡Pobre New Mexicanl Le echai'on á cuesta 
una tarea que ni á un galeote, por lo ardua y 
lal)oriosa (pie es. 1^1 infeliz anda afanado como 
un galgo en pos de una liebre; y lo pc»r es que 
ni siquiera le queda el consuelo ó la esperanza 
(le ver realizado lo rpie dice el provei-bio ú pi'o- 
pósito de galgos y liebres, que á la larga el gal- 
go á la Uehre mata. No: esos no son tiempos ni 
tierras en (]ue un escritorcillo de cascos destor- 
nillados y humor atrabiliario {¡ueda alborotar la 
fantasía de la gente contra los -lesuitas hasta el 
punto tic jiroceder á las violencias, tropelías y 
desmanes de ciertos gobiernos que, sin mas ni 
menos, por solo capricho, porque así lo ((uerian, 
suprimían á los Jesuítas, couliscaban sus bienes, 



los desterraban y anatematizaban, ó los destina- 
ban á morir de pura hambre y maltratamiento 
en los mas asquero.«os é insufíibles calabozos. 
Eso pasó; y en América, hablamos de los Esta- 
dos Unidosv 4Í0 volveremos á las dictaturas de 
los Carvalho, Choísenl, y Aranda. Aquí, queri- 
dísimo New Mtxkaii (honorable New Mexican, 
habíamos de decir, pues muy honorable es vues- 
tra redacción), aquí nos' habréis de demandar 
antes enjuicio; habréis de acusarnos de delitos 
ciertos, determinados, inequívocos, irrrefraga- 
bles; y entonces, solamente entonces podréis de- 
cir: Ya estamos; mató á la liebre el galgo. Pero 
aquel entonces, confiamos en Dios que no lo ve- 
réis. La Compañía de Jesús no es impecable; 
bien que los Jesuítas no sean machos cabrios, 
son sin embargo hombres; y por lo tanto están 
sujetos á la fragilidad de la naturaleza humana. 
Esperamos empero, con el auxilio de Dios, que 
no abrigarán nuestras casas un solo dia al ho- 
micida, al ladrón, al adúltero, -al fornicario, al 
perjuro, al embustero, al estafador, al borracho, 
al maldiciente, al sedicioso, á otro cualquiera 
ruin y miserable individuo. New Mexican, os es- 
tais, pues, atareando }' fatigando de la manera 
mas ingrata; no saldréis con ningún buen resul- 
tado. 

¡Ah! dice el New Mexican^ no os podremos 
desterrar, encarcelar, quitar las casas y tierras 
que poseéis; pero crearemos contra vosotros una 
opinioji pública que os aplastará como una hor- 
miga bajo nuestro zaj^ato; revelaremos á todos 
vuestra maldad, vuestros fines bellacos, vues- 
tros ardides i)icarcscos, vuestras conspiraciones, 
vuestra ambición, vuestra codicia, todo lo que 
puede haceros abominables á los ojos del públi- 
co de Nuevo Méjico y, de los Estados Unidos. — 
Tal es mas ó menos él discurso del New Mexican 
en varios de sus números anteriores. Pero, ama- 
bilísimo colega, nos parece que estáis gastando 
el aliento y fuerzas sin provecho ninguno. Ha- 
ce mas de dos meses que os estáis desgañitando 
contra esos monstruos de perversidad, los Je- 
suítas; hace mas de dos meses que estáis reve- 
lando sus historias sangrientas, sus expulsiones 
V condenaciones, sus delitos y sus mañas, y 
cuanto se ha dicho contra los Jesuítas en tres 
sío-los de existencia, todo lo habéis acumulado, 
compendiado y repetido en las formas mas se- 
lectas, y propias para i)rodncir ol efecto apete- 
cido; con todo, sentimos decirlo, por vos, no por 
nosotros, la opinión popular no ha salido todavía 
de vuestra oficina y de la de vuestras comadres 
y compadres,. La Gaceta, El Independiente, el 
palacio del '.Tübcrnador, la Secretaría del Terri- 
torio y alguna quo otra mansión J<onorable como 
esas. 

Lo que decimos es un hecho. Nosotros no es- 
tamos siempre ni todos confinados en Las Yegas 
ni en las paredes de. nuestra casa. Yamos an-> 



iiiMiiiitfi iiurfiititi 



141- 



Wmuyifcimilj ia» 



JaitaaiiiWLrLi i ^matiMUT - a i ii áte 



dando nn poco, de vez en cuando, por esos va--' 
lies y llanos del Señor y observamos, y vemos, 
y oíanos como el resto de los mortales. Pues 
bien fto conocemos a uno solo de cuantos nos 
amaban y estimaban de veras, el que haya mu- 
dado Ojiinion acerca de nosotros; este es el pri- 
mer hci lio. La Revista Católica tiene mayor cir- 
eulaciun ahora que antes dfe Enero, y es leida 
mas ¿ívídamcnte; este es el segundo hecho. Kin» 
guna de las familias que nos tenian confiada la 
educación de su prole nos la ha quitado; antes 
bien nuestro Colegio y escuelas son mas concur- 
ridas que antes; este es el tercer hecho. Nues- 
tras misiones, dadas simultáneamente en dos 
puntos diferentes del Territorio, al mismo tiem- 
po que el Jsíew Mexican se desalma en creaj- ¡a 
Opinión popular, dan los mismos consoladores 
resultados que dieran antes; este es el cuarto 
hecho. Periódicos que nunca hemos halagado, 
y cayos redactores no nos acordamos de haber 
conocido jamás, salen á nuestra defensa con mas 
denuedo 3^ brio que nosotros mismos; este es el 
quinto hecho. La gente conoce muy bien cuándo 
erapezú Vuc.«tra guerra; sabe qué causad la moti- 
varon; entiende cuál es el blanco á que miráis; 
percibe quién os inspira, y maneja, y revuelve 
á su antojo; ve las armas que empuñáis; este es 
el sexto hecho, hecho que solo os derrota, os 
abruma, os anonada. 

Keio Mexican amigo, New Mexican inaprecia- 
ble, 03 lo diremos segunda y tercera vez: Os 
afanáis sin el mas mínimo provecho. 

¡Ah! p«ro ahora van i salir los Mónita Secre- 
ta! Veréis que tormenta va á levantar contra los 
Jesuítas esa yista, ese panorama de todas sus 
diabluras, ese conjunto y resumen de perfidia, 
infamia, traición, y TJllauía. — ¿Sí? New Mexican 
sencillo, New Mexican simplazo, os equivocáis 
en el siglo y en el país. No estamos en 1612, 
ni vivimos en medio de poblaciones exaltadas 
por el frenesí de la rebelión religiosa. En 1612, 
ó [)or aquellos años, comparecieron por vez pri- 
mera en la ciudad de Cracovia los Avisos Secre- 
tos. Era un übrito, donde se decia estaban con- 
tenidas las instrucciones privadas, que el Gene- 
ral de la Compañía da á los suj'os para (juc les 
sirvan de regla \ línea de conducta en su trato 
con el prójimo, á fin de ganar dinero y poder. 
Es una retahila de puras y netas MENTIRAS. 
Presenta á los jesuítas como el tipo de una de- 
pravación infernal, justificando toda clase de 
iniquidades. Una sociedad, que profesara los 
principios contenidos y desarrollaclos en aquel 
libro, solo seria una manida de bandidos, que 
ninguna sociedad civil ni eclesiástica podría tole- 
rar en su seno, y para cuyo castigo no habria 
on la venganza humana rigor suficiente. Solo 
esto debería bastar para concebir cuan absurda 
y ridiculamente puede suponerse que los Mónita 
Secreta sean obr£< de Jesuítas y formen su código 



"^privado en sus relaciones con la sociedad huma" 
na. Los jesuítas existen en todos los' países mas 
civilizados del mundo; en los Estados Unidos, 
en Ljglaterra, en Francia, en Austria, en Bélgi- 
ca, en España, en el Brasil, en Chile, en la Re- 
pública Argentina. ¿Cómo es posible que, sien- 
do ellos tales demonios encarnados como los 
pinta el libríto de los Avisos Secretos, nada se- 
pan los gobiernos, ó que sabiéndolo los toleren? 

¿Dirán los sabiondos sátrapas del New Mexican 
que los Jesuítas poseen un arte particular para 
encubrir sus delitos? ¡Bah, señores, esas papar- 
ruchas no son para hombres que tienen un adar- 
me de meollo! La policía de los gobiernos mo- 
dernos perseguiría y descubriría el crimen 
hasta en las entrañas de la tierra y en los abis- 
mos del océano, si allí se ocultase; ¿y los Jesuí- 
tas, que viven en medio de las ciudades mas 
populosas, escaparán á su vista, acumen, ó pes- 
quisas? Si intentáis provocar la risa, la provo- 
cáis muy de veras; reirán hasta los sapos; pero 
vuestro papel es en tal caso el de un pobre char- 
latán. 

¿Añadirá por ventura el buen cofrade de San- 
ta Fé que la Compañía de hoj- día no admite 
los principios de los Avisos Secretos, pero que 
efectivamente los admitió en otros tiempos y 
son cosa suya? Apenas se nos hace posible tal 
contestación; no veríamos en tal caso el porqué 
de toda esa rabia que le consume contra la Com- 
pañía moderna. Mas en todo caso quedaríanos 
el derecho de preguntarle: quomodo jjrohas? Y 
en segundo lugar ¿no afirmó el misaio honorable 
periódico que los Jesuítas no han mudado, que 
no admiten reformas, que permanecen firmes en 
aquella roca del sint ut sunt aut non sint? Otra 
vez. pues, ¿cómo es posible que siendo los Je- 
suítas aquellos negros hijos de Satanás cual los 
pinta al mundo el líbelo de los Avisos Secretos, 
nada se trasluzca de ello, ó que tantos gobier- 
nos, aunque anti-jesuíticos jjor excelencia, los to- 
leren y amparen bajo el escudo de las lej^es co- 
munes? 

Mas aun; la Iglesia, tribunal el mas augusto 
y el mas santo, aprueba, alienta, bendícelos Je- 
suítas y sus ministerios. Ochenta, nada menos 
que ochenta veces alzó su voz desde la roca de 
l^edro el Vicario de Cristo y confirmó y aprobó 
y ensalzó el Instituto de la Compañía de Jesús, 
y otorgó á sus hijos favores y privilegios singu- 
lares, misiones delicadísimas, encargos de suma 
confianza. ¿Es posible que en todo se engañara 
torpemente el Jefe visible de la Iglesia? ¿Es po- 
sible que en tres siglos no llegara á sospechar 
la Iglesia la existencia de los Mónita Secreta, v 
por consiguiente la abominable hipocresía de la 
Sociedad que los profesara y dirigiera sus ac- 
tos á tenor de ellos? La supresión de la Com[)a- 
ñía por . Clemente XIV no prueba nada. El 
Breve de supresión, que había de revolar al 



til 
142- 



inundo las atroces infamias (lue según nuestros 
enemigos llamaron sobre la Compañía los anate- 
mas de la Iglesia, aquel Hreve no imputa á Ips 
Jesuítas un solo delito, una sola culpa. Aquel. 
Breve aparece como el aito de un Pontílice que 
cede á la iiii(iuidad de los tiemijos, á la presión 
de despu'ticos políticos que socavando las bases 
de las antiguas sociedades allanaban el camino 
lí Dan ton, á Diderot, áMarat, á liobespierre, a 
la diosa¿Uazon. 

Toda la severidad de la jiulicía civil, toda la 
santidad de la Iglesia católica, y el mismo sen- 
tido común demuestran, pues, lo absurdo, lo ri- 
dículo, lo im{)osible de los Avisos Secretos. -Pero 
el Xew Mexkan dice tener fe en ellos; y sobro 
ellos espera levantar la inmensa mole que ha de 
oprimir los Jesuítas de Nuevo Méjico, de los Pas- 
tados Unidos y quizás del mundo entero; y ellos 
lian de ser QXjiat todopoderoso para aear una 
opinión popular contra esos terribles enemigos 
de la libertad! Yamos, scíloi'cs, nc qv.id nimis. 

Lo cierto es que al comparecer los Mónita Se- 
creta en Cracovia, como queda dicho, el autor se 
guardó bien de publicar su nombi'e. El Obispo 
de aquella ciudad Pedro Jiliski demandó enjui- 
cio, en 1G13, á un tal Jerónimo Zaorouski, pre- 
sunto autor del infamo libelo. Condenaron el li- 
bro el mismo Obispo, el Nuncio Apostólico y la 
Santa Sede, que declaró "reprobar absoluta- 
mente los Mónita Secreta, falsamicnte athihui- 
Dos Á LOS Jksuitas," CU 10 de Diciembre de 
1G16. Después de cuarenta y cinco años de se- 
pultura, el año de 17(31, cuando el reino de 
Francia tuvo por soberana verdadera una cor- 
tesana del débil Luis XV, Madama de Pompa- 
dour, fueron i'cimpresos en París los Mónita Se- 
creta, porque, según la expresión de un lilósofo 
se trataba "no de decir la verdad, sino de hacer 
el mayor mal posible á los Jesuítas." El lil)ro 
fué condenado nuevamente jiorautoridades ecle- 
siásticas, y declarado aj)ócrííb. — Antonio Ale- 
jandro Barbíer, encargado por la Convención 
Francesa de recoger todos los documentos, li- 
bros y objetos artísticos de los conventos supri- 
midos, ])ubl¡('ó en 1800 un Diccionario ciclas 
Ohras anón.inias ij 2>-'>cadóninias. . En el Yol IIL 
n. 20!)(S:) decláralos }fonita Secreta obra apócri- 
fa. l>ai-l>ier, hombre de la escuela de A'oltaire, 
estaba lejos de ser jcsuitofilo; pero, hacia ya :13 
años <|ue no existían los Jesuítas; sus enenngos 
ya no necesitaban los Mónita Secreta; fxxlian, 
pues, hablar claro y declarar lo queesa(]uel libro. 

Sin em\>argo el Nexo Mcxiran no duda de su 
antentii'idad, ;y (piién dudará de la palabra did 
Nem M(\r¡can'.' Carísimo sfñor, Honorable señor, 
tened cuidado de vuestra enclen(]ue per.-ona; no 
os fatiguéis tan en valde. Yuestros esfuerzos 
han sido hasta el dia, y prohalilemcnte continua- 
rán siendo lo (pie dice el encabezamiento de es- 
te artículo: l'iia raya hecha cu el agua. 



Calumnias y Mentiras 



A LA ORDEN DEL DLA.. 



Haciendo el examen do las mentiras y' calumnias 
amontonadas por el Ycíí; Mcxican contra nosotres, de- 
cíamos que para; couñriuar.ra aserción hecha por el 
. Gobernador, que los Papas habían denunciado hi 
Compañía muchas veces, eso periódico citaba la su- 
presión decretada poí Clemente XIV. En respuesta 
le diremos primero que esté es uu hecho i'icico y solo 
cu la historia, sin otro que lo preceda ó que lo siga, 
y por lo taiito aunque TÍniera á propósito, no probaria 
jamás que la Compañía fue denunciada por los Papas 
muchas veces, sino todo lo mas una sohu Pero esto 
tampoco es verdad, y es lá^Ta. falsedad. Clemente 
XIV suprimió sí la Compañía, pero no la dennució 
jamás: esto es, no la juzg.') como mala, peligrosa, sedi- 
ciosa; no, de ninguna manera. 8i no se cree á noso- 
tros, léase el Bicrc, y n,o la33nla como allí se dice. 
Además, entre otros testiinoiúos, óigase á un protes- 
taute Schoell {('itrstj de Hist. denlos Est. de Europa 
tom. 44, pág. 88.) "Este Brete (de supresión) no. pon-; 
dena ni la doctrina, ui las costumbres, ni la disciplina 
de los Jesuítas. Los. únicos motivos que se alegan 
para la extinción son las quejas de las Cortes contra 
la Orden; (ij esas quejas sibcse hieii cinHcy fueron) y el 
Papa las justifica con el ejemplo de institutos supri- 
midos para conformarse á lá opinión pública." Pues, 
el articulista "í¿injiliarizado con la historia," entienda 
bien que el Papano í/c«'.hcí'(> la Compañía, solo la su- 
primió, por una medida política, para evitar míiles 
mayores, cuando todas las corles borbónicas se le 
pusieron tan encaprichadas que era inevitable un 
cisma. El Papa sacrificó los Jesuítas para salvar la 
paz de la Iglesia. Y désgraciádalucnte sucedió todo 
al ve vés. 

Asimismo, según la verdadera historia, y no según 
el testimonio de un historiador Español que el A'(W 
Mc.vicíui cita, sin nombrar á nadie, todos los detalles- 
que añade, acerca de esta supresión, son falsedades — 
8a. falsedad, que el Papa nombrase una comisión do 
cinco cardenales y jurisconsultos para examinar las 
cosas: lo fueron para ejecutar el Breve. No hubo nin- 
gún examen jurídico; porque, merecieran ó no los Je- 
suítas la supresión, se los quería suprimidos á todo 
trance. ¡Ojalá hul)iera haljido un examen, y mas aun 
uu concilio! El Papa mismo lo queria y lo propuso, 
un Concilio (íéneral, en donde la causa se hubiera 
discxitido entre todos los Obisi)os, y hallándose los 
Jesuítas inocentes, todos los Obispos se hubieran 
unido al Papa para defenderlos. En una carta, que 
Clemente XIV escribió poco después de elegido Papa 
á Luis XV Rey do Francia [Crcfiíteau cap. 36), le 
decía: "Por lo que toca á los Jesuítas no puedo ni 
a^.usar ui destruir un instituto á quien han elogiado 
diez y nueve de mis predecesores. Lo puedo tanto 
menos en cuanto ha sido confirmado por el santo 
Concilio de Trento, y según vuestras máximas galica- 
nas, el Concilio general es superior al Papa, lleuniré, 
si se quiere, otro concilio general, donde se discuta 
todo con ju.sticia, y en el cual serán oídos en defensa 
los jesuítas, porque les debo equidad y protecci(Ui 
como á toila orden religiosa, etc. ' Pero nuestros ene- 
migos no ."le contentaron con esto. Choiseul, el nd- 
nistro de Luis XV, uno de los ]nincipales en promo- 
ver nuestra supresión, csciibia al Embajador de 
Francia en Iloma, en 20 de Agosto do 17fiO: "Nos civ 



U'd- 



contramos con que los Keyes de Francia, España y 
Ñapóles están en guerra abierta con los Jesuitas. 
¿Serán ó no, extinguidos? ¿Se saldrán los Reyes con 
la suya? ¿Ganarán los Jesuitas? Ved aquí la cuestión 
que agita Ioíí gabinetes, y que es el origen de las in- 
trigas, de los enredos, y de las Jijlculfacks que con- 
mueven las cortes católicas^ ~ A la verdad no se pue- 
de mirar ese cuadro con sangre i'ria, y confieso que si 
yo fuera embajador en Romaj' me avergonzarla al ver 
en el Padre Ricci (el general de los Jesuítas) un an- ■ 
tagonista de mi amo (Luis XV Hej de Francia) ." 
De allí se saca la pertinacia de las Cortes borbóni- 
eag, lías violencias lioclias ál Papa para hacer supri- 
mir la- Compañía, las amenazas, las intrigas, las su- 
percherías que se pusieron en juogo para salir con- ¡a- 
suya: ■ . ■: ■ ■ 

Se dice que el Papa firmo con gusto el Bre.ve de 
supresión, y después manifestó satisfaccioir de ha- 
berlo hecho — 9a. falsedad: el pobre Papa lo firmó 
solo á pesar suyo, y después so arrepintió, se dolió, se 
echó en cara mil veces de haberlo hecho, y de este 
pesar se le anticipó su muerte. Esto es lo que dice 
la Historia. El Papa resistió desde 17G9 á 1773; 
cuando no pudo menos lo pío metió, y aun después 
lo dilató tanto cuanto pudo: firmó el breve con la 
mayor violencia del mundo, el día 21 de Julio, y sin 
embargo detuvo todavía su publicación hasta el dia 
16 de Agosto, y solo se le arrancó el permiso de publi- 
carlo con nuevas é inauditas supercherías. El Carde- 
nal Aníonelli, Prefecto de Propaganda y Decano del 
Sagrado Colegio, en un dictámou presentado al Papa 
Pió VI sobre este negocio, entre otras cosas dice: 
"¿Se ha oido á los Jesuitas? ¿se les ha permitido de- 
fenderse? Semejante modo de preceder prueba que se 
temía encontrarles inocentes... Una fracción de 
hombres enemigos de Roma, y cuyo objeto era per- 
turbar y destruir á la Iglesia de Jesucristo, negoció 
que se: firmara ese Breve, y lo arrancó en fin por 
fuerza. . . En tan infame ti'áfico se violentó abierta- 
mente al Jefe de la Iglesia, se lo halagó con falsas 
proinesa.s', ó intiiñidó con vergonzosas amenazas. No 
se descubre en dicho Breve señal alguna de autenti- 
cidad, y carece de todas las formalidades canónicas 
que se requieren indispensablemente en toda senten- 
cia definitiva. Es de creer que el Papa olvidó ex- 
presamente todas las formalidades para que aparecie- 
se nulo su Breve que firmó á pesar suyo." Y ahora 
el New- Mexican ¿pretenderá conocer la historia de los 
Papas mejor que nadie, para contarnos las cosas todo 
al revés? Pero dejemos este negocio y pasemos á 
otro. ■ 

Se íañade que Clemente XIV murió de veneno, y 

■ que los Jesuitas tuvieron parte en ello — 10a. falsedad: 

■ no murió de veneno^llá. falsedad: mucíio menos 
por obra de los Jesuitas. Se dijo en verdad esto; ya 
se sabe que contra los Jesuitas la moda es de decir 
todo lo que se les antoja á nuestros enemigos; pero se 
desmintió. Lo desmintieron los doctores Saliceti y 
Arcbinto, niédicos del Papa, con deposición firmada 
en ll.de Diciembre de 1773: lo desmintió el Revmo. 
P. Maizoni, General de los Conventuales, que habia 

-asistido al Papa en la hora de la muerte, con deposi- 
,cion del 27 de Julio de 1775.. Federico II Rey de 
Prusia, tan protestante cbino era, escribiendo á 
D'Alembert, filósofo del siglo pasado, fecha del 15 do 
Nov. de 1774, le decía: "Os ruego que no, creáis de 
lijero las calumnias que se propalan contra los bue- 
nos Padres. Nada hay mas falso, que- el rumor que 

■ ha circulado del envenenamiento del Papa, . ,E1 Papa 

■ murió de una disipación total de humores vitales. So 
le hizo la autopsia y no se lo encontró indicio ninguno 



de veneno. El se echaba muchas veces en cara el ha- 
ber sacrificado por su debilidad una Orden como la 
do los Jesuitas al capricho de hijos rebeldes. Su 
genio áspero empeoró en los últimos días de su vida, 
lo que contribuyó no poco á acortarla." Así escribía 
Federico II que aunque Protestante no3 defeulia, 
nos quería, y nos conservó en sus Estados por conce- 
sión del mismo Papa Clemente XIV. Otro Protes- 
tante Schoell en su historia ya citada, tomo 41 pág. 
85, dice: "Se hicieron circular folletos que acusaban á 
los Jesuitas de ser autores de un crimen, cuya exis- 
tencia no se funda en ningún hecho que pueda admi- 
tir la historia." 

¿Qué mas? el articulista del New Mexican, como 
tan familiarizado coa la historia, no solo cree en el 
envenenamiento de Clemente XIV, sino que nos acusa 
aun do haber envenenado igualmente su predecesor, 
el Papa Clemente XIII. Nada le cuesta poner dos 
Papas y si quiere tres, cuatro, envenenados todos 
por los Jesuitas. "Es necesario mentir como un dia- 
blo," decía Voltaire, y esos tales aventajan al mismo 
diablo en la mentira. ¡Conque hasta Clemente XIII! 
—12a. falsedad: quizás ningún Papa nos quiso tanto, 
nos favoreció y protegió tanto como Clemente XÍII, 
y mientras él vivió, nuestros enemigos no pudieron 
sacar nada, y murió de solos disgustos y pesares de 
ver la ignoble conducta, las violencias é injusticias de 
-las Cortes borbónicas contra los Jeouitas. Fué en 
una palabra un mártir de la afección que nos tenía. 
El inmortal Canova quiso en el mausoleo que levantó 
á ese Papa, el mas bello y maguífico que se vea en el 
Vaticano, expresar este carácter principal de su Pon- 
tificado. El escultor puso á los pies del Pontífice 
dos leones que atraen las miradas de los inteligentes 
por su extraordinaria belleza. El que duerme según 
la idea del artífice es símbolo de la confianza, que te- 
nían los Jesuitas bajo el reinado de Clemente XIII; 
el que vela y parece estar en actitud de defenderse es 
también según el pensamiento del mismo Canova, la 
imagen del Papa negándose á condenarla Compañía. 
Los Jesuitas, cuando fué levantado ese mausoleo, ha- 
bían ya dejado de existir, y Canova uno de sus últi- 
mos discípulos, quiso expresar por medio del mármol 
la resistencia de Clemente XIII, y proclamar su re- 
conocimiento á sus antiguos maestros bajo tan inge- 
niosa alegoría. Vaya pues el articulista del New Mex- 
ican, como tan familiarizado con la historia, y aver- 
güénzese de tantos disparate.", falsedades y calum- 
nias que ha amontonado en sui" escritos. 

Apostamos ciento contra uno que ese escritor tan 
"familiarizado con la historia" es el mismo, en carra 
y huesos, del Webster, del cual articulista dijimos en 
otro lugar que todas las veces que sale de su Webs- 
ter, da los mas espantosos resbalones. Cuando es 
cuestión de palabras, nadie le gana. Por ej. puede 
decir mil injurias y villanías sin agotar su Dicciona- 
rio, como ha dado pruebas en estos últimos días. 
Pero afuera de las injurias ó villanías no vale un pito. 

En el mismo núm. 23 de Enero, para dar muestra 
de sus conocimientos históricos, cita unas cuantas 
expulsiones de las tantas que padeció la Compañía. 
¡Entre tantas podía haber acertado con algunas! No; 
su mala estrella le hizo dar tantos resbalones cuantas 
citó. Vamos á verlo; ante todo, dice que los Jesuitas 
fueron censurados por Carios V en ICOG: lo repite 
dos veces en cada edición inglesa y española, y ha- 
ciendo fuerza en esto, dice: "¿negarán los Jesuitas que 
- Carlos V los c§»suró en 160G?" Precisamente lo ne- 
garemos, po:?que en IGOfi, entre todos los monarcas 
de Europa, no hubo uiuguu Ciirlos V. Primer resba- 
lón. 



i 



-144- 



Pasemos á las expulsiones: cita seis: pero por ha- 
ber repetido dos veces la de Francia en 1764:, se re- 
ducen á cinco. Señor, no es necesario repetirlas, 
mucho menos inventarlas, cuando hay tantas, y no- 
sotros mismos le podemos sugerir muchas mas. ¿Y 
de las cinco que'' diremos? Que da cinco resbalones 
uno en cadfi una. En efecto, puestas en orden cro- 
nológico según sus fechas, dice que los Jesuítas fue- 
ron expulsados de Inglaterra en 1606. Falso, lo fue- 
ron desde 1601 — de Francia dice en 1764, diga mas 
bien en 1762 — de España y Sicilia en 1764: ponga en 
voz 1767 — de las colonias españolas en 1776: debia 
haber dicho en 1767 — de Portugal en 1781); vaya mu- 
cho mas atrás y ponga 1759. ¡Y así cita la historia 
quien se cree tan "familiarizado con ella!" 

Por darlo gusto le añadiremos nosotros unas mas. 
Citaremos la expulsión de Inglaterra en 1581 — de 
Francia en 1595 — de Portugal en 1598 — de Eusia en 
1717 y 1817— de China en 1753— sin hablar de otras 
mas recientes de nuestra misma época. 

En el mim. 3 de Marzo, citando la expulsión de los 
Jesuítas de Francia en 1595, por el pretexto del ase- 
sinato de Cliatel, y en realidad por el odio del par- 
lamento y de la Universidad, acusa al P. Gueret de 
haber aconsejado o inducido Chatel á asesinar á En- 
rique IV — 13a. falsedad: Juan Chatel á la verdad aten- 
tó asesinar al Rey, en 27 de Dio. de 1594, paro jamás, 
ni por la tortura, inculpó los Jesuítas, sino solo á sí 
mismo; fué una acusación, un pretexto del Parlamen- 
to y de la Universidad para perseguir la Compañía, 
aquel mismo Parlamento y Universidad que poco 
antes habla defendido el regicidio de Enrique III. 
En favor de nosotros citaremos nuestros mismos ene- 
migos Clayet de Thou, L'Etoile, Sully y otros (Créti- 
neau cap. 16) . El P. Gueret fué acriminado solo por 
haber sido maestro de Chatel en filosofía, puesto al 
examen y tortura, y en fin dejado libre. Pero á otro, 
al P. Guiguard, por muy fútiles pretextos le eostó la 
vida. El Parlamento además desterró los Jesuítas, 
embargó y se apoderó de sus bienes, ó hizo levantar 
una pirámide infamatoi'ia de la Compañía. Pero 
poco después Enrique IV, que no habla tomado nin- 
guna parte ni sancionado nada, movido de la reac- 
ción que principió en las provincias, las cuales se ha- 
blan declarado en favor do los Jesuítas, les quiso ha- 
cer justicia, restableciéndoles en el reino, tomando 
contra el Parlamento la defensa de ellos con un dis- 
curso que es una magnífica apología. Mandó des- 
pués demoler 1* columna infamatoria, creó muchos 
colegios á la Compañía, ])ron)ovió sus misiones don- 
dequiera, escogió por confesor el P. Cotón y lo quiso 
hacer Cardenal, y les hizo tantos favores que fué ne- 
cesario pedirle en gracia que no les hiciera mas 
(Cretineau, cap. 18). 

Cita allí mismo que los Estados de Boemia des- 
terraron á los Jesuítas (í j)erpcliii(¡<(d del Reino por 
excitar al asesinato de los Reyes, intervenir en los 
asuntos del Estado, etc., etc. Esta expulsión se refiere 
al año de 1()18 y es una — 14a. falsedad, que fuese mo- 
tivada por las causas arriba mencionadas; fué la ex- 
imlsion á consecuencia de haberse rebelado los Pro- 
testantes con otros facinerosos contra la autoridad 
del Emperador. Pero solo un año dospues, entró en 
Praga INFaximiliano de Baviera, 3' restableció el orden 
y con él entraron los Jesuítas de los cuales el Príuci- 
pR habia sido discípulo. Reedificaron sus casas y 
siguieron haeicndo mucho bien. En la defeusa de la 
ciudad contra los Suecos en 1618, tomaron much» 
parte, y un Padre mereció la corona muirtl de la ciu- 
dad y magníficos elogios del Emperador. 

Después referia el manifiesto publicado por el Rej 



de Portugal on 1759, y citaba unos parajes. Esta 
manifiesto ó Carta real como se Ilamabn, fué obra 
del famoso ministro Carvalho, que lo publicó bajo el 
n jmbre del Rey José I. Todo en él «s falsedad, por- 
que hacia á los Jesuítas cómelices del atentado 
del 3 de Set. de 1758, 7 de todos los oxcosoa referidos 
en la República Jesuítica. Los mismof filósofos se in- 
dignaron, «orno el Mariscal do Bellc-Isle, Condemine, 
Maupertuis, etc. A petición de los Cardenales y Elec- 
tores del Imperio y cerca do doscientos otros Obis- 
pos Clemente XIÍI, protestó contra ese libelo, que 
fué condenado por la Inquisición dej España, y que- 
mado por mano del verdugo. 

Acaba con atribuir al P. Ricci, General de la Com- 
pañía aquellas famosas palabras sint id snnf, auf non 
sint: que sean lo que son, ó no sean, como dadas en res- 
puesta al Rey Luis XV que quería haber reformado la 
orden en 1764 — 15a. falsedad: Estas palabrns etheron 
la boca de Clemente XIII, cuando en 1761 (no en 
1764) el Card. Hochechouart, Embajador de Francia 
en Roma le pedia que modificase en su esencia las 
Constituciones de la Compañía. Se quería que los 
Jesuítas franceses tuvieran un superior particular, 
y entonces fué cuando, negándose el Papa á las inno- 
vaciones que se le preponían, exclamo ó que sean lo 
que son, ó que no sean. Caraecioli, autor de una vida 
de Clemente XIV muy falsificada, las atribuyó al P. 
Ricci, pero no como dadas en respuesta al Rey de 
Francia sino á esc mismo Papa, lo que es igualmente 
falso; porque desde que fué elegido Clen.cnle XIV 
jamás fué posible al P. Ricci hablarle de la Compañía, 
y con esto está dicho todo. 

De la carta pastoral que cita del Arzobispo de 
Méjico el limo. Don Antonio Loreuzana no hemos 
dicho nada por no haberla nunca visto, y por no ha- 
llar ningún libro que hable de ella. Lo que podemos 
decir es que esa carta en cuestión tiene todos los ca- 
racteres de ser una invención dentiestros adversarios, 
porque nunca jamás un Prelado Católico y mucho 
menos el Sr. Arzob. Loreuzana hubiera escrito tales 
cosas contra una Orden aprobada y protegida por la 
Santa Sede. En el mismo tiempo que él pudo haber 
escrito esa carta, el Papa Clemente XIII publicaba 
una Bula en favor de la Compañía, pedida primero y 
recibida con grandes aprobaciones después por casi 
todos los Obispos del mundo. Acusar la compañía 
de tantos crimines como se supone en esa Carta es 
acusar la Santa Sede de aprobar una Orden, poco me- 
nos que una banda de criminales, y acusar los Obispos 
del orbe católico que la faYorecieron y eusakiirou su- 
mamente. El Sr. Loreuzana nació en 1722; fué elumno 
de los Jesuítas, y después Arzobispo de Méjico, de 
Toledo, y Cardenal, y murió en 1804; hombre de 
mucha piedad, pero su carta es un libelo contra todas 
las reglas de justicia y caridad cristiana. Acrimina 
horribles delitos á la Compañía, que la harían un se- 
millero de bandidos mas bien que una órdou cL» reli- 
giosos. Cita los Mónita Secreta que los Obispos, lu- 
quisicioa y Papas habían condenado; en Cu es un» 
carta demasiado mala para ser creída auténtica. Y 
aunque lo fuese, ¿valdría mas el juicio de un solo 
Obispo que el de innumerables otros, y de Cardona- 
les, do Santos, y de infinitos otros que nosotros pode- 
mos citar en nuestro favor? ¿Valdría njas l.i carta 
pastoral de un Obispo que 80 entre Bulas y Breves 
do loa Papas, que dicen lo contrario? Pero hasta aquí 
considere el Neio Mexican cuan falsos é iacourdütentea 
son sus ataques y acusaciones, mil voces repetidos, y 
mil veces victoriosamente confutado». 



FEIilOBíCO SEMANAL 



Se 



« ios 



S3 en Las Vegas^ 



fst "¥ 



30 de Marzo de 1878, 



Niim.id. 



NOTICIAS TEIillITORIALES. 



?¥aaeTO Méjico. — De uua carta de nuestro Sr. 
Arzobispo J. B. Lamj escrita do Koma, con fecha del 
dia 22 de Febrero. Sacamos lo siguiente: — Cuando 
supo la DQuerte del Santo y Grande Pió IX, ya estaba 
en camino para Koma; llegue demasiado tarde para 
asistir á su entierro. Por esta circastancia so me lia 
hecho muy triste esta Ciudad. Yo liabia tenido el 
honor grande de recibir varias audiencias privadas de 
Su Santidad Pió IX, y también tengo de él los recuer- 
dos mas preciosos. La Ira visita que he hecho ha 
sido de ir á ver su tumba eu San Pedro en donde El 
está sepultado. Cuando fué proclamado el Nuevo 
Papa León XIII hubo cerca de San Pedro un con- 
curso de carruajes y de gente cual muy pocas veces 
se ha visto en Roma. Dentro de pocos días yo espe- 
ro consegair una audiencia del Nuevo Papa.- 

I^sas l'ep'SíS. — Tocios conocen el estado lastimo- 
so de los pobres habitantes de Taos. La miseria es 
extrema y los pobres se mueren de hambre. 

El Rev. P. Eguillou, Vic. Gen. de la Diócesis, ha 
enviado una circular al clero y fieles, para escitar su 
calidad en favor de los pobres del Condado de Taos, 
desde el dia 11 de Marzo. Después de representar 
el triste estado de aquellas gentes, añade: 

"El hambre no está circunscrita en el solo Condado 
de Taos; también el de Rio-Arriba sufre sus rigores, 
y en algunas plazas tanto como en Taos. En cir- 
cunstancii s tan triste la caridad es de obligación ri- 
gorosa. Si tenemos modo de aliviar al gravemente 
necesitado, y no lo hacemos, nuestra falta de ateu- 
cion y caridad puede ser causa de su muerte. ¡Qué 
responsabilidad delante de Dios! Debemos, pues, re- 
mediar á la necesidad de nuestros hermanos con pron- 
titud y en proporción de nuestros recursos. Según lo 
dice nuestro venerable prelado, debemos someternos 
al soberano dominio de Dios, cuando nos quita los 
bienes del mundo; pero mucho mas deben someterse 
á su santísima voluntad los que tienen algo, cuando 
El les manda de ayudar á sus hermanos eu las nece- 
sidades; pues el que no los auxilia en este caso será 
ciertamente condenado por no haberlo hecho, según 
la palabra de Cristo: -rió tenido hambre y no habéis- 

me dado de comer en verdad os digo que cada 

vez que habéis rehusado de hacerlo al mas pequeño 
de mis hermanos, es á mi á quien habéis rehusado do 
hacerlo ... .id malditos al fuego eterno. (Math. 25)- 
Por lo contrario, lii vida eterna será la recompensa 
de los que hubieren practicado la caridad para con 
sus hermanos." 

En conformiadd los dias 17 y 23 se hizo en nuestra 
Iglesia un llamamiento á la caridad de los fieles, y 
se nombraron algunos colectores en las diferentes pla- 
zas de la parroquia. Daremos aquí sus nombres, para 
que todos conozcan á quienes dirigirse para entregar 
las limosnas. 



El Honorable D. Simón Baca, Juez de pruebas de 
S. Miguel, tendrá una junta en Las Vegas arriba, y 
nombrará los colectores de aquella plaza. 

LISTA DE COLECTORES EN 



LAS vega;". 
Caries Blanchard 
Benigno Romero 
Fed. Desmarais 
líil. Montoya 
Pablo Ulibairy 
Creseencio Gallegos 

LOS VIGILES 

Agapito Yigil 

Iti§ae$íii si el Tea 



VALLES DE P. .JERÓNIMO 

Juan Atcncio 
Gregorio Barcia 
Marcelina Duran 

TECOLOTE 

Auto. Ma. García 
José Ma. Romero 
Regiuio IJlibarry 
José Ma. Montoya 
'íe. — La noche del dia 12 de 



este mes una quemazón se declaró en la casa del Sr. 
L. Badeaucl. Todos los de casa se hallaban descan- 
sando; y al dispertar apenas tuvieron tiempo 
suficiente para salvar sus vidas. El fuego devoró todo 
lo que estaba en la casa y en la tienda, sin dejar ab- 
solutamente nada de las die/. piezas que las componían. 
El Sr. Badeaud espera que sus deudores se apresura- 
rán en las actuales circunstraicías á satisfacerle lo que 
le deban, hallándose él en grande necesidad de dinero. 
Iií>.«i E^asiBíg^. — Recibimos los procedimientos y 
resoluciones de uua Junta tenida en ocasión de la 
muerto de Da. Adelaida Luna, Esposa que fué de D. 
Jesús M. Luna, los dos de esa localidad. La Junta 
fué tenida eu Tomé, en el dia 10 de Marzo, siendo 
Presidente D. Rómulo Salazai-, Vicepi'esidente D. 
José Baca y Carrillo, y Secretario D. E. N. Ronqui- 
llo. Se nos dispensará si no la injertamos por ent-ro, 
por no poder disponer do mas espacio en el periódi- 
co. Ea el número pasado dimos ya la noticia, de la 
muerte de esa Señora. 

NOTICIAS NACIONALES. 



Esiísillas S.i22l;!;5r^.— El Reg¡st;;a',lor Hachett, en 
su reporte al Gran .Jurado de la Sesión General, el 
dia 4 de Marzo, representó con la debida lástima, uno 
de los caracteres propios de la.s Sociedades a-católi- 
cas, tal como se manifiesta hoy dia eu nuestras gra ;- 
des ciudades, y en mucha parte también eu las mas 
pequeñas aldeas de nuestros distritos rurales. Infor- 
mó al Gran Jurado que debían verificarse averigua- 
ciones en cuatro casos do infanticidio, y dijo, acerca 
de este crimen que estaba tomando el aspecto de — un 
negocio lucrativo y organizado.— Al mismo tiempo que 
se extiende la perpetración repetida del crimen de 
abandonar á los niños, la caridad de la Iglesia con- 
funde la humana filantropía, con la fundación de un 
Asilo muy bien organizado. Pero no es ya en la sola 
provincia del Registrador, seguu nuestro parecer, que 
está la raiz del mal, sino que el Protestantismo de sí 
mismo lleva al Paganismo, y que el Pagmismo e.^ ia 
fuente envenenada de todas las abominaciones qa ; él 
denuncia á la presencia del Gran Jurado. 



.146- 



Débesc tambieu imputaren gi-an parte á los Diiais- 
tros protestantes de varias sectas el deplorable laxis- 
mo en las opiniones y práctica acerca do los deberes 
conyugales, que prevalece cada dia mas entre las po- 
blaciones a-católicas. Lüs episcopales, en su última 
convención trienal, han tomado nuevas medidas, que 
tienen por objeto el inculcar unos principios algún 
tanto mas cristianos acerca del matrimonio, y prohi- 
bir (si uo nos recordamos mal) que se celebren ma- 
trimonios de personas divorciadas. Sin embargo con 
harta frecuencia vemos que los ministros episcopales 
miran el matrimonio como una broma, y que repiten 
la infame comedia de renovar la ceremonia conyugal 
en personas ya casadas y separadas por decretos ci- 
viles de divorcio. Dias atrás leíamos en unos periódi- 
cos que un clérigo episcopal se encontró con un joven 
y una señora; los cuales leian en un libro de oracio- 
nes, segan el rito episcopal, el oficio para celebrar los 
matrimonios, por pura diversión. El les propuso leer 
el libro en lugar de ello?, si se contentaban hacer las 
respuestas. Así convinieron, y al íin de la lectura les 
dijo que ahora se hallaban legalmente casados, y que 
solo un decreto de la Corte los podría separar. Hay 
algo peor: el domingo pasado, un ministro episcopal 
de muy buena posición en esta ciudad y director de 
una iglesia muy conocida, no tuvo dificultad en cele- 
brar en su iglesia la burla do un matrimonio entre 
una Actriz bien conocida, divorciada pocos dias an- 
tes de su marido, y un Actor qiie ella había conocido 
hacia poco. Nos parece tiempo perdido el aguardar 
que los se-dícentes Obispos de la Iglesia episcopal 
lleguen á poner coto á estos desmanes, ó que alcan- 
cen obligarlos á respetar ulteriormente los preceptos 
de su misma secta Un predicante episcopal está per- 
suadido que su Obispo no tiene mas derecho para 
mandarle (|ue un Baptista, y hace lo que se le antoja 
sin ninguna aprensión. No obstante, aunque uo fuera 
mas que por respeto solo á la decencia, seria muy 
conveniente que estoó pseudo-obispos hicieran algana 
tontativa, para contener su clero de cometer actos tan 
flagrantes de fiasferaia, y de fomentar la mas disoluta 
licencia. (Cafhulic Ik'view). 

WasSíiíBg'ÍOH. — El Sr. Dorsey de Arkansas ha 
introducido en el Senado un acto (Senado uúm. 87S) 
para anular el "Acto de incorporación délos Jesuítas 
en Nuevo Méjico," ]msado el dia 18 de Enero con el 
voto de mas do dos terceras partes en ambas Cáma- 
ras después del Veto del Gobernador. El Sr. Dorsey 
fué autorizado para introducirle con suspensión de 
reglas, el dia 11 del presente mes de Marzo; se leyó 
dos veces, y fué referido á la Comisión de Negocios 
territoriales juntamente con el Mensaje del Goberna- 
dor y dictamen del Procuriidor General de Nuevo Mé- 
jico, y se mandó que se imprimiesen todos esos docu- 
mentos. Pronto conoceremos el resultado, que fácil- 
mente puede desde ahora preverse cuál tenga que ser. 
El Sr. Dorsey, Senador de Arkansas, es conocido en 
Las Vegas y otros puntos de este Territorio. Posee 
dicen, una merced Inicia el Cimarrón Seco, en el Con- 
dado do Colfax, en el cual, durante la édtima legislatu- 
ra, quería establecerse uno do los Nuevos Condados, 
según las ideas do ciertos cofrades de Santa Eé; y es- 
to condado debía llevar el nombre de Dorsey ó do 
Axtell. Muy á propósito nos llega el Dnihi Sun, con 
otras noticias editicautes acerca de esto Honorable, 
en sus mimaros del IH y 19 de Marzo. 

El Hnn do Nueva York, trae en esos números cier- 
tos telegramas de Washington, de los que se despren- 
de que el S(>nador Dorsey de Arkansas se halla en 
"una situación muy crítica." Una Comisión do llo- 
presentautes está haciendo una investigación sobre 



"L"..f 



servicios de Correo, la que ha sacado á luz muchos 
enredos, firmas falsas, bonos iltgale?, y otras transac- 
ciones "de carácter dudoso, por no decir criminal," 
cómo s(» expresa el Snn: En todos estos negocios de 
mal agüero está comprometido el Hon. Senador Dor- 
so}'. Verdad es que él lo ha negado, y que sus ami- 
gos todavía no dan crédito á lo que no es del todo c- 
vidente; sin embargo el Sun da por "mauifiosto, claro, 
indudable" el que Dorsey tuvo parte en los enredos. 
"Si ha firmado algún papel, hecho algún acto, o reci- 
bido dinero, que le dieran un interés directo en los 
contratos," son hechos cuyas pruebas son menos acce- 
sibles; "créese, no obstante, que existen," añade el 
mentado periódico, "y es extremamente verosímil que 
las publicará 77(t' Sun uno que otro de estos dias." 

Es una coincidencia singular que ese señor Sena- 
dor fuera el mismo, en carne y huesos, quien presen- 
tara al Senado de "Washington el proyecto de ley, pa- 
ra anular un acto de la Legislatura de Nuevo Méjico, 
la Incorporación de los Jesuítas. El Sr. Dorsey tan 
íntegro, tan honrado, tan abrasado en celo por la san- 
tidad é inviolabilidad de las le3'es, que no se eonteuta 
con cuido rse de los negocios de sa propio Estado, si- 
no qne extiende sus desvelos hasta el remotísimo 
Nuevo Méjico, para denunciar los actos de su Legis- 
latura; eí Sr. Dorsey es acusado, ó sospechado de 
fraudes, falsificaciones, y estafas!! Eso sobrepuja to- 
da creencia. Nosotros no dudamos que el veracísimo 
é incorruptible Kcic Jfe.rirdn saldrá mañana reetifican- 
do los hechos, y dando á cada cual su merecido. Di- 
rá que de la honradez del Sr. Dorsey no cabe duda 
ninguna; y que toda esa baraúnda no es mas que una 
negra é infame calumnia, levantada contra aquel inta- - 
chable caballero por esos pilla&troues {blavhjuanl':) 
de Jesuítas, para saciar sus tradicionales instintos do 
venganza. 

lüiisEois. Escriben de Chicago con fecha 3 del 
corriente lo que sigue: 'Un crimen horrible se ha co- 
metido el viernes último en el Estado de Illiuois. De- 
sesperado por la miseria un hombre, que á pesar de 
su trabajo no podía atender á las necesidades de su 
familia, dio muerte a su mujer y á seis hijos qiie te- 
nia, pegando fuego en seguida á la casa en que vivía, 
para hacer desaparecer las pruebas de este crimen 
horrible. Después se arrojó él mismo en las llamas. 
El corresponsal de la Frcc Pras en Chicago le escri- 
be lo que sigue: "Todo el que no ha visto á Chicago 
hace cuatro años no puede formarse una idea de lo que 
es hoy. La bancarota, la pobreza, la horrible miseria, 
hasta el hambre rodean los palacios de mármol; y la 
misma ciudad que ahora no puede cons'guir dinero 
está completamente paralizada y anonada. Banque- 
ros y hombres de gran fortuna hace poco, están redu- 
cidos, unos á comer en un miserable restaurant con 
sus familias y otros á pedir limosna. El cuadro que 
presenta la antes opulenta Chicago, es desgarrador. 
La sola cuestión discutida aquí es saber cómo podrá 
])ro('urarse dinero para hacer frente á los gastos mu- 
nicipales del mes próximo, y nadie lo puede decir. 
Los negocios mercantiles )• la venta do productos, ' 
mercancías, etc., pueden solo mejorar: pei-o ¿de dónde 
puede venir dinero para pagar los gastos corrientes 
de la municipalidad, sin una deuda permanente de 
1-Í:,000,000 dollars. ¿Además, cómo hacer para ali- 
mentar hasta el verano miles de pobrcí;. sin trabajo 
que mueren de hambre?" 

NOTICIAS EXTRANJERAS. 



Italia. — Sacamos del f«///o?íV /ícuíVír lo siguien- 
te: "Cual es el amo tal os el criado La resignación 



147 



del Sr. Crispi, Miüistro del Interno de Italia, se hizo 
inevitable por el descubrimiento que él era reo de 
bigamia, y que se halla en peligro de ser juzgado por 
este crínisn. Su difunto amo vivió en adulterio has- 
ta la muerte de su legítima esposa, y solo el peligro 
de muerte, en que se halló él también, le determinó á 
casarse con la mujer que habia ultrajado. Crispi ha- 
bla sido casado con los ritos de la Iglesia en Malta, 
en 1854; su matrimonio fué enregistrado en el Con- 
sulado de Cerdeña en 1855; en 1874: 6\ se separó de 
su esposa, y el 25 de Enero último salió con la farsa 
de un nuevo matrimonio, hallándose al presente ame- 
nazado de un proceso por bigamia. El ha presenta- 
do la débil y ridicula escusa de que en 1854 él era un 
subdito Napolitano, y que el certificado de su matri- 
monio debia haber sido firmado por el Cónsul de Ña- 
póles, por cuya falta el mismo quedaba nulo." 

De una carta particular recibida de Ñapóles, saca- 
mos lo siguiente: "En medio de tantos males que afli- 
gen nuestra ciudad, nótase la mano del Todopodero- 
so que nos protege, porque á menudo se verifican con- 
versiones de malos Católicos, abjuraciones de protes- 
tantes que reniegan de sus falsas y ridiculas creen- 
cias y abrazan la verdadera Fé Católica, retractacio- 
nes de altos personages que hablan apostatado, como 
lo practicó pocos dias atrás un cierto Ciordano, pro- 
fesor do Física en la Universidad. No le hablo del 
concurso á las Iglesias, las que cada dia se ven at,\s- 
íadas de fieles qtie acuden á rogar á Dios para que 
los libre de tantas desventuras, y les otorgue pronto 
el triunfo de nuestra sacrosanta Koligion. Quiero 
mentarle una solamente, la de San Nicolás Tolentino, 
que siendo antes casi desconocida por hallarse casi 
fuera de la ciudad, es nombrada ahora con el hermo- 
so título de Na. Sra. de Lourdes. La gente que se reú- 
ne allí es indescribible, sobre todo el 25 de cada mes, 
dia de función para los congregantes, que se cuentan 
á millares. Se ha formado también una asociación 
de jóvenes, quienes bajo el título de !■' Compañía de 
peregrinos de Lourdes, honran particularmente á la 
Virgen SSma. El P. José Alta villa S. J. atiende con 
mucho celo al culto de dicha Iglesia, y dos años atrás 
fué con un grupo de jóvenes en peregrinación á Lour- 
des para sacar el modelo de !a Clrnta, que es suma- 
mente hermosa. 

Con ocasión del doloroso fallecimiento de S. S. 
Pío iX ha habido una grande demostración de lu';o 
Bn toda la ciudad, estando cerrados casi todos los al- 
macenes, y la mitad de las puertas hasta de las casas 
mas pobres (señal do luto en Ñapóles, )¡levando todos 
ix inícripcioa bordada de negro: Lu'o Católico. El 
concurso del pueblo que asistió á los funerales, cele- 
brados en todas las Iglesias, fué inmenso. Asimismo 
aerno-3 tenido la satisfacción de ver, por la elección 
del nuevo Sumo Pontífice León XIII, iluminadas 
como por encanto todas las calles de la Ciudad; de- 
^^ostracion tanto mas hermosa, cuanto mas espontá- 
nea, xiyer, di:% de la Coronac'cn del mismo Papa, 
se repitió por tercera vez, y con mayor pompa. Da- 
mos gracias i Dios que nos ha tlado en la elección 
verificada en tan breve tiempo, á este gran Pontífice, 
quien sucede al gran Pió IX, y esperamos que sea 
para el Triunfo de la Iglesia." 
_ "Finahneuee si quisiera referirle todas las asocia- 
siones religiosas, introducidas desde muy poco tiem- 
po acá en nuestra ciudad, las piadosas uniones tanto 
de jóvenes como do doncellas llamadas Hijas de Ma- 
ría, y tantas obras piadosas mantenidas por nobles 
damas, no acabaría nunca. Pero estos breves detalles 
sirvan para darlo una idea de nuestra situación actual; 
pues, si de un lado so pretende abatir la Ecligion, 
se la ve de otro triunfar, ya que la devoción, que 



nuestro pueblo profesa á Nuestra Protectora Inma- 
culada María, es increíble, y ella nos debe ayudar." 

Isagiísíerfi'as— Zf/- IJrfciise refiere que°el Marqués 
de Bute, recientemente convertido al catolicismo, y 
uno de los mas pudientes del Reino Unido, ha ofreci- 
do un millón y medio de liras, para la construcción del 
cuerpo del centro de la|uuiversidad católica deCliascow. 

AÍí^3SBJaEaái5o — Finalmente los Protestantes Evan- 
gélicos Alemanes se hallan alarmados por los progre- 
sos, hechos entre ellos, i^or los Socialistas sin creen- 
cia: han formado una nueva liga, capitaneada por al- 
gunos predicantes en la Corte de Berlín, y que se 
llama, "el partido Social Cristiano;" y con esto espe- 
ran poner un freno á la nueva propaganda. Ellos se 
proponen de persuadir al pueblo que no hay sistema 
verdadero de gobierno que el que se funda sobre el 
Cristianismo. — La proposición es por cierto muy ra- 
zonable, pero ellos debían haberse acordado de ella, 
y obrado en su conformidad, cuando el Príncipe Bis- 
marck y el Ministro Falk inventaron y establecieron 
el presente sistema de Gobierno en Alemania, en el 
cual fué eliminado Dios, y en su lugar fué adorado 
el Estado. El partido Social Cristiano se verá obli- 
gado á trabajar por su propio castigo. En la tierra 
no hay mas de un solo partido social cristiano, y es la 
Iglesia Católica. Los Protestantes Alemanes aplau- 
dieron ni Gobierno, cuando le vieron formar leyes 
para esclavizar la Iglesia al Estado; pero ahora no 
se hallan muy satisfechos de verso estrechados en 
las mismas cadenas, y quieren proclamar los dere- 
chos del Cristianismo en abstracto, mientras los han 
negado al mismo en su forma concreta. ¡Vanos es- 
fuerzos! 

líIolaiaíliSo — Según el último censo del año 1873 
los Jansenistas de Holanda habían disminuido, con- 
tándose solo 5288, esto es 106 menos que el año 1859. 
La causa de esta disminución es atribuida á la conver- 
sión de muchos al Catolicismo. La proporción entre 
los Católicos y los Jansenistas de ese país es de o-il 
á 1. 

AsMés°ies8, eeisíral. — La Gaceta Hortícola de Ni- 
caragua ha publicado, no hace mucho, alcunos fenó- 
menos verificados en una planta de la familia do los 
fitcJceas, que vive sn aqaeilos países, y posee unas 
propiedades electro-raaguéticas. El autor dice que al 
cortar uno de sus ramos se experimenta una sensa- 
ción como si se descargase una batería de E.umkoríF. 
Sorprendido por este fenómeno, el mismo autor verifi- 
có el experimento con una pequeña brújula, la cual 
dio señales de sentir el influjo de la planta á unos 
siete ú ocho pasos. La deviación do la aguja so au- 
mentaba á medida que la distancia disminuía, hasta 
que colocada sobre el tronco de la planta se transfor- 
mó en >ina rotación muy rápida. En el suelo adyacen- 
te no se halló ningún indicio de hierro \\ otro cuerpo 
magnético; luego, no queda duda que esta s>.-a una 
propiedad inherente á la misma planta. La intensidad 
del fenómeno es varia en las diferentes horas del dia. 
Durante la noche es casi nula, y adquiero su nmxi- 
■mum hacia las dos de la tarde. Los dias tempestuosos 
su fuérzase aumenta, y en los lluviosos al contrario es 
muy débil. El autor añade que no ha visto nunca al- 
guna ave ó insecto reposar sobre las ramas de esta 
planta. 

necrología. 

Acabamos de recibir, la triste noiiciidel falleci- 
miento de la Sa. Margarita Desmarais, madre del Sr. 
D. Carlos Blanchard. Aunque no tengamos otros por- 
menores, nos apresuramos á dar nuestro pésame á to- 
da su respetable familia. Muiió en St. Maro, Canadá. 



148- 



SECCÍON RELIGIOSA. 

• ■ <>-<--^>-e-^ . 

CA.LE^;5).VR1Í) UELIGIOrO. 

?.l MARZO fi ABRIL. 

31. Dnmiiiqn IV de Cimrfxmn. YA W. Anuulco, Duqnc de Siiboya. 
Santft Bíllliinn, Virgen y Miírtir. 

1. Lunes, ynnta Teodora! Kan Vcnnncio Ob. y Mr. 

2. Mnrits. Kan Fr.mcisco de Píiula, Fundador." Santa Tt-odosia, 
Virgen y Mártir. 

3. Miéirolca. Sun Pancrar-io. Oliisjio y Miírfir. Las Santas Aqa- 
])c y Quioaia, Vírí;euGH y Mártires. 

4. Jueves. S!m Inidoro, OÍjispo, Confesor y Doctor. 

5. Vifrtict. Jja sagrada Sindouo del .Si'finr.' San YietntG Ferrer, 
Confesor. 

C. Súbado. San Marcelino. Mártir. San Celestino, Papa. San 
Celso, Obi.-po. 

SAN VICENTE FERRER, CONFESOR. 

Nació en Valencia de E.spaña. A los 18 años en- 
tró en la Ordeu de Piodicadoie.'í, donde csíndió le- 
tras y consiguió con plauso universal el grado de 
Doctor en Teología. Abrazó en seguida el ministe- 
rio de la predicación, y logró con' ól m;.íravilloso3 
triunfos de la gr.Hcia contra los Judíos y los Moros, 
de los quo convirtió un sin niímero á la'fé cristiana, 
y contra los pecadoi-es mas obstinados y perdidos; 
eran sobre todo eficacísimos y frecueates sus sermo- 
nes sobre el terrible juicio del líitimo dia del mundo. 
El tenor de sus apostólicos ejercicios fué constante- 
mente el mismo. Cada dia celebraba Misa con canto; 
cada dia anunciaba al pueblo la palabra de Dios; 
ayunaba inTiolablementc; nunca comió carne. Hallá- 
base siempre pronto para dar buenos y santos con- 
sejos; pacificó pueblos y reinos; trabajó con todas 
sus fuerzas para la extinción del cisma que en su 
tiempo aíligia la Iglesia. No le faltaron detractores 
y perseguidores; pero los venció á todos con su ha- 
mildad y m.ansedumbre. Dios obró por medio de Vi- 
cente muchos milagros en confirmación de su vida y 
predicación, y algunos de ellos tan estrepitosos, que 
San Vicente Ferrer es, hasta en uuest?ros dias, sinó- 
nimo de Tunmatúrgo. Murió el siervo del Señor cu 
el año do 1119, y fué canonizado por Calixto ITI. 



ANEA. 



Dijimos que Pió IX so ha escogido el lugar 
de la sepulíui'a en la ]'>nsíl¡ca de S. Tjoi-eiizo e,x- 
íra 7'imro!¿, y ha dejado cu el testamento las pocas 
palabras que se deben grabar sobre su modes- 
tísima tmiil)a. PiolXdnrnntcsu reinado hizo mu- 
chas mejoras en esa basílica, 3' acoslumbraba vi- 
sitarla ¡¡ara venerar las insignes reliquias (pie se 
conservan en ella. La basílica se halhi fuera de la 
ciudad en el campo Verano, celebre por las ca- 
tacumbas de innumerables mártires de los pri- 
meros siglos, y allí mismo cerca del templo se 
ve levantado un momimento en honor de los 
Cruzados de San Pedro muertos en Mentana en 
el año de 18()7. Pió ÍX cpii.so (pie el mausoleo 
de esos nuevos mártires, surgiese en un luírar 
consagrado por lo.s antiguos. Sobre un basamento 
de dobles escalones se levanta el monumento de 
figura octógona; en los ocho lados se recuerdan 
los nombres de lo? valientes (pie ninri^M-on en 



defensa de los derechos de la Santa Sede. Arri- 
ba campea un gru[)0 colosal de mármol que 
rei^resenla á S. Pedro en el acto de consignar la 
esf)ada á un j<jvcn cruzado dispuesto á pelear, 
(pie sostiene con la ¡Z(¡iiierda nn c-tandr.rte se- 
ñalado con la cruz y las palabras JSl Orbe Ca- ^ 
tólico. En el frente fpie mira á Roma léese nna 
hermosa inscri[)CÍon con palabiT.s sacadas del 
libro de los Macnbccs. Pió IX no contento de 
haber levantado ese monumento á la memoria 
de aquellos nobles ('¡uzados (jue acudiendo á su 
voz, se saciificaron por la defensa de la Silla 
Apostólica, quiso inanifestaides nna nueva y 
última demostración de afección y gratitud con 
escoger su sejinlcro cerca de ellos, así como no 
satisfecho de haber tanto protestado en vida 
contra la sacrilega invasión y ocultación de los 
E.stados de la Iglesia, con tener su sepulcro en 
acpiel Ingai', da á entemler que sigue protestan- 
do aun dos|)iies de muerto en favor de aquella 
cansa, por la cr.al combatió siem-'re y no cedió 
jamás. 



Pío IX durante sn largo y glorioso reinado, 
ha creado en 150 consistorios mas de 2100 en-' 
tro Obispos y Arzobispos. En todo el inundo,^ 
en la época de sn muerte no quedaban de estos 
y de aquellos sino 74 que no habian sido nom- 
brados por él. En las cuatro reuniones que 
hubo en Poma, de su tieinj)0, los Arzobi.-pos y 
Obispos siíbieron en 1854. por la deíinicion dog- 
mática de la Inmaculada, á n;asde200: en 18G2, 
por la Cíinonizacion de IC'S mártires del Japón, á 
300; en 1807, i)or el eenícnario de San Pedro, á 
500; y en 1807, por el Ooncilio Vaticano, á 700 
y mas. 

Además en 22 promociones nomlirú 123 Car- 
denales; y durante su reinado murieron 120 de 
lo.s suyos, ó de los Pontífices sus prcdecescre?. 

Vai ñn en dos solemnes canonizaciones declaró 
52 santos, y en 17 bcatiliraciones 221 beatos; 
además a[)i'oló el culto inmemorial cerno se 
dice de otros 105 beatos. A tres cc-ncedió el 
título de Doctor de la Iglesia, á San lillario de 
Poitiers, á San Alfonso de Ligorio, y á San 
Francisco de Sales. — ruifá Cadvh'ca 15 Eebr. 



1^1 ritualismo inglés, de que en varias ocasio- 
nes hemos hablado, sigue progresando en ¡a 
(Jran Pretaña á pesar de las dilicultadcs (|ue le 
opone la secta oíicial. Ilabientio el pastor de 
San A Iban o puesto en su ca|iilla un Crucifijo 3^ 
una Víigen. contra el rito establecido, el ol)ispo 
protestante de Londres le reprendió por carta, 
á la (pie el pastor contestó (jue pevHarla y dcci- 
(Tn-iii lo (¡uc Jiiihiit (le Jidcor. El Obispo re|)lic(j 
con fecha (> de lOnero último, declarando al pas- 
ti'r ritualista fuera de la lev de la comunión 



-U9- 



evangélica. Entonces el pastor excomulgado le 
escribió: "Los que concurren á este templo son 
jornaleros y artesanos, cuya vida está tan rica 
de trabajos como pobre de consuelos. Ahora 
bien; yo veo, y ellos me dicen, que hallan gran- 
des consuelos arrodillándose delante de la pin- 
tura de la Yírgen y del Niño, y al contemplar 
el crucifijo: mi conciencia de pastor no me per- 
mite privarles de estos consuelos, que nada ni 
nadie en el mundo les presta ni podria prestar- 
les. Por consiguiente, persisto en mantener en 
mi Iglesia el Crucifijo y la pintura de la Virgen, 
cualesquiera que sean las consecuencias de mi 
conducta." Como hemos advertido en otras oca- 
siones, el ritualismo inglés es un grito de la fé 
cristiana, conservada bajo los escombros de las 
ruinas causadas por el protestantismo contra la 
tiranía de las sectas oficiales; pero ese grito es 
estéril si no pasa mas adelante. Los que se que- 
dan en el ritualismo no pueden fundar su con- 
ducta sino en el propio juicio. Por esto los ta- 
lentos mas esclarecidos y honrados no tardan 
en pasar del ritualismo al Catolicismo, como su- 
cede con tanta frecuencia. 



EsDeraiizas Meii fiiiidadas. 



Si para canonizará uno por santo bastara hoy 
dia el consentimiento del pueblo, ciertamente no 
faltarla esto para Pió IX. El mundo ha mostra- 
do cuanto le estimaba, por medio del universal 
sentimiento por su muerte y de los magníficos 
elogios que le ha tributado. Es á la par asom- 
broso y consolador ver que la prensa de todos 
los países, aunque contraria y enemiga de la I- 
glesia y de los Papas, con muy pocas excepcio- 
nes, ha rendido á la memoria de Pió ÍX sus ho- 
menajes de alabanzas. Hemos ya publicado los 
elogios de algunos protestantes 6 libre-pensa- 
dores de los Estados Unidos; si ahora quisiéra- 
mos nombrarlos todos, no podríamos hallar un 
término. Tenemos á la vista además innumera- 
bles otros extractos de periódicos europeos de 
todas sectas y colores, de todos paisesy lenguas, 
de Italia, Francia, Bélgica, España, Portugal, 
Alemania, Austria, Suiza, y todos de consuno 
ensalzan las virtudes del ilustre Pontífice y sus 
grandes méritos para con la Iglesia, la Sociedad 
y el mundo entero. 

Todo esto es ciertamente un grande alivio al 
dolor que nos causó su pérdida. Nos parece ver 
renovado en la muerte de Pió IX el prodigio 
que se verificó en la de Cristo: los mismos que 
no le reconocieron por Dios durante su vida, lo 
confesaron públicamente en la conmoción uni- 
versal de la naturaleza que acompañó su muerte. 
Del mismo modo los que durante la vida de Pió 
IX fueron enemigos de él, de la Iglesia Romana, 
de la Silla Apostólica, á la hora de su muerte 



dan testimonio de su justicia y fidelidad en de- 
fender el honor de Dios y los derechos de la 
Iglesia, 

Otro motivo de consuelo para nosotros es la 
seguridad que no lo hemos completamente per- 
dido; pero que, si ha dejado de consolarnos con 
su presencia y fortalecernos con sus palabras, 
no ha s'do sino paia tomar en el cielo el puesto 
de nuestro intercesor y patrono; y por lo tanto 
los que le han amado y venerado en vida, de- 
sean después de su muerte honrarle como á San- 
to. 

Esta idea y esperanza la vemos manifestada 
hasta por periódicos protestantes. Citaremos 
únicamente The Standard de Londres, el cual 
hablando de Pió IX se expresaba así: ''Pió IX 
ha muerto poco después de su gran antagonista 
Víctor Manuel; su pontificado, el mas largo de 
la historia papal, ha concluido; el representante 
del mas antiguo y del mas majestuoso Trono de 
Europa ha ido á aumentar la imponente lista de 
los Pontífices difuntos. Su pontificado ciertamen- 
te rivaliza y probablemente excede al de sus 
predecesores en fecundidad de incidentes dramá- 
ticos, en vicisitudes políticas, en interés espiri- 
tual. Una gran figura ha desaparecido de entre 
nosotros; en el mundo no habia otra ni mas cé- 
lebre ni mas popular que la del prisionero del 
Vaticano. . . . Es difícil para todo inglés que no 
hava conocido mucho la sociedad católica ó que 
no haya estudiado con perseverancia los senti- 
mientos que prevalecen en los círculos ultramon- 
tanos del mundo entero, darse cuenta de la m- 
tensidad de la pena que la muerte de Pió IX va 
á excitar en ellos. No: no sevtxn falsas lágrimas 
las que en ahnndante chorro rieguen las mejillas de 
miles y añiles de personas que jamás han visto á 
Pío IX, pero que consideran en él al mártir, al 
santo, al perseguido por el espíritu revoluciona- 
rio. Pío IX fué incuestionablemente el Sobera- 
no mas popular y amado del mundo, si es que 
del amor á los hombres que llevan una corona 
puede y debe juzgarse por el desinteresado en- 
tusiasmo que excitan en el corazón de los seres 
humanos." 

El mismo periódico, publicando una biogra- 
fía de Pío IX, la acaba con estas palabras tex- 
tuales: "Pió IX fué, en el sentido ordinario de 
la palabra, pero en altísimo grado, un liombre 
bueno y honrado, y si á él se le niega la cualidad 
de grande, no cabe negársela á su pontificado. 
Si en su vida política puede hallarse alguna cen- 
sura bajo el punto de vista humano, doja ver en 
él á uno de los hombres mas pacientes y mas va- 
lerosos, de mas conciencia y de mas altos senti- 
mientos que ha habido. Y es posible que en fe- 
cha muy próxima se le decreten los honores de 
la canonización; y es la verdad que, bajo el pun- 
to de vista de la Iglesia católica, pocos Papas 
han iperecido tanto como Pió TX, por sus virtU" 



-15()- 



des y 811 martirio, sor puesto cu el número de 
los Santos.'' 

Estas serian unas expi-csioties demasiado avan- 
zadas para nn escritor católico, pero pueden to- 
lerarse en boca do un protestante, que no halla 
otro medio para ensalzar las virtudes de un Pa- 
pa, que logró hasta tal punto granjearse el amor 
y admiración de los mismos herejes. 

A este mismo propósito citaremos unas refle- 
xiones de L(i Cruz, Revista mensual de Ma- 
drid. 

— Muchas eran las personas que viviendo Fio 
IX le veneraban, no solo como Vicario de Cris- 
to y Pontífice de la Santa Iglesia, sino también 
como ;( Santo. Los libros publicades en los últi- 
mos años esta'n llenos de sucesos extranrdhuirws, 
(jue solo dejan de llamarse milar/ros per respeto 
á las disposiciones prudentísimas do la Iglesia 
respecto lí esta materia. Después que el Clran 
Pió ha muerto, han sucedido otros ca^^os maravi- 
llosos, que acaso no tarden en ser declarados mi- 
lagros verdaderos: los periódicos han [)ublicado 
algunos, y se sabe de otro no pul/Jcado toda- 
vía, acerca del cual, se están tomando declara- 
ciones facultativas. 

Pero el mayor milagro son sus propias virtu- 
des, visibles á todo el mundo y respetadas de 
sus mismos enemigos. Su celo ¡¡or la gloria de 
Dios, su caridad para con todos los hombres, su 
resignación en tan largos y penosos trabajos co- 
mo ha sufrido, su indiferencia para los aplausos 
y para las calumnias, su fortaleza contra los per- 
seguidores violentos y contra los insidiosos, su 
actividad infatigable en su vejez como en su ju- 
ventud, su tiernísima y profunda i)iodad, reve- 
lada en todas sus obras y palabras, y todas sus 
demás virtudes, llegaron temprano y se han man- 
tenido siempre en un grado tan eminente, en 
cuanto el hombre puede juzgar, que han excita- 
do la admiración de propios y extraños. La son- 
risa do Pío ÍX consolaba á los perseguidos y 
alentaba á los débiles; la amenaza do Pió IX 
conturbaba ú los mas j)odorosos y soberbios. Por 
otra parte, ;quicn ha acusado jamás á I'io IX de 
la mas mas leve sombra de faltas? Nadie. La 
maledicencia ingeniosa y procaz ha enmudecido 
al llegar á las puertas de la residencia de Pió 
IX: los desgraciados (pío combatían al Papa, 
confesaban y alababan las virtudes de /^V>,- y 
aun la pasión ])olítica, que no sucio respetar na- 
da ni á nadie, si no aprobaba la marcha política 
de Roma, ó bien atril)uia el supuesto error á so- 
brada bondad del Papa, ó bien lo achacaba á las 
otras personas que lo rodeaban. 

Así, apíMias ha muerto, no solamente los bue- 
nos, sino también los impíos y racionalistas, so 
han apresurado á ex|)resarsu admiración, acom- 
pañando el nombi-o de Pió IX con los mas hon- 
rosos epítetos. K\ nombre do Santo ha sido pro- 
nunciado por muchas lenguas, y escrito por doc- 



tas y respetables plumas. Sin las tramitaciones 
sabiamente prescritas por la Iglesia para la ca- 
nonización do los Santos, Pió IX hubiera ya si- 
do á estas horas canonizado por la aclamación de 
todo el mundo. Nosotros aguardamos confiada- 
mente que la Iglesia no tardará en colocarlo so-^ 
bre los altaros, para gloria de Dios, modelo y 
aliento de los fieles, }' condenación ¡¡erj étua de 
los errores contemporáneos y de (luicncs los de- 
fienden. — 

La divina Providencia tiene en su mano el 
tiempo oportuno para la realización desús fines, 
y Ella dirige cu conformidad con estas las ac- 
ciones de la Iglesia. Sin embargo, relativamen- 
te á lo que tratamos, si hcn¡os de juzgar por las 
señales que vemos, no tardaremos mucho en ver 
cumplido lo que tan universal mente y con tan- 
tas ansias aguardamos. 



"La G aceta:' '—Ataques y Replicas. 



La Gazetie del IG de Marzo salió, al parecer, 
algo abochornada, porque la Revis'a Católica, en 
un suelto anterior, lo habia puesto las orejas un 
tantico coloradas. Seria prcciíO escribir un artí- 
culo dos veces mas largo que el suyo, ¡¡nía reba- 
tir todos sus asertos; nos conleut;ucn:( s con lo 
que saliere. 

Dice la encumbrada vecina nu.estra que no es 
su costumbre "estar coníinuamcntc recociendo ar- 
gumentos rancios en discusiones | asaí'as y muer- 
tas.'' Muv loable costumbre, i ( r cierto. Solo 
(¡ue la discusión (?), en el caso ¡¡rc; ente, no era 
ni |)asada ni naierta. En 2 de Marzo el J.as Ve- 
gas Gazette habló de '"dogmas y doctrinas (¡ue 
son perjudiciales á la sahul pública y luchan con 
el espíritu de nuestra civilización." lió a(juí la 
discusión (?). En O de Maizo salióla Revida Ca- 
■ fúlica, teniendo la discusión (?) asida j;or el mo- 
ño, y dándole alguna sacudida, (pie la hiciera 
jmtalear, según una exin'csion de La Gacda. pero 
no la matara; la discusión (?) no era |iius "pasa- 
da y muerta"; estaba tan viva como una .inguihi, 
¿Y los argumentos rancios? — ¿Arguii;cntos ran- 
cios? Si nunca U\qvo\\ fresco»: nunca existieron; 
;,cómo hablan de estar rancios^. 

Pasemos adelante. Nuestra amiga .nda tara- 
reando un aire, que se asemeja al estiibillo de 
un himno de la prensa, y acaba, en lui :ol fa sol, 
"la justicia y la verdad." Sublime es (1 hiniuo; 
encantadora la música; pero, sea (¡ue /.« Gacela 
estuviese ronca de algún resfriado, sea que na- 
turalmente no tenga buena garganta, lo cierto es 
que, en su boca, aquel esti'ibillo es una verdade- 
ra música cencerril, una torwida la mas desapa- 
cible y disonante, (caceta incontaminada, "'la 
justicia y la verdad. ' 'el deseo de hacer bien," 
y toda vuestra retumbante terminología no nos 
satisfacen, ni pueden satisfacernos. Hechos que- 



-151- 



remos mos que prilabras; y los ]io:^hos prueban 
en vu.- ú niaUcia ó ignorancia. Sin salir de la 
discnsi )!! (?), sin acudir á "'argumentos rancios," 
prcgiKit ¡remos á nuestra empicotada vecina 
¿'¡uiéi'i la ineliú ú declamar contra no sabemos 
que ' ilogui*^ _y doctrinas, que son perjudiciales 
á la silu 1 pública y luchan con el espíritu de 
nucstiM, livilizaciou"? Los sacerdotes católicos 
no piv"!i>'an, ni enseñan, sino lo que oyen y a- 
preud^ n do la Iglesia Católica; y esta Iglesia, 
asiátil.i [)or el Espíritu vivificador del universo, 
es priiU'ijiio y fuente inagotable de la civilización 
cristiana, y de todo bienestar social. Leed Gui- 
zot, historiador protestante. La Iglesia Católica 
no enseña, pues, ni tiene dogmas perjudiciales á 
la salud pública, ni cpie estén en conllicto con el 
e-íj)íritu (le nuestra civilización. O La (/aceta ig- 
nora esas cosas, y su {)ecado de ignorancia es 
mauiíiesto; ó las conoce, y con todo (juierc ha- 
blar como habló, y peca entonces por malicia. 

Véase, pues, cuan poca razón tiene La Gaceta 
de acunirnos de faltarle ¡í la caridad; y de atri- 
buirle, en sus procederes, "cuahjuiei'a intención 
menos la verdadera", diciendo que "se deja lle- 
var" (son palabras suyas) "por el oro, el fana- 
tismo, la ignorancia, ó la masonería", l'^n j)rimer 
lugar, nosotros no hemos afirmado ninguna de 
estas cosas categóricamente, sino solo díí<ynntwa- 
monte. No liemos dicho que La Gacrta, se deja 
llevar "por el oro, el fanatismo, la ignor«ncia ó 
la masonería;" sino por "el favoritismo, ó el oro, 
ó el fanatismo, ó la ignorancia, ó la masonería." 
Ij'i Gaceta, como tiene los oidos tan delicados, se 
horripila si oye: ¡líeiifísf pero no dejan de gus- 
tarle las mentirillas, y desfigura de buena gana 
1 is palabras ajenas. A nosotros no nos toca pro- 
l)ar (]ue la incorruptible amiga nuestra se deja 
comprar por el oro, ni enloquecer por el fanatis- 
mo, ni arras! rar por la masonería, ni dominar 
l)or el favoritismo, ni cegar por la ignorancia. 
Nos basta can que sea verdad una cualquiera de 
estas cosas, por(|ue nuestra proposición es dis- 
yuntiva. Inútilmente nos pide, pues, Xa Gaceta 
que le ¡¡robemos el influjo del oro, ó de la maso- 
nería. ¿No son esos sus móviles? Luego lo serán 
el íivv)r tjue busca en las regiones elevadas, ó la 
fanática prevención contra aquello que le es an- 
tipático. ¿Tampoco lo son esos? Luego lo ha de 
ser la ignorancia. Y vuelve aí^uí nuestro 
dilema,, (d (¡ue aclararemos con otro ejemplo, sa- 
ciado del mismo número del Gazette, IG de Mar- 
zo, a (in de evitar las repeticiones. Anancia allí 
este periódico, á son de bombo y chinescos, los 
Mónita Secreta Societatis Jesu, cu^'O índice da 
por extenso á sus lectores. Ahora bien; ó nues- 
tro colega ignora que ese librito fué declarado 
apócrifo, y condenado como tal, hasta por Anto- 
nio .VLEJANDRO BAMBiER, jesuitofobo cuanto podia 
serlo un hombre de la famosa Convención france- 
sa; y en tal caso la acusíiciou de ignorancia es 



indeclinable; ó la omniscia Gaceta esVÁ muy bien 
enterada de lo fabuloso de aquella obra, y en- 
tonces es perversa ó ilóc/ica, cuando repite, con su 
mentiroso cofrade de ¡Patita Fé, que "de la au- 
tenticidad de los Secreta Mónita no puede caber 
duda ninguna." Peca por malicia, en este caso, 
Za Gaceta] y la malicia debe tener una causa; y 
esta causa no puede ser "el deseo de hacer 
bien." No se meta nunca en lo que no sabe, y 
entonces le podremos creer. Si es verdad que 

Músico, poeta, y loco 
Todos lo somos un poco, 

mucho mas es verdad que nadie es omniscio en 
este mundo. Callémonos, cuando no sabemos al- 
go: y sino, habremos de sufrir (pie nos tengan 
por botarates. 

No solamente le hemos faltado á la caridad a 
La Gaceta, dice ella, sino que además, "ó por 
falta de lógica, ó |)or ignorancia, ó por malicia," 
¿lesfigaramos su tesis, y dec¡mí)sque se opone "a 
las leyes áe la Iglesia Católica sobre el niatiá- 
monio." — Es verdad; lo hemos dicho; \)QVQ condi- 
cionadamente; y [jor lo tanto novemos donde es- 
tala "falta de lógica, ó la ignorancia, ó la mali- 
cia" nuestra. Xa Gaceta no tuvo reparo en alu- 
dir a "dogmas }' doctiinas que fon perjudiciales 
a la salud pública, y luchan con el espíritu de 
nuestra civilización." ¿Son suyas esas palabras, 
ó no son suyas!' ¿Tienen algún sentido, ó esta- 
ban tiradas allá {)ara llenar el período? ¿Mira- 
ban a un blanco determinado, ó eran como un 
cohete disparado al aire para alegrar á los es- 
pectadores ociosos? Nosotros, creyendo que La 
Gaceta no hablara á trochemoche, dijimos condi- 
cionadamente: "Si algo entendemos" (hé aquí la 
condición) "de esa jerigonza de mojigato, aque- 
llos "dogmas y doctrinas' son principalmente las 
leyes de la Iglesia Católica sobre los matrimo- 
nios." Niégalo ahora La Gaceta; celebramos in- 
finito su santa negación; dítcanos, empero, cuá- 
les son los "dogmas y doctrinas perjudiciales a 
la salud pública y en conllicto con la civiliza- 
ción." 

En llegando aquí, empezamos á vislumbrar al- 
guna cosa; y véase si no es fina La Gaceta. En 
seguida después de haber dicho que no se opone 
á las leyes católicas sobro el matrimonio, pre- 
gunta: ¿"Quiere la Revista tener la bondad de 
publicar la ley presente" (del Territorio sobre 
los matrimonios), "con los cánones de la Iglesia 
á lado, |)ai"a piovecho de sus lectores, á fin de 
fjue puedün estos ver por í-í mismos quién va 
mas adelante en f)ruhil)ir el matrimonio entre 
parientes?" Tal vez nos equivocamos; pero, 
mientras nuestro colega nos habla enjerga, solo 
podemos adivinar su intención por conjeturas, 
l'arécenos, pues, que eso de pedirnos ex almpto 
los cánones de la Iglesia, después de haber pro- 



-152 



testado de que nada tiene en contra de ellos, 
significa que nosotros hemos predicado y ense- 
ñado "dog-nias y doctrinas"' contrarios á los cá- 
nones mismos; parccenos oir ;í Jj(i Gaceta que 
aquellos dogmas "perjudiciales á la salud públi- 
ca/' etc.. no son los cánone?, que establecen los 
impedimentos eclesiásticos del matrimonouio, si- 
no lo que predicamos nosotros acerca de la fa- 
cultad de dispensar de tales impedimentos. Si 
e.-o es lo que aqueja á la enigmática vecina nues- 
tra, duerma ca paz. La facultad de dispensar 
de los impedimentos eclesiásticos es tan canóni- 
ca como la facultad de ponerlos; y ambas facul- 
tades son únicamente del cometido de la Iglesia, 
en los matrimonios entre cristi;inos. Xa Garda 
jios pide los cánones de la Iglesia sobre el matri- 
monio. ¿Quiere La Gaceta tener la bondad de ir 
á leer, para su pro])¡o provecho, lo que acerca 
de esos cánones hemos escrito en la Revinia Ca- 
tólica, No. 11, en el artículo Leyes de Matrimo- 
nios? Allí encontrará ur extracto bastante sus- 
tancial y jugoso, bien que algo indigesto para 
ciertos estúmagos. Pero, ?i se obstina en pedir 
cánones, ahí va uno: ''Si alguien dijere, que so- 
lamente aquellos grados de consanguinidad y 
aímidad, que están expresados en eí Lcvítico, 
pueden impedir que se contraiga matrimonio, y 
anular el ya contraído; y qve la Iglesia, no pvede 
dispensar en algunos de dios, 6 establecer mas 
grados que impiden y anulan: sea anatema." 
Este es el Canon III. de la Sesión XXIV. del 
Concilio de Trento. La teológica Gacda deberla 
tener bastnnte, con esc canon, para convencerse 
de que la Iglesia tiene poder do d¡s|)ensar, no 
solamente en los impedimentos establecidos por 
ella misma, sino también ''en ahjunos^ de los 
"qué están ex])resados en el Levítico"; y si al- 
guien dijere lo contrario, "sea anatema." — Otro 
('án(m: es el XI L de la misma Sesión: "Si alguien 
dijere, que las causas matrimoniales no pertene- 
cen á los jueces eclesiásticos: sea anatema." ¿En- 
tiende La Gaceta? Las cansas matrimoniales no 
pertenecen á las Legislaturas civiles. Cánones 
nos [)idístei¡?, \ cánones os dimos. 

Cnanto á las demás amonestaciones, que La 
Gaceta, en un arrebato de su caritUul, creyó de- 
ber dar á la Revista Católica, nosotros le damos 
n)il gracias; aunque temamos que tanta molestia 
de parte de nuestra vecina ha de ser trabajo per- 
dido. Somos incorregibles. Pensamos sabor, me- 
jor que nadie, cuales son n\iestros "propios lími- 
tes;" pensamos saber, mejor que nadie, hasta 
(\\\6 punto |)odemos y debemos "bajar á la are- 
na i)olítica;" y lo haremos, con el favor divino, 
mientras nos quede aliento y vida, y á través de 
todas las tormentas (pie i)odais suscitarnos en 
contra. 



-«>♦< 



Mala causa y peor abogado. 

Este es el caso del artículo que ha visto la 
luz pública en el New Mexican, 3 de Marzo, fir- 
mado por Un Católico de Taos. La causa que 
deliende es mala, y la defensa que hace es toda- 
vía peor. 

Bl que escribió aquel artículo da á entender 
que tuvo parte muy principal en las leyes de 
entierros 3^ matrimonios de 1875-7(3. Le damos 
la enhorabuena. Después de haber visto el tris- 
te resultado de esas leyes, le hubiera traido me- 
jor cuenta callarse: y bien que crej'ese haber 
con ellas hecho un bien, ceder siquiera por pru- 
dencia á la opinión del público que tan contra- 
ria se les mostrd. Pero no: él, bien las promo- 
viera por ignorancia, ó bien por malicia, (¡uiere 
ahora sostenerlas á todo trance, y atribuirse no 
tan solo el mérito de haberlas promovido, sino 
el otro mayor de defenderlas. Y ¡lástima que 
aguardó dos años enteros y algo mas para salir 
al campo! Tal vez una menor dilación y un po- 
co menos de detenida reflexión le hubieran ahor- 
rado la desgracia de decir tantos disparates, y 
le hubieran hecho digno de algún perdón. 

Al sacar su artículo á luz pública pensó que 
provocarla con esto las diatribas de la Revista, 
(juien en un acceso colérico lo dejarla muy mal 
parado; por lo que armándose de paciencia se 
resignó á ser inmolado á sus iras. De esperar 
es que tenga mas paciencia (pie lo que muestra 
tener de lógica, acierto y prudencia, l'or de- 
más nosotros lejos de enfadarnos, le contesta- 
remos con la mayor calma y sosiego, para que 
vea que no abrigamos ira contra nadie por mas 
que nos injurie, como él lo hace tan fuera de 
propósito y gratuitamente, y si posible fuere, 
para que toque con manos (pie no seremos no- 
sotros quienes lo sacrificamos á nuestras iras, 
sino él mismo que se sacrificó á sus pretensio- 
nes ó compromisos; y si queda víctima no lo 
será de nuestras diatribas, sino de sus desatinos. 

El cargo pi'incipal (pie nos hace es de "haber 
engañado por dos años al pueblo, y hecho creer 
que tales leyes eran contra la religión, lo cual 
es superlativamente falso, absurdo, ridículo." 
Nosotros, si bien se considera, no hemos preten- 
dido (]ue se nos creyera, sino nos hemos esfor- 
zado en probar lo que decimos. Si nuestros ar- 
gumentos y artículos no valen ¿porqué no los 
refuta? E! no rebate lo que nosotros hemos es- 
critos; él no prueba lo que afirma ó niega, con 
(pie él es (piien quiere ser creido bajo su pala- 
bra, y después de habernos impuesto las leyes 
¡ni¡)orernos su opinión. 

Dice que es superlativamente falso, absurdo, 
ridículo que a(piellas leyes fuesen contra la reli- 
gión. Nosotros diremos mas bien que es falso, 
absurdo, ridículo sostener lo contrario. Hasta 
los Honorables del Neu) Mexican, en que el arti- 



153- 



culista l;:v() el honor de insci'ti)r su artículo, 
dan te, ti'uoüio contra él. Vaya á consultar lo 
que se ilij') en ese periódico, año 18TG, niun. 2, 
de esa'i Icvc-s, después de Ir.iber sido votadas: 
que li.iliia sido una verdadera satisfacción, un 
señala lo íriiní'o, una victoria completa en favor 
de la s ipreinacía de la autoridod civil, de sus 
leyes, de sus derechos, sobre la autoridad reli- 
giosa, s:is cánones, sus prescripciones. Pues 
bien, si li ista los del New Nexkan lo confiesan, 
¿cu'iuo pi'L'tende él ahora hacernos creer lo con- 
trario? 

Además esas leyes eran injustas y arbitrarias, 
violaban los derechos de propiedad sobre las 
Ií>;lcsias y Cementerios, y coartaban la libertad 
de maírimonios, en los que se quisiesen casar. 
¿Qué tlcrechos. }' qué motivos tenia la legislatura 
de 1875-70 para disponer de aquellos j coartar 
esta de su propia cabeza? ¿Piensa él por ven- 
tura que las legislaturas están autorizadas r)ara 
establectn- 6 prohibir por X^j todo lo que se les 
antoj;3, aun tratándose de cosas que no son de 
su pertenencia? ¿aun violando mr.iiilicstaniente 
los derechos ajenos? Habrá habido algunos que 
opinaban en favor de esas leyes: no basta. La 
propio lad y libertad son cosas inviolables y no 
so pue len sacrificar por la opinión de algunos, 
sino solamente por verdaderas, evidentes, y 
gravísimas razones, las cuales no se han alegado 
todavía, ni jaulas se alegarán en favor de esas 
leyes. 

Supuestas estas consideraciones generales, 
vamos á ver los argumentos cpie trae en favor 
de cada una de las leyes en particuhir. Jfizo 
bien de separarlas, porque, como vei'emos, al- 
gún especioso pretexto aducido por la una, seria 
una grave dificultad para la otra. 

Por lo que hace á la de entierros, dice que 
existían algunas Iglesias, como la de Taos, (pie 
se hallaban atestadas de cadáveres, y por lo 
lauto era imposible enterrar mas difuntos en 
ellas. ¿Qué prueba esto? Prueba, cuando mas, 
(pie cu esas Iglesias no se debia permitir que 
se siguiera enterrando difuntos; pero no prueba 
que no podia ser permitido en las demás ni aun 
en los cementerios; prueb-a (pie la gente debia 
ponerse de acuerdo con los párrocos para esta- 
blecer nuevos camposantos, como se practicc! en 
Albuquerque, pronto hai'án diez años, por obra 
de aquellos mismos Jesuítas contra quienes tan- 
to so desenfrena; pero no prueba (pie la legisla- 
tura tuviese que intervenir en ello con sus lej^cs. 
Ija ley, tal como estaba redactada, no miraba á 
evitar el deso'rden que él dice, sino á alejar los 
muertos y su vista de los vivos, porque el es- 
píi-itu del siglo, entregado enteramente á los 
goces del inundo, rehuye de la idea funesta de 
los muertos, para no molestar lo3 vivos. 

Se añaile (jue nuestro Señor Arzobispo era 
contrario á la costumbre de los entierros en las 



Iglesias. Si así fuera, deberíamos saberlo noso- 
tros nu^jor que nadie. Y supuesto que lo fuese, 
mucho menos se justifica en tal caso la interven- 
ción de la ley, porque bastaba haber acudido á 
la autoridad eclesiástica, para que se respetaran 
sus disposiciones. Aunque el Sr. Arzobisüo 
fuese contrario, no era motivo bastante para 
que la ley lo prohibiera. Estaríamos perdidos 
si se pudiera obrar de este modo. Por ej. el Sr. 
Arzobispo se opone á que se enciendan mas de 
dos velas en las misas rezadas, y seria bastante 
intolerable y curioso ver algún dia al Legisla- 
dor de Taos proponer una ley (pie prohibiese 
bajo penas y multas que se enciendan mas de dos. 
Pero "el pueblo, añade, la abrazó cordial- 
mente, y en evidencia de su aprobación edificó 
camposantos ventilados, decentemente compues- 
tos, con buenas puertas, etc." Ese argumento 
pruel)a á las mil maravillas — ^primero: es falso 
(pie la abrazó, mucho menos cordialmente. El 
Sr. de Taos habrá olvidado la oposición que se 
le hizo en Taos, y en todo el Territorio. El 
pueblo celebró juntas, hizo protestas, reunió pe- 
ticiones y firmas: á despecho de la ley, muchos 
siguieron enterrando en los cementerios y hasta 
en las Iglesias; en lin tanto hizo y se esforzó 
hasta que logró fuese rechazada por la última 
legislatura. Estos actos no fueron abrazos que 
el [)ueblo les dio, fueron mas bien puntapiés: y los 
juintapiés no son lo mismo que un abrazo — se- 
gundo: qué clase de argumento es este; el pue- 
blo hizo los camposantos: luego ¿aprobó la ley? 
Los camposantos los hicieron porípie no se pudo 
menos, no porque la ley fuese satisfactoria. 
Unos picaros, por ej , asaltarán á un pobre hom- 
bre en su casa y después de saqueaíia. la derri- 
barán. El se verá obligado á levantar otra j 
com])rar nuevos trastos. Si ese desgraciado fue- 
re el Católico de Taos ¿qué diria? Nosotros en 
defensa de los ladrones pudiéramos alegar su 
mismo argumento, y decirle que aunque robado 
él abrazó cordialmente el hecho, 3' en evidencia 
de su aprobación edificó una casa nueva, venti- 
lada con puertas y ventanas nuevas. ¿A-^dmitiria 
este argumento? — Tercero: bien sabido es (pac 
no todas las plazas, sino muy pocas hicieron 
nuevos camposantos, y siempi-e con sacrificio y 
protestando contra la violencia que se les hacia; 
la mayor parte ó siguió enterrando como antes, 
ó tuvo que echar sus difuntos en cualquier lu- 
gar. El Católico de Taos lia debido bajar de la 
luna para ignorar todo eso. Va\ fin él habrá ol- 
vidado que en las primeras elecciones tenidas 
después de aquella sesión, en Noviembre de 
1870, por hallarse el pueblo tan excitado y las- 
timado, se le procu.ró calmar y apaciguar pro- 
metiendo que se le daria satisfacción modifican- 
do y abroganilo las leyes que rpdsiese: y alioia 
nos vienen esos mismos á hacer la apología de 
aquellas leyes, y contar que el pueblo las haljia 



i 



154- 



i probado, abrazado, y mil otras necedades tan 
alsas como insulsas. 

Por lo (jue toca á la ley de matrimonios, (lUC 
¡1 Católico de Taos trata lí parte, él quiere ser 
'icóitico y sin embargo por ser este asunto m.uy 
iniiorlanto debía haberse detenido en él algo 
ua-;. VA mutivo de su laconismo se fundaría en 
luo tenia poco que decir, y lo que dij'o no hace 
ampoco al caso. Aquellas le^^es prohibían que 
c contrajeran matrimonios antes de cierta edad, 
• de este |)unto que es tan esencial, el Cato'lico, 
)ara ser I(ic(¡n,ico, no dijo nada. Frohibiaii ade- 
iiás los matrimonios entre parientes en línea 
ceta y en algunos grados en línea colateral, y 
:1 ;,qué hace? Se para á declamar contra los ma- 
riiuonio.s do los que no se habló jamás, de sucr- 
(; (jUé so le pudiera decir que canta bien, pero 
uera de propósito. 

De los matrimonios en cuestión, esto es, de 
os en segundo grado de línea colateral, apenas 
licc una palabra, y como estribado en un argu- 
uento irrefragable, ¿por ventura, pregunta, son 
isos matriuionios doguias de fé? ¿(jué concilio los 
m sancionado tales? Aípií el pobre Católico da 
í entender (pie tiene en esta materia ideas muy 
¡onfiisas, pues confunde las cuestiones de hecho 
on las de derecho; no es ningún dogma de fé, 
) sanción de concilio, el (pie los parientes en 
■sos grados se casen ó no entre sí, pero es dog- 
iia de fé y sanción de concilios que la Iglesia 
os puede prohibir y dispensar. ¡Pobre Católico, 
|uicn pretende enseñarnos la religión cuando 
iesconoce sus primeros elementos! 

Tratando de la ley de entierros, citó la au to- 
ldad del Sr. Arzobispo; ¿[lorqué no la citó á 
(ropósito de la de los matrimonios? ¿Será tal vez 
lor ser lacúnicol La autoridad del Sr. Arzobispo 
n este asunto le era contraria, muy contraria, 
ior()ue él es (piien otorga esas dispensas, y el 
católico de Taas, con delicadeza farisaica, tuvo 
scrúpulo de citarla en contra de la suya, pero 
;o lo tuvo de proclamar su propia opinión en 
ontra de ella. 

j\íucho menos habla del pueblo, porque no 
alió ningún especioso pretexto, como el de los 
ampíísantos ventilados, para hacernos creer 
¡ue estuviese en favor de esas otras leyes. Los 
ue fueron ú casarse fuera del Territorio, sea 
lor razón de edad, sea por motivo de i)arentela, 
on ejemplos que el Calólico de Taos tiene in- 
erés de callarlos y pasarlos por alto. 

No obstante el deseo de ser Uu-ánko quiso ha- 
er una digresión, la (;ual muestra j)eor dispo- 
icioü pai'a calumniar al eleío. (]ue acierto en 
lefender su causa. Cila (pie un sacerdote no 
iiiso casar á dos piimos, á pesar de liallarse la 
lucl'.acha embarazada, ;í no ser (pie le pngaran 
O |)esos por la dispensa. (^)neiemos sujioner 
ue este hecho sea verdadero ;,(pié prueba? Si 
Igo pruelia, es contra atpielK-s muy sabios legis- 



ladores que promovieron las leyes de 1875-76. 
Porque de ho}' en adelante no cesa sino crece 
la dilicultad; á los 50 pesos para el Padre ten- 
dra'n (pie añadir otros 50 por la multa, con la 
diferencia de que los primeros pueden ser una 
suposición gratuita, y los segundos serán una 
triste realidad. 

Conque el pobre Católico se puso á defender 
una mala causa, y su defensa fué todavía mas 
desgraciada. Mas valia haberse callado, y se- 
guir guardando el silencio observado ya por dos 
años. Aun en las injurias (pie nos dice muestra 
mas perversidad que juicio. Hé aquí algunos 
ejemplos: Nos acusa de haber llamado al pueblo 
estúpido ó igjwrante, refiriéndose al artículo 
núm. 5 pág. 57. El buen señor no entendió la 
ironm: lea otra vez el artículo, y verá (jue por 
ironía citamos aquellas ))alabras, haciendo de 
ellas allí mismo un cargo al que las pronunció 
primero. 

Nos censura por haber dicho en el mi^mo or- 
tículo que por obra del clero la lev de niíitii- 
monios fué respetada mas (pie la ley de entier- 
ros, y nos acusa de inconsecuencia. Esto no ar- 
guye ninguna inconsecuencia, sino solo que el 
Católico no llega á entender la diferencia (pie 
pasa entre una y otra cosa. Por ios nialrimo- 
nios se necesita siempre y dondequiera la inler- 
vcncion del clero; de manera que a(]uella b}' 
fué respetada en el Tenitorio. No así jiara los 
entierros: pues, sin ninguna intervención del 
clero, el pueblo entierra en los cementerios y ca- 
{)i!las, y en todas cosas puede quedar resiionsa- 
blc de lo que él mismo hace. 

En fin nos imputa el crimen de haber Ihiuiado 
la última legislatura, nuestra legislaíu.ra, felici- 
tándola por sus buenos 3' muchos resultados. 
También á la de 1875-7(3 llamamos ???¿Ci./ra legi.--- 
latura cabalmente en el artículo Guerra á los 
muertos, año 187G, [)ág. 42 y la citábamos para 
censurar sus leyes. Haciendo parte del Terri- 
toi'io y estando sujetos á sus leyes, todas las le- 
gislaturas malas y buenas son nuestras, porque 
el bien y el mal nos toca y nos interesa. ¿Qué 
hay ()ue extrañar en eso? Con mayor razón nos 
extrañamos nosotros de que él hablando del Sr. 
Arzíjbispo de esta diócesis le llame vuestro irisiíj- 
uc Arzoliispo. Es decir que el Católico de Taos 
le considera nuestro y no suyo. Tal expresión 
es!:iria bien en boca de un Protestante, de un 
Israelita, pero en boca de un Católico, ¡no! Y 
¿(pié católico es este que no reconoce por suyo 
al prelado de su diócesis? Será un católico sui 
(/'•iieris, se[)arado de su pastor, excomulgado, 
cismático. Será todo lo que se quiero, pero no 
católi(;o. Por tanto no se arrogue ese nombre, 
(pie no le conviene, y (pie saca á ¡)laza ( 011 el 
único fin de injuriar mas descaradamente á los 
ministros de la iglesia, sus leyes, sus derechos, 
sus coslumbrcs v las cosas mas sairi'adas. 



Uí5- 



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u 



Hé aquí otros dos artículos do La^; Dofi Repáhlicas, 
publicados en los números 10 y 28 de Febrero, el uno 
en respuesta al ladcpoulent, y el otro en defensa del 
Acto de Incorporación. 

En nuestro nrimero 9 de febrero, nos ocupamos del 
Gobernador Axtell retratado por sí mismo en su fa- 
moso mensaje donde dio su veto á la ley para incor- 
porar á los jesuítas. En este número nos ocuparemos 
separadamente de sus defensores que lo son el trio 
que forman la redacción del ]n(h'pendi''¡iíe. 

El Independiente en los núm?. o'2 y 33 se ha desfjtado 
con todo el odio personal en contra de los católicos 
representados por los Jesuítas. 

Parte por decir que los Jesuítas no son Católicos y 
que su orden ha sido abolida por la Iglesia Católica. 
¡Qué crasa ignorancia! ¿dónde aprendería ese rasgo 
de historia? 

Los acusa de ser enemigos del progreso. Otra prue- 
ba de ignorancia; los Jesuítas h:in contribuido mas 
al progreso y desarrollo intelectual que ninguna or- 
den de cualquiera otra denominación. En estos mis- 
mos tiempos sus aulas de educación son iguales y en 
muchas partes superiores á las que no son de Jesuí- 
tas. 

Contra el libre razonamiento. — Los mayores talen- 
tos del mundo han salido de los colegios de los Je- 
suítas sin que esa sociedad haya pretendido restrin- 
gir sus opiniones ni amoldarlas á su gusto. 

Contra la educación libre. — ¿Quién mas que ellos 
ha contribuido á la educación de todas las clases de 
la sociedad, en las ciencias humanas y divinas? 

Contra las instituciones Republicanas — Ninguna 
orden ha combatido mas á los gobiernos monárquicos, 
ni sufrido tanto de parte de ellos que los Jesuí- 
tas, y pretende el Independiente decir que nuestras 
instituciones republicanas, son el modelo de un buen 
gobierno. Que se fije en uno de los Estados de Nueva 
Inglaterra, Estado muy Republicano, en el que exis- 
te una ley privando á todo católico, el ser electo á 
puestos públicos; y dése todo el poder á cualquier 
partido en este gran gobiei'no, y tendréis mayores ar- 
bitrariedades que las que ejerce el Czar de Rusia ó el 
Shali de Persia. 

Contra la libertad del pueblo. — No sabemos que li- 
bertad será la que quiera el Independiente, si será 
tal vez la de engañar, calumniar y demás de esa es- 
pecie. 

Que se explique mejor el Independiente en este ata- 
que que por ocupar una línea mas ha hecho, sin en- 
tender él mismo la importancia del aserto. Dice que 
el poder de los Jesuítas en este Territorio, significa, 
"la caída de las escuelas libres." Nosotros decimos 
que los medios que para ese fin emplean son muy le- 
gítimos, pues lo quieren conseguir estableciendo me- 
jores escuelas que las que puedan establecer las auto- 
ridades viciosas é ignorantes; bien sabido es para mu- 
chos de este Territorio y los de el Nuevo Méjico que 
los School Trastees, Comisionados de Escuelas, en es- 
tos Territorios son personas inferiores á los Jesuítas 
en educación, y virtudes. Si hacen la guerra é las es- 
cuelas libres y el pueblo desea que esos Jesuítas edu- 
quen á su juventud, nosotros juzgamos muy justo el 
que á ese pueblo se le cumpUi su voluntad. Los Je- 
suítas educan á los pobres gratuitamente, y los edu- 
can mejor que las eseuehis públicas de este Territorio 
ó las de el Nuevo Méjico. Que tienda una mirada el 
trio del Independiente sobre las muchas escuelas in- 



dustriales en los Estados-Unidos que hemos tenido la 
oportunidad de visitar. 

La idea de educar al pueblo es sublime y no la ata- 
camos; pero sí atacamos y atacaremos sus defectos 
cuando se nos presenta una oportunidad mejor. 

Significa también, dice, aumento de impuestos, y 
la apropiación del erario del Territorio, para sostener 
las sociedades Jesuítas (*). — El erario del Territorio es 
de ese pueblo que llamáis ignorante; dejadle á lo me- 
nos que gaste su dinero en lo que le jdazca; pues po- 
dría ser que algunas veces lo quiera dar al Indepen- 
dieide por los grandes servicios que ha hecho al pú- 
blico. No es nada nuevo en les Estados Unidos, ni se 
jioca contra la Constitución sostener sociedades de 
beneficencia con los fondos públicos. 

Que los Jesuítas pretenden que se les exima pagar 
impuestos. — Nada nuevo tampoco, en casi todos los 
Estados de la L^níon, sus colegios, hospitales, asilos, 
iglesias, conventos y otros establecimientos de bene- 
ficencia, están exentos de pagar impuestos, y los Je- 
suítas no giran en otros negocios que en obras bené- 
ficas. 

Que los Jesuítas impiden la inmigración. — Carísimo, 
Independienie, que vivan mil años los Jesuítas si impi- 
den una inmigración de la clase vuestra; pues no ve- 
mos que sea muy útil al país ni como industrío.sa ni 
moralizadora; y sabemos muy bien que las clases hon- 
radas y laboriosas no temen á los Jesuítas: al contra- 
rio, los desean y les ayudarán. 

Dice que por medio de intrigas, esta orden perni- 
ciosa, ha sumido al cristianismo en varias guerras. — 
Desearíamos saber los nombres de los generales Je- 
suítas que han hecho conquistas con la espada, y cuá- 
les fueron sus subalternos. ¿Serian los Jesuítas los 
que motivaron nuestra rebelión en 18G1, y los que 
causaron las desoladoras guerras en Europa que po- 
demos citarle al fanático Independiente, si es lo que 
desee? ¿Ellos son en fin, los que han capitaneado la 
última guerra ruso-turca, y los que están armando la 
marina Inglesa para defender los Dardatielos? Rica 
biblioteca la del Independiente en donde tiene en 
mucho las conquistas que los emperadores, y reyes 
Jesuítas han hecho. 

(¿ue la orden de los Jesuítas ha sido el veneno do 
lo Iglesia Católica. — Sí, muy cierto; al fin dijo mucha 
verdad el Independiente, ha sido el veneno, con que la 
Iglesia Católica ha matado las dañinas víboras de la 
clase de ese amable colega; c) i él ha combatido las 
pasiones y la maldad en sus diferentes formas, y es- 
peramos que lo conseguirá en el Nuevo Méjico; sí, 
queridos lectores ese día mezclaremos nuestra débil 
voz en coro, cantando un Te Dema. 

Son tantas las falsedades, en que el Indepoidiente 
ha dado muestras de su malicia, ('■ ignorancia, que te- 
memos cansar al público con ellas, y diremos á eso 
colega; los Jesuítas están muy acostumbrados á ser 
insultados por individuos de vuestra ralea, y no os 
temen, seguirán haciendo mucho bien en ese Territo- 
rio y no les seréis estorbo ninguno. 

Poneos la mano al pecho y preguntaos "seré yo el 
que tenga que atacar á una sociedad que me es supe- 
rior en educación y virtud y utilidad pública." Vues- 
tra conciencia os dirá. No. Pero ¡qu '• couciencia! Sí 
no la tenéis, y no llováis principio fijo en la carrera 
que tan desvergonzadamente habéis deshonrado, y 
que no dudamos habrá ruborizado á los que os han 
dado su protección. Querido Lidependiente habéis equi- 
vocado vuestra vocación, nos parece que mejor em- 

(*) Esta acusación no viene \\ propósito, porque no fiió povutla 
ninf>uua apropiación. Cou totlo la respuesta tiene siempre su 
tuerza y viyor. 



15«- 



picado estaríais detrás de una cantina escuchando y 
auiuiando discíusiones délos parrocjuianos de esos es- 
tablecimientos que sentado á la mesa de redacción. 
Nos pedísteis al<^o original, os hemos en parte com- 
placido; si mas deseáis, nos tenéis á vuestras órdenes 
á la hora que queráis. 

No crea el Indi'jx-iuUcntc, por lo que hemos dicho, 
que somos Jesuítas, ni que nos han untado el carro 
pava que defendiésemos á esa orden y á la iglesia ca- 
tólica, que ha tenido lu audacia de atacar con la men- 
tira y la calumnia; hemos tomado partido con los Je- 
suítas en la actual polémica, por haberel Judejieiulicii- 
fc atacado al mismo pueblo que le ayuda á ganar su 
vida, y ha hecho lo que hacen ciertos animales que 
matan y se comen á quien les ha dado el ser. 

De esto illtimo no hay temor que lo pueda conse- 
guir el liKlcjn'.udicnle: será él el que será merecida- 
mente víctima en esta cuestión, y sus valientes proe- 
zas habrán sido relegadas al olvido y al desprecio, 
cuando los Jesuítas que con tanto veneno ataca se- 
guirán su marcha haciendo mucho bien á la humani- 
dad. 

Querido Independiente, como no será esta la última 
vez que os tengamos que reñir como á un chiquillo os 
dejaremos en paz por ahora. Sabéis que somos vues- 
tros servidores. 

El Ero (h'I Rio Orand/', de las Cruces N. M., trata 
de la disputa entro el Gobernador Axtell y el Indc- 
'j)cii(liciile de la Mesilla; contra el pueblo representa- 
dos por la Legislatura, y contra los católicos repre- 
sentados por los Jesuítas. Hacemos nuestros los da- 
tos que para el caso habíamos mandado pedir á San- 
ta Fé referentes á la legalidad del acto de incorpora- 
ción de Jesuítas. 

Dice así el Ero: "Hemos escrutínado los actos de 
las Jjegislaturas pasadas referentes á esta clase do le- 
gislación, V hallamos, que en el año ISOT, Robert B. 
Mítehell, John V. Slough, James S. Colhns, S. B. El- 
kins y M. L. Byers, directores de la iglesia Presbite- 
riana de los Estados Unidos, en Santa Fé, y sus su- 
cesores, fueron constituitlos un cuerpo político, é in- 
corporados con poder de adquirir, y poseer por com- 
pra ú otia manera, propíedatl raíz y personal, hasta 
una cantidad que no exceda cien mil pesos cuya pro- 
piedad del)ía emplearse para ñnes de escuela y de su 
iglesia. 

Este acto, no eximía esa corporación de pagar con- 
tribuciones; pero esta omisión la corrigieron con el 
acta general que fué aprobado el día 17 de Enero de 
1S7() que eximía á todas las catedrales, iglesias, capi- 
llas y demás edificios que se usají para el culto reli- 
gioso, y las tierras que les pertenezcan, de pagar con- 
tr¡l)uciones; así como también á todas las librerías 
]>úblícas ó privadas pertenecientes ¡í una universidad, 
colegio ó escuela, junto con toda la propiedad perso- 
nal que se necesita para el manejo de tales institucio- 
nes. 

El otro acto, incorporó el colegio de los Hermanos 
Cristianos que pasó en la Legislatura el día 5 de Eno- 
i'o de 187'J:, (véase IjOs Actas pág. 05.) Ija Sección 
2a del acto, defino el objeto de la incorporación ("•'■). 
La Sección (¡a dice: "Que la])ro])iedad do dicha cor- 
poración (piedará exenta de. contribuicion." 

El dia O de Enero de 1S71:, se incorporaron las 
Hermanas de Loreto d(> la misma manera, y con las 

(") Era )wva estiibU'ciT onlogios y osc.ueliiK, lo iiüsiuo que el in'lo 
(lo InH llonnaims iiiencioniido dcspucf.. El imostro os una cupia 
exacta y textual ilo los do.-i. 



mismas condiciones con que se habían incorporado 
los Hnos. Cristianos. 

Cuando estos dos últimos actos pasaron en la Le- 
gislatura, Marsh Gíddiugs era Gobernador del Terri- 
torio quien los aprobó: Cuando pasó el primero que 
incorporó la Iglesia Presbiteriana de los Estados Uni- 
dos, N. F. M. Arny era Gobernador interino y apro- 
bó la ley." 

Tenemos, pues, por lo que acabamos de ver, tres 
precedentes que el Gobernador Axtell y sus defenso- 
res no podrán negar; mas aun, estos precedentes no 
indican que la constitución haya sido violada como 
pregonan con toda su furia esos ciegos enemigos de 
los Jesuítas. 

La mayor inconsistencia de que podemos bien acu- 
sar á los se-dicentes defensores de la legalidad puede 
verse en lo que pasó en la última Legislatura de Nue- 
vo Méjico. 

El día 29 de Enero John S. Crouch uno de los que 
forman el trio de la redacción del liidepcndicute, que 
sostiene que el acta que incorporó á los Jesuítas in- 
fringió la constitución, introdujo un proyecto de ley 
para incorporar la compañía ferrocarrilera, y exi- 
miendo á dicha compañía de pagar contribuciones du- 
rante el tiempo que se esté construyendo, y por seis 
años después de quedar dicha línea construid.i. 

Con lo que hemos visto en las tres leyes de incor- 
poración que la Legislatura de Nuevo Méjico ha pa- 
sado, y que el ejecutivo que en esos tiempos regia, 
aprobó, y que el Congreso de la Union otorgó, 
nos parece que queda establecida la legalidad del ac- 
to de incorporación que tanto disgusto ha d.ulo á los 
acérrimo.^ enemigos do la iglesia Católica, representa- 
da fielmente por los Jesuítas. Si á esto agregamos el 
último acto que pasó casi únanímente en la líltima 
Leg¡sl.<itura por la cual se incorporó la línea ferrocar- 
rilera, deseamos saber qué prerogativas eiclasivas 
sean las de incorporar una empresa de ferrocarril, que 
por lo regular oprimo mas al público de lo que le sea 
útil, ó (jué privilegio exclusivo tenga J. S. Crouch ó 
cualquiera otro que intente introducir leyes qio en su 
misma opinión son contrarías á la Constitución. No 
cabe duda que esos Sres. al considerar ilegal el acto 
de la Legislatura al incorporar la Sociedad de Jesuí- 
tas y cuya incorporación se pidió bajo las mismas 
condiciones que la de los Hermanos Cristianos, lo 
hicieron sabiendo que la misma dificultad se presen- 
taría en el proyecto del Sr. Crouch á que nos hemos 
referido. 

En otra parte do juio.stro periódico damos la sec- 
ción de la ley general, que los enemigos han pretendi- 
do es la que han violado los miembros de la Legisla- 
tura. Por esa misma ley verán nuestros lectores que 
los Jesuítas no pedían mas cpie lo justo st>gun ¡o que 
esa ley reza. 

Si la lev no se o))ono :í incorporar á la Sociedad 
Presbiteriana, á la Sociedad de Hermanos Ciistianos, 
á la Sociedad de Hermanas de Loreto, y en esta últi- 
ma Legislatura cuando Breedon y Axtell les explicó 
la ley, á incorporar una empresa ferrocarrilera; ¿por- 
qué se opone á incorporar la Sociedad de Je.saitas? 

y .sin embargo, esos hombres defienden lo.s intere- 
ses di>l pueblo y la igualdad en la ley. Mas ¡ itencion! 
l)ues empezamos á dudar (pu> seáis parte de un go- 
Í)iern() republicano, y falsamente os Uum.iis uimlada- 
nos Americaiuís; pues, al juzgar por vuc.->tn) exclusi- 
vismo, mas dignos, sois de pertenecer á otra f ; políti- 
ca que, la de este gobierno cuyos prccejiiüs no s guís. 



PEMlOBiCO SEBÍANAL, 

^s los 



Se publica iodos los Sábados3 en Las Vegas^ 



6 de Abril de 1878. 



NOTICIAS TEÜRITOIIIALES. 



Nsiiiía Fé. — Los Hermanos de la Doctrina Cris- 
tiana han cumonzado los trabajos preparatorios para 
la erección de su nuevo Colegio, y se espera que para 
el mes de Octubre estará completada la obra de alba- 
ñilería. El plan primitivo del edificio ha sido nota- 
blemente mejorado como se echa do ver por un mode- 
lo de relieve del futuro Colegio. Pronto, pues, el 
Territorio tendrá el mas imponente edificio, 3' los 
Hermanos habrán dado otra brillante prueba de sus 
solícitos desvelos para la educación cristiana del 
mismo. 

Sapelióc — "Desde el dia 6 de Mayo al 25 se dio 
una misión general en la jurisdicción del Sapelló, por 
los PP. Tomassiniy Leone S. J. Comenzando por los 
Alamos, los Padres misioneros siguienm evangelizan- 
do en las placitas de las Golondrinas, Tecoloteños, 
Rincón y Manuelitas, y acabaron en la Iglesia Parro- 
quial del Sapelló. Eu dondequiera los fieles acudieron 
á los diferentes Ejercicios do la Misión por la mañana, 
por la tarde y en la noche, manifestando mucha reli- 
giosidad y gran deseo de aprovecharse de la palabra 
de Dios. En toda la Misión l.-lüá personas se acerca- 
ron á la sagrada mesa Eucarística, y 125 niños y ni- 
ñas, después de las debidas instrucciones, fueron aol- 
mitidos á toniar parte al divino banquete. Los ma- 
yordomos de las diferentes placitas algo retiradas de 
ía Parroquia se han comprometido á restablecer el re- 
zo público del Rosario de Maria SSma. todas los do- 
mingos y fiestas del año, según la antigua y religiosa 
costumbre del pueblo de Nuevo Méjico. Merecen ser 
señaladas las hermosas procesiones y renovación de 
las promesas del bautismo, hechas por estos nulos eu 
los Alamos, Hincón y Manuelitas. Los íVllgreses de 
la Parroquia del Sapelló quedarán por largo tiempo 
agradecidos al Señor Cura Antonio Fauchaigu por el 
gran beneficio que les ha procurado eu estos santos 
dias déla Misión." 

Mora. — {Comunicada) '"La carta del Sr. Vicario 
General, para convidar los fieles cristianos á auxiliar 
los necesitados de Taos, ha producido una viva exci- 
tación en la caridad de los Morenos para sus herma- 
nos los de Taos. El Sr. Cura de Mora tiene ya u'ia 
cantidad cons-iderable de trigo y de otros granos, pa- 
ra repartirla á los menesteres que se presentaren en 
Mora con una orden del Sr. Párroco de Taos. Ade- 
más sabemos que el Sr. Cura del Sapelló, con igual 
esmero y empeño, ha promovido una colectación ge- 
neral de animales y granos para ese mismo fin, esta- 
bleeiendo una comisión de los principales señores de 
la vecindad. No nos es conocido todavía el resulta- 
do total de estas colectaciones, pero por la viva ani- 
mación de caridad que hemos \vAo, podemos desde 
ahora prever un excelent ; éxito en esta obra de ca- 
ridad." 



TsaííS. — (Co'iininivado) "En Fernandez de Taos, á 
las 1\ de la tarde del dia 19 de este mes de Marzo 
falleció Dña. Teodora Beaubien de Müller á la edad 
de 06 años. El inmenso concurso de gente que asis- 
tieron á sus funerales atestiguó la alta estima que to- 
dos la tenían. Los pobres de este lugar hallaron siem- 
pre en ella un seguro y pronto auxilio en sus necesi- 
dades. La cruel enfermedad, que debía arrebatarla 
á la afección de estos y de su honorable familia, prin- 
cipió en Junio p. p., y todos los recursos de la ciencia 
fueron impotentes para atnjar su fatal progreso. Dña. 
Teodora Beaubien de Müller durante los largos me- 
ses de su enfermedad fué un modelo de resignación 
cristiana. Dios quiso probarla mas antes de su sali- 
da de este mundo, para hacerla digna de mayor coro- 
na en el cielo." ñl» Bo P. 

NOTICIAS NACIONALES. 



I']stiaí3«s íl'saLlo?^. — El Sr. Evarts, Secretario de 
Estado, ha enviado últimamente una circular á los 
Representantes de los Estados unidos en el extran- 
jero. Trátase de reunir una Conferencia internacional 
para determinar el valor relativo del oro y de la plata 
que se emplean para las monedas, y para que las na- 
ciones reconozcan la moneda de plata, adoptada por 
el Congreso. Esta reunión tendrá lugar en los seis 
meses próximos, sea en los Estad js ó eu Europa; pero 
el Sr. Evarts pide que á lo menos sean representadas 
y acepten tres potencias extranjeras. 

Las costumbres parlamentari as no parece que 
mejoran mucho en América con el trascurso de los 
años. Se citan unos escándalos verdaderamente inau- 
ditos como sucedidos en la Cámara de Washington. 
Entre otros, el Sr. Douglas, de Virginia, se entrega 
desde hace tiempo á unes escesos de embriaguez repug- 
nante. Poseído de la bebida se desmandaba contra 
los corresponsales de los periódicos; al principio sin 
mostrar ninguna hostilidad, después comenzó' á ame- 
nazarlos, finalmente llegó á muy lamentables hechos 
de violencia. Ha sido necesario acudir á la fuerza 
para echarlo de la Cámara, que deshonraba con su 
presencia. (Fropa-jalrAír üatholique.) 

C-olj5E*ia:Í56. — f Üomiinicado) El Jueves 1-i de Mar- 
zo 1878, 3tí celebraron en la Iglesia de Nuestra Seño- 
ra de Guadalupe, en Conejos, Col. solemnes funera- 
les por el descauso del alma del Papa Pío IX. La 
Iglesia estaba noblemente orn.ida de luto. Un majes- 
tuoso catafalco erigido en el medio de la Iglesia, eu 
rededor del cual so veían- emblemas é inscripciones 
conmemorativas do las 'virtudes y hazañas del inmor- 
tal Pontífice. A las 10 a. m. comenzó la función con 
el canto del Oficio do los difuntos. Los feligreses de 
esta Píirroquia jantaniHule con otros muchos de va- 
rios Condado:? 3' P.ivroquia^ acudieron en tanto nú- 
mero, que la Iglesia aunque grande estaba litera - 



168- 



mente atestada do geuto, y muclios tuvieron que que- 
dar fuera por falta de lugar. Con los católicos toma- 
ron parte muchos que no lo eran. Se juntaron tam- 
bién :í loB Sacerdotes de la Parroquia otros del Valle, 
todos en número de siete. Después del oficio, fué 
cantada la misa de Tící/titcnt por el liev. Tomás A. 
Ha jes, liaciendo de Diácono el Kev. Juan Brinker, 
de subdiácono el Eev. G. líavel S. J. y de maestro 
de Ceremonias el Eev. Jacobo Diamare S. J. Tam- 
l)icu asistia á la misa el llov. Norberto Garassu de la 
Costilla, y Julián Blancliot de Taos. Acabada la mi- 
sa el l\ev. Rafael Tummolo S. J. pronuncio una lier- 
mosa oración fúnebre. Por la tarde los señores se 
reunieron otra vez en la Iglesia; de allí salieron en 
procesión ])ara la casa de Corte. Precedían dos fúne- 
bres estandartes en los cuales se miraba el Blasón del 
difunto Papa; seguían los Señores en dos lineas y 
luego otros dos estandartes con grandes letreros en 
que se Itña: "Fio IX P. M." detrás venían los orado- 
res nombrados, los Rdos. Sacerdotes y otros dos es- 
tandartes en fin la música. La procesión onfcro tu la 
sala de Corte y se instaló la reunión, con el Hon. 
Antonio Ma. Vigil, nombrado Presidente, José B. 
Romero y Cresceucio Yaldés, Secretarios. El prime- 
ro explicó el fin de la reunión. Siguieron dos dis- 
cursos muy elocuentes, uno en Inglés por el Rev. To- 
más A. Hayes, otro en Castellano por el Rev. Jacobo 
Díauíare, S. J. También su Ex. L. Head, Teniente 
Gobernador y los llon. Celedonio Valdés, José Víc- 
tor García, y J. M. Alaríd, hablaron en honor del fi- 
nado Pío IX. La Comisión nombrada para pasar re- 
soluciones en honor del ilustre finado, se componía, 
de los Sres. D. A. Archuleta, Rev. J. Diamare S. J., 
J. V. García, J. F. Chacón, J. S. García, J. G. Martí- 
nez, J. M. Alaríd y Crescencío Valdés, que después 
de haberlas redactadas las presentaron y fueron vota- 
das únanímamente. Estas son las siguientes: Jit-solu- 
cioncs: — Considerando como el finado Sumo Pontífi- 
ce, Papa Pío IX, ha sido acreedor de la pública esti- 
mación y de la mas profunda veneración por sus vir- 
tudes privadas y públicas, por sus hechos gloriosos 
en favor de la Religión y de la moralidad, por los 
cuales bien ha merecido el nombre de Grande que 
ahora el mundo entero le atribuye: 

Considerando como el venerable finado se ha he- 
cho acreedor, de una manera especial, á la gratitud 
do todo el pueblo de los Estados Unidos, por los es- 
peciales favores hechoo á dicho pueblo y por el cui- 
dadoso desvelo, con que siempre miró por su bien, 
ya sea erigiendo en la Capital del Mundo Católico 
Colegios, para la educación de la juventud de Améri- 
ca, ya erigiendo en esfcos Estados, Vicariatos Apostó- 
licos, Obispados y Arzobispados, ya levantando por 
vez primera, al alto honor de la dignidad Cardenali- 
cia á un Arzobispo de estos Estados: 

Considuraudo, como el Sumo Pontífice, cuya muer- 
te deploramos, se ha hecho mas especialmente acree- 
dor á la m.as profunda gratitud de la Nación Mejica- 
no-Española de los Estados Unidos, enviando á ella 
numerosos y celosos misioneros, estableciendo pri- 
mero el Obispado de Santa Fé, luego los Vicariatos 
del Colorado y Arizona, 3' luego levantando la Dióce- 
sis de Santa Vv á la dignidad de Afzobispado: 

Considerando dichas cosas nosotros, católicos do la 
Parrocpiia de Nuestra Señora de Guadalupe, Conejos, 
del Vícariado apostólico do Colorado y ciudadanos 
do los Estados Unidos, reunidos en junta pública, re- 
solvemos: 

1ro. (¿nc nuestras expresiones de pesar por el falle- 
miento del invicto é inmortal pontífice Pío IX son un 
pequeño cumplimiento de la tíebida gratitud y vene- 



ración que nos ligará para siempre á la memoria de 
dicho Pontífice. 

2do. Que reconocemos bien debido al pontífice 
Pío IX por sus virtudes y por sus hechos gloriosos el 
Nombre de Gnindc, que en todo el mundo se le atri- 
buye, y por lo tanto nosotros lo saludamos y le salu- 
daremos para siempre, llamándole Pío IX el Grande. 

3ro. (^ue todas las manifestaciones para honrar y en- 
salzar la memoria del fallecido Papa las hicimos con 
el mas sincero empeño y la mas leal j^rontitud, per- 
suadidos que nuestros obsequios nunca igualarán el 
UK'ríto del ilustre Pió Nono el Grande. 

Acabada la reunión volvieron todos á la Iglesia en 
el mismo orden, donde el Rev. Jacobo Diamare dio 
públicas gracias y se despidió dándonos su bendición 
parroquial. 

Washhi^toii. — El Sr. Garlaud, Senador de Ar- 
kansas, presentó al Senado el ISJ de Marzo, el juicio 
de la comisión de negocios territoriales por el cual se 
declarase nulo el acto de Incorporación de los Jesuí- 
tas de Nuevo Méjico. Falta la líltíma lectura y la 
votación del Senado. El Delegado de Nuevo Méji- 
co introdujo el mismo en la Cámara de Representan- 
tes. Hasta ahora no nos han llegado ulteriores noti- 
cias. 

fjui.siana. — El Propayatcnr Catholitiuc de la Nue- 
va Orleans, en su número del 23 de Marzo, anuncia 
que esta ciudad "quedó sorprendida por una noticia 
que no aguardaba, en los primeros días de aquella 
semana; esto es, la absolución del Sr. Anderson que 
pertenecía á la famosa Oficina de Reportes. En el 
acto de acusación parece que habia una falta de for- 
malidades, y la Corte Suprema se ha visto obligada á 
anular la sentencia de la Corte inferior. Pero esta 
absolución, basada únicamente, lo repetimos, sobre 
una falta de formalidad, no perjudica en realidad, ni 
exonera de lante de la opinión pública al que fué a- 
cusado del crimen de que se le reprende." 

Tejas. — Hace ocho años dos señoras de bastante 
edad eran las únicas personas católicas en Corsícana, 
Texas. Al presente hay en el mismo lugar una con- 
gregación muy flereciente, una hermosa iglesia y un 
párroco residente que la aministra. 

NOTICIAS EXTRANJERAS. 



Koiiia. — Sacamos lo siguiente de una larga cor- 
respondencia enviada de Roma á la Caf/toUc Jíevieu: 

El próximo Jueves, 7 de Marzo, se comezarán las 
sesiones del Parlamento, y todos están ansiosos de 
oir el discurso de la Cufona, en el cual el Rey Hum- 
berto tendrá que decir algo acerca del Papa y de la 
presente situación. La semana pasada hubo una gran- 
de reunión de Republicanos y Radicales, con conoci- 
miento del Gobierno, cuyo objeto era una petición 
para la abolición de la ley de las pfetendidas garan- 
tías, que fueron dadas algunos años hace en favor del 
Papa, por cuyo vigor fué respetado y protegido el úl- 
timo Conclave, y la persona del Santo Padre es de- 
clarada superior á la ley común. Aunque estas ga- 
rantías no fuesen mas que una ridiculez y una mofa, 
con todo ahora es muy general la opinión de que 
presto ó tarde serán abrogadas, y el Papa y los Car- 
donales serán igualados á los mas vulgares ciudada- 
nos. Todos piensan que una crisis es inminente y que 
la revolución no sé parará en la mitad de su carrera. 
Esta misma tarde una Señora Americana, la Sra. 
Courad, que está aposentada en el Cor.so, quiso cele- 
brar la coronación del Papa, iluminando las ventanas 
de su casa con luces y faroles, según la antigua y 
tradicional costumbre de Roma. Hé aquí que una 



-159 



multitud de vell¡i,cos se reunió delante de la casa y 
con gritos desaforados comenzó á tirar piedras á las 
ventanas, quebrando los vidrios de las mismas. Esta 
es una de las tantas manifestaciones de la excitación 
y odio que existe, y que cada dia se hace mas ame- 
nazador, entre los liberales de cierta clase, y, hasta 
cierto punto, común á todos ellos. 

Su Eminencia el Cardenal McCloskey llegó junta- 
mente con el Padre Farley. Por supuesto, era ya muy 
tarde para tomar parte en el Conclave, aunque su via- 
je fuese de los mas rápidos, pues solo se dilataron ca- 
torce dias de Hueva York á Roma. A pesar del can- 
sancio del viaje, su Eminencia llegó el sábado en muy 
buena salud, y ha seguido muy bien todo este tiem- 
po. El dia después de su llegada fué á visitar al Pa- 
pa, que le dispensó una muy cordial recepción. Des- 
pués ha ido al Vaticano repetidas veces, y esta ma- 
ñana ha asistido á la coronación y Misa pontificial 
celebrada por el mismo Papa. Se hallaban presen- 
tes cerca de sesenta Cardenales y 200 entre Obispos 
y Prelados. 

I'^s'ííiactsí. — Por ahora los Republicanos llevan la 
ventaja en Francia. De 17 elecciones, que se han 
verificado en Marzo, 10 fueron para ellos, tres monár- 
quicas y una bonapartista, las tras que quedan no ha- 
bían tenido un resultado definitivo, y los republicanos 
tienen toda la probabilidad de ganar el escrutinio 
final. Esta situación ha producido una especie de 
revolución en el Senado. El núcleo de los constitu- 
cionales, que quedaban adictos á la monarquía, se ha 
dispersado, y la mayor parte se ha entregado al minis- 
terio y hecho alianza con el centro izquierdo, y últi- 
mamente ha procurado una verdadera victoria al 
ministerio Dnfaure, apoyando el pasaje de la ley sobre 
el estado de sitio. Hay algo mas grave todavía de lo 
que acabamos de decir, y es la tendencia que se mani- 
fiesta en las clases obreras de declararse en huelga, 
como hacia al fin del imperio, parando los trabajos y 
causando trastornos en la sociedad, lo que, lejos de 
disminuir aumenta la miseria. Otro efecto del repu- 
blicanismo, en las diferentes clases de la sociedad, es 
el motín que ha teni<fo efecto en muchas ciudades de 
Francia, especialmente en Avíñon, en el aniversario 
del 24 de Febrero. En esta ocasión no fué ya un Pre- 
fecto con uniforme, el que procuraba la represión, 
como en los dias del Imperio, sino que era un Prefec- 
to republicano, un fiel adicto de Gambetta, el Sr. 
Spuller en persona. De aquí se deduce que las ten- 
dencias son mas avanzadas de las del mismo Ganibe- 
tismo. [Propagafcnr Catlioliquc.) 

AlesBaaiaisío — El Conde Bruhl, noble católico de 
la Cámara Prusiana, en un reciente discurso dijo lo 
siguiente acerca de las condiciones de la Iglesia en 
ese país: "Señores, casi todos nuestros Obispos han 
sid(? expulsados de sus diócesis, pero sus diocesanos 
les son todavía tan adictos como si aquellos residie- 
ren aun entre ellos. Las penas infligidas han sido todas 
inritiles, pues los pueblos no tendrán otros obispos 
que los que tenían antes de las leyes de Mayo. Yo 
tengo mucha estimación de nuestro ejérc'.to, y él bien 
la merece; pero imaginaos este ejército privado por 
bastante tiempo, en la misma proporción, de sus co- 
mandantes generales, (cada uno de estos manda un 
cuerpo de cerca de 35,000 hombres en tiempo de guer- 
ra,) que yo comparo á nuestros Obispos, privado tam- 
bién de sus coronóles á los que comparo los párrocos, 
y decidme ¿quedará nuestro ejército por mucho tiem- 
po unido y formidable? Sin embargo la' Iglesia Cató- 
lica puede muy bien presentar este prodigio de valor. 
Os ruego, señores, tengáis mas consideración por la 
Iglesia católica." 

Tisi'^pda — La cuestión do oriente todavía no da 



á ver una solución clara y satisfactoria. De un lado 
los Rusos rodean completamente Constautínopla, y 
su entrada en la ciudad no añadiría mas que una for- 
■ malidad á los hechos ya cumplidos: por el otro Ingla- 
terra, que hasta ahora ha sido tan lenta en sus deter- 
minaciones, parece amenazar seriamente los planes 
de la Rusia. El Congreso todavía no se reúne, y qui- 
zás no se reunirá nunca. Entretanto la Inglaterra 
quiere discutir todo el tratado concluido entre la 
Rusia y la Turquía: el Czar se opone á ello; y sínem- 
bargo, siendo la Turquía un estado reconocido por 
las potencias, y que tiene su existencia en los trata- 
dos entre ellos, es muy justo que estos tengan que 
dar su parecer sobre los cambios que quieran verifi- 
carse. Las relaciones entre los dos gabinetes se ha- 
cen cada dia mas difíciles, y el tono de los periódicos 
de ambos lados mas insolente: hasta el Times, que 
siempre ha sido muy comedido, emboca la trompeta 
de guerra, y sostiene el gabinete de St. James. 

Sabrán ya los lectores que la Rusia, después de 
haber procurado sustraer por completo el tratado al 
examen de la Conferencia, había accedido en someter 
lo que perteneciese á los demás Estados do Europa; 
esto es muy poco ó nada. Inglaterra, probablemen- 
te sostenida por otras potencias, insistió que todo el 
tratado fuese sometido y discutido por los represen- 
tantes de las naciones. , Rusia condescendió, con la 
condición de que el Congreso escogiese los puntos, 
que él mismo resolvería. La Inglaterra se negó; pues 
el Congreso no tiene detecho de escoger unos artícu- 
los y desechar otros. En efecto, la Turquía, tal como 
existia, estaba basada sobre tratados, y por lo tanto 
no puede modificarse en lo mas mínimo sin el consen- 
timiento de los signatarios. Evidentemente la Ingla- 
terra tiene razón de sobra, pero el mal ha sido haber 
dejado que los acontecimientos se precipitasen dema- 
siado, lo que ofrece á la Rusia la ventaja de aumen- 
tar sus pretensiones, que ciertamente son una amena- 
za para toda la Europa. Sinembargo vale mas tarde 
que nunca: nosotros no podemos menos que aprobar 
las exigencias del gabinete inglés. Llegarán estas al- 
go tarde, serán quizás muy egoístas en su fondo; pe- 
ro no dejan por esto de ser muy justas, y llenas de 
muy halagüeñas esperanzas para la verdadera civili- 
zación. 

Entretanto la Inglaterra no es la sola nación inte- 
resada directa é inmediatamente en el arreglo de las 
dificultades que se hallan pendientes. También la 
posición de Austria se halla muy comprometida. Pe- 
ro esta, después de haber hecho mucho mas ruido 
que Inglaterra, desde el principio de la guerra, ahora 
baja su voz, comienza á dudar, y hasta parece hacer 
coro con la Alemania para reprimir la indignación de 
la Gran Bretaña. Le parece que débese aguardar que 
se celebre el Congreso antes de proferir ninguna ame- 
naza de guerra. 

No es nada difícil el conocer que la indecisión de 
estas dos potencias ha traído la presente situación, y 
que cada dia mas de tergiversación es una complica- 
ción ó un pehgro de mas. 

Todos están convenidos de que una acción enérgi- 
ca de parte de estas potencias concertadas entre sí, 
hubiera tenido en respeto la Rusia. (Profcijatevr 
CalJioIiqíie.) 

C'iaisBñ, — El Lomkm and Clina TeJojrapJi anuncia 
qué el hambre en el Norte de la China es espantosa. 
Se han establecido mercados regulares, para tratar la 
venta de loa niños destinados á la matanza ó á la 
prostitución. El Tttitcv de Londres dice que solo se 
reservan esos niños para la prostitución ó la esclavi- 
tud: en cualquiera de esos casos su suerte es muy de- 
plorable. 



100 



SECCIÓN llELIGIOSÁ. 

CALKXDAÍIIO UELKilOSO. 
AÍÍIIIL 7 13. 

7. Dnmtnrjo de Pasión. Snn Ejiifrinio, Obispo y Mártir, y sns 
Oc:np!íñoro3. 

8. Lhiics. Santa Conceaa, Múrtii-. Sun Dionisio, Obispo. 

9. Mirles. S:mta Mari;\, mujor de Clt'ofas, lieruuvna do la Viríícn 
Santísima. 

10. Miércoles. San Macario, Obispo. El santo Trofcta E.xeqTiiel. 

11. Jmvcs. San León, Pa, a, Conícsor, y Doctor. San Barsanufio, 
anacoreta. 

12. Vitrnex. La oonmcmoracion d3 los Dolores de María. San Ze- 
non. Obispo y Mártir. 

13. Sábado. San Hermenegildo, Mártir. San Justino el Filósofo, 
Mártir. 

S.\N HERMENEGILDO, MR. 

lIermoDPí!;¡ldo, liijo de Leovigildo Eej de los Go- 
do.s, fiK' convertido do la herejía ariiana'tí la fe cató- 
lica por la predicación de San Leandro, Obispo de 
Sevilla. Para hacerle volver á la herejía, Leovigildo 
su padre no dejó de echar mano de promesas ni ame- 
nazas. Pero, respondiéndole conr,tantemcnte el vale- 
roso mancebo que nutíca abandounria aquella fé que 
una vez habia conocido 8er la líuica j verdadera, em- 
bravecido su padre privóle del reino y de todo lo suyo; 
mas no consiguió con eso doblar el ánimo del invicto 
Hermenegildo. Arrojóle, pues, en un calabozo, aher- 
rojándole del cuello y manos. Entonces fué cuando 
el heroico joven empezó á despreciar el reino terreno, 
y arder en encendidos deseos del celestial. Llegaba la 
fiesta de Pascua. En el silencio de la noche, penetra 
en la horrorosa corcel un pérfido Obispo arriano, y 
llevando en las manos una hostia, anuncia al real pri- 
sionero que le restituirá en gracia do su padre si re- 
cibe la sacrilega especie consagrada. Horrorizóse 
Hermenegildo; afeó al insolente hereje su impiedad y 
atrevimiento, y le arrojó de su presencia, declarando 
resaeltanieute que moriría católico. Informado de 
ello Leovigildo, entró en una furiosa cólera, y en el 
mismo punto mandó á algunos soldados de su guar- 
dia que fuesen á quitarle la vida. Entraron los" bár- 
baros en el calabozo, y encontrando al santo príncipe 
puesto de rodillas en fervorosa oración, con una ha- 
cha le abrieron L". cabeza y le dejaron muerto en el 
suelo. Al punto manifestó ])ios la gloria del santo 
mártir, así cou músicas celestiales que .se oyeron por 
toda aquella noche al rededor del santo cuerpo, como 
con celestiales luces que iluminaron toda la prisión. 
Leovigildo sintió vivísimamente haberse dejado lle- 
var do su furor; conoció la verdad de la religión cató- 
lica; pero no la abrazó, pudiendo mas con él la ambi- 
ción del reino. (Convirtióse, al contrario, líecaredo, 
hermano de Hermenegildo, y su conversión acarreó 
la do toda la nación de los Godos de España. 



REVISTA CONTEMPOKANEA. 

Aquella hoja de papel (pie, con el título de Re- 
vista Evangélica, sale todos los iiie.?es á divertir- 
nos 0011 sus priiiipirolaihis, y sus innuiaticos ar- 
ranques de C(ílera contra la santa iglesia, pre- 
guntó una vez (y no sal)e Incer otra cosa mas 
que disparatar y jireo-untar) "cuantas Biblias 
han sido circuladas entre el pueblo ile Nuevo 
M<^'jieo |)or el sac(Mdocio Iloinano ó con su apro- 



bación." Can^ados estábamos de contestar 
directamente á la gran preguntona. Cien contes- 
taciones le habíamos dado, ora en unos cuantos 
párrafos, ora en artículos bastante largos; yaba- 
jo forma de cartas, ya de diálogos familiares. 
Tolo lo echó cu saco r©to la. buena Evangélica. 
Si es que tuviera, por algún infortunio, los oidos 
cerrados, ó que, por otro infortunio mayor, no 
hallara qué replicar, sábelo ella; lo cierto es que 
nunca volvid tí la carga. Solo cuando, can.^ados, 
como dejamos diclio, de conte.^tar directamente, 
dimos una respuesta indirecta, tuvimos por fin 
el consuelo (¡y qué gi'ande!) de ver la evangélica 
preguntona hacerse cargo de aquella rcsiiuesta, 
y replicar. A la susodicha pregunta de "¿Cuan- 
tas Jjiblias lian sido circuladas entre el pueblo de 
Nuevo Méjico por el Sacerdocio Romano ó con 
su aprobación"'? nosotros repusimos indirecta- 
mente que nos dijera antes la cliiquirridna guapa, 
cuántas Biblias hizo circukir San Pedro, 6 San 
Pablo, ó San Bartolomé, ó algún otro de los A- 
pdstoles. Respondió In. guapa: pero, como que 
era chiquiíritina, dio en el lazo (]ue le tendimos, 
como verán los lectores en el diáloao de este 
número sobre la Distrihurinn de Biblias. 



-►— »<3>-»— 4- 



p]n la sola primera página del Svn de Nueva 
York, No. 25 de Marzo, hállase una relación 
mas () menos extensa de los siguientes hechos: 
Mrs. Lucy Day, mujer decrépita, de 80 años, es 
inhumanamente muerta por su propia hija — 
John "Wallace confiesa su delito, y el j;opulacho 
armado le quita á los oficiales de la justicia y lo 
ahorca — Cuatro personas ai-restadas jior hurto de 
bonos de los Estados Unicí^s — Un cajero y otro 
empleado son acometidos violentamente por des 
salteadíH'cs, derribados al sucio, y robados de 
$3,700 pesos, en la calle pública y en pleno dia 
— El oficial de justicia M'Davitt revienta un ojo 
á un preso y a¡)iiléale brutalmente— Fraudes ele 
correo, en los (pie anda enredado el senador 
Dorsey — -James Kelly recibe dos ¡iuñaladas cu 
un tendejón — Mrs. Ide, maltratada por su mari- 
do, toma un fu.<il, lo ajiliía á la cabeza de Ide, 
mientra? este dncriue y le mata — ¿.Serán esos los 
frutos de la educación exenta de todas trabas 
religiosas? 



Falleció en Itaüa el Conde Federico Sclopis; 
y con él se extinguió otra de aqiudlas verdade- 
ras grandezas, (pie este siglo heredó de su ante- 
rior, y cuyo prototipo apenas ya se reproduce 
en esta nuestra edad; tan fecunda cu grandes 
inlamias, y en mas grandes imposturas. Cinco 
meses ha la Rcvisia Católica hallaba en sus co- 
legas europeos, y refci'ia á sus lectores los elo- 
gios tributados á a(piel hombre superior á su 
siglo, cuando repelía, en medio de tanta incredu- 



-161 



lidad, la sublime sentencia del Apóstol: No me 
avergüenzo del jEvangelio. No mentaremos otra 
vez su excelsa virtud, ni las cualidades que le 
adornaron cual profundo estadista, escritor sa- 
gaz, jurisperito integérrimo. Los Americanos, 
que le apreciaron en lo justo, en el arbitrado del 
Alahama, y le manifestaron su gratitud con es- 
pléndidos dones, no pueden haberle olvidado tan 
presto. Diremos empero que el conde Sclopis, 
si bien fiel á su Rey, nunca entrd en la obra 
de iniquidad, llevada adelante por su gobierno, 
y consumada con la sacrilega usurpación de 
Roma. Habiendo sido uno délos autores del Es- 
tatuto Fundamental del Reino del Piaraonte, 
sintid en el alma su violación, cuando fué despo- 
jado el Clero, fueron suprimidas las Ordenes 
Religiosas, etc. Con todo, el espíritu de impar- 
cialidad que le animaba, y su afabilidad y no- 
bleza no le hicieron perder jamás punto alguno 
del respeto y estima en que le tenian los Italia- 
nos de todos los partidos. Murió á la venerable 
edad de ochenta años. 



En un Comunicado, recibido del Condado de 
Lincoln, se nos remite la Proclamación echada 
por el Sr. Gobernador ¡í su llegada ú aquellos 
parajes, con algunas reflexiones que se refieren 
al primer artículo de la misma Proclamación. 
Daremos, pues, la parte de la proclamación que 
sea necesaria, las reflexiones del Comunicado, y 
una sola nuestra. 

"Proclamación'. — A los Ciudadanos del Con- 
dado de Lincoln. La trastornada condición de las 
cosas en la capital del Condado me hace venir 
al Condado de Lincoln á esta sazón. Mi único 
objeto es a^^udar á los buenos ciudadanos á sos- 
tener las leyes y mantener la paz. A fin de que 
todos puedan obrar con inteligencia, es impor- 
tante que los hechos siguientes sean claramente 
entendidos: 

■'1ro. El nombramiento de John B. Wilson 
como Juez de Paz, hecho por los Comisionados 
de Condado, fué ilegal y nulo, y nulos fueron to- 
dos los procesos que emanaron de é!; y el dicho 
Wilson no tiene autoridad ninguna de funcionar 
como Juez de Paz." 

Relativamente á este primer artículo dice el 
Cemunicado: 

"Pues bien, si el nombramiento de Wilson no 
fué legal, ¿porqué no fué anulado por el Grober- 
nador Axtell antes del 9 de Marzo 1878, siendo 
que, por mas de un año antes de esa fecha, exis- 
tia en el Ejecutivo una copia de aquel nombra- 
miento, y del juramento de oficio tomado por el 
mismo Wilson? "El dicho Wilson,]' después de 
su nombramiento, remitió una vez el Agente de 
Pensiones de St. Louis al Despacho del Ejecuti- 
vo de Santa Fé, para averiguar si él (Wilson) 
era Juez legal, ó no; y, no habiendo recibido, 



hasta el 9 de Marzo de 1878, ni de parte del 
Gobernador ni de cualquiera otra parte, notifi- 
cación ninguna de que no era Juez legal, este 
acto del Gobernador es very ihinJ'' 

Tal es el Comunicado. Nosotros dejaremos el 
asunto al juicio de los mas entendidos. Paréce- 
nos, sin embargo, que la anulación, ó la declara- 
ción de nulidad del nombramiento del Juez Wil- 
son, no podia acarrear consigo la anulación de 
"todos los procesos que emanaron de él." Para 
una invalidación semejante es preciso, según 
los principios generales de la justicia, que el fun- 
cionario público haya ocupado y ejercitado su 
empleo malafide, y que como tal haya sido reco- 
nocido. Aquí, al contrario, se trata de un Juez, 
que queda en su oficio "por mas de un año," se- 
gún todas las apariencias, honajide; y ningún 
otro es nombrado en su lugar, durante todo este 
tiempo; ¿cómo, pues, se anulan todos sus actos? 
Esto no es componer "la trastornada condición 
de las cosas," sino revolverlas y perturbarlas 
aun mas de lo que estaban. LTn Juez de Paz de- 
be haberlo en la comunidad; esta no puede que- 
darse sin la administración de la justicia. Su- 
puesto, pues, aun que quien la administra no 
tenga título legal; si, con todo, es reconocido, 
como el único y solo que posea tal título, aun- 
que sea por error, sus actos no pueden ser inva- 
lidados. Toca en este caso á la autoridad supe- 
rior suplir á la falta de validez; admitir como vá- 
lido, en fuerza de su poder superior, lo que en 
realidad no lo fuera. Y esto, no en gracia del 
funcionario ilegal, sino de la comunidad, (|ue de 
lo contrario quedarla sumida en un horrible des- 
barahuste. ¿Por ventura necesita de estas lec- 
ciones elementales del derecho común el Gober- 
nador de Nuevo Méjico? 



Leyes de Matrimonio. 



Acabaremos el examen sobre el Mensaje de 
Veto del Sr. Axtell acerca de las le^^es de ma- 
trimonio, diciendo pocas palabras de las razones 
que él aducia. Por una parte no queremos dife- 
rirlo mas, y por otra la mucha materia que tene- 
mos en las manos no nos permite ser muy pro- 
lijos. Además de la ley de Moisés j de la Igle- 
sia, el Si. Gobernador queria hacer valer otras 
razones mas especiosas que reales, para prohi- 
bir, por ley civil, los matrimonios en segundo 
grado de linea colateral. Estas otras razones 
prueban aun menos que las primeras. 

Hé aquí una de sanidad. Los que nacen de 
esos matrimonios entre parientes, se dice que 
son de condiciones sanitarias muy inferiores á 
los que se originan de los otros. El argumento, 
puesto en forma dialéctica, seria este: Estos ma- 
trimonios son nocivos á la sanidad de la prole; 
luego se deben prohibir por ley civil, No nos 



162- 



dctcudreiiios on cxaniiiiai- el aníccedcntc; f{nc- 
rcinos concederlo en (oda su amplitud; pero ne- 
gamos absoiutanieule la consecuencia. 

No basta un píx'texto tan especioso como el 
de la salud de la j)roie, para que la autoridad 
civil pueda intervenir en asuntos de matrimo- 
nio, ni otros tales de familia, y disponer las co- 
sas á su parecer. O sino la libertad individual 
se reducirla á una j)nra palabra, y seríamos 
realmente esclavizados en todas las cosas, y car- 
gados con un peso insoportable de leyes absur- 
das y ridiculas. Sin salir de materia, aquí va 
otro ejemplo. La salud de la prole puede ser 
también perjudicada muy mucho por enferme- 
dades hereditarias del padre y de la madre; 
luego, si valieran las teorías axtelianas, se pu- 
diera igualmente prohibir el matrimonio á 
cuantos hombres y mujeres sufren de tales en- 
fermedades, ó á lo menos no permitírselo sino 
después que se han presentado á una comisión 
de médicos, y han sido sometidos ú un riguroso 
examen facultativo, y alcanzado un tal cual cer- 
tüicado de buena salud. La salud de la prole 
depende además de muchas otras condiciones 
físicas, higiénicas, domésticas, conyugales y mo- 
rales; por lo tanto la autoridad civil tendría que 
encargarse de la agradable tarea de examinar- 
las todas, y redactar un voluminoso cúdigo, 
para asegurar lo mas que sea posible la buena 
salud de la prole. Teorías son estas, como se 
echa de ver, no menos absurdas que ridiculas, y 
seria necedad hacerse cargo de ellas. El pretex- 
to, pues, del Sr. Axtell para prohibir con ley 
civil los matrimonios, de que tratamos, por razón 
de la salud de la prole, no vale un comino. Los 
(jue piensan en casarse, si quieren obrar pruden- 
temente, harán bien de tener presente la salud 
de los hijos, lo mismo que otras razones seme- 
jantes, como su condición, edad, recursos, etc.; 
pero quedan siempre libres de determinarse á lo 
que quisieren, y jamás la autoridad civil podrá 
hacer valer tales razones como motivos sulicien- 
tes para una materia jurídica de leyes. 

Siendo este un princii)io muy fecundo en mu- 
chas importantes consecuencias, lo aclai'arcmos 
aun mas. La razón última por la (pie la autori- 
dad civil no puede hacer valer estos pretextos 
de ¡a salud, ni cuahiuicra otro bien de la pi'oie, 
68 que lio tiene de por sí, ningún deiHM'ho ni 
deber sobre ella, no solamente antes (pie venga 
á la luz, sino .tam])oco después. No lo tiene an- 
tes por la sencilhi razón de (pie todavía no exis- 
te la prole; ni lo (¡ene después por la otra igual- 
nieiite sencilla razón de (|ne hvs niños no son ib> 
la ¡misdiccioii di> la autoridad ci\'il. Kilos son 
primero propií'dad d(> la familia, después suya 
jiropia de sí mismos. Del hMado. tales cuales 
son, serán algún dia (pie otro parle, pero jamás 
|>ropiedad. No es el Estado (pie forma ;í los 
hombres, siíjQ Iq.s jioinbres (juc forman al Esta- 



do, ^lientras, pues, los hombres son niños, es- 
tán fuera de toda jurisdicción del Estado, aun- 
que sea para procurarles directamente algún 
bien. 

Pero en el caso que consideramos la dificul- 
tad es todavía mas grande, porque, so pretexto 
de procurar un bien especioso de la prole, se 
violan los derechos de 'ibertad de otros. En 
efecto el matrimonio está igualmente fuera de la 
competencia de la autoridad civil: es un negocio 
en el que ella no puede intervenir: lo contrario 
es abuso de poder. Lo hemos dicho y repetido 
muchas veces y probado hasta la evidencia, sea 
por escrito, sea de viva voz, en presencia del 
mismo Sr. Axtell, en un discurso de matrimonio 
al cual él asistía. Quizás, no entendiendo el len- 
guaje, el gobernador no pudo hacerse cargo de 
las cosas. p]l matrimonio es" asunto puesto en- 
teramente fuera de la jurisdicción civil: una 
atribución esencialmente individual, doméstica 
}'■ religiosa. La autoridad civil no tiene mas de- 
recho y deber que el de sostener las leyes á las 
que el matrimonio mismo de suyo está sujeto; y 
por lo demás, tenerse de lado, y recibirlo cual 
está hecho por quienes deben y pueden. Si esta 
doctrina no agrada, no es razón para que sea 
falsa. Ahora bien, si el Estado no tiene propia- 
mente poder para legislar ni sobre el matrimo- 
nio, ni sobre los hijos, será solo un abuso de po- 
der insufrible el (¡ue lo quiera hacer. Ningún 
pretexto, ninguna razón podrá justilicar su in- 
tervención para coartar la libertad de quienes 
no puede, á fin de favorecer á quienes no le im- 
porta. 

Otra razón alegaba el Sr. Axtell, y era la 
])ráctica da las naciones cristianas que en todos 
tiem[)os han prohibido con leyes civiles los ma- 
trimonios de que nos ocupamos. Tampoco resis- 
te el examen este argumento. Las naciones cris- 
tianas legislaron sobre el matrimonio, ya porque, 
lirofcsando el catolicismo, sometian sus propias 
leyes á las leyes de la Iglesia, á las (jue presta- 
ban su apoyo secular; ya por(jue, profesando 
otra religión, se atribuyeron la jurisdicción en 
materias eclesiásticas, como prcrogativa del su- 
premo dominio. Pero las condiciones del gobier- 
no de los Estados Unidos son muy diferentes, 
son precisamente contrarias á las dejos demás 
gobiernos. El gobierno de esta nación prescinde 
de toda religión de estado; por una parte no se 
sujeta á ninguna autoridad de la Iglesia, y por 
la otra no se arroga tanijioco ninguna prcroga- 
tiva de jurisdicción eclesiástica. 

I*or lo (pie hemos dicho en oti"o lugar, la prác- 
tica do prohibir estos matrimonios en segundo 
grado de lincTi colateral, como en algunos mas, 
es pi'opia y exclusiva del derecho de la Iglesia 
Cato'lica, en cuanto, siendo ella la verdadera 
Iglesia de .1. C. ella sola puede, con la autori- 
dad recibida, prohibir por ley eclesiástica esos 



-lf>3- 



matriiiionios por sí lícitos, y disjiciisai' en ellos 
en c;i5o.s pai-ticiilares. La autoridad civil no 
puede hacer lo mismo, inde[)endientemente de 
la Igle.~i;i., por la grande razón de que los matri- 
monios csta'n fuera de la competencia del Esta- 
rlo, cn}a acción se cifra en apoyar las leyes na- 
turales, divinas y eclysiásticas que regulan los 
matrimonios, según las condiciones en que cada 
nación se encuentra. Desde que las naciones 
SQ convirtieron á la religión de J. C. y recono- 
cieron la autoridad de la Iglesia, las leyes civi- 
les se fueron conformando con las leyes de la 
Iglesia, y, por lo que toca á los matrimonios, 
prohibieron lo que ella prohibe, dispensando lo 
que ella dispensa en canos particulares. Tal fué 
la conducta de todas las naciones mientras que- 
daron Católicas, por siglos y siglos, y tal sigue 
siendo donde no íuibo apostasía. Allí la práctica 
de que hablamos es considerada cual atribución 
esencialmente eclesiástica. 

Eclesiástica es considerada también en los Es- 
tados que, habiéndose separado de la Iglesia, 
conservaron sin embargo algún principio, idea ó 
forma de religión. Hay no obstante una dife- 
rencia entre estos Estados y los Catdlicos, y es 
que en ellos el gobierno civil cree que ha suce- 
dido á la autoridad de la Iglesia, y por lo mis- 
mo se halla investido de la jurisdicción eclesiás- 
tica. Pero siempre las materias religiosas, como 
los asuntos de matrimonios, son considerados 
como uistintas de las matci'ias meramente civi- 
les, pertenecientes á una jurisdicción distinta, á 
fueros distintos, en una palabra á la administra- 
ción de la religión del Estado, confiada en parte 
ó en todo á personas de la Iglesia. Así, en In- 
glaterra, , tienen esta autoridad los obispos an- 
glicanos presididos por su Primado, el Arzobis- 
.po de Canterbur3\ Pista institución como otras 
semejantes, son las que forman; en los paiscs se- 
parados de la Iglesia, la jurisdicción, la adminis- 
tración, el fuero eclesiástico, aunque debajo de 
la dependencia del gobierno. A. ellas se refieren 
las causas matrimoniales; y en Inglaterra se acu- 
de al Arzobispo Anglicano de Canterbury para 
las dispensas. Por lo tanto, también en estos 
paises aquellas causas son consideradas como 
atribuciones eclesiásticas, pertenecientes antes á 
la Iglesia Católica, y ahora ¡propias de ¡a Iglesia 
profesada por el gobierno. 

En los Estados L^nidos estamos fuera de uno 
y otro caso.; Aquí el (lobicrno y la Constitu- 
ción prescinden de toda religión, no se sujetan á 
ninguna Iglesia; no se atribuyen ninguna juris- 
dicción eclesiástica. ¿A qué viene, pues, el ejem- 
plo de otras naciones para legislar sobre matri- 
monios? Las otras naciones ci'istianas se hallan 
en condiciones enteramente diferentes de las 
nuestras. 

De todo lo que precede, deducimos los prin- 
cipios para responder al último argumento que 



presentaba el Sr. Axtell, sacado de la condición 
especial de esta nación y gobierno con respecto 
á la religión. ¿Cuál es esta condición? Es que en 
tanta mezcla de religiones y sectas, el gobierno 
no profesa ninguna, pero garantiza la mas com- 
pleta- libertad para todas. De este principio 
nuestro Gobernador qneria deducir que la auto- 
ridad civil, prescindiendo de las leyes de reli- 
giones y sectas, puede y debe por regla general 
proveer á todo con leyes civiles y comunes, y 
que en el caso que nos ocupa, debia y podia de- 
terminar los grados permitidos ó prohibidos 
para contraer matrimonios en este Territorio, 
indistintam.ente á todos, Católicos ó Protestan- 
tes, incrédulos ó judíos. Pero nos parece que 
de ese mismo principio se debe sacar mas bien 
todo lo contrario de lo que su Excelencia afirma. 

En efecto, el Gobierno, con no profesar nin- 
guna religión, da á entender que de su parte 
quiere mantenerse en los estrictos límites de 
cosas civiles, y, con garantizar la mas absoluta 
libertad de todos los cultos, proclama altamente 
que reconoce en todos el derecho de arreglar 
sus materias religiosas según á cada uno pare- 
ciere, entendido siempre que no se opongan á 
las leyes generales d(í los Estados Unidos. En 
las materias, pues, puramente civiles, el gobier- 
no puede y debe proveer á todo con leyes pro- 
pias y comunes, en las otras no lo puede, ni lo 
debe por no oponerse á las diferentes y especia- 
les de las denominaciones religiosas. Cuando 
pues, los límites de las cosas civiles y de las re- 
lio-iosas son exactamente determinados no debe 
haber dificultad ninguna, pero en las materias 
mixtas, como son los asuntos matrimoniales, en- 
tonces se originan las cuestiones: la autoridad 
civil queriendo invadir todo, aun donde ostenta 
y proclama principios de tan amplia libertad. 

De esta naturaleza es el caso ó la cuestión 
presente: si la autoridad civil, tal como se halla 
constituida en los E. U., puede establecer impe- 
dimentos en los matrimonios, y cuáles sean 
estos. Entiéndase bien lo que queremos signi- 
licar por esta palabra establecer, respecto de la 
autoridad civil. Hay unos impedimentos natu- 
rales y otros positivos, según que se derivan de 
la naturaleza misma del matrimonio, ó de las 
leyes positivas de Dios y de la Iglesia. Cuando 
decimos que la autoridad civil establece impedi- 
mentos, no entendemos sino que afirme, apoye y 
sostenga con ley civil los impedimentos puestos 
por ley natura!, divina ó eclesiástica. No te- 
niendo propiamente la autoridad civil nada que 
ver con el matrimonio, no le incumbe mas de- 
ber, y no le corresponde mas derecho que de 
prestar su apoyo á las leyes que esencialmente 
regulan el matrimonio. Luego [¡or regla general 
la autoridad civil puede y debe establecer aque- 
llos impedimentos que corresponden á las con- 
diciones en que se halla respecto á la religión, 



-164 



La condición de los E. U. es la mas sencilla; su 
gobierno y constitución se han puesto en un ter- 
reno puramente natural. El prescinde de toda 
ley d religión positiva, y se ciñe á los solos prin- 
cipios naturales, no pudiendo prescindir de es- 
tos, por originarse de las esencias mismas de las 
cosas y de sus relaciones intrínsecas. En tales 
condiciones pues, todo derecho y deber del go*- 
bierno será permitir y prohibir lo que la ley na- 
tural Dcrmito y prohibe, [)or ej. acerca de las 
condiciones é impedimentos del matrimonio. No 
podrá alterar su esencia ó íntimas razones, por- 
que el matrimonio, aun como cosa [)uramente 
natural está fuera de su competencia; pero po- 
drá y deberá establecer lo que la le}' natural ha 
establecido, prohibiendo lo que ella prohibe y 
l)ermitiendo lo (jue ella permite. La ley natural 
j)or cj. proliibe la poliandria, la. poligamia, el 
divorcio, los matrimonios de parientes en linca 
recta, y si se quiere hasta los de primer grado 
en linea colateral. Luego la Ic}' civil de los I^]s- 
tados los puede y los debe prohibir, y seria un 
desurden si no lo hiciera. Por ley natural al 
revés son libres y permitidos los matrimonios 
de segundo grado en linea colateral, igual 6 
desigual. Luego pueden y deben ser libres y 
})ermitidos por ley civil de los Estados, la que 
no reconoce sino la ley natural, y seria un des- 
orden si los quisiera prohibir. 

Las otras naciones que además de la ley na- 
tural, reconocen la divina y la eclesiástica, cual- 
quiera que sea esta, se halhm en otras condicio- 
nes: pues tienen derecho y deber de sostener 
aun los demás impedimentos que esas otras 
leyes establecen. Pero el gobierno de los Esta- 
dos Unidos no puede, ni debe, sin faltar á su 
propia constitución y á los derechos de los de- 
más: á su constitución porque se colocó en el 
terreno puramente natural: á los derechos de los 
demás porque les garantizó el libre ejercicio de 
su religión. Estos impedimentos son unos asun- 
tos de religión, sino pura todos, siípiier» para 
muchos; pues el gobierno que prescinde de reli- 
gión, prescinda de ellos, y si deja libertad á las 
religiones, se la deje ¡¡ara cuidar de los mismos. 
Queriendo el gobierno dar leyes en e.^la ma- 
teria, saldría de su condición y terreno, viola ria 
los sentimientos y los dert'chos de los ciuilada- 
nos en materias (]ue nos garantiza como übre.^., 
y tan delicadas como son las convicciínies re- 
ligiosas. No vale (pie con estas leyes, no violara 
sino el derecho de alguno?, porque en principio 
violara el derecho de todos, la. lUx'rtad (mi ma- 
teria de religión gni'nntizada á todos. .Manti'n- 
ga.se pues el gobierno en los límites (¡ue se ha 
prescrito de cosas puramente naturales; y por lo 
(|iie loca al matrimonio, confc'rmí'se en todo y 
por todo á lo (jue determina la ley natural: .•^us 
leyes serán justas, comunes y aplJcaMcs indis- 
tin lamen te á tollos. 



Y para acabar por donde hemos principiado, 
el gobierno de los Retados Unidos no vio posi- 
ble 6 fácil tomar otra medida, entre la muche- 
dumbre y diversidad de tantos cultos y sectas ú 
que pertenecen sus ciudadanos, que los solos y 
primeros principios de ley natural, para un fun- 
damento de leyes comunes indistintamente á 
todos. Keílexione i)ues el Sr. .Axtell que los 
principios fundamentales del gobierno, invoca- 
dos por él, están muy lejos de favorecer su opi- 
nión, y al contrario sostienen la nuestra, y qife 
lo que él insinuaba como conforme á la Consti- 
tución en realidad es contrario á la misma. 

El desorden de que el gobierno saliera de su 
esfera y se metiera en la religiosa, se hizo como 
palpable en la persona del Sr. Axtell. Hemos 
oido á un gobernador de un Territorio de los 
Estados Unidos, en un público mensaje á la le- 
gislatura, hablar como teo'logo, canonista y mo- 
ralista. LTna opinión que implica cuestiones ex- 
trañas á la constitución, por lo mismo le debe 
ser extraña: como al revés, nosotros estamos en 
derecho muy legal de rechazarla sin apelar 
mas que á la constitución. Con todo se acusa á 
los Cato'iicos y especialmente á los sacerdotes 
de serle contrarios y enemigos. 

Quisiéramos que aunque un poco difíciles es- 
tas materias, todos se hicieran cargo de ellas, 
es[)ecialmente los que á su tiempo sean elegidos 
para la nueva legislatura, á ün de que aunque 
tarde hagan justicia á la religión no menos que 
á la constitución. No somos los Católicos los 
adversarios de esta, sino nuestros enemigos que 
á pesar de ella quisieran despojarnos de nues- 
tros derechos; lo.s católicos lejos de combatir 
esta libertad, que se debe especialmente á ellos, 
serán lus primeros y mas sinceros en defenderla; 
pues ella les basta para sostener sus derechos. 



La Distribución de Biblias. 



Don Juan. Yd. Señor Cura, dice (]ue es falso 
(pie vuestra Iglesia papista prohibe al j)ueblo le- 
er la Biblia. 

]\ Centellas. Falso; tan falso, como (pie cae a- 
gua y no hace lodo. 

— Pues, dígame entonces; si no prohibís leer 
la Biblia, ¿porqué no la hacéis circular entre el 
pueblo, como lo hacen todos los ministros del E- 
vangelio ¡ntro? 

— Oiga, 1). Juan: dos cosas le contestaré. La 
primera (]ue su ra/oiiamiento de Yd. se aseme- 
ja á un i)()l)re hotnbre á (piien le hayan quebra- 
do una |)iiM'na: cojea, (pie casi se viene al suelo. 
¿Por venlui'a proliibe leer la Bit)lia el (pie no la 
distribuye? Eso es como si me dijera Yd. (pie 
yo le prohibo comer, por(pie no le convido á mi 
mesa. Coma eidiorabuena desde la madrugada 
hasta la noche: pero, no diga (pie yo se lo pro-; 



-165 



mmm^B^ ^ -rgt u mma . » "í^m '^ u ■ 



■■« g l *> «L tg ^ J 



Ilibo, si á mí lio inc da el uoi[)C para convidarle 
á cüni;M' eotnnigo. 

— iv-o es harina de otro costal, Sr. Cura. ¿Qué 
tiene que ver el convidarme á su mesa, á mí, ó 
á cualquier otro, con el distribuir Biblias? Yd. 
no esl.í ubüfxado á convidar a' la gente; pero, sí, 
lo está á distribuir Biblias. 

—¿De vcrns? Pues no lo sabia yo. ¿Y jiodria 
Yd. liccirnie porque? ¿üe dónde sale esa obliga- 



ción 



— ÍI<);iil)re! de su ministerio, Sr. Cura; de su 
ministerio, Vosotros confesáis que las Sagradas 
Escriíuras son la palabra de Dios, y os figuráis 
además ser "un santo sacerdocio que pretenden 
ser los únicos representantes de losapostoles'X*). 
Pues ¿cuál es vuestro ministerio sino dispensar al 
pueblo la [)alabra de Dios? ¿Y como cumj)lís con 
este ministerio? ¿Cuántas Biblias han sido dis- 
tribuidas por vosotros entre el [)neblo? 

— De modo (|ue, para dispensar la palabra de 
Dios, es menester, según entiendo, cargar de I>i- 
blias un par do muías, y luego echar por esos 
cerros y trigos distribuyendo el libro santo en- 
tre cuantos sabios ó botarates se encuentran por 
el camino. Nuevo género de apostolado es ese. 
Dígame Yd. D. Juan, y con eso voy á la segun- 
da cosa que le prometí contestar, si se acuerda: 
dígame, pues, cuántas ]jn)1ias puso en circula- 
ción S. Pedro, o' S. Pablo, 6 cualquiera otro de 
los Santos Apóstoles del Señor, y luego le diré 
yo cuántas han i-cpartido los Curas Papistas. 

— Ja! ja! ja! ja! ¡Cuántas Biblias ¡¡uso en cir- 
culación San i*edro, 6 San Pablo! ¡Yaya una 
pregunta! "Ni una," Padre Cura. "Mi respues- 
ta es esplicita y candida. Ni una. Y ahora se- 
guiré a dar la razón por que no lo hicieroji. Kn 
los dias de los apostóles no ex istia una Biblia.'' 

— ¡Válgame San Ro(]ue! ¿No existia una Bi- 
blia? Pues ¿de dónde salió esc libro? ¿Q.uién lo 
inventó? Si dice Yd. que no existia el Nuevo 
Testamento, ó, mejor dicho, todos sus libros; es- 
tá bueno; pero ¡que "no existia una Biblia!' 

— \\. la porra las sofisterías! ¿Es posible que 
no pueda yo desplegarla boca, sin quede repen- 
te salte Yd. con uno de sus chismes? "Una Bi- 
blia es un libro empastado é impreso." 

• — ¡Definición per gonís proxinruai et dijferrn- 
tiam ultimam! ¡Ja! ja! ja! ja! Déjeme reir, D. 
Juan, ó sino i'cviento. ¡"Una Biblia es un libro"! 
Sí; no hay duda. ¡"Empastado ó impreso''! ¡Oh! 
D. Juan! esta es una herejía. Porque entonces 
todo libro "empastado é impreso," aun Don Qui- 
jote ó Gil Blas, seria una Biblia; y, al revés, un 
volumen de la palabra de Dios, copiada á mano 
en hojas sueltas, ó en un rollo de pergamino, no 
seria una Biblia. 

— Es que Yd. no quiere entenderme; eso es. 
Lo que yo quiero decir es que "en los dias de 

(*) Estas píilalji'íis, lo mismo quo tocias las demás que se hallan 
entre comillan, suu de la Bciisla Evaiujélica, con mik juismas ele- 
cancias, acentos, comas, y puntos. 



los apostóles y por muchos siglos después (oda 
literatura era manuscrita y no existia en otra for- 
ma y los libros de aquellas edades eran grandes 
rollos de manuscrito como los mapas de pared de 
nuestros dias y estas eran escasas y costosas. 
Era un trabajo inmenso copiar una historia ó una 

[)oema ó" 

■ "i'Ti! ji! ji! ji! ■ 

— ¡Y se rie! ¡ca-ramba! Pero, se ha empeña- 
do Yd. en hacerme salir de mis quicios!! 

— No, Don Juanito de mi corazón; no se en- 
fade Yd. ¿Qué sé yo? acaso será el diablo que me 
tienta; pero, me chocó aquello de "una poema." 
Es que nosotros decirnos: i(7i poema; masculino 
lo hacemos. Caprichos de idiomas, Yá. ve. 

— Yo no soy un hablista castellano; ni llevo 
pretensiones de serlo; rae expreso como ()uedo; 
y, sin reparar en pelillos de gramática, voy al 
trigo. 

— Pues, sí; vamos al trigo. Ya entiendo sus 
razones de Yd. Quiere decir que en los dias de 
los Apóstoles, no habiendo sido inventada aun la 
imprenta, y el arte de encuadernar libros, ei'a 
sumamente difícil, y hasta imposible distribuir 
Biblias; y que por eso no lo hicieron los Após- 
toles. 

— Por supuesto. ¿Y deberá ser esto motivo do 
no distribuir Biblias en nuestros dias, cuando con 
poco trabajo se las puede reproducir "en canti- 
dades suficientes para cargar un bucjue"? ¿"Los 
a[)Ostoles no destribuian Biblias, ni viajaban en 
ferrocari'iles ni pasaban la mar con el poder del 
vapor. Sera esta una razón para (¡ue no nos apro- 
vechemos del vapor para hacer nuestra jornada?" 

— Muy bien, D. Juan! Admiro la agudeza de 
su ingenio. Pero yo soy de parecer que, aunque 
el señor San Pedro hubiese tenido á su disposi- 
ción todas las mas poderosas prensas de vapor 
que existen ho}' en América, y hubiese podido 
imprimir diez mil P>iblias al dia, sin gastar un 
centavo, con todo no hubiera dado jamás en la 
manía, que se ha apoderado de los Ministros 
protestantes, de ir repartiendo Biblias. 

— ¡Hola! Me gusta el aplomo con (¡ue habla 
Yd. Pero del dicho al hecho hay un gran trecho. 
¿Qué sabe Yd. de lo que hubiera hecho Pedro? 

— Yo sé que no hul)iera liccho sino lo que lo 
mandó Jesucristo. Y Jesucristo no le mandó que 
fuera repartiendo ]]iblias, sino predicando. 

— Jilas ¿cómo le había de mandar de ir rejiar- 
tiendo Biblias, si no las podia haber en aquellos 
tiempos, }■ apenas "synagngas o iglesias podían 
poseer una copia"? 

— ¿Y porqué, siendo Jesucristo Dios todoi^'O- 
dcroso, no hizo inventar la prensa en aquellos 
tiempos; sino que nos hizo aguardar quince siglos, 
cuando el Cristianismo ya se habia propagailo y 
fortalecido por toda la tierra, y habia producido 
sus incomi-iarables frutos de piedad, do fé, de 
consuelo y de regocijo? 



166 



— A buen sognro Dios [lodia liiiccr inventar 
l.i prensa niuclios siglos antes, poi'o no (juiso. 

— No (iniHO: luego no (jniso tam[)oco la (lifnsiou 
(lo las Jíihlias, como la entienden y pi'actican 
ahora los ^íinistros protestantes; a Iniberla que- 
rido, hubiera hecho iuventai' la jirensa, ú otro 
medio rualquiera de muliplicaí" los escritos cen 
liicilidad y ra¡)ide/. 

— Pero ¿acaso, porque el Señor dejó pasar 
quince siglos de Cristianismo sin la j)rensa, no 
nos hemos de aprovechar de ella ahoi-a (jue la 
tenemos, y tan perfecta y barata? "Pueda ser 
(]ue no entienda yo el argumento,'' "pero pare- 
ce un poco como si se designara hacer asi. Los 
a])ostoles no distribuían Biblias, conscquentc- 
mente nosotros somos justiíicados en no distri- 
buir."' "Apliquen y dilaten el argumento un po- 
co. PoHjue no? Los apostóles no se aprovecha- 
ron de la maquina de vapor o el telégrafo. Con- 
scquonte á'C. Porque no?" 

— No sé por donde he de empezar á contes- 
tarle, ¡tantas son las cosas (pie amontona \á\ 
¿(^uién le dice que no nos hemos de aprovechar 
(le la prensa ahora que la tenemos? Todos nos 
valemos de ella, como del ferrocarril y del telé- 
grafo; pero cada cosa para su fin. h.l feri-ocarril 
fué inventado para viajar mas célci-a y descan- 
sadamente, y, rectificando la intención, nos per- 
mitimos este regalo de que carecían los santos 
.Vpóstolcs. El telégrafo fué descubierto para "co- 
municar con los ausentes con la velocidad del 
rayo, y paradlo lo hacemos servir. Pero, el ar- 
te de imprimir ^fué por ventura descubierto úni- 
camente para inundar al mundo de Piblias? 

— No dig(5 eso; sin embargo, es cierto que es 
este uno de los mejores usos, y mas de gloria de 
Dios, (pie se pueden hacer de acpiel arle sublime. 

— ■('uál es uno de los mejores usos? ;,K1 nian- 
dai' imprimii" l)il)lias por centenas de millones, 
para ropaiiirlas en seguida j.or acá y acullá, 
sin juicio ni discreción, como si de solo ello de- 
pendiese la salud del género humano? Eso, creo 
yo, es uno de los peores abusos. Ivso es estable- 
cer un nuevo género de apostolado (pie no entró 
jamás cu los planes de la Providencia; es tras- 
tornar la economía de .lesucristo: es su.-tiluir un 
medio del todo humano á los medios divinos (pie 
l']l dejó á los Apóstoles y sus sucesores, para 
evangelizar y sanliliear el mundo. 

— Dasta, basta, Sr. Cura; está Vd. bla.-^feman- 
do. ¡La Diblia, no entró jamás en los planes de 
la Providencia! ¡Li Pib'ia, es un medio del todo 
liumano! ¡Li Piblia, nosirve pai'a evangelizar y 
santificar (d uiuiidol 

--Xo la Libüa, Don Juan; no la Piblia, sino 
la necia y exlravagaiite difusión de la misma, 
fundada en la mas necia y extra\agant(^ persua- 
sión de (pie. con solo llenar (d mundo de Piblias, 
cumplinioj Con la mi.'^ion de Ci'isto sobre la tierra. 

— Vo no (ligo (pie, con solo di>-ti¡bu¡r PiljJias, 



cumplimos con la mi-ion de Cristo; digo sí, y 
mantengo resueltamente (¡ue la lectura de ose 
libro santo es uno de los medios mas eficaces v 
poderosos para la propagación y conservacioa 
del Cristianismo, y (pie por lo tanto debe ser pro- 
movido á todo poler. 

— Uno de los medios mas eficaces y podero- 
sos! ¿Está Vd. j)crsuadido de ello? 

— Seguro que lo estoy. 

— ¿Y Jesucristo coníiaria á sus Discípulos la 
tarea de |)ropagar y cíU-ervar el Cristianismo 
por todo el mundo, sin darles este medio de los 
mas eficaces y poJero'íos? ¿Y la Providencia, 
que ninguna cosa quiere ni desea mas. que esa 
propagación y conservación del Cristianismo, 
dejarla á los hombres, ])or quince siglos y mucho 
mas, sin este medio de los mas eficaces y pode- 
rosos? ¿Y hubiera j)ermilido que, aun en nues- 
tros dias, millones }' millones de criaturas huma- 
nas, que no saben leer, y tal vez nunca sabrán, 
careciesen de este medio de los mas eficaces y 
poderosos? 

A este punto del diálogo pareció que á Don 
Juan se le pegara la lengua al paladar. Ni sí- 
quiei-a chistaba. También el P. Centellas se que- 
dó callando un i-ato, y luego añadió: 

— Para la |)ro|iagacion y conservación del Cris- 
tianismo, debia de haber medios tan eficaces en 
los dias apostólicos, como en este siglo de ¡a 
prensa; pues no paree? justo (¡ue nosotros nos 
psdamos ir alélelo cu ferrocarril, y que nuestros 
padres tuviesen (pie arrastrarse á pié. A mas 
de (pie, los medios de esa jiropagacion hablan do 
ser igualmente buenos y poderosos jiara los gran- 
des y los chiíjuillos, los sabios 3' los ignorantes, 
los i)Ucblos civilizado.? y los bárbaros. Y tales 
fueron en efecto los medios instituidos j)or Jesu- 
cristo, y empleados por los Ai)óstoles, á saber 
la Predicación y los Sacramentos. Con esos se 
convirtió el mundo, 3' no con la lectura de la J?i- 
blia. Cosa útil y santa es esa; pero, p;ira 
ella es menester tener ya fé viva, jirudencia, y 
p'cdad, tres cosas que raras veces amlan jiinti)s. 
l)e lo contrario sucede lo (pie ya vemos confir- 
mado |)or la experiencia. A pe.-ar de las sumas 
fabulosas, (pie los Protestantes derraman para 
difundir r)ibl¡as en tierras de paganos, las con- 
vei-siones son mas raras (pie las golondrinas de 
invierno; y, entre Cristianos, los paises donde so 
ha projiagado mas la mala yerba del racionalis- 
mo y del indiferentismo, son cabalimuite a:pio- 
llos donde mas se lee la P)il)lia. Xo echaremos la 
culpa á la l>iblia: pero veis (pie su lectura de na- 
da ha ser\ido para atajar el mal. ¿Y (piereis 
(pie los Curas católicos imiten á los i\!iiiistros 
protestantes? Imitarán mas bien á los Apóstoles 
d(d Señor, cuyo sistema es todavía muy bueno, 
y (d uKJor de todos, y seguirá siendo tal liastu, 
(d lili d(d inundo. 



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La Prensa de España 

y el fallecimiento del Papa PIÓ IX. 



Habiendo mencionado en el otro número los muellí- 
simos extractos que liemos visto de la prensa de to- 
dos los países, en elogio de Pió IX, pensamos citar 
aquí algunos de los periódicos de España. Nuestros 
lectores entenderán por qué damos á esos la preferen- 
cia, y esperamos que nos lo agradecerán. 

EL Siglo Futuro. — Nuestro Santísimo Padre Pió IX 
Papa terminó ayer su martirio gloriosísimo á las cin- 
co y cuarenta minutos de la tarde., en su prisión del 
Vaticano. El Sumo Poutíticc escogido por Dios para 
definir la Inmaculada Concepción